Después de dejar a Mei, Naruto sólo tardó unos minutos en encontrar el misterioso despacho, que resultó estar justo al lado del salón. También encontró algo más. Sentada en el escritorio, con un sinfín de libros esparcidos por todas partes, había una joven de unos dieciséis o diecisiete años como mucho. Él se detuvo en el dintel, dudando acerca de si daba o no el último paso. Las normas de buena educación dictaban que una joven dama permaneciera acompañada de una carabina cuando estuviese con un caballero, pero dudaba de que alguno de los habitantes de esa casa lo supiese, o le molestara que él incumpliese dicha norma. « ¿Quién diablos es?» Parecía tan... normal. Y el modo en que estaba sentada en el escritorio inspeccionando los libros dejaba claro que era miembro de la familia de Chōjūrōy no del servicio.

La joven levantó la vista en aquel preciso instante y en su rostro apareció una sonrisa. Era muy bonita: tenía el pelo negro como la noche y los ojos perlas, similares a los de su cuñado Neji.

—Hola, lord Uzumaki —lo saludó ella levantándose de la silla para acercarse a él—. Es un placer conocerle. —Le tendió la mano. Completamente atónito, Naruto la aceptó por la fuerza de la costumbre y le hizo una leve reverencia.

—El placer es mío...- Ella se rio.

—Hinata. Mi madre era una romántica. Pero puede llamarme Hina, como hacen todos mis amigos.- Naruto arqueó una ceja y la observó con más detenimiento. Era alta y delgada, y a juzgar por sus buenos modales, era evidente que pertenecía a una buena familia, pero al mismo tiempo su informalidad delataba que carecía del entrenamiento social adecuado.

—¿Estabas estudiando? —le preguntó Naruto mirando lo que había encima del escritorio.

—Sí, lo estaba intentando. —Sonrió—. Pero hoy la historia no consigue retener mi atención. ¿Dónde está Mei?-

—No estoy seguro. —Después de lo que había sucedido, seguro que ya no estaba en su dormitorio, y probablemente no volvería a visitarlo mientras siguiera allí.

—Ah..., una pelea de enamorados —murmuró Hina, que sonó mayor —. Sorprendentemente pronto, pero inevitable. O eso me han dicho. Y cuanto más enamorado se está, más duele.-

— ¿Cómo diablos sabes esas cosas?- Hina se encogió de hombros y volvió al escritorio.

—No hay mucho que hacer aquí, milord, y poca gente con la que hablar. Al parecer, por estos lares el único entretenimiento consiste en el cortejo, y yo soy una chica curiosa. Es como ir a la ópera o al teatro. Es fascinante ver cómo interactúan los distintos sexos, ¿no crees?- Naruto sacudió la cabeza. En toda su vida jamás se había encontrado con un grupo de gente tan peculiar.

—Necesito una copa —farfulló, y se acercó con pasos agigantados al aparador, donde había varios decantadores detrás de vasos de cristal. Bebió la primera de golpe, saboreó la quemazón que le provocó el estómago, y se sirvió otra antes de volver a enfrentarse a la joven Hinata—. ¿Eres familia de su excelencia?-Ella levantó ambas cejas.

—Soy su ahijada.-

—Claro. —Se bebió la segunda copa. A esa gente debía de parecerles de lo más normal que esa joven estuviese a cargo de una duquesa que no estaba bien de la cabeza.

—¿¡Qué está pasando aquí!?- Naruto miró hacia la puerta y vio a Artemis con los brazos en jarras. —No deberías hablar con él —reprendió a Hina.

—¿Disculpa? —Naruto se tensó. Artemis dirigió el ojo protuberante hacia él.

—Le dije a su excelencia que sólo nos traerías problemas, pero no me hizo caso. ¡Y mira qué ha pasado!-

—¿De qué diablos está hablando?

—Está llorando en su habitación y tú estás aquí bebiendo y maldiciendo delante de la señorita Hinat. ¡Y vas a medio vestir! Qué vergüenza.-

—Oh, Dios. —Hina zarandeó la cabeza e intentó escapar—. Vuestra discusión tiene que haber sido peor de lo que me imagino.-

—Yo no he hecho nada —se defendió Naruto al ver que lo acusaban injustamente, un poco avergonzado. Artemis tenía razón. No se estaba comportando como un caballero—. Ni siquiera me han presentado a lady Rokuidame. Estoy convencido de que yo no soy el causante de sus lágrimas. Probablemente haya sido usted. Dios sabe que yo lloraría desesperado si usted trabajase en mi casa.- Artemis se quedó atónito y se llevó las manos a las caderas.

—¿Lo ves? —preguntó mirando a Hina—. Ya te dije cómo eran. — Se llevó un dedo a la sien y lo hizo girar—. Todos los aristócratas están...-

—¡Maldita sea! —Naruto dejó el vaso vacío encima del aparador con un golpe seco—. De todas las insolencias...-

—Cielo santo. —Hina los interrumpió arrugando la nariz—. No te sulfures, Artemis.- Naruto se cruzó de brazos.

—Está loco como una cabra.-

—¿Yo? —Artemis se enfureció—. Si usted ni siquiera recuerda el nombre de la mujer con la que ha estado toda la mañana.-

—Oh, Dios mío. —Hina se sonrojó y se llevó las manos a las mejillas. Naruto se quedó helado. Desvió la mirada horrorizada hacia Hina y cuando ella la apartó todas las piezas encajaron de repente. Aturdido, fulminó a Artemis, y éste, por primera vez, tuvo el detalle de parecer arrepentido.

—Dios santo. —Naruto se apoyó en el aparador—. ¿Dónde está?-

—Tal vez deberías esperar a no estar tan enfadado —le aconsejó Hina.

-¡No estoy enfadado!-

—Estás gritando —señaló ella.

—No estoy... —respiró profundamente y cerró los ojos. Estaba gritando. A pesar de la rabia y el dolor que le había causado descubrir lo poco que Mei confiaba en él, tenía que controlarse y resolver la situación de un modo racional—. Necesito hablar con ella. —Abrió los ojos y añadió—: Está a salvo conmigo.-

—De eso no tengo ninguna duda —afirmó Hina con una sonrisa—. Es evidente que os gustáis. Artemis, ¿sabes dónde está su excelencia?-El mayordomo señaló el pasillo.

—En su habitación. Tercera puerta a la derecha.-

—Gracias.-

Artemis le bloqueó la puerta. Abrió la boca y la cerró sin decir nada, y se apartó de su camino. A mitad del pasillo, Naruto se detuvo y volvió a coger aire. Tenía que asimilar demasiada información de golpe, y, al final, la única que podía aclararle todas las preguntas que tenía era Mei. Además, se sentía como un cretino por haberla hecho llorar. Cuando llamó a la puerta del dormitorio, estaba bastante controlado. La oyó decirle que podía entrar, y entró. Ella estaba sentada detrás de un escritorio observando el mapa. Llevaba la brillante melena roja recogida en lo alto de la cabeza y un vestido verde oscuro; estaba bellísima. Cuando levantó la vista, vio que tenía los ojos claros como un campo de hierba en primavera y la nariz bien erguida y nada enrojecida. No había estado llorando. A Naruto no le costó deducir que le habían engañado. Al parecer, el mayordomo creía que se merecía saber la verdad. Ella lo miró con la cabeza bien alta.

—Buenos días, milord. —La voz sonó fría e imparcial, completamente opuesta a la de la mujer que se había puesto a cuatro patas por él. Provocado por la frialdad y el distanciamiento de ella, Naruto le contestó:

—Buenos días, excelencia.- Mei retrocedió levemente; fue sólo un movimiento de cejas y a Naruto se le habría pasado por alto si no lo hubiese estado esperando.

—Artemis —pronunció ella en voz baja—. Traidor.- Naruto cerró la puerta y esperó. Mei suspiró.

—De acuerdo, entonces. —Se levantó de la silla, rodeó el escritorio y se acercó a Naruto para mirarlo de frente, igual que hacía siempre con todos sus problemas—. ¿Has descubierto algo más?-

—¿Te refieres a Hina? —Naruto se dio cuenta de que tampoco era casualidad que hubiese encontrado a la joven. Si Hina se hubiese quedado estudiando en su habitación, él jamás habría descubierto su existencia. Fuera cual fuese el motivo, los extraños miembros del servicio de Mei querían que él averiguase sus secretos. Mei apretó los labios, le señaló unas butacas y esperó a que se sentase antes de continuar.

—Todo lo que te he dicho es verdad.-

—Verdad por omisión —argumentó él.

—Pero verdad de todos modos.-

—¿Eras tú la mujer que vi el primer día con la cara oculta tras un velo negro?-

—Sí, era yo.-

Naruto suspiró aliviado. Pensó que se había vuelto loco cuando se excitó por la extraña y misteriosa duquesa. Saber que era Mei disfrazada le daba al incidente otra perspectiva. Mei se apretó el puente de la nariz.

—Hina es hija de Chōjūrō. Dado que él no está casado, seguro que eres capaz de deducir en qué la convierte eso.-Naruto se apoyó en el respaldo de la silla y al mirar a Mei vio que en los hombros llevaba demasiada responsabilidad y que parecía cansada.

—¿La abandonó aquí contigo?-

—Dios santo, no —dijo ella con una risa amarga—. Ese hombre que no se preocupó lo más mínimo por su padre, ¿crees que se interesó por su hija bastarda? Fue Rokudaime el que me pidió que me ocupase de Hina. Había descubierto su existencia cuando ella era tan sólo una niña y se encargó de abrir un pequeño fondo para la madre de la pequeña. Pero la mujer murió y nadie podía cuidar a Hina. Chōjūrō se negó a hacer nada por ella, así que Rokuidame la trajo aquí. Tenía muchísimas ganas de ser abuelo, y Hina es un encanto. Todo el mundo la adora.-

—¿Y el matrimonio?-

—Fue la única solución que se le ocurrió a Rokuidame para asegurarle un futuro a Hina. Así podía dejarle una dote y a mí poderes para gestionarla hasta que ella se hiciese mayor, en el caso de que Chōjūrō se opusiera.-

—Una dote ridícula —farfulló Naruto—. Este lugar está hecho un desastre.-

Mei alargó una mano y cogió la de Naruto. Él se sorprendió por el gesto y por la llama de deseo que avivó en su interior.

—Rokuidame tenía miedo de que la suma fuese demasiado alta. El matrimonio nunca llegó a consumarse, Chōjūrō lo sabe, y el duque no quería provocar a su hijo para que no nos diese problemas. —Se puso en pie y empezó a caminar de un lado al otro—. Nadie puede saber quién es la duquesa, Naruto. No podemos correr el riesgo de que aparezca gente preguntando sobre Hina. Ésa fue la única condición que nos impuso Chōjūrō a cambio de dejarnos vivir aquí.-

—¿Y qué futuro tendrá Hina si se queda a vivir aquí? —le preguntó Naruto poniéndose en pie para mirarla—. ¿Qué clase de vida es ésta?-

—Ninguna. Y por eso Rokuidame me dejó el mapa.-

—¡Maldita sea, Mei! —Naruto se frotó la frustración del rostro —. Es ridículo que pongas todas tus esperanzas en ese condenado mapa. No puedes confiar en que encontrarás el tesoro de un pirata... Acabarás pudriéndote aquí. Y Hina también.-

—¿Y tú quieres llevarnos a todos contigo? —lo retó con las mejillas ardiendo de rabia tanto como sus ojos—. ¿Una amante con una joven menor a su cargo y un montón de sirvientes minusválidos? La reputación de Hina quedaría destrozada. ¿O acaso pretendes escondernos? Tal vez la casa estaría en mejores condiciones, pero seguiríamos estando atrapados y nuestro futuro dependería de la voluntad de un seductor que cree estar momentáneamente encaprichado conmigo.- Naruto se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Ya había oído suficiente. —¿Qué significo para ti? —le preguntó ella al ver que se iba. Naruto se detuvo en la puerta y se giró.

—Una mujer hermosa cuya sensualidad me atrae desde lo más profundo de mi ser. Una mujer que se preocupa por los demás, una guardiana, la defensora de la gente a la que quiere. Una pragmática que está dispuesta a todo para sobrevivir, una cualidad que admiro, ya que carezco de ella. Y una mujer honesta que me dijo que me admiraba, que confiaba en mí, aunque sólo fuera por un instante, y que me dijo que creía que era capaz de hacer todo lo que me propusiera.-

—Y lo eres.-

—Sólo contigo.- A Mei le tembló el labio inferior y con los dedos se tocó nerviosa la falda. Naruto respiró hondo y continuó:

—No soy el mismo desde que puse un pie en esta monstruosidad de casa, y lo cierto es que no me gustaba como era antes. No me gustaba lo más mínimo. De hecho, me gustó mucho más cuando estoy contigo. Me gusta saber que te admiro por algo más que por tu físico, aunque reconozco que me he pasado gran parte de las últimas veinticuatro horas admirándolo. —Le hizo una reverencia y dio media vuelta, decidido a irse.

—¡Naruto, espera! —Mei corrió tras él.

—¿Por qué? —preguntó sin girarse—. Lo entiendo.-

—No, no entiendes nada.-Naruto se detuvo, pero no se movió. Ella lo rodeó y lo envolvió con su perfume floral.

—Si fuéramos sólo tú y yo —le dijo echando la cabeza hacia atrás para poder mirarle a los ojos—, me iría contigo. Lo dejaría todo y me iría contigo; me quedaría a tu lado durante todo el tiempo que quisieras.-

—Pero no estamos solos.-

—No. —Buscó la mano de él igual que había hecho tantas veces desde que lo conocía—. Y lamento muchísimo que no lo estemos. Tienes que comprender que toda esta gente depende de mí y que no puedo irme de aquí y sencillamente esperar que no les pase nada.-Naruto ejercitó su cerebro al máximo en busca de algo que pudiese demostrarle a Mei que podía confiar en él.

—Tú quieres encontrar el tesoro y yo puedo ayudarte. Pero tendrás que confiar en mí.-Mei abrió los ojos como platos, su recelo era casi palpable.

—Puedo presentarte a lord Uchiha—siguió Naruto con el objetivo de evitar la negativa de Mei—.Si alguien puede descifrar ese mapa, es Uchiha, o, como mínimo, sabrá quién puede hacerlo.- Mei tragó saliva. Naruto siguió adelante: —Tanto mi hermana como lord Uchiha poseen propiedades en Derbyshire. Era allí adonde me dirigía cuando el destino me trajo hasta aquí. —Le pasó los dedos por los labios—. Tarde o temprano tendrás que subirte a un barco, y a mí me tranquilizaría mucho saber que viajas en uno de los navíos de Hyuga, con la compañía y la protección adecuada. Yo puedo ocuparme de eso.-

—¿Harías eso por mí?- Sonrió al ver en sus ojos que la estaba convenciendo.

—En mi vida sólo me ha necesitado una persona, mi hermana Ino, y me avergüenza decir que le fallé. Miserablemente. Sería para mí un gran honor que confiaras en mí y que me dieras la oportunidad de redimirme. Hace mucho tiempo que soportas el peso de todas estas responsabilidades tú sola. ¿Por qué no me dejas ayudarte durante una temporada?-

—El peso es más ligero desde que llegaste, aunque en realidad no haya cambiado nada.-Naruto le besó la punta de la nariz.

—A mí me gustaría mucho seguir con nuestra relación íntima mientras estemos juntos, pero sólo si tú quieres. Si no es así, te prometo que te ayudaré de todos modos en todo lo que pueda. Esto no es a cambio de sexo, Mei. Para mí es muy importante que entiendas mis motivos.-Apoyó la cabeza en el pecho de Naruto y se rio.

—Los entiendo, Naruto. Y yo también quiero seguir con nuestra relación íntima. La verdad es que es incluso embarazoso, me he convertido en una descarada desde que llegaste.-

—Bueno, será cuando no estás rescatando a todos los inadaptados de Derbyshire —señaló él, sarcástico.

—¡Eh, vamos! —se quejó Artemis entrando en el despacho—. Aquí no nos gusta que nos llamen así.-

Naruto intentó apartarse de Mei, pero ella lo abrazó con fuerza y al cabo de un segundo se relajó. Enseguida descubrió que le gustaba que lo abrazase una mujer sin que mediase el sexo. Era muy reconfortante. Miró por encima de los rizos rojos de Mei y vio que Artemis tenía la desfachatez de guiñarle un ojo. Naruto se rio, y se dio cuenta de que tal vez empezaba a caerle bien ese mayordomo.


—Hace dos días que no nieva —dijo Mei con tristeza mientras miraba por la ventana. Había acabado gustándole que nevase porque eso significaba que Naruto iba a quedarse un día más. Él levantó la vista del diario que estaba estudiando y le sonrió. El efecto que ejercía en ella esa sonrisa, inocente y algo infantil, era increíblemente poderoso; le quitaba el aliento y tenía que cubrirse el corazón de lo que se le aceleraba. Naruto, ajeno a esos problemas, se pasó una mano por el pelo.

—Lo he visto esta mañana.- Estaba tan guapo que dolía mirarle, Mei apenas podía soportarlo. Por fortuna, él no tenía ni idea de lo que le pasaba.

—Si tu carruaje está arreglado a tiempo, tal vez podríamos irnos mañana.-

—Yo he pensado lo mismo. —Cerró el libro y le hizo señas para que se acercase a él.

El conde llevaba dos semanas viviendo allí, y de momento su interés por ella no se había desvanecido lo más mínimo. Dormían juntos cada noche y estaban juntos todo el día, y en ningún momento dejaba de ser encantador o se mostraba aburrido. Si Mei abandonaba una habitación, él la seguía. Si quería dormir la siesta, se iba con ella. Por primera vez en su vida, la soledad que la había acompañado desde pequeña desapareció y su lugar lo ocupó la constante presencia del atractivo conde de Uzumaki.

—Pareces nerviosa —señaló él.

—¿Y te sorprende? Hace mucho tiempo que no salgo de aquí. Mi ropa está muy pasada de moda y mis modales algo oxidados.- Naruto se rio y cuando la tuvo lo bastante cerca tiró de ella y la sentó en su regazo.

—Nadie se fijará en esas cosas. Tu belleza les cegará y se olvidarán del resto.

—Tal vez a ti te pase eso —farfulló.

—Oh, a mí me pasa —la corrigió besándole la punta de la nariz—. No tienes nada que temer. El grupo con el que vamos a reunirnos es famoso por sus excentricidades. Te aseguro que mi hermana y Hyuga no son nada convencionales, y Uchiha estuvo años desaparecido. Incluso ahora nadie sabe de dónde viene. Eso sí que es ser raro. Que yo llegue con una mujer espectacular colgada del brazo les parecerá de lo más normal, y no se fijarán en tu atuendo.-

Mei apartó la mirada, le dolió saber que era una más. Cuando conoció a Naruto, ya sabía que lo suyo sería sólo temporal y todavía no entendía por qué se había permitido sentir algo por él. Claro que probablemente había sido inevitable. ¿Acaso existía alguna mujer capaz de negarle algo, incluido su corazón?

—Yo nunca he llevado a una mujer a casa de mi hermana, nunca le he presentado a nadie —confesó él entonces en voz baja, y cuando Mei volvió a mirarlo supo que él había adivinado sus pensamientos. La observó con sus ojos oscuros y el cejo fruncido. Para distraerlo, le rodeó el cuello con los brazos y lo abrazó con fuerza.

—Gracias por ayudarme, Naruto. No puedo decirte lo mucho que significa para mí.-

—Supongo que no tanto como a mí que me dejes ayudarte. —La acunó contra su torso y suspiró—. ¿Tienes ganas de salir de aquí y mezclarte con el resto del mundo?-

—Oh, sí, muchas ganas. Será la primera vez que Hina salga del distrito, y me hace mucha ilusión conocer a Neji Hyuga. He oído decir...-Chilló sorprendida cuando él se sentó en un sofá y la atrapó con su cuerpo. Naruto se colocó encima y la miró con los ojos entrecerrados.

—¿Llevas tres años aquí recluida y lo que te hace más ilusión es conocer a Neji Hyuga?-Mei no intentó disimular lo feliz que se sintió al ver que Naruto era tan posesivo con ella. Parpadeó y se hizo la tonta.

—Bueno, era toda una leyenda entre las demimonde. Una vez conocí a su madre. Una mujer encantadora. Ella...-Naruto agachó la cabeza y le mordió el labio inferior. —¡Au! —se quejó poniendo morritos.

—Está casado. Con mi hermana. Y son muy felices, debería añadir. Es casi embarazoso ver lo mucho que se quieren.-

—Puedo mirarlo —dijo ella como si nada.

—No —le aseguró él, incómodo—. No puedes.-

—¡Estás celoso! —Se rio y tiró de la cabeza de Naruto para besarlo. Y como lo tenía encima, notó que se excitaba—. Deberías saber que a las mujeres nos gusta mirar a los hombres guapos. Casi tanto como a los hombres mirar a las mujeres bellas.-

—A mi hermana no le parecerá bien —señaló, pegado a los labios de ella.

—Oh, verás, a las mujeres nos gusta que miren a nuestros acompañantes. Nos hace sentirnos muy orgullosas tener a un hombre al que desean las demás.-

—Hum... —A Naruto le tembló el labio al intentar contener una sonrisa

—Supongo que tendré que buscarme a unas cuantas admiradoras. Tal vez así me prestarás más atención a mí que a Hyuga.-A Mei le falló la sonrisa. Una parte de ella no quería irse de allí, prefería seguir atrapada con Naruto, lejos de las fuerzas que iban a separarlos.

—Ah, a algunas mujeres les gusta —adivinó él perceptivo, y le apartó el pelo de la cara—. Pero tú no eres una de ellas.- Esa conversación se estaba dirigiendo a un territorio que mejor sería dejar por descubrir.

—Me pesas mucho —le dijo Mei intentando distanciarse de Naruto, aunque fuera sólo físicamente. Era mentira, por supuesto. A ella le gustaba tenerlo encima, sentir su poderoso cuerpo sobre ella. La hacía sentirse querida, cuidada, deseada, en vez de dominada.

—Estoy encima de ti muy a menudo, y ésta es la primera vez que te oigo quejarte. —La mirada de él la quemó por su intensidad—. ¿Has empezado a aburrirte de mí, Mei?-

—¡No! —Buscó su rostro con las manos. A lo largo de las últimas dos semanas había averiguado muchas cosas de su amante y la más significativa era el miedo tan profundo que tenía de ser prescindible—.Oh, Naruto, no. Eso no sucederá jamás.-

—¿Jamás? —Le rozó los labios con los suyos. Arqueó la espalda para sentirlo mejor y tiró de él para acercarlo más.

—Llévame a la cama ahora mismo.-

—¿Por qué?-Ella le sonrió seductora.

—Ya sabes por qué.-

—Sí. —Se levantó y se apartó de ella—. Ya sé por qué.-Mei lo observó confusa mientras él se alejaba del sofá y se acercaba a la ventana frente a la cual había estado ella antes. —¿En qué piensas cuando hacemos el amor? —le preguntó Naruto de repente.

—¿En qué...? —Sacudió la cabeza y se sentó—. No pienso en nada.-

—Exacto.-

—¿Qué estás insinuando?-

—Utilizas el sexo para evitar enfrentarte a tus sentimientos.- Mei se quedó muda un segundo, sorprendida por la acusación.

—¿Y tú no? —se burló poniéndose en pie.

—Nada de discusiones —los riñó Hina desde la puerta, y después entró en la habitación con su habitual entusiasmo. Llevaba un vestido de seda y el pelo negro recogido en la nuca, y aparentaba menos de sus diecisiete años—. Llevamos varios días aquí encerrados; es inevitable que todos estemos un poco irascibles.-

—Yo llevo aquí años —se defendió Mei—. Es Uzumaki el que está irascible. ¿Tal vez es su señoría el que empieza a estar harto?-Naruto se giró desde la ventana y la luz que brilló en sus ojos dejó a Mei sin aliento.

—¿De las tácticas que utilizas para mantener las distancias conmigo? Sí, estoy harto de ellas.-

—¿Para mantener las distancias? ¿Cómo puedes decir esto después de estas dos semanas?-Él resopló y ella cerró los puños. Naruto lo quería todo, maldito fuera. Hina tosió para disipar la tensión.

—La cocinera hoy se ha superado preparando el té. Tayuya lo servirá enseguida.-Naruto les hizo una espectacular reverencia, con lo que pareció todavía más guapo.

—Hoy tendrás que disculparme, señorita Hinata, me temo que empieza a dolerme la cabeza. Iré a acostarme un rato. —Le echó la culpa a Mei con la mirada cuando pasó junto a ella y salió sin decir ni una palabra más.

—Oh. —Hina abrió los ojos de par en par y buscó a Mei—. No está irascible. Está enfadado.-

—Eso parece.-

—¿Nos llevará con él cuando se vaya?-El tono preocupado de Hina sacó a Mei de sus pensamientos.

—Por supuesto —la tranquilizó—. No estará enfadado por mucho tiempo.- ladeó la cabeza.

—¿Por qué no?-

—A los hombres no suelen durarles sus enfados con las mujeres. — Mei volvió a sentarse cuando Tayuya entró con la bandeja tintineante—. Incluso si el enfado es culpa nuestra. Hina suspiró y también se sentó, asegurándose de colocar bien la falda para que no se arrugase, tal como le había enseñado Mei.

—Creo que nunca entenderé a los hombres. Cuanto más sé sobre ellos, menos sentido tiene todo.-Mei se rio.

—Eso sí que es una verdad como un templo.

—Si lord Uzumaki está aburrido, tal vez podría ir a jugar a la brisca con él, o al mus, aunque con dos jugadores no es tan divertido.-

—Seguro que le gustará jugar contigo.-Naruto se había encariñado con Hina: siempre era amable con ella, y el modo en que la trataba le llegaba a Mei al corazón.

—Aunque tal vez lo que tú le has insinuado es que está harto de compañía —dijo Hina arrugando la nariz.

—Oh, no, Hina. —Mei cubrió la mano de Hina con la suya y le dio un apretón. Si está aburrido de alguien, es de mí.-

—Eso lo dudo. —Hina cogió la tetera y empezó a servir el té, demostrando que conocía las normas sociales que Mei le había enseñado. Pero Mei carecía de la educación precisa. Todo lo que sabía lo había aprendido observando a los demás. Ella quería algo mejor para Hina, y empezaba a acabársele el tiempo; sería mayor de edad en menos de un año.

—Uzumaki está embobado contigo, Mei. Supongo que tiene que ser muy emocionante que un hombre tan guapo se fije tanto en ti.-

—Lo es —reconoció—. Pero me temo que yo también estoy embobada con él.-

—¿Por qué lo temes?-

—Porque hacemos muy mala pareja.-

—Hacéis muy buena pareja —la riñó Hina.

—En algunos aspectos, sí, pero en otros es como si viviéramos en mundo opuestos. Tú todavía no sabes lo que es eso, pero ya lo sabrás.-

—Tú eres una duquesa.-

—Soy una duquesa de mentira. Un título no cambia quien eres en realidad. Además, esta discusión no nos conduce a nada. Lord Uzumaki sólo se interesa por la misma mujer durante un breve periodo de tiempo.-HinaGwen le pasó la taza de té en un platito y sonrió.

—Propongo un brindis.-

—¿Con té? —Mei arqueó una ceja.

—No me digas que no es apropiado. Es lo único que tengo a mano, así que tiene que servir.-Mei se rio. El entusiasmo con el que Hina se tomaba la vida, a pesar de que se había pasado la mayor parte de ella encerrada, era contagioso.

—De acuerdo. ¿Por qué brindamos?-

—Por las nuevas aventuras.-Mei levantó la taza.

—Por las nuevas aventuras.-


—¿Cuánto falta? —preguntó Hina sacando la cabeza por la ventana del carruaje y sujetándose el sombrero con una mano para que no le saliera volando.

Naruto la observó con una sonrisa en los labios. Podía entender perfectamente lo ansiosa que estaba por salir de esa casa después de tantos años.

—¿Cuántas veces vas a hacerme esa pregunta, señorita Hinata?-

—Tantas como sea necesario para conseguir una respuesta directa. — Lo miró con una ceja en alto—. Y la respuesta apropiada es: no falta nada.-

—¿Y desde cuándo hacemos lo que es apropiado? —se burló Mei, riéndose cuando Hina la fulminó con la mirada.

—¡Oh, estamos girando! ¡Seguro que ya hemos llegado! —Hina tembló de emoción—. Qué casa tan bonita. No sabía que existían casas tan grandes. ¡Y mira qué carruajes!-

—¡Maldición! —farfulló Naruto mirando por encima de la cabeza de Hina hacia la entrada de la mansión de Hyuga. Era una construcción neoclásica con un patio de columnas circular en la entrada sumamente elegante. Pero Naruto no estaba observando la arquitectura, sino la fila de carruajes que llenaban el camino de grava. Al parecer, aunque la alta sociedad había repudiado a Hyuga, a éste nunca le faltaban amigos o conocidos.

—Cielo santo. —Mei se llevó las manos al cuello—. ¿Qué vamos a hacer ahora?-

Naruto suspiró frustrado. Él había planeado contarle a Ino quiénes eran Mei y Hina y todo el turbio asunto relacionado con el mapa, pero ahora tendría que cambiar de planes. Mei se había esmerado mucho en ocultar que había contraído matrimonio con Rokuidame: le había pedido a Artemis que ahuyentase a las visitas y había escondido a Hina. Bastaba con mirarla para saber que estaba muy tensa.

—No te preocupes —le aseguró Naruto mientras pensaba—. Hina, será tu dama de compañía.-

—Y yo seré la señora Mitzukage —terminó Mei cogiéndole las manos para estrechárselas—. Tu amante viuda. ¡Eres brillante, Naruto!-

—¿Mitzukage? —le preguntó, y el corazón le dio un vuelco al recibir el cumplido de Mei.

—Mi nombre de soltera. —Le brillaban los ojos, y Naruto sintió una profunda satisfacción por haber sabido aligerar las preocupaciones de Mei. Podría acostumbrarse a esa sensación. Hina se rio.

—Será como una obra de teatro. —Volvió a sentarse y se frotó las manos enguantadas—. Eres nuestro ángel de la guarda, lord Uzumaki. No puedo decirte lo feliz que estoy de que tu carruaje se estropease cerca de nuestra casa. Si no hubieras aparecido, ahora mismo estaría estudiando y lamentándome de mi aburrimiento. Y en vez de eso estoy a punto de asistir a mi primer evento social. Espero que haya hombres muy guapos y poder pasarme horas mirándolos.-

—Dios santo —farfulló Naruto, arqueando una ceja en dirección a Mei, quien tuvo la osadía de sonreírle.

Los carruajes que tenían delante tardaron unos minutos en dejar a sus ocupantes y el equipaje que transportaban en la entrada, pero todo sucedió demasiado rápido y enseguida aparecieron frente a los escalones de la mansión. Naruto le estaba dando la mano a Mei cuando una voz muy familiar sonó a su espalda.

—Uzumaki, no te esperábamos.- Naruto giró la cabeza y sonrió al ver a su cuñado.

—No podía permitir que dierais una fiesta sin mí. ¿Te imaginas lo aburrida que sería?- Neji Hyuga se rio a carcajadas.

—Estamos encantados de tenerte aquí, y también a tus encantadoras acompañantes.- Mei estaba en el primer escalón con los ojos abiertos de par en par. Hina estaba en peor estado, pues se le había desencajado la mandíbula. Las dos se habían quedado embobadas mirando a Neji Hyuga. Molesto, Naruto tiró de Mei para acercarla a él.

—Hyuga, permíteme que te presente a mi muy buena amiga la señora Mitzukage y a su dama de compañía, la señorita... —Naruto se aclaró la garganta para captar la atención de Hina.

— Iwamura—dijo ella tendiendo la mano—. Hinata Iwamura.

Neji aceptó la mano e inclinó la cabeza, y después aturdió a la joven con una sonrisa. Naruto golpeó furioso el suelo con el pie; no le gustaba lo más mínimo cómo estaban reaccionando ambas ante el que había sido un gran seductor. Y entonces Mei le cogió del brazo y cuando la miró vio que le sonreía.

—A mí me gustan más los rubios —le susurró.

Y de repente el día de Naruto se volvió más brillante. Hyuga le hizo señas a sus sirvientes para que se ocupasen del carruaje y los acompañó dentro. Hina se detuvo en seco al entrar en el vestíbulo. Había una escalera flotante que se desdoblaba hasta terminar en un suelo de mármol flanqueado por puertas a ambos lados. Encima de su cabeza colgaba una impresionante lámpara de araña que iluminaba unos frescos pintados en tonos de azul.

—Qué bonito —susurró claramente impresionada.

—Gracias, señorita Iwamura. —Neji aceptó el cumplido.

—Naruto Uzumaki. —Todas las miradas se giraron hacia la derecha, donde estaba lady Ino Hyuga. La hermana de Naruto llevaba un vestido de seda azul claro con los ribetes en azul oscuro, y era la viva imagen de la belleza. Sin importarle la multitud de invitados que había a su alrededor, Ino se acercó directamente a su hermano y le abrazó fuerte —. Deberías haberme dicho que venías, pero, de todas formas, estoy muy feliz de que estés aquí.- Naruto levantó a su hermana en volandas.

—El sentimiento es mutuo —le susurró emocionado. Haber crecido sin sus padres les hacía estar más unidos que la mayoría de los hermanos. Después de todos los líos de los que lo había sacado su hermana, Naruto haría cualquier cosa por ella. Dejó a Ino en el suelo y acercó a Mei hacia él. Ella le ofreció la mano a la otra dama y se presentó.

—Es un placer conocerla, señora Mitzukage —contestó Ino con una sonrisa sincera—. Hacía tan mal tiempo que decidimos organizar una fiesta en casa. Le advertiré sobre unos cuantos invitados, pero dado que ha venido acompañada de Naruto dudo que pueda haber alguno capaz de escandalizarla.- Mei se rio.

—Gracias por su hospitalidad, mi lady.- Ino la cogió del brazo y sonrió a Hina.

—Vengan conmigo, les enseñaré sus habitaciones y les explicaré lo que hemos organizado.- Mei le guiñó el ojo a Naruto y subió la escalera junto a Ino y a Hina, dejándolo embobado mirándola.

—Es encantadora —murmuró Hyuga. Naruto asintió, aunque «encantadora» le parecía una palabra muy pobre para describir a Mei. —Admiro tu buen gusto.

—Es todo un cumplido viniendo de ti, Hyuga. -Neji se rio.

—¿Vamos a la sala de billar? La mayoría de los caballeros están allí.-En cuanto abandonaron el vestíbulo, Naruto le preguntó:

—¿Ha llegado lord Uchiha?-

—Uchiha nos avisó de que llegaría más tarde, le esperamos esta noche.-

—Fantástico. —Naruto estuvo a punto de frotarse las manos de satisfacción—. Me gustaría hablar con él en privado, si es posible.-

—Por supuesto. Puedes utilizar mi despacho siempre que quieras. -Ahora que había resuelto ese tema, Naruto estaba ansioso por disfrutar del resto de la tarde. La semana anterior la había pasado con Mei y con Hina y era incapaz de recordar unos días más agradables, pero también echaba de menos las bromas toscas y la clase de conversaciones que sólo podían mantenerse entre caballeros.

Entró en la sala nublada por el humo de los habanos detrás de Hyuga y escudriñó los rostros de sus ocupantes. Lord Middleton, que estaba en medio de un reducido grupo en una esquina, levantó una mano para saludarlo y le pidió que se acercase. Naruto fue a su encuentro, pero a medio camino se detuvo: se le heló la sonrisa cuando el hombre que estaba hablando con Middleton dio media vuelta y lo miró.

—Uzumaki. —El duque de Rokuidame lo saludó con una sonrisa de oreja a oreja—. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que coincidimos.-Naruto apretó la mandíbula.

—No el suficiente —farfulló en voz baja.