・ | Notas |・


- Seddie.

- Temporada 3.

- Lamento la demora en publicar este capítulo. Tenía las ideas, pero me costaba escribirlas. Sin embargo, está listo y estoy feliz con el resultado, a pesar de que es más simple de lo que había imaginado. Espero que también les guste, porque el Seddie en este capítulo va a estar por los aires.

- Recomiendo escuchar alguna de estas canciones mientras leen, ya que fui escribiendo todo mientras las oía: Sometimes (Britney Spears), Aquí/So close (Encantada), So close (Jennette McCurdy), Just a cloud away (Pharrell Williams), There's nothing holdin' me back (Shawn Mendes), Suerte/ Whenever, Wherever (Shakira), Hello Hello (Elton John), Don't go breaking my heart (Elton John), Your Song (Rita Ora), You're the one that I want (Grease). Escojan cualquiera de ellas si quieren, pero recomiendo mucho Sometimes, So close (ambas canciones), Your song y You're the one that I want.

¡Disfruten la lectura y bendiciones! ૮₍˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ₎ა・


・| ✦ʚ 3 ɞ✦ |・


.
✧[ - iThink I like you -]✧
.

Después de aquel día, Freddie se sentía frustrado al no poder entablar una conversación con Sam. No era por falta de voluntad por su parte, sino porque siempre parecía que algo se interponía en su camino. Ya fuera en casa, en la escuela, en el estudio, en los Licuados Locos, en cualquiera de esos lugares, siempre había alguien que los interrumpía.

Por un lado, esto tenía su lado positivo, ya que Freddie disponía de más tiempo para reflexionar sobre la situación y sus sentimientos hacia Sam. Después de darle vueltas, llegó a la conclusión de que no quería ser simplemente "el amigo" de Sam, quería salir con ella. Sam era impresionante en muchos aspectos: era fuerte, hermosa, divertida y, al parecer, cariñosa cuando se trataba de amor. Aunque no habían abordado el tema formalmente, cuando estaban a solas, ella mostraba una faceta menos ruda y más cariñosa con él. Freddie anhelaba descubrir más de ese lado suave de ella; quería verla sonreír y disfrutar de sus discusiones tontas, pero solo por diversión y no por "odio mutuo".

Sin embargo, Freddie también era consciente de que las discusiones podrían afectar negativamente su relación, especialmente porque ambos tendían a ser muy orgullosos al momento de disculparse, y muchas veces terminaban dependiendo de Carly para arreglarse. Por lo tanto, sabía que era importante tener una conversación sincera con Sam y establecer acuerdos para que ambos pudieran tener una relación saludable. Pero claro, todo esto era más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando ambos eran constantemente interrumpidos.

Freddie suspiró y dejó a un lado las tareas que se suponía que debía estar haciendo en lugar de pensar en Sam otra vez. Miró los DVDs de Galaxy Wars con cansancio; quizás ver una película o dos de su saga favorita le ayudaría a despejar la mente y relajarse un poco.


La mañana siguiente, después de haberse sumergido en varias películas durante toda la noche y haber completado su tarea más o menos a medias, Freddie lamentaba su decisión. No porque las películas le hubieran aburrido después de verlas de nuevo, sino porque había terminado desvelándose y ahora se sentía tan energético como un perezoso. Ni siquiera había sonado la campana para la primera clase y ya sentía que se estaba desmayando de cansancio.

Después de recoger lo necesario de su casillero, Freddie se encaminó hacia donde estaba Carly para saludarla, más por costumbre que por deseo genuino. No estaba de humor para conversar con nadie (excepto Sam, quizás).

—Hola—saludó secamente, apoyándose en la pared.

—Hola a ti también, Freddie—respondió Carly con energía mientras buscaba algo en su casillero. Una vez guardó lo que necesitaba en su mochila, observó cómo su amigo parecía desfallecer de cansancio contra la pared—. Vaya, te ves muy... animado en este momento.

—Ja, ja. Muy graciosa—se quejó Freddie, sonriendo con sarcasmo.

—Relájate. Solo era un chiste—replicó ella con ligereza—. Pero ya hablando en serio, ¿ocurrió algo? ¿No pudiste dormir?

—No podía dejar de pensar en algo, así que no me pude concentrar en hacer mi tarea. Entonces, decidí ver una o dos películas de Galaxy War, luego vi otra más y terminé haciendo mi tarea a las cuatro de la mañana. Apenas dormí una hora y media.

—Eso es muy saludable y ejemplar de tu parte.

—Carly...

—Perdón, estuve con Sam todo el día ayer y creo que su sarcasmo se me está pegando. De todas maneras, dejando de lado las películas, ¿en qué estabas pensando que no te dejaba concentrarte? —Ante su propia pregunta, Carly sonrió y le dio un golpe amistoso en el hombro—. O mejor dicho, ¿en quién estabas pensando?

—En nadie. Solo tenía algunas preguntas existenciales.

Y no mentía del todo. Mientras pensaba en Sam, se había planteado muchas cosas, como qué le diría a su madre si empezara a salir con ella. Sabía que si le contaba, su madre probablemente se volvería loca y trataría de evitar que se vieran. Tal vez ante esto, ambos decidan salir en secreto como si fueran Romeo y Julieta..., pero sin toda la parte de la muerte, obvio.

—Sí, claro. ¿Y se puede saber por qué esas "preguntas existenciales" te hacen sonreír así?

Freddie parpadeó un par de veces, como si regresara de un lugar lejano.

—Perdona, ¿dijiste algo?

—¿Ves? Ni siquiera prestas atención por esas "preguntas existenciales"—señaló Carly con una sonrisa victoriosa—. Así que dime, ¿quién es la chica que te tiene tan distraído?

—Ya te dije que no es así—insistió Freddie, pensando en un tema para desviar la conversación—. Como sea, ¿podrías prestarme tu tarea de matemáticas? Necesito comprobar que no hice un desastre del todo anoche.

Carly suspiró, poniendo ambas manos en sus caderas y mirando a Freddie como una madre que sabe que su hijo ha hecho algo aunque no lo admitan.

—Muy bien. Puedes seguir haciéndote el misterioso todo lo que quieras, pero tarde o temprano me voy a enterar de quién es tu chica misteriosa.

—¿Qué chica misteriosa? —preguntó Sam, quien recién llegaba mientras tomaba un trozo de salami frito de un plato. Dio un mordisco antes de ofrecerles los otros trozos de salami—. ¿Salami?

«Hablando de la princesa», pensó Freddie, feliz por ver a la dueña de sus pensamientos de nuevo. Sintiendo las mariposas revolotear en su estómago, Freddie asintió ante su oferta y tomó una rebanada de salami del plato.

—Gracias, Princesa Puckett.

Sam le devolvió la sonrisa, quizás recordando la situación similar en la que estuvieron frente al casillero 239. Mientras tanto, Carly tomó un trozo de salami sin prestar atención al apodo de Freddie ni al inusualmente alegre semblante de Sam esa mañana.

—Pues resulta que a Freddie le gusta una chica y no quiere decirme quién es. Por eso es misteriosa—explicó Carly antes de comerse el salami, sacándolos a ambos de su burbuja.

—Uy, ¡el bebé de mami Benson está enamorado! —exclamó Sam, pellizcando la mejilla de Freddie como si fuera un bebé.

—Uno, no soy un bebé, y dos, yo jamás dije que estaba enamorado—se quejó Freddie, apartando su mano grasosa—. Solo dije que no podía dormir porque estuve pensando mucho en algo, y ella sacó la conclusión de que ese "algo" es un "alguien".

—¿Y me vas a decir que no es así? Solo tienes que mirarte en el espejo, tienes cara de que te gusta alguien—insistió Carly, con un tono juguetón, tomando a Sam de un brazo para que estuviera frente a Freddie—. ¿Verdad que tiene cara de que le gusta alguien, Sam?

Freddie estuvo a punto de soltar una risa por la ironía de la situación, pero se contuvo y le dedicó una ceja alzada a Sam, quien también intentaba disimular su sonrisa comiendo más salami.

—¿Y bien? —preguntó Carly, con un brillo travieso en los ojos.

—Efectivamente, tiene cara de idiota.

—¡Sam!

—De un idiota al que le gusta alguien—concluyó Sam, rodando los ojos ante la insistencia de su amiga.

—¿Ves? Ella también lo piensa.

—Porque la obligaste—señaló Freddie con una sonrisa burlona.

—Porque me obligaste—dijo Sam al mismo tiempo, terminándose el último pedazo de salami antes de arrojar el plato de plástico al contenedor de basura más cercano

Al ver que Sam se limpiaba las manos en el pantalón, Freddie sacó unas toallitas húmedas de su mochila y se las ofreció. Sam se limpió las manos y la cara con la toalla antes de doblarla y meterla en la mochila de Freddie.

—¿Por qué? —le preguntó Freddie, como si no creyera que ella fuera real. Sam se encogió de hombros y le sonrió con picardía.

—Era el basurero más cercano que había—comentó Sam con naturalidad, como si fuera una explicación totalmente válida.

Freddie quiso regañarla de alguna manera, pero se quedó sin palabras y acabó mirando hacia Carly, mientras señalaba a Sam con una sonrisa incrédula.

—¿Puedes creerla? Intento ser amable y mira cómo me agradece.

—Me extrañaría si fuera de otra manera—se rio Carly.

—Gracias, me siento halagada—dijo Sam con una sonrisa, sacando una bolsa de papas de su casillero para volver a comer.

—De nada, pero volviendo al tema—comenzó Carly, retomando el hilo de la conversación—. ¿Estuviste pensando en alguien o hay algo que te preocupa?

Freddie suspiró ante la pregunta y se recostó contra la pared de nuevo, cerrando los ojos brevemente por el cansancio. Gracias a la charla con Sam, se sentía un poco más despierto. Así que, con esa nueva energía, pensó con claridad en lo que iba a decir.

—Sí. Anoche me distraje porque estuve pensando en una chica—admitió Freddie con los ojos cerrados.

—¡Lo sabía! —exclamó Carly, siendo escuchada por casi medio pasillo. Carly se disculpó en voz baja antes de dirigirse a Freddie, quien todavía tenía los ojos cerrados. Sabía que si los abría, iba a mirar a Sam con ojos de perrito y no quería hacer notar sus sentimientos en público hasta haber hablado con ella al respecto. Al menos no tanto—. ¿Y? ¿Quién es la afortunada que te hace perder el sueño? ¿Va a nuestra escuela? ¿La conocemos?

—Algo así.

—¿Y por qué tanto misterio, entonces? —preguntó Sam, comiendo otra papa—. ¿Acaso es una chica mala y te da vergüenza decirlo?

Freddie dejó escapar un suspiro antes de abrir los ojos y encontrarse con la mirada divertida de Sam.

—No, no me da vergüenza.

—Espera, ¿sí es una chica mala? —se sorprendió Carly.

—No, no lo es… del todo. —explicó Freddie, buscando las palabras adecuadas para describirla—. Ella no es mala en sí, a veces puede ser maliciosa y jugar bromas pesadas, pero no es ese tipo de 'chica mala'. Además, siempre estará ahí para ti cuando la necesites como amiga. Es simplemente…—se interrumpió un instante, relamiéndose los labios secos mientras se ruborizaba al darse cuenta de que prácticamente estaba confesando sus sentimientos a Sam—, increíble. Sí, ella es increíble.

Carly soltó un largo 'Aw' y dio un brinquito, contagiada por el discurso tierno de su amigo. Mientras tanto, Sam miró a Freddie con la misma expresión feliz y tonta que él tenía, aunque ese detalle pasó desapercibido para Carly.

—Eso fue muy lindo, Freddie—dijo Carly con una sonrisa cálida.

—Y demasiado cursi. Cuidado con eso, no vaya a ser que la pobre chica ruda se desmaye por tanta palabrería—añadió Sam con su característico sarcasmo. Antes de que él o Carly pudieran decir algo más, el timbre sonó, marcando el inicio de la primera clase.

—Bueno, esa es nuestra señal—dijo Carly—. Será mejor que vayamos a clase antes de que la señorita Briggs empiece a gritarnos en el oído.

—Hoy podemos tomarnos nuestro tiempo, una fuente confiable me dijo que no iba a venir hoy—contó Sam.

—Excelente. ¿Vamos juntos? —sugirió Carly.

—Mejor adelántate, nosotros tenemos clases juntos—comentó Freddie, con una mirada cómplice hacia Sam.

—Está bien, los veo luego.

Despidiéndose brevemente de Carly, ambos intercambiaron una mirada cómplice mientras se dirigían a su clase, caminando un poco más lento que el resto de los estudiantes hasta que ambos quedaron solos en el pasillo.

—Se siente mucha paz cuando la señorita Briggs no está aquí—murmuró Freddie.

—Eso es verdad—coincidió Sam, comiendo otra papa de la bolsa—. ¿Quieres dar una vuelta antes de ir a clases? Ya sabes, para saborear un poco de libertad.

—Entonces llegaríamos tarde a clases.

—También escuché que el maestro de la primera hora no vendría, y no me mires así, Freddie. No estoy mintiendo, lo prometo—se adelantó, enlazando su meñique con el de él para enfatizar sus palabras.

—¿Y se puede saber cómo es que obtienes esa información?

—Te lo diría con gusto, pero es confidencial—explicó Sam, arrugando la bolsa ya vacía para meterla en su propia mochila, pero Freddie la detuvo y tomó la bolsa para arrojarla a un cesto de basura cercano.

—¿Se supone que eso debería de convencerme? —cuestionó Freddie, sacando otra toallita húmeda para dársela a Sam, quien esta vez sí la arrojó al cesto después de limpiarse.

—Pues sí. ¿Crees que me saltaría las clases cuando no es seguro? —Freddie la miró con escepticismo—. Está bien, si lo haría, pero no te preocupes esta vez. Mamá tiene todo bajo control.

Freddie dejó escapar un suspiro resignado.

—De acuerdo, confiaré en tu palabra esta vez, pero solo hablaremos unos minutos y luego iremos al aula. No quiero que nos regañe algún maestro.

—Entonces no perdamos más tiempo—exclamó Sam victoriosa, girándose para dirigirse de nuevo hacia su casillero.

—¿Por qué estamos dando la vuelta?

—Porque si alguien nos encuentra, podemos alegar que estábamos buscando unos libros en mi casillero. Casi siempre los olvido, así que no sería nada extraño.

—No es un mal plan, pero no creí que necesitarías uno para estas cosas.

—Uno de mis lemas es: 'Si vas a ser irresponsable, por lo menos hazlo bien', y quizás también deberías de empezar a pensar así considerando que ahora te gusta una chica mala.

—Ya lo dije antes, no es una chica mala—insistió Freddie, mirando a Sam con cariño—. Si traviesa y maliciosa, pero no mala.

—Pareces conocerla muy bien—susurró Sam, con una chispa de complicidad en los ojos—. Cuéntame, Fredward, ¿cómo es ella?

Freddie sonrió con suavidad, disfrutando del juego que estaban llevando a cabo. Sabía que Sam era perfectamente consciente de que estaban hablando de ella misma, pero había algo atractivo en seguir fingiendo que no era así… O quizás solo se sentía cada vez más embobado por sus ojos azules y sus labios rosados que parecían pedir un beso a gritos. Pero, de nuevo, ese podría ser simplemente él perdiendo la cabeza por su princesa.

—Como dije antes, ella es increíble—comenzó Freddie, buscando en su atontado cerebro palabras para poder expresar sus sentimientos antes de que alguien les interrumpiera—. Ella…es capaz de dejarme sin palabras aun cuando tengo un discurso ensayado sobre todo lo que quería decirle. Es rubia, tiene ojos hermosos, ama comer jamón y disfruta de hacerme perder la paciencia en mil y una formas distintas.

—Creo que está empezando a agradarme—dijo Sam entre risas.

—No me digas. Estoy seguro de que podrían ser amigas—bromeó Freddie—. En fin, es increíble, pero no es perfecta. A veces se enoja con facilidad, dice cosas que no debería sin pensarlo mucho, suele meterse y meterme en problemas, pero también es muy leal y muy, muy creativa. Te juro que en mi vida jamás había visto a alguien traer comida a la escuela de tantas formas distintas.

—Puedes tener por seguro de que jamás lo harás—confirmó Sam, jugando con la pulsera que tenía puesta—. Parece que ella te gusta mucho…

Justo cuando iba a añadir algo más, una de sus pulseras se deslizó de su muñeca y cayó al suelo. Sin vacilar, Freddie se inclinó rápidamente para recogerla. En un gesto instintivo, Sam hizo lo mismo, extendiendo su mano que terminó sobre la de Freddie. En ese breve contacto, ambos quedaron atrapados en la mirada del otro, como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor y nada más importara fuera de su burbuja.

—Ella… de verdad me gusta mucho—apenas pudo murmurar Freddie, completamente hipnotizado por sus ojos y sus labios. El mero pensamiento de que solo tenía que inclinarse un poco para cerrar la distancia entre ellos hizo que su corazón latiera más rápido, pero se contuvo. Primero necesitaba saber si ella correspondía sus sentimientos, así que decidió decirle sin más rodeos—. Me gustas mucho, Sam. Mucho más de lo que imaginaba.

Las mejillas de Sam se calentaron al escucharlo y su corazón también comenzó a latir con más rapidez al escuchar sus palabras. Ella también quería besarlo, quería decir que sí y olvidarse de todo lo demás, pero primero necesitaba saber algo más.

—¿Cómo te diste cuenta de eso? —preguntó Sam, acomodándose en el suelo para no perder el equilibrio—. Piénsalo bien. Hace una semana algo estábamos declarando lo mucho que no nos soportamos. Si por algún milagro ahora decidimos que nos gustamos y empezamos a salir, ¿qué te garantiza que no te arrepentirás luego de estar conmigo? ¿Cómo puedes estar tan seguro de que tus sentimientos han cambiado y que no es una ilusión de tu mente porque nos besamos? Y antes de que se te ocurra decirlo: no, no lo pregunto porque dude de tus sentimientos, sino porque realmente estoy interesada en la respuesta.

—¿Cómo sabías que iba a preguntar eso? Pareces conocerme muy bien—bromeó Freddie, riendo cuando Sam le dio un empujón en el hombro, aunque no tan fuerte como de costumbre—. Perdón, no pude evitarlo.

—Lo dije en serio, Freddie—le regañó Sam, intentando sonar molesta a pesar de que una sonrisa jugueteaba en sus labios.

—Lo sé y ahora te responderé en serio—sonrió, enlazando el meñique de la chica con el suyo—. La verdad es que durante esta semana estuve reflexionando mucho sobre mis sentimientos en un cuaderno. Me hice distintas preguntas con dudas parecidas y respondí cada una con honestidad. Una respuesta llevó a otra y me di cuenta de que simplemente quería estar a tu lado, ya sea como un amigo, como pareja, realmente no me importa. Solo quiero estar junto a ti, porque sé que mi vida no sería ni la mitad de emocionante si no estuvieras en ella.

Sam tragó y trató de mantener la compostura, aun con la garganta seca y sus ojos empezando a llenarse de lágrimas.

—¿Aun si te hago enojar? —preguntó con una sonrisa suave, odiando internamente lo débil que se oía su voz.

—Lo dices como si yo no te hiciera perder la paciencia a veces—respondió Freddie, envolviéndola en un abrazo reconfortante.

—Eso no responde mi pregunta, tontín—murmuró en su hombro, llorando en silencio cuando él le plantó un beso en la frente.

—Sí, aun si me haces enojar, quiero estar contigo. Tú lo vales, Sam. También sé que si decidimos estar "juntos-juntos", podremos ser una pareja sana si ambos ponemos nuestra parte—respondió Freddie, conteniendo un bostezo. La conversación lo mantenía despierto, pero el cansancio comenzaba a pesarle una vez más—. Así que ya no te preocupes tanto por eso, solo tenemos que aclarar unas cosas y… Oh, cielos. Claro que justo ahora se escuchan los pasos de alguien. Creo que se acerca un profesor.

—Debes estar bromeando—se quejó Sam, apartándose de Freddie para secarse las lágrimas con rapidez. Aclaró su garganta, esperando que su voz no suene tan quebrada—. Bien, tengo un plan rápido. ¿Te sientes cansado, verdad? Usaremos eso como excusa, así que tírate al suelo rápido y haz como que te desmayaste.

Sin esperar su afirmación, Sam lo tumbó en el suelo con todo el cuidado posible, disculpándose con el chico en voz baja. Freddie asintió y recostó su cabeza en el suelo, como si se hubiera desmayado del sueño. Cuando el profesor pasó, Sam empezó a darle palmaditas en la cara como si intentara despertarlo.

—Freddie, Freddie, por favor, despierta—pidió en voz alta, atrayendo la atención del que pasaba, quien resultó ser el director Franklin.

—¿Sam? ¿Freddie? ¿Qué está pasando aquí? —inquirió el director con preocupación.

—Es Freddie. Vinimos del salón para buscar algo en mi casillero, pero se desmayó de la nada.

—¿Qué? —El director se acercó para revisar al chico—. Se ve un poco pálido. ¿Sabes si desayunó antes de venir?

—No lo sé, pero creo que escuché a Carly decir que no había dormido bien anoche.

—Entonces, es posible que se haya desmayado por el cansancio—concluyó el director—. Oye, muchacho. ¿Puedes escucharnos?

Después de un minuto, Freddie parpadeó lentamente, asintiendo con la cabeza sin emitir palabra alguna.

—No parece estar tan mal, pero dudo que tenga fuerzas para ir solo a la enfermería—observó Franklin—. Tendremos que llevarlo entre los dos.

—No se preocupe por forzar su espalda, puedo cargarlo yo misma—respondió, preparándose para levantarlo como a un saco de papas, como de costumbre.

—Espera, Sam. Si lo llevas así, lo vas a marear más—le advirtió el director con preocupación.

—¿Lo llevo en mi espalda?

—Tampoco es una opción.

—¿Entonces cómo quiere que lo cargue...? Ah, ya. Lo tengo—se contestó así misma. Claro, ¿por qué no había pensado en eso antes?

Sin perder más tiempo, Sam envolvió los brazos de Freddie alrededor de su cuello y luego sostuvo sus piernas, llevándolo en sus brazos al estilo princesa. La cabeza de Freddie cayó tan naturalmente sobre su hombro que Sam dudaba que Freddie estuviera actuando y no durmiendo, pero eso era lo que menos le importaba en ese momento. De hecho, mientras se dirigían a la enfermería, aprovechó un momento de distracción del director para darle un beso rápido en la frente, provocando una sonrisa en Freddie entre sueños.

✧[ - -]✧

Contrario a lo que pensaba Sam, el director se dio cuenta de su gesto cariñoso hacia Freddie. También los había visto hablar desde una cámara de seguridad, pero como la interacción parecía positiva, decidió darles unos minutos antes de ir a regañarlos por saltarse la clase. Después de todo, aquellos dos habían estado discutiendo y bailando alrededor del otro durante demasiado tiempo. Un cambio en su relación no le haría daño a nadie.


Al despertar, lo primero que Freddie notó fue que no estaba en su habitación, sino en la enfermería, aunque no recordaba cómo había llegado allí. Se sentó con cuidado y parpadeó varias veces, como si eso pudiera ayudarlo a recordar. Mientras lo hacía, observó a su alrededor y se dio cuenta de que Sam estaba junto a él, en una camilla cercana, leyendo un libro que parecía ser de fantasía.

—Sam—llamó Freddie suavemente, sintiendo su garganta seca. Sam levantó la mirada del libro y lo miró con diversión.

—Oh, así que el bello durmiente finalmente decidió despertar—bromeó Sam, cerrando su libro y guardándolo en su mochila—. Justo cuando estaba pensando en despertarte con un beso, como en los cuentos de hadas.

Freddie, aún somnoliento, respondió con una sonrisa cansada—: Me siento un poco adormilado, así que todavía estás a tiempo de besar a este caballero de brillante armadura, Princesa.

Sam soltó una risa ligera.

—¿Con el aliento de dragón que debes tener ahora? Ni en sueños.

—Comprensible—sonrió Freddie, acomodándose en la camilla para hacerle espacio. Sam aceptó la invitación sin decir una palabra, colocándose frente a él.

—Hola—saludó Sam, con una sonrisa boba. Freddie correspondió con una sonrisa igualmente cálida, moviendo sus cejas.

—Hola para ti también—respondió, luchando contra el impulso de tomar su mano entre las suyas—. Entonces…

—Entonces…

—Necesito saber dos cosas. Una, ¿sabes dónde está mi mochila? Necesito tomar agua. Y dos, ¿qué fue lo que pasó mientras dormía?

—Uno, tu mochila está en aquella silla—respondió ella, levantándose para tomarla y entregársela a Freddie—. Y dos, lo que ocurrió fue que nuestro plan se desarrolló a la perfección.

—Uno, gracias—agradeció Freddie, tomando un sorbo de agua de su botella. Luego, se limpió la cara con una toallita húmeda para despertarse por completo—. Dos, ¿qué fue exactamente lo que salió a la perfección? No recuerdo bien lo que sucedió.

—Bueno, se suponía que debías fingir un desmayo para evitar ser regañado, pero al final te quedaste dormido y tuve que cargarte hasta aquí. —Freddie asintió mientras tomaba otro sorbo de agua, y Sam, sintiéndose traviesa, continuó—: Por cierto, no te cargué como un saco de papas, si eso es lo que estabas pensando. Te llevé en mis brazos al estilo nupcial frente al director, la enfermera y quizás algunos estudiantes que pasaban por ahí…

Sam esperaba que Freddie se atragantara un poco con el agua o que, al menos, dijera algo como "¿De verdad? ¡Qué vergüenza!", pero contrario a sus expectativas, Freddie sonrió con calidez mientras cerraba su botella.

—Mhm. Supongo que eso lo explica.

—¿Qué eso explica qué exactamente?

—El porqué me sentía tan seguro al principio—respondió Freddie con suavidad, su mirada brillando con un matiz especial al encontrarse con la de Sam.

Aunque no estaba tomando nada, Sam casi se atraganta con su propia saliva al escuchar eso. Al instante, los murciélagos en su estómago comenzaron a aletear de nuevo, despertando aquellos sentimientos que él estaba avivando en ella recientemente.

—¿Seguro? Ay, pero qué tonterías estás diciendo, nerd—dijo con una risita nerviosa—. ¿Estás seguro de qué dormiste bien hace un rato? La falta de sueño hace a la gente decir cosas raras, ¿sabes?

—Sé que suena muy tonto, pero no lo digo por falta de sueño, sino porque es verdad—confesó Freddie, tomando el meñique de ella con el suyo para demostrar que hablaba con sinceridad—. Cuando empecé a quedarme dormido en el suelo, me sentía un poco incómodo, pero cuando me cargaste en tus brazos me sentí cálido y seguro, aun si estaba medio dormido.

—No puedes estar hablando en serio.

—Lo digo en serio. De hecho, estoy convencido de que si alguna vez me cargas estando completamente despierto, me sentiré igual de seguro en tus brazos.

Sam se sintió tan abrumada por las palabras de Freddie que no supo qué contestar. Se sentía muy alegre y a la vez muy confundida. ¿Cómo podía Freddie decir con tanta facilidad que se sentía seguro en sus brazos? En los brazos de ella, Samantha Puckett, una chica que se la pasa fastidiándolo solo por diversión. Es verdad que no siempre era agresiva con él y que no siempre discutían por todo; su amistad era menos superficial que eso. No obstante, escuchar a Freddie decir que se sentía seguro en los brazos de alguien que le ha provocado dolor físico en varias ocasiones hizo que Sam se sintiera horrible consigo misma. Se sentía tan mal que tuvo que desviar su mirada del chico a la camilla. ¿A quién le importa si a ella también le empezaba a gustar Freddie? Sam realmente no merecía tenerlo cerca ni siquiera como un amigo.

—Eso es… lindo, supongo —murmuró en respuesta, sintiendo el nudo en su garganta crecer mientras jugaba con un hilo suelto de su pantalón.

Freddie se sorprendió por su reacción tan apagada. Repasó las palabras en su mente, esperando no haber dicho algo incorrecto. ¿Habría incomodado de alguna forma a Sam? O será que quizás... ¿Sam no compartía los mismos sentimientos y él la estaba presionando sin darse cuenta? Solo esa idea le hacía sentir horrible consigo mismo.

—¿Qué pasa, Sammy? ¿Por qué la mala cara de repente? —preguntó con suavidad, acariciando la barbilla de Sam para que ella lo mirara a los ojos. Freddie sintió un nudo en su garganta al ver que sus ojos estaban cristalinos, pero como ella no dijo nada, continuó hablando—. ¿He dicho algo que te moleste? Si es así, lo siento mucho.

—No has dicho nada malo, Freddie. Al contrario, has dicho cosas muy lindas. —Sam tragó, intentando contener las lágrimas—. Es solo que…

Sam hizo una pausa, sintiéndose avergonzada por mostrarse tan vulnerable ante él por segunda vez en el día, especialmente después de recibir cumplidos tan lindos. Cielos, no le sorprendería si Freddie pensara que es una rarita en este momento.

—Sam, mírame, por favor—pidió Freddie, retirando la lágrima que caía por su mejilla con suavidad. Sam tragó despacio y accedió a su solicitud, aunque veía un poco borroso debido a las lágrimas—. ¿Qué estás pensando que te pone tan triste, princesa mía?

—¿Cómo puedes llamarme tu princesa después de todo lo que te he hecho pasar? —preguntó Sam, apartando su mano de su rostro con más rudeza de la que pretendía.

—¿De qué estás..?

—¿Cómo puedes decirme que te sientes seguro en mis brazos cuando te he causado tanto daño? —exigió Sam, sorprendiendo a Freddie—. Entiendo que esta semana he sido más amable, pero, ¿qué hay de los demás días? No puedo ignorarlos y actuar toda cariñosa contigo como si nada. No es justo y mereces a alguien que sí ...

—No lo digas, por favor—le pidió Freddie, tomando su mano derecha—. No digas que no vales la pena, Sam. Porque lo vales y mucho.

Sam negó con la cabeza, intentando limpiar las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas.

—No, no es así y sé que en el fondo piensas eso.

—Si pensara así, ni siquiera habría intentado expresarte mis sentimientos, Sam—protestó Freddie—, pero aquí estoy. Repitiendo una y otra vez lo increíble que eres. Demasiado, de hecho. Espero no haberte abrumado demasiado con tantas palabras cursis.

—Está bien. No me importa que me digas cosas cursis—confesó Sam, aun con los ojos lagrimosos, sonriendo suavemente—, siempre y cuando me perdones por haber sido tan brusca contigo...

—Nunca esperé recibir una disculpa por nada, pero está bien. La aceptaré si me prometes que ya no vas a pensar esas cosas tan feas de ti misma —sugirió, extendiendo su meñique hacia ella con una sonrisa dulce—. ¿Tenemos un trato?

Sam secó sus lágrimas y sorbió su nariz antes de sonreír con suavidad y asentir, enlazando su meñique con el de Freddie.

—Tenemos un trato—concordó ella.

Freddie le devolvió la sonrisa antes de sacar unas toallitas húmedas para ella. Sam le agradeció y se limpió con estas. Ambos compartieron un silencio reconfortante por un momento, hasta que Sam volvió a hablar con una tranquilidad renovada, como si nada hubiera pasado.

—Entonces… El bebé de mami Benson le gusta que lo carguen como princesa—comentó Sam—. Ni siquiera sé por qué me sorprendí tanto. Es obvio que a un bebé le gusta que lo carguen.

—Como ya he mencionado unas cincuenta veces, no soy un bebé, pero sí creo que es divertido que te carguen.

—¿Aun en frente de otros?

—Aun en frente de otros—sonrió él—. Imagínalo de esta manera, todos los demás están en el pasillo, en su rutina diaria, cuando tú caminas en el pasillo conmigo en tus brazos como si fuera algo completamente normal...

—Dejaría boquiabiertos a todos—completó Sam—. También podría cargarte después de una conversación con otros y llevarte como princesa de la nada, sería muy divertido. Cielos, solo pensar en las expresiones sorprendidas de los demás, hace que valga la pena intentarlo.

—Sí, sería divertido. Aunque, pensándolo bien, también podría enviar ideas equivocadas a los demás.

—¿Cómo cuáles?

—Cómo que tú y yo somos… Ya sabes, ¿pareja? —explicó entre pausas, murmurando lo último—. Cuando no lo somos y eso.

—Oh, ya veo—respondió ella, sintiendo una calidez en su pecho al considerar esa posibilidad. Entonces, recordó que todavía no le había dicho a Freddie que ella se sentía de la misma manera.

«Oh, pobre cosita linda», pensó Sam al verlo jugar con su propia camisa. De seguro ha estado preguntándose todo este rato si ella correspondía sus sentimientos o no..., pero eso no era nada que Mamá no pudiera arreglar en un instante.

—Yo no creo que sean ideas equivocadas del todo—empezó Sam en voz baja, atrayendo la atención del chico. Freddie dejó de jugar con el hilo suelto de su camisa para mirarla con sorpresa, sus mejillas tornándose sonrosadas.

—¿Qué… qué quieres decir con eso? —preguntó con cautela, sin apartar la mirada ni un segundo.

Sam buscó las palabras adecuadas, pero no encontró ninguna en ese momento y decidió expresarse a través de acciones.

—Quiero decir, esto—aclaró, inclinándose para darle un beso en la mejilla, deleitándose con la confusión y la felicidad que se reflejaban en su rostro.

—¿Y qué significa eso con exactitud? —preguntó Freddie, sonrojado. Sam se encogió de hombros y se sentó a su lado izquierdo. Quizás ahora había menos espacio para ambos, pero al menos estaban hombro a hombro.

—Ya sabes, cosas.

—Sí, pero, ¿qué cosas?

—¿De veras vas a jugar a hacerte el difícil ahora? Sabes perfectamente a lo que me refiero.

—Sí, lo haré. Porque yo te dije exactamente cómo me sentía y me gustaría escuchar lo mismo de ti con claridad—respondió Freddie, cruzándose de brazos con una sonrisa astuta—. Así que dime, Princesa Puckett, ¿qué quisiste decir con esto?

—Está bien. Tú ganas, Sir Benson. Lo hice porque creo que me gustas.

Freddie alzó una ceja con diversión.

—Oh, así que tú crees que te gusto.

—Sí, pero solo un poquito—bromeó ella, haciendo el gesto de "poquito" con su dedo índice y pulgar.

—Oh, solo un poquito—repitió Freddie, asintiendo con diversión—. Y después dice que yo me hago el difícil.

—Pues claro, tú eres el rey de los tontos. Es natural que también seas el rey de los difíciles.

—¿Ahora soy un rey? Yo pensaba que era solo un simple caballero cuando me llamaste Sir...

—¿Y quién dice que no puedes ser ambos? En la mañana puedes ser el rey de los idiotas, en la tarde Sir Benson y en la noche el bebé de mami Benson y listo. Ya tienes un horario para tus tres ocupaciones.

—Muy atento de tu parte haberlo organizado en diez segundos, Princesa.

—¿Verdad que sí? Es que soy la mejor.

—¿Lo eres? —preguntó Freddie, mirándola con diversión. Sam barrió su cabello a un lado como si dijera "obvio" y Freddie rio con suavidad—. Sí, lo eres.

Después de esa pequeña confesión, una sensación de alivio inundó el aire entre ellos, como si una barrera invisible se hubiera disipado entre ambos. Sam y Freddie se quedaron en silencio, compartiendo un momento de tranquilidad hasta que Sam carraspeó, rompiendo el silencio.

—Entonces…

—¿Entonces qué?

—¿Qué pasará ahora?

—¿A qué te refieres? —cuestionó Freddie.

—Ya hablamos sobre cómo nos sentimos, así que, ¿qué sigue?

—Si te soy sincero, no estoy seguro—admitió—. No pensé que pudieras corresponder a mis sentimientos, y nunca he tenido una relación realmente duradera, así que todo esto es un poco nuevo para mí.

—También lo es para mí. Creo que el único chico con el que salí alguna vez fue Peter y ni siquiera estuvimos más de dos citas juntos.

—Ya veo…

El silencio se prolongó un poco más.

—Entonces…—empezó Freddie.

—Entonces…

—Creo que tengo una idea de qué podemos hacer.

—Estoy escuchando, Fredward.

—Si estás de acuerdo, podríamos intentar salir juntos durante un mes. Visitar diferentes lugares, descubrir los pasatiempos del otro, en qué diferimos y en qué coincidimos, como una especie de prueba para nuestra relación—explicó—. Al finalizar el mes, según cómo haya ido todo, podríamos decidir si queremos formalizar nuestra relación como pareja, o si preferimos seguir siendo amigos como siempre. ¿Qué piensas?

—Me gusta el plan, pero creo que estás pasando por alto algunos detalles. Primero, ¿vamos a mantener nuestra relación en secreto? Porque si empezamos a actuar demasiado cariñosos y la gente nos pregunta: "¿Son pareja?", no podemos simplemente decir "Nah, solo estamos probando". Eso sería bastante estúpido.

—No había considerado eso, pero creo que tenemos dos opciones. Uno, podríamos admitir que estamos saliendo y, si el mes no va bien, decir que decidimos romper y seguir como amigos, o dos, mantenerlo en secreto—sugirió Freddie—. Honestamente, no me importa estar en una situación u otra, así que prefiero que decidas tú.

Sam reflexionó unos segundos antes de responder—: Prefiero que nuestra relación sea secreta por ahora y que cualquier cosa que suceda, se quede entre nosotros dos.

—Bien, entonces saldremos en secreto—coincidió Freddie, sacando una libreta de su mochila—. Entonces, saldremos en secreto… ¡Listo! Ahora necesitamos establecer los siguientes términos.

—¿Vas a escribirlos en un cuaderno? —se burló Sam—. ¿En serio?

—Sip. No quiero que pase nada fuera de mi control como con nuestro último contrato.

—Contrato que rompiste.

—Cin-tri-ti qui ti rim-pis-ti—le imitó él con voz aguda—. Sí, ya sé que lo rompí. Por eso quiero hacer este contrato yo, así me sentiré más seguro.

—Si es lo que el bebé quiere, por mí está bien—se burló, pellizcando la mejilla de Freddie, quien se echó hacia atrás—. Bueno, volviendo al tema. El segundo detalle es… ¿qué haremos con el tema de las discusiones? Ahora podemos estar charlando con tranquilidad, pero en algún momento vamos a discutir por algo estúpido y no quiero que eso sea una razón por la que terminemos en el futuro.

—Las discusiones son inevitables, todo el mundo las tiene estando en una relación o no, Sam, pero…

—¿Pero?

—Si eso te preocupa, podemos crear algún tipo de código cuando sintamos que el otro está yendo muy lejos—explicó—. También podemos utilizar ese código cuando estemos discutiendo delante de otras personas y...

—Y así cada uno tendrá que callarse y escuchar lo que el otro está diciendo—completó Sam, asintiendo ante el plan—. Vaya, Freddie. Me gusta cuando piensas rápido.

—Gracias, princesa. Es un don—sonrió—. Entonces, ¿cuál será nuestro código?

—No estoy segura. ¿Qué tal el nombre de un platillo?

—¿Qué? No, sería extraño hablar de comida de la nada. ¿Y si mejor utilizamos algún apodo para el otro? O nuestro nombre real.

—No lo sé, me gusta llamarte por apodos y también por tu nombre real, es divertido—protestó Sam, luego se enderezó porque tuvo una idea—. Oye, ¿y si usamos el nombre completo del otro?

Freddie frunció el ceño.

—¿Pero no hacemos eso ya seguido?

—No, solemos decir el primer nombre, o el apellido, pero jamás completo—enfatizó Sam—. Piénsalo. Si digo algo realmente hiriente, puedes decir "Samantha Puckett", y si estoy verdaderamente molesta contigo, puedo decir "Fredward Benson".

—Como si nos estuviera regañando un adulto… Es una buena idea, Sam—reconoció Freddie, tomando su mano para darle un beso en los nudillos—. Me gusta cuando tienes ideas tan creativas.

—Gracias, tesoro. Si quieres, puedo enseñarte como tener algunas después.

—Y quizás yo pueda enseñarles que las personas no van a la enfermería para coquetear—les regañó la enfermera, asustando y avergonzando a los jóvenes.

—¿Cuánto tiempo lleva escuchando? —preguntó Freddie, más rojo que una cereza. A su vez, Sam se levantó de la camilla en silencio, igual o más roja que su ahora novio.

—Acabo de entrar, así que solo he escuchado una o dos oraciones, pero no me importa saber de qué estaban hablando, solo no vuelvan a repetirlo—les advirtió. Ambos asintieron en silencio—. Ahora déjame revisarte una vez más, jovencito, para que tú y tu novia se larguen de aquí.

Mientras la mujer le realizaba un chequeo a Freddie, Sam se encaminó hacia la otra camilla y simuló que estaba leyendo el libro hasta que ella concluyó. La mujer informó a Freddie que estaba bien, pero le recomendó descansar adecuadamente en casa. Después de que Freddie se cepillara los dientes con el enjuague y cepillo desechable ofrecidos por la enfermera, ambos salieron de la enfermería y recorrieron el pasillo en silencio, sin encontrar palabras para romperlo.

—Entonces—empezó Freddie, con las mejillas todavía sonrojadas.

—Entonces—continuó Sam, igual de apenada que él.

—Eso… Fue bastante raro.

—Y vergonzoso.

—Pretendamos que lo que pasó en la enfermería jamás pasó, al menos la última parte—pidió Freddie, empezando a caminar en el pasillo.

—¿Qué última parte? —cuestionó Sam, con una sonrisa de medio lado.

—No lo sé. Creo que ya lo olvidé—comentó Freddie, devolviéndole la sonrisa—. Entonces, ¿estamos saliendo?

—No lo sé. ¿Lo estamos?

—Sam…

—Hicimos acuerdos de qué pasaría si salimos, que yo sepa jamás me lo pediste formalmente.

—Y así dices que yo me hago el difícil.

Sam se encogió de hombros y cruzó los brazos, mirándolo desafiante.

—Sigo esperando, Sir Benson.

—Si insistes…

Con elegancia, se inclinó sobre una rodilla y tomó la mano de Sam entre las suyas, mientras la miraba directamente a los ojos. Freddie apreció como sus ojos se iluminaban con una mezcla de alegría y sorpresa, lo que hizo que su corazón latiera más rápido, si eso era posible.

—Princesa Samantha Puckett, procedente del reino Jamón, ¿me concedería el honor de salir conmigo, no como una amiga, sino como mi novia oficial?

Freddie le dedicó una sonrisa radiante a Sam, quien respondió con otra igualmente llena de complicidad. No transcurrieron dos segundos antes de que ambos estallaron en risas, contagiados por lo ridículo y encantador de la situación.

—Olvida lo que dije antes. No eres un rey de los difíciles, eres un rey del drama.

—Un poco, sí—respondió Freddie, encogiéndose de hombros con encanto—. Entonces, ¿serías la reina de este rey del drama?

—Mhm. No estoy segura. —Sam hizo un puchero y se acarició el mentón con dramatismo—. Déjame pensarlo un poco…

—¿Podrías pensarlo rápido? Se me está acalambrando la pierna.

—¿Y? Te dije que me lo preguntarás formalmente, no que me pidieras matrimonio.

—Samantha Puckett, por favor.

—Tranquilízate, Sir Benson. Solo estaba jugando un poco—replicó, dándole un beso en la frente—. Mi respuesta es sí. Sí quiero ser tu novia. ¿Ya estás feliz?

Freddie se levantó de un salto, asintiendo con una sonrisa contagiosa.

—Sip. Lo estoy—reconoció, tomando las manos de Sam de nuevo—. Ya que somos novios oficialmente, ¿puedo abrazarte?

Sam lo miró con incredulidad, como si no pudiera creer que Freddie estuviera hablando en serio. Después de todo, ambos se habían besado, tomado de la mano, abrazado, hecho promesas del meñique, hablado de cosas personales y cursis, y ahora, ¿él le estaba preguntando si podía abrazarla?

¿Por qué al pensar en eso Sam sentía que lo quería un poquito más?

Estuvo a punto de hacer una broma al respecto, pero la expresión de felicidad genuina en el rostro de Freddie la detuvo. Sam decidió complacerlo abrazándolo ella misma, no sin antes darle un beso rápido en los labios.

—De verdad que eres un tonto—susurró ella en su cuello, apreciando la sensación cálida de estar envuelta en sus brazos.

—Pero al menos soy tu tonto—respondió Freddie con ternura antes de darle un beso en la frente.

—¿Lo eres? —preguntó Sam, encontrando su mirada. Freddie alzó una ceja, provocando una risa en ella—. Sí, lo eres.

Compartieron un último beso antes de quedarse abrazados un momento más en el pasillo. Entonces, Freddie recordó que estaban en un pasillo vacío en medio de la escuela.

—Princesa, ¿qué hora es exactamente?

—Ay, verdad. Es hora de irnos a casa—respondió Sam, tomando la mano de Freddie para encaminarse hacia la salida. Ante la mirada sorprendida del chico, ella esbozó una sonrisa—. Sip. Estuviste durmiendo durante todo el día como un buen Bello Durmiente.

—Eso es mucho tiempo—suspiró Freddie—. Pero estabas en la enfermería cuando me desperté… ¿Te saltaste las clases o viniste a visitarme?

—La segunda—admitió Sam—. Tuve que volver a clases porque el director me obligó, pero vine a visitarte durante el almuerzo con Carly, y también volvimos a la salida, pero seguías dormido. Íbamos a despertarte, pero la enfermera dijo que sería mejor hacerlo cuando ella regresara, así que estuve leyendo un rato. Después, Carly tuvo que irse para cuidar a Spencer, y ya conoces el resto de la historia.

—Entiendo. Aunque es extraño que no llamaran a mi madre si estuve durmiendo durante tanto tiempo.

—A mí también me pareció raro, pero puedo comprender por qué.

—Yo también. Sé que ella puede ser un poco… intensa a veces.

—Si por intensa quieres decir loca, estoy totalmente de acuerdo contigo.

—Lo dices como si a tu madre no le faltaran un par de tornillos también.

—Eso es…, ¿sabes qué? No voy a negarlo. Es la verdad.

—Supongo que es otra cosa que tenemos en común—sonrió Freddie, ofreciéndole a Sam enlazar su brazo con el suyo. Sam rodó los ojos, pero aceptó su gesto con una sonrisa.

—Si sigues diciendo cosas tan de cursis, voy a empezar a pensar que has estado leyendo consejos en revistas adolescentes.

—Me conoces tan bien, Puckett.

Y así, continuaron conversando animadamente hasta que llegaron al edificio. Freddie se fue a su departamento, mientras que Sam fue al departamento de Carly, no sin antes acordar en encontrarse más tarde en Licuados Locos para disfrutar de un batido juntos.

Quién habría pensado que los consultorios médicos serían el lugar perfecto para confesar sentimientos y dar inicio a una relación.


Con esto, llegamos al final del primer arco del fanfic.

Sé que ha sido un tanto cursi, pero no puedo evitarlo, ellos simplemente tomaron el control y empezaron a coquetear y a darse apodos sin parar. Personalmente, creo que no serían Seddie si no lo hicieran.

Espero que hayan disfrutado de la lectura. ¡Nos leemos pronto!