Después de dejar a Hina cómodamente instalada con el resto de las damas de compañía, Mei siguió a la hermana de Naruto por el pasillo. No podía evitar sonreír. Ino Hyuga era una mujer encantadora. Tenía el mismo pelo rubio miel que Naruto y los mismos ojos oscuros. Era preciosa y poseía la elegancia y el saber estar de los que nacen privilegiados, pero al mismo tiempo parecía abierta y cercana.

—Ya hemos llegado —dijo Ino abriendo la puerta de la derecha—. Espero que esté cómoda.- Mei entró en la habitación y miró asombrada a su alrededor. Estaba decorada con tonos morados y marrones, era espaciosa y lujosa.

—Es hermosa —suspiró.

—Me alegro de que le guste. Esta noche vamos a celebrar un baile. —

Ino levantó los brazos y dio vueltas sobre sí misma—. Hace meses que tengo ganas de bailar. Al señor Hyuga le ha costado mucho encontrar la orquesta adecuada, pero lo ha conseguido y estoy muy ilusionada.-

—Me temo que carezco del vestido apropiado para un evento de esa clase —confesó Mei. En realidad tenía un vestido de noche con el que podía asistir a ese baile sin llamar la atención, pero jamás acudiría sin Hina a su lado. Aunque ésta no lo reconocería jamás, le rompería el corazón. Ino la observó con detenimiento.

—Usted y yo no somos tan distintas físicamente. Creo que tengo unos cuantos vestidos que pueden irle bien. Puede echarles un vistazo y ver cuál se ajusta más a sus gustos.-

—Oh, no, no se moleste por mí. De verdad.-

—No es ninguna molestia, señora Mitzukage.-

—Mei —la corrigió.

—Mei. —Ino le sonrió—. Me gustas, Mei. Siempre me ha gustado conocer mujeres fuertes y directas. Naruto necesita esa clase de apoyo.-

—Él se basta para apoyarse solo.- Ino arqueó una ceja y la miró incrédula.

—Bueno, dejando eso a un lado, mi hermano es muy guapo.-

—Sí, mucho —convino Mei con unas risas.

—Y vestido de noche está espectacular, como seguro que ya sabes.- Como no quería reconocer lo poco que Naruto y ella se conocían, Mei no dijo nada, aunque podía imaginárselo a la perfección. Se lo imaginó vestido de blanco y negro, con el pelo rubio peinado hacia atrás, arrasando con el sentido común de todas las mujeres que se encontrara a su paso.—No podemos dejar que asista solo al baile —siguió Ino—.¿No crees?-

Mei cerró los puños. Tal vez no podría quedarse con Naruto para siempre, pero al menos le pertenecería durante una semana más y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa que fuese necesaria para dejárselo claro a las otras mujeres allí presentes.

—Sí —convino con una sonrisa de agradecimiento—. Muchas gracias, mi lady.-

—Ino.-

—Gracias, Ino.-

—¿Te has traído a tu doncella contigo?-Mei negó con el gesto, consciente de que su atuendo delataba su precaria situación económica.

—Fantástico. Así podremos arreglarnos juntas para el baile de esta noche. En cuanto mi doncella te vea el pelo tan bonito que tienes, te suplicará que le dejes peinártelo. Espero que no te importe.-

—No. Suena maravilloso, gracias. Eres muy buena conmigo.-

—Tonterías. Será divertido. Y tráete también a tu dama de compañía, si quieres. —Ino se acercó a la puerta—. Y ahora, aunque nada me gustaría más que quedarme contigo, tengo que ir a recibir al resto de los invitados. Enseguida te subirán el equipaje. Si te apetece, las otras damas están en el salón, unas cuantas puertas hacia la derecha. Las oirás chismorrear a medida que vayas acercándote. —Colocó la mano en el picaporte—. Me alegro mucho de que hayas venido, Mei. Vendré a buscarte dentro de una o dos horas y podremos conocernos mejor.-

—Eso me gustaría mucho.- La puerta apenas había acabado de cerrarse cuando alguien llamó y Gwen entró corriendo sin pedir permiso.

—¡Oh, Mei! —exclamó—. Esta noche hay un baile. ¿No te parece muy emocionante? Mi primer baile. Estoy impaciente por ver los vestidos. Y los hombres.-Mei se rio contagiada por la alegría de Gwen y se quitó el

abrigo.

— Te pondrás mi vestido de seda azul.- Gwen abrió los ojos de par en par y movió la cabeza de un lado al otro.

—Oh, no podría. Es tu mejor vestido.-

—Lady Ino ha tenido la amabilidad de prestarme uno de los suyos.-Gwen chilló de alegría y giró sobre sí misma con los brazos extendidos.

—Me gusta mucho. Es tan buena como lord Uzumaki.-

—Sí, sí que lo es. —En ese momento, alguien más llamó a la puerta.

Cuando Mei la abrió se encontró con dos lacayos esperando fuera con su equipaje y con una doncella para deshacérselo. Gwen se acercó a ella.

—¿Vamos a pasear por el jardín? La dama de compañía de lady Canlow me ha dicho que lo diseñaron para que estuviese más bonito nevado que en primavera.- Mei cogió de nuevo su abrigo. Sentía una libertad y una tranquilidad que dudaba haber sentido antes. Y sabía que se debía a Naruto Uzumaki. Cogió a Gwen del brazo.

—Bueno, pues entonces tendremos que verlo.-


—Es la historia más increíble que he oído nunca —dijo Neji sacudiendo la cabeza.

Naruto echó la cabeza hacia atrás y soltó el aire que tenía en los pulmones.

—Lo sé. Créeme. Nunca te habrás encontrado con un grupo de personas tan peculiar en la vida. —Se puso a pasear nervioso—. ¿Dónde diablos está el mayordomo? —preguntó. Hacía ya media hora que le había pedido al sirviente que localizase a Mei y la acompañase hasta allí. La mansión de Hyuga era muy grande, pero no tanto.

—Vas a hacerme un agujero en la alfombra, Uzumaki —le riñó Neji sarcástico.

Naruto soltó una maldición y se detuvo, y miró la elegante alfombra Aubusson que tenía bajo los pies. Se giró sobresaltado hacia la puerta del despacho cuando ésta se abrió. Entró el mayordomo con el rostro impasible típico de un buen sirviente. Naruto sorbió por la nariz y se dio cuenta de que le gustaba más Artemis. Éste le habría dicho de inmediato que Mei no estaba, a diferencia del mayordomo de Hyuga, que esperó a que se lo preguntasen.

—¡Suéltelo de una vez, hombre! —exclamó Naruto—. ¿Dónde está la señora Mitzukage? - El mayordomo giró el rostro hacia Naruto y lo miró con desdén.

—Al parecer dos de los lacayos que transportaban el equipaje de lord Uchiha han chocado en la escalera. La señora Mitzukage se ha llevado al herido a la cocina. Le he informado de que desea verla, milord, pero me ha dicho que usted entenderá perfectamente por qué no puede acudir de inmediato. -

Naruto levantó las manos exasperado y se giró hacia Neji, que seguía calmado tras su escritorio.

—Te lo juro, Hyuga, esa mujer es como un imán para los heridos. - Neji se rio y se levantó para acercarse a la puerta.

—Iremos a ver cómo están. Después nos retiraremos a un lugar más tranquilo y podrás informar a la señora Mitzukage de la presencia de Rokuidame.

Pero cuando llegaron a la cocina encontraron a un lacayo muy bien atendido comiéndose un bollo con mantequilla, y ni rastro de Mei. El sirviente se puso en pie de un salto, sonrojado de la vergüenza, pero Hyuga le pidió que volviera a sentarse.

—¿Dónde diablos se ha metido? —le preguntó Naruto a una doncella que trabajaba en la cocina, que le contestó tartamudeando, nerviosa y asustada por su mal humor.

—Ha... ha... habido un ac... accidente.

—Maldita sea. ¿Un accidente?- La doncella asintió y Naruto fulminó a Hyuga con la mirada, aunque él también empezaba a estar molesto.

—¿Qué ha pasado ahora? —preguntó Neji furioso.

—A lady Denby se le ha roto la taza, señor Hyuga, y se ha cortado el dedo. -

—¿Dónde? -

—En el salón de arriba. -

Naruto y Neji subieron por la escalera de servicio hasta el lugar en cuestión y encontraron a lady Denby con el dedo vendado, y ni rastro de Mei. Neji consiguió hacerle una reverencia a la dama antes de preguntarle:

—¿Tiene idea de dónde podemos localizar a la señora Mitzukage, lady Denby? - La voluptuosa morena parpadeó seductora y le sonrió coqueta.

—¿Por qué necesitas encontrar a la señora Mitzukage, Neji Hyuga? -

—Yo la necesito —gruñó Naruto. Bajo toda aquella frustración, empezaba a tener un leve ataque de pánico. Si Mei estaba paseando por la mansión, tenía muchas probabilidades de encontrarse con Rokuidame. Lady Denby arqueó una ceja.

—Entiendo. Bueno, yo probaría en los establos, lord Uzumaki. Creo que farfulló algo sobre que quería comprobar cómo estaba un caballo. Naruto soltó el aliento y se dirigió a la puerta.

—¿Los establos? -

—Sí, sí, está loca por los caballos. —Naruto atravesó el pasillo a pasos agigantados—. Uno de los alazanes de mi carruaje nuevo se hizo daño cuando se rompió la rueda. Se ha pasado el camino entero hacia aquí preocupada por él. - La risa que se le escapó a Neji se ganó que su cuñado lo fulminase otra vez con la mirada.

—Un imán para los heridos —repitió Hyuga.

Cuando llegaron a los establos, Naruto vio que su caballo tenía una pata cubierta de ungüento, y ni rastro de Mei.


Nos quedan 21 páginas del libro, disculpen la demora, prometo que antes del siguiente ábado, subire el siguiente capítulo.

Tambien estoy por subir un capítulo más de: "Me debes un trago" y el prologo de una historia nueva donde el protagonista es Naruto, Minato y Karin...