Capítulo 4: Favores y Revelaciones

"¿Llama...Embrujada? ¿Por qué ese nombre se me hace tan conocido?"

Brendan se interrumpió a sí mismo para carraspear y mirar confundido todos los demás que, al igual que él, habían sido llamados. El joven as del Palacio Batalla de Hoenn todavía no terminaba de entender por qué Zinnia, Steven y Wallace le habían convocado a él de entre todos los entrenadores para ayudarle con tan inusual dilema. Al fin y al cabo, lo suyo eran los combates pokémon y no los árboles sagrados y moribundos.

"No me extraña que te suene", afirmó Zinnia soltando una risita. La cronista adoptó luego una expresión y un tono de voz más serios, como si el conocimiento que iba a compartir fuese a cambiar las vidas de todos para siempre, "Así se llama la técnica incendiara que tu Latios y la Latias de May usaron para derretir el hielo de Kyogre y salvar a tu amigo Ethan y a la chica de Galar de morir congelados durante el Ragnarok. Es un movimiento de fuego que sólo unos pocos pokémon en el mundo lo conocen, y es por eso que los convocamos primero a ustedes."

"¿Sólo unos pocos?", indagó May perpleja y bostezando, acariciando lenta e inconscientemente la suave y emplumada cabeza de Latias con su mano izquierda. La coordinadora recordaba bastante bien el cómo ella y Brendan se hallaban durmiendo plácidamente cuando recibieron una llamada por parte de Steven mediante el poké-multinavegador del segundo, "Qué extraño. Aunque al menos eso explica por qué me asombré tanto al ver que Latias sabía un ataque de fuego."

"Ahora sí me siento verdaderamente perdido", reconoció Brendan quitándose su gorra para rascarse la cabeza. Después se giró a ver en busca de respuestas a Latios: el pokémon eón le mantenía la mirada con la misma serena e imperturbable expresión de siempre, "¿Qué más no nos están contando de ustedes, Runo? La última vez creímos que ya nos lo habían dicho todo."

La voz del dragón psíquico resonó en sus cabezas en respuesta.

"Existen algunos secretos que nos guardamos para nosotros a menos que sea de vital importancia compartirlos. Todo lo que sabemos puede tanto iluminar como también enloquecer a la mente humana si se revela de inmediato."

"No es que no confiemos en ustedes, sólo queremos que vayan aprendiendo lo que sabemos paso a paso", añadió telepáticamente Latias.

"Bueno, en ese caso tomaré tu palabra, Laura", le sonrió May a su querida y leal amiga. Acto seguido miró de nuevo y preocupada a Zinnia, esperando una explicación más detallada para poder ponerse manos a la obra, "¿Y cómo se relaciona esta Llama Embrujada con...bueno, con el estado de este pobre árbol?"

"Es una lógica y muy buena pregunta, jovencita", le contestó cortésmente la Gran Matriarca apoyando ambas manos sobre su bastón. La anciana se había percatado del repentino y urgente interés de la chica por el bienestar de la planta, "Y con gusto seré yo quien te la responda: mucho tiempo atrás, tras haber plantado este árbol, el rey de Kalos pidió la ayuda de cinco feéricos guardianes para que concentrando el poder de su Llama Embrujada la vitalidad del árbol pudiese resistir el paso del tiempo con algo más que sólo la energía compartida de la flor eterna. Pero ya han pasado tres mil años, y el efecto del hechizo se ha esfumado."

"Y suponemos que sólo el poder ancestral de la Fuerza Dragón que reside en los cuerpos de Latios y de Latias, potenciado por el fenómeno de la mega-evolución, podría igualar el de la llama que fue formada originalmente", completó Wallace por ella y con aire solemne, "Servirá para retrasar la muerte del árbol mientras buscamos la forma de hacer que la flor eterna vuelva a abrir sus pétalos."

Brendan y May no supieron qué contestar. Se limitaron a verse el uno al otro estupefactos y dudosos, preguntándose si de verdad tanto ellos como sus pokémon eran los indicados para dicha labor. Si esto no formaba parte también de alguna otra profecía que les reunía mediante los hados del destino.

"Supongamos que todo lo que hasta ahora nos han dicho es cierto y no sólo la Cueva Ancestral, sino también el destino de toda la energía natural que cubre y preserva la belleza de este archipiélago depende de si este árbol vive o no", rompió de pronto el hielo Drake dando un paso al frente. Al igual que sus compañeros, el viejo lobo de mar y experto en pokémon del tipo dragón había permanecido escuchando todo lo que los demás decían, esperando el momento oportuno para preguntar, "¿Por qué nos han llamado también a nosotros? ¿De qué manera podemos asistir?"

"Ustedes son los cuatro entrenadores más fuertes que Hoenn conoce después de mí", retrucó Steven al instante y pensativo, llevándose la mano izquierda a la barbilla, "Y por ello les necesitaré para llevar a cabo conmigo una muy peligrosa operación en paralelo."

"¿Peligrosa operación en paralelo?", repitió involuntariamente y en voz alta Sidney. El especialista en pokémon del tipo siniestro frunció el ceño para expresar su desentendimiento, "No te sigo, Steven. ¿Qué podría ser más peligroso que la muerte de toda la vida natural en esta región?"

"Antes de llamarlos a todos aquí realicé un par de averiguaciones junto a mi padre", elaboró el campeón usando un botón especial en su poké-multinavegador para proyectar la gran figura holográfica de un hombre desconocido que ninguno de los presentes supo reconocer, "Las cámaras de seguridad ocultas de Devon S.A. nos revelaron que los culpables detrás del hurto del Arma Definitiva fueron reclutas del Equipo Rocket, una organización criminal que se dedica a robar pokémon y que se creía difunta. Éste que están viendo en pantalla es su líder original, Sakaki Yamada, alias Giovanni. Lleva mucho tiempo fuera del ojo público desde que se descubrieron sus lazos con la organización, y tenemos motivos de sobra para pensar que sólo él pudo haber preparado un robo así de grande."

"Equipo Rocket", musitó Brendan circunspecto, haciéndose mentalmente la pregunta de dónde había escuchado aquel nombre antes. Después miró a May con desasosiego, "Ethan y Lyra me dijeron una vez que Johto tuvo problemas con ellos después de que mamá y yo nos mudáramos de Ciudad Olivo a Villa Raíz. Que trataron de cortarle las colas a todos los Slowpoke en Pueblo Azalea para venderlas, y que después enloquecieron a los Magikarp y Gyarados del Lago de la Furia con unas extrañas señales de radio."

"También escuché sobre ellos una vez, ahora que lo mencionas", reconoció May sorprendida. Acto seguido se volteó a ver a Steven muy asustada, "¿No fueron ellos también quienes dijeron cosas horribles por la torre de radio de Ciudad Trigal y a nivel internacional? Recuerdo que papá y yo estábamos trabajando en el laboratorio cuando llegamos a oírlos transmitiendo su mensaje."

El campeón de treinta años asintió apesadumbrado con la cabeza. Después de eso, procedió a dar más detalles.

"Nos hemos puesto en contacto con la presidenta de Kalos, quien en el pasado nos permitió estudiar el Arma Definitiva para poder desarrollar la Energía Infinita", explicó, "Ella ya está al tanto de la situación. Y ha solicitado que nuestro Alto Mando y el de su región unan fuerzas para cazar al Equipo Rocket y descubrir qué planean hacer exactamente."

"¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?", inquirió Glacia interrumpiéndole, mientras contemplaba muy poco convencida la estática y transparente imagen de su principal sospechoso, "¿Siquiera tenemos una pista del paradero de este tal Giovanni?"

"La tenemos gracias a la presidenta de Kalos", afirmó él apagando su poké-multinavegador. El dispositivo produjo un sonido electrónico similar a alguien chistando y el holograma de Giovanni se desmaterializó en el acto, "Sus agentes de inteligencia llevan siguiendo el rastro del Equipo Rocket desde hace unos años, cuando se descubrió que habían estado proporcionando fondos adicionales a los Laboratorios Lysandre antes del incidente de Pueblo Crómlech."

"Así que Giovanni pudo haber estado apoyando a Lysandre y al Equipo Flare desde las sombras", intuyó Drake ajustando su gastado sombrero de marinero y empezando a formular más de una hipótesis en su mente. El viejo capitán había leído en más de una ocasión sobre el abortado genocidio en masa que el Equipo Flare había intentado llevar a cabo con el Arma Definitiva no hacía tanto tiempo atrás, "Ése no es un muy buen augurio."

"¿A dónde debemos dirigirnos entonces, Steven?", preguntó Phoebe con un leve dejo de ansiedad, viendo azorada cómo el árbol de Arrecípolis parecía retorcerse en plena agonía. La joven de piel bronceada y cabello corto se impacientaba más y más con cada minuto que transcurría.

"Esta misión es estrictamente secreta, así que primero tendremos que viajar a los cuarteles generales de la Liga Pokémon de Kalos para reunirnos con la presidenta y el resto del equipo", replicó el especialista en pokémon de roca y de acero con determinación, "Tanto ella como nuestro presidente nos darán más información en cuanto estemos allí."

La muchacha diestra en pokémon fantasma calló y miró por segunda vez el lastimoso cuadro frente a ellos con melancolía. Fuerzas poderosas y misteriosas le susurraban a través de su conexión con el más allá que con la muerte de ese árbol el orden natural de Hoenn no solo sería completa y llanamente destruido, sino que también podría extender su efecto hacia el resto del planeta.

"Creo que será mejor que permanezca aquí", decidió finalmente, mirando consternada a May y a Brendan y posteriormente a los Latis, "Mis pokémon y yo podemos ayudar a incrementar el poder de la Llama Embrujada con nuestras técnicas especiales. Puedo sentir el dolor y el sufrimiento que este árbol está experimentando, y no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo agoniza."

"Pero se supone que todos…", inició Steven, pero Zinnia se le adelantó.

"No, es una buena idea", terció la cronista con una sonrisa, "Un poco de ayuda extra nos vendrá de maravilla."

"Coincido con mi querida nieta", agregó la Gran Matriarca acercándose lentamente hacia la morena con interés, "La presencia y conocimientos de alguien instruida en los pokémon fantasma y el más allá podrían resultar de mucha utilidad."

Phoebe no pudo evitar sonrojarse y desviar la mirada. A pesar de ser vista como una de las más poderosas y versátiles entrenadoras en todo el archipiélago, ésa era la primera vez que alguien más destacaba su fuerte conexión con los fantasmas del Monte Pírico. Una gran parte de la clave que le había permitido llegar a ser la cuarta miembro del Alto Mando.

"Entonces está decidido", cedió Steven subiéndose a Metagross y preparándose para partir. Mientras el resto del Alto Mando le imitaba, suspiró derrotado y se volteó hacia los jóvenes, "Brendan, May. En verdad lamento volver a tener que dejarles en medio de una situación así. Pero una vez más sólo contamos con ustedes."

"No hay problema, Steven", afirmó Brendan sonriendo algo nervioso, llevándose la mano derecha a la nuca. Luego tomó a May de la mano con la izquierda, "Podremos no saber de plantas, pero este tipo de situaciones ya no son nada nuevo para ninguno de los dos. Salvaremos al árbol y al mundo para cuando hayan vuelto."

"Estaremos esperándolos", añadió May con una expresión y tono similares, con una gota de sudor resbalándose por un costado de su frente, "¡Y que la suerte les acompañe!"

El campeón treintañero de cabello y ojos azul acero claro les contestó con una sonrisa y asintiendo con la cabeza. Acto seguido, y con un simple ademán, se elevó en el aire con Metagross y se alejó.

"¡En marcha!", imperó Drake subiéndose y aferrándose al lomo de Scar. El Salamence rugió y alzó vuelo con vigor, rompiendo el viento con un solo batir de sus alas. El Glalie de Glacia y el Mandibuzz de Sidney hicieron lo mismo siguiéndole obedientes, y en tan solo un parpadeo los cuatro entrenadores y sus pokémon pasaron a ser menos que raquíticos e indistinguibles puntos negros en el cielo azul claro anaranjado que servía como preludio a la salida del sol.

"Y yo que creía que tendríamos una noche de sueño reparador", suspiró fatigada la coordinadora una vez estuvieron solos, presa del cansancio; cabizbaja, miró a Wallace y a Zinnia con los ojos semiabiertos, "Díganme por favor que esta vez es una profecía en la que ganamos sin que alguien muera o salga herido."

"No hay profecía", negó Wallace entristecido, meneando la cabeza y de brazos cruzados. El líder de gimnasio de Arrecípolis se sentía superado por todo lo que llevaba horas aconteciendo, "Consultamos al Oráculo del Clan Meteoro y ni ella pudo prever esto. Así que el éxito nuestro y el de Steven requerirán paciencia y perseverancia. Pero no teman, al igual que Phoebe también nos quedaremos con ustedes."

"Yo también", dijo Juan con fineza, dando acto de aparición para asombro de los demás. El ex-líder de gimnasio venía junto con su confiable Kingdra de cerciorarse, yendo de puerta en puerta y acompañado por los miembros del Clan Arrecípolis, que la gente permaneciera en sus casas hasta nuevo aviso "Contribuiré con todo lo que necesiten."

"¿Y por cuánto tiempo deberemos mantener con nuestros pokémon la técnica de la Llama Embrujada?", inquirió Brendan inquieto. El joven as de pronto no se sentía a la altura del papel que debía desempeñar, "O mejor aún, ¿cómo podremos usarla para sanar al árbol en vez de quemarlo?"

"¡Es cierto!", exclamó May alarmada, "La primera vez que Runo y Laura la usaron derritieron el hielo como si nada. ¡¿Qué evitará que hagan lo mismo con el árbol?!"

"Tranquilos, les enseñaremos cómo hacerlo", aseguró Zinnia abriendo su libro con presteza para buscar la página que había marcado previo a la reunión. Después les miró a los ojos con una sonrisa pícara, "Sólo prepárense. Y creo que ya saben cómo."

Ambos se miraron el uno al otro por segunda vez, y con una mirada resuelta se arremangaron exponiendo las brillantes piedras activadoras en sus mega-pulseras; Phoebe, por su parte, se arrodilló en el suelo para rezar e hizo a un lado su pareo, descubriendo la mega-tobillera roja en su pierna izquierda. Como si le hubiese leído la mente, una de sus poké ball se abrió de golpe.

"Queridos abuela y reyes del pasado, dennos a mi pokémon y a mí la fuerza para cambiar el injusto destino de esta sagrada tierra."


"¡MUY BIEN KINNIEKINS, HORA DE LE GROS BOUT! ¡LLAMA EMBRUJADA!"

Kinniekins terminó de atrapar en el aire su giratoria rama y se dispuso a acabar con su exhibición: reuniendo todo el oxígeno posible en sus pulmones y haciendo una prolongada pausa antes de exhalar con tal de generar tanto expectativa como un efecto dramático, la Delphox de Shauna expulsó con sus fauces y hacia arriba una deslumbrante y fogosa flama la cual, combinada con las llamas en la punta de su rama, creció hasta formar en el cielo un largo y fabuloso espiral ascendente que recordaba al tobogán de un parque ac; los otros pokémon de fuego que se habían lucido antes que ella, sobresaltados y sabiendo que habían sido justa e irremediablemente superados, bajaron la cabeza y las orejas humillados.

"Qué irónico viniendo de la señorita misión secreta", rio para sus adentros y de brazos cruzados Blue, observando a distancia cómo los demás pasajeros concursantes aplaudían a Shauna y a Kinniekins; Diancie, disfrazada de una infanta con unas cuantas prendas que la chica de Kalos le había puesto encima, palmoteaba contagiada del entusiasmo y de la alegría de los presentes, "Tal parece que al final fuimos los únicos discretos, ¿puedes creerlo, Serena?"

La joven duquesa no le contestó. Se hallaba demasiado lejos del bullicio, contemplando apoyada sobre la baranda de estribor la lenta llegada del alba mientras bebía una taza cargada con leche Mu-mu caliente. En el horizonte, justo donde su vista se hallaba clavada, una gran manada de Lapras nadaba agrupada y contenta, emitiendo un reverberante y melodioso cántico que podía escucharse a miles y miles de kilómetros de distancia.

El líder de gimnasio sintió cómo la sonrisa que hacía unos segundos tenía dibujada se le borraba por completo de los labios. Suspirando y formando una cortina de vaho en el proceso, se subió el cierre de su abrigo y caminó lentamente hasta ella, hasta que pudo rodearla con su brazo derecho para intentar reconfortarla.

"Ey, ¿qué te pasa?", preguntó sacudiéndola un poco y con suavidad, "He notado que no has hablado desde que nos despertamos. Anímate, ya en menos de una hora llegaremos a Kanto. ¿Acaso hay algo que te molesta?"

Serena tomó un sorbo de su taza, dejando que el líquido se deslizase por su garganta y deleitase su paladar, dándole calor a su cuerpo. Una vez terminó de admirar el hermoso paisaje marítimo, miró a su novio a los ojos.

"No debimos traer a esa tal Routledge con nosotros", espetó con más que palpable disgusto en el tono de su voz, "¿Qué tal si con su obsesión con Mewtwo termina echando a perder nuestro descubrimiento?"

"A mí también me fastidia esa chica", dijo él rezongando, poniendo los ojos en blanco. Luego adoptó un semblante más relajado, "Pero era la única forma de llegar a un acuerdo con ella. Tan solo trata de llevarte bien con ella hasta que hayamos encontrado esa isla, ¿de acuerdo? Es un consejo de señor testarudo para señora testaruda."

La rubia abrió los ojos como platos y sufrió un repentino ataque de risa a tal punto que estuvo a punto de dejar caer la taza al océano, olvidándose por un segundo del frío que tenía. Aquellas últimas palabras la habían tomado con la guardia baja.

"¿Y qué hay de Red?", inquirió una vez se tranquilizó, "¿No temes el que pueda llegar a meterse en su vida privada? ¡Es tu amigo, prácticamente crecieron juntos!"

"Conozco a Red lo suficiente como para saber que no se inmutará ante nada que ella pueda hacer", aseguró el joven despreocupado y encogiéndose de hombros, "Si llega a tener que hacerlo, la echará con mucha carpeta."

"¿Estás seguro?", le preguntó ella perpleja, "Tal vez podríamos bajarnos y huir los tres antes de que pueda alcanzarnos y así nos ahorraríamos los momentos incómodos."

"Tienes ideas muy locas a veces", afirmó él abrazándola más, "Mejor déjaselas a Shauna."

Los dos guardaron silencio un rato, mirando juntos y contentos el cómo los Lapras en la lejanía continuaban cantando armoniosamente, generando un coro que iba variando en entonación, pero sin desafinar ni cambiar el ritmo de la melodía ni por un segundo. El rango y variedad de tonos que las cuerdas vocales de aquellos magníficos y casi extintos pokémon podía llegar a alcanzar era una auténtica maravilla de la naturaleza que sólo podía ser emulado, por muy poco, por las de un ser humano.

"Nunca le he agradecido directamente", dijo Blue de pronto, recordando con nostalgia al Lapras de su vecino, "A Red, me refiero. Cuando papá...bueno, ya te lo he contado, me cerré mucho de todo el mundo. Culpaba al abuelo y a mi hermana por no impedir que eso sucediera. Juré que sería el entrenador más fuerte del mundo, y cuando terminé de formar el que creía era el equipo pokémon perfecto y obtuve el título de campeón me sentí invencible. Y entonces Red llegó y...me aplastó. Porque había hecho algo que yo nunca consideré hacer."

"¿Y qué fue?", preguntó Serena confundida.

"El abuelo dijo en su momento que era porque no había criado a mis pokémon con el cariño suficiente", retrucó su novio sin quitar la vista de la manada de pokémon marinos, "Pero supe que no era solo eso. Había utilizado mi pokédex para hacerme con los pokémon más poderosos, mientras que Red usó la suya para reunir a los pokémon que mejor iban con su estilo. Es cierto que varios de los que conformaban su equipo le habían sido regalados, como me platicó una vez. Pero los mantuvo con él porque halló formas para que pudiesen trabajar juntos, y mientras pensaba en modos para cubrir sus puntos débiles pasó más tiempo viajando y explorando. Mientras que yo, por las prisas, me dejé estar y pensé que no importaba cuántas veces él me venciera, que sólo tenía suerte de principiante y que lo haría trizas una vez estuviésemos cara a cara en la liga."

Hizo una pausa para poder admirar el cómo el Lapras líder de la manada espantaba a un Gyarados que había surgido de la nada con intención de emboscar y atacar. Un contenido pero potente ataque de Rayo expulsado por la boca bastó para que el plesiosaurio sometiese a la serpiente marina, espantándola y forzándola a cambiar de rumbo.

"Red supo mantenerme el paso todo el tiempo, solo que se tomaba descansos para entrenar y comprender mejor las habilidades de sus pokémon. Y mientras yo creía ingenuamente que estaba dejándolo atrás, sólo estaba dándole una y mil oportunidades para superarme. Y cuando luchamos por el título de campeón...comprendí que ya no era mi igual, sino mejor que yo. Por cada uno de sus pokémon que lograba vencer, dos de los míos habían tenido que morder el polvo. Cuando quise procesar lo que me estaba ocurriendo, ya era muy tarde: su Charizard había vencido a Blastoise de un Puño Trueno."

"Y...¿qué aprendiste de eso?", inquirió la rubia sin esconder las ganas que tenía de que prosiguiese con su relato.

"Aprendí que debía bajarme de la nube", respondió el con una pequeña risita, "Que había sido un cretino con él y con los demás para enmascarar mi dolor y mi ira, sin percatarme de que estos me cegaban. Me costó días y meses aceptarlo. Y cuando por fin estaba dispuesto a hacer las paces...él ya había desaparecido."

Serena no le dijo nada. Había leído y escuchado lo suficiente sobre la trayectoria de Red como entrenador para saber a qué se refería.

"No sabíamos a dónde había ido ni por qué", añadió Blue melancólico, "Pero por alguna razón creí que era por mi culpa y cómo le había tratado. Me sentía responsable, y por eso le busqué por todos lados. Hasta que llegué a la conclusión de que, dondequiera que estuviese, no volvería. Así que decidí ampliar mis horizontes y mejorar lo suficiente hasta conseguir el título de líder de gimnasio de Ciudad Verde. Traté de relacionarme mejor con mi equipo, y no paré de entrenar ansiando el día que volviese a verlo. El día en que pudiese demostrarle que me había vuelto mejor persona y un mejor entrenador gracias a él."

"¿No pudiste demostrárselo cuando volvió?", dijo ella continuando con las preguntas.

"No era el lugar ni el momento, tenía que darle espacio después de todo", reconoció él, "Pero mentiría si dijese que ya no quiero probarme ante él. De hecho...ahora quiero hacerlo más que nunca."

Ambos guardaron silencio y siguieron observando a los Lapras: los pokémon de hielo habían parado momentáneamente de cantar para cambiar la posición de los miembros de la manada en respuesta al incidente con el Gyarados haciendo que las hembras y sus crías quedasen en el medio, siendo protegidas desde todos los ángulos por los machos. La inteligencia y coordinación que tenían era tanto notable como impecable.

"Ay, esta leche Mu-mu es demasiado rica", dijo Serena saboreando el contenido de la taza, "Aunque nada le gana a la de Gogoat. Cuando volvamos a Kalos te la haré probar. Sé que me dijiste que cuando estuviste allí no tuviste la chance porque estabas ocupado, pero no tienes idea de lo que te estás perdiendo."

"Serena", la interrumpió Blue con un tono extrañamente serio, pero a la vez gentil, "Necesito preguntarte algo, y quiero que me lo respondas con franqueza."

"De acuerdo…", contestó ella sin mucha convicción, sorprendida por lo abrupto que había sido el cambio de tema, "...¿qué quieres preguntarme?"

"Acerca de Calem", dijo él de forma directa, mas con cautela.

Serena no pudo evitar atragantarse; entregándole por impulso la taza para tener las manos libres, tosió y se golpeó el torso repetidas veces con el puño izquierdo, hasta que estuvo segura de que ya se encontraba bien y estaba fuera de peligro.

"¿Quién te dijo de él?", susurró con dificultad, cerrando ambas manos sobre su propia garganta y con los ojos llorosos.

"Shauna me lo comentó cuando mencionaste el Súper Entrenamiento", replicó el muchacho mientras le entregaba una servilleta para que pudiera secarse las lágrimas, "Disculpa si ha sido tan súbito, pero es que no puedo evitar querer saber más. Sólo no te enojes con ella, no tiene la culpa."

Su novia no supo qué contestarle. Miró para otro lado con evidente intranquilidad en su rostro mientras se limpiaba. Su cabello y la bufanda fular bordó que cubría su cuello flamearon de manera indómita ante la brisa marítima, mientras los sonidos del festejo por el triunfo de Shauna y el canto de los Lapras parecieron acallarse, como si estuviesen sonando en otro plano de la existencia.

"Serena, por favor", insistió él, "Shauna me dijo que lo amabas. No puedes culparme por tener curiosidad."

Ella se limitó a verlo a los ojos. Tomando de nuevo la taza, guardó la servilleta en uno de los bolsillos de su campera rosada, y tras beber un sorbo, reunió el valor necesario para responderle.

"Calem fue...el primer chico que me gustó", musitó apesadumbrada. Parecía que estaba a punto de largarse a llorar, "Y también fue mi rival. Nos conocimos cuando mamá y yo nos mudamos a Pueblo Boceto, y nos hicimos amigos casi al instante. Estaba profundamente enamorada de él, pero...él no sentía lo mismo por mí. Y poco después de confesarle cómo le veía él...él..."

Se detuvo para evitar romper en llanto. Pese a lo mucho que había intentado superarlo, el recuerdo de Calem persistía en el epicentro de su memoria como una llaga sin cerrar.

"Llevaba tiempo padeciendo una enfermedad mortal de la que no nos había contado para que no nos sintiésemos mal por él", elaboró con dificultad, "Y cuando estaba a punto de morir...se quitó la vida él mismo para no seguir sufriendo."

Blue quedó atónito por lo que estaba escuchando. Las palabras de Serena provocaron que volviese a verse a sí mismo con cinco años, entristeciéndose al notar cómo su padre se volvía progresivamente más distante con él y con Daisy. Hasta la tormentosa noche en la que caminó hasta la sala de estar y vio que éste se hallaba sentado en su silla favorita, frente a la mesa.

Miraba la lluvia por la ventana, sin parpadear. Guardaba silencio, sin respirar.

"Calem tenía también un sueño", siguió de repente Serena, sacándole del trance y trayéndole de regreso a la realidad, "Me dijo una vez que deseaba ser un maestro pokémon. No entendí muy bien a qué se refería entonces. Y no fue hasta mucho después...que llegué a la conclusión de que quería saberlo absolutamente todo sobre los pokémon. Por eso fue que inicié mi viaje por todo el mundo, ¡para cumplir su sueño!"

El joven líder de gimnasio miró a su novia alelado. Ella le había dejado hasta ese punto en la nebulosa lo que buscaba realmente con ser una maestra pokémon. Y ahora que finalmente se lo había dicho, se encontraba tanto mortalmente alarmado como consternado.

"¡Serena, no puedes estar hablando en serio!", exclamó dando un paso al frente y sujetándola de los hombros con ambas manos, "¡No hay forma de que logres eso en una vida! Existen infinidad de pokémon por descubrir, y lo que creemos saber sobre ellos es puesto a prueba o queda obsoleto con el pasar del tiempo. ¡Hasta mi abuelo, que se la ha pasado toda su vida estudiándoles, se sigue sorprendiendo por cada descubrimiento que realiza con ellos a diario! Es una meta inalcanzable."

"Debo alcanzarla o nada de lo que me ha pasado significará algo", retrucó ella rehuyendo la mirada y meneando la cabeza, "Mis viajes como entrenadora. Mi título de campeona. Mi dominio de la mega-evolución. Las muertes de Calem y de Junior. ¡Así todo cobrará sentido!"

"¡No, no lo hará!", insistió él cada vez más desesperado, sacudiéndola y ejerciendo mayor fuerza con sus manos involuntariamente, "Debes entender que no todo tiene un significado. A veces en la vida las cosas ocurren porque sí. Si sigues este camino terminarás loca o tal vez peor. ¡No debes ir más allá de tus fuerzas!"

"¡Blue, me lastimas!", chilló de pronto la rubia apartándolo con violencia. Luego se cruzó de brazos y suspiró frustrada, "No es que no entienda lo que intentas decirme. Pero debes verlo desde mi lugar: Calem lo era todo para mí, y no descansaré hasta cumplir la promesa que le hice. Los secretos que encierran Mew y la Isla del Sur me ayudarán a lograrlo."

"Ah, ¿en serio?", dijo Blue repentinamente enojado, sintiéndose rechazado, "Qué bien. Entonces dime, ¿y yo qué soy, el reemplazo? ¿El Calem de emergencia?"

"¿Qué?", preguntó Serena genuinamente mortificada. De pronto se ruborizó y se llevó la mano derecha a la boca, profundamente avergonzada, "¡N-no, eso no es lo que…!"

"¡Olvídalo, te has expresado bastante bien!", dijo él enfadado y dándole la espalda, apoyándose en la baranda y lejos de ella, "Ahora entiendo lo que significa lo nuestro. Te ayudaré a bajar todo del barco, pero te prometo que en cuanto lleguemos con Red tú y Shauna seguirán solas. Regresaré a Ciudad Verde y podrás continuar lamentándote por tu novio muerto sin que te moleste."

"¡NO ME HABLES ASÍ, BLUE!", se desgañitó ella de forma colérica. Luego respiró profundo en un intento por tranquilizarse y adoptó un tono de voz notablemente más suave, pero igual de dolido, "No me hables así, ¿de acuerdo? No eres un reemplazo. Jamás te vería de esa manera. Lo único que quiero es estar en paz, ¿entiendes? Y sólo podré estar en paz cuando haya conseguido lo que me propuse."

"Pues avísame entonces cuando lo hayas conseguido", replicó él disgustado, alejándose en sentido contrario y con paso decidido, "Hasta entonces no pienso sentirme como la tercera rueda de una relación en la que estoy compitiendo con alguien que ya no existe."

"Blue, por favor, yo no…", suplicó la chica afligida, tratando de alcanzarle.

Pero no hubo caso. El joven de cabello encrespado regresó por donde había venido y junto al resto de los pasajeros, justo cuando los que habían sido elegidos como los jueces terminaban de contar los papeles con los votos de la gente para anunciar al ganador.

"Chicos, ¿no es cierto?", rio de pronto una voz detrás suya, secundada por los graznidos de un Piplup, "Además de tercos, desconsiderados. Y una vez te enamoras no te los puedes quitar de la cabeza."

Serena frunció el ceño. La expresión en el rostro de la rubia pasó de abatimiento a rencor en un abrir y cerrar de ojos.

"¿Qué es lo que quieres ahora?", preguntó disgustada mientras se daba la vuelta para encarar a Rebecca. La mujer joven caminaba directo hacia ella con una taza de café caliente en la mano derecha, y con Piplup justo detrás de ella. Vestía un largo suéter de lana blanco con cuello de tortuga y una bufanda pashmina azul cobalto.

"Oh nada, sólo hablar un poco", replicó Rebecca sonriente y procediendo a reposar sus brazos sobre la baranda, ubicándose justo a su derecha. Luego bebió un poco de su café, "Salí a tomar un poco de aire porque tu amigo geniecillo hacía mucho ruido en el cuarto. Escuché un poco la conversación e imaginé que necesitarías a alguien con quien desahogarte."

"¿Sólo un poco?", inquirió la rubia juzgándola con la mirada, en busca de algún tipo de cámara o micrófono microscópico en su ropa que estuviese grabando su conversación. Luego se permitió a sí misma suavizar el tono de su voz, "¿Qué, acaso no te basta con querer interrogarme con respecto a Mewtwo y ahora también quieres meterte en mi vida amorosa?"

"Serena, Serenita", le sugirió la peliazul soltando una risita ante su involuntario juego de palabras, al mismo tiempo que observaba cómo una de las Lapras hembra mimaba a su cría con el hocico, "El con quién decidas salir no es de mi incumbencia. Como mucho sólo te aconsejaría que le des tiempo, que ya volverá. Aunque no es solo de eso de lo que vine a hablar."

"¿Y de qué quieres hablar entonces?", insistió Serena al borde de la paciencia y notando que el Piplup se le había subido a la espalda, trepando por su cabello hasta llegar a su hombro izquierdo, "¡Au, quítate!"

"Quiero más que nada disculparme contigo", admitió Rebecca dejando salir un suspiro que evidenciaba un legítimo sentimiento de culpa, "Creo que empezamos con el pie izquierdo. Tal vez sí debí haberme presentado desde el inicio en lugar de recurrir a las cámaras y a las preguntas agresivas."

"¿Sólo tal vez?", preguntó la joven campeona todavía a la defensiva. Piplup le dio la razón soltando un graznido cargado de disgusto.

"Está bien, de acuerdo, omitamos el tal vez", rezongó la reportera avergonzada. Después añadió, "Estaba un tanto desesperada y quería descubrir por mi cuenta qué sabías. Supongo que...llevo tantos años preparándome para esto que no puedo creer que haya llegado tan lejos."

"Rebecca, por favor termínala ya con tanto misterio", replicó Serena acariciando la cabeza del Piplup con su mano derecha. El pequeño pingüino se sonrojó y esbozó una sonrisa tierna, "¿Qué es lo que sacas de esto? Dijiste que Mew es tu objeto de estudio, y Mewtwo tu razón de ser. Y no me contestes con que es parte de tu reportaje. Si en serio quieres disculparte conmigo, empieza por decirme la verdad."

Rebecca se volteó a verla extrañada. Era la primera vez que la rubia se refería a ella por su nombre.

"Supongo que te debo eso como mínimo", reflexionó suspirando profundamente. Después de eso, dirigió nuevamente su atención hacia los Lapras, "Cuando era una niña, mis padres me llevaron de vacaciones a Ciudad Celeste, en la región de Kanto. Querían investigar la Cueva Celeste porque habían oído rumores acerca de un pokémon muy poderoso que había hecho de ella su hogar."

Tomó otro sorbo de su café mientras miraba asombrada cómo una bandada de Wingull comenzaba a posarse con confianza tanto cerca de como sobre los caparazones de los Lapras, probablemente para reposar antes de volver a emprender vuelo. Los líderes de la misma, una pareja de Pelipper, trasportaban a sus bebés en las bolsas de sus picos.

"Nos metimos allí dentro a pesar de las advertencias de los guardias sobre que sólo el campeón de la Liga Pokémon tenía permiso de entrar", continuó finalmente, "Cuando nos internamos en lo más profundo de la caverna fuimos atacados por un Kingler gigantesco que creyó que estábamos molestando a sus crías. Mamá y papá quedaron inconscientes y creí que sería el fin. Y fue entonces cuando Mewtwo llegó para rescatarme."

Serena abrió los ojos de par en par. Aquella confesión por parte de la periodista había acrecentado su interés; de repente, aquella chica insoportable y ella no parecían ser tan diferentes.

"Nos sacó de allí para evitar que los demás pokémon nos lastimasen", siguió relatándole Rebecca, "Y me prometió que siempre estaría conmigo a cambio de que guardase su secreto. Desde aquel día me preparé no sólo para perseguir mis sueños de ser reportera e investigadora pokémon, sino también para volver a encontrarme con él y desafiarle a una batalla una vez estuviese lista. Es justo por eso que también llevo años siguiendo los avistamientos que han habido tanto de él como de Mew."

"Y te condujeron a mí", supuso la rubia, recordando la reciente fama que había ganado por haber ayudado a salvar Ciudad Azafrán, "Supiste que combatí a Zapdos junto a Mewtwo. E imagino que has oído los rumores de que hemos viajado juntos."

La reportera la miró a los ojos y asintió con la cabeza; Piplup, todavía apoyado sobre el hombro de Serena, revoleó los ojos con fastidio, listo para escuchar una historia que ya había oído más de una vez.

"Hoy conociste a Roark, ¿cierto?", le preguntó de pronto la peliazul, dejándola momentáneamente perpleja, "Su padre, Byron, es el líder de gimnasio de Ciudad Canal. Fue por un tiempo mi mentor, y también uno de mis modelos a seguir. Por eso todos mis pokémon son del tipo acero."

"¿Todos?", indagó la campeona de Kalos arqueando una ceja. Luego miró a Piplup, "Pero tu Piplup es de tipo agua."

"Adquirirá el tipo acero cuando haya evolucionado", replicó Rebecca soltando una risita, "Verás, Piplup fue mi primer pokémon, y como no le gusta mucho pelear nunca he podido entrenarle adecuadamente. Por eso he decidido dejar que el día en que pueda convertirse en un Empoleon llegue por sí solo."

"Pero, ¿no hubiese sido más lógico evolucionarle y así tenerle preparado para cuando tuvieses tu combate con Mewtwo?", preguntó Serena muy confundida mientras volvía a mirar a Piplup a los ojos, "Al fin y al cabo si fuese un Empoleon serían más fuertes y unidos, ¿no lo crees?"

"La evolución y el entrenamiento no son la única forma de crear lazos con un pokémon, Serena", refutó Rebecca terminando de tomar su café. Luego se acercó a su pokémon inicial y le tironeó suavemente de la mejilla izquierda, haciendo que el Piplup sonriese, "También influyen el tiempo que pasas con ellos, y el cómo los tratas. Y siendo franca me extraña que alguien en la posición de campeona regional, como es tu caso, no lo sepa."

"Tienes razón", admitió ella recordando con añoranza el día que ella y Greninja se conocieron, cuando el segundo era apenas un joven Froakie, "Supongo que si no me hubiesen querido lo suficiente, muchos de mis pokémon jamás se hubiesen dignado a evolucionar por muchas batallas que hubiésemos librado."

"Me contó un Chatot que dominas la mega-evolución", le comentó la reportera con una sonrisa amable, posando su mirada en el mega-aro que Serena portaba en su muñeca izquierda, "Veo que el viejo Gurkinn y Korrina también te reconocieron como heredera obsequiándote una piedra activadora, al igual que un pokémon que puede mega-evolucionar. ¿Un Lucario, por casualidad?"

"Bueno, técnicamente mi Lucario no es el único pokémon que puede mega-evolucionar", confesó la rubia con una sonrisa nerviosa, sonrojándose, "Mi Venusaur también puede, pero no le gusta hacerlo. Una vez lo intentamos y...bueno, le causó tanto dolor que decidí no volver a usarlo. Aunque aun conservo la venusaurita que el profesor Sycamore me dio con él."

Su vergüenza fue sustituida con una sensación de desconcierto. Había algo en lo que Rebecca le había dicho que le había llamado la atención.

"Espera, ¿qué quieres decir con que si también me obsequiaron una piedra activadora y una mega-piedra?" inquirió entrecerrando los ojos. De pronto lo entendió "¿Quieres decir que…?"

Rebecca no emitió palabra alguna; en su lugar, le respondió guiñándole con un ojo y sujetó su cabello para señalarle su oreja derecha: en la misma, incrustada de forma disimulada en el centro de un pendiente esférico y plateado, podía apreciarse una piedra activadora cuyo color variaba entre verde, cian y azul dependiendo de la luz.

"¡¿También te nombraron heredera?!", exclamó en voz baja, intentando no llamar la atención, "¡¿A ti?!"

"Sí, lo he mantenido en secreto hasta entre mis colegas", afirmó la reportera volviendo a ocultar su oreja, "Pero como contigo hay confianza, supongo que no corro riesgos al compartírtelo."

"Prometo no decírselo a nadie" juró Serena casi al instante. Acto seguido tomó el valor para preguntar, "Y...¿la has usado en algún pokémon de tu equipo?"

"Sólo en el más fuerte", le contestó Rebecca con un dejo de orgullo, "Y sólo en casos de vital importancia, cuando mi vida peligraba."

Serena abrió la boca para hacerle una segunda pregunta, pero un fuerte brillo en su ojo derecho la cegó temporalmente. Al mirar hacia el océano para ver qué había originado aquel destello, quedó atónita y boquiabierta: levemente oculto por el denso follaje de un islote por el cual el ferri estaba pasando cerca en aquel momento, un esbelto y delgado pokémon cuadrúpedo de piel azul y muy pronunciada cornamenta la observaba inmóvil, mirándola con sus profundos ojos negros. Apenas se sintió descubierta, la singular criatura hizo que la dorada e hipnótica coloración de su cuernos se apagase y desapareció en lo más profundo del bosque.

"Pero, ¡¿qué fue eso?!", exclamó impresionada Rebecca, trayéndola a la realidad. Piplup soltó un graznido de asombro, "En todos mis viajes jamás vi un pokémon idéntico a ese. ¿Acaso era un Stantler?"

"Es imposible", logró murmurar Serena al cabo de unos segundos, "Los Stantler no son tan altos."

"¡¿USTEDES TAMBIÉN LO VIERON?!", vociferó una voz chillona proviniente de la derecha; al darse la vuelta ambas se dieron cuenta de que era Shauna, quien venía corriendo hacia ellas sosteniendo un pequeño trofeo dorado y acompañada de Kinniekins y de Diancie, "¡ERA BELLÍSIMO! ¡ME ENCANTARÍA TENER UN POKÉMON ASÍ!"

Diancie guardó silencio y miró fijamente el lugar exacto en el que el pokémon desconocido había dado acto de aparición. Cerrando los ojos y sonriendo, se preguntó a sí misma si sus ojos no la habían engañado.

Si su antigua maestra realmente había despertado.


"Está aquí."

Fuji alzó levemente los párpados al oír aquella voz en su cabeza y posó su mirada sobre su propia sombra en el suelo. Todavía se hallaba sentado frente a la mesa, con ambos codos apoyados sobre la misma, y su mentón y nariz sobre los dedos de sus manos.

No era como si la voz realmente hubiese necesitado advertirle. Llevaba un largo rato despierto, apreciando cómo los tímidos rayos del sol comenzaban a entrar a la sala a través de la ventana. Los ronquidos de los pokémon huérfanos y abandonados a los que había dedicado años de su vida, junto con el incesante tictac del reloj procedente del cuarto de Reina, eran la única cosa que le indicaba que en efecto el tiempo no había dejado de correr.

El dedo anular en donde llevaba colocada su vieja argolla de compromiso tembló levemente. Y el resto de su mano izquierda le siguió muy pronto. La voz no mentía en lo absoluto. Sólo había sentido aquella sensación una vez en su vida. Y había sido cuando…

"Espera la señal."

Se levantó lentamente de la silla y caminó tambaleándose hasta la puerta. La temperatura dentro de la casa disminuía conforme avanzaban los segundos, helando sus huesos lo suficiente como para tornar sus movimientos rígidos y torpes. Una presión invisible oprimía fuertemente su pecho, al punto de que estaba casi seguro sufriría un infarto en cualquier momento.

Reuniendo energía y empleando el limitado control sobre su cuerpo que su avanzada edad y la heladora atmósfera le permitieron ejercer, giró levemente el picaporte hasta oír un golpe seco, y abrió la puerta no estando preparado para lo que sabía vería al hacerlo.

Allí estaba la pesadilla que había tenido por tantos años, finalmente cobrando vida ante sus ancianos y cansados ojos. Agachando la cabeza para poder pasar al interior del domicilio y bloqueando por completo la luz de afuera con su cuerpo, Mewtwo avanzó silenciosamente hacia Fuji con una mirada enigmática que a primera vista era difícil determinar si expresaba ira, tranquilidad o las dos juntas. Con una simple orden mental y sin hacer el menor ruido posible, cerró el acceso a la morada; acto seguido, se irguió callada y ominosamente ante su creador, como si de la parca viniendo a reclamar una agonizante alma en pena se tratase.

"He venido, como dije que lo haría."

Fuji quiso controlar el pulso en su mano, pero le fue imposible. La furia y la impotencia que llevaban años reprimidas dentro de él comenzaban a florecer como un Bulbasaur que había aguardado pacientemente el final del invierno para que la flor de su bulbo se abriese y pudiese evolucionar en Ivysaur.

"¿Por qué lo has hecho?", se atrevió a preguntar, apretando los dientes con rabia y dolor. Un fino y amargo hilo de agua comenzó a acumulársele en ambos ojos, "Sé que lo que hice fue monstruoso. Por eso te dejé ir a ti y a Amber. Ya no soy el hombre que era. ¡¿Qué es lo que quieres de mí?!"

"Sé que no lo eres. Por eso sólo deseo un favor de ti."

"No hay nada que te deba más que…", empezó a retrucar el anciano, pero el pokémon felino le interrumpió asesinándolo con la mirada.

"¿El haberme creado?", preguntó éste dando un paso al frente, con la almohadilla en su pata amortiguando el crujido en el piso producido por su repentino desplazamiento, "Ya eres la segunda persona que me da esa respuesta. Blaine también me lo dijo hace unas horas. Y no creo que tengas aunque sea ni la mitad de valentía que él para completar esa frase."

"¡Entonces deja de hablar y acaba conmigo de una vez!", espetó Fuji colérico y perdiendo por completo los estribos, "¡Me lo merezco! Soy tan responsable por la muerte de esa gente como Blaine. Es lo justo."

"No vine a matarte", afirmó Mewtwo desviando la mirada, centrando su atención en algo que le había llamado la atención: una puerta trampa disimulada y escondida bajo la mesa, "Sino a que me devuelvas a Amber."

"¿De qué estás hablando?", preguntó el ex-científico sintiéndose devastado. La súbita mención del nombre de su hija causó que perdiese la ya lejana y errónea idea que tenía respecto de las intenciones de su visitante, al igual que la certeza que tenía sobre lo que debía hacer, "Amber está muerta, y eso ambos lo sabemos. Blaine me explicó lo que ocurrió. Intentó defenderte y los soldados de Giovanni la abatieron con sus pokémon. Y eso es todo."

"Mientes", retrucó el felino inmediatamente y entornando los ojos con evidente irritación, sin mirarle a la cara, "Cuando clonaste a Amber, lo hiciste preservando su consciencia, su alma original, para que conservase su mente y recuerdos. Sé que la tienes escondida, y quiero que me la des."

Fuji abrió la boca azorado, comprendiendo finalmente y con horror que el campo visual de Mewtwo había posado su interés en la puerta del sótano. La ira que había exhibido segundos antes retornó con incluso más fuerza, elevando la voz hasta tal punto que los pokémon más jóvenes por fin empezaron a despertar.

"¡JAMÁS!", sentenció furibundo mientras trataba de empujar al pokémon artificial con ambas manos hacia atrás, sin éxito, "¡NO ME QUITARÁS LO ÚNICO QUE ME QUEDA DE MI HIJA! ¡¿ME OYES, MONSTRUO?! ¡NO TE DEJARÉ!"

Y fue en ese preciso instante en el que, después de un prolongado silencio, la voz volvió a hablarle.

"Ya le tengo."

"¡Y TAMPOCO TE DEJARÉ IRTE DE AQUÍ!", añadió con la misma energía, golpeando con una sorprendente energía la joya incrustada sobre la argolla; en consecuencia, de ésta comenzó a emanar un potente brillo rosado.

Mewtwo percibió repentinamente una invisible pero palpable presencia, seguida de una inesperada coacción desde abajo que le forzó a mirarse las patas: desafiando las leyes de la proyección de la luz, su sombra se había deformado y alargado más de lo debido, manteniéndole adherido al suelo como si de un adhesivo de secado rápido se tratase.

La presión que había ejercido sobre la atmósfera en el interior de la casa fue sustituida por una igual o incluso más intensa. De pronto sentía frío, miedo y el leve roce de la muerte. Emociones que no había sentido desde su combate contra Zapdos. Desde su batalla contra el Honedge que alguna vez había sido Calem. Desde el día de su nacimiento.

Buscó la forma de escapar, pero le fue imposible: de aquella misma sombra, dos largas y fuertes manos le sujetaron de los hombros, invitándole a hundirse y fundirse con la madera. Tres enormes ojos, dos rojos como el carbón ardiendo y uno amarillo como el oro, le clavaron la mirada en la nuca, y una larga y sardónica sonrisa le respiró con su helado aliento en la nuca.

"¡LIBÉRAME!", gritó desesperada y enérgicamente, buscando reunir la energía suficiente para librarse de su captor.

"No quiero", le dijo el espectro en su idioma, con una voz juguetona y burlona, "Y mi amo tampoco lo quiere. No es nada personal, grandulón."

"¡Acábalo y mantén tu habilidad de Sombra Trampa, Gengar!", imperó Fuji, causando que Reina y absolutamente todos los pokémon huérfanos acabaran de espabilarse. Las luces en las casas más cercanas empezaron a encenderse una a una, "¡FINALIZA LO QUE EMPECÉ!"

Y en medio de todo aquel bullicio, mientras Reina corría en pijama a ver qué estaba sucediendo en la sala de estar, un pequeño Nidoran rompió en llanto.


Las lágrimas de un infante en la oscuridad. Un sonido que sin importar los siglos que pasaran siempre representaba la impotencia del inocente ante una situación para la que todavía no estaba preparada. La única forma que un niño tenía de expresar su angustia y aprender a sobrellevarla cuando nada ni nadie estaba allí para reconfortarle.

Sabrina abrió los ojos lenta y pesadamente mientras despertaba. Su mente no tenía ni la más remota idea de cuánto tiempo llevaba dormida, y tan rápido como un Ninjask volando y zumbando con toda su energía empezaba a desechar los rastros de lo último que había soñado.

Entornando los ojos, buscó concentrarse para poder hacer memoria; para su decepción, lo único que logró retener fue aquel lejano eco. El eco de un llanto que le costaba trabajo distinguir.

A menos que fuese aquel que ya conocía. A menos que fuese…

Se llevó frustrada la mano izquierda a la frente y decidió no darle mayor trascendencia. No era la primera vez que tenía esa clase de pesadillas. Ni una psíquica capaz de conocer su mente de arriba a abajo era inmune a algo así. Al fin y al cabo, había estado muy estresada a causa de no poder meterse de lleno en el guion. Y ahora que había vuelto con…

Tratando de no hacer movimientos bruscos que implicasen mover el colchón y las sábanas, se dio la vuelta con suavidad para encontrarse con el rostro de Red. Su enamorado dormía sereno a su lado, respirando de forma entrecortada sobre su cuello y sin ninguna preocupación aparente.

"Se ve tan bello cuando duerme. Casi como la primera vez que lo vi."

Sintió un repentino calor en sus mejillas, y la imagen de su primer beso llegó a su mente provocándole morriña por todo el tiempo que habían perdido estando separados. Todos aquellos años que se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos y que jamás volverían.

"Ha cambiado, y aun así luce como el mismo chico que conocí. A veces olvido que es tres años menor que yo."

Se atrevió a extender la mano para acariciarle gentilmente la mejilla. Se preguntó con qué estaría soñando ahora, o si seguiría inmerso en aquella bella fantasía que habían compartido juntos. Decidió no acceder a su mente y dejarle descansar tranquilo.

Mientras salía de la cama y tomaba un fino kimono de seda color fucsia para cubrirse, miró la ventana y alzó una ceja, cuestionándose qué hora podría ser. La lluvia había cesado por completo y sólo se oía el distante trinar de los Pidgey comunicándose entre ellos que precedía al amanecer, mas la oscuridad todavía reinaba en el otro lado de la ventana.

El recuerdo de la lluvia le hizo dirigirse hacia la puerta de calle silenciosamente y abrirla con un muy leve dejo de arrepentimiento: sentado en el suelo y justo enfrente del rellano, el Scyther que Red había traído anoche se hallaba contemplando callado el despuntar de los primeros rayos del sol en el horizonte.

"Ya puedes entrar", le dijo en voz alta pero sin gritar, con un tono moderado y levemente autoritario. Después miró los edificios que les rodeaban, "Hazlo pronto. No quiero que los vecinos te vean ahí y empiecen a hacer preguntas."

El pokémon mantis no le dijo nada. Acto seguido sacudió violentamente sus retraídas y todavía mojadas alas, empapándola por completo y causando que su presión arterial y su frecuencia cardíaca se desbocasen.

"¡ERES UN…!", gritó enfadada y con el rostro tan rojo como el caparazón recién renovado de un Crawdaunt, pero se contuvo de continuar al recordar que no llevaba puestos sus brazaletes. Inconscientemente había provocado que los muebles en la sala de estar se sacudiesen violentamente, como si estuviesen poseídos.

"Mira, no me interesa si te caigo bien o no", suspiró sintiéndose superada mientras buscaba y se colocaba alrededor de las muñecas las placas, las cuales emitieron un chasquido seco y un débil brillo color verde lima, "Haz lo que te digo si no quieres verme realmente enojada. El último que buscó provocarme no terminó bien."

La líder de gimnasio Azafrán tomó un secador, y mientras lo enchufaba dirigió nuevamente la mirada hacia la puerta; tanto para su sorpresa como para su disgusto, el Scyther no había hecho ni el menor esfuerzo por acatar sus órdenes. Continuaba mirando hacia el horizonte, bufando ocasionalmente para poder respirar. Llegando a la conclusión de que no podría hacerle obedecer como solía hacer con sus pokémon, escogió ablandarse y apiadarse de él.

"Te lastimaron, ¿verdad?", le preguntó acercándosele, notando por vez primera el enorme bulto en la espalda mientras se agachaba para examinarle, "Te sientes solo, incapaz de poder confiar en alguien más. Conozco el sentimiento. Deja que te ayude."

El pokémon insecto finalmente desvió la mirada, con su ojo izquierdo posándose en ella. Su expresión fría y fiera no había cambiado en lo absoluto, mas sus músculos se habían distendido, modificando levemente su lenguaje corporal. Sus alas descendieron, retrayéndose.

"Lamento haber sido tan ruda contigo. Permíteme entenderte."

Sabrina se atrevió a extender suavemente su mano derecha, con el pulso temblándole a modo de reflejo mientras la cabeza del Scyther giraba completa y bruscamente para dedicarle toda su atención; para su desconcierto, el pokémon mantis le permitió tocar su hocico, sin ejercer ni el más mínimo ápice de resistencia. Ya fuese por confianza o por curiosidad, parecía estar dispuesto a aceptar su asistencia.

Cerró sus ojos e intentó penetrar con delicadeza en la mente de la criatura. Y casi al instante, como si de una televisión vieja y descompuesta se tratase, una ráfaga de imágenes y sonidos llegó a su cerebro y oídos. Vio la vegetación de una ruta que jamás había visitado siendo arrasada por las llamas, mientras una silueta humana se aprovechaba de la confusión para capturar con los ataques de Espora y de Red Viscosa de un Smeargle a varios pokémon que intentaban huir despavoridos con sus familias.

"No te preocupes, pequeño. Tú vas a ser mi mayor activo. Y te guste o no, aprenderás a respetarme."

Vio las rejas metálicas de una estrecha e incómoda caja de transporte oxidarse con el veloz transcurso de los años. Sintió latigazos y garrotazos en su espalda mientras escuchaba las voces de desconocidos alojándose en sus tímpanos.

"Éste se ve bastante fiero. ¿Me garantizas que me hará caso cuando entre en la arena?"

"Por supuesto. Si se atreve a hacer algo, simplemente debe presionar el botón y el collar administrará la descarga correspondiente. Acompáñeme, haremos el papeleo para que pueda llevárselo."

La siguiente experiencia fue agradable. Se vio rompiendo aquello que la oprimía en el cuello y escapando a la libertad con toda la fuerza que sus alas, claramente diseñadas para planear y no para volar, tenían, al mismo tiempo que conseguía respirar la suave brisa marítima y tocar el pasto fresco de Isla Prima con sus patas. Y cuando no hubo más que un vacío negro, volvió a abrir los ojos para encontrarse nuevamente con los de Scyther, que parecía estar aguardando algún tipo de respuesta de su parte.

"Has sufrido mucho", consiguió decir segundos después, con la voz quebrada y reteniendo una lágrima. Había conseguido ponerse exitosamente en el lugar del pokémon, "Y a pesar de todo te negaste a rendirte. Tu espíritu es indómito y admirable."

Y fue en ese preciso instante en el que detectó que alguien más le respiraba en el hombro, causando que se ruborizase casi por completo. El mismo alguien que, para su sorpresa, llevaba un largo rato con una mano apoyada sobre su espalda.

"Pensé que seguías durmiendo", susurró perpleja, dándose la vuelta para mirarle a los ojos.

"Te escuché gritar y quise ver qué sucedía", admitió Red sintiéndose avergonzado por haberse metido sin invitación, con Espeon aferrada a su hombro. Luego miró al Scyther y acarició su cabeza con gentileza, "También vi lo que le enseñaste. Sé que todavía no te caigo bien, pero no dejaré que nadie más vuelva a lastimarte. Puedes contar con ello."

El Scyther miró para otro lado y bufó por lo bajo. Su expresión seria y desafiante se había esfumado, como si ya no estuviese seguro de qué emoción sentir al respecto. Un segundo más tarde volvió a mirar a su nuevo dueño y asintió con la cabeza, logrando que Red esbozase una pequeña sonrisa. Acto seguido, y sin que se lo pidiesen, retornó a su Malla Ball. Parecía querer tener tiempo a solas.

"En verdad tienes talento para que confíen en ti", reconoció Sabrina poniéndose de pie para cerrar la puerta de calle de una vez por todas. La líder de gimnasio siempre había estado algo celosa del vínculo que su amado lograba formar fácilmente con cada pokémon que entrenaba. Un vínculo que ella sólo había sido capaz de formar con su Alakazam.

"No es talento, es sólo experiencia previa", aseguró el joven de Pueblo Paleta dejando a Espeon en el suelo e incorporándose para dirigirse a la cocina, "Mi Bulbasaur también había sufrido abuso por parte de su entrenador cuando nos conocimos. No fue hasta que comprendió que no todos los humanos somos así que se abrió conmigo. Scyther sólo necesita cariño y entendimiento para poder abrirse."

"Lo haces parecer tan sencillo", refunfuñó ella ligeramente frustrada. Después de eso volvió a mirar la ventana, comprobando que efectivamente la luz del sol ya había comenzado a filtrarse por debajo del vidrio, "Se sienten como las seis y media."

"Y lo son", retrucó él acabando de encender la hornalla para preparar el sencha y reuniéndose con ella, "Tienes que abrir el gimnasio a las ocho, ¿no es cierto?"

"Así como tú tienes que ir a reunirte con Lance y los demás", replicó la psíquica acercándosele, hasta que la distancia entre ambos fue menor a un milímetro, "Fue muy considerado de su parte ofrecerte un puesto como miembro del Alto Mando en reserva después de lo sucedido con Zapdos aquí en Azafrán."

"Tenemos entonces una hora y media para nosotros", dedujo el muchacho rodeándola con ambos brazos y tomándola de la cintura, "Podemos desayunar juntos y darle de comer a nuestros pokémon."

"Es una posibilidad", le reconoció la líder de Azafrán mientras jugueteaba con su barbilla, haciéndole cosquillas con el dedo índice. Segundos después esbozó una mueca parecida a una sonrisa, "Aunque ahora mismo creo que tengo ganas de hacer otra cosa."

"¿A-ah sí?", preguntó su novio, tartamudeando y sonrojándose. Instintivamente dejó que ella le tomase suavemente del mentón, "¿Q-qué otra cosa quieres hacer?"

"Tengo un par de ideas", afirmó ella mirándole a los ojos y alzando una ceja de forma sugerente.

"¿Sí?", inquirió él cerrando los ojos, sabiendo perfectamente lo que ocurriría a continuación.

"Sí", musitó la líder terminando de traer su cabeza hacia adelante, logrando que sus labios entrasen en contacto.

Red se dejó llevar. Seguía sorprendido por semejante avance de parte de ella, mas no se le ocurría ninguna queja que formular al respecto. No pasó mucho tiempo para que por segunda vez se viese a sí mismo boca arriba sobre la cama, donde Sabrina se sentó encima de él para continuar besándole con auténtica pasión, al mismo tiempo que descendía lentamente con su mano derecha por su torso hasta alcanzar el bulto en sus bóxeres con el fin de estimularlo; sintiéndose a gusto y excitado, se atrevió a aferrarse a sus glúteos con deseo, para un instante más tarde proceder a desanudar su kimono.

Y habrían llegado mucho más lejos de no haber sido por la repentina aparición de un molesto y continuo sonido electrónico que generaba mediante el uso de organizados y rítmicos pitidos una cautivante aunque a la vez estridente melodía.

"¿No es ese tu pokégear?", preguntó Red deteniéndola, saliendo lentamente del trance. No era la primera vez que escuchaba aquel tono de llamada.

"Por desgracia lo es", gruñó ella con fastidio, enojada por haber sido privada de compartir un momento íntimo con su pareja; bastante molesta, hizo levitar el dispositivo hasta su mano y leyó impresionada el nombre que figuraba en la pantalla.

"Al habla Sabrina", dijo apenas presionó el botón para atender la llamada, "¿En qué puedo ayudarte, Erika?"

"Lamento llamarte tan temprano, Sabrina", se disculpó Erika con notable arrepentimiento en el tono de su voz. La dueña del gimnasio de Ciudad Azulona sonaba nerviosa y respiraba profusamente, como si algo la aterrara, "Pero es un asunto urgente."

"¿De qué se trata?", preguntó la psíquica bostezando mientras se bajaba de encima de Red y empezando a irritarse. No le gustaba para nada cuando su colega y amiga tardaba tanto en ir al punto.

"Ha habido un incidente en Pueblo Lavanda", contestó su interlocutora casi al instante, "El departamento de policía nos llamó a Surge y a mí, pero creo que nos vendría bien tu ayuda. ¿Está Red contigo?"

"De. Qué. Se. Trata. Erika", repitió Sabrina entre pausas, tanto hastiada como alarmada. Su enojo y preocupación crecían a la par y a cada segundo, enloqueciéndola. La líder de Azafrán guardaba un profundo respeto hacia la gente de Lavanda, especialmente desde que le habían permitido enterrar a uno de sus pokémon en su cementerio para visitarle y velar por su alma a diario.

"¡ES MEWTWO!", exclamó Erika desde la otra línea, "¡MEWTWO HA REGRESADO! ¡Y HA TOMADO REHENES!"

Sabrina guardó silencio y abrió los ojos aterrorizada, a tal punto que parecía que estos saldrían rodando de sus cuencas en cualquier momento. El tiempo pareció enlentecerse a su alrededor mientras un familiar escalofrío le recorría la médula. Oyó el distante sonido del agua rompiendo el hervor en la cocina, ahogado tanto por sus ahora acelerados latidos como por los de Red; finalmente, apretó el dispositivo con fuerza y frunció el ceño.

"Voy enseguida", respondió con una voz fría, desprovista de cualquier tipo de emoción. Acto seguido se quitó el kimono y procedió a vestirse.

"Y yo también iré", afirmó Red imitándola con determinación. El joven de Pueblo Paleta había escuchado y comprendido toda la conversación a la perfección, "No sé qué pretenda ese monstruo, pero esta vez ha llegado demasiado lejos."

"No, tú ve a la reunión que tenías programada con Lance", replicó Sabrina decidida mientras acababa de subirse los pantalones con prisa, "Lidiaré con él sola y nos veremos más tarde. Ya lo hice una vez."

"Al cuerno con la reunión, Lance sabrá perdonármelo", espetó él furioso mientras se colocaba su gorra y tomaba su mochila, "Lidiaremos juntos con él. A partir de ahora, hacemos todo unidos y no separados."

"Red, no quiero perderte luchando contra esa cosa", respondió ella terminando de colocarse sus zapatos y guardando a Espeon en su receptáculo con una simple orden mental. Luego abrió la puerta y corrió hacia la calle, con Red siguiéndola detrás, "Apenas acabo de recuperarte."

"Y yo no quiero perderte a ti", retrucó su amado con la misma energía mientras lanzaba una poké ball al aire. Charizard emergió de ella rugiendo con vigor y abriendo sus alas de par en par, "Te abandoné por once años. No pienso volver a abandonarte, y menos cuando más me necesitarás."

Ella retrocedió y le miró a los ojos azorada. Dominada por el momentáneamente subidón de adrenalina, le besó en la mejilla izquierda en señal de aceptación, y sin pensárselo dos veces subió al lomo de Charizard, con su novio sentándose atrás y sujetándose firmemente de su cintura.

"Llévanos hasta Lavanda ahora mismo", le solicitó mental y aceleradamente al pokémon de fuego, esperando expresarle su urgencia con la mayor claridad posible.

Charizard asintió con la cabeza y adoptando un semblante serio. El lagarto alado cobró impulso y, batiendo sus alas con una fuerza descomunal, abandonó en un parpadeo el suelo y voló con sus dos pasajeros en dirección este, dejando atrás los murmullos de la gente que comenzaba a preguntarse si sus ojos no les estaban engañando.

Si realmente habían visto al entrenador más poderoso que Kanto hubiese conocido saliendo de la casa de la líder de gimnasio que Ciudad Azafrán más había temido.


"Estamos aquí enfrente de la singular escena, donde el alguna vez apacible Pueblo Lavanda se ha vuelto el epicentro de un tenso e insólito episodio como ningún otro que se haya visto antes. Por motivos desconocidos, el mítico y forajido pokémon conocido como Mewtwo ha secuestrado al cuidador de pokémon Kenzo Fuji y a su sobrina nieta Reina Fuji Hime, encerrando su casa en lo que parece ser una especie de burbuja gigantesca. Todavía se desconocen los motivos detrás de…"

Giovanni apagó el ordenador y cruzó ambas manos para meditar acerca del reportaje en vivo y en directo que acababa de ver. El reciente movimiento de su creación ciertamente era cuanto menos inusual; no obstante, también era lo que llevaba tiempo esperando. Al fin y al cabo, Mewtwo no podría mantener su anonimato

"Conque allí te escondías después de tanto tiempo, condenado anciano", se dijo a sí mismo en voz baja, recordando el reporte que le había hecho un soldado mucho tiempo atrás acerca de un viejo que se había puesto a protestar durante su operación en Lavanda sobre el cómo lastimaban a los pokémon más débiles. Luego volvió a mirar las fotos que tenía sobre su escritorio con suma atención, "¿Qué es lo que buscas, Mewtwo? ¿Por qué has actuado justo ahora?"

Las puertas de entrada a su despacho se abrieron con un chistido mecánico y prolongado, seguido de un fuerte grito que inundó la sala.

"¡MALDITO PSICÓPATA!", vociferó Ariana furibunda, entrando con paso decidido y dominada por una furia únicamente igualable a la fuerza de un tornado. La ejecutiva Rocket llevaba en su mano derecha una carpeta que estaba a reventar de incontables folios y papeles que parecían de ser de gran importancia, "¡AHORA SÍ HAS CRUZADO LA RAYA!"

"Realmente debería revocar tu tarjeta de acceso a mi estudio", respondió él con un tono de decepción en su voz, al mismo tiempo que guardaba las fotografías en el cajón más próximo y se daba la vuelta para encararla, "Y más si vuelves a entrar de esa manera."

"No intentes amedrentarme", dijo ella devolviéndole el tono y la mirada. Luego tiró con violencia la carpeta sobre la mesa, permitiendo que el contenido de la misma se desparramase sobre la misma, "Sabía que estabas enfermo, pero esto es ir demasiado lejos."

Su ex-esposo miró desinteresadamente los expedientes, reconociendo todos y cada uno de los rostros que aparecían en las fotografías anexadas a los mismos. Luego volvió a alzar la vista hacia ella, quien esperaba una respuesta cruzada de brazos.

"¿Qué se supone que debo ver aquí?", preguntó con frialdad, fingiendo ignorancia.

"Solicité acceso a Archivos Internos para confirmar ciertas sospechas que tenía desde hacía un tiempo e investigando encontré esto", le retrucó la mujer al instante, alzando nuevamente la voz, "Tu querida Operación Hombre del Saco. ¡¿Es esto a lo que has rebajado el negocio de tu madre?! ¡¿Secuestrar niños y adoctrinarlos para que nos sean leales desde pequeños?!"

"Mi madre dio luz verde a esa operación, al igual que tus padres", respondió él encendiendo un puro para intentar controlar el fuerte deseo que sentía en aquellos segundos de estrangularla.

"Y también la canceló tan pronto como la aprobó", replicó ella mirándole con desdén, "Sabía lo monstruoso que era hacer algo así, y te hizo prometer que nunca le darías el visto bueno. ¡¿Por qué lo hiciste?!"

"Los tiempos cambian", contestó Giovanni manteniéndole la mirada y tras haber expulsado una cortina de humo de sus labios, "Lo reactivé unos años antes de que ese mocoso frustrase el operativo en el Monte Moon. Necesitábamos extender nuestra influencia al resto del mundo para garantizar que el negocio siguiese a flote en caso de que algo malo pasara en Kanto, y no había mejor forma que colocando agentes durmientes en cada región que estuviese en nuestra base de datos."

"Pero no lo hiciste sólo por eso", dedujo ella de forma tajante, "Te conozco lo suficiente como para saber que nunca tomas acción sin un motivo oculto. Uno que nunca compartes con los demás."

Él no le dio respuesta. Se limitó a terminar de fumar, y cuando se cercioró de que había acabado dejó caer el pie del puro al bote de basura que tenía al lado. Luego volvió a mirarla a los ojos.

"El muchacho era débil", explicó por fin, "Y llegué a la conclusión de que si tú no podías darme un sucesor digno, debía conseguirlo mediante un plan de respaldo. No me dejaste opción. Pero lo que me interesa saber es, ¿qué fue lo que te hizo sospechar? Quid pro quo."

"¿De verdad no tienes idea o sigues jugando a no saber de lo que te hablo?", preguntó Ariana impertérrita y con una expresión latente de odio y de asco formándose en su rostro. Acto seguido tomó del escritorio el único expediente que le importaba, "Sabía que había algo en esa chica que se me hacía familiar: es la hija de mi vieja amiga del secundario, Krysta Arianelle, ¡y ahora tras el incidente en Johto tanto su madre como su hermana y la policía saben que sigue viva como una de nuestros soldados!"

"No tuve nada que ver con lo que pasó en Johto", afirmó Giovanni ofendido, hallándose a sí mismo a punto de perder la paciencia, "Kris actuó bajo la directiva que se le había dado, restaurar el Equipo Rocket por su cuenta si todo lo demás fallaba. Por eso ejecutó el Protocolo Fénix secuestrando a Raikou y a Entei con el objetivo de capturar a Ho-Oh y pedirle que reconstruyese la organización."

"Y luego te encontró de pura casualidad como un vagabundo muerto de hambre", completó ella indignada, "Archer ya me lo dijo. Convertiste a una niña inocente en un monstruo obediente. El cómo haces para dormir con la consciencia tranquila no lo entiendo."

"Te aseguro que no ejerzo absolutamente ningún control sobre ella", se excusó él hombre sin quitarle ni por un segundo los ojos de encima, "Ella me es leal por pura elección. Odia a su familia por pura elección. Y comparte mi visión por pura elección."

"¡PORQUE ASÍ LA PROGRAMASTE! ¡¿CÓMO PUDISTE HACERLE ESTO A KRYSTA?!", vituperó Ariana furiosa, descargando su furia sobre el escritorio con ambos puños y dedicándole una mirada cargada de un odio irracional. De pronto abrió ambos ojos como platos y se apartó unos centímetros estupefacta, "Esto fue lo que siempre quisiste, ¿verdad? No te interesa realmente tener un sucesor. Quieres a alguien que sea como tú."

"Así es como debe ser", respondió Giovanni sin reparo, "Somos criminales ante la ley, Ariana. Haré todo lo que se requiera para salvar esta organización. ¿Quieres delatarme? Muy bien, ve ya mismo a la policía. Intenta destruir todo lo que he hemos logrado. Pero te advierto que me quedaré con los niños y haré todo en mi poder para arruinarte. Serás la única de los dos que irá a prisión."

Ariana abrió la boca lista para soltar su respuesta, pero se vio interrumpida por el sonido de las puertas volviendo a abrirse. Ya era la segunda vez consecutiva en aquella semana que Kris ingresaba cuando se hallaban hablando.

"Lamento entrar así, jefe", se excusó la recluta dando un paso hacia adelante y haciendo un saludo militar; como era la costumbre, venía acompañada de su Donphan, "No sabía que tenía compañía."

"No te disculpes querida, llegas en el momento más oportuno", aseguró su superior con falsa tranquilidad. Luego miró a Ariana a los ojos, "La señorita Ariana estaba a punto de irse."

Ariana se tragó su orgullo y se encaminó lentamente hacia la salida, sin poder detenerse a mirar a una sorprendida Kris. Y fue justo cuando estaba por abandonar completamente el despacho que se detuvo frente a las puertas.

"¿Lo sabías?", preguntó con un tono neutro y directo y sin darse la vuelta, intentando no ser demasiado específica con la chica estando en el cuarto.

"No", contestó él volviendo a unir sus manos.

La mujer contuvo las lágrimas; cerrando el puño izquierdo con impotencia, terminó de atravesar las dos grandes puertas, que se cerraron detrás de ella con su característico chistido.

"¿Me he perdido de algo?", preguntó la joven desconcertada. Había algo en el clima que reinaba en la sala que la hacía sentirse en medio de una violenta discusión a la que no había sido invitada.

"Nada importante", aseguró Giovanni volviendo a encender el ordenador, sintonizando el canal que había estado viendo antes de que Ariana ingresase a la oficina, "Imagino que estás aquí para hablarme sobre el progreso con Delta. Espero que tengas buenas noticias."

"Excelentes, más bien", afirmó ella sentándose justo encima del escritorio con palpable orgullo y soberbia, "Está respondiendo demasiado bien al entrenamiento inicial. Puede replicar los ataques de todos los pokémon añadidos a su cadena genética, y sus reflejos han demostrado ser iguales o mejores que los de sus predecesores. Aunque necesitará de un poco más de tiempo para poder utilizar las habilidades de Groudon y de Kyogre a su máxima potencia."

"¿Y cómo va el vínculo que te pedí que formaras con él?", inquirió el líder Rocket con sumo interés.

"Bueno, después de usted es en quien más confía por el momento", admitió Kris sin ocultar lo feliz que estaba tanto por complacerlo como por anunciarlo "Casi podría decirse que me considera su madre, o lo más cercano a ello."

"De ser así te encargaré su cuidado a partir de ahora", decidió de inmediato Giovanni sin apartar la mirada de la pantalla, "Será mejor que comiencen las pruebas de campo lo más pronto posible. Asegúrate de encerrarle en una de nuestras gen balls para darle un pequeño incentivo."

"¿Está seguro de eso, jefe?", se atrevió a cuestionar la joven un poco preocupada, "Todavía no tenemos la muestra faltante que usted quiere. Hasta entonces Delta no estará del todo completo. Apenas se encuentra en una etapa temprana de desarrollo. O al menos eso han dicho nuestros genetistas."

"Más que seguro, Kris", retrucó él con absoluta certeza, "Necesito que compruebes que sus capacidades ofensivas funcionan como queremos. No podemos darnos el lujo de ser descuidados."

El líder Rocket hizo un breve intervalo al notar algo en el reportaje que captó su atención. Sus ojos brillaron tanto con miedo como con odio apenas detectaron entre la multitud enfocada por el camarógrafo la aparición de una nuca de cabello castaño oscuro y una gorra roja. La nuca de la figura que llevaba años atormentándole en sus peores pesadillas.

"Y sé justo el objetivo perfecto", dijo rechinando los dientes con una furia irrefrenable. Después volvió a ver a Kris, "Reúne a tu escuadrón y lleva a Delta contigo a Lavanda. No dejes testigos, y tráeme a Mewtwo vivo o muerto."

La joven no necesitaba una mayor explicación. También había reparado en aquella gorra que reconocería en cualquier parte; en consecuencia, no pudo evitar esbozar una sonrisa pérfida. Ésta era la oportunidad para probarse ante Giovanni que siempre había soñado. Defraudarlo no era una opción.

"Considérelo hecho", contestó acariciando la cabeza de Donphan. El pokémon paquidermo soltó un berrido con la intención de reafirmar lo que su dueña había dicho.


Para nadaoriginal: me alegra que estés disfrutando de esta historia tanto como yo disfruto escribirla, y que los interludios con Surge no te saquen de onda. Ya con el tiempo verás qué tan conectados están con la trama principal, y de hecho si has prestado atención hasta el momento ya habrás notado las pistas. No obstante cometiste un error en el resumen que hiciste de la última bitácora. Veamos si con el tiempo puedes descubrir cuál es ;)