- ¿Seguro que puedes conducir?
- ¿Por quién me estas tomando? - respondió, sin apartar la mirada del camino.
- ¡Keh! No comprendo como es que estas como si nada...
- No soy tan débil como tú.
- Bah... tienes suerte de que la bala salió, en mi caso, tuvieron que quitarla.
- Como sea... tu piel es tan débil que ni siquiera pudo expulsarla.
- Estas hablando idioteces... ¿seguro que no esa bala no afectó tu cerebro?
- ¿Por qué mejor no cierras la boca? - frunció el entrecejo - El parque de las ánimas es un lugar muy extenso, ¿no te dijo en que zona se encontraba?
- Si me lo hubiera dicho, ya estaríamos en el lugar, ¿no te parece?
- Maldita sea, no sirves ni para pedir indicaciones - llegó al parque, mirando hacia todos lados.
- ¿Qué tal si rodeamos el parque con el auto?
- No se encuentran en las inmediaciones, estoy seguro que están en alguna parte del centro del lugar, deberemos ir caminando.
- ¿Tienes idea de cuanto nos puede tomar recorrer el centro de este lugar?
- ¿Tienes una idea mejor?
Maldita sea... tiene que haber una manera.
Estacionaron el auto a una calle de distancia, en donde él sacó un maletín de debajo de su asiento.
- ¿Qué es eso?
Lo abrió, dejando ver 2 armas negras, calibre 22.
- ¿Sabes disparar? - preguntó, sacando una de ellas y cargándola con las municiones.
- ¡¿Qué demonios haces con eso?! - lo miró, notablemente sorprendido - Sesshomaru... esto no es como en las películas de acción... esto es la vida real.
- Si fuese una de esas películas, tú serías el primero en morir, de eso no tengo dudas - le extendió el arma - Toma, no pienso disparar para salvarte.
- ¿Hay forma de que mi vida no este en peligro todo el tiempo? - gruñó, tomándola a regañadientes.
- Múdate a Alaska, con un poco de suerte, los animales te toleraran.
- ¿Sabes? Tienes un pésimo sentido del humor.
Descendieron y comenzaron a caminar.
- Antes de que preguntes alguna idiotez, dejé el auto allí porque, si lo reconocen, pueden traernos problemas.
- Descuida, no estaba en mis planes hablar contigo en este trayecto.
Llegaron a la esquina, en donde se detuvieron unos instantes.
- ¿Lo sientes? - miró a su hermano mayor.
- Si... es olor a pólvora y es reciente... andando.
Con suerte, seguirán con vida.
Se adentraron en aquella zona verde y boscosa, la cuál ofrecía una amplia vista sumergida en la penumbra. Unos leves destellos luminosos se observaban a la distancia, los cuales daban cuenta de los pequeños faroles encargados de iluminar el vasto lugar.
- Sólo sigue el olor... y mantén tus sentidos al límite... por si escuchas un disparo o un grito.
- De acuerdo - murmuró - Oye... hay algo que tienes que saber...
- Escúpelo sin rodeos, no estoy de humor para adivinanzas - respondió, notablemente molesto.
- Magatsuhi... es el padre de Kikyo.
- ¿El padre de quién?
- Kikyo... ¿no te acuerdas? ¿La chica con la que fui a la fiesta?
- Ah, si... ella, ¿es tú amiga?
- Bueno... es... ella es...
¡Demonios! Se supone que esto es algo demasiado íntimo como para que se lo diga, pero... él conoce a Magatsuhi y, al parecer, es un tipo demasiado peligroso. Lo siento, Kagome, pero tiene que saber la verdad.
- ¿Qué parte de sin rodeos, no comprendiste? - sus ojos se mantenía en todas direcciones - No están por aquí.
- No es fácil, Sesshomaru, por que ella es la...
- ¡NARAKU! - ambos miraron al frente al escuchar la voz de la mujer.
- ¡Es la voz de Kikyo! - comenzó a correr en aquella dirección.
Maldita sea, maldita sea... ¿Dónde están?
Esquivó varios árboles, los cuales no estaban iluminados, hasta llegar a la fuente, en donde sus ojos se abrieron ampliamente.
¿Qué carajo?
Los ojos rojos de Magatsuhi se encontraron con los del joven, al mismo tiempo en que retrotraía su brazo, sacando el cuchillo del abdomen del moreno, el cuál cayó desplomado al suelo. Una sonrisa se formó en sus labios en aquel momento.
Su mirada se desvió unos centímetros, observando a Kikyo, quién estaba retenida por un hombres mientras gritaba y sus lágrimas caían a ambos lados de sus mejillas.
- Inuyasha - pronunció, mientras la sangre que recorría el filo del arma, comenzaba a mojar su mano - El menor de los Taisho... es un placer conocerte, aunque... - miró el cuchillo - Desearía que fuera en otras circunstancias.
Naraku... no se mueve... acaso... ¿lo mató?
Pensaba, sin apartar sus orbes dorados del cuerpo inerte del moreno.
- ¡Naraku! ¡¿Por qué lo hiciste!? ¡Eres un bastardo! - los gritos de la mujer resonaban en medio del silencio.
- Kikyo - suspiró, quitándose el sudor de la frente, caminando hacia ella y deteniéndose al frente - Esto es tú culpa... deberías haber confiado en tu padre, pero... decidiste creerle a un mocoso.
- ¡Hijo de puta! - escupió su rostro, profesando un odio que jamás había mostrado, al mismo tiempo en que sentía como el agarre que el hombre ejercía en su cuerpo, se apretaba.
Su saliva golpeó la herida en su mejilla, mezclándose con su sangre reseca. Él cerró sus ojos, suspirando ampliamente.
- ¡Eres un hijo de puta! ¡Bastardo! - la mano de Hikari se estrelló en su rostro, provocando que el ruido seco estremeciera el silencio del departamento.
- Hm... - sonrió - Digna hija de esa perra... - la miró.
Sin previo aviso, la tomó del cuello, elevándola y arrancándola de los brazos del sicario, el cual dio un paso hacia atrás, desentendiéndose de la situación por completo.
¡Kikyo!
Cargó el arma que su hermano le había dado, sin embargo, un disparo a la altura del suelo, proveniente de otro hombre, al cual no había divisado, le hizo saber que su accionar podía ser perjudicial para su vida.
- Maldita sea...
Mientras, el peliplata había comenzado a dejarse llevar por aquel odio que envolvía su alma y, pronto, el rostro de su hija se intercaló con el de su ex pareja, en el instante exacto en el que le había arrebatado la vida.
- Tú me obligaste a esto... ¡maldita perra! - gruñó, con una voz irreconocible para ella.
- Co...cobarde - su respiración se dificultaba - Haz...Hazlo...
Elevó su mano, dejando caer el cuchillo y cerrando el puño, con la intención de profesarle todos los golpes que fueran necesarios para calmarse, sin embargo, un ardor en su abdomen lo atacó, seguido de aquel sonido que conocía bien. Miró a un costado, al mismo momento en que otra bala impactaba su pierna.
- Sesshomaru... - murmuró Inuyasha, mirando en dirección en la que su hermano se acercaba, con su arma empuñada.
Extra: Últimas palabras
Kikyo
Sus brazos me cobijaron con la misma intensidad y cariño con el que se tomaría a una animal herido, aún en aquella desesperante situación.
- Nos tienen rodeados...
Su voz no expresaba, ni de cerca, lo serio y terrible de lo que estábamos atravesando y yo no sabía que decir, mejor dicho, sabía que no había palabras que describieran nada.
Mi padre... el hombre que juraba protegerme con la vida, me había puesto en esta situación, en la cual estaba escapando de vaya a saber cuantos hombres, que querían la vida de la persona que amo. ¿Realmente era tan grande lo que debía esconder? La respuesta es obvia y, al parecer, lo suficientemente enorme como para estar dispuesto a arrebatar una vida.
- Kikyo, por favor... tienes que hacerme esto fácil - me tomó por los brazos, mirándome fijamente - Tienes que irte... corre... corre lo más rápido que puedas y refúgiate en el primer lugar seguro que encuentres.
¿Sigue con la idea de que voy a dejarlo solo? La única manera de evitar su muerte, era mi presencia y no estaba dispuesta a negociarla.
- ¡No me iré! - respondí con firmeza, mientras una sonrisa se formaba en su rostro.
- Kikyo... - besó mi frente, mientras me abrazaba, casi como si se estuviera despidiendo - No me importa lo que me suceda... pero, no me perdonaré, si algo te sucede a ti.
- Estoy bajo mi propio riesgo - cerré mis ojos, tratando de que no se llenaran de lágrimas, después de todo, no era momento de llorar.
- Te amo - susurró, apoyando sus labios sobre mi cabeza, mientras una extraña sensación invadió mi pecho.
¿Qué dijo?
Mi mente no logró repetirlo, porque en ese momento unas manos me tomaron por el cabello, arrancándome de sus brazos con brutalidad. Él gritó, sin embargo, un disparo retumbó en el suelo, provocando que se detuviera, mientras yo era alejada.
- ¡Naraku! - grité, extendiendo mi mano - ¡Suéltame! - pude ver como otro hombre lo tomaba de los brazos, impidiendo que realizara algún movimiento.
- Buen trabajo, Juromaru y Kageromaru.
¡No puede ser!
Voltee ante la voz de mi padre, incrédula de que se encontrara allí.
- Es una lástima que no hayan completado lo que les pedí - suspiro, dando unos pasos hacia Naraku - Pero... al fin y al cabo, creo que será bueno para mi, que termine personalmente esta tarea.
- ¡No te le acerques! - grité con todas mis fuerzas.
- Silencio, después me encargaré de ti, señorita - me miró seriamente, sin embargo, una sonrisa apareció cuando sus ojos se encontraron con los de Naraku.
Abrí ligeramente mis ojos al notar una gran cortadura en su mejilla, la cual estaba cubierta con una gran capa de sangre reseca, también su traje lucía maltratado y sucio en algunas zonas, ¿de dónde venía? ¿Qué había estado haciendo?
- Eres valiente, niño - se detuvo frente a él - En otras circunstancias, te hubiera adorado como yerno, pero... lamentablemente, te metiste en asuntos delicados.
- Ella ya sabe la verdad... asique ya no me importa.
- ¿Tan poco valoras tu vida? - sacó un cuchillo de su pantalón - ¿Tan poco amor tienes por tu familia? ¿Por ti mismo? o... ¿por tu hermana?
Su cuerpo se tensó ante sus palabras, mientras fruncía el entrecejo.
- Déjame decirte... que la piel de tu hermana es deliciosa... es una lástima que no haya podido probarla con otra zona de mi cuerpo...
¿De que demonios está hablando? ¿Acaso él... le hizo daño a Kagura?
- Si tocaste a mi hermana...
- Claro que la toque - su sonrisa se amplió - Fui más allá de eso, pero... también fui interrumpido - se encogió de hombros.
- Maldito bastardo - gruñó.
Sin responder, asintió, mientras Kageromaru lo empujaba y él extendía el cuchillo, atravesando su abdomen profundamente.
- ¡NARAKU!
Estoy segura de que mi grito se oyó en todo el lugar. La hoja del arma se perdió en el interior de su piel, mientras mi padre se regodeaba con la situación, sin embargo, desvió su mirada rápidamente, al parecer, algo había llamado su atención. Mis lagrimas cubrían mi rostro, mientras mi garganta parecía estallar en cualquier momento, aún así, miré hacia la misma dirección.
¿Inuyasha?
Estaba perplejo y no lo culpo, la imagen era estremecedora, sobre todo cuando él retiró el cuchillo y Naraku cayó al suelo como si de un costal se tratara.
No puede ser... ¿de verdad...? ¿De verdad logró matarlo?
Extra: Atrapada
Cortó la llamada con Inuyasha y se lanzó a la cama de su habitación, suspirando profundamente.
Ya tengo el pasaje... sólo necesito hablar con ellos y seré libre.
Su teléfono comenzó a sonar nuevamente y el número en la pantalla hizo que su pecho se apretara. Lo dejó sonar con sus ojos violetas fijos en el nombre. Inmediatamente, luego de que la llamada terminara, un mensaje llegó.
Si no me respondes ahora, iré hasta tu casa y no creo que te agrade.
- Maldita sea... - bufó, al mismo tiempo que respondía la siguiente llamada - ¿Qué quieres?
- Ay bonita... detesto cuando haces esto... pero necesito que vengas a verme mañana.
- No puedo, tengo planes.
- ¿Disculpa?
- Te dije... que tengo planes.
- Y a mi me importan nada tus planes, Yura, no estoy dándote opciones.
- Ja... no tengo que obedecerte en todo.
- ¿Ha no? ¿Quieres saber lo que sucederá el día que no hagas lo que te digo?
- Lo máximo es la muerte... asique no me importa.
- De acuerdo... te espero en mi departamento a las 16:00hs, si no te presentas, prepárate a las consecuencias.
Cortó, sin darle tiempo a responder.
- ¡Maldito pedazo de mierda! - gritó, lanzando el teléfono contra la pared, sin tener la certeza de si sobreviviría o no.
- ¿Yura? - la dulce voz de Abi provocó que mirara hacia la puerta - ¿Estas bien?
- Si... sólo... sólo el teléfono, no funcionaba.
- ¿Segura? - asintió - ¿Quieres ver una película? Hice palomitas.
Abi...
Sonrió, poniéndose de pie y acercándose a su hermana.
- Me encantaría - la abrazó, al mismo tiempo en que se dirigian al living.
