Con paso vacilante, me adentré en el Moulin Rouge, sintiendo cómo la vibrante energía del lugar me envolvía como una marea impredecible. Las luces, parpadeantes como estrellas fugaces, competían con la penumbra que se cernía sobre el cabaret. La música, antes un murmullo de fondo, resonaba ahora como un latido constante que se fusionaba con el palpitar agitado de mi corazón.
Mis ojos buscaban a Lysandra, la mujer que me había ofrecido una salida en medio de la desesperación. Finalmente, la encontré en un rincón oscuro, donde la luz no se atrevía a penetrar por completo, resaltando su belleza enigmática. El encuentro fue como el de dos destinos entrelazados.
-¿Morgana, verdad? -susurró Lysandra con una sonrisa que ocultaba más de lo que revelaba. Asentí con nerviosismo, mi mente preguntándose cómo esta mujer conocía mi nombre, cómo había visto a través de las sombras de mi existencia.
-Sé que necesitas trabajo -Continuó, como si leyera mis pensamientos -Acércate a la cocina y pregunta por Charlotte. Ella te guiará en este nuevo camino que estás a punto de emprender -Las palabras de Lysandra resonaron en el aire con una promesa oculta, como si en la cocina fuera a encontrar algo más que simples instrucciones culinarias.
