Advertencia: En el capítulo de hoy hay MUCHO lemon, asique están en todo su derecho de no leerlo si no lo desean. Sin más preámbulos, comencemos.


Inseguridad

Abrió ligeramente sus ojos, al mismo tiempo en que se estiraba. Rápidamente, su mano chocó con la espalda del peliplata, quién se encontraba a un extremo de la cama. Lo miró, acariciando suavemente su cabello, mientras emanaba una cálida sonrisa.

Luego de un par de minutos aclarando su mente, se dispuso a levantarse y caminar en dirección a la cocina. No era la primera vez que se quedaba en su departamento, por ende, ya sabía donde se encontraban las cosas. Tomó la taza que él le había apartado, del interior de una de las alacenas, al mismo tiempo en que la cafetera realizaba su trabajo. Volteó, apoyándose sobre el mesón, observando el panorama.

El departamento no era grande, no teniendo en cuenta que quién se lo había regalado, era su hermano millonario, sin embargo, la decoración y la limpieza, lo volvían un lugar agradable en el que estar. La sonrisa en sus labios se esfumó en el momento en el que comprendió aquello en lo que ni siquiera, pensado hasta ese momento.

- Inuyasha conoció a Yura cuando tenía 18 años... la misma edad que poseía cuando Sesshomaru le regaló este lugar - murmuró.

De repente, el lugar dejó de ser tan cálido como ella lo percibía. Su mente comenzó a jugarle malas pasadas, provocando que se imaginara a Inuyasha y Yura, charlando, abrazándose y besándose en diferentes zonas.

- No puede ser - murmuró, cerrando sus ojos - Seguramente han tenido sexo en cada parte de aquí.

Tu insignificante mes a su lado, no se compara con nuestros 4 años de relación.

Las palabras de la mujer atravesaron su mente, provocando que la molestia en su pecho aumentara y la angustia rápidamente la invadiera.

- ¿A que le temes, Kagome? - se preguntó a si misma, en voz alta - ¿A que te deje por ella? ¿O a no ser lo suficientemente importante para él?

Ambas.

Suspiró, volteando para servir su café, cuando sintió el peso de aquellos ojos dorados, observándola a la distancia.

Inuyasha

Abrí mis ojos e inmediatamente voltee en busca de su calor, sin embargo, ella ya no estaba. Miré la silla al lado de mi puerta, corroborando que su ropa se encontraba allí, descartando cualquier loca idea que me dijera que habia decidido irse en mitad de la mañana.

Gracias a mi agudo olfato, pude percibir el olor a café, proveniente de la cocina, por lo que me levanté inmediatamente. Salí de la habitación y camine por el corto y oscuro pasillo, hasta llegar al final de la pared que lo conectaba con la cocina. Me asomé y la vi, tenía sus manos apoyadas en el mesón y la mirada perdida en algún lugar del suelo. Mis ojos la recorrieron de extremo a extremo, apreciando su indiscutible belleza, la cual aún me sorprendía, a pesar de no ser la primera vez que nos despertábamos juntos. Mi playera le quedaba perfecta, a pesar de ser ancha para su delgado cuerpo, lo único que me molestaba, era su extensión, ya que no me permitía ver más arriba de sus muslos.

- ¿A que le temes, Kagome? - me sorprendió - ¿A que te deje por ella? ¿O a no ser lo suficientemente importante para él?

Aquellas palabras me dejaron perplejo. Rápidamente, mi mente viajó a través de mis recuerdos, en busca de alguna frase o acción, que hubiera provocado que se sintiera de esa manera, sin embargo, nada apareció, por el contrario, siempre había tratado de asegurarme de ser claro y hacerle saber lo que sentía por ella.

Pude haberme mantenido en esa postura, de no ser porque, en ese momento, ella extendió su mano, abriendo la puerta de la alacena, lo que provocó que la playera se elevara, dejando al descubierto parte de su trasero.

Instantáneamente mordí mi labio inferior, al mismo tiempo en que mi entrepierna comenzaba a empujar mi pantalón.

¡Maldición! Ni siquiera se ha percatado de mi presencia y ya la deseo como un animal en celo. Se que esto se debe a la intensa conexión que tengo con ella, algo que jamás sentí y, para ser cien por ciento honesto, jamás pensé que iba a tener con nadie. La atracción que profeso por ella es indescriptible, el deseo de hacerla mía en todo momento, sin importar que hayamos tenido sexo segundos atrás. Demonios, necesito tocarla, sentir su cuerpo contra el mío.

Voltea y nuestras miradas se encuentran, electrizando el aire, o al menos así lo siento. No está feliz, por el contrario, parece molesta, puedo percibir aquel dejo de inseguridad que la rodea, sin embargo, estoy decidido a despejarle, una por una, todas las dudas que la aquejan.

- Bueno días - sonrío, tratando de esconder mis intenciones.

- Buenos días - responde, en un tono seco - No... - eleva su mano.

- ¿Qué? - mi sonrisa se amplia al verme descubierto.

- No quiero hacer nada en este lugar - voltea, dándome la espalda, sin saber que ha hecho la peor jugada posible, si su deseo era alejarme.

- ¿No? - me hago el desentendido, sin retroceder - ¿Y eso porque?

Noto que su cuerpo se tensa al sentirme tan cerca, por lo que decido apoyar mi frente sobre su cuero cabelludo, manteniendo, por el momento, las manos a mis laterales.

- ¿Has tenido sexo con Yura aquí?

Su pregunta directa no me sorprende y, sin que ella lo note, una leve curvatura se forma en mis labios antes de responder.

- Negarlo seria tonto e increíble, ¿no te parece?

- Por supuesto que lo seria, además... - le da un sorbo a su café, mientras su tono de molestia aumenta.

Tranquila, pequeña, yo te quitaré ese tonto enojo.

Coloco mis manos en su trasero, provocando un respingo en respuesta. Comienzo a acariciarlo lentamente, al mismo tiempo en que pego mis caderas a las suyas y llevo mis labios cerca de su oído.

- ¿Además, que? - susurro y noto como su piel se eriza bajo mis dedos.

- Además... no me siento... - un suspiro abandona sus labios al sentir mi lengua sobre su cuello, dejándole un húmedo beso.

- ¿No te sientes...? - murmuro.

No me responde y aprovecho para ir un poco más allá. Llevo mi mano, desde su trasero hacia su entrepierna, acariciando su zona intima por sobre sus bragas, arrancándole un gemido.

- ¿Vas a decirme? - mi mano libre se desliza debajo de la playera, acariciando su pecho por encima del sostén, mientras mi entrepierna presiona contra la parte trasera de su cuerpo, demostrándole que ya estoy listo para ella.

- No... me gustaría... - sus jadeos van en aumento, al compas con mis caricias - Es decir... aquí estabas... tú y ella...

- Ahora somos tú y yo - mordí sutilmente la piel de su cuello - No hay nadie más.

- No... no lo s... - un grito de placer escapó al sentir mis dedos ingresar en su cálida entrepierna, al mismo tiempo en que mis labios se contraían.

- Kagome... - gruñí su nombre casi por inercia, al sentir lo mojada que se encontraba - ¿Qué mierda me has hecho?

Comencé a penetrarla con mis dedos, mientras ella arqueaba su espalda en mi dirección, provocando que su nuca chocara con mi hombro y mi otra mano apretara fuertemente sus senos, deseando arrancarle aquella tela que los envolvía.

Me detuve, llevando mis manos a mi pantalón, descendiéndolo junto con la ropa interior, liberando mi miembro y posándolo en su entrada, aún sin correr sus bragas.

- ¿Tienes dudas de algo? - pregunté, mientras sentía la mezcla de su piel y la tela.

- ¿Por qué preguntas? - respondió en un suspiro.

- Porque te escuché - confesé, acariciando sus muslos y volviendo a besar su cuello - Escuché lo que te preguntaste.

- ¿Tú puedes responderlo?

- Por supuesto - sonreí contra su piel.

- Te escucho.

- No debes temerle a nada - bese su clavícula - Jamás te cambiaré por ella - acaricie su nuca con mi rostro, impregnando mi nariz de su perfecto aroma - Eres lo más importante en mi vida.

- Inuyasha - suspiró, llevando su mano a mi entrepierna, acariciándola.

- ¿Quieres matarme? - sonreí.

- Quiero que seas mío.

- Soy tuyo... puedes hacer conmigo lo que desees.

No lo vi venir, pero, en cuestión de segundos, ella volteó, arrodillándose frente a mi, dejándome completamente sin palabras.

- ¿Qué vas a hacer? - inevitablemente me sonrojé, o al menos pude sentir el calor encender mis mejillas.

Ella me devolvió una sonrisa que amenazó con desestabilizarme por completo.

Un sonoro gemido abandonó mis labios al sentir como el calor y la humedad de su boca abrazaban gran parte de mi miembro, mientras que, la parte que su boca no pudo cubrir, fue envuelta con su mano.

La manera en la que su legua jugaba con aquella zona sensible, dejando intensos besos de extremo a extremo, mientras su mano realizaba un vaivén excelentemente sincronizado, denotaba experiencia e, inevitablemente, sentí unos pequeños celos al pensar en que, con total seguridad, alguien más había sido el encargado de disfrutarla antes que yo, pero ya no habría nadie más... lo lamento Kag, pero no pienso dejarte ir.

Cometí el error fatal de mirar hacia abajo. El intenso brillo en sus ojos provocó que debiera contenerme para no venirme en ese momento. Su rostro se veía perfecto ejecutando aquel acto y sólo logró encenderme más, algo que ya creía imposible. Tomé con fuerza su cabello, al mismo tiempo en que comenzaba a moverme, ingresando con mayor velocidad.

- Maldición - gruñí - Eres perfecta.

Sin soltarla, la elevé, devorando su boca con ferocidad, mientras mis dedos se clavaban en su trasero.

- No puedes hacerme esto - pronuncié contra sus labios.

- ¿Qué cosa? - respondió en un suspiro.

Decidí responderle con hechos, por lo que la coloqué sobre la mesada, corriendo sus bragas y penetrándola de un solo movimiento. Un elevado grito salió de su boca al llenarla por completo.

- Esto - murmuré en su cuello, mientras mis movimientos iban en aumento.

De repente, nuestros gemidos de placer eran lo único que se lograba escuchar. Su cavidad estaba exquisitamente deliciosa, lo que causaba que tuviera que mantener un estricto control mental, para no terminar antes que ella.

- ¿Sigues con duda? - me separé levemente, mirándola a los ojos.

- No - murmuró, llevando sus ojos a la unión de nuestros sexos, mordiéndose los labios al observar la manera en la que me perdía en ella.

- ¿Te gusta? - sonreí, con mi pecho lleno de orgullo.

- Me encanta.

El tono de su voz no me estaba ayudando para nada, por lo que la incliné hacía atrás, profundizando mis entradas. Mis manos se aferraron a sus caderas, al mismo tiempo en que mis estocadas iban a un ritmo frenético.

- ¡Inuyasha! - gimió - ¡No puedo...!

A modo de respuesta, llevé mis manos a sus pechos, por debajo de la playera, apretándolos con firmeza, y mi boca a la suya. Sus piernas se envolvieron en mis caderas, generando el tan placentero roce de su clítoris con mi pubis. Segundos después, su calor me envolvió por completo y pude libérame al fin.

Apoyé mis manos sobre la pared, encerrándola en una estructura imaginaria, mientras trataba de recuperar el aliento. Ella, por su parte, reclinó parte de su cuerpo, sonriéndome tiernamente. Le devolví la sonrisa, al mismo tiempo en que la abrazaba, apoyando mis labios en su hombro.

- ¿Ya te dije que me vuelves loco?

- Algunas veces - rio, envolviéndome con sus brazos.

- ¿Y crees que será muy pronto para decirte que estoy enamorado?

- ¿Qué? - aprisionó mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarla - ¿Qué dijiste?

- Lo que escuchaste...

La sorpresa y el nerviosismo es evidente, sin lugar a dudas, no se esperaba nada de eso.

- ¿De verdad? - acarició mi mejilla, haciéndome sentir en las nubes.

- Completamente - pronuncie en baja voz, dejándole un pequeño beso - Ya no podrás deshacerte de mi tan fácil.

- Es justo lo que quiero - la curva más hermosa que he visto en mi vida, es su sonrisa, estoy seguro.

La tomó de las caderas, elevándola y comienzo a caminar en dirección al sofá.

- ¿No vas a desayunar?

- Tu cuerpo es mi desayuno - la miro pícaramente - Y, tal vez sea mi almuerzo... y mi merienda...

La recuesto sobre él, quitándole la playera y colocándome entre sus piernas, en busca de un segundo round que ella, con gusto, está dispuesta a darme.


Sentimientos

- ¿Hm? - abrió sus ojos y, su primera acción, fue cubrirlos con sus manos.

La luz del sol se colaba en la ventana de su habitación, haciéndole saber que, con total probabilidad, el mediodía estaba presente.

- Vaya, Kohaku tenía razón - sonrió, realizando una pequeña mueca de dolor - Será mejor que tome algo, antes de que esto empeore.

Salió de la habitación en dirección a la cocina, sin embargo, se detuvo en seco ante la imagen que se presento frente a su mirada.

- Sango - murmuró, observando a la joven dormir en el sofá, con una especie de manta cubriendo su cuerpo.

La sonrisa que se formó en sus labios fue inevitable, ya que no se esperaba para nada que ella aún se encontrara allí. Se acercó sigilosamente, arrodillándose a su lado y desvió el mechón de pelo que cubría sus ojos.

- Te quedaste a mi lado - susurró, mientras sus ojos se humedecían levemente - Te agradezco por eso.

Ella se despertó, haciendo contacto visual directo con el marrón de su mirada, lo que provocó que se sentara de golpe, mientras el rojo se apoderaba de sus mejillas.

- Joven Miroku - pronunció, visiblemente avergonzada - No lo oí despertar.

- No te preocupes - sonrió - Recién me levanto... y, al parecer... - miró a su alrededor, observando el lugar completamente iluminado - Ya es tarde, ¿quieres comer algo?

- ¿Usted se encuentra bien? Anoche estaba...

- Anoche no sabía ni siquiera en donde estaba - intervino, riendo - Pero ya me siento mejor.

Entonces... ¿no se acuerda de lo que me dijo?

La mirada castaña de ella se apago y, aunque él pudo notarlo, decidió continuar con la plática.

- ¿Qué deseas comer? - se puso de pie, dirigiéndose a la cocina.

- Lo que usted prefiera - su tono era desanimado, pero trataba de ocultarlo.

- Bueno... - inspeccionó su heladera y su alacena - Lamento decirte que, como joven universitario y soltero, la comida escasea en este lugar - la miró, divertido - ¿Quieres pedir Ramen?

- ¿No cree que sería mejor que me vaya? - preguntó de repente - Es decir, me quedé aquí para asegurarme de que estuviera bien y, por lo que veo, lo esta.

- ¿Dije algo malo? - no sabía que responder, por lo que decidió desviar el tema.

- No, no lo hizo - se puso de pie, dejando la manta sobre el sofá - Sólo... creo que no tengo nada que hacer en este lugar.

- Sango - suspiró - Creo que debemos hablar...

- ¿De que?

- Del te quiero, Sanguito, te quiero demasiado.

Los ojos de la mujer se abrieron ampliamente, al mismo tiempo que su boca se separó ligeramente y su respiración se detuvo unos instantes.

- ¿Lo... lo recuerda?

- Por supuesto que lo recuerdo... al igual que el aroma que tenías y la calidez, de la piel de tu hombro, muy cómodo para dormir, por cierto.

- Bueno... - el calor invadió nuevamente sus mejillas - Yo... yo creí que...

- Comprendo y no te culpo por ello - se acercó nuevamente al sillón, sentándose e invitándola a que se sentara a su lado, ella lo hizo - Y, debo decirte, que no mentí en lo absoluto.

- ¿De verdad? - miró al frente, con su cuerpo completamente tenso.

- De verdad - imitó su acción, sin perder la sonrisa - Te quiero mucho, Sango... te quiero como no pensé querer a nadie, pero...

Pero...

- Dígalo sin rodeos, por favor...

Será mejor así...

- Pero, tengo miedo...

- ¡¿He?! - la sorpresa la hizo girar y observarlo de frente.

- Tengo miedo... de no saber como llevar una relación, porque... la realidad es que nunca he estado en una.

- Oiga, le dije que lo dijera sin rodeos, pero no me mienta - frunció el ceño.

- No es una mentira - sus miradas se encontraron - De hecho... solo me enamoré una vez... y no salió como esperaba.

- No es necesario que me lo cuente, si no lo siente...

- Su nombre era Kimi... - miró al frente, haciendo caso omiso de sus palabras - Fuimos compañeros en la preparatoria y, a pesar de ser un niño al conocerla, me enamoré perdidamente de ella... - un pequeño brillo se formó en sus ojos - Éramos inseparables... todo lo hacíamos juntos... trabajos, exámenes grupales, salidas con amigos, salidas solos...

- Vaya... debió ser muy importante para usted - respondió, con total sinceridad.

- Lo era, Sango... ella era muy importante para mi - sonrió - Siempre le decía que, al finalizar nuestros estudios, le pediría que fuera mi novia y se casara conmigo... - una pequeña risa abandonó sus labios - Y ella respondía que si... que yo sería el amor de su vida, pero que aún éramos jóvenes para pensar en eso... yo le creí.

- Déjeme adivinar, al finalizar la preparatoria, simplemente lo botó...

- Fue más que eso... ella... me agradeció por haberla ayudado a transitar esa "etapa", me dijo que sentía un gran cariño por mi, que siempre estaría en sus recuerdos, pero que no sentía lo mismo - hizo una pausa - No la culpo, es decir, no puedes obligar a alguien a que corresponda tus sentimientos, sin embargo, me sentí usado en algún punto... como si sólo hubiese sido una mera compañía... alguien que sólo le sirvió en su momento y que, al finalizar, ya no tenía lugar en su vida.

- Joven Miroku - sus ojos volvieron a encontrarse y la tensión se volvió palpable - Yo... si siento lo mismo que usted y... tal vez no sea ella, pero...

- Sango - intervino, tomándola de la mano - Créeme que, si no supiera que es así, no estaría contándote esto... nadie sabe de ella, sólo Inuyasha.

- Lamento mucho lo que le sucedió...

- No tienes que lamentarlo... la manera en la que decidí lidiar con ello no es la más razonable, ni moralmente correcta, sin embargo, me dispuse a que fuese así, hasta que conociera a la persona indicada - el brillo en sus ojos se intensificó - Hasta que te conociera a ti.

Ella sonrió, apoyando su cabeza en su hombro, a sabiendas de que ahora era su turno, de sincerarse con sus sentimientos.

- Yo tampoco he tenido pareja, pero... es porque soy una persona que no se fía de los demás así como así, aún así... con usted es diferente... - aquel comentario lo hizo sonreír - A pesar de las malas mañas que posee - gruñó - Me siento cómoda a su lado y... le tengo mucho cariño, además de que es atractivo - se sonrojó.

- Tú eres preciosa, Sanguito - tomó su mentón, mirándola fijamente - Y espero que no dudes de lo que te dije anoche, porque fue todo verdad - llevó la mano de ella a la altura de su corazón - Mis sentimientos son reales.

Ella se acercó, posando sus labios sobre los de él, al mismo tiempo en que rodeaba su cuello y él su cintura. Aquel beso, lleno de ternura y sentimientos, selló por fin la claridad que ella tanto esperaba, aunque el camino frente a ellos aún era incierto.


Compañía

- ¿Sacaste una foto? - preguntó Kikyo, al percibir el reflejo de la luz en la pared.

Volteó, observando a Naraku, quién le mostró la imagen de su cabello sobre su torso desnudo.

- ¿Cerveza y mujeres? - arqueó sus cejas - ¿Así son las salidas con Koga?

- ¿Tienes algún problema con eso? - bromeó, mirándola divertido.

- Por supuesto que lo tengo - entrecerró sus ojos.

- Eres única - respondió, acariciando su cabello - Es tonto que tengas un problema por ello.

- ¿Tienes idea de cuantas personas dicen lo mismo?

- Sólo me interesa lo que tú y yo digamos.

- ¿Y que tienes para decirme? - trató de indagar un poco más allá, en busca de sus sentimientos.

- Qué eres todo lo que buscaba - la jaló, atrayéndola contra sus labios, besándola con suavidad - ¿Y tú?

- Qué eres la compañía que, no sabia, que necesitaba - ambos se sonrieron - Y... que te agradezco mucho por... todo.

Sabía perfectamente a lo que se refería, por lo que, a modo de consuelo, comenzó a acariciar su espalda desnuda.

- Cuando mi hermana regrese, le pediré su ayuda.

- ¿Estas seguro? - se sorprendió.

- Es abogada, encontrará la manera de acceder a los archivos del hospital, sólo... debemos tener paciencia y mantener todo esto en silencio.

- Gracias - apoyó su rostro en su pecho - Estaría muy feliz... de conocer la identidad de mi madre y de su familia... ya que no estoy segura de que, si el nombre que mi padre me dijo, es el verdadero.

- Le tienes miedo a Magatsuhi, ¿verdad?

- Como no te imaginas - sus ojos comenzaron a temblar - El sólo hecho de pensar que... puedo estar conviviendo con un asesino... es repugnante.

Tal vez sea mucho más que eso... ese hombre... es un verdadero monstruo. Kikyo... prometo hacer todo lo posible por salvarte de las manos de ese ser, aunque no pueda decírtelo con palabras.

Pensó, frunciendo su ceño, sin embargo, sintió la necesidad de reconfortar a la joven, en lugar de seguir incrementando su miedo e incomodidad.

- Cambiemos de tema - giró, quedando sobre ella, al mismo tiempo en que las manos de la joven, apartaban los mechones de su largo y ondulado cabello - ¿Recuerdas la fiesta?

- Como olvidarla - le devolvió la sonrisa.

- Necesito que me ayudes a recordar... - con sus piernas, separó ligeramente las suyas, provocando que su entrepierna, rozara su entrada.

- ¿Qué deseas? - arqueó su espalda, invitándolo a ingresar.

- Bueno... - apoyó sus labios en su cuello - Deseo recordar la manera en la que tus uñas rozaban mi espalda - jugueteaba con su miembro, sintiendo la humedad que ella comenzaba a emanar.

- ¿Vas a follarme o tengo que pedírtelo?

- Y, sin dudas, deseo recordar la manera posesiva en la que tomaste mi cuerpo...

- No es manera, Naraku... - rozó sus labios - Tu cuerpo me pertenece.

Se colocó sobre él, tomando su sexo entre sus manos y lo posicionó nuevamente en su entrada.

- Si no lo harás tú... - se sentó de un solo movimiento, provocando que un sonoro gruñido abandonara sus labios - ¿A esto te referías?

- Maldita mujer - sonrió, mientras ella se movía, lentamente, sobre él, embelesando sus ojos.

- ¿Ahora lo comprendes? - comenzó a acelerar su acción, mientras él se elevaba, atrapando sus pechos entre sus labios.

- ¿Y tú lo entiendes? - preguntó, sin dejar de saborearla.

- ¿Qué cosa? - inclinó su cabeza hacía atrás, mordiendo sus labios.

- Qué después de esa noche no había vuelta atrás - sostuvo sus caderas, obligándola a detenerse, mientras el comenzaba a penetrarla con mayor firmeza.

- ¿Yo también soy tuya? - preguntó entre gemidos.

- Y de nadie más.

Las palabras fueron reemplazadas por una mezcla de suspiros y agudos gritos, provenientes de los labios de la morena.

- No hagas eso - bufó, colocándola debajo de él. Abrió completamente sus piernas, mientras volvía a perderse en su interior - Tu voz me vuelve loco - cerró sus ojos.

Sus cuerpos danzaban salvajemente sobre las sábanas, mientras sus sexos se unían y separaban con fervor, aumentando el deseo de liberarse profundamente.

- ¿Puedo decirte algo? - preguntó ella, mientras él se alejaba brevemente, dejándola observar con detenimiento aquel acto.

- No si yo lo digo primero - sonrió, mirándola fijamente, sin detener sus estocadas - Te quiero.

Aquellas palabras resonaron con mayor fuerza de la que ella esperaba, mientras los labios de él devoraban su boca.

- Yo igual - respondió, mientras liberaban todo el deseo que, desde la primera noche, profesaban por el otro. Deseo que había ido más allá y se había transformado en algo sentimental.


Superación

- Señor Sesshomaru - la manera en la que ella pronunció su nombre, en el momento en que sus manos rozaron sus bragas, simplemente lo encegueció.

Sus labios eran dulces, tal y como los había imaginado, sin embargo, en ese momento sólo deseaba penetrarla salvajemente hasta que sus piernas temblaran por completo.

Se despertó con la suave brisa que ingresaba por la ventana. Rápidamente corroboró lo que ya sabía, su miembro sobresalía de su pijama, demostrándole que aquel sueño había sido más vivido de lo que podía imaginar.

Se elevó, dirigiéndose al ventanal con el objetivo de distraer su mente. En el fondo, le avergonzaba haber pensado en Rin de esa manera, sin embargo, algo había cambiado en la forma en la que él percibía que ella lo observaba. Si, había notado interés en las palabras de la jovencita, dándole la certeza de que no era solo él, quien veía una conexión entre los dos, sin embargo, una duda aquejaba su mente, una duda con nombre y apellido.

- Kagura - murmuró - ¿Qué piensas hacer?

Sabía que la relación con ella estaba perdida definitivamente, ya que él tampoco tenía interés en recomponerla, pero no podía cometer la osadía de invitar a la jovencita, mientras las cosas de su ex pareja aún seguían en la casa. Suspiró, a sabiendas de que había tomado una decisión: Él o ella debían abandonar la casa.

Regresó hacia su mesa de noche, tomando su celular y enviándole un mensaje a ella.

Buenos días, probablemente no esperabas mi mensaje y, para ser sincero, no espero tu respuesta, sin embargo, nos debemos una extensa charla, sobre todo para aclarar la situación con nuestra propiedad y la firma de abogados. Eres una mujer razonable y espero que estés dispuesta a charlar conmigo en tu regreso.

Regresó el móvil a su lugar y se sentó sobre la mesa. En ese instante, un pequeño dolor se apoderó de su mano, lo que llevó su mente a lo acontecido la noche anterior.

Los gemidos de la joven rubia retumbaban por toda la habitación, mientras Bankotsu apretaba su cuello, como si deseara asesinarla en ese momento.

Un golpe a la puerta principal cayó aquellos sonidos, mientras el joven suspiraba en señal de frustración.

- Lamento decirte que deberás darme un momento, preciosa - salió de su interior, acomodando su ropa interior y colocándose su pantalón. Su cabello se bamboleaba al ritmo en el que sus pies descendían por los escalones.

- Mala idea el darle la noche libre a mis guardaespaldas - bufó, abriendo la puerta.

Un golpe directo lo lanzó hacia atrás, mientras su mano cubría su nariz y su vista se nublaba temporalmente.

- ¡¿Qué mierda haces?! - gritó, al reconocer la figura de Hiten en la puerta - ¡¿Sabes lo que va a ocurrirte ahora, idiota?!

- Nada - respondió otra voz.

El joven de cabello largo se apartó de la puerta, al mismo tiempo en que Sesshomaru ingresaba, deteniéndose a escasos metros del hombre caído.

- ¿Qué haces aquí? - la sangre comenzó a empapar su mano, mientras se ponía de pie.

- Pensé que habías comprendido cuando te llamé el lunes pasado - suspiró - Pero, al parecer, te gusta arriesgar tu vida.

- Ja... ¿te crees demasiado?

- Simplemente no te tengo miedo - se encogió de hombros.

- ¿Prefieres arriesgar la seguridad de tus hombres?

- El que arriesgará su seguridad, serás tú, si te atreves a hacerle algo a mi personal o, peor aún, a mi familia - volteó, caminando en dirección de la salida - Tómalo como una advertencia, Bankotsu... si intentas algo más, más elevado será tu castigo.

- ¿Qué prefieres? - sonrió altaneramente - ¿Te entrego la cabeza de Kagome o la de Inuyasha primero?

Aquellas palabras detuvieron sus pasos, sólo para hacerlo regresar con mayor rapidez. Aprisionó el cuello de su socio entre sus dedos, elevándolo por sobre su cabeza. Sus ojos rojos se apoderaron completamente de él y, a diferencia de otras veces, unas extrañas marcas se dibujaron en su rostro, frente a los ojos atónitos de su socio.

- ¿Qué caraj...? - no logró terminar la frase, debido a la falta de aire.

- ¿Por qué no repites eso? - el silencio reinó entre los dos, no porque él no deseara responder, si no porque los dedos de Sesshomaru lo cerraron por completo.

En la puerta, Hiten, Manten y Jaken, intercambiaban miradas, sin atreverse a intervenir. De repente, el peliplata lo soltó y el moreno cayó, completamente desplomado, al suelo.

- ¿Lo... lo mató? - preguntó Manten.

- No - respondió el joven de ojos dorados, mientras volteaba y se dirigía a la puerta - Manten, asegúrate de regresarlo a la cama y dile a la jovencita que está en su habitación que lo disculpe, luego llévala a su casa.

- De... de acuerdo - ingresó corriendo a tomar el cuerpo del moreno.

- Hiten, vigila el perímetro y tú Jaken, llévame a casa.

- Cla... claro, amo bonito - fue corriendo hacia el auto.

El panorama había cambiado en todo sentido, en todos los aspectos de su vida, sin embargo, estaba dispuesto a aceptar esos cambios, comenzando con los de su corazón.

Volvió a tomar el móvil y le envió un mensaje a Rin.

Buenos días, Rin, espero no ser impertinente con mi mensaje, pero... mañana luego del trabajo, quisiera ir a tomar un café contigo, ya que anoche no pude quedarme a tu lado.

Comenzaría despacio, por lo que, un encuentro un poco más cercano, en un ambiente vigilado, le parecía una excelente idea para acercarse a ella desde otro lugar, además de poder averiguar que tipo de relación la unía con Kohaku


Posesión

Sus ojos celestes se abrieron rápidamente, al mismo tiempo en que su cabeza giraba en busca de la joven. Sonrió al verla a su lado, con su rostro en la dirección opuesta a la suya y su espalda al descubierto.

- Al menos esta vez no escapaste - murmuró, recordando la noche anterior.

Se detuvieron en una zona apartada, cerca de los baños, la cual no poseía nada de iluminación. Ella lo abrazó, besándolo con pasión, mientras él pegaba su cuerpo al suyo.

- ¿Cómo conocías este lugar? - murmuró entre sus labios.

- Experiencia.

Se separó, girándola y aprisionándola contra la pared, mientras su lengua rozaba el lóbulo de su oreja.

- ¿Aquí pensabas traer a ese imbécil?

- Seguramente - sonrió con malicia,

Él colocó sus manos en sus caderas, subiendo su vestido para luego desabrochar su pantalón.

- ¿Ibas a fallártelo? - mordió su cuello.

- Eso es obvio - un gemido abandonó sus labios.

- Escúchame bien - la jaló por las coletas de su cabello, provocando que su nuca chocara con su hombro - Puedes hablar con quien desees... puedes coquetear e ilusionar a cualquier idiota, pero... - la penetró sin más, mientras su mano libre tomaba su cuello - Sólo yo puedo perderme dentro de ti.

Sus movimientos no eran románticos, por el contrario, sus estocadas profundas y salvajes le arrancaban sonoros gemidos a la pelirroja, sonidos que sólo eran opacados por el alto volumen de la música.

- No eres mi dueño - pronunció entre suspiros.

- El calor de tu cuerpo me dice otra cosa - sonrió.

Ella apoyó sus manos en la pared, inclinándose más contra ella, lo que provocó que el joven tomara sus caderas, al mismo tiempo en que apretaba su mandíbula.

Maldición, si sigo así...

Salió de ella con la misma rapidez con la que había ingresado, causándole una gran confusión.

- ¿Qué haces? - se acomodó el vestido, mientras él subía sus pantalones y tomaba su mano.

- Tu vienes conmigo.

Atravesaron la discoteca hasta la salida, en donde se dirigieron directo al auto. Abrió la puerta del conductor y le quitó el seguro a la puerta del acompañante, sin embargo, ella tenía otros planes.

- ¿Qué haces? - murmuró, al ver que ella se quedaba parada al lado del auto.

- Extiende el asiento, ahora - ordenó.

- ¿Quieres tomar el control? - sonrió, obedeciendo.

Ahora fue ella la que decidió desabotonar su pantalón y, acariciar su miembro con rapidez, mientras él inclinaba su cabeza sobre el respaldo del asiento.

- Perfecto - mordió sus labios, al mismo tiempo en que se sentaba sobre él, apoyando sus manos en el volante.

- Maldición, Ayame - pronunció, casi sin aliento, al observar la manera en la que ella se meneaba, causándole mil sensaciones por minuto.

El espacio era reducido, por lo que sólo se limitó a presionar su trasero con sus manos, apretándolo con fuerza, a medida en que sentía que su liberación se acercaba.

Repentinamente, ella se inclinó hacia atrás, pasando su mano por detrás de su nuca y tomando con fuerza su cabello oscuro. Él comenzó a besar su cuello, mientras llevaba su mano a su zona sensible y comenzaba a mover su cuerpo, penetrándola aún más profundamente.

- Koga... - un leve grito escapó.

- Hazlo - ordenó contra su piel, mientras sus dedos rozaban con fervor su clítoris y entrepierna atacaba su cavidad.

La liberación de ambos fue acompañada con unos intensos suspiros.

- Siéntate allí - dijo el joven, a medio respirar.

- ¿Qué planeas?

- Iremos a mi casa... no te dejaré escapar esta vez.

- Ja... en algún momento vas a dormirte.

Se sentó en la cama en el mismo momento en que ella se despertaba.

- Buenos días - le sonrió - ¿Dormiste bien?

- Imbécil - le devolvió la sonrisa - Me duele todo el cuerpo.

- Eso te ganas por ser tan hermosa - se puso de pie - Y si me provocas demasiado, tendré que hacerte saber quién manda aquí.

Destapó su cuerpo, abriendo ligeramente sus piernas, sin perder la sonrisa.

- ¿Quién manda aquí?

- Maldición - gruñó, sin apartar la mirada de la zona deseada - ¿Por qué me haces esto?

- Porque me divierte - volvió a cubrirse - Y sé como manejarte.

- Es una pena que no puedas manejar tus sentimientos de la misma manera - se acercó, besando sutilmente sus labios - Puedes ducharte si lo deseas, saldremos a almorzar.

- ¿Y quién dijo que dejaré que me vean contigo?

- No te estoy preguntando.

El juego de sonrisas y miradas que mantenían, intensificaban notablemente el ambiente.

- Por mi parte... iré a ducharme, si deseas venir... puedo darte la atención que mereces.

- Con una condición - se elevó, colocando sus labios en su oído - Asegúrame que me follarás más duro que anoche.

- Mierda - mordió sus labios - ¿Dónde estuviste toda mi vida, mujer?

- Te estaba esperando - lo tomó del cabello, sacándolo de la cama - Y espero que hayas entendido, quién tiene el control aquí.

Quizás puedas manejar mi cuerpo, hermosa Ayame, pero... yo me aseguraré de apoderarme de tus sentimientos, así como tú te apoderaste de los míos.


Un capítulo tranquilo, por suerte jajaja ¡Gracias por seguir leyéndome!