Viernes por la noche.
- Feh, ¿es tan necesario ir? - se quejó, sentando en la cama, mientras la joven revolvía su armario, en busca del look perfecto.
- Fue una semana intensa - respondió sin mirarlo - Deseo despejar mi cabeza - volteó, sonriendo - Y me encantaría que estuvieras ahí.
- No dije que no iría - se puso de pie, acercándose y abrazándola por detrás, mientras ella pasaba su brazo por atrás de su nuca, acariciando su melena plateada - Es sólo... que se me ocurren mejores cosas para hacer contigo, antes que ir a una discoteca.
- ¿Me extrañaste? - sonrió, mientras él besaba su cuello.
- Toda la semana - murmuró contra su piel.
- Sólo fueron tres días - rio.
- Es demasiado para mi - la volteó, besándola apasionadamente.
Ella sostuvo su rostro entre sus manos, deteniendo el movimiento de sus labios y se alejó unos centímetros, dándole pequeños besos en su rostro, antes de soltarlo.
- Tal vez... podríamos ir a dormir a tu departamento - sonrió.
- Pequeña traviesa - le devolvió la sonrisa.
- Hermana - pronunció, abriendo la puerta - ¿Qué están haciendo? - abrió ampliamente sus ojos.
- Se llama abrazo, enano - lo miró, apretando más el agarre en el cuerpo de la joven - Y es más placentero cuando no estás presente - bromeó.
- No sea bruto, señor Taisho, ya sé lo que es un abrazo.
- ¡Keh! ¿Cómo me llamaste?
- Señor Taisho...
- ¡No eso! Lo otro... niño.
- Ya - sonrió - ¿Qué sucede, Sota?
- Mamá pregunta si van a cenar aquí o se irán.
- Dile que cenaremos.
- ¿He? - se sorprendió - Kagome... ¿estas... estas segura?
- Claro - lo miró, sin perder la sonrisa - Ellos ya te conocen...
- Así es - intervino - Todos sabemos que eres el novio de mi hermana.
- ¡Hugh! - se sonrojó, cruzando sus brazos y desviando la mirada.
- De acuerdo, Sota - tomó al niño por sus hombros, acompañándolo hacia la salida - Has cumplido tu misión, ya puedes retirarte.
Cerró la puerta, apoyándose en ella, mientras lo miraba divertida.
- ¿Qué? - preguntó en un tono hostil.
- El rojo aún no se va - señaló sus mejillas - ¿Te avergüenza cenar con mi familia?
- No es eso - volvió a sentarse - Pero... es como... una presentación formal.
- ¿Una presentación formal? - rio, cruzando sus brazos, interesada en saber más.
- Si, es decir... hemos compartido poco tiempo con tu familia... y... estoy seguro de que me preguntarán muchas cosas... querrán asegurarse de que sea bueno para ti.
- Bueno... - caminó nuevamente a su armario - Estoy segura de que querrán saber como eres, pero no son malas personas ni te ven con malos ojos - tomó una remera, examinándola detenidamente - Sota te adora, al igual que Rin... estoy segura de que mi madre y mi abuelo también lo harán... sé que ya les caes bien - lo miró, ampliando su sonrisa.
Él se quedó mirando su rostro un momento, con sus orbes dorados posados en su tierna sonrisa y el pequeño rosado que se formaba en sus mejillas cuando se encontraba verdaderamente feliz. Sintió como su corazón golpeaba su pecho, no de manera nerviosa, si no de forma cálida, casi como si todo lo que estuviera viviendo fuera un sueño, uno del que no quería despertar.
- Gracias - murmuró, devolviéndole la sonrisa.
- Además, mañana cenaremos con tu madre y, seguramente, tu padre estará presente, asique estamos a mano.
- Tienes la ventaja de que mi madre te adoptó sin conocerte - suspiró, pasando la mano por su cabello.
- Perfecta - murmuró, observando la falda entre sus manos.
- ¿Eso te pondrás?
- Si - volteó, observándolo - ¿Qué sucede?
Una pícara sonrisa se formó en sus labios, mientras recorría su cuerpo, colocando su mano en su barbilla.
- Me obligarás a llevarte a un lugar apartado esta noche.
- Sólo es una falda - rio, separándola junto con su remera.
- No es la falda... eres tú, con esa falda - mordió sutilmente sus labios.
- De acuerdo - colocó ambas manos en la parte baja de su playera, quitándosela.
- ¿Qué.. haces? - se sonrojó.
- Me duché antes de que vinieras - sonrió - Ya es momento de cambiarme.
- Comprendo... - intentó ponerse de pie.
- No... - lo detuvo - Puedes ver, pero no tocar...
- No puedes hacerme esto - sonrió, volviendo a sentarse.
- Dijiste que me extrañaste, ¿verdad? - él asintió - Quiero que me desees.
- Te deseo - respondió con firmeza - Y no solo yo lo hago... - señaló su entrepierna.
Ella sonrió y, sin responder, se quitó el short, quedando en ropa interior. Tomó las prendas con la que iba a salir y, con sugestivos movimientos y diferentes e incitantes poses, cubrió su cuerpo semidesnudo, finalizando con aquellas sandalias de plataforma, en color negro, que la elevaban unos cuantos centímetros.
- ¿Estas bien? - lo miró, divertida, al notar la expresión de lujuria en su rostro.
- Me vengaré - apoyó su dedo índice entre sus labios, mordiéndolo sutilmente.
- Suerte con eso - se burló, pasando por su lado en el momento en el que él extendió su mano, tomando su brazo.
Cayó sentada sobre su regazo, con su centro sobre su elevada entrepierna, mientras los brazos de él rodeaban con fuerza su cintura. La besó apasionadamente, demostrando todo el deseo que profesaba por ella.
- Deberás aguantar - susurró contra sus labios.
- Lo haré - colocó ambas manos en su trasero - Sólo me estoy preparando para el momento.
Sonrió, poniéndose de pie en el momento en el que el niño volvió a llamar a la puerta.
- ¿Estas listo? - extendió su mano.
- Eso creo - suspiró - Sólo... un momento - señaló la zona afectada por su pequeño encuentro.
- Iremos enseguida - pronunció la castaña.
Unos minutos después, descendieron las escaleras y se dirigieron a la cocina, en donde la familia Higurashi ya se encontraba sentada, lista para la cena. El peliplata se sentó frente a la mesa, mientras Kagome ayudaba a su madre a servir la cena.
- Muchas gracias - le sonrió a su novia, quién colocó su plato, cubierto de pescado, arroz y diferentes verduras, frente a él.
Segundos después, la mesa estaba completa y todos se encontraban degustando la comida.
- ¿Qué te parece, Inuyasha? - preguntó la mujer.
- Esta delicioso señora - sonrió.
- Asique... - continuó el abuelo - ¿Qué estudias, hijo?
- Estoy estudiando deportes, señor... planeo ser profesor, al igual que mi padre.
- Es verdad, su padre es mi maestro - sonrió el niño - El señor Taisho es su ayudante.
- Sota... no le digas "señor" - intervino su hermana.
- Deportes - sonrió la mujer - Eso suena excelente, a ti también te agradan los deportes, Kagome - su hija asintió.
- ¿Te casarás con mi hermana?
- ¡Sota! - gritó, sonrojada, provocando la risa de su novio.
- Bueno... eso dependerá de ella - la miró, sonriendo, causando que el rubor en sus mejillas se elevaran - De igual manera, es demasiado pronto, ¿no crees?
- ¡Por supuesto que lo creo! - respondió rápidamente.
- Es muy lindo que planeen un futuro juntos - pronunció su madre, completamente encantada con el joven.
- Ustedes tendrán una relación duradera - sentenció el abuelo, mientras ellos lo miraron sorprendidos - Puedo notarlo en la manera en la que se miran - dio un bocado de arroz.
- Espero que así sea - sonrió la mujer - Se ven tan lindos juntos.
- Así es, el señor Taisho es más agradable como cuñado que como profesor.
Ambos rieron y continuaron la cena que, a pesar de los nervios del joven, salió perfectamente.
Una hora después, en la discoteca "Feudal Fantasy"
- Vaya - pronunció ella al entrar - Definitivamente es... extravagante.
- Su decoración es una mierda - acotó su novio, mientras sostenía la mano de la joven - Sólo espero que la música no sea igual de horrenda.
- Inuyasha - lo miró, con su ceño fruncido - La época feudal fue muy bella... un tanto escasa en cuanto a comodidades, lo sé, pero con paisajes y una naturaleza increíble.
- ¿Qué es esto? ¿Paja? - preguntó, mirando una de las decoraciones de las paredes - ¿Y que es eso que llevan los que sirven las bebidas? - miró hacia la barra, la cuál emulaba una antigua tarima de madera, extensa y vieja.
- Son kimonos - sonrió, observando a uno de los jóvenes que preparaba un trago - Los hombres llevan kimonos masculinos y las mujeres más femeninos.
- No entiendo como pueden hacer compatible una época tan aburrida, con una discoteca.
Atravesaron la pista principal, la cuál contaba con un amplio espacio, en el cual, algunas parejas y grupos de amigos, se encontraban bailando al ritmo de la música electrónica.
- ¿Esta es la zona de las mesas?
- Si - respondió ella - ¡Mira! ¡Ahí están!
Apuró el paso, acercándose al espacio en el que Sango, Miroku, Rin y Kohaku, se encontraban degustando de unos snacks, cortesía del lugar como regalo de bienvenida, por su inauguración.
- ¡Sango! - soltó a su novio, aferrándose a su mejor amiga.
- Kag - sonrió - Te extrañe esta semana.
- Oigan - se posicionó a su lado - ¿Es que no van a la misma universidad?
- Si, pero no estudiamos la misma carrera.
- Además, has consumido el tiempo de mi mejor amiga - bromeó, golpeando levemente su brazo.
- Sabe lo que es bueno - sonrió.
Los tres se acercaron a los demás, tomando asiento en sus respectivos lugares.
- Rin - se sentó a su lado, abrazándola.
- Hola, Kag - apoyó sus manos en sus brazos - Lamento no haber podido ir a casa hoy.
- No te preocupes, Inuyasha fue a hacerme compañía.
- Al final sucedió - intervino Miroku - Finalmente me has cambiado, coqueto - bromeó - Recuerdo que, en los buenos tiempos, venías a casa antes de salir.
- ¿Siempre es así de dramático? - preguntó Sango.
- Es peor de lo que imaginas - todos rieron ante el comentario del peliplata.
La siguiente hora transcurrió entre risas, charlas sobre sus vidas, la universidad, el trabajo en el caso de Rin y Kohaku, quienes habían compartido más tiempo juntos durante la semana, mientras comían y tomaban cerveza y algunos tragos.
- Esto está fuerte - pronunció el castaño, luego de darle un trago a su licor.
- Ten cuidado - advirtió Kohaku - Dicen que ese trago era uno que solían preparar en la época antigua... es más fuerte que cualquier otra bebida.
- Tranquilo - hizo un ademán vago con su mano - Estaré bien.
- Está perdido - dijo Inuyasha, mirando a Sango - Te deseo suerte.
- Más le vale que se contenga - lo miró, frunciendo el ceño.
Mientras, la música en la pista había comenzado a sonar más animada, casi invitando a los jóvenes a acercarse a bailar.
- ¿Quieres bailar, Rin?
- Claro - sonrió.
- Genial - la tomó de la mano y se alejaron, frente a la mirada de los demás.
- Se ven tan lindos juntos - sonrió la castaña.
- Eso Kohaku - murmuró el joven, cerca de su compañera - E...ella será tuya.
- ¿Qué le pasa? - lo miró, confundida - No me diga que ya está borracho... ¿tan rápido?
- Sanguito - la abrazó - Que bonita mi Sanguito - la abrazo, cerrando sus ojos y sonriendo.
- Inuyasha - susurró en su oído - No se si es por la cerveza, pero... - acarició su pierna - Tengo ganas de bailar.
- Comprendo - sonrió pícaramente, dándole un sutil beso en su frente - ¿Crees que podrás con él? - miró a al joven, quién aún era prisionera en los brazos de su amigo.
- E... eso creo - lo miró - No parece muy inquieto.
- De acuerdo.
Se pusieron de píe, alejándose en dirección de la pista. Al llegar, notaron un caudal importante de gente, muy diferente al que había cuando llegaron, sin embargo, era más fácil pasar desapercibidos.
- Parece que el alcohol te puso un poco más... divertida - pronunció, mientras comenzaban a moverse al ritmo de la música.
- No lo sé... tú dime - sonrió, pegando su frente a la de él.
- No juegues con fuego... puedes quemarte.
- Entonces, arderé en el infierno - gracias a sus sandalias con plataforma, no tuvo que hacer mucho esfuerzo para alcanzar la boca del joven y morderla sutilmente.
Sin responder, la volteó, pegando su cuerpo al suyo, sosteniendo con firmeza sus caderas.
- Soy tuyo - murmuró contra su oído.
Ella sonrió y comenzó a menear su cuerpo, haciendo especial énfasis en la zona que rozaba su entrepierna, la cuál poco a poco, comenzaba a mostrar su presencia. La manera en la que los dedos del joven presionaban con mayor firmeza sobre su piel, le daba la pauta de que estaba realizando un buen trabajo. Apoyó su cabeza sobre el hombro de él, quién rodeó su vientre con sus cálidas manos.
- Lo lamento - susurró.
- ¿Por qué?
- Porque no te dejaré escapar de mi cama.
- Me alegra oír eso.
De repente y sin previo aviso, el calor corporal de su novio desapareció, provocando que volteara rápidamente.
- ¿Inuyasha? - pronunció al notar que él ya no estaba.
Extra: Lugar equivocado
- Jaken, ¿Qué interpretaste cuando te pedí que me trajeras a un buen lugar? - preguntó, arqueando sus cejas.
- Lo lamento mucho, amo bonito - respondió bebiendo un sorbo de su trago - Sólo pensé que este lugar sería más decente - miró a su alrededor.
- Es una porquería - dejó su vaso en la barra, mientras dirigía su vista a la pista principal.
Su corazón se detuvo cuando vio pasar a aquella jovencita, sonriendo, mientras tomaba la mano de su amigo.
Rin.
Pensó, frunciendo el entrecejo al notar la manera en la que los dedos de ella, abrazaban los dedos de su compañero de trabajo.
- ¿Quiere que nos vayamos, señor Sesshomaru?
- No - respondió con firmeza - Nos quedaremos toda la noche, si es necesario.
Sus orbes dorados no se apartaban de los jóvenes, quienes habían comenzado a bailar, sonrientemente, en el medio de la pista.
Primer día del año, primer capítulo del 2024 :)
Espero que hayan pasado una hermosa noche y por aquí seguimos con esta bella historia, que poco a poco, se va a ir complicando...
