Un Imperio Perdido
Capítulo cuatro
La princesa llevó a Senku a través de las ruinas de Atlantis, sin soltar su muñeca mientras recorrían estrechos pasadizos en medio de estatus derrumbadas y montones de cascadas.
Finalmente llegaron a un claro entre las ruinas, rodeado de escombros y cascadas, y la princesa comenzó a hacer sus preguntas.
—¡Ja, es increíble que hayan llegado desde la superficie! ¡Tengo tantas preguntas que hacerte de la superficie! ¡Tú debes saber mucho! Eres una clase de intelectual, ¿no? Ja, es obvio que con ese cuerpo escuálido y tu gran cabezota no sirves para otra cosa, ¿no? —Lo miró burlonamente y él rio con acidez.
—Soy un científico, y además estudie lo necesario para llegar a donde estoy, o sea, a este lugar, el reino perdido de Atlantis.
—Sí, sí, lo que digas… ¡¿Y dónde naciste?! ¡¿A qué reino perteneces?! ¡¿Cuándo retrocedieron las aguas de esa terrible inundación?! —Se acercó tanto a él que sus narices acabaron casi pegadas y ella casi que se le cae encima mientras seguía parloteando de no ser por que él colocó sus manos en sus hombros.
—Veo que tienes muchas preguntas, pero yo también tengo mis preguntas, princesa. Entonces, ¿qué tal si hacemos un trato? Tú me contestas una pregunta y luego yo te contesto a ti. ¿Hecho?
Ella cruzó los brazos bajo su pecho, mirándolo como sí él le pareciera muy divertido, por alguna extraña razón.
—¿Y qué preguntas tienes?
Senku ya sabía perfectamente qué quería preguntar primero.
—¿Cómo llegaron aquí abajo, donde apenas reciben luz del sol? ¿Cuál es la verdad detrás de la mística desaparición de Atlantis?
En realidad, eso no era lo que quería preguntar primero, más bien quería ponerle las manos encima a la supuesta fuente de energía que se mencionaba en escritos antiguos, pero para llegar a eso primero debía entrar en confianza con la joven princesa.
—Se dice que los dioses envidiaban Atlantis y enviaron un gran cataclismo y nos condenaron a vivir aquí entre sombras y ruinas… Solo recuerdo que el cielo se oscureció y la gente gritaba y corría… Después… una brillante luz… como una estrella… Vi como flotaba sobre la ciudad con un brillo rojo aterrador… Mi padre dice que mi madre entró en esa estrella… Nunca volví a verla…
La mirada de la princesa se llenó de evidente y dolorosa tristeza combinada con nostalgia, y la mirada de Senku se ablandó mientras daba unos pasos en su dirección, dudando un poco antes de, lentamente, colocar una mano en su hombro.
—Lamento que… —Sin embargo, se congeló antes de siquiera empezar ese pobre intento de consolarla, dándose cuenta de algo—. Espera. ¿De qué rayos hablas? ¿Por qué hablas como si… hubieras estado allí el día en el que Atlantis se hundió? —Ella asintió como si no fuera nada y él se sintió como si pudiera desmayarse—. No me digas que… —Se llevó una mano al rostro, retrocediendo varios pasos lejos de ella.
Recordaba que una vez vio en un texto antiguo de los griegos que los atlantes, aparte de tener electricidad y vehículos voladores, tenían longevidad, vidas más largas.
No obstante, como en el pasado era raro vivir siquiera hasta los treinta o cuarenta años, creyó que se referían a que vivían vidas de hasta setenta u ochenta años como en la actualidad, pero ¡¿estaban refiriéndose a que podían vivir miles de años?!
—Es imposible… —Rio, negando con la cabeza—. ¿Dices que tienes unos… ochenta y cinco u ochenta y ocho siglos de edad?...
—Sí… —Encogió los hombros, con una sonrisa despreocupada.
Senku alzó ambas cejas, recorriendo su cara y luego su cuerpo con la mirada, pero apartando la vista rápidamente.
—Pues… sin duda no se nota, pareces toda una leona jovial.
—¡No soy una leona! —le gritó, luciendo enfadada de pronto—. Ja, mi hombre es Kohakukidagadash Hizashinedakh, ¡asegúrate de recordarlo, forastero! —Levantó mucho la barbilla.
Senku ladeó la cabeza, torciendo todo el rostro.
—Ajá, puedo decir cloruro de para-acetamidobencenosulfonilo y ácido de para-acetamidobencenosulfónico, pero no hay forma de que recuerde eso. —Rascó su oído con desinterés—. Mejor te sigo llamando leona.
—¡No te atrevas! —le gritó, antes de suspirar—. Llámame Kohaku. ¿Y cuál es tu nombre?
—Ishigami Senku. Puedes llamarme Senku.
—Bien, Senku, mi primera pregunta para ti es… ¿Cómo llegaron a Atlantis? Son los primeros en llegar en… siempre…
—Llegamos con esto. —Senku sacó el libro de su bolso y ella se lo quitó de las manos en un parpadeo, revolviendo las hojas con una mirada asombrada, como si no creyera lo que estaba viendo—. Es el denominado "libro del pastor", que recopila todo lo que se sabía de Atlantis en la antigüedad. Fue muy difícil de encontrar, y el camino también fue un infierno, pero fue muy efectivo, lo que prueba su validez. Ahora bien… —Carraspeó, listo para hacerle la pregunta que más le interesaba— mi segunda pregunta.
—¿Tú… entiendes todo esto? —preguntó ella con los ojos muy abiertos.
—Sí. Respecto a mi pregunta… Se encontraron fuentes antiguas que afirmaban que Atlantis posee una fuente de energía de algún tipo que…
—¿Lo entiendes todo? ¿Puedes leer esto de aquí? —Le puso el libro prácticamente en la cara, señalando una página.
—Sí —repitió ya más hastiado—. Estudie tu lengua, puedo entenderlo tal como tú. Ahora, volviendo a mi pregunta… —Se calló al verla entrecerrar los ojos y mirar con frustración al libro, como si…
Como si no entendiera una palabra…
—¿No puedes entender… tu propia escritura? —preguntó incrédulo.
—No… Nadie aquí puede. —Negó con la cabeza—. Esos conocimientos se perdieron poco a poco después del Mehbelmok.
—La inundación, sí. —Rascó su oído con frustración—. Sé que Atlantis era más grande de lo que vimos aquí… Debí suponer que mucho se perdió.
—¡Pero tú puedes mostrarme! —Sonrió enormemente y presionó el libro contra su pecho—. ¡Dime qué dice! ¡Podemos buscar los secretos juntos!
—Claro… —Empezó a leer en voz alta para que ella pudiera entender.
—Sigue el estrecho pasaje en otra legua, ahí verás la quinta marca… —dijo él y ella lo repitió también, viéndose bastante emocionada.
—¡Eres grandioso, Senku! Aunque tu acento atlante necesita trabajo —bromeó codeándolo levemente, a lo que él bufó, pero luego ella tomó su muñeca otra vez y comenzó a arrastrarlo… otra vez—. ¡Ven, te mostraré algo genial!
Lo llevó pasando unos arbustos y removió una manta de algo que parecía ser una especie de vehículo con forma de pez… y visiblemente muy, muy antiguo.
Senku abrió mucho los ojos, reconociendo esa extraña forma de unos antiguos dibujos egipcios.
—¿Eso es…?...
—¡Nuestros soldados solían volar en esto! —exclamó con entusiasmo—. ¡Recuerdo verlos cuando era una niña! ¡Subí a uno con mi padre, aunque a Ruri le dio miedo! —Rio con ternura y nostalgia—. Llevo años intentando, pero nunca pude lograr que funcione. —Le dio una pequeña patada a modo de expresar su descontento.
Senku notó que tenía algo escrito, así que de inmediato se inclinó para leer.
—Bien, veamos si puedo solucionar este problema para darle a la leona su preciado bocadillo de pescado…
—¡Te dije que me llames Kohaku! —le reclamó, pero él se concentró más en su tarea.
—Bien, dice… "Ponga el cristal en la ranura".
—Ya lo intenté. —Bufó.
—"Coloque la mano en la superficie plana…"
—También. —Comenzó a merodear como leona enjaulada a su lado.
—"Gire el cristal un cuarto de vuelta".
—¡Ja, hice todo, seguro no funciona! Es un pedazo de…
—"Sin levantar la mano de la placa" —concluyó él, de repente enmudeciendo a la princesa.
—Eso… no lo hice. —Lo miró sorprendida, y luego se lanzó hacia el vehículo—. ¡Ja, eso debe ser! ¡Seguro ahora funciona! —Hizo lo instruido y la placa plana se iluminó, al igual que todas las líneas que poseía el vehículo, cuyos ojos de pez brillaron del mismo celeste que el cristal en el cuello de Kohaku mientras emitía un sonido extraño y, lentamente, se elevaba un par de metros en el aire.
¡En el aire! ¡Era un vehículo volador futurista, pero del pasado! ¡Senku realmente no podía creerle a sus ojos lo que estaba viendo! ¡Esto era exactamente lo que buscaba!
Rio emocionado mientras Kohaku se montaba sin pensar en el vehículo.
—¡Ja, es realmente increíble, Senku! ¡Con esto puedo llevarte a que veas toda la ciudad en unos pocos minutos! —Lo tomó de la muñeca y lo obligó a subirse también—. Me pregunto qué tanto puede hacer… —dijo con voz pensativa, para luego presionar un dedo en la placa brillante.
En ese momento, la nave pez salió disparada a gran velocidad directo hacia un muro, y Kohaku rápidamente se giró hacia él, lo abrazó y saltó fuera del vehículo impulsándose con sus piernas, arrojándolos a ambos de rodillas al suelo y rápidamente presionando su cabeza hacia abajo para que la nave, que estaba rebotando sobre los escombros, no los decapitara.
El vehículo futurista de sus sueños acabó incrustado en una pared, echando chispas eléctricas y funcionando por un par de segundos más antes de apagarse.
—Ups… —dijo ella con una risa nerviosa, mientras que Senku se acercó a la nave.
—¿Crees que haya posibilidades de que explote? Me gustaría partirlo en pedazos y estudiar sus componentes… —Lo observó con cautela, pero en ese momento su estómago rugió.
—Puedes hacer eso luego, ¡ahora ven, te mostraré la ciudad y luego podemos comer juntos! —Tomó su muñeca y, una vez más, lo arrastró a donde ella quería.
Lo llevó hasta un lugar lleno de muchísimas ruinas y comenzó a escalar hacia arriba sin decir ni una palabra.
Senku miró con el rostro en blanco las enredaderas por la que ella estaba subiendo, notando que se extendían por metros y metros hacia arriba.
—¿Quieres que escale todo eso?... —preguntó con voz muerta.
—Si no te crees capaz, puedo cargarte. —Le sonrió traviesamente.
Él bufó y, aunque muy en contra de su mejor juicio, comenzó a trepar.
Con solo unos metros, comenzó a bufar y jadear, respirando con dificultad y con los brazos temblándole, pero se esforzó y pudo subir muy poco a poco, con Kohaku haciendo muchas pausas para esperarlo y riendo al ver su cara de fastidio.
Finalmente, llegaron casi a la cima y Senku vio unas aves muy raras que parecían ser una especie de mezcla de ave y reptil.
—¿De dónde salieron esas cosas? —preguntó con las cejas en alto, pero Kohaku simplemente encogió los hombros y se paró en la cima, para luego tenderle la mano.
Él tomó su mano, sintiendo su firmeza y calidez, y entonces ella le dio un buen jalón que terminó de subirlo de golpe, ya parado en la cima de lo que parecía ser una especie de estatua gigante… tan alta que pudo ver la totalidad del Imperio de Atlantis desde el lugar.
Jadeo, viendo con asombro las grandes nubes que rodeaban las cascadas que caían por los costados de la ciudad, como si hubiera una fuente interminable de agua que fluía hacia el vacío. El lugar estaba debajo del océano, pero era como si una cúpula los rodeara, dejando entrar la luz del sol, pero sin reflejar la ciudad desde arriba.
Podía ver las construcciones, podía ver sus estructuras antiguas y decadentes, pero hermosas. Había abundante vegetación que parecía querer tragarse algunos edificios, y muchos animales exóticos y raros conviviendo con los atlantes.
La estatua en la que estaban era el punto más alto, pero había muchas construcciones altísimas, torres, otras estatuas, edificios que eran verdaderas reliquias maravillas de la arquitectura, construcciones que habían durado todos esos años allí, siendo el hogar de los ciudadanos de Atlantis.
Era diez billones por ciento fascinante
Y a Byakuya de seguro le habría encantado verlo…
Sus ojos se llenaron de nostalgia y quizás algo más… mientras escaneaba de punta a punta la ciudad, lamentándose del hecho de que su padre ya no estuviera allí…
Ni siquiera podría llevarle fotos…
Ese era el sueño que ambos compartieron… y solo él pudo verlo volverse realidad…
Suspiró temblorosamente, llamando la atención de Kohaku.
—¿Qué ocurre? —preguntó preocupada, a lo que él negó con la cabeza, dándole la espalda.
—Solo pensaba en… mi padre… Él nunca cerraba la boca respecto a Atlantis. —Rio entre dientes—. No dejaba de contarme historias sobre tu pueblo… dedicó su vida a descubrir más y más de este imperio perdido, y en verdad le habría encantado poder verlo…
—¿Él… ya no está?... —preguntó ella con tristeza.
—No… lo perdí hace solo unos meses… —Mantuvo la mirada fija en la lejanía—. Mi madre dice que él todavía está conmigo… siempre creí que esas eran tonterías, pero… ahora me gusta pensar que así es. —Se rio de sí mismo, por su propia estupidez, pero no podía evitarlo—. Quisiera que estuviera aquí conmigo… pudiendo ver nuestro sueño hecho realidad… —Suspiró una vez más viendo la ciudad, y luego volteó hacia Kohaku.
Ella le sonrió con tanta dulzura y comprensión que él se sintió incómodo y rápidamente volvió la vista al frente.
—Solíamos ser mejor que esto… pero hemos hecho todo lo posible por cuidar la ciudad… Es todo lo que tenemos ahora. —Se acercó un poco más a él, su hombro rozando con el suyo—. Ojalá puedas ver también esta ciudad renacer… y ojalá yo pueda verlo también… y mi padre y mi hermana… Y mi madre y tu padre… desde donde quiera que estén…
Senku volteó a verla con seriedad, escaneando su mirada llena de anhelo y nostalgia por lo que una vez fue un gran imperio y por el deseo de verlo resurgir, y además el deseo de ver a su pueblo prosperar y salir de estas ruinas.
Ella era tan sincera… se preocupaba mucho por su pueblo, y no solo por la grandeza de lo que fue Atlantis, sino también por cada uno de sus habitantes, era evidente.
Kohaku en verdad era digna de admirar, una gran princesa para Atlantis.
A su padre seguro le habría encantado conocerla.
Sonrió suavemente y ella de repente lo miró y le devolvió la sonrisa.
Se quedaron así un largo, largo rato, y por un momento Senku hasta tuvo la impresión de que Kohaku se le estaba acercando cada vez más… hasta que su estómago volvió a gruñir.
—¡Oh, cierto, debemos comer! —Tomó su mano y lo jaló para volver abajo—. ¡Tenemos que hacer un gran banquete para ti y tus amigos, son nuestros primeros visitantes en más de ocho mil años!
Bajaron y Kohaku empezó a presentarle a varios atlantes, en especial los guardias que la habían acompañado cuando lo encontró, Kinro, Ginro, Matsukaze y Kirisame.
Se reunieron con los compañeros de Senku y vieron que estaban con Suika y Ruri, Kohaku vio con especial interés que Ruri no dejaba de conversar con Chrome y le preguntó a Senku si Chrome era soltero, a lo que él le dijo que no tenía ni idea y ella prácticamente lo obligó a preguntarle y Chrome, muy confundido, le reveló que sí, era soltero, por lo que Kohaku corrió hasta su hermana y empezaron a murmurar cosas en su idioma que Senku prefirió no traducir para nadie y en especial no para Chrome.
Los llevaron hasta el lugar donde fabricaban vidrio y, con ayuda de Kaseki, Senku creo unos lentes para la pequeña Suika, aplicándolos a su casco-sandía.
—¡Wow! ¡Puedo ver muy claramente!
—Deberían hacer uno de esos para Kinro, él también tiene esa enfermedad de ojos borrosos, él… —Kinro golpeó a Ginro antes de que siquiera terminara de hablar.
—No necesito nada de eso. No sé qué clase de brujería extraña sea.
—Vamos, te ayudará —dijo Senku con aburrimiento.
—Deberías aceptarlos —masculló Kohaku y Ruri asintió.
—Bien… si las princesas me lo ordenan, entonces las reglas son las reglas.
—Oh, no es una orden, pero… —Ruri se calló cuando Kohaku le hizo señas de que guardara silencio.
—Es mejor que crea que es una orden —le susurró, a lo que Senku rio con diversión.
Después de hacer unos lentes para Kinro también, los llevaron a seguir recorriendo la ciudad y conociendo a más atlantes, y luego finalmente tuvieron un gran banquete de mucha comida exótica.
—Wow, esto se ve mal, pero huele bien. —Minami le sacó foto a la comida y luego a las ruinas que rodeaban el lugar del banquete. Había estado sacando fotos de todo, para gusto de Senku, que ya estaba pensando en hacer varios libros respecto a la ciudad.
—Entonces… —Después de servirse una gran pila de comida, Kohaku se sentó junto a Senku—. Vienes de una ciudad donde tienen vehículos que no vuelan y que tienen ruedas, pero no son carretas… y las "fotos" son como dibujos, pero… se toman con una cámara… Y la cámara funciona como el ojo, pero no está hecha de ojos humanos… ni de animales…
—Exacto, y eso se llama ciencia. —Rio divertido por sus extrañas conclusiones—. Ustedes también tienen ciencia, eso se nota solo con ver la ciudad y su tecnología arcaica. Los atlantes eran científicos antes de que existiera la ciencia, ¡eso es lo más fascinante de tu imperio! —Sonrió como un desquiciado, haciéndola retroceder un poco.
—Ja, pues yo no entiendo nada. —Se metió un gran bocado de algo que parecía una langosta mutante a la boca—. Solíamos tener grandes bibliotecas llenas de libros y conocimientos, mi madre era muy estudiosa de ellos, ella era el cerebro detrás de Atlantis, mientras que mi padre era la fuerza. Sin embargo, la inundación barrió con todo, y lo poco que quedó se fue perdiendo a través de los milenios.
—Esa me parece la mayor tragedia de esta ciudad. —Senku bufó, comiendo con cautela un bocado de pescado—. Se podría hacer mucho con los conocimientos que poseían en la antigüedad… —Y con la fuente de energía, pero le preguntaría sobre eso luego, cuando estuvieran solos.
—¡Sería muy malote saber cómo construyeron todas esas estructuras! —exclamó Chrome, probando directo de la mano de Ruri un insecto raro, sin importarle que tuviera unos veinte ojos—. ¿Cuáles fueron los materiales, cuáles fueron sus técnicas? ¡Hay muchísimo que estudiar de Atlantis!
—Es una pena que mi madre no esté aquí —habló Ruri, suspirando—. Ella era la encargada de la buena vida de los atlantes, mientras que mi padre… bueno, él intentaba traernos honor con la guerra y la conquista de otros territorios… —Tosió un poco al terminar de hablar, a lo que Kohaku pareció preocupada un momento, pero luego cambió de tema.
—¡Yo quería ser una guerrera y conquistar territorios! —exclamó Kohaku, luciendo tan fiera como la leona que negaba ser—. Aunque al crecer entre las ruinas entendí que lo más importante es nuestra gente… ahora solo quiero que todos tengamos mejores vidas. —Suspiró, pasando una mano por el cabello de Suika.
—¡Yo tengo una mejor vida ahora que llegaron Senku y sus amigos! —exclamó la pequeña, volviendo a colocarse su casco sandía—. ¡Ahora puedo ver cómo nunca antes vi! ¡Es la primera vez que ellos ven Atlantis, pero ahora también es la primera vez que yo lo veo bien, y es realmente hermoso!
Senku y sus compañeros sonrieron al escucharla, aunque algunos de repente también parecían… ¿tristes, culpables? Senku no entendía por qué, pero tampoco es que le interesara mucho si tenían debates morales internos.
Él necesitaba concentrarse en la fuente de energía.
Sin embargo, al ver a sus compañeros, de repente notó algo.
—Oigan… ¿Dónde están el Dr. Xeno y Stanley?
Minami casi escupe la langosta que justo se había animado a probar.
—¡N-no lo sé! E-ellos… Ellos…
—Deben haber vuelto al volcán inactivo donde cayeron nuestras cosas —informó Tsukasa, mucho más tranquilo, pero evitando verlos a los ojos—. Como debemos irnos mañana, es normal que quieran tener todo listo.
—De acuerdo… —Senku alzó una ceja, pero no le dio más importancia al asunto.
Luego de comer, Kohaku de repente se susurró unas cosas con Ruri en su idioma que Senku no llegó a oír, pero de pronto Ruri se llevó a Chrome jalándolo de la muñeca y Kohaku se acercó a Senku y se lo llevó también en otra dirección, jalándolo de la mano.
Wow, esas hermanas princesas tenían predilección por ir de un lado a otro arrastrando flacuchos, ¿eh?
—¿Dirías que Chrome es un buen hombre? —preguntó Kohaku mientras lo llevaba hasta un lago rodeado de ruinas y luciérnagas de fuego de esas que atacaron el campamento antes, pero muy pocas y bastante bellas cuando no eran un enjambre mortal.
—Pues… no lo conozco mucho, pero creo que sí, es el único que me escucha cuando hablo sobre ciencia, por lo menos. —Rio entre dientes—. Bueno, él y tú… y creo que Suika.
—Ja, no sé los demás, pero yo no te entiendo para nada. —Rio—. Aunque igual me gusta escucharte… la ciencia parece realmente maravillosa… quizás ayudaría a que mi pueblo viva mejor… y a que mi hermana no siga empeorando…
Senku hizo una mueca.
—Han vivido miles de años, pero… pareciera que tu hermana tiene algún tipo de enfermedad…
—Es solo gracias a el poder de estos cristales que ella sigue con vida… —Kohaku levantó el colgante de su cuello—. Pero hay un costo… Mi padre no debería ser tan anciano ni tan débil… era un joven guerrero cuando asumió al trono y nos tuvo. Su salud ha decaído porque… cada vez que Ruri tiene un ataque de esos que podrían matarla… él le da un poco de su vitalidad con el cristal. —Hizo una mueca de tristeza—. No sé cómo funciona ni por qué, pero… sí sé que él está sacrificando su vida para que ella pueda vivir…
Senku frunció el ceño, mirando atentamente el cristal en su cuello, recordando cuando ella lo curó al verlo sangrar… Cuando hizo eso, ¿le estaba dando un poco de su vitalidad?
Incluso aunque fuera muy poco, para solo un rasguño, era algo que lo hizo sentir inevitablemente conmovido.
—A este paso, mi padre ya no vivirá mucho más… —continuó ella—. Y cuando muera, yo tendré que ser quien sacrifique mi vida para que Ruri viva un poco más… Ella no quiere que lo haga, pero estoy dispuesta a hacerlo. —Apretó los puños con determinación.
—Quizás haya una forma científica de salvarla… —murmuró Senku, llevándose una mano a la barbilla—. Tsukasa podría examinarla, podríamos llevarla a la superficie y hacer que le hagan estudios, que le receten medicamentos…
—¿Tú ciencia podría? —Lo miró tan esperanzada que él decidió tener cuidado al hablar.
—No es seguro… no tiene la cura para toda enfermedad… pero podríamos intentarlo…
—Pero… —Kohaku apretó el cristal en su mano—. Siempre que me alejó de la ciudad, yendo hasta ese pasadizo por el que cruzaron… siento que el cristal baja su brillo… y si nos alejamos y el cristal no funciona para curarla en caso de que le dé uno de sus ataques… ¿Qué haré? Podría morir…
Senku asintió, comprendiendo la delicadeza del asunto.
Sin embargo… también era consciente de que esta era su oportunidad de por fin preguntarle lo que tanto había querido preguntar.
La miró atentamente mientras ella comenzaba a juntar luciérnagas en una lampara de papel, buscando las palabras para convencerla.
—Nos ayudaría el entender más de la naturaleza de esos cristales… si supiéramos más de los secretos de tu pueblo… de la fuente de energía que alimentaba a Atlantis en el pasado y que posiblemente los sigue alimentando de alguna forma… —Miró con interés el collar en su cuello.
Ella le sonrió a sabiendas, dándole la lampara ya llena de luciérnagas.
—Ja, noté que te interesa eso, y a mí también, yo también quiero entender más de la historia de mi pueblo, y sobre todo de esa estrella que vi el día que perdí a mi madre. —Lo miró con los puños apretados con decisión—. Es por eso que te traje aquí, quiero tu ayuda para entender las escrituras antiguas. Hay un mural aquí, lleno de escritura y pintura. Y ahora mismo eres el único que lo puede leer.
—Bien, esto sí que me emociona. —Rio entre dientes, comenzando a mirar los muros que los rodeaban y acercando la linterna para ver—. Puedo empezar por aquí, aunque esto solo parece hablar de la gloria de los arquitectos, pero… —Volteó hacia Kohaku y de repente se quedó mudo, viendo que ella se estaba quitando la tela que envolvía su cintura, quedando solo con su sujetador y la ropa interior—. Eh… ¿Qué demonios estás haciendo…?
Ella volteó a verlo con una sonrisa despreocupada.
—Sabes nadar, ¿verdad?
Él alzó una ceja, mirándola de arriba abajo por un momento, con su cerebro incapaz de conectar dos neuronas hasta que finalmente recordó que se supone que estaban buscando un mural y se dio cuenta de que ese mural probablemente estaba bajo el agua.
—Ah… sí, sí, claro. —Rascó su oído con falsa indiferencia, antes de quitarse la camisa, los zapatos y los pantalones, quedando solo con su bóxer—. Vamos de una vez. —Se lanzó al agua sin titubear.
No obstante, resurgió a los pocos segundos, viendo el rostro confundido de Kohaku.
—¿Por qué te lanzaste antes que yo? Yo soy la que debe guiarte…
—Sí, lo noté, solo vamos ¿quieres?
Ella rio un poco, antes de lanzarse también.
Se sumergieron varios metros, con la luz que emanaba del cristal de su cuello como la única fuente de iluminación mientras pasaban a través de muchas ruinas de lo que claramente era la parte que no se había salvado de la ciudad.
Sin embargo, ella nadaba mucho más rápido, así que acabó tomando su mano y guiándolo sin nada de esfuerzo, hasta que él empezó a quedarse sin aire, por lo que rápidamente aumentó el ritmo, nadando mucho más rápido, y lo sacó a tomar aire a un espacio muy pequeño entre el montón de ruinas y muros derrumbados que llenaban el lugar.
—¡Ja! Se nota que no tienes mucha resistencia… —Notó al verlo jadear desesperadamente por aire—. Pero no importa… justo aquí es el lugar… ¡Vamos, debes verlo todo! —Después de que él tomara unas buenas bocanadas de aire, ella volvió a jalarlo abajo.
Con la luz de su cristal, encontraron el mural y los dibujos llenos de escritura, y Senku leyó… y por poco suelta el aire, sorprendido al darse cuenta de que era la historia de Atlantis narrada desde el principio, con todos los detalles más importantes.
Continuó leyendo, esta vez siendo él el que jalaba a Kohaku para que iluminara los dibujos y la escritura antigua, leyendo todo con los ojos muy abiertos hasta que sintió la necesidad de tomar aire.
Tomó grandes bocanadas, ignorando las preguntas de Kohaku, y volvió a hundirse, jalándola con él y terminando de leer todo, tomando especial detalle también a los dibujos de una supuesta estrella… la estrella que Kohaku le había mencionado… que resulto ser lo que él tanto había estado buscando.
Volvieron a tomar aire al pequeño rincón y ella de inmediato lo miró suplicante de que por fin le diera respuestas.
—¿Y bien? ¿Pudiste averiguar algo?
—La fuente de energía que yo buscaba… y la estrella que tú viste… son la misma cosa —contestó con un profundo suspiro—. Y no es realmente una estrella, es un cristal, como esto. —Tomó el collar de su cuello, mirándola con pesar—. Se le llama el Corazón de Atlantis, y es lo que le da vida al pueblo entero… a ti, a tu familia, a todos… Es parte de lo que ustedes son… y la razón por la cual siguen aquí…
—No entiendo… —Ella negó con la cabeza, luciendo casi asustada por lo que él estaba diciendo, y era mejor que estuviera asustada, porque era un asunto muy serio.
—Yo creí que… Creí que podría usar ese poder para avanzar la civilización científica… —admitió, con su voz empapándose de pura frustración—, pero no es un mero aparato como lo podría ser un motor, es su fuente de vida. Si lo alejamos de ustedes… todo tu pueblo podría perecer…
—¿Y eso es lo que tú quieres?... —preguntó ella, con sus ojos llenos de tan profunda tristeza que le agujerearon el alma.
—No… Nunca haría algo así. —Se acercó más a ella, pegando sus frentes—. El poder de este cristal es inmenso, y no niego que cualquier científico querría poseerlo, sería un arma de destrucción masiva sin igual, un poder que sería codiciado por cualquier nación, pero yo nunca te haría eso. Nunca les haría eso. Mi padre amaba Atlantis… yo quiero proteger todo lo que ustedes representan.
Ella llevó una mano a su rostro, luciendo profundamente conmovida.
—No entiendo mucho de por qué las otras naciones querrían ese poder, menos si significara nuestra muerte, pero… confió en ti. —Le sonrió con completa sinceridad—. Me has enseñado mucho de mí misma y mi gente… Atesoro cada momento en el que puedas permanecer aquí… tú y tus compañeros, claro.
Al oír eso, Senku frunció el ceño, dándose cuenta de algo.
Cualquier científico querría poseer ese poder…
Abrió mucho los ojos, una mirada tan horrorizada en su rostro que Kohaku retrocedió, mirándolo asustada.
—¿Qué pasa?
—En el libro del pastor, se llega a mencionar el corazón de Atlantis, pero no se explica exactamente lo qué es… pensé que quizás una página se había perdido… pero creo que más bien la robaron…
Cerró los ojos con pesar, dándose cuenta de la atrocidad que acababa de cometer.
—¡Vamos, tengo que avisarle a tu padre antes de que sea tarde!
Volvieron a nadar para volver por donde vinieron, y, apenas asomó la cabeza fuera del agua, el Dr. Xeno lo recibió con una sonrisa y una escopeta apuntando directo a su rostro.
—Gracias por guiarnos a Atlantis, Dr. Senku.
Continuará...
Holaaaaa :D
Este cap es una comisión de mi querido King of the Nothing, todas las gracias a él!
Ojala q el cap te haya gustado, me emocione escribiendo así q me salió más largo de lo esperado xP
Bueno, espero q a todos les esté gustando esta adaptación! Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
