La música de fondo sonaba alegrando el lugar, los pétalos de cerezo cayendo en el jardín, las personas murmurando entre ellas, sus susurros tan íntimos que se convierten en un suave murmullo. Tú estás en el centro del altar, con melena castaña y ojos rubí que observan a las personas a tu alrededor. Tu sonrisa es tan radiante, y la tiara que adorna tu frente te hace lucir celestial. Aunque tus madrinas están reunidas a tu lado, no pueden opacar la belleza que emanas. Tu vestido blanco, ceñido y mostrando tu escultural silueta, evoca innumerables recuerdos en mi mente, recuerdos que no puedo olvidar incluso al cerrar los ojos.

Las sensaciones recorren mi cuerpo, y algo dentro de mi estómago comienza a causar estragos. El vacío que siento y las mariposas que revolotean en mi interior, me están volviendo un poco loca. Mis ojos te observan como la última vez que nos miramos, tus ojos expresaban lo que tus palabras no podían. Estoy parada frente al comienzo del camino de pétalos de rosas, recargada en uno de los pilares de flores que adornan la entrada por donde se llevará a cabo la marcha nupcial. Observo a las personas a mi alrededor inmersas en sus conversaciones; algunas me miran como si quisieran criticar mi porte despreocupado o tal vez mi elección de vestimenta. Curiosamente, creí que había elegido el mejor traje en aquel pequeño centro comercial.

Mi traje, de dos piezas, era de color negro; decidí prescindir del moño o la corbata. Opté por un porte más casual que formal, dejando mi cabello suelto mientras tomaba pequeños sorbos de mi bebida y observaba fijamente a la novia. Sabía que ella me veía de la misma manera en que la veo ahora. En cada sonrisa, la atrapaba mirándome discretamente, compartiendo miradas cómplices de nuestros momentos. A pesar de estar nerviosa, no sabía cómo actuar. La ceremonia aún no comenzaba, retrasada por algún inconveniente, pero nadie parecía preocupado. Mientras la novia permanecía despreocupada, sin rastro de nervios, yo me sentía ansiosa. Anhelaba salir de allí, huir sin mirar atrás. Las demás Himes me observaban, esperando que no protagonizara ningún escándalo, pero mantenía la compostura. No haría nada que pudiera arruinar el mejor día de Shizuru, aunque algo en mi interior anhelara lo contrario, como robar a la novia y no mirar atrás. Sonaba tan descabellado que me reí a mí misma por siquiera considerar esa locura.

Mi corazón comienza a latir desmedidamente mientras ella se acerca a mí con esa sonrisa que no puedo evitar que desmorone todas las murallas por dentro.

"Ara, ara, Natsuki, ¿por qué tan nerviosa?" - dice ella.

Esperaba un reclamo por arruinar su boda, por no estar a la altura del evento, pero como siempre, me saca de mi zona de confort.

"Shizuru, tú sabes que entre tanta gente me pone muy nerviosa...", los demás nos observan; puedo verlo, pero a ellos no les causa novedad que platiquemos antes de la boda.

Dicen que es de mala suerte que la novia se baje del altar, eso es lo que atino a decir de manera despreocupada.

Tu mirada es irónica, pero me sonríes tan coquetamente que puedo decir que esperabas que dijera alguna tontería.

"Ara, Ara, Nat-su-ki, ¿estás tratando de maldecir mi boda?" - se acerca un poco a mi oído y susurra mi nombre de manera tan peculiar, "¿o realmente esperas que no me case?", lo dices de una manera tan cantarina que pareciera que estas jugando.

"Solo te comento lo que he escuchado", atino a decir con una voz entrecortada.

"No te preocupes, el juez se ha retrasado debido a un accidente; lo más probable es que empecemos una hora más tarde", menciono.

Tu mirada se queda fija en mí, como si estuvieras contemplando o tratando de hacer que diga algo que no voy a decir.

"Oh, ahora entiendo por qué todos andan murmurando."

Es normal. Mañana en los periódicos podrán publicar lo mal organizada que estuvo la boda. Para ellos, no es suficiente que me case con otra chica. Irónicamente, se me viene a la mente las noticias de la última semana, cómo los paparazzi la han estado siguiendo, tratando de tomar fotos, de observar los preparativos de la boda. La hija de uno de los magnates japoneses casándose con otra mujer. Todo Japón dio el grito en el cielo, pero a Shizuru parece importarle poco. Eso es lo que amo de ella. Cuando está decidida, puede arriesgarse y ver el mundo arder.

Me permito mirarla y observar cada detalle de su vestido. Sus ojos me observan, y suspiro sin remedio. Su olor a jazmín y un aroma dulzón que desprende me atrae como un oso a la miel. ¿Cómo puede ser tan hermosa?

"Pero eso no es un problema para ti, supongo."

"Sabes que no. Vine a pedirte disculpas por no avisarte con tiempo. Todo me ha traído como loca."

Sé que todo lo tiene bajo control, pero algo en su cara se transforma. Sé que dentro de esa careta está asustada, nerviosa, pero su sonrisa fingida puedo verla. Puedo saber que no está cómoda con todo esto, pero no puedo pedirle que se abra. Tengo que seguir jugando a la casualidad, a esta conversación sin un trasfondo.

"¿Puedes acompañarme? Quiero mostrarte algo", me señala una casa pequeña que se encuentra alejada de todos. Camino lentamente, siguiendo sus pasos. Ella recoge su vestido, y vamos caminando lentamente. Observarla a un lado de mí es como me hubiera gustado tenerla, siempre a mi lado. Pero soy tan cobarde. Algo me dice que estoy siendo demasiado tonta.

Ella abre con una llave que trae en su guante, ingeniosa como siempre y precavida. Entramos a una sala, un pequeño recibidor con una ventana que da a un lago que no había visto antes. Ella se sienta y me señala que me siente a su lado.

"¿A qué has venido, Natsuki?" Su mirada es dura, algo de ella está dolida.

"Yo... todas... las palabras no fluían como hace un momento con esa multitud de personas. Quizás tu seriedad, quizás ese dolor en tus ojos, me hacen romperme."

"Sé que te invité, pero creí que no vendrías. ¿Por qué lo hiciste?" Sus ojos comienzan a ponerse vidriosos.

"Lo siento, Shizuru. Yo... quería cerrar este capítulo." Dije muy bajito.

"¿Cerrar? ¿Cómo puedes cerrar algo que nunca se abrió? ¿Soy tu juguete, acaso?"

"No, para nada... yo..."

"Tu mirada y tus facciones, todo tu cuerpo en sí, me dicen una cosa, pero tus acciones son otra realidad" Su voz se empieza a quebrar ese porte altivo comienza a romperse.

"Lo siento, Shizuru, yo no quería incomodarte."

"Entonces, ¿por qué desestabilizarme? Sabes muy bien que esto es demasiado para mí."

"Yo… solo quería…" mi mente comienza a pensar, no la pierdas, no la pierdas…

"¿Tú querías qué?" Las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas, estropeando el poco maquillaje que tenía.

"Despedirme de ti", es mejor como amiga… como amiga…es el único mantra que escuchaba en mi mente.

"Pudiste haber enviado una carta, una llamada, un regalo, como las demás personas. No sabes lo mal que me pone tu presencia" no era un grito como esperaba, al contrario era una queja, si eso era, un reclamo a mi cobardía.

No puedo observarla así. Quiero abrazarla, quiero correr de ahí. Me levanto para dirigirme a la entrada, pero me detienes y me abrazas por la espalda, aferrándote a mí... como yo quisiera aferrarme a ella. Quisiera decir que soy una tonta, que no quiero perderla, pero mis palabras no salen y su llanto se convierte en un sollozo, un lamento doloroso. El nudo en mi garganta se vuelve más pesado, mis manos tiemblan de impotencia, pero ella se detiene.

"Lo entiendo", me dice muy despacio. Sus ojos poco hinchados se componen, sus facciones se endurecen de nuevo y sonríe. Esa mirada y sonrisa pueden engañarme por un momento.

"¿Qué entiendes?" Me atrevo a decir.

"Que solo has venido a despedirme." Su voz sonaba como un quejido.

Me pasas, por un lado, arreglas tu vestido y tomas la perilla de aquella puerta dorada. Me miras unos momentos y solo partes de ahí, no sin antes decir; "Nos vemos, Nat-su-ki."

Me muerdo para no gritar. Se cierra esa puerta, ella se ha ido. Mis lágrimas comienzan a aflorar. ¿Por qué no puedo? ¿Por qué no corro hacia ella y le digo que no se case, que esto es un error, que debo ser yo quien la lleve a ese altar? ¿Por qué me quedo aquí como un pedazo de ladrillo sin poder moverme?

Pero ella se ha marchado. ¿Se ha cerrado el círculo? ¿O será como ella dijo, no puedes cerrar algo que nunca abriste?

Gracias por leerme!