Al llegar al restaurante donde se vería con el par de griegos, Camus decidió darse un minuto para tomar aire y pensar en cómo rechazar la oferta que seguramente le haría Kanon. Cada minuto que pasaba se convencía más de que buscar a Milo sería un error, quizás tardaría un poco más, pero prefería obtener un trabajo fijo de otra forma, algo menos problemático e incómodo.
Cuando por fin entró al restaurante una mujer lo llevó hasta una mesa ubicada en un lugar un poco alejado del resto de los comensales. Se detuvo unos segundos mientras su cerebro analizaba la escena frente a él. Lo primero que notó fue que Milo no estaba ahí, en su lugar había una persona de aspecto exactamente idéntico al de Kanon. Ambos hombres vestían de forma elegante y se movían con un aire de refinamiento y altivez que pocas veces había visto tan de cerca. Sin embargo, había algo marcadamente distinto entre ellos. El hombre que vestía de colores más oscuros mostraba un semblante serio y casi severo, mientras que su gemelo lo miraba con una sonrisa en sus labios que le hacía parecer un tanto más joven, no le fue difícil suponer que se trataba de Kanon.
Al notar la mirada del joven francés Kanon se puso de pie y le extendió la mano. Camus esperaba un saludo formal como el de la noche anterior, pero para su sorpresa pronto tenía la mejilla del heleno presionando suavemente contra la suya. El segundo hombre se puso de pie y extendió su mano al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa educada, si bien su mirada parecía reprender a su gemelo.
—Saga Andreou. Es un placer. Mi hermano me ha hablado mucho de ti.
—¿Ves como no exagero? Camus es un hombre sumamente atractivo, y tiene un aire elegante que seguro te encantará.
El aludido estaba por negar todos aquellos atributos cuando la voz tersa y grave del otro se le adelantó.
—Kanon, estás incomodando al chico. ¿Por qué no pedimos algo y durante la espera tratamos el tema que tanto te apasiona?
Después de sentarse Camus tomó el menú. Su ceño se frunció levemente al notar que ninguno de los platillos tenía precio. Cuando alzó la mirada Saga lo observaba fijamente, después de unos segundos le dedicó una nueva sonrisa como restándole importancia a su preocupación.
Mientras el mesero acomodaba sus platillos, Kanon le comentaba todo aquello que le encantaba de París, a lo que Camus respondía con asentimientos y algunas cuantas palabras, apenas lo necesario para parecer educado. Finalmente, Saga se inclinó un poco al frente para tomar la palabra.
—Mi hermano puede ser insistente, pero te aseguro que tiene las mejores intenciones. Somos socios en varias empresas y una de ellas es la agencia de modelaje. Me ha dicho que ha encontrado a alguien perfecto para una de sus campañas, pero que ha sido rechazado. ¿Supongo que no podríamos convencerte de reconsiderar?
Camus bebió un pequeño sorbo de agua y respondió con una tranquilidad que amenazaba a cada instante con abandonarlo:
—Me temo que no, se lo aclaré a Kanon antes: no soy un modelo, soy un fotógrafo y por lo tanto prefiero estar detrás de la cámara, no frente a ella.
Saga aceptó su respuesta con una suave risa que molestó a su gemelo, quien parecía dispuesto a continuar con sus ofertas cada vez más difíciles de rechazar. Pero Saga presionó su antebrazo antes de volver su atención al joven pelirrojo.
—Interesante, ¿podría ver tu portafolio? De momento no tenemos una vacante, pero si eso cambiara, podríamos trabajar juntos. Aunque si mal no recuerdo, Kanon mencionó que eres freelancer. ¿Tienes algún proyecto en estos momentos?
Ambos hombres eran muy similares, pero la forma en que Saga se inclinaba con aquella mirada penetrante dejaba mucho más incómodo al menor. Kanon era abiertamente insinuante la mayor parte del tiempo, pero su hermano resultaba inescrutable. ¿Qué podía responder en ese momento?
Debido a la insistencia previa del menor de los gemelos, Camus llevaba una tableta que extendió en dirección de los otros dos, mostrando parte de sus trabajos y el sitio web que administraba Afrodita para él. Ambos miraron las imágenes con detenimiento, y pese a no emitir palabra alguna, parecía haber cierta comunicación implícita entre ellos.
Saga elevó la mirada y después le dedicó una sonrisa cortés con un tinte de interés.
—¿Qué tal si llegamos a un pequeño acuerdo? Hace poco compré una propiedad y pienso convertirla en un lugar único y exclusivo. Podría ofrecerte un espacio en el lugar para colocar algún material inédito que tengas disponible, ¿qué tal? Todo esto mientras consideras la propuesta de Kanon.
—¿Por qué colocaría fotografías de alguien que no conoce en un lugar que busca ser tan exclusivo? ¿Qué tal si mi trabajo no es adecuado?
En ese momento ambos gemelos rieron, causando cierta molestia en el menor, quien los miró con algo de suspicacia. ¿Acaso le estaban tendiendo una trampa? Kanon, quien había permanecido en silencio, tomó la palabra.
—Ah, debo decir que no sólo eres sumamente atractivo, sino talentoso. Pienso que eres perfecto para modelar, pero no deseo insultarte demeritando tu trabajo como fotógrafo.
—Mi hermano tiene un gusto exquisito. —Saga de nuevo sonrió, con un aire un tanto sensual que hizo que Kanon frunciera el ceño—. Así que no dudo que, de ser necesario, podrías trabajar en algo que funcione con el lugar.
—¿Y qué clase de lugar sería ese?
—Pompeii será un club exclusivo en el cual los clientes podrán pasar un rato agradable en compañía de jóvenes atractivos y brillantes. Te aseguro que no hay nada ilegal o sexual en ello. Quizás un pequeño paraíso hedonista, pero nada más.
Camus enarcó una ceja mientras contemplaba aquella propuesta. La descripción decadente no lo emocionaba, y sólo se trataba de crear material para exponerlo ahí, ¿qué tan malo podría ser?
Kanon lo miró con una media sonrisa y entonces dedicó una mirada insistente a su gemelo, quién se encogió de hombros antes de hacer una nueva propuesta:
—Habría una opción adicional, si te interesara. Además del espacio en nuestro club, podríamos buscar algún trabajo como asistente entre los otros fotógrafos que ya tenemos, si es que no te ofende.
El francés ya había hecho suficientes trabajos de ese tipo, y no le causaba mucho entusiasmo pasar por lo mismo una vez más. Sin embargo, podría ganar algo de experiencia extra, y quizás lo que más le faltaba en ese momento, dinero.
—¿Podría pensarlo un poco antes de darles una respuesta?
—Por supuesto—. Ambos gemelos respondieron al mismo tiempo, sonriendo con ese aire de confianza que aún incomodaba a Camus.
Unos días más tarde Camus llegó a la dirección del club, una gran casa a las afueras de París. Al entrar se encontró con bellos jardines que parecían extenderse varios metros a la redonda, aquello le pareció más bien una mansión. Cuando se puso a meditar llegó a la conclusión de que el efecto era probablemente intencional. Pompeii era un club para un sector de la sociedad específico, dedicado a los placeres y al arte.
Su trabajo sería exhibido en varios pasillos, cada pieza tendría que ser cuidadosamente seleccionada para destacar e incluso complementar el resto de las piezas de arte que formaban parte de la decoración.
Saga le había dado un recorrido completo por la mansión, incluso lo había llevado al sótano, un sitio ambientado especialmente para aquellas personas con gustos diferentes y mucho más sensuales. Todo era de aspecto sobrio y el escenario resultaba una muestra de buen gusto. Cuando Saga le preguntó si podría conseguir algo acorde para decorar una de las paredes el menor se limitó a negar.
—Nunca he hecho trabajos de tipo erótico.
—Podría ser algo abstracto, ¿sabes? No tienen que ser retratos.
—Lo pensaré. Quizás tenga algunas imágenes que se puedan usar.
—Perfecto. La apertura será la próxima semana, por ello sería mejor si pudieras tenerla lista estos días.
Camus asintió, estaba por decir algo más cuando sintió una mano sobre su hombro. Al girar su cabeza se encontró con Milo. Sus ojos brillaban con peculiar intensidad y sus labios esbozaron una sonrisa abierta y sensual. El joven francés se preguntó si la familia entera buscaba intimidarlo. A diferencia de sus tíos, Milo tenía cierto aire exuberante que intrigaba a Camus. Pero al recordar el incidente del parque deseó poner un poco de distancia, por lo que dio un paso atrás mientras extendía una mano en dirección del otro.
—¿Qué tal Milo? Un gusto verte.
El aludido frunció el ceño levemente antes de que se dibujara una nueva sonrisa en sus labios al mismo tiempo que tomaba la mano del francés en la suya.
—Lo mismo digo. Me dijeron que tus fotos serán expuestas. Me alegra mucho. ¿Te veré mientras preparas todo antes de la apertura?
Camus lo miró con algo de confusión antes de girar en dirección de Saga, quien se mostraba divertido ante la interacción.
—Pese a que todavía no abrimos, en cuanto supo que habías aceptado nuestra invitación, decidió venir para poder conversar contigo y conocerte mejor. Pero por favor Milo, trata de no monopolizar a Camus, después de todo, tiene mucho trabajo por delante.
El joven griego hizo un mohín de fingido disgusto y comenzó a reír suavemente.
—Para nada, sólo quiero conversar un poco con él, después de la apertura probablemente no podamos vernos con tanta frecuencia. Es más, podría terminar ayudando ¿no te parece? —Al notar la expresión un tanto confundida del pelirrojo, Milo decidió explicar su situación—. Cuando el club abra, lo visitaré de vez en cuando. Aún no tengo proyectos bien definidos en Francia, así que al estar en el club podré conocer más gente y quizás entonces pueda decidir con más tranquilidad.
Camus lo miró un poco sorprendido, pero aquello tenía sentido. Las cosas estaban saliendo casi demasiado bien, aunque no por ello le parecía adecuado aceptar la aparente invitación de Milo a colaborar con él. Por tal motivo se limitó a sonreírle.
—Por supuesto, será un placer.
