Disclaimer: Los personajes de Fairy Tail le pertenecen a Hiro Mashima
Todo sea por las nupcias
Uno - Demasiadas sorpresas por hoy
Viernes 12 de Diciembre, 2023 - Elmina
El desbordante calor entraba por las lumbreras de su alcoba en lo que busca un poco de aire. La mañana es movida y la empieza revisando su correo electrónico, como siempre. Entrecierra sus ojos al ver un nombre conocido entre los remitentes, había recibido un mensaje de unas de sus mejores amigas.
Lo lee en voz baja mientras va bajando, despacio, tratando de asemejar todo.
…..
¡Hola, Lu!
¿Cómo te ha tratado la vida allá en el extranjero? ¡Te he echado mucho de menos!
Entiendo que no hablemos tanto como antes porque te ha tocado difícil con tus estudios, pero me enteré de que ya te has titulado y quería felicitarte por ello, me siento muy orgullosa de ti, amiga. Además quería aprovechar esta carta para contarte algo muy importante para mí y que no te lo he podido comunicar antes ¡Me voy a casar!
Y necesito que tú estés a mi lado, ¿es mucho pedir?, si no me respondes iré a Londres a buscarte…
Te adora, Levy McGarden.
…
Al terminar de leer, la mujer se alegra por inercia. La noticia la había puesto de muy buen humor. Levy era una muy buena amiga y ella merecía lo mejor del mundo. Tenía toda la razón, por temas de sus estudios hacer vida social se le había hecho casi imposible y eso que ella jamás fue una chica del todo sociable. Se mira al espejo y aprecia en lo que se ha convertido hoy en día; alguien hermosa, segura de sí misma, con carácter y con mucho éxito.
―Muy bien, Lucy Heartfilia ―se dice a sí misma―, creo que ya es tiempo de dar un paseo por tus tierras.
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Días después
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Dejando a una familia conforme, amigos y su gran cadena de logros en Giltena, Lucy llega a su país natal en la madrugada. Ronda por los pasillos del aeropuerto reconociendo todo y eso le embriagaba, echaba de menos las excentricidades de su pasado.
Levy espera por ella en la salida. Se abrazan con ímpetu y sollozan con algo de exageración.
―¡Qué alegría que estés de regreso! ―apretuja a Heartfilia con fuerza―. Tengo tantas cosas que contarte.
―Ya tendremos tiempo para eso. Me pienso quedar hasta que te cases y para eso falta ―le guiña un ojo― ¿No es mucha molestia que me quede en tu casa unos días?, hasta encontrar algo. Mi padre no quiere que me aloje en un hotel, desea que consiga un departamento y que luego lo alquile. Ya sabes, su don de negociante no se detiene. ―señala en un tono bromista.
―¡Claro que no molestas!, mi familia muere por verte y será genial tener muchas noches de chicas ―toma a Lucy por el brazo y la lleva consigo hacia su auto―. No perdamos más el tiempo, nos están esperando con mucha comida.
En lo que la rubia era "secuestrada" observa indiscretamente el lustroso anillo en el dedo de su amiga. De seguro el futuro novio era un chico de bien, familia pudiente, trabajo estable o posible empresario. De ninguna otra forma podría haber comprado algo tan oneroso.
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―¡Sorpresa! ―se auscultó de variadas voces en toda la casa McGarden.
Levy, su familia y amigos de ambas habían organizado una fiesta de bienvenida para Heartfilia. Globos en el techo, comida por doquier, trozos de papel colorido lanzado por los alrededores y un ambiente más que agradable.
―¡Lucy, estás tan bella! ―Erza Scarlet, una pelirroja de contextura delgada, estilo refinado y de carácter destacable la observa de arriba hasta abajo con maravilla. Siempre se llevaron muy bien durante la época escolar, Scarlet mantuvo su puesto de presidenta del consejo estudiantil todos los años y era la defensora número uno de las mujeres. Jellal Fernandes, su novio, también la saluda. El chico siempre mantuvo su popularidad en la escuela y no tan solo por lo apuesto que era sino por su increíble madurez.
―Es verdad, te ves muy linda. ―Juvia Loxar, igualmente amiga de Lucy en la escuela. Chica tímida, de gustos extraños pero con un gran corazón.
El grupo se reúne otra vez y todos los recuerdos solazados caen luego en una conversación. Por primera vez, Lucy sentía cargo de conciencia por haberse hecho tan ajena a ello.
―Hablando de eso, ¿te han dicho que habrá una reunión de la clase? ―la pregunta de Erza pone frenética a la chica de Londres.
―No, no tenía idea. ―se hace la desentendida en lo que planea una excusa para no ir.
―Es este sábado en la casa de Orland, ¿la recuerdas? ―comenta Juvia con no mucha gracia. A ella tampoco le agradaba el apellido.
―Cómo olvidarla, fue una verdadera arpía conmigo…
Lucy intenta no doblegarse con eso, pero recordar la burlesca cara de la chica de nombre Minerva le causaba náuseas. Otras de las causas por las que no extrañó irse de esa escuela.
―De todas formas deberías ir, Lu ―Levy se integra a la charla―. Quiero que estés ahí porque significa algo muy importante para mí.
―¿Es importante para ti que me vea con tanto hipócrita?
Ella niega con la cabeza.
―No es eso, pero me encantaría que esos hipócritas como les dices te vean y se traguen todas sus palabras, ¿no te intriga ver la cara de Minerva? ―el resto de la casa asintió a favor de McGarden.
El leve discurso de su amiga parece descabellado y hasta incluso egoísta, pero si se le ve desde otro punto hasta tenía sentido. Lucy tenía la oportunidad de demostrarles a las personas que la juzgaron su gran cambio y cómo ha progresado. Negar que la idea le daba un gusto dulce no sería algo honesto.
―Detesto que tengan razón. Pero sí, es hora de enfrentar todo eso.
Y la misión de callar bocas estaba por comenzar.
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Llegó el día de la reunión, Erza y Jellal pasaron por Lucy a las ocho de la noche. Puntuales y sin prisa llegaron al poco anhelado lugar, la mansión Orland era extensa con toques de arquitectura griega, una de las razones por las cuales la propietaria tenía un ego más magno que su casa. Se bajan del auto estacionado y caminan hacia la entrada, no tardan en atenderlos unos empleados que los guían a la sala donde provenía la música moderna. El código de vestimenta era ni tan formal ni tan corriente, la idea era mostrar qué tan bien les había ido desde la graduación y todos querían aparentar algo positivo. De momento en que los tres allegados ingresan reciben las miradas de todos, Lucy agacha la cabeza tratando de esquivarlas pero eran demasiadas.
―Es la presidenta, Erza Scarlet y Jellal Fernandes, qué hermosa pareja hacen. ―escuchan murmullos.
―Pero, ¿quién es la rubia que los acompaña?
La pregunta se veía venir. Desde el último día en que Lucy asistió a la escuela Fairy Tail hasta ahora ha tenido un montón de cambios. Demasiados. No le sorprendía el hecho de que no la reconocieran, es más, la idea incluso le agradaba.
―Es hermosa. ―se desataron comentarios masculinos por todos lados referentes a la notable belleza de Heartfilia.
Lucy respira profundo tomando de buena manera los cumplidos. Podría ser que el haber venido no fuera tan mala idea. Esto puede significar un nuevo comienzo para ella y así al fin dar por terminada esa oscura etapa en la que…
―No lo puedo creer, ¿tontafilia?
Y nuevamente se había equivocado. La anfitriona Minerva Orland aparecía para saludar a los invitados.
La mencionada siente una fría ventisca pasar por su espalda.
―Veo que no has cambiado nada, sigues igual de inmadura. ―en defensa de su amiga, Erza le responde no en muy buenos térmicos.
―Oh, creo que estás siendo descortés con la dueña de casa.
―Déjalo, Erza ―Lucy interrumpe―. Eso para mí ya no importa, ahora soy otra y no dejaré que nadie se vuelva a reír de mí nunca más. ―apunta a Minerva con amenaza.
―Esto se ha puesto divertido. ―sonríe con ironía.
―¿Sabes qué es divertido?, el hecho de que sigues siendo una horrible persona y solo por ese motivo, te lo diré: amiga, traes papel higiénico en el zapato. ―responde Lucy, apuntando los pies de la anfitriona.
Todos los presentes se parten de la risa mientras Minerva se percata de su chascarro. De la multitud aparece Levy que le exige a su mejor amiga que choquen los cinco por esa coartada perfecta.
―Se lo merecía ―Levy le guiño el ojo.
―Tenías razón, debí enfrentarlos desde el principio.
La fiesta siguió. Con el pasar de los minutos cada vez se acercaban más excompañeros a Lucy, curiosos por saber por qué cambió tanto y qué era de su vida actual. De un momento a otro ella se había convertido en la verdadera anfitriona y quien se robaba las miradas del mundo entero, situación que le dio más que coraje a Orland, pues había perdido todo el protagonismo gracias a su peor enemiga.
Lucy y sus amigos bailaron un buen rato, sin dejar de lado que unos cuantos chicos la sacaron a bailar esperando tener algo más con ella, pero la chica no era fácil de llevar. Ya algo sedientos se acercaron a la mesa de los bebestibles y empezaron a hablar más calmados sobre las cosas que habían hecho en el tiempo que no se habían visto.
―Y así fue cómo le pedí a Erza que fuera mi novia. ―concluyó Jellal con las mejillas rojas.
―Eso fue muy romántico ―Lucy cierra sus ojos imaginando que algún día ella correría con la misma suerte―. Por cierto ―observa a Levy―…aún no me has contado nada sobre tu futuro esposo, ¿cuándo me lo vas a presentar?
La reacción de Levy es inmediata, pues la respuesta la tenía en la punta de la lengua. Es imposible para ella dejar de lado la ilusión que le hacía presentarle a su chico.
―Acaba de llegar. ―anuncia manteniendo la vista hacia la entrada.
Los cuchicheos aumentaban a paso de lo que un grupo de chicos ingresaba a la fiesta, con tan solo ver unos pelos oscuros alborotados la cara de Lucy se desfiguró por completo. Le rezaba a todos los dioses porque lo que estaba viendo no fuera verdad.
―Es evidente que ya se conocen ―se coloca en medio de ambos―. Gajeel Redfox, Lucy Heartfilia. ―los presenta.
―¿Lucy Heartfilia?, guau, estás…diferente. ―inesperadamente la reacción del muchacho fue agradable. Aunque en la manera como lo recordaba ella era todo lo contrario a lo que estaba viendo.
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…
Tiempo atrás
…
Fairy Tail School, Magnolia.
Por el corredor de la escuela se paseaba una joven de coletas rubias, delgada y no de apariencia muy llamativa para el resto. Con tal de obtener las mejores calificaciones y ser el orgullo de sus padres ella quedaba satisfecha, por ende el tiempo de hacer amistades era diminuto. Para su suerte Levy McGarden siempre fue una chica leal y comprensiva con ella, alguien que jamás la dejó sola y se transformó en aquella dura época en su mejor amiga. Comían todos los días, estudiaban y se sentaban juntas en clases. Levy era más baja que ella y mucho más retraída, no era para nada popular y su gran pasatiempo era leer.
―Te lo juro, tengo todas las obras de Austen en mi biblioteca personal. ―señala Levy con una sonrisa, no había nada mejor que hablar de las cosas que le gustan.
―De verdad, adoro que estés obsesionada con la literatura británica.
Se ríen en complicidad para luego ser interrumpidas.
―Oh, ¿qué tenemos aquí?, el dúo más nerd de la escuela…―Gajeel Redfox, quien en ese entonces pertenecía a un grupo no muy amigable. Su cuerpo adornado con aretes de metal y tatuajes, una mirada letal y un carácter del demonio lo caracterizaban.
―Otra vez hablando de libros, qué aburrido ―su desagradable e indeseable voz se hacía notar nuevamente hacia ella, el demonio número uno al cual ella deseaba exterminar en sus sueños y fantasías. La persona más despreciable que había conocido en su corta vida y a quien no deseaba ver ni en las pinturas; Natsu Dragneel.
Las muchachas solían ignorarlos, pues iniciar una discusión con ellos era una batalla perdida, sumando que más de la mitad de la clase se burla y se ríe de las tonterías de ellos.
Toman sus lugares y se acomodan, no les quedaba de otra. Pasar de largo y no entrar al salón era equivalente a perderse las clases, inaceptable.
―¿Qué pasa, rubia? ―Natsu se apoya en la mesa de Lucy para llamar su atención, esta se sobresalta y deja caer uno de sus libros al piso.
Alterada se agacha para recoger una pequeña foto que cayó por el desliz, pero en lo que su mirada es más que obvia él se adelanta y obtiene el premio sosteniéndolo con sus dedos.
―¿Buscabas esto? ―la gira y se ve la fotografía de Gray Fullbuster, moreno, alto e increíblemente popular entre las chicas. Inclusive el abusivo se impacta por lo que ve. ―. Con que te gusta mi amigo…
―¡E-Espera! ¡No digas nada, por favor! ―le suplica estirando sus brazos como si en uno de esos intentos lograra quitarle la fotografía, pero era imposible, él era mucho más alto que ella. Estaba tan desesperada que luego se da cuenta cómo todos observan la escena.
―¿Eh? ¿Qué no diga que te gusta Gray Fullbuster? ¿Eso quieres? ―grita con maldad como si no escuchara.
―¿De qué están hablando?
Gray entra al salón, sin comprender por qué habían pronunciado su nombre.
―Oye Gray, adivina quién está enamorada de ti…―comienza a reír y junto a él parte el concierto de burlas.
Todo ocurre dentro de un mismo escenario. Lucy solo ve caras burlescas, escucha risas y observa dedos apuntándola. Levy se ve diminuta tratando de parar todo, ni Erza ni Jellal están, Juvia tampoco. Estaba sola.
Su mirada se encuentra con Gray, él la esquiva y mira hacia el suelo como si estuviera avergonzado. Se sentía tan mal que solo deseaba tirarse por la ventana más cercana y huir de todo.
¿Pero qué ganaría?
Sus ojos se llenan de lágrimas, por primera vez, parecía que las burlas de Natsu habían cumplido su cometido; destruirle la vida. En lo que huye del suplicio le arranca con brutalidad la foto de las manos gritando lo mucho que lo odiaba.
Y juró, que nunca más permitiría que Natsu Dragneel se riera de ella. Desde aquel instante se comprometió a cambiar…
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…
De regreso al presente
…
―Oye, Lucy ―Gajeel interrumpe su tormentoso recuerdo, por cómo luce se ve realmente arrepentido―. ¿Sabes?, creo que fui muy, muy idiota contigo en el pasado, éramos unos niños, no me justifico, pero de verdad lo siento.
Ella parpadea como si despertara de una pesadilla, ¿acaso le estaba pidiendo disculpas?
Sí, y eran más que sinceras. Aunque Lucy no pensara lo mismo.
―¿Es en serio, Levy? ―reacciona hacia su amiga y la toma por los hombros― ¿Qué clase de broma pesada es esta?, dime ya.
―No es ninguna broma, Gajeel es diferente ahora y nos amamos.
―¡Pero él te molestaba cuando éramos compañeros! ―exclama con indignación―, nos ponía sobrenombres y nos escondía nuestras cosas, ¿recuerdas cuando te ocultó tu libro favorito?
El semblante de Levy se torna triste. Había sido demasiado ingenua al creer que Lucy podría entenderlo de inmediato, le estaba pidiendo más que demasiado, era casi imposible. Pero lo que decía Gajeel no podía ser más cierto, él cambió y fue gracias al amor. Además, no es indiferente el factor de que maduró un poco.
―Jamás te pediría que olvides todo, ni que me trates bien, pero lo único que te pido es que nos brindes tu apoyo para este compromiso, Levy estará muy feliz con eso. ―toma de la mano a su prometida.
―¿Por qué les importa tanto mi consentimiento? ¡Si se van a casar de todas formas!
―Eso es porque...―Levy suspira antes de soltar la verdad―… Quiero que seas mi madrina de bodas.
Y la sorpresa ahora no era solamente que su mejor amiga se iba a casar con un abusón de la primaria, sino que también tendría que ser la madrina y alabar como quien aprueba su unión el esperado evento, de gran sonrisa y tirando arroz.
―Creo que ya caí lo suficiente en su broma, ¿dónde están las cámaras? ―mira para todos lados―. Ya no me causa gracia todo esto.
―Lucy, eres mi amiga y lo que más deseo es que aceptes ser mi madrina. Hazlo por nuestra amistad, por los años de confidencia, por la lealtad…
―Qué sucio juegas, Levy McGarden.
La prometida ahoga una carcajada, su cometido estaba por cumplirse.
―Demonios, eres buena en esto, acepto.
―¡Genial! ―Gajeel y Levy le dan un gran apretón dejándola con escaso oxígeno.
―Les agradecería que me dejen vivir hasta ese día.
―Muchas gracias, Lucy. Te prometo que te haré cambiar de parecer sobre mí ―insiste Gajeel.
―Am, por cierto…
La disuadida intervención de Levy alarmó la breve tranquilidad en el pecho de la nueva madrina de bodas.
―¿Hay algo más que quieres decir?, este es el momento.
―En efecto…―hace una seña hacia un grupo de chicos para que se acerquen―… Quiero que conozcas al padrino.
―¿Padrino? ―Lucy no pudo evitar pensar en la novela de Mario Puzo.
Sus ideas ensamblaban al dar conciencia de que en una boda siempre estaban los padrinos, generalmente compraban la torta o se encargaban casi del cincuenta por ciento de la organización, dependía de la costumbre de cada pareja. Era de suponer que no cargaría sola con tanta tarea.
En lo que el grupo de jóvenes se une solo puede enfocarse en una sola persona, alguien que la hace recordar sobre el primer amor; Gray Fullbuster. Este la observa sin reconocerla de un principio, su mirada es tan fugaz que pareciera que no está interesado en lo absoluto en saber quién es y por qué no recuerda ese rostro.
―Lu, te presento al padrino de bodas. ―Levy coloca una mano en los hombros de su amiga para despertarla.
La imagen de Gray se destruye en mil pedazos, desvaneciéndose entre la amargura de lo que ahora se posaba en sus ojos. Ver ese cabello rosa y revoloteado hizo que le diera un gran escalofrío. Retrocede unos cuantos pasos y no pestañea por nada en el mundo. El hombre viste una camisa y pantalón de tela, un estilo acorde al tipo de evento, mantiene su altura e incluso parece haber crecido más. Sus verdes ojos grandes y puntiagudos se hunden en ella, reflejando lo que hoy en día se ha transformado.
―¿Lu? ―pregunta él, inquieto― ¿No serás Lucy? ¿Lucy Heartfilia?
Impactada de oír su apellido bien pronunciado por su némesis, omite las palabras. A su salvación, Levy intercepta.
―Así es, las cosas han cambiado y mi amiga junto a ti serán nuestros padrinos de boda.
―Oh diablos…―Natsu vuelve a poner su atención en Lucy, ¿en qué momento cambió tanto?
Se dio el atrevimiento de analizarla desde sus emprendidos tacones rojos que le daban una postura más sensual y estilizaba sus piernas, largas y torneadas, traga saliva. Contempla sus formadas caderas que se ciñen más gracias al color del vestido en juego con sus zapatos, llega hasta el escote y recuerda por qué en la clase de natación los chicos la observaban tanto. Su figura no había cambiado en absoluto, la diferencia es que ahora la lucía con jactancia. Luchó contra sus emociones para no poner cara de bobo al ver el rubio cabello tocar desde sus hombros hasta mitad de sus delgados brazos, evitó su cuello y pasó de largo por sus labios rosados hasta sus ojos que no decían nada bueno: ella recordaba todo y lo odiaba.
―Bueno, supongo que no tenemos remedio y tendremos que organizarnos para ser los mejores padrinos. ―haciendo uso de sus poderes persuasivos y sensualidad nata intenta llevarse bien con ella. De todas formas habían pasado muchos años y era hora de que hicieran un tipo de tregua. ¿Quién podría resistirse a los encantos de Natsu Dragneel?
Por primera vez sus técnicas no dan resultado. Un aura demoniaca rodea la sombra de la chica que en el pasado era solo un cordero inofensivo.
―Que te quede claro, haré esto solo por mi amiga Levy…―hace crujir sus dedos―… Pero si me entero de que tú y tu amiguito están planeando algo para arruinarle la vida te prometo que yo misma te destruyo la tuya.
Y así fue, suficiente para que Natsu fuera quien retrocediera esta vez.
Ahora el lobo se transforma en la víctima de la oveja.
Continuará…
