Naruto se quedó mirando el mapa y deseó haber prestado más atención a lo que le había contado el conde de Uchiha sobre las rutas de los barcos en el Caribe. Sabía que Sasuke podría haberle enseñado mucho, pero de haberle oído con más atención.

Se rio de sí mismo. En las últimas veinticuatro horas había deseado haber prestado más atención a muchas cosas. Él siempre había sido un poco egocéntrico y apenas se interesaba por los temas que no afectaban directamente a él o a Ino. Y ahora de repente estaba preocupado por una desconocida. Era desconcertante, como mínimo, y extraño.

Detrás de él, en su cama, Mei seguía durmiendo. Le daría unos cuantos minutos más y volvería a poseerla. La necesidad que sentía por ella lo asombraba. Se había pasado casi toda la mañana haciéndole el amor y su miembro seguía excitado y desesperado por entrar dentro de ella una vez más. Sólo se sentía él mismo cuando la estaba poseyendo, aunque carecía por completo de autocontrol.

Naruto no podía comprender por qué su cerebro parecía incapaz de concentrarse en su renombrada técnica amatoria mientras practicaba sexo con Mei. Cuando estaba con ella, sencillamente se convertía en un animal salvaje que carecía de técnica. Con Mei todo era anhelo y sudor y un deseo incontrolable. Había sido incapaz de salir del interior de su cuerpo y eyacular fuera, no una vez, sino todas las malditas veces. Era intolerable, pero no podía resistirse y se decía a sí mismo que la próxima vez bastaría, que si se acostaba con ella una vez más saciaría su lujuria; un orgasmo más y podría controlar la adicción que sentía.

—¿Naruto?-

El suave suspiro que le acarició la espalda le aceleró el corazón. Había tenido que persuadirla un poco para que utilizase su nombre. Naruto sospechaba que ella se había hecho de rogar porque quería que él siguiera poseyéndola de esa manera, y se henchía de satisfacción sólo con pensarlo. Se giró y le ofreció una sonrisa.

—¿Sí, cariño?-

Mei bajó la vista hacia la erección, abrió los ojos asombrada y volvió a mirarlo. Se lamió los labios. Sonrojada y desmelenada, tumbada en la cama de Naruto, tremendamente bella, le quitó el aliento.

—¿Qué estás haciendo?-

—Estudiando tu mapa. —Apoyó una cadera en el escritorio y se cruzó de brazos—. Es poco común y críptico.-

—He estado utilizando algunos libros y un diario para descifrarlo — le contó ella.

—¿Dónde los compraste?-

—El viejo Duque me los dio.-Naruto la miró intrigado.

—¿Por qué?-

Mei se arrastró hacia arriba y después se sentó en la cama apoyada en varias almohadas para estar más cómoda. Y Naruto se alegró de poder ver la piel desnuda, los firmes pechos y los pezones rosados. Podía pasarse horas mirándola; de hecho, eso era exactamente lo que había estado haciendo toda la mañana: contarle las pecas y mirarla mientras dormía. Hasta que se maldijo por esa locura que le había invadido desde su llegada a esa casa. Fue entonces cuando se puso el pantalón y fue a por el mapa, decidido a encontrar algo en lo que pensar que no fuese Mei.

—El duque sabía que su hijo no nos daría nada —le explicó con amargura—. Su excelencia nos deja vivir en esta casa porque así nos tiene bajo su poder.-

—¿Y por qué no ha ingresado a la duquesa en una institución?-Mei se tensó visiblemente.

—Porque no está loca.- Al ver que se quedaba en silencio, él retomó la palabra:

—Lo mejor sería que contases lo que sucede sin tener que presionarte.-

—Fui su amante —soltó Mei de repente con la cabeza bien alta. Naruto se quedó atónito.

—¿De ese anciano? Dios santo.-

—No. —Miró al cielo—. Del viejo Duque no, del nuevo.-

—Oh. —Funció el ceño.

—Ya sabías que no era virgen —le recordó en voz baja. Naruto movió las manos en el aire a modo de respuesta. Estaba furioso por sentir celos de un hombre que ya no estaba con ella.

—Sí, sí —farfulló—. Y no me importa en absoluto. De hecho, me alegro. De lo contrario no podría haberte incordiado toda la mañana.-Ella se rio.

—Tenía muchas ganas de que me incordiases.- Naruto arqueó una ceja. Los carnosos labios de Mei formaron una sonrisa. —No sucede a menudo que un hombre extremadamente atractivo, bien dotado y con un insaciable apetito sexual venga a verme.- Él bufó y se pasó una mano por el pelo. —Tienes un humor extraño, aunque deberías estar muy relajado — suspiró ella.

—No me gusta pensar que te habrías acostado con cualquiera — admitió a regañadientes.

Mei salió de la cama arrastrando la sábana con ella y le contestó seria:

—Y a mí no me gusta que creas que me habría acostado con cualquiera.

La observó acercarse a la puerta con la espalda completamente rígida, sintiéndose orgullosa de sí misma. Era magnífica, una diosa de pelo rojo que no aceptaba que nadie le faltase al respeto. Naruto corrió tras ella y se colocó entre ella y el lugar por donde huía.

—Lo siento. No te vayas, por favor.- Mei ladeó la cabeza y lo pensó detenidamente.

—Estás de mal humor esta mañana.-

—Lo siento. No es culpa tuya.-Satisfecha con esa respuesta, asintió y se dio media vuelta.

—Antes esta casa era muy bonita —le dijo sin mirarlo—. La primera vez que vine me quedé sin aliento al verla. —Se metió en la cama.

—¿El duque te trajo aquí? —La siguió a la cama y se sentó en el borde.—

-Entonces era el marqués y estaba impaciente por que su padre se muriera. —Miró a Naruto y entrecerró los ojos verdes—. ¿Lo conoces?- La imagen del fornido e insoportable duque apareció de inmediato en la mente de Naruto.

—He coincidido con él en un par de ocasiones.-

—Es un imbécil —dijo ella sin más—. No le importaba lo más mínimo ofender a su padre con la presencia de su amante. A Chojuro nunca le ha importado nadie excepto él mismo. —Se apartó el pelo detrás del hombro—.El duque estaba enfermo y Chojuro lo abandonó aquí para que muriera, lejos de su casa señorial, sin que nadie le cuidase. Había muy pocos sirvientes y no lo había visitado ningún doctor. Era terrible. Me avergoncé de haberlo conocido.- Naruto buscó la mano de Mei; siendo una mujer tan cariñosa como era, seguro que le afectó profundamente ver al viejo Duque sufrir de esa manera. Cuando le apretó los dedos, ella le devolvió el gesto y sintió una extraña punzada en el corazón al comprobar que la había consolado. Estaba seguro de que no había consolado nunca a nadie antes.—Una noche fui al dormitorio Del duque para ver cómo se encontraba. La habitación estaba helada porque nadie se había preocupado de encender un fuego en la chimenea. El orinal estaba lleno y el hedor era insoportable. Y no fui capaz de averiguar cuándo le habían dado de comer por última vez. —Mei se estremeció al recordarlo.

—Y decidiste cuidarlo —terminó Naruto, sintiéndose orgulloso de una mujer sobre la cual no tenía ningún derecho a sentir nada.

—Tuve que hacerlo —murmuró ella acariciándole la palma de la mano con los dedos—. Ni a los animales se les trata así.-

Naruto se movió y se sentó en la cama apoyando la espalda en el cabezal. Tiró de Mei para que quedase entre sus piernas, dispuesto a ofrecerle todo el consuelo que pudiera. Le pasó las manos por los brazos y le besó los hombros.

—Eres tan cariñoso, Naruto. —Ella le rodeó la cintura con los brazos. Él hundió el rostro en su melena para ocultar la vergüenza que sentía.

—Cuéntame más —le pidió ronco, alejando el tema de conversación de su persona.

—El Duque estaba enfermo, pero lúcido y bien de la cabeza. No sabía quién era yo, claro, pero cuando se lo expliqué aceptó mi compañía enseguida y nos pasábamos horas hablando. La verdad es que su excelencia me gustaba mucho; tenía un gran sentido del humor y sabía disfrutar de la vida. No podía dejarle sufrir sólo porque Chojuro tenía ganas de librarse de él y...-

—¿Por qué no lo cuidaba su esposa?-

—En esa época el Duque no estaba casado. Se casó poco tiempo después de mi llegada.- Naruto le pasó los labios por el hombro y frunció el ceño confuso.

—¿Qué mujer en su sano juicio se casa con un hombre en ese estado? Él ya tenía un heredero y no podía concebir más hijos. No tenía motivos, ni nada que ganar.-

—Para todo hay un motivo, Naruto. —Mei descansó la cabeza en el hombro de él—. Tienes que creer que la duquesa tenía de sobra para contraer ese matrimonio.-Resopló incrédulo.

—Chojuro debió de ponerse furioso cuando rompiste tu relación con él.-

—Oh, sí —convino ella acurrucándose más en sus brazos—. Gritó y gritó, y amenazó con destruirme para que ningún otro hombre pudiese tenerme. —Suspiró y cogió aire—. Pero después del modo tan despreciable en que había tratado a su padre yo ya no quería tener nada que ver con él. Así que le dije que por mí podía hacer lo que quisiera.-

—Maldita sea —susurró impresionado. Nadie desafiaba a un duque, y mucho menos una mujer menuda que necesitaba de su beneplácito para vivir. Mei se rio.

—No soy ninguna mártir, así que no se te ocurra convertirme en una. Ya llevaba tiempo planeando mi ruptura con Chojuro y tenía ahorrado lo suficiente para vivir bien durante una temporada. Me ofrecí a cuidar del Duque porque me daba tiempo para pensar qué paso dar a

continuación y porque así podía atender al duque a la vez. Me pareció que era la mejor solución para todos.-

—Pero algo alteró tus planes.-

—Sí, subestimé a Chojuro. Si hubiera sabido cómo iba a reaccionar, habría manejado la situación de una manera muy distinta. Habría vuelto con él a Londres, habría recogido mis cosas y después habría vuelto aquí. En vez de eso, mandé a mi doncella... Cometí un error muy muy idiota. Chojuro no perdió el tiempo. Fue a mi casa la misma noche que regresó a Londres y se deshizo de toda mi ropa y mis joyas, la gran mayoría de las cuales había adquirido antes de estar con él. Dejó de pagar a los sirvientes, que poco a poco empezaron a irse. Los que tenemos ahora se merecen mucho más de lo que reciben a cambio de su trabajo. Lo único que podemos ofrecerles es comida y un techo sobre sus cabezas, y por eso mismo no les pido que limpien las habitaciones que no usamos de la casa.-

—¿Y qué me dices del dinero que tenías ahorrado?-

—No tenía dinero ahorrado, sólo joyas.-

—Y Chojuro te las robó —terminó Naruto. Ella le pasó los dedos por los reversos de las manos, una caricia inocente que a él le gustó en desmesura.

—Por respeto a los sentimientos del Duque, intenté ocultarle lo que nos estaba haciendo su hijo, pero él lo sabía. A medida que su estado fue empeorando, me dio el mapa, los libros y el diario. Quería recompensarme por haberle cuidado hasta el fin de sus días, y supongo que, a su manera, quería darme un futuro.-

—Pero cuando se murió, ¿por qué no te fuiste? Siendo tan bella como eres, seguro que sabías que podías encontrar otro protector.- Mei se giró entre los brazos de él; en esa nueva postura, sus pechos quedaron presionados contra el musculoso torso de Naruto. Él respiró entre dientes al sentir el contacto y tuvo que concentrarse para escuchar su respuesta.

—Aquí todo el mundo depende de mí. ¿Qué será de ellos si me voy? Son unos sirvientes excelentes, pero hay muy poca gente que sea capaz de ver más allá de sus minusvalías. Además, no se está tan mal. Comemos bien. Tenemos ropa y estamos abrigados.-

—Entonces, ¿lo del mapa es sólo un pasatiempo? —Le pasó las manos por la espalda—. Antes parecías estar muy concentrada.-

—Eso se debe a mi orgullo. —Mei se arqueó buscando la caricia—. No me gusta estar bajo el yugo del duque; así él cree que ha ganado la partida, que me ha derrotado. Si consiguiera ser económicamente independiente, podría controlar mi destino. Por eso estudio el mapa con toda la dedicación de la que soy capaz. Además, tampoco tenía nada que hacer con este tiempo. —Le dio un beso en el pezón—. Hasta que tú llegaste.- Naruto le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Yo nunca me había planteado tener una amante, pero...-

—¿Por qué quieres pagar por algo que te he dado a cambio de nada?—le interrumpió con una provocadora sonrisa en los labios.

—Estás evitando el tema. Otra vez. —Se deslizó hacia abajo para quedar tumbado en la cama con el cuerpo de ella encima—. Eres toda una experta en el arte de la evasión.-

—Soy una experta en muchas cosas.- Naruto se rio y le besó la punta de la nariz, feliz de que ella le hubiese confiado una parte tan importante de su historia.

—¿Su excelencia es inofensiva?-

—Oh, sí —le aseguró—. No tienes nada que temer.-

—¿Entonces por qué se ha colado en mi dormitorio esta mañana?-Los ojos de Mei brillaron con picardía.

—Tal vez quería meterse en la cama contigo y seducirte.-

—Eso no tiene gracia —farfulló. Ella se rio.

—Yo creo que sí que la tiene.- Él empezó a hacerle cosquillas.

—¡Para! —le pidió sin aliento en medio de risas.-

—Esto... —dijo él— ¡Sí que es divertido!- Naruto cambió de postura y atrapó a Mei entre la cama y su torso. Y le sonrió.

—¡Oh, no, no te atrevas! —Se quejó ella intentando empujarle por el pecho—. Tengo que comer, estoy muerta de hambre. Quiero bañarme y... otras cosas.- Naruto miró al cielo y se apartó, tumbándose de espaldas con un exagerado suspiro de resignación.

—Para ser una querida, no eres nada solícita –se quejó. Mei pasó una pierna por encima de las caderas de él y se sentó a horcajadas en su cintura sujetando la sábana como una toga.

—Soy tu amante, no tu querida. Y he sido solícita durante horas, milord. Ahora eres tú el que debe saciar mi apetito.-

—Naruto —la corrigió él, que necesitaba la intimidad. Empezaba a sospechar que la apatía de los últimos meses tal vez se debiera a su falta de relaciones personales. Quizá lo que precisaba era una querida, una mujer a la que poder dedicar sus atenciones más a diario, y no el ir y venir de los affaires más esporádicos. Pero primero tenía que demostrarle a Mei que ella también lo necesitaba—. Cuando hayamos terminado de desayunar y de follar, estudiaremos el mapa y el diario juntos.-Ella se rio e inclinó la cabeza para mirarlo.—¿No crees que puedo ayudarte? —le preguntó él con el ceño fruncido. Quizá todo eso iba a resultarle más difícil de lo que había creído —. Tengo dinero invertido en la naviera Lambert y...-Unos dedos suaves se deslizaron por sus labios para hacerle callar.

—Creo que puedes hacer todo lo que te propongas, pero no creo que termines de follar.- Naruto gimió, que ella confiara en él le excitó sobremanera.

—Será mejor que te retires a tu habitación ahora mismo, antes de que te demuestre que tienes razón.- Mei saltó de la cama y corrió a su dormitorio entre risas.


—No deberías haber ido a su habitación —la riñó Mei—. Ahora sabe lo de los pasadizos secretos y lo del mapa.

—Lo siento. —Fue la respuesta contrita—. Me dijiste que era muy guapo y quería verlo con mis propios ojos. ¿Estaba muy enfadado?- Mei se sentó frente al tocador y dejó ir un suspiro.

—Tal vez lo estuviera al principio. Pero ya no.- Unas manos menudas se posaron en sus hombros.

—Sólo quería verle bien.-Mei miró el espejo y vio su reflejo y el de la mujer que tenía

detrás.

—Tal vez es mejor que no lo veas. Me parece tremendamente injusto que tengamos a un hombre tan guapo en casa. Hace que me resulte casi imposible pensar.-Bajó la vista y le sorprendió verse más joven de lo que recordaba: ahora tenía las mejillas sonrosadas, los ojos brillantes y los labios hinchados por los besos que le habían dado.

A Naruto Uzumaki le gustaba besar. Se tomaba su tiempo con cada beso: la saboreaba, le acariciaba el interior de la boca con largas caricias con la lengua. Mei había tenido su cupo de compañeros de cama egoístas, hombres que no perdían ni un segundo en los preliminares.

Naruto, sin embargo, era un hombre muy táctil. Le encantaba acariciarle el pelo, la piel, los labios, y ella se comportaba como un gato bajo sus caricias, se estiraba y ronroneaba en busca de su afecto. Naruto era atrevido y primitivo en la cama, la poseía como si ella le perteneciese, como si existiera sólo para darle placer a él. Los pequeños atisbos de vulnerabilidad que había visto en él no existían a la hora del sexo. Naruto hacía el amor de una manera que quitaba el aliento; su resistencia era impresionante. Ella había tenido que suplicarle dos veces que la dejase en paz, aunque al cabo de unos minutos había vuelto a necesitarlo con desesperación. Y Naruto lo sabía, el muy arrogante. Era como la adicción al chocolate, supuso Mei. Lo único que esperaba era comerse todo el que pudiera antes de que la tormenta amainase y Naruto se fuera de allí. Cogió un cepillo y se lo pasó por el pelo.

—Le he contado lo del mapa del Duque-

—Suena prometedor. ¿Qué te ha dicho?-

—La verdad es que se ha ofrecido a ayudarme.- Pensó en cómo había reaccionado Naruto hasta el momento y tuvo que admirar el aplomo que había mostrado. Nada parecía cogerle desprevenido. Y el modo en que había ayudado a Tayuya, ofreciéndose a comprarle doce jarras... Ese detalle la había emocionado. A Mei le costaba confiar en la gente, pero las muestras de amabilidad que había tenido Naruto con su lacayo y con los sirvientes de la casa la llevaban a creer que él de verdad se preocupaba por ella.

—¿Crees que puede hacerlo? Ayudarnos, me refiero.-

—No estoy segura —contestó encogiéndose de hombros—, pero tampoco creo que pueda perjudicarnos si lo intenta, y le mantendrá ocupado mientras dure la tormenta.- Esa frase se ganó la risa de su acompañante.

—No creo que vosotros dos tengáis que recurrir a elementos externos para estar ocupados.- Mei dejó el cepillo con un golpe seco en el tocador.

—¡Veamos, señorita, ese comentario sí que no es apropiado-


Nos quedan tristemente solo 2 capítulos más y el epílogo que escribiré...