Autor Original: Zeplerfer
ID: 3863429
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Capitulo 5: La Princesa Rana
En el cual Francis recibe consejo de una rana que habla, confunde a Feliks con una princesa y come una útil galleta de la fortuna.
Cuando Francis y su padre se enteraron de que Arthur había desaparecido, el rey galo determinó que Francis tendría que ser el que rescatase a su prometido en nombre del amor. En términos muy floridos, audazmente predijo que la desaparición de Arthur proporcionaría la oportunidad perfecta para que Francis y Arthur finalmente se enamorasen y dejasen atrás las constantes disputas que habían definido sus infancias. Junto a la Reina de Alban, siguieron planeando la boda, que tendría lugar inmediatamente después del rescate de Arthur.
"Será très romantique" dijo el rey mientras aparecía espontáneamente un torbellino de rosas (la capacidad de invocar flores era un rasgo familiar).
Francis rodó los ojos – por lo que a él respectaba, nada sobre Arthur, con sus espesas cejas y su mal genio, podría describirse como "romántico". A Arthur le gustaba quejarse y no tenía sentido del gusto. Prefería los libros a las personas y odiaba las fiestas sociales a las que Francis amaba asistir. ¡Francis había intentado sacar a Arthur de su caparazón (incluso ofreciéndole arreglarle el pelo antes de la fiesta para que no fuese demasiado horrible), pero todos sus esfuerzos habían fallado invariablemente!
Aun así, Francis sabía que cumpliría con su deber para su país porque necesitaban desesperadamente el matrimonio en virtud de tratados. Él y Arthur no compartían un amor apasionado, peor habían compartido la mayor parte de su infancia, y seguramente podrían aprender a reñir cariñosamente. Y a pesar de todos sus desacuerdos, no quería que le pasara nada malo al otro joven. Se preparó para irse y por la mañana se despidió de su hermano.
"¿Mathieu?" dijo Francis suavemente, retirado el flequillo del joven. Mathieu siempre había sido un niño enfermizo y rara vez salía de la cama. Como resultado, muchas personas en el palacio olvidaron por completo su existencia. A Francis le preocupaba que el joven se sintiese solo en su ausencia.
Mathieu tosió y sonrió débilmente "ve a buscar a Arthur para que pueda tomar el té conmigo"
Francis estuvo de acuerdo con una débil sonrisas y besó la frente de Mathieu.
Viajó a la posada que era el último lugar conocido en el que estuvo Arthur, descubriendo rápidamente por el camino que era imposible el mantener su adorable ropa limpia. No entendía por qué las carreteras insistían en ser tan polvorientas. Debería haber insistido en traer un sirviente.
Francis, agradecido, se bañó en la posada y convocó unos pétalos de rosa para perfumar el agua. Flirteó con las camareras, haciéndolas sonrojarse y riéndose de sus hermosos cumplidos. Luego ofreció vino a los residentes locales para soltarles la lengua, pero se decepcionó al saber que no habían visto nada la noche de la desaparición de Arthur. Por la mañana, Francis se fue a buscar en el área cercana. Según su padre, tenía que descubrir alguna pista que lo llevase a Arthur porque era el "destino" y el "amor verdadero" y todas esas cosas en las que Francis generalmente creía, pero no con respecto a Arthur.
En lugar de pistas, Francis descubrió más tierra y barro y malas hierbas, de olor desagradable al lado de la carretera. Se rajó la ropa con los arbustos y encontró su pelo enredado con ramitas. Había traído varios cambios de ropa (porque un príncipe tenía el deber de lucir siempre lo mejor posible), pero le preocupaba quedarse sin ropa nueva antes del fin de semana.
Francis se inclinó contra un árbol y suspiró.
"¿Estás perdido?" preguntó la voz de una mujer joven.
Francis se giró, pero no pudo ver a la mujer. Incluso cuando la voz se rio, Francis todavía no podía encontrar de donde procedía. Alzó la vista hacia el árbol. Un rápido movimiento de verde captó su atención. Vio una rana saltar a una rama inferior.
"Allo, ahí" dijo la rana.
Francis saltó y gritó sorprendido antes de recuperar la compostura "Uh, ¿mademoiselle?" preguntó con inseguridad.
Suspiró "Solo para acelerar esta conversación, sí, soy una rana que habla, sí, soy una princesa atrapada en el cuerpo de un anfibio, y sí, me encantaría un beso de un príncipe. Eres un príncipe… ¿verdad?" ella le dio a su ropa una mirada exigente, sin duda detectando la calidad del material, incluso si estaba cubierto por una capa delgada de tierra.
Francis se acarició la barba de tres días, pensativo "Oui, je suis un prince. Pero solo doy besos gratis a hermosas jovencitas, así que tendrás que ofrecerme algo a cambio"
"¡Soy una hermosa joven!"
"Tienes verrugas" dijo Francis con desdén.
"Todos tenemos nuestras verrugas" respondió filosóficamente.
Francis agitó una mano con desdén "Verrugas metafóricas, sin duda. Pero solo me importan las literales" Francis sabía que la belleza exterior era la medida más importante del valor de una persona. Era por eso que pasaba tanto tiempo acicalándose y arreglándose.
Suspiró y le contó sus problemas. Después de escuchar los problemas de Francis, la rana prometió que lo ayudaría a encontrar a su princesa a cambio de un beso. Angelique, al presentarse, explicó que si una princesa desaparecía, casi siempre se culpaba a un dragón.
Semanas más tarde, Francis todavía estaba sucio, cansado y completamente desanimado. Había encontrado muchos dragones y muchas princesas, pero todavía no estaba más cerca de encontrar a Arthur. Muchas de las princesas eran adorables y se las había llevado con gusto a casa, pero no importaba lo tentadores que fuesen sus largos cabellos y sus hermosos vestidos, sabía que estaba atrapado con Arthur. Aunque pasó un breve período de tiempo considerando si podía convencer a la princesa Lili para que se hiciese pasar por un chico. Tenía el pelo corto y rubio y hermosos ojos verdes, igual que Arthur, y estaba plana como una tabla. Pero Francis sabía que su temperamento dulce y su tierna voz la delatarían inmediatamente como una impostora.
Francis odiaba su misión de rescate. Quería ir a casa, beber vino y probarse ropa nueva. Quería flirtear con hombres jóvenes y damas bien vestidas y no tener que lidiar con la crítica de un pequeño anfibio que pensaba que ya debería haber encontrar a Arthur y haberle dado su beso como recompensa. Pero sabía que seguiría intentándolo porque amaba profundamente a su país y este matrimonio era su mejor oportunidad para la paz.
Se detuvo frente a la entrada de la guarida del dragón Ivana y suspiró para sí mismo "¿Por qué los dragones viven tan alejados unos de otros?" murmuró.
"Son grandes depredadores. Destruirían el ecosistema si todos cazasen en la misma zona" explicó pacientemente Angelique mientras miraba desde las alforjas "¿Esperabas que vivieran en un conveniente sistema de cuevas interconectadas en una sola montaña?"
Francis resopló y desmontó. Se sacudió el polvo de la ropa y avanzó, esperando contra toda esperanza haber encontrado finalmente a Arthur. Iba a pasar mucho tiempo gritándole a Arthur por ser tan difícil una vez que lo encontrase. Esperaba con ansias los gritos – intercambiar insultos era la mejor parte de su relación.
"Ah, ¿hola?" dijo un joven dudosamente desde el frente de la cueva. Tenía el cabello castaño hasta los hombros y una sonrisa triste. No era Arthur, aunque era muy lindo.
Francis abrió la boca para responder, antes de que otra persona apareciera a la vista.
"¡Oye, retrocede tío! Toris es como mío" una joven deslumbrante rodeó con sus brazos al tímido moreno. Tenía el pelo rubio hasta los hombros y los ojos verdes brillantes que permanecían medio abiertos. Era delgada y su sentido de la moda era casi tan llamativo como el de Francis.
"¿Eres tú la princesa d'Ivanne?" preguntó mientras admiraba su hermosa capa rosa.
"Como que no" dijo la rubia, rodando los ojos.
"No esa una princesa, solo está atrapado" respondió suavemente el moreno, alzando su pierna para mostrar un grillete alrededor de su tobillo. La cadena que lo sujetaba se perdía en la oscuridad de la cueva.
"Mon dieu" susurró Francis mientras miraba la cadena, sorprendido de que un dragón tratase a su cautivo tan mal. Las otras princesas parecían algo molestas por su cautiverio – después de todo, estaban acostumbradas a que las tratasen como a la realeza – pero, por el contrario, las mantenían en hermosos aposentos y con total seguridad ninguna había estado encadenada. En comparación a la jaula dorada que era un palacio, vivir con un dragón no parecía tan malo. Francis frunció el ceño y esperó que Arthur estuviese cautivo de un dragón amable.
"Feliks, deberías irte, a Ivana no le gusta cuando te quedas aquí" dijo Toris en voz baja.
El rubio hizo un puchero, pero su expresión se tornó tierna mientras cogía a Toris de las mejillas y apretaba sus labios en un suave beso. Francis desvió la mirada, no quería entrometerse en su momento privado. Intercambiaron un abrazo y susurraron un adiós antes de marcharse.
Cuando el rubio salió a la luz, Francis admiró su valor por usar pantalones debajo de su túnica. Vio que el otro rubio montaba un pony de color crema. Feliz se frotó los ojos y miró hacia otro lado "¿Por qué sigues aquí?" preguntó, la molestia en su voz escondía una corriente de profunda tristeza.
"Lamento mucho la situación de tu amigo" dijo Francis con genuina simpatía. Como un verdadero hombre galo, odiaba ver cualquier obstáculo que bloquease el camino al amor y admiraba a una princesa que salía a rescatar a su hombre "No quise inmiscuirme ni intentar alejarlo de ti. Yo mismo estoy intentando rescatar a alguien, mi prometido, pero no puedo encontrarlo. Tenía la esperanza de que estuviese aquí, pero parece que no"
"No, Ivana nunca captura a la realeza, no puede soportarlos" respondió Feliks sombríamente. Giró un mechón de su pelo alrededor de su dedo mientras su rostro se retorcía en sus pensamientos "La princesa masculina, ¿eh? la única de la que he escuchado vive con Kiku"
Francis negó tristemente con la cabeza "No, ya le pregunté a Kiku"
Feliks se encogió de hombros "Lo siento, amigo, eso es todo lo que tengo. Alfred o Lizzie pueden tener alguna idea. Reúnen muchos chismes en su posada"
"Una posada sería maravillosa" coincidió Francis, ya imaginando la alegría de un baño tibio, ropa limpia, camareras coquetas y la mejor añada de vinos disponible. Estaba harto de dragones y princesas, sobre todo porque la mejor recompensa que podía esperar era arrastra a una princesa infeliz al altar.
Elizabeta tenía una idea. Sugirió viajar de visita al sabio dragón Yao y pedirle consejo. Incluso les dibujó un mapa de la Montaña de Jade.
Alfred odiaba el plan "¡La princesa de Yao me golpeó con un remo cuando intenté rescatarla!" se quejó.
"Si no ayudas a este buen hombre a encontrar a su princesa, te golpearé con una sartén" argumentó convincentemente. Ella sonrió con dulzura, pero alzó la sartén en el aire, por si acaso.
Francis cogió el mapa de Elizabeta. Reconoció a Alfred como la persona que le había dado las direcciones equivocadas hacia la cueva de Kiku "Yo cogeré esto" dijo "no se puede confiar en él con las direcciones" explicó, señalando a Alfred.
Alfred miró tanto a Francis como a Elizabeta "¡Oye, no es mi culpa que la derecha y la izquierda parezcan iguales!"
Poco después de que se fueran, Angelique se presentó a Alfred y Feliks.
"Pregunta rápida - ¿alguno de los dos es un príncipe?" preguntó mientras saltaba de las alforjas de Francis. Se posó en el hombro de Francis.
Feliks y Alfred miraron boquiabiertos a la rana parlante.
"¡Vamos! Es una pregunta fácil" se quejó. Francis sonrió, disfrutando del corto temperamento de la pequeña rana. Le recordaba a Arthur, pero en el buen sentido.
"Totalmente no"
"No, lo siento"
Angelique suspiró dramáticamente "Hay una escasez trágica de príncipes por aquí"
De camino a la Montaña de Jade, Francis aprendió mucho sobre sus compañeros de viaje. Para empezar, Feliks sorprendentemente resultó ser un chico, como descubrió Francis cuando intentó echar un vistazo mientras Feliks se bañaba. Al afeminado hombre le encantaban los caballos y el color rosa. Hablaba de ponis interminablemente. Francis intentó simpatizar, porque imaginaba que Feliks preferiría hablar de ponis antes que hablar de Toris, pero incluso Francis se cansó de oír hablar de ponis con flores en la crin.
Alfred amaba la comida y sus cumplidos sobre la cocina de Francis eran maravillosamente gratificantes, hasta que Francis vio a Alfred cocinar y quemar su propia comida y se dio cuenta de que Alfred felizmente se comería cualquier cosa. Le recordaba a Arthur.
Al pensar en Arthur, Francis se preocupó por lo que sucedería cuando encontrase a su princesa. Incluso con su lengua dorada, dudaba que Arthur fuese una novia ruborizada. Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de cuando se acercaron a la cueva de Yao,hasta que vio un remo acercarse rápidamente a su rostro. Entonces todo se volvió negro.
Francis despertó en el suelo con una mujer bastante atractiva inclinada sobre él. Su vestido verde revelaba hermosas curvas y hermosas piernas. Fue una buena manera de despertar. Una vez que vio que estaba despierto, la mujer de pelo negro se disculpó "Lo siento, pensé que eras Alfred"
Cuando se levantó inestablemente, lo siguiente de lo que Francis se dio cuenta fue del dragón. El dragón de escamas negras llenaba la mayor parte de la cueva. Francis había aprendido un poco sobre las expresiones faciales de los dragones, y podía darse cuenta de que estaba molesto. No parecía particularmente viejo o sabio, especialmente con el panda que llevaba debajo del brazo.
"Déjame adivinar" dijo Yao, señalando a Alfred "Quieres un cerebro"
Señaló a Francis "Quieres valor"
Señaló a Feliks "Y tú quieres un corazón"
Los tres protestaron simultáneamente porque Yao estaba completamente equivocado, creando una cacofonía de ecos que resonaban en toda la cueva "Como que necesito totalmente saberlo" – "Non, non, estás equivocado del todo, lo que necesito encontrar es" – "La verdad es que solo quiero" – "un modo de vencer a un dragón" – "al que está escondiendo a mi prometido" – "una princesa normal".
"¡Aiyah! ¡Callaos y coged una galleta!" gritó el dragón, tan enfado que pequeñas llamas salieron disparadas de su hocico. Todos se callaron y cogieron una galleta de la fortuna (varias galletas, en el caso de Alfred) y salieron de la cueva lo más rápido que su dignidad les permitió. Una vez fuera del alcance auditivo de este, intercambiaron miradas.
"Pero ni siquiera hicimos una pregunta" dijo Francis mientras miraba su galleta intacta, muy dudoso de que una galleta pudiese predecir el futuro.
"Las galletas saben la respuesta a la pregunta que quieres hacer" explicó Alfred, felizmente comiendo su galleta mientras le tendía una hoja de papel. Colocó las galletas extra en su bolsa.
"¿Princesa Lili?" preguntó Francis después de leer la fortuna.
Alfred asintió y habló con la boca llena "Sip, debe de ser una princesa normal. He querido rescatar a alguien desde hace años"
"Ella era lo suficientemente amable, pero demasiado joven" respondió Francis mientras abría su galleta y leía la fortuna que contenía "Adopta un hermano, si amas a otro" leyó en voz alta. Frunció el ceño, incapaz de entender cómo la adopción ayudaría a encontrar a Arthur.
Ambos se giraron a mirar a Feliks mientras sacaba su papel y lo desplegaba, y lo desplegaba de nuevo, siguiendo de ese modo sin un fin aparente hasta que se extendía desde sus manos hasta el suelo. Feliks frunció el ceño mientras leía una extraña combinación de letras y números. "¿Nc3 Nf6?"
Alfred se repente sonrió "¡Es la clave para derrotar a Ivana! ¡Son una serie de movimientos!"
Francis observó a ambos hablar con entusiasmo y luego miró a su fortuna de nuevo. Esta vez le dio la vuelta y descubrió más escrito en la parte posterior "Inténtalo con Kiku de nuevo" sugirió.
Sonrió para sí mismo. Las "galletas" tenían un sabor terrible, pero al menos las fortunas eran útiles.
