Horas antes de la fiesta

- ¿Segura que no es muy revelador? - preguntó Kagome, colocando su vestido por sobre su ropa y mirándose en el espejo.

- Para nada - sonrió su amiga - El imbécil de Miroku estará feliz con un montón de mujeres sexys rodeando la fiesta - cruzó sus brazos.

- No te oyes muy contenta con la idea - respondió, irónicamente.

- Ya no me interesa - suspiró, recostándose en la cama - Yo iré para divertirme.

- Sabes, hace unas semanas, Rin me dijo una frase que, creo, deberías tener presente en tu mente - la miró - "Todo sería más fácil, si fuéramos más sinceros con lo que sentimos" - su amiga suspiró - Deberías decirle a Miroku... la verdad.

- Kag - su mirada se tornó sombría - Miroku... me agrada, es un gran chico, pero... dudo mucho que esté interesado en una relación, mucho menos con alguien como yo.

- ¿Qué hay de malo en alguien como tu? - se sentó en los pies de la cama, mirándola con seriedad.

- Yo... no soy del tipo "femenina" - hizo las comillas con sus dedos - No me agradan los vestidos cortos y los maquillajes, ¿para que alguien necesitaría eso? Mi mundo son los deportes, la ropa holgada, y él... parece derretirse por ese tipo de mujer.

- Sango... ¿estas segura de eso?

- ¿Qué más si no? Las pocas veces que salimos, he notado como mira a las chicas, es como si yo, dejara de existir.

- Entonces, ¿por qué sigues viéndolo?

Sus ojos comenzaron a temblar ante aquella pregunta.

Luego de varios días de insistencia, había decidido aceptar su propuesta y salir a tomar un café. Faltaban pocos días para el intercolegial, por lo que, sus nervios estaban más a flor de piel que nunca.

Pocas veces había pensado en como arreglarse para una cita, sin embargo, ese día le dio prioridad a su vestimenta. Se colocó unos shorts ajustados, aquellos que solo guardaba para una ocasión especial y una remera un poco suelta, pero delicada.

Descendió del bus, caminando en dirección de la plaza en donde habían acordado su encuentro y, rápidamente, logró encontrarlo con la mirada. Estaba sentado en un pequeño banco, con un ramo de flores en su mano.

Es un lindo detalle.

Pensó, emitiendo una leve sonrisa.

- Vaya, los ángeles caen del cielo - pronunció, poniéndose de pie ante su llegada.

- ¿Es su manera de decir "hola"?

- Sólo cuando la mujer que tengo al frente, es hermosa.

Le entregó el ramo, al mismo tiempo en que comenzaban a caminar al café que se encontraba al frente, en donde pasarían un agradable y memorable momento, entre risas y conocimientos.

- Bueno, porque... él, me hace... sentir bien - murmuró - Cuando no se comporta como un idiota.

- ¿Sabes si ha tenido una mala experiencia?

- ¿A que te refieres?

- Bueno... Inuyasha sufrió mucho por su primera relación y, por mucho tiempo, se rehusó a abrir su corazón nuevamente... tal vez, Miroku ha pasado por algo similar.

- Bueno, no había pensado en eso, pero si le pasó algo similar, su manera de lidiar con ello, es muy diferente - frunció el ceño.

- Todos somos diferentes, Sango... y no deben juzgarnos por ello, salvo que... bueno, la situación...

- Ésta situación lo amerita - intervino, provocando su sonrisa - Si te interesa una persona, ¿por qué seguir buscando? en mi opinión, eso sucede cuando no es la indicada.

- Miroku es un mar de misterio - suspiró - Y depende de ti navegar en él o no.

- ¿En que sentido? - ambas rieron ante su pregunta.

- Y, hablando de otra cosa - tomó la prenda de su amiga entre sus dedos - Este traje... es muy sensual - sonrió.

- Muchas gracias - respondió con orgullo - A pesar de ser un traje completo, se ajusta al cuerpo y se ve muy bien.

- Yo creo que a él le encantara - la miró, pícaramente.

- Me da igual - se encogió de hombros - Si hay alguien que va a tener noche interesante, serás tú.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque, a juzgar por lo que me has contando... la intensidad que hay entre tú e Inuyasha, está un paso de irse por la borda.

- Bueno... puede ser, es decir, creo que ambos queremos que "eso" suceda, pero... por alguna razón, lo pospone.

- Tal vez, hoy sea LA noche - giñó su ojo - Después de todo, Miroku dijo que la casa en la que se va a hacer la fiesta, es similar a una mansión.

- Quizás - sonrió, pensando en aquella posibilidad.

En ese momento, su celular comenzó a sonar.

- Es Kikyo - respondió, sonriendo - Ya está aquí... iré a recibirla, ¿me esperas?

- Claro.

Descendió las escaleras, deteniéndose a mitad de camino al observar aquella escena. Su abuelo se encontraba al frente de la joven, hablando con ella, mientras su madre emergió de la cocina, tapando su boca al encontrarse con la chica.

¿Qué sucede?

- Kagome - la joven la miró, sonriendo, provocando que ambos mayores voltearan, ocultando su sorpresa.

- Ho...hola, Kikyo, ven - ella se acercó - A la derecha está mi habitación, Sango está ahí, subiré enseguida.

- De acuerdo - ascendió, mientras ella se acercaba a su familia.

- Tranquila - murmuró el anciano, mientras ingresaba a la cocina.

- ¿Mamá? - se acercó, notando que los ojos castaños de la mujer, se encontraban llenos de lágrimas - ¿Qué sucede?

- No... no es nada, Kag... - limpió sus ojos - Tienen una fiesta esta noche, ¿verdad? - ella asintió - Ve... disfruta con tus amigas, hablaremos en otro momento - sonrió - No te preocupes, nada malo está pasando - ingresó a la cocina.

Eso no es lo que parece.

Pensó, volteando y subiendo por las escaleras, dirigiéndose a su habitación, en dónde se encontró a las dos mujeres hablando amenamente sobre sus disfraces. Sus ojos se posaron en Kikyo, notando que su semblante era diferente, una sonrisa adornaba sus labios y sus ojos se mostraban más animados que la última vez que habían hablado.

- ¿Estas bien? - preguntó la castaña, notando la expresión de su rostro.

- ¿He? - se sorprendió - Si, sólo... estaba escuchándolas jaja ¿de que te disfrazaras, Kikyo? - preguntó, desviando el tema.

- Bueno - sonrió, poniéndose de pie y extendiendo el vestido frente a sus ojos.

- Vaya - pronunciaron las dos al mismo tiempo, abriéndolos ampliamente.

- ¿Tú creías que tu disfraz era muy revelador? - la miró.

- Bueno, pero... a ella todo lo que queda bien - sonrió.

- Gracias Kag, pero no puedes negar que eres hermosa.

- Gracias - se sonrojó - Entonces... ¿Naraku irá?

- Creo que no es necesario que te responda - pronunció, pícaramente la castaña, provocando la risa de la joven.

- Sólo... digamos, que planeamos pasar una buena noche.

- Oh - se sorprendió - Eso significa que... ¿habrá lugares para eso?

- Bueno, conociendo a mi ex, la segunda planta estará habilitada para eso

- ¿Tu ex? - preguntó Sango - ¿Iras con Naraku a la casa de tu ex?

- No te preocupes - se sentó - Fuimos novios en la adolescencia, pero, está todo bien entre nosotros - sonrió.

- Vaya, quisiera tener esa confianza.

- ¿Por qué lo dices? - la miró confundida.

- Por nada - suspiró.

- De acuerdo - se puso de pie, parándose frente a sus amigas - Chicas, tenemos que prometernos, que pase lo que pase, esta noche tiene que ser memorable - sonrió - Debemos divertirnos - posó sus ojos en Sango - Sobre todo eso... pasarla bien.

Ambas asintieron.

- Kohaku y Rin pasarán a recogernos.

- ¿De verdad? - se sorprendió Kagome.

- Si, al parecer, Kagura se enteró, no se como, que él, Rin y Ayame, asistirían a esta fiesta y decidió prestarle el auto de la empresa.

Las jóvenes se miraron, sorprendidas de la amabilidad de la mujer.

- Espera, ¿Ayame irá? - la castaña asintió - Pero... ¿ella y Miroku no...?

- Por lo que me dijo, al parecer, ella y Koga están saliendo.

- Oh - se sorprendió - No tenía idea... entonces, Koga también estará ahí.

- De hecho... dónde está Naraku, siempre está él - bromeó Kikyo.

- Entonces, nos encontraremos todos nuevamente...


Fiesta de disfraces

- Oye Miroku, ¿esto es una fiesta o una pasarela? - preguntó el peliplata, parado al lado de la puerta de entrada, observando la alfombra roja que se extendía desde la calle hacia el frente.

- Suikotsu y yo planeamos esto hace mucho, pero decidí mantenerlo en secreto, ya sabes, para evitar por menores - guiñó su ojo - Por esa pasarela, desfilaran todas las bellas mujeres.

- ¿No te parece que ya son muchos? - miró al interior de la casa, en dónde un número bastante elevado de personas se encontraban charlando y disfrutando de la música.

El gran living, que contaba con tres sillones de varios metros de extensión, estaba iluminado por varias luces color violeta neón y, en el patio trasero, frente a la gran piscina, la cual, aparentemente, iba a estar en desuso debido al clima frío, un DJ era el encargado de musicalizar la noche.

- Tal vez - sonrió - Pero... siempre hay lugar para alguien más.

En ese momento, el castaño, dueño del hogar, se acercó.

- ¿Cómo la están pasando muchachos?

- Te luciste con todo realmente - respondió el peliplata, observando las diferentes luces que adornaban el exterior y la alfombra colocada.

- Mira, más invitados - sonrió, al ver a los jóvenes caminar por la alfombra, en dirección a la puerta de la casa.

Koga, quién se encontraba vestido con una especie de taparrabo de piel, con una armadura cubriendo su pecho y unos trozos de piel sintética cubriendo las partes superiores de sus brazos y sus pantorrillas y Naraku, quién poseía un traje completamente negro, con corbata incluida, se acercaban lentamente.

- Keh... no me digas que te disfrazaste de Tarzán, sarnoso - se burló.

- Inuyasha... - lo miró.

- Si que eres ignorante... para tu información, en la época feudal existían una especia de lobos yokais, que portaban estas vestimentas... edúcate animal.

- Feh, al menos te disfrazaste de lo que eres, un salvaje.

- ¿Qué hay de ti? ¿Qué clase de idiota se viste de Drácula en esta época?

- Kagome lo eligió - sonrió victorioso.

- Bueno, tiene sentido, le gustan las bestias.

- Oye... - gruñó.

- ¿Y que hay de ti, Naraku? jeje - intervino el cumpleañero - ¿Slenderman tal vez?

- ¿Y tu disfraz? - preguntó Koga, al verlo con un traje negro, una capa, un antifaz negro y una espada de fantasía en el cinturón de su pantalón.

- Es un personaje de Tv, su nombre era "El Zorro".

- Ah, si... he oído de él... mi abuela solía ver ese programa.

- Si, yo también lo veía con ella - respondió con ironía.

- Oigan - intervino el dueño de la morada - Hace rato que quiero hablar.

- Oh, Suikotsu, seguías aquí, ¿Qué sucede?

- Tenemos comida, alcohol, música y muchas mujeres con sexys trajes - sonrió, sacando un manojo de llaves, de su disfraz - Las habitaciones de la segunda planta estarán disponibles y, como amigos del cumpleañero, tienen prioridad.

- Ja, no soy amigo de este imbécil, pero me quedaré con una - pronunció Koga, recibiendo una de ellas.

Naraku extendió su mano, tomando otra.

- ¿Qué hay de ti, Inuyasha? ¿No quieres terminar bien la noche?

- No me interesa.

En ese momento, un auto completamente negro, estacionó, al mismo tiempo en que las jóvenes comenzaron a descender.

Los ojos dorados del joven se posaron sobre la morena, quién encabezaba la fila. Su mirada recorrió su perfecta figura, la cual estaba completamente adornada por aquel corto y brilloso vestido, además de un gran sombrero de bruja, sobre su cabeza.

- Suikotsu - murmuró.

- ¿Mm? - lo miró.

- Dame esa llave, ahora.

Extendió su mano, abriendo su palma, al mismo tiempo en que el castaño depositaba aquel diminuto objeto sobre ella

- Comprendo - sonrió, mirando a la mujer - Ella es la afortunada, ¿verdad?

- Cállate - respondió, sin dejar de observarla.

- Al parecer, el afortunado soy yo - sonrió el castaño, observando a la mujer al lado de Kagome, la cual se encontraba disfrazada con un traje de látex negro y rosa, bien ajustado a su cuerpo.

- Ya quisieras - intervino Koga, encontrando su mirada con Ayame, quien poseía una vestimenta similar a la suya y su cabello elevado en dos coletas.

Mientras, sin que nadie se percatara, Naraku observaba a la joven vestida de enfermera, quien, sutilmente, mordió su labio inferior, comenzando un juego silencioso del que se encargarían más tarde.

Por ultimo, en la fila, Rin, vestida con un vestido corto suelto, de color blanco y unas alas de ángel en su espalda, caminaba y charlaba al lado de Kohaku, quien se había disfrazado de caballero medieval.

Cada una de ellas, dio un saludo general, posicionándose al lado de sus compañeros.

- Feliz cumpleaños, joven Miroku - sonrió.

- Muchas gracias, señorita Kagome.

- Es una gran fiesta - pronunció Kikyo, mirando al interior de la casa.

- Lo es, aunque... la fiesta es lo menos importante - respondió, mirando directamente a la castaña, quien desvió sus ojos, sonrojada - Por favor, por aquí.

Entre sugerentes miradas de las parejas, ingresaron a la casa.

- Hay mucha gente - murmuró Sango, mirando a su alrededor.

- Y hay más en el patio trasero - respondió el agasajado.

- Genial - bufó.

- Por aquí tienen una barra - señaló uno de los extremos - Pueden pedir unos tragos.. la salida del lugar a la zona trasera es por allá y por esas escaleras, están... los cuartos - sonrió.

- Lo sabia - gruñó, apretando sus puños.

- Sango - tomó su mano, sorprendiéndola - Como el anfitrión de la fiesta, es mi deber ir a saludar a mis invitados, pero... debo hacerlo con mi compañera.

- ¿Qué? - sus amigas sonrieron mirándola - ¿De... de verdad?

- Por supuesto - sonrió - Chicos, lamento dejarlos, pero les prometo que los veré en un rato - sin soltar a la joven, comenzó a caminar a través de la multitud.

Sus invitados comenzaron a disiparse. Naraku se sentó en uno de los sofá, jalando a su compañera, quién cayó sobre su regazo, sonriendo. Koga y Ayame se apartaron, dejándose llevar por el ritmo de la música, la cual estaba elevando su volumen. Finalmente, Rin y Kohaku se dirigieron a la barra, pidiendo un trago y saliendo al patio, dónde la gente se encontraba más disipada.

Kagome se encontraba contemplando el panorama, las luces ambientaban perfectamente la fiesta, dándole un aire juvenil, la mayoría de los invitados se encontraban disfrazados, algunos con trajes fácilmente reconocibles y otros con ropa de películas o series que, con toda seguridad, no había visto. La música comenzaba a invitarlos a bailar, cuando aquel aliento cálido, rozó su oreja.

- ¿Quieres un trago? - murmuró.

Ella sonrió, mirándolo por sobre su hombro, mientras asentía.

La tomó de la mano, caminando en dirección del pequeño bar improvisado. Ambos pidieron unas cervezas e Inuyasha la guio a las escaleras, en donde se detuvieron, mirándose, frente a frente.

- ¿Qué sucede? - preguntó ella, bebiendo un sorbo.

- Sólo... estoy pensando.

- ¿Puedo saber en que?

- En cobrar tu deuda, esta noche - pasó sus orbes dorados por su cuerpo, ella lo notó, sonriendo.

- Bueno... - se aceró, besando la comisura de sus labios - Tú decides...

La besó, aferrando sus manos a su cintura, apretándola ligeramente, mientras sus labios danzaban sutil y pasionalmente al ritmo del deseo. De fondo, la música profesaba una melodía sensual, una que ella pensaba utilizar a su favor.

Se apartó, mirándolo a los ojos y mordiendo sutilmente su labio inferior.

- ¿Qué planeas?

Sin responder, volteó, pegando su cuerpo al de él, comenzando a bailar siguiendo la música ambiente. Perdió toda la timidez al sentir aquel bulto sobresaliendo de su pantalón.

- Con cada movimiento, sólo aumentas tu deuda - gruñó, colocando sus manos en la unión de su cadera y su cintura.

Descendió un poco más, rozando su trasero con aquella peligrosa zona, provocando que él apretara el agarre en su cuerpo.

- Maldición, Kagome...

Sonrió, complacida con sus acciones, volteando y pegando su nariz con la suya.

- Estoy lista... para pagarte - murmuró, contra su oído.

- ¿Segura? - respondió en el mismo tono - Porque... te has ganado la follada de tu vida.

Ella ascendió lentamente su pierna por sobre la pierna de él, deteniéndose en la mitad de su cuerpo, sonriendo.

- Ven - pronunció él.

Subieron las escaleras, mientras la música comenzaba a elevar, aún más, su volumen.

- ¿Dónde vamos?

- A que me pagues - la miró por sobre su hombro, sonriendo.

Metió la mano en su pantalón, sacando la llave, la cual poseía un pequeño número. Caminaron por el oscuro pasillo, hasta dar con la habitación indicada, en donde ingresaron.

- Vaya - sonrió, mirando la cama - Realmente estaban preparados.

Sin responder, se acercó, besándola profundamente, mientras la punta de sus dedos acariciaban su espalda, desde su cuello, hasta su cadera. Ella deslizó su mano por su entrepierna, provocando que él mordiera sus labios.

- Espera - murmuró, apartándose.

- ¿Qué sucede?

- Quiero pedirte algo primero.