Los hombres caminaban con paso lento, con sus instintos de supervivencia alerta, en busca de cualquier señal de peligro. Kagome había rodeado su cuerpo con ambas manos, abrazándose internamente, mientras sus ojos se mantenían en sus pasos. Detrás, Inuyasha y Koga mantenían su firmeza y su cabeza en alto, observando detenidamente sus alrededores.

- ¿Sucedió algo? - preguntó Sango, con Miroku aún entre sus brazos.

- Todo esta bien - respondió Inuyasha, mientras Kagome se sentaba al lado de ella - ¿Sigue vivo? - señaló a su amigo.

- Mi bella Sanguito - rio en su hombro.

- Eso creo...

Kagome ocultó su sonrisa detrás de sus manos, mientras el peliplata y el moreno se sentaban un poco apartados de los demás.

- No creas que diré esto porque quiero llevarme bien contigo - pronunció el joven de orbes dorados - Pero te agradezco por salvarla.

- No tienes que agradecerme, idiota - respondió - Dije que, desde mi lugar, iba a protegerla, incluso si eso te incluye a ti.

- Oye - entrecerró sus ojos - No necesito que me protejas... no soy una princesa en apuros para que vengas a rescatarme.

- No sé si serás una o no, pero si sé que eres importante para Kagome... y ella es importante para mi.

Aquellas palabras provocaron que el joven abriera sutilmente sus ojos y, por primera vez, se sintiera un poco avergonzado por mantenerse a la defensiva.

- Estas enamorado de ella, ¿verdad?

- ¿He? ¿De que hablas? - sonrió - ¿Inseguro, pulgoso?

- ¿Tengo que recordarte de como eran las cosas hace un tiempo?

- No, no estoy enamorado de Kagome, ya lo superé - hizo una pausa - Pero la conozco desde hace muchos años - la miró por sobre su hombro, mientras charlaba con Sango - Y la quiero lo suficiente como para arriesgar mi seguridad por ella - volvió sus ojos celestes al joven - Es una chica maravillosa... que no merece estar involucrada en esto.

La vergüenza fue reemplazada por la culpa, mientras desviaba su mirada al vaso vacío que Kohaku había dejado, hacia una hora atrás.

- Aish, maldita bestia sentimental - restregó su frente con su mano - Tú no tienes la culpa, ¿de acuerdo? y, para ser honesto, dudo mucho que el hecho de que se alejen, ayude en algo - lo miró seriamente - Yura ya tiene en vista a Kagome de todos modos.

- ¿A que te refieres?

- A que no importa si Bankotsu la envía o no... esa mujer no desea que ninguna otra mujer se te acerque, de lo contrario, no estaría en el medio de todo esto.

El silencio se apoderó de ellos durante unos momentos.

- ¿Tienes manera de averiguar más? - preguntó el peliplata.

- ¿Estas loco? - arqueó una ceja - El idiota de mi hermano jamás me confiaría nada... sólo escabulléndome como una rata, logré escuchar esto.

- No tenemos idea de lo que hubiera sucedido si no llegabas a tiempo, Koga - apretó ligeramente sus puños, pensando en su novia.

- Oye - sus ojos se encontraron - ¿En que crees que estén involucrados?

- ¿He? ¿De que hablas? - lo miró, confundido.

- Esto es demasiado sólo para que estén peleando por una firma de abogados, ¿no te parece?

- Bueno... no lo había pensado.

- Pues, piénsalo un poco y luego me dices - se puso de pie - Me voy de aquí antes de que algunos de los guardaespaldas, de mi hermano, me vea y se de cuenta de que fui yo quién frustró sus planes.

Se acercó a los demás, saludándolos. Kagome se puso de pie y lo abrazó.

- Gracias por habernos ayudado - murmuró, con su mentón en el hombro del joven.

- No tienes que agradecer - sonrió, apretando sutilmente el agarre en su espalda - Dije que iba a protegerte, aunque eso implique salvar a ese inútil.

- Oye - los separó suavemente - No te pases de listo... y... gracias.

El moreno sonrió y, con un ademán de su mano, se alejó en dirección de la salida, mientras Inuyasha y Kagome volteaban a ver a sus amigos.

- ¿Crees que deberíamos acompañarlos a su casa? - preguntó la morena.

- Bueno... - observó a Miroku, quién parecía estar quedándose dormido sobre el hombro de la joven - Oye Sango - ella lo miró - Tendrás que quedarte con Miroku esta noche, si es posible.

- ¿Qué? - abrió sus ojos ampliamente - Yo... yo no puedo hacer eso.

- Tranquila - se acercó, elevando a su amigo por debajo de sus brazos - Sólo asegúrate de que no se muera.

- ¡Inuyasha! - gruñó.

- Sólo es broma - apoyó a su amigo contra su hombro.

- Sanguito, no sé en que momento cambiaste de perfume, pero es magnifico - intentó posar sus labios en el cuello del peliplata, sin embargo, éste lo alejó con su mano libre.

- Keh, si vuelves a hacer eso, no despertarás en varios días.

Comenzaron a caminar en dirección de la salida menos poblada. Inuyasha llevaba al joven semi dormido sobre su hombro, mientras ambas mujeres lo seguían, con sus brazos entrelazados.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó Kagome - Estas tensa.

- Bueno... es complicado de explicar - se sonrojó.

- Tranquila... si te incomoda quedarte con el joven Miroku, Inuyasha puede hacerlo en tu lugar.

- ¡No! No... no es eso... sólo...

Te quiero, Sanguito, te quiero demasiado.

- Estaré bien - sonrió, con sus ojos cerrados - Pero... necesito saber que tú lo estarás - refiriéndose a lo poco que ella le había comentado, mientras los jóvenes charlaban.

- Si, puedes estar tranquila, Inuyasha estará a mi lado - le devolvió la sonrisa.

- Prométeme que hablaremos de esto en cuanto tengamos la oportunidad.

- Claro... esta semana tenemos el receso, podemos ir a tomar algo.

- Dalo por hecho.

Salieron del lugar en busca de un taxi y, unos quince minutos después, se encontraban en el departamento del castaño.

- ¿Segura que podrás con él? - preguntó el peliplata, lanzando a su amigo a la cama, quién rápidamente se acurrucó.

- Bueno, parece que no va a levantarse - respondió Sango, acercándose y observando su rostro.

- Cualquier cosa puedes llamarnos - sonrió Kagome - Estaremos en el departamento de Inuyasha.

- No se preocupes chicos - les devolvió la sonrisa - Me aseguraré de que se mantenga con vida - bromeó.

Los jóvenes salieron del edificio, rumbo al taxi que los había llevado, ingresaron y continuaron hacía el complejo en dónde vivía el peliplata. El viaje fue silencioso, ya que ambos posicionaron sus miradas en las ventanillas, observando las luces de la ciudad, mientras sus mentes vagaban por lo vivido.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó él, cerrando la puerta.

- Si... sólo estoy algo cansada.

- ¿Quieres ir a dormir?

Ella asintió, por lo que, se dirigieron a la habitación. El joven le extendió una camiseta blanca, mientras se colocaba su playera de noche y unos shorts. Segundos después, ambos estaban acostados.

- ¿Qué sucede? - preguntó, acomodando un mechón de pelo detrás de su oreja

- Eso quiero preguntarte a ti - respondió, poniendo su mano sobre la suya - ¿Qué sucedió cuando te fuiste?

Él suspiró, al mismo tiempo en que le relataba parte de lo ocurrido.

- Entonces... me abrazó - ella arqueó una ceja - Y me pidió que la abrazara.

- ¿Y lo hiciste?

- Lo hice... - el cuerpo de ella se tensó - Porque, de no hacerlo, amenazó con hacerte daño.

- ¿Qué?

- Al parecer, todo estaba organizado - suspiró, mirando el techo, mientras colocaba su brazo detrás de su nuca - Pero, no sé que querían hacernos.

- ¿Cómo lograste salir?

Meditó unos instantes, sobre si decirle o no.

- ¿Recuerdas lo que le sucedió a Sesshomaru la otra noche? - asintió - Algo similar.

Ella se elevó, abriendo ampliamente sus ojos, mientras se acomodaba el cabello a un lado.

- ¿La lastimaste?

- No del todo - hizo una pausa - Fue... demasiado extraño, como si... como si mi mente se nublara por un momento... sólo quería... que cerrara la maldita boca.

- Entonces, ¿tienes esa maldición?

- Al parecer - la miró - La ira me invadió... cuando dijo que iba a lastimarte, Kagome.

- ¿He? - se sonrojó.

- Ven - la tomó del brazo, rodeándola, mientras ella apoyaba su cabeza en su pecho - Yo... no pude soportar... el pensar que alguien podía encerrarte en un lugar como ese.

- Bueno... - apoyó su mano sobre su pecho, acurrucándose - Pero, por suerte Koga apareció.

Y eso es lo que más me molesta... de no ser por él, no hubiera sido capaz de protegerte, Kagome.

- Si sabes que la situación es compleja...

- Por supuesto que lo sé - respondió, en un tono desanimado - Inuyasha - lo miró - ¿Estas seguro que no serán capaz de hacerte daño?

- No lo sé - respondió con sinceridad - De igual manera... - la miró - Eso no me importa, siempre y cuando tú estés bien.

- ¡¿Qué cosas dices?! - gritó - ¡A mi si me interesa tu seguridad!

- Lo sé - sonrió - Cuando te enojas, me das más miedo que Yura - bromeó.

Una mirada fatal fue la respuesta que esperaba para tomarla del mentón y darle un tierno beso.

- Tranquila pequeña - acarició su mejilla - Yo te protegeré.

- No es eso lo que me preocupa, idiota - bufó, dándole la espalda, mientras él la abrazaba, apoyando su rostro en su nuca.

- Entonces... ¿Qué te preocupa?

Un pequeño silencio se formó entre los dos.

- ¿Hasta que punto es capaz de llegar? - preguntó.

- ¿He?

- ¿Ella es capaz de cualquier cosa?

- No lo sé, Kag - suspiró - Yo conocía a una Yura que no se parecía en nada a esta mujer.

- O nunca quisiste verlo...

Después de todo, tu hermano dijo que siempre fue mala persona.

- No, ella no era así, estoy seguro.

- Bien, como digas - una pequeña risa abandonó los labios del joven - ¿Qué? - lo miró por sobre su hombro.

- Me dan ternura tus celos...

- ¡Deja de decir tonterías! - frunció el ceño, intentando ocultar el calor de sus mejillas, mientras volteaba nuevamente - No tengo porque estar celosa, ¿no?

- Por supuesto que no - apretó ligeramente el agarre en su cuerpo, acomodando su rostro en el hombro de ella, dispuesto a dormir - Eres la única para mi.

Aquellas palabras provocaron su sonrisa, aunque, en el fondo, aquella inseguridad se mantenía latente.


Extra: Encuentros

Subió los escalones de manera calmada, encontrándose con la puerta semi abierta. Ingresó y observó a Yura, sentada en la silla, con sus codos sobre sus rodillas y sus manos abrazando sus cienes, mientras Kyokotsu la abanicaba.

- Señor Sesshomaru - su cuerpo se tensó, al encontrarse con los ojos dorados de su jefe.

- Largo, ahora.

- Pero...

- ¿Te atreves a cuestionarme? - arqueó una ceja.

- No... no, para nada, lo siento señor - salió despedido, cerrando la puerta rápidamente.

- Ja... cobarde - gruñó la mujer.

- Yo lo llamaría, cuidar su trabajo - se volvió hacia ella, mirándola fijamente, mientras sonreía.

- ¿Qué te parece tan gracioso? - le lanzó una mirada fatal.

- Fue Inuyasha, ¿verdad?

Unos segundos de silencio corroboraron lo que pensaba.

- ¿Qué mierda son ustedes? - podía notar la mezcla de miedo y molestia en el tono de su voz.

- Felicidades, has descubierto un secreto de los Taisho... - ella no respondió - Es una pena que, en 4 años con Inuyasha, no hayas llegado a saberlo - se burló.

- Hm - sonrió - Esa niña... - intentó desviar la conversación - Cuando sepa lo que Inuyasha es capaz de hacer... se alejará.

- Lamento decirte que ella ya tiene conocimiento de esto.

- ¿Qué? - la sorpresa era evidente en su rostro.

- Yura, Yura, Yura... - comenzó a caminar de un lado a otro - ¿Por qué lo haces?

- ¿He? - entrecerró sus ojos - ¿De que hablas?

- ¿Qué es lo que estás buscando?

- No empieces con tus juegos mentales, idiota.

- A veces pienso que no tienes cerebro - suspiró - ¿No puedes ver más allá de lo que te digo?

- ¿Realmente crees que te diré lo que estamos haciendo?

- Que imbécil - sonrió - No me interesa que respondas a mis preguntas.

- Entonces, ¿Para que las haces?

- Oyes lo que te digo, pero es evidente que no me estas escuchando - giró, en dirección de la puerta - Ahora comprendo porque Bankotsu te utiliza como conejillo de indias.

- ¡¿Podrías intentar ser un poco más claro?!

- No me agradas - la miró, despectivamente, por sobre su hombro - Jamás lo hiciste... pero, menos me agrada el idiota con el que decidiste trabajar.

- El mismo idiota con el que fundaste una sociedad.

- Hm... - volvió a sonreír - El día que pienses por ti misma, tal vez puedas escapar, antes de que sea demasiado tarde, si es que ya no estas condenada.

- Ja... ¿vas a matarme? adelante, me tienes aquí, con el sentido a medio dominar, ¿Qué más deseas?

- Firmaste tu sentencia, el día que decidiste venderle el alma al diablo, Yura - volteó, encontrando su mirada con la de ella - ¿Recuerdas las palabras de tu madre?

La sorprendió notablemente, provocando que sus labios se separaran ligeramente.

- Te equivocaste de Taisho, hija - murmuró.

- ¡¿De dónde sacaste eso?! - se puso de pie, furiosa, sin embargo, sus piernas se aflojaron al instante, causando que cayera nuevamente.

- Cuando dejé en claro que no me agradabas, fue porque sabía de donde venías, y lo que buscabas - la firmeza de su postura intimidaría a cualquiera que estuviera al frente - La repugnante familia Sakasagami... la misma capaz de vender a su propia sangre, por un fajo de billetes.

- Te equivocas - los nervios comenzaban a dificultar su respiración - Yo... aún amo a Inuyasha.

- ¿Por eso te marchaste en busca del prometido millonario que tu madre te consiguió?

- Hm... ¿eres abogado o espía?

- Puedo ser la peor pesadilla de mi enemigo, si este es incapaz de cuidar sus espaldas - el silencio invadió el lugar - Fue una pena, que él te botara al enterarse de tus verdaderas intenciones - miró el reloj en su muñeca - Puedes estar tranquila, pienso dejarte la oportunidad a ti de decirle a Inuyasha la verdad, sólo espero que puedas hacerlo antes de que tus pulmones se vacíen.

- ¿Me estas amenazando? - sonrió.

- Tú ya sabes quién es la verdadera amenaza.

Salió del lugar, encontrándose con el guardaespaldas de la joven.

- Espero que lo pienses dos veces, antes de aceptar participar en cualquier plan de Bankotsu, que involucre a mi familia.

- Señor, lo lamento... yo...

- La decisión que tomes, puede costarte el puesto o la vida, tenlo en cuenta.

Descendió las escaleras rápidamente, decidido a encaminar sus pasos hacia la salida, sin embargo, aquella jovencita que se atravesó en su camino, fue suficiente para detenerlo.

- Señor Sesshomaru - murmuró.

- Rin - respondió en el mismo tono.

- Disculpe... no sabía que estaba aquí.

- No tenias porque saberlo - pasó a su lado.

- Espere - ambos voltearon, encontrando sus miradas - ¿Ya se va?

Tal vez el efecto de la cerveza fue la causante de que aquella pregunta se escapara de su interior, provocando un cierto dejo de intriga en la cabeza de su jefe.

- Tengo asuntos que resolver.

- Oh... es una pena.

- ¿Por qué lo dices? - su expresión era inmutable.

- Bueno... - podía notar el rosado en sus mejillas - Me gustaría, tomar algo con usted - pronunció de repente - Sólo... sólo como... como una reunión.

- Comprendo - respondió, ocultando su evidente sorpresa - Tal vez en otra ocasión... y en otro lugar.

Sin esperar respuesta, se dirigió a la salida, en dónde Jaken lo estaba esperando, con el auto encendido.

Su corazón latía con fuerza, debido a las palabras de Rin, sin embargo, por su mente vagaba la imagen del jovencito besándola, lo que le causaba un controversial choque de emociones.

- ¿Hiten y Manten estas listos?

- Así es, amo.

Tomó su teléfono, coordinándolo con el GPS del automóvil.

- Allí tienes la dirección a la que debes ir.

- ¿Se... seguro? - lo miró, a través del retrovisor.

- ¿Tengo cara de estar bromeando?

- Ay no, disculpe mi atrevimiento - colocó primera y salió hacia el centro de la carretera.


Extra: Situación clara

Su mente, afectada por el alcohol, tardó unos segundos en procesar la acción que el joven acababa de realizar, sin embargo, logró apartarlo.

- ¿Qué haces? - preguntó, con una mezcla de sorpresa y molestia en su voz.

- Lo... lo siento - intentó excusarse - Me... me precipité, lo siento.

Suspiró, abrumada por la situación, al mismo tiempo en que pasaba por su lado, alejándose de la pista, sin un rumbo certero.

- ¡Rin! ¡Espera! - gritó, tratando de retener su mano, sin embargo, ella se zafó.

Atravesó la multitud, rumbo al lugar en el que se encontraban sus amigos.

- Rin - pronunció Sango.

- ¿Quién? - respondió Miroku.

- Shhh, no diga nada - lo regañó - ¿Y Kohaku?

- Se quedó en la pista - se sentó, cruzando sus brazos, mientras fruncía su ceño.

Pensé que le había dejado en claro que no quería nada de esto... ¿Por qué tuvo que hacerlo de todos modos?

Trataba de calmarse, sin embargo, tenía miedo de que, de ahora en adelante, la relación entre ellos estuviera atravesada por la tensión que este momento había causado. Segundos después, Kohaku apareció.

- Rin - dijo, sentándose a su lado.

Sango pasaba su mirada entre ambos, intentando descifrar lo que sucedía, aunque no lograba concentrarse, debido al murmuró constante del castaño, contra su hombro.

- ¿Las estrellas son doradas, Sanguito?

- ¿He? ¿Siempre hace estas preguntas cuando está borracho?

- Sólo quiero... seguir escuchando tu voz - respondió con ternura.

Mientras, frente a ellos, los dos jóvenes aclaraban las cosas.

- Lo lamento - dijo él, con sinceridad - Yo... me confundí, es decir, lo que dijiste...

- Lamento haberte confundido, si eso es lo que sucedió - su expresión se suavizó - Eres un joven apuesto, Kohaku... pero... creí haberte dicho que no estoy interesada.

- Dijiste que no pensabas en tener una relación, pero...

- Yo... - lo interrumpió - No estoy interesada, en ti.

Pudo notar que sus palabras golpearon fuerte al jovencito, sin embargo, una sonrisa se formó en sus labios.

- Te agradezco por haber sido clara - la sorprendió con su respuesta - Y vuelvo a disculparme por haberte besado - hizo una pausa - Me gustas, eso quedó claro, sin embargo, eres una chica grandiosa y no quisiera... que nuestra relación se viera afectada por... esto.

Vaya... es muy maduro, a pesar de todo.

- Yo también deseo lo mismo, pero... creo que es cuestión de tratar de superar lo que sucedió y que las cosas estén claras - sonrió - No quiero que vuelvas a confundirte.

- No lo haré, lo prometo - respondió con seguridad - Seremos grandes amigos, eso si, si estás de acuerdo.

- Claro - extendió su mano - ¿Amigos?

- Amigos - la tomó - Y creo que me iré ahora.

- ¿He? ¿Por qué? - se sorprendió - ¿Estas molesto?

- No - rio - No, para nada, sólo que, el alcohol me está haciendo afectando y, definitivamente no quiero terminar como él - señaló al castaño.

- ¿Ya te vas? - preguntó su hermana.

- Si - tuvo que gritar, debido al volumen de la música - Tomaré un taxi.

- De acuerdo - respondió en el mismo tono - Ten cuidado.

- ¿Por qué me gritas? - preguntó, acurrucándose aún más, contra su cuello.

- No estoy hablando con usted.

- Nos veremos el lunes, Rin - le sonrió, mientras ella asentía.

La castaña, con una mezcla de emociones en su interior, miró a Sango.

- ¿Se encuentra bien? - posó sus ojos en Miroku.

- Eso espero - suspiró.

- ¿Quieres que vaya a buscar un poco de agua?

- ¿Podrías hacer eso por mi? - los ojos de la joven se iluminaron.

- ¡Claro! - sonrió - Vuelvo en un momento.

Se puso de pie y caminó nuevamente en dirección de la pista principal.

¿Dónde se supone que estaba la barra?

De repente, giró y se encontró, de frente, con el peliplata.

No puede ser.

Su respiración pareció detenerse momentáneamente, mientras pronunciaba su nombre.

- Señor Sesshomaru.

- Rin - respondió en el mismo tono.

- Disculpe... no sabía que estaba aquí.

Y, para ser sincera, me sorprende el hecho de verlo en un lugar como este.

- No tenias porque saberlo - pasó a su lado.

Por supuesto que no tengo porque saberlo, después de todo... sólo soy su empleada.

Una pequeña punzada golpeó su pecho, al saber que él se alejaría sin más, por lo que, juntó todo el coraje que la cerveza le había proporcionado y volteó.

- Espere... ¿Ya se va?

- Tengo asuntos que resolver.

- Oh... es una pena - trató de no sonar decepcionada.

- ¿Por qué lo dices? - su expresión era inmutable, sin embargo, algo en el dorado de sus ojos, amenazaban con desestabilizar su, ya alborotado, corazón.

- Bueno... - sus mejillas ardían - Me gustaría, tomar algo con usted - lo soltó - Sólo... sólo como... como una reunión.

¡¿Qué acabo de decir?! ¡Le acabo de invitar un trago a mi jefe!

- Comprendo - respondió, en un tono serio - Tal vez en otra ocasión... y en otro lugar.

Volteó y se alejó, dejándola completamente absorta con su respuesta.

¿Qué? ¿Cómo se supone que debo interpretar sus palabras?

Suspiró nuevamente, mientras su pecho se llenaba de nuevas sensaciones encontradas, sobre todo al pensar en los ojos con los que debería verlo el lunes en la oficina.

Continuó con su misión, pidiendo una botella de agua al llegar a la barra. Una vez con ella en sus manos, se dispuso a regresar con sus amigos, sólo para despedirse y regresar a casa, antes de que la situación encontrara la manera de empeorar.


Extra: A todo o nada

Salió de la discoteca y subió a su auto, mientras un sonoro suspiro abandonaba sus labios.

- Bien, Kagome se encuentra a salvo y ese perrucho también - colocó ambas manos en el volante - ¿Y ahora que?

La noche era joven aún, al igual que el deseo de terminarla de manera decente. Repasó en su mente las opciones más convenientes, entre las que se encontraba el hecho de ir en busca de su amigo y salir de fiesta,

- Oye, Naraku, tragos y un par de mujeres, ¿Qué opinas?

Envió su mensaje y la respuesta no se hizo esperar.

- Maldito pervertido - sonrió al ver la foto, en la que se podía ver el cabello de Kikyo sobre su pecho - ¿Quién más queda?

Su mente, completamente consciente, trataba de bloquear el rostro de la pelirroja, la cual había sido su primera opción, sin embargo, luego de su encuentro en la oficina, ella había optado por no llamarlo.

- Bah... ya que.

Marcó su número y colocó el móvil en altavoz. Segundos después, una sonora música retumbó por el interior del auto.

- Vaya, por fin te dignas a responderme.

- ¿Qué es lo que quieres?

- Dime donde estas.

- Si me llamas por sexo, lo siento, ya tengo a alguien para eso.

Aquel comentario, provocó que la sonrisa altanera del moreno se esfumara ante aquellas palabras.

- ¿Dónde estas? - su tono se volvió serio.

- Adiós.

Cortó la llamada, al mismo tiempo en que él apretaba su mandíbula.

- Lamento decirte, que hay un par de cosas que no sabes sobre mi - murmuró.

Abrió aquella aplicación que su hermano le había enseñado a utilizar y, con su número de celular, en cuestión de segundos, encontró su ubicación.

Sin perder tiempo, encendió el carro y se dirigió a la otra discoteca. Ingresó con paso seguro y sólo le tomó unos minutos encontrarla. Apretó los puños al verla recostada contra la pared, besando a un joven más alto que ella, de cabello corto y oscuro.

Ayame, ante sus ojos, era un monumento a la excitación y la sensualidad, no sólo por su esbelta figura, la cual estaba cubierta por aquel corto vestido, si no, por su actitud segura y desafiante, lo que lo encendía con sólo responderle una oración.

Se acercó, tomando, con extrema suavidad, al joven.

- Te agradezco que la hayas preparado para mi, pero ya puedes largarte.

- ¿De que hablas viejo?

- Lárgate - respondió la pelirroja.

El moreno pasó sus ojos por ambos, al mismo tiempo en que daba un paso para alejarse.

- Zorra.

Sintió como era jalado, mientras aquellas fuertes manos sostenían su camiseta.

- Si vuelves a faltarle el respeto, te daré una paliza - gruñó - Ahora lárgate y, por tu seguridad, mantente alejado.

- Vaya... eso fue intenso - pronunció la mujer, mordiendo su labio, una vez que el joven se fue - ¿Qué sucedió? - apoyó sus manos en su pecho - ¿Viste que otro podía tenerme y viniste corriendo?

- ¿A que juegas? - preguntó con seriedad - ¿Por qué haces esto?

- ¿Hacer que?

- Jugar con cualquiera... te llamo y no me respondes, voy a buscarte y, aún así, no obtengo una respuesta clara... ¿Qué es lo que quieres?

- ¿Qué es lo que tú quieres? - preguntó en el mismo tono - ¿Por qué me buscas?

- Porque me gustas.

- ¿Sólo es eso? ¿Sólo gusto?

- No... - se quedó en silencio, ya que, al fin de cuentas, no tenía una respuesta certera.

Cuando Inuyasha me preguntó si seguía enamorado de Kagome, por alguna razón, el rostro de Ayame apareció de inmediato en mi mente, sin embargo, no puedo decir que se trate de amor, pero... no lo sé... quisiera aventurarme a descubrir porque ella me vuelve loco.

- ¿Entonces?

- Entonces... te lo preguntaré una sola vez... ¿me darás la oportunidad de conocerte? si tu respuesta es no... te aseguro que me iré y no volverás a saber de mi.

Ella se quedó observándolo un momento y, antes de pronunciar una palabra, se abalanzó sobre él, pegándolo a su cuerpo, mientras se apropiaba de sus labios.

- ¿Esta es tu respuesta? - comenzó a acariciar su espalda, sin dejar de besarla.

- Todavía no respondí - se alejó, tomándolo de la mano, mientras lo llevaba a una zona apartada del lugar.


Holis, sólo paso a decir que... mañana es viernes de lemon... chan chan jajaj