- De acuerdo, sólo... cierra tus ojos, prometo que no dolerá - sonrió.
El niño asintió, apretando sus ojos mientras ella introducía la aguja en su delgada piel.
- Yyy, listo, ¡eres un jovencito muy valiente! - rio, poniéndose de pie - ¿Te dolió?
- No - le devolvió la sonrisa - Estoy bien.
- Me alegra oír eso - miró a su madre - Con esto disminuirá la fiebre, ¿tiene la receta que le dio la doctora? - la mujer asintió - Bien, con eso la infección deberá desaparecer en unos días, pero por el momento, es recomendable que permanezca en reposo.
- Muchas gracias, señorita.
- Es un placer, cuídate mucho - le sonrió al niño, mientras se alejaba hacía la zona de turnos.
- Tienes talento con los niños - sonrió Kikyo, imprimiendo unas planillas - Serías una gran madre - bromeó.
- Oye, es demasiado pronto para hablar de eso - rio, apoyándose en el mostrador - Pero si, me agradan mucho los niños, de hecho, tengo planeado pedir que me asignen a la zona de pediatría u obstetricia, cuando por fin me gradué.
- Eso suena genial...
- ¿Tú que zona preferirías?
- Aún no le he pensado... pero supongo que me agrada mucho la zona de internación, no por los pacientes, después de todo, si están allí es en contra de su voluntad, si no, por la manera en la que sonríen al sentir que alguien cuida de ellos.
Wow, eso fue muy profundo.
- Tienes razón - miró hacía abajo - Bueno, supongo que es hora de juntar mis pertenencias... fue un atardecer bastante largo.
- ¿Podrías esperarme? Termino con esto y estaré lista.
- Claro, sólo iré por mis cosas, ¿necesitas que te traiga algo?
- Oh no, tengo mis cosas aquí.
- Bien, regreso en un momento.
Caminó de regreso a la pequeña sala, tomó sus cosas y cuando estaba a punto de salir, su celular comenzó a sonar.
- ¿Hola? - atendió, sin tener idea de quién llamaba.
- ¡Querida! - la voz de Izayoi resonó del otro lado de la línea - Lamento no haberte enviado un mensaje, pero calculé aproximadamente tu horario de salida... espero que no te moleste.
- No... no, para nada - sonrió - De hecho, estoy por salir, pero si no puede venir...
- Oh no, no, no, de hecho, Taisho se encuentra en el auto, sólo quería asegurarme de que estarías esperándonos.
- Se lo agradezco mucho, es muy amable de su parte
- Mi vida, no tienes nada que agradecerme... estaremos allí en unos veinte minutos, ¿si?
- De acuerdo - sonrió, cortando la llamada.
Regresó a la guardia, en donde Kikyo estaba hablando con su relevo.
- Yuca - sonrió - No sabía que vendrías.
- Hola Kagome, si, esta semana me toca de noche - se encogió de hombros - Afortunadamente, estaré aquí... sólo espero que no vengan muchos pacientes.
- Bueno... la noche parece tra...
- ¡No lo digas! - gritó la castaña - Cada vez que alguien dice eso, éste lugar se vuelve un infierno.
- Tienes razón - ambas rieron - De acuerdo, ¿estas lista Kag?
- Si, Kikyo... vamos... nos vemos luego Yuca.
- Que les vaya bien, chicas.
Caminaron hacia la salida, hablando amenamente sobre su día laboral y demás.
- ¿Quieras que compartamos un taxi? - preguntó Kikyo al salir - Vaya, está más frío de lo que pensé - se abrazó.
- No te preocupes... los padres de Inuyasha vendrán a recogerme - suspiró - Me llevarán a casa, para que pueda cambiarme y regresaré, me quedaré con Inuyasha esta noche.
- Ese es un lindo detalle - sonrió - Al parecer, le has caído bien a sus padres.
- Eso creo - le devolvió la sonrisa - Son... personas muy cálidas, de hecho... su madre me regaló este collar - lo elevó.
- Es la perla de Shikon... bueno, una réplica.
- ¿Conoces la leyenda?
- Claro... en la preparatoria tuvimos que hacer un informe de ella... la sacerdotisa, el hanyo y la joven que viajó a través del tiempo, una hermosa leyenda.
- Tienes razón... trágica, pero hermosa - un nuevo silencio se apoderó del ambiente - No es necesario que esperes conmigo.
- ¿Segura que estarás bien? - miraba a su alrededor.
- Claro, además, estoy en el hospital, es decir, ¿Qué podría sucederme? - rio.
En ese momento, la morena de cabello lacio miró al frente, abriendo ampliamente sus ojos, al mismo tiempo en que su cuerpo se tensaba y sus puños se apretaban.
- ¿Estas bien? - preguntó, notando el cambio en su semblante.
- Mi padre - respondió en un tono serio - Vino a buscarme.
- ¿Qué? - murmuró, mirando en la misma dirección.
No puede ser... ¡Es él! ¡De verdad es el hombre de mis sueños!
El peliplata se encontraba parado al otro lado de la calle, con sus manos en los bolsillos de sus pantalones. Su cabello se bamboleaba al compás de la suave brisa nocturna, mientras que su sonrisa provocaba que los corazones de ambas aumentaran considerablemente sus latidos. Comenzó a caminar directo hacia ellas.
- Kikyo - murmuró.
- No digas nada - respondió en el mismo tono - Y, por nada del mundo, te muestres débil frente a él.
La macabra sonrisa del hombre se amplió al quedar frente a ellas.
- Querida - miró a su hija - Espero no haber arruinado tus planes, pero me pareció buena idea venir a buscarte.
- Descuida, te agradezco por el gesto - respondió, con su rostro inexpresivo.
- Oh, lamento mi falta de respeto - miró a Kagome - Me presento, mi nombre es Magatsuhi...
Magatsuhi.
- No... no se preocupe - su mirada castaña se mantenía firme en sus ojos rojos - Soy Kagome.
- Un placer - extendió su mano.
Por un momento, dudó en tomarla, sin embargo, debía hacerlo. En el mismo momento en que la piel de su mano tocó la de él, la perla en su cuello le envío una leve descarga eléctrica, mientras la sonrisa en el rostro de él se ampliaba.
¿Qué demonios es este sujeto?
- ¿Ya te había visto antes? - preguntó - Tu rostro, me parece familiar...
- Lo dudo... bueno, no estoy segura.
- Ya lo recuerdo - chasqueó los dedos de su mano derecha - Te vi en el parque.
¡¿Qué?! ¿Acabo de escuchar lo que creo que escuche?
- Oh... es probable...
- Claro que lo es - sus ojos la recorrieron de cuerpo completo - De hecho, recuerdo que pensé que te parecías mucho a mi hija.
- ¿Nos iremos de una vez o seguirás interrogándola? - intervino la morena.
- Kikyo - la miró - Cuida tu tono... estamos frente a tu amiga, recuerda que siempre tienes que ser cortés... - ella entrecerró sus ojos ante aquel comentario - Lamento esto, Kagome - volvió a sonreír - Estoy seguro de que mi hija está muy cansada... podrán hablar más tarde - extendió su mano hacía ella.
- No vemos luego, Kag - le sonrió, mientras comenzaba a caminar, ignorando completamente a su padre.
- Adió, Kikyo - respondió, con una mezcla de miedo y angustia.
- Que tenga una buena noche, señorita - le dedicó una última sonrisa, mientras seguía a la morena.
- Igualmente - respondió en un murmuró, llevando su mano hacia la perla.
¿Qué fue esa sensación? Sentí... como si una intensa energía fluyera de la perla hacia mi interior... como si quisiera decirme algo.
- Ese hombre... da mucho... miedo.
Dio un respingo al escuchar el sonido de su celular. Lo tomó y atendió la llamada.
- Kag, estamos frente a ti - elevó la mirada, encontrándose con la sonrisa y el saludo de Izayoi en el auto.
Ella le devolvió la sonrisa y corrió hacía ellos.
- Hola querida, lamento la tardanza - la mujer fue la primera en pronunciarse cuando subió.
- Buenas noches - se acomodó - No se preocupen, yo lamento el tener que molestarnos.
- No es ninguna molestia, jovencita - Taisho aceleró - ¿Puedes decirme hacia donde vamos?
La morena le brindó la dirección de su casa.
- ¿Cómo te fue en el trabajo?
- Muy bien, señora, de hecho, he tenido días peores.
- Te compadezco Kagome - el hombre la miró por el retrovisor - Pobre de ti cuando tengas que quedarte esta noche con Inuyasha.
- Taisho - Izayoi lo miró sonriendo.
- Es verdad, querida - la miró - Estoy seguro de que aún no sabe lo obstinado que puede ser ese muchacho.
Kagome sonrió, desviando la mirada hacia la ventanilla.
- No se preocupe... trataré de mantener mi paciencia.
- Kag es una chica muy tranquila, querido, estoy segura que podrá con él.
- Eso espero... Inuyasha es capaz de sacar de sus casillas hasta a la persona más pacífica del mundo.
Luego de un corto viaje, debido al poco tráfico, llegaron al hogar de la joven.
- Volveré en unos momentos - sonrió, bajando del auto.
- Tranquila, tómate tú tiempo - respondió la mujer.
- Ya se me hacía conocida la dirección de este lugar - sonrió Taisho, mientras Kagome ascendía por las escaleras del templo.
- ¿He? - lo miró confundida - ¿Ya habías estado en este lugar?
- Ahí arriba... - señaló - Poseen una pequeña tienda de recuerdos... allí te compre el collar de la Perla de Shikon, hace 24 años - sonrió, mirándola.
- ¿De verdad? - se sorprendió - Vaya... es increíble, al final, el collar regresó a su lugar... recuerdo que me lo regalaste una semana antes de que mi madre muriera... se volvió muy especial para mi - pronunció con nostalgia.
- Me pregunto si la jovencita que me lo vendió seguirá viviendo aquí... ¿Cuál era su nombre? - colocó su mano en su barbilla - ¿Hakana? ¿Imari? ¡Lo tengo! - dio un pequeño aplauso - Hikari.
- ¿Crees que sea su madre?
- No tengo idea... pero, tampoco le preguntaré... vine hace tantos años, no me arriesgaré...
- Tienes razón, no sea cosa que ella ya no se encuentre en este mundo.
Uno diez minutos después, Kagome regresó, vestida con una playera roja y un shorts de jeans, amén de un pequeño bolso.
- Lamento la tardanza, pero mi madre me dio unas provisiones para Inuyasha - pronunció, mientras se sentaba.
- Dale las gracias de mi parte, por favor - Izayoi la miró por sobre su hombro.
Taisho puso en marcha el vehículo, encaminándolo nuevamente en dirección al hospital.
...
Ingresó a la habitación, encontrándose con los ojos dorados del joven, quién inmediatamente le dedico una sonrisa.
- ¿Sobreviviste a mis padres?
- ¿Por qué lo dices? - rio - Ellos son muy amables - se acercó - Mi madre te envía un pequeño obsequio.
- Porque a veces pueden ser muy molestos - suspiró - Oye... muchas gracias - volvió a sonreír al recibir la comida ninja - Esto es mucho mejor que la comida de aquí.
- ¿Quieres comer ahora?
- Después - la dejó a un costado - Ahora solo quiero una cosa - la tomó de la mano, haciéndose un lado - Ven... quédate conmigo.
- Inuyasha - sonrió, acostándose y acurrucándose a su lado - ¿No te molesta el suero?
- Para nada - besó su cabello - Ahora me siento mejor.
El increíble aroma de Kagome... siempre es capaz de reconfortarme.
Unos minutos de silencio transcurrieron, hasta que ella decidió hablar.
- Kikyo te mando saludos... me había olvidado de decirte.
- Hm... gracias - sonrió.
- Inuyasha...
- ¿Qué sucede? - preguntó al notar la seriedad en el tono de su voz.
- Yura... - su cuerpo se tensó al escuchar su nombre - Ella... me dijo que quiere hablar contigo.
- ¿Qué? - murmuró - ¿Te lo dijo? - sus miradas se encontraron - Ella me llamó cuando ingresé a esta habitación... me dijo lo mismo, pero... no pensé que sería capaz de decírtelo a ti.
- ¿Por qué no me dijiste que habían hablado?
- Iba a decírtelo en cuanto tuviera la oportunidad... no pensaba hablar del tema frente a mi madre.
- Comprendo - suspiró - También... me dijo que quiere que yo esté presente - comenzó a acariciar su pecho - Ya que... me reconoce como tu novia.
- Keh... ¿Tú crees en eso?
- Tal vez pienses que estoy loca, pero... no parecía mentir - hizo una pausa - De alguna manera... pude ver la sinceridad en sus ojos.
- Pequeña... tú eres demasiado buena - sonrió, acariciando su nuca - Siempre estarás dispuesta a darle una oportunidad a las personas, ¿verdad?
- ¿Y si hablamos con ella?
- ¿Y si es una trampa?
- Podemos pedirle a Sesshomaru que tenga alguno de sus hombre vigilando, sólo por si acaso.
- ¿Desde cuando tenemos tanta confianza con m hermano?
- Desde que fue a salvarnos - sonrió, besando su mejilla - Él puede proporcionarnos la seguridad que nosotros no podríamos conseguir.
- Tienes un punto - suspiró - Prefiero discutirlo más tarde - sonrió - Ahora sólo quiero concentrarme en ti - la besó.
Sus labios comenzaron una danza tranquila y serena, que pronto se volvió un poco más caótica, al mismo tiempo en que la mano del peliplata descendía por la espalda de ella.
- No - sonrió, poniéndose de pie - Aquí si que no ganarás.
- ¿Piensas dejarme así? - señaló su entrepierna, la cuál sobresalía por su pantalón.
- Lo lamento - se encogió de hombros - No sólo que hay cámaras en todas las habitaciones, si no que tampoco debes mover mucho tu brazo o el suero va a taparse y deberé llamar a una enfermera.
- ¿Y no podrías repararlo tú?
- No tengo los utensilios para eso...
- De acuerdo - se sentó.
- ¿Qué vas a hacer?
- Iré al baño... ¿Quieres acompañarme?
- Ya... ve y ten cuidado.
- Lo haré... pequeña gruñona - se elevó, dirigiéndose a la puerta del baño, mientras ella comenzaba a sacar las cosas de su bolso, con la intención de dejar la comida lista.
Bankotsu, Yura, Hikari, Magatsuhi... son demasiados problemas para una sola persona, me pregunto si debería pedirle ayuda a Inuyasha con todo esto.
Abrió ligeramente su rostro al sentir la lengua del joven rozar con la piel de su cuello.
- ¿Volviste tan rápido? - sonrió, pasando su mano por cabeza.
- Creo que tu estabas muy distraída - colocó ambas manos en su cadera, mientras presionaba su cuerpo contra el de ella.
- ¿Qué haces? - suspiró, mordiendo su labio en respuesta a los húmedos besos que él dejaba sobre su clavícula.
- Mostrándote lo que te pierdes - mordió su piel, mientras presionaba, con un poco más de fuerza, su miembro contra su trasero.
- Al parecer, te sientes mejor de lo que creí.
- Y sería mucho mejor si estuviera dentro de ti - deslizó su mano por encima de su vientre, pero ella lo detuvo, al mismo tiempo en que giraba,
- Qué te parece si... - comenzó a pasar sus manos por su pecho - Cuando te den el alta... nos vamos directo a tu departamento... y haces lo que quieres conmigo.
- Maldición - gruñó - enterrando su rostro en su hombro - Eres malvada... pero acepto.
Una leve risa salió de sus labios.
- De acuerdo - tomó su rostro entre sus manos y lo besó - Regresa a la cama... ya preparé todo para que puedas comer.
- Gracias - rozó su nariz con la de ella - Te amo.
- Y yo a ti...
Extra: Castigo
Subió al auto, dando un portazo, mostrando su descontento con la situación.
- Buena noches, señorita Kikyo - pronunció el chofer.
- Hola - respondió con seriedad.
Segundos después, su padre ascendió, dándole la orden al joven de avanzar.
- Kikyo - dijo con seriedad, observando por la ventanilla - ¿Por qué me obligas a esto?
- ¿De que hablas? - lo miró, desafiante.
Lo siguiente que se escuchó, fue la mano del hombre estrellándose en el rostro de la joven, provocando que girara hacia el lado contrario. El sonido fue tan potente, que inclusive el chofer apretó sus manos contra el volante, cerrando levemente sus ojos.
- Maldito - gruñó la mujer, colocando su propia mano sobre la zona golpeada.
- ¡¿Qué dijiste?! - mismo sonido, mismo lugar, mismo dolor - ¡Creí haberte dicho que no me gustabas los impertinentes! ¡Mocosa malcriada! - golpeó el vidrio del auto, el cual, de no haber sido porque era blindado, lo más probable es que hubiera explotado debido a la fuerza ejercida - Tienes suerte de ser mi maldita hija... de lo contrario, estarías muerta.
¿De la misma manera en la que mataste a mi madre?
Estuvo a punto de decir aquellas palabras, sin embargo, se contuvo, no por miedo a recibir un nuevo golpe, si no por el miedo de morir sin saber la verdad.
- Si vuelvas a desafiarme delante de un desconocido o vuelvas a hablarme de esa manera, no responderé de mi... estas advertida - la apuntó con el dedo, devolviendo la mirada al camino.
Su mejilla ardía y sus ojos suplicaban por llorar, pero no lo hizo.
No le muestres debilidad... que piense que puede golpearte todo lo que quiera, no logrará conseguir una lágrima de ti... ni una sola.
Pensaba, con su mirada gélida posicionada en las luces que iluminaban la calle. Nadie volvió a pronunciar una palabra en el resto del viaje, hasta que llegaron a su destino.
¿La casa de Naraku?
Abrió sus ojos ligeramente, mientras el auto se detenía y su padre abría la puerta.
- Baja, ahora.
- ¿Qué vas a hacer?
- ¡Baja! - gritó.
Ambos descendieron, mientras él se acercaba a la puerta, tocando el timbre. Segundos después, el moreno abrió, encontrándose con la sonrisa del hombre.
- Naraku... ¿Cómo has estado?
- ¿Viniste a matarme? - preguntó sin rodeos ni expresiones corporales.
- Aún no - miró a su hija, acercándose y tomándola fuertemente por el brazo - Ten - la lanzó en su dirección - No quise arruinar los planes que tenían para hoy... y, a decir verdad, no deseo ver el rostro de esta mujer esta noche... aquí la tienes.
- ¿Qué planeas?
- Nada - se encogió de hombros - Sólo asegúrate de no dejarla embarazada, al menos no mientras no se haya graduado.
- Me das asco.
- ¿Tengo cara de que me importe tu opinión?
Sus ojos rojos se posaron sobre el rostro de su hija, reprimiendo el deseo interno de tomarla por el cuello, hasta que su mirada perdiera el brillo. Suspiró, volteando y alejándose en dirección a su auto, en donde subió y se marchó.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de la joven, al mismo tiempo en que Naraku cerraba la puerta tras ellos.
- ¿Qué sucedió? - preguntó, observando el pronunciado morado en la mejilla de ella.
- Bésame - respondió, acercando su rostro - Sólo eso...
Él giro levemente, posando sus labios en la zona afectada por los golpes de Magatsuhi, provocando que ella rompiera en llanto mientras él la rodeaba con sus brazos.
- Tranquila... estas conmigo - murmuró contra su cabello, cerrando sus ojos - Estas protegida.
Magatsuhi... maldito bastardo, ¿Cómo te atreviste a hacerle esto a tu propia hija? No te lo dejaré pasar... no importa, si muero en el camino.
