Esta historia es una adaptación del libro Relaciones Escandalosas de: Sylvia Day del 2014. La adaptación la hago sin ningún afán de lucro, solo porque es de mi agrado imaginarlo con los personajes de Naruto.
-El primer Relato es: La apuesta de Neji y sus protagonistas son Neji Hyuga e Ino Uzumaki :) Ya está terminada esa parte de la historia, pueden checarla en mi perfil se llama Relaciones Escandalosas jeje
-El segundo relato: Placeres robados... SASUSAKU sobre piratería y pasiones tan revolucionarias que te obligan a dejar el mundo que te gusta para volver a aquel que te ha hecho pedazos.
-Este es el tercer relato: Su loca excelencia, un relato tan lleno de misterios y enredos
Mitsuki Tsukiomi feliz feliz cumpleaños, te quiero amiga!
Fairy Tail no kyubi y TheKing-Flores con dedicación por dejar sus comentarios…
-NO OLVIDEN LEER LOS COMENTARIOS FINALES-
CAPÍTULO IV
Naruto miró fijamente el protuberante ojo de Artemis y se negó a retroceder. A rendirse ante un sirviente... ¡Se horrorizaba sólo de pensarlo!
—Mire, viejo amigo —le dijo sin más—. Le he hecho una pregunta muy sencilla.-Artemis puso los brazos en jarras.
—¡Pero tiene que hacérsela a su excelencia!-
—¡Su trabajo consiste en abrir la puerta, por Dios santo! Usted sabe perfectamente si lord Chōjūrō ha venido de visita.-
—¡Por supuesto que lo sé! ¡Eso no significa que vaya a decírselo! —El ojo sobresalía un poco más del cráneo cuando el mayordomo intentaba entrecerrar la mirada—. Puede preguntármelo hasta cansarse, capitán, pero yo...-
—¡Maldita sea! El modo apropiado de dirigirse a un noble es milord. ¿Tan jodidamente difícil le parece?-Artemis se quedó boquiabierto.
—¡Alto ahí! ¿Se está quejando de cómo realizo mi trabajo?-
—¿Quejando? —Naruto resopló—. Dios santo, estoy atónito. Impresionado. Sin habla.-Artemis asintió satisfecho.
—Y así es como tiene que estar.-
—Uno no se encuentra cada día con un trabajador de su calibre — farfulló Naruto pasándose una mano por el pelo.
—¿Está siendo sarcástico? —le preguntó Artemis, suspicaz.
—¿Quién, yo? No, qué va.-
—¿De qué estáis hablando vosotros dos? —les preguntó Mei al bajar la escalera. Llevaba un vestido de seda con un estampado de flores que había quedado pasado de moda temporadas atrás, pero se la veía fresca y joven, la viva imagen de la inocencia, contradiciendo a su pasado.
—¡Pregúnteselo a él! —El mayordomo dio media vuelta y se fue de allí sin esperar a que le dijeran que podía retirarse—. Ningún hombre debería tolerar que lo tratasen así en su puesto de trabajo —farfulló al alejarse.
A Naruto se le desencajó la mandíbula. Mei se rio, una risa sensual que hizo que él se excitase al instante. «¡Maldición!» Frunció el ceño. No podía pasear por la casa con una erección constante, que era exactamente lo que había hecho desde su llegada. Mei se detuvo delante de él y le eliminó las arrugas que tenía en la frente con una suave caricia con los dedos.
—Artemis es un buen hombre, y, sea lo que sea lo que le has preguntado, no deberías haberlo hecho. Tú sabes tan bien como yo que cualquier miembro de alto rango del servicio que se precie jamás divulgará los secretos de su señor.- Naruto no estaba acostumbrado a reconocer que se había equivocado y se tomó su tiempo antes de asentir. Los ojos verdes de Mei brillaron de alegría.
—Y ahora dime, ¿qué le has preguntado?- Naruto soltó el aire de los pulmones.
—Quería saber si Chōjūrō todavía viene a visitarte.- Mei arqueó una ceja pelirroja.
—¿En calidad de qué?-
—En la que sea —aclaró él riéndose sin humor.
—Viene de vez en cuando —le explicó despacio—. Pero ya no comparto mi cama con él, si es eso lo que querías saber.- El alivio que sintió fue muy profundo, y por ello perturbador.
—¿Entonces a qué viene?-
—Sospecho que sencillamente quiere asegurarse de que la duquesa sigue aquí y que no significa ninguna amenaza para su preciosa reputación.-
Entrelazó su brazo con el de él y lo acompañó hasta el salón, donde un olor delicioso hizo gruñir el estómago de Naruto. Estaba hambriento, y cuando se sentaron disfrutó de la comida que les sirvieron. El desayuno consistió en huevos revueltos con riñón, pasteles de miel y bizcochos, todo delicioso. A pesar de su aspecto terrorífico, la cocinera de Mei poseía un talento impresionante para cocinar. Era mucho mejor que la cocinera de Uzumaki Hall. Katie apareció segundos más tarde llevando una jarra cuyo líquido iba tambaleándose y con la mano vendada, y Naruto sencillamente le sonrió sin alarmarse lo más mínimo. Hoy todo parecía distinto. La luz de las velas que iluminaba la nublada mañana parecía más dorada, la comida más deliciosa. Mei más hermosa.
Naruto sospechó que lo que le pasaba era que era feliz y sonrió saboreando el momento. Quería sentirse así más a menudo, y, dado que el mérito era de Mei, debía tramar una estratagema para convencer a su amante de que estar con él tenía más ventajas que los orgasmos diarios. Mei ya le había contado lo que necesitaba; ahora él iba a sacar todo el provecho posible a esa información.
—Estás de buen humor —señaló Mei sonriéndole por encima del borde de la taza de té que tenía en los labios. Y Naruto Uzumaki también estaba guapísimo con ese traje en tonos marrones; se le hacía la boca agua sólo con mirarle, y el atractivo le resaltaba la sonrisa de niño malo.
—Lo estoy, lo siento por ti. —Subió y bajó las cejas sugestivamente. Mei se rio.
—Creo que podría acostumbrarme a tenerte por aquí.-
—Ésa es mi intención. —Apartó el plato y, echando la silla hacia atrás, se puso en pie—. ¿Vamos a mi habitación a estudiar el mapa?- Mei se levantó, un cosquilleo le recorrió las venas. Miró a Naruto de reojo y bajó las pestañas seductora.
—Creía que lo del mapa íbamos a dejarlo para más tarde. —Dirigió la mirada hacia el pantalón de Naruto y observó fascinada cómo el miembro de él crecía al sentir los ojos de ella.
—Para. —Naruto la cogió por el codo y tiró de ella hacia la escalera.
—¿Que pare qué? —le preguntó haciéndose la inocente e intentando no sonreír.
—Lo sabes perfectamente —contestó él, despacio, con la voz tan ronca que a ella se le encogieron los dedos de los pies—. Deja de babear mientras me miras la entrepierna.-
—¡Yo no hago tal cosa! —protestó atragantándose con su propia risa al subir la escalera. Él la miró enarcando una ceja.
—Sí que lo haces, eres insaciable. En esta casa es imposible descansar.-Ella se rio.
—¡Qué malo eres! Eres tú el que no me ha dejado descansar. ¿Cuántas veces he intentado apartarme y ponerme a dormir?-
—Varias —contestó él como si nada—. Pero al cabo de unos minutos has vuelto a echarte encima.- Mei se detuvo en medio de la escalera.
—¡Porque tu erección no paraba de darme golpecitos en la espalda!
—Tú no parabas de moverte. —Se encogió de hombros con exquisita indiferencia.
Ella se quedó mirándolo y conteniendo un ataque de risa. Sentía un calor extendiéndose por todo su cuerpo debido a la mirada sensual y bromista de Naruto. Él poseía un atractivo devastador, desprendía vitalidad y picardía. Era un hombre que vivía la vida, y ella se había pasado los últimos años en el limbo. Se sentía atraída por su energía y sus ganas de vivir, quería empaparse de ellas, absorberlas en la médula de sus huesos. Incapaz de contenerse, se acercó a él y le ofreció los labios. Él los aceptó y, tras un profundo gemido, le dio uno de sus sensuales besos. Mei se derritió en sus brazos, aferrándose a los músculos de Naruto para no caerse.
—¿Lo ves? —murmuró él lamiéndole los labios—. Lo estás haciendo otra vez.-Dolorosamente excitada, Mei se rio sin aliento.
—Eres un seductor engreído.-
—Y tú una chica muy provocadora. —Le acarició los pechos y le pellizcó los pezones. Ella se apartó con una sonrisa.
—Te gusta que sea así.- Naruto se apoyó en la barandilla y se cruzó de brazos.
—Me gusta mucho como eres —reconoció—. Y ahora, ¿quieres que vayamos a ver ese mapa?-
Mei lo recorrió con la mirada: empezó por lo alto de la cabeza y terminó en los pies. Naruto estaba impresionantemente excitado y ella se moría de ganas de estar con él. ¿De verdad quería estudiar es maldito mapa? Se mordió el labio inferior.
—¿Crees que podrás contenerte y no tocarme? —insistió Naruto. Ella entrecerró los ojos, le gustaba mucho aquel juego de provocación.
—¿Y tú?- Naruto sonrió.
—¿Quieres averiguar quién de los dos dura más?-
—¿Como una apuesta? —Se frotó las manos—. Claro.-
—¿Y qué nos jugamos?-
—¿Cómo que qué nos jugamos?-
—Sí, el vencedor tiene que ganar algo. Un hombre sucumbe al juego porque sabe que puede ganar algo.-
—¿No te basta con un polvo?-
—Ése es el premio que iba a darte yo a ti —dijo él haciendo morritos. Mei se rio.
—Puedes elegir lo mismo.- Él arqueó una ceja dorada.
—Ah, pero yo quiero un premio mejor que el tuyo o que pierdas más que yo, así la apuesta es mucho más interesante.-
—Sabes mucho de apostar —se burló Mei.
—Tengo cierta experiencia en el tema —explicó sin darle demasiada importancia—. Si tú eres capaz de contenerte y no me tocas antes de que yo te toque a ti, ganas un apasionado y húmedo revolcón entre las sábanas. Pero si gano yo, quiero una promesa a cambio.-
—¿Qué clase de promesa? —le preguntó suspicaz.
—Todavía no lo he decidido.-
—¡Estás haciendo trampas!-
—No, no estoy haciendo trampas. Además, siempre puedes rendirte ahora y así nos ahorramos el sufrimiento... —Aflojó los brazos y se acercó a ella para rodearla con ellos y envolverla en su perfume masculino.
—Oh, no. No voy a rendirme. Voy a ganar.- Él la cogió por el codo y le señaló el resto de escalera que les faltaba por recorrer con la otra mano.
—Excelente. ¿Vamos?- A Mei se le aceleró el corazón de la emoción y subió los escalones al lado de Naruto hasta llegar al dormitorio sin dejar de pensar en todo lo que podía hacer para ganar esa apuesta. Lo primero que hizo en cuanto llegaron al dormitorio fue encender un fuego en la chimenea.
—¿Qué diablos estás haciendo? —le preguntó él—. Aquí hace calor de sobra.-
—¿De verdad? Yo tengo frío.- Naruto se quitó la levita.
—Si quieres que me desnude, sólo tienes que pedírmelo.-
—Si no me falla la memoria, lo he hecho. Has sido tú el que ha preferido estudiar el mapa.- Naruto la fulminó con la mirada y Mei se rio. Hacía mucho tiempo que no se lo pasaba tan bien. No, eso no era verdad. Nunca se lo había pasado tan bien. Después de quitarse la levita y el chaleco, Naruto se acercó al escritorio a inspeccionar el mapa.
—¿Puedes traerme todo el material que tengas relacionado con esto?-
—Por supuesto. —Mei abandonó el dormitorio con su plan ya en marcha y volvió un cuarto de hora más tarde lista para seguir atacándolo.
Entró en el dormitorio de Naruto con una sonrisa de oreja a oreja y se quedó petrificada en la puerta al ver su espalda desnuda. A Naruto, que había quitado la camisa y los zapatos, se le marcaban los músculos de los hombros porque tenía las palmas de las manos apoyadas en la mesa. La piel estaba cubierta de una fina capa de sudor por culpa del fuego. Mei suspiró y pensó que podría pasarse días mirándolo.
—¿Ya estás babeando otra vez? —le preguntó él sin darse media vuelta.
—Eres el hombre más arrogante que conozco —farfulló ella. Se acercó al escritorio y dejó los libros encima con un golpe seco. Él levantó la vista y la miró.
—Maldita sea —dijo entre dientes al ver que ella se había cambiado y llevaba ahora un camisón negro. La seda negra, que se sujetaba en los hombros con unos lazos, era casi transparente; aunque hacía años que poseía la prenda, Mei no se la había puesto nunca. El camisón flotaba a su alrededor y la opacidad de la tela cambiaba según la luz. Naruto podía ver la silueta de los pezones y la curva de la cintura. Mei le pasó los dedos por el labio.
—Cuidado, cariño. Estás babeando.- Naruto juntó las cejas.
—Los tramposos nunca ganan —le dijo enfadado.
—No estoy haciendo trampas.- El modo en que la miró le dejó claro que no la creía.
—¿Por qué no me enseñas lo que has averiguado hasta ahora para que no pierda el tiempo intentando entender algo que ya sabes?- Mei sacudió la cabeza y se preguntó por qué estaba tan empeñado en no acostarse con ella y estudiar el mapa.
Si se tratase de cualquier otro hombre se plantearía la posibilidad de que él estuviese de verdad interesado en el condenado mapa y no en ella, pero con Naruto sabía que eso no era verdad. Él no estaría tan frustrado si no estuviese procurando resistir la tentación de tocarla. Allí había algo raro, y si quería descubrir qué era, tenía que seguirle el juego. Se acercó los libros, cogió el diario que había encima de la pila y lo abrió.
—Según Lord, ganó este mapa como pago de una apuesta durante un viaje al Caribe. Primero pensó que se trataba sólo de un suvenir, pero un día se acercó a él un hombre que le juró que formaba parte de la tripulación del barco que había enterrado ese tesoro. - Naruto se quedó mirándola con sus intensos ojos azules.
—¿Qué contiene exactamente el tesoro?-
—Lord nunca logró averiguarlo. Existen dos leyendas. Una es bastante simple y dice que contiene el oro del pirata. La otra es una historia de amor.-
—¿Una historia de amor? —le preguntó escéptico. Mei asintió y giró las páginas del diario de Lord hasta encontrar el papel que estaba doblado en su interior.
—Ella se llamaba Anne —empezó—. Según la historia que le contaron a Lord, Anne huyó de un matrimonio infeliz para cruzar los siete mares con un pirata llamado Calico Jack. Estuvieron juntos durante un tiempo, pero al final capturaron a Jack y lo colgaron. Se dice que Anne, que estaba embarazada cuando Jack murió, escapó de las autoridades y escondió la fortuna que su amante había amasado. Naruto se frotó la nuca. La postura enfatizó el bíceps y su hermoso pecho. Mei se lamió el labio. Dios santo, sí que iba a babear.
—Mei, no me digas que... —Levantó la vista del mapa y buscó la de ella. Y gimió—. ¿Cómo es posible que alguien logre concentrarse contigo vestida de esta manera y mirándome como me miras?-
—¿Por qué tienes este interés tan repentino en el mapa?- Naruto movió la mano hacia su erección y la acarició por encima del pantalón.
—Porque quiero enseñarte que puedo serte útil para algo más que para el sexo.- Mei parpadeó atónita y se acercó a la silla que tenía más cerca para sentarse.
—Quieres serme útil —repitió asombrada en voz baja—. Creo que es la primera vez que un hombre me dice esto.-
—Sí, bueno, si te sirve de algo, yo no se lo había dicho nunca a nadie—farfulló él—. Que te quieran sólo para follar tiene sus ventajas y ceder a una relación así es, sin duda, menos doloroso para los genitales. Creo que la culpa de la locura que estoy sintiendo es del agua de la zona. —Se frotó la cara con una mano antes de coger el diario—. ¿De verdad crees todas estas tonterías acerca de un tesoro?- Mei lo observó leer el diario con atención, frustrado sexualmente pero decidido a encontrar la manera de ayudarla, y se le ablandó el corazón. Qué hombre tan peculiar. No podía descifrarlo, pero ¿acaso importaba? Gracias a él se sentía viva y valorada. —¿Mei? —levantó la vista y maldijo en voz baja—. ¿Tienes intención de ayudarme con esto o no?-
—Me rindo. —Era la primera vez en la vida que se rendía. Maldita (o bendecida, según se mirase) por una naturaleza muy competitiva, Mei se tomaba todas las competiciones muy en serio.
—¿Disculpa?-
—Has ganado. Me rindo. ¿Podemos acostarnos ya?-
—¡Por todos los infiernos! —Naruto se apartó del escritorio y se puso a pasear de un lado al otro del dormitorio—. No puedes rendirte.-
—¿Por qué no? —Se puso en pie.
—Porque necesito ayudarte con esto.-
—Puedes ayudarme más tarde.- Naruto se detuvo y la miró, y extendió los brazos hacia ella para mostrarle lo fuerte y frustrado que estaba.
—¿Por qué me estás poniendo tan difícil que te ayude?-
—¿Qué quieres de mí, Naruto? —le preguntó en voz baja—. ¿Qué ganarás ayudándome?-Naruto le dio la espalda.
—La tormenta no tardará en amainar y ya no tendré ningún motivo para quedarme.-
—Sí, lo sé.-
—Mi carruaje era nuevo, maldita sea, ¡me había costado una verdadera fortuna! Tendría que estar enfadado, furioso, por que ese estúpido trasto se ha roto. Y sin embargo le estoy agradecido, porque me ha dado la posibilidad de conocerte. Y sospecho que cuando me vaya te echaré de menos, y yo nunca echo de menos a nadie.- Mei, con el corazón acelerado, cruzó la pequeña distancia que los separaba. Le acarició la espalda y sintió cómo los músculos se tensaban bajo sus dedos. Las palabras de Naruto, su pasión... Ella nunca había visto nada igual.
—Chis —lo tranquilizó.
—Esta mañana has ido a bañarte y me ha parecido una eternidad. Es una locura, te lo digo yo. Es horrible, insoportable, necesitar la compañía de una desconocida como necesito yo la tuya. Ayer a esta hora no te conocía, ni siquiera sabía que existías, y anoche, cuando estaba dentro de ti, pensé que me bastaba con eso. Pero esta mañana he pensado que tal vez necesito algo más...-
—Chis...-
—... y ahora...-
Mei era demasiado bajita para besarlo, pero le depositó un beso en el pectoral y él flexionó los dedos en la melena de ella. Naruto la empujó para apartarla y le enseñó unos ojos tan oscuros y tan llenos de sentimientos que la habrían asustado de no haber estado tan excitada.
—Y ahora quiero que vengas conmigo. Quiero que seas mi amante. No te faltará de nada, te lo prometo.-
—Oh, Naruto...-
Él le devoró los labios y a Mei la embargó una sensación tan aguda, tan dolorosa, que el fuego se extendió por toda su piel. Se había pasado la mañana entera deseándolo. Necesitaba que la tocase, que le sonriera, que la mirase. Era una locura, él tenía razón, querer tanto a un desconocido, pero así eran las cosas y ella no se arrepentía, no cuando estar con él era tan maravilloso. Naruto cayó de rodillas y la arrastró a ella con él; apartó las manos del pelo y las llevó a los pechos para tocarlos con una ternura que la emocionó por dentro.
—Te compraré joyas nuevas, y más vestidos. Te daré un hogar, y será sólo tuyo, lo pondré a tu nombre...-
—Deja de hablar, maldito seas. —Ella no quería promesas ni sueños. Sólo quería el ahora mismo, sólo ese preciso instante, y nada más. Tenía miedo de querer algo más. Mei se dio media vuelta y se puso de cuatro patas en la alfombra. Separó las piernas y esperó a que la embargase el placer que sentía siempre que Naruto la poseía.
Pero cuando Naruto se movió, no fue para hacer lo que ella esperaba. No se colocó detrás de ella y la poseyó frenético como un salvaje, tal como había hecho apenas unas horas antes. Lo que notó fue su cálido aliento a través del camisón, la presión de su mejilla en la columna vertebral, las manos encima de las de ella. Mei apoyó la frente en la alfombra. Le temblaba todo el cuerpo y, por culpa del fuego de la chimenea, una fina capa de sudor le cubría la piel.
—Quiero tener el privilegio de tocarte así —murmuró él deslizándole los dedos por la espalda—. Quiero tomarme mi tiempo, saborearte, en vez de poseerte frenético y desesperado.-
—¿Desesperado? —le preguntó arqueando la espalda siguiendo sus dedos.— Así es como me siento, como si tuviera que saciarme de ti antes de que sea demasiado tarde. —Le cogió el pelo, lo acercó a su rostro e inhaló profundamente—. Tiene un color tan precioso. Es el rojo más bonito que he visto nunca.-
Mei intentó tumbarse para dar media vuelta y ver cómo Naruto la admiraba, pero él la sujetó con fuerza y se lo impidió. Le levantó el camisón despacio, acariciándola con la tela. Ella se estremeció cuando las manos de Naruto se colocaron entre sus piernas y le acariciaron los rizos húmedos.
—Y este rojo, más oscuro, más apasionado. Cuando te vi por primera vez encima de ese enorme caballo, quise saber de qué color tenías el vello—Con un dedo le rodeó el clítoris y lo acarició con la suavidad de una pluma mientras buscaba los pechos con la otra mano—. Cuando estás desnuda en la cama, tu pelo se esparce por la almohada, tu piel es tan pálida, tus pezones y tus labios tan oscuros... Casi no puedo soportarlo. Le besó la curva de las nalgas. —Pero lo que más me gusta, lo que más me emociona, son las cosas que me dices y el sonido de tu risa.
Mei cerró los ojos, embargada por esos sentimientos y por el efecto que tenían en ella. Siempre había sido muy pragmática y no se avergonzaba de su pasado. Su instinto de supervivencia era mayor que su orgullo. Pero, a pesar de su experiencia, nunca ningún hombre se había tomado tanto tiempo con ella, ninguno la había acariciado, ninguno la había convertido en deseo líquido. Y Naruto lo había hecho desde el principio. El acto sexual no debería ser tan íntimo, y mucho menos cuando era temporal. Pero entonces Naruto la penetró con un dedo y Mei se tranquilizó y dejó de preocuparse. Él la penetró un poco más y ella se tensó; le dolía un poco de la cantidad de veces que habían hecho el amor antes. Naruto hizo un sonido para decirle que estuviese tranquila, que iba a cuidar de ella, y entonces su boca se colocó en el lugar que había ocupado antes el dedo. Movió la lengua despacio, con movimientos largos y lentos, igual que cuando la besaba. Separó los labios vaginales con los dedos de una mano y con la otra le acarició el pecho y capturó el pezón entre dos dedos.
—Por favor —gimió ella, que movía las caderas persiguiendo la lengua de él, deseándolo... desesperadamente.
Él se tensó un segundo, y otro más tarde Mei sintió la erección presionando con cuidado la entrada de su cuerpo, llenando un vacío que no sabía que tenía hasta que Naruto había llegado a su vida. Paciente y tierno, Naruto siguió acariciándole la espalda, cuidándola, mientras su pene penetraba esos tejidos que no estaban acostumbrados a un uso tan intenso.
—Sí... —suspiró Mei cuando los muslos de Naruto rozaron los suyos, y su cuerpo se dilató al máximo para acomodarlo. Levantó las caderas a modo de invitación y él se hundió más, al tiempo que soltaba una maldición.
—Esta sensación —dijo entre dientes, inclinándose hacia delante para tocarle los pechos con las manos—. No puedo imaginarme vivir sin ella, nunca tendré suficiente.-
Salió despacio y después volvió a moverse hacia delante; buscó un ritmo lento y lánguido y lo mantuvo. Entraba y salía, inundándola de placer. Mei gimió y empezó a moverse frenética, a suplicarle que acabase con ese tormento.
—¿De verdad quieres que acabe? —le preguntó con la voz ronca—. Porque yo no.-
Ella clavó las uñas en la alfombra al notar que él aminoraba la cadencia de sus movimientos. No, ella no quería que acabase... ese instante, la visita de Naruto, nada. Pero si no tenía un orgasmo pronto se moriría.
—Por favor...-
Naruto la penetró con fuerza y gimió; enterró el miembro hasta lo más profundo de Mei y eyaculó, la quemó por dentro y por fuera con el flujo de su semen. Mei también alcanzó el clímax, se convulsionó alrededor de él, con el torso de Naruto pegado a su espalda, las manos en sus pechos, sus gemidos mezclándose con los de ella, hasta que no supo dónde terminaba ella y dónde empezaba Naruto Uzumaki. Naruto apartó los rizos del rostro de Mei antes de besarle la punta de la nariz.
—Quiero que vengas conmigo cuando me vaya. —La levantó del suelo y la llevó en brazos a la cama. Ella hundió el rostro en el cuello de él.
—No puedo irme de aquí.-
—¿Por qué no? —Naruto la dejó encima del cubrecama y después se tumbó a su lado. Ella le cogió la mano y la colocó encima de su corazón; tenía el verde de los ojos empañado de rocío.
—Porque aquí estamos a salvo, los sirvientes y yo. Éste es nuestro hogar. Tal vez no sea el mejor, pero es seguro.- Naruto se apoyó en los almohadones y observó su rostro.
—Yo soy de fiar. Abriré una cuenta a tu nombre. Te he prometido una casa y te la daré. Todo lo que te regale será tuyo. Tendrás de sobra para ocuparte de ti y de los demás.- Mei apartó la mirada.
—Me gusta Derbyshire —le dijo en voz baja.
Él se quedó mirándola, sintiéndose como si hubiese recibido un puñetazo. «¿Prefiere estar aquí, esta vida, a estar conmigo?» Le había dicho lo que sentía por ella, le había confesado unas emociones que ni siquiera sabía cómo manejar, y ella le había rechazado. Todo se reducía a que Mei no confiaba en él. «Es seguro», le había dicho, insinuando entre líneas que él no lo era.
—Dios —farfulló saliendo de la cama. Se acercó a la ventana y apartó la cortina para ver el paisaje invernal de fuera. Dentro de unos pocos días podría irse sin problemas, podría volver a la vida libre de preocupaciones de la que siempre había disfrutado y que ahora le parecía patética y vacía. Si hoy fuese el día de su muerte, ¿qué clase de recuerdo dejaría? ¿El de un hombre que no era de fiar, de un irresponsable? Ya no quería seguir siendo ese hombre.
—Hay cosas que no sabes —le dijo Mei desde la cama con la voz baja e indecisa. Naruto siguió dándole la espalda, aunque era perfectamente consciente de los movimientos de ella.
—¿Vas a contármelas?-
—Yo... —Hizo una pausa y suspiró—. No.
—Bueno, entonces... —Naruto resopló. Le dolía demasiado el rechazo—. Supongo que eso responde a mi pregunta...-
—Ojalá pudiera explicarte...-
—Por favor. —La detuvo levantando la mano—. No digas nada más. Te he preguntado y tú has respondido. No hay nada más que decir. —Pero una parte de él quería que se lo contase, que confiase en él, que se fiase. Pero claro, cuanto más supiera de ella, más se enamoraría, y más le dolería su relación. No, lo mejor sería seguir considerándola un pasatiempo y nada más. A pesar de lo que sentía en aquel instante. Naruto se apartó de la ventana y se puso el pantalón. Y después hizo lo mismo con la camisa.
—¿Adónde vas? —le preguntó Mei. No la miró.
—A dar una vuelta.-
—¿Adónde? —Movió las sábanas—. Si quieres, puedo enseñarte la mansión.
—Preferiría que no lo hicieras, si no te importa. —Pudo sentir el daño que le hizo a Mei su rechazo, pero se obligó a ignorarlo. Se dirigió a la habitación contigua para crear cuanta distancia le fuera posible entre los dos.
Desde su llegada, Naruto se había pasado la gran parte del tiempo en el dormitorio que le habían adjudicado, así que no conocía demasiado bien la casa, pero supuso que no le costaría demasiado encontrar el despacho en el que había descubierto a Mei. Esa noche sólo le había prestado atención a ella, evidentemente, pero si no le fallaba la memoria allí había un aparador lleno de botellas de licor. Y una copa, o varias, era exactamente lo que necesitaba para centrarse y volver a ser capaz de acostarse con una mujer sin sentir nada por ella….
MITSUKI: quería que fuera un regalo de cumple, pero no encontraba mi archivo del capítulo Eres un sol de verdad, que no se te olvide el nombre, igual ya te lo recordé en este capítulo :P Le afecta como no tienes idea, ya ves en este capítulo se levanto y se fue (tonto). Esta Mei pobre lo sé, pero mira que Naruto la cuida bien aunque ella no se deje, si notas que su corazón se le descongela, jajaja anda igual de caliente que su sangre jajaja.
Fairy Tail no kyubi: Buenisima técnica tiene ese Naruto, gracias por todo lo bonito que dices. Pues si no encontré otro que me gustara y tuviera que ver con Mei, pero igual creo que es un buen papel para él. Saludos, gracias por todos tus comentarios.
TheKing-Flores: Gracias por tu comentario.
