Bueno aquí estoy nuevamente con otro cap, que espero que les guste
ONE PIECE NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, PERO LA HISTORIA SÍ
Sin más que decir ¡A leer!
THE REALLY IMPORTANT
CAP 2
"ENCUENTRO DESAFORTUNADO"
Abrí los ojos gracias a los molestos rayos de sol que provenían del ventanal, había olvidado cerrar las cortinas, me pegaban directamente en la cara y me traían con violencia a la realidad. Me levanté con un poco de pesadez, el punzante ardor en mi tobillo me hizo soltar un quejido y me obligó a sentarme en el mullido colchón nuevamente. Solté un suspiro era un lunes y maldije para mis adentros, un horrible lunes, tomé aire y volví a levantarme arrastrando el pie.
En el camino al baño una borrosa imagen del mar y la sonrisa de esa chico me vinieron a la mente, como retazos de un sueño o capaz era mi imaginación jugándome una mala pasada, decidí no pensar en ello, no me aportaba en nada y debía ir centrándome en cosas realmente importantes, como la reacción de Arlong ante mi fracaso
Me di un baño y me puse una blusa de manga larga de botones que me llegaba unos centímetros más allá de las caderas, encima un corset negro con un corte triangular al llegar a la cintura y unos capri negros junto con unos botines cortos del mismo tono. Procuré poner vendas lo suficientemente ajustadas en mi tobillo para no cojear, podría aguantar un poco de dolor con tal de no verme vulnerable ante todas esas víboras; colgué en mi hombro mi pequeño bolso negro, arreglé un poco mi largo cabello naranja, si, naranja y me apliqué un brillo con un lindo tono rosa salmón, un poco de color a mis mejillas y delineeé mis ojos para hacerlos ver más afilados. Finalmente me fui a la Universidad en un Lamborghini, no podía arriesgarme a usar la misma moto que usaba para robar por más que la amara.
Llegué a la lujosa institución para niños ricos y mimados y estacioné el auto, yo no era precisamente una niña rica ni mucho menos mimada, solo aparentaba serlo, una ridícula fachada, la fachada de Arlong. Caminé por los pasillos hasta llegar a mi aula, noté las miradas que me dirigían, unas eran morbosas como si yo fuera una puta barata que podrían cogerse cuando les apeteciera porque, por supuesto, no era considerada como una de las señoritas universitarias, sino una prostituta del bajo mundo que capaz se estuviera aprovechando de su supuesto padre, repulsivo, y solo era alguna de las cosas que había escuchado a mis espaldas.
Otras miradas eran burlonas, quizás por ser una pobretona con "delirios de grandeza". Por último, las peores, las asqueadas, esas eran las que más me molestaban. Tomé aire y conté hasta 10 mentalmente Ignorarlas Nami, son solo unos niños idiotas superficiales, una vez crucé el pasillo logré huir de las miradas y los cuchicheos, no me había interesado en relacionarme con nadie allí, después de todo nadie merecía la pena, mi reputación no era la mejor y tampoco es que tuviera mucho tiempo libre para formar amistades ni nada por el estilo.
A veces me gastaba tiempo preguntándome las razones de tanto desprecio, si era por el misterio de mi vida personal, no es como si le pudiera decir a alguien que pasaba mi tiempo libre robando y en mi fachada alegaba que tenía múltiples clases extracurriculares, era extraño, pero capaz fuera por el simple hecho que sabían que no encajaba del todo. Por lo menos agradecía que toda esas mentiras me permitieran estudiar la carrera que me apasionaba, economía, se me daban muy bien las cuentas, las finanzas y por supuesto, hablar de dinero. Me hubiera gustado estudiar también meteorología pero ya era mucho pedir, quizás en un futuro, uno bien lejano.
Sentí un dolor agudo en mi cara, en especial en mi nariz, por estar metida en mis pensamientos había chocado contra algo duro. Cerré los ojos por inercia, mis piernas perdieron toda su estabilidad, carajo iba a caerme; intenté con todas mis fuerzas recuperar el equilibrio, pero de un momento a otro ya estaba de bruces en el suelo. Mi tobillo empezó a palpitar por el dolor, ahogué un chillido en mi garganta. "Estoy bien, ya pasará, estoy bien"
-¿Oi Estas bien?-me preguntó una voz masculina. De seguro era con quién me había chocado, solo esperaba que no me diera problemas, ya había tenido suficiente con esto, al menos se tomaba la molestia de preguntar
Abrí los ojos y enfoqué mi vista en el dueño de esa voz, que en cierta forma se me hizo familiar. Al ver a quien pertenecía me quedé en shock, el mundo se paralizó, era el mismo chico de ayer... Mi cuerpo se tensó por completo. Si la vida, cualquier entidad divina, el universo o lo que fuera que gobernara el mundo, tenía algo de misericordia, él no me reconocería y seguiría su camino como si nada, como si nunca.
-¡Pero si eres Namizai!-exclamó después de verme unos segundos, ofreciéndome su mano, con esa misma sonrisa genuina.
La tomé algo desconfiada por tanta amabilidad y con su ayuda me levanté con cuidado para no agravar el dolor de mi tobillo, Namizai... el muy idiota no se acordaba si quiera del nombre falso que le había dado, no supe si molestarme o sentirme aliviada, todo era extraño con ese chico.
-Es Nami, me llamo Nami-le aclaré ya de nada valía que supiera mi verdadero nombre, no sabía que estudiaba aquí precisamente o lo habría olvidado. Maldito Arlong, todo era culpa suya, si se enteraba de esto tendría un problema mucho mayor que el no haber cumplido con la misión.
-Yo soy Luffy shishishi- se presentó con un ánimo impresionante, quise decirle que ya lo sabía pero me contuve, no valía la pena.
Me fijé en él por primera vez en él con detenimiento, tenía una camisa blanca junto a una chaqueta de cuero roja, unos jeans azul oscuro y finalizando el atuendo unos Converse rojos. Debía admitir que se veía bien en esa ropa, daba impresión de tener un aire de frescura, libertad y rebeldía, nada mal para un niño rico... Nami ¿Qué estás pensando? Me reprendí mentalmente mientras sentía un pequeño escozor en mis mejillas.
No, sonrojarme no, decidí enfocar mi vista en su rostro para distraerme, no fue mi mejor idea, capaz no fuera el hombre más atractivo del mundo pero su rostro ovalado con esa amplia sonrisa y esos ojos grandes y expresivos eran bastante peliculares e inclusive tenían su propio encanto, bajé a su cuello y me llamó la atención un collar que no combinaba mucho con su estilo de ropa, tenía un dije de en forma de un sombrero de paja.
-Nami ¡NAMI!-gritó trayéndome de vuelta a nuestra conversación si es que se podía llamar así
-¿Ah? Disculpa ¿Qué me decías?-pregunté algo desconcertada y apenada ¿Cómo es que me había distraído tanto mirándolo?
-Tu tobillo shishishi -sonrió
-¿Mi tobillo?- Y allí hice la pregunta estúpida, rápidamente caí en cuenta que él me había visto cuando sufrí la caída- Ah sí, está bien, me tengo que ir tengo clases ahora mismo.
Me di la vuelta lo más rápido que mi tobillo me permitió y me adentré en el aula sin mirarlo nuevamente. Se sintió raro hablar como si nada con ese chico, es decir, había intentado robarle y él se portaba amable, aunque creo que no se percató que había entrado a su casa para eso, normalmente no veía a mis víctimas después de los robos y no, no me gustó la sensación. Me sentí ¿Culpable? De pronto vi a Luffy sentándose al lado mío.
Eso era el colmo, una cruel pesadilla, una maldición.
-¿Tu estudias economía?-pregunté insólita, intentado no sonar grosera
-Así es- confirmó sonriendo como siempre ¿Cómo es que podía sonreír todo el tiempo? Era incluso hasta un poco envidiable, o puede que estúpido.
Desvié la mirada y me centré en mis pensamientos. No era de extrañar que no me hubiera percatado de la existencia de Luffy, era mucho decir que me sabía el nombre de dos de mis compañeros, me centraba tanto en las clases y Arlong me ocupaba tanto que poco me preocupaba por la gente que estaba a mi alrededor. Tanto así que me sentaba siempre en el último asiento junto a la ventana y poco intervenía en clases. Quizás por eso no había notado a Luffy, a pesar de que estoy empezando a notar que lo muy ruidoso que era.
Me pasé la clase completa escuchando las altivas y energéticas intervenciones de Luffy, de verdad no sé cómo no lo había notado antes, debí de haber estado sorda o bueno quizás era el efecto de normalmente usar audífonos cuando la clase se ponía muy aburrida, o quizás estaba incorporándose hoy a esta clase, era lo más probable, era imposible pasarlo por alto, no funcionaría ni que tuviera unas cornetas al lado de máxima potencia.
Una vez terminó la clase me levanté de mi asiento y estaba dispuesta a irme a un lugar alejado a leer un buen libro o tal vez sólo a escuchar música para evadir un poco la realidad, pero esos planes fueron interrumpido por cierto pelinegro muy muy ruidoso e inoportuno.
-Hey Nami, ven a conocer a mis amigos-ordenó sin preguntarme el muy descarado
Iba a ignorarlo pero me arrastró fuera del aula tomándome por la muñeca, sin escuchar ninguna de mis réplicas
-Idiota suéltame-dije ya enfadada por enésima vez, el tobillo aún me dolía y la velocidad con la que atravesábamos los pasillos era demasiada para lo que yo podía soportar- Me duele el tobillo...
Luffy se detuvo abruptamente haciendo que chocara nuevamente con el ¿De qué estaba hecho su cuerpo? ¿De piedra?
-Auch ¿Por qué carajos te detienen así?-reclamé enojada
-Lo siento shishishi
Sorprendiéndome me tomo por las piernas y me cargó entre sus brazos, mis mejillas se calentaron al igual que el resto de mi rostro, nunca nadie se había atrevido a alzarme nunca de esa manera con tanta confianza.
-¡Qué haces! ¡Bájame!
Ese chico estaba loco de remate, primero me vio en su habitación sin sospechar absolutamente nada, me trataba como si fuera su amiga de toda la vida y se atrevió a llevarme en brazos por toda la Universidad. Dejé de quejarme después de unos minutos, era malgaste de saliva. Cuando por fin llegamos a la cafetería me bajó, vaya que tenía fuerza, no parecía cansado, solo un poco sudado, pero nada fatigado, aparte conservaba su característica sonrisa de oreja a oreja.
Enseguida le di un golpe ¿Quién creía que era? ¿Su muñequita de trapo? Pues no, Iba a aprender a respetarme por la buenas o por las malas, no eramos amigos ni lo íbamos a ser nunca.
-Iteee Nami ¿Por qué me pegas?-se quejó como un niño chiquito.
-Por hacerme correr y luego por cargarme sin mi permiso, hago mucho con no cobrarte.
-Lo hice porque me dijiste que te dolía el tobillo y no quería que te lastimaras.
-Oh-fue todo lo que pude decir, todos mis argumentos se fueron al piso, no, al subterráneo. Ahora me sentía avergonzada, el calor ardiente volvió a mis mejillas con fuerza.
Ignorando mi reacción volvió a hablar.
-Ven-dijo tomándome de la muñeca y arrastrándome nuevamente ¿Acaso no había aprendido?
Nos detuvimos frente a una mesa con varias personas que se me hacían familiares, de seguro me las había cruzado en algún momento dentro de las instalaciones.
-¿Oi Luffy dónde estabas?- preguntó amigable un chico narizón de tez morena, cabello encrespado y contextura atlética. Para nada atractivo a mi juicio.
-Shishi les presento a Nami-dijo sin dejar de reírse mientras yo empezaba a sentirme incómoda, todos me estaban observando, pero no eran las típicas miradas que me dedicaban, solo podía sentir su curiosidad, nada de asco, morbo o burla. Ningún rechazo.
-Nunca había visto tanta belleza en un solo ser, tu mirada es como la miel dulce y atrapante y yo soy solo una pobre abeja deleitada por el néctar de tu piel. Vivamos juntos una historia de amor ¡mellorine!-exclamó un tipo raro dando vueltas como loco, era alto de tez clara, cabello rubio que le tapaba mitad de la cara y lo más destacable en él era su ceja en espiral, vaya tipo raro.
-Soy Sanji para lo que se te ofrezca bella dama- se arrodilló y tomó mi mano para depositar un suave y galante beso en ella.
-Si me vuelves a tocar te cobraré doscientos mil berries, así que aléjate de mí, Sanji-le dije cortante.
Hace tiempo había adoptado esa aptitud con todos los chicos de la facultad que creían que con dulces y atrevidas palabras lograrían acostarse conmigo después de haberme llamado zorra por lo bajo, si querían una zorra ahí la tenían. El pobre que decía que podía pagar esa suma, le concedía el honor de sentir mi tacón en la cara.
El chico se quedó de piedra mientras que otro de cabello verde, musculoso a su medida, de tez tostada, alto y con una fina cicatriz atravesando su ojo derecho empezó a reírse a carcajadas.
-Te lo mereces ero-cook-se burló con ganas.
-Respeta el sufrimiento de un caballero herido espadachín mierdoso.
Apenas dijo eso el peliverde que Luffy me dijo que se llamaba Zoro, se abalanzó sobre él y empezaron a pelear, literalmente.
-¿A qué son divertidos?-me comentó Luffy riéndose nuevamente ¿Acaso no se cansaba de reír?
-Yo no le veo a eso nada de divertido-contradije viendo el intercambio de puños y patadas
A pesar de verse como una pelea cualquiera, se veían muy sincronizados, como si ya supieran de memorias sus movimientos, por eso no se hacían daño alguno o por lo menos nada significativo. Interesante.
Quité mi atención de lo que sea que fuera eso y se la di a la presentación del chico narizón, dijo que se llamaba Ussop y un poco de zarandeses que no iban al caso ni me interesaban.
-A partir de hoy Nami comerá con nosotros-anunció Luffy sacándonos a todos de onda y con todos me refería a mí también.
-¡QUÉ! yo no he aceptado eso.
-Yo tampoco-protestó el peliverde mandándome una mirada asesina.
Eso me molestó ¿Qué rayos le pasaba? ¿Acaso le habían pegado en la cabeza y me lo había perdido?
-¿Tienes algún problema conmigo?-pregunté apoyándome en la mesa mientras le mandaba mi mejor mirada intimidante.
-Lo tengo- su tono de voz era filoso-No me caes bien.
-Pues tú tampoco me caes bien.
Nos mandamos una mirada asesina y nos sentamos a la vez cruzándonos de brazos, era un arrogante, engreído "No me caes bien" repetí en mi mente con una voz más aguda y burlona. Tremendo imbécil
-Se llevan muy bien-opinó Luffy riéndose divertido. Cuando repartieron el sentido común definitivamente Luffy llegó tarde, bien tarde, de último
-¡NO NOS LLEVAMOS BIEN!-le aclaramos ambos golpeando la mesa y volviendo a cruzar miradas
Luffy se empezó a reír con fuerza, no le veía para nada la gracia. Lo miré mal, pero ni cuenta se dio o simplemente me ignoró, no tenía escapatoria así que me resigne a sentarme en la mesa, todos empezaron a hablar conmigo como si me conocieran de toda la vida, eran personas muy extrañas.
El narizón contaba historias obviamente falsas sobre sus aventuras en el Amazonas; el de ceja rara, Sanji creo que es, se la pasaba dando vueltas a mi alrededor alabándome, simplemente lo ignoré, tenía algo diferente a los demás que me habían intentado cortejar, él no lo hacía con malas intenciones, parecía sincero, tenía potencial para caerme bien. Luffy por otro lado se ponía a hacer ridiculeces con la comida y Zoro simplemente me miraba mal y yo me divertía haciéndome la desentendida.
La verdad es que a pesar de ser raros, eran agradables a su manera, no eran arrogantes en el mal sentido, ni pretendían presumir todo su dinero, ni competían por ver quien tenía la casa más grande, quizás no fuera mala idea pasar mi tiempo académico con ellos, al menos eran personas que se mostraban por lo que eran, aparentemente por su puesto, los acababa de conocer. De pronto el celular sonó sacándole de mi burbujita de tranquilidad y de ingenuidad, todos se quedaron viéndome.
-¿Acaso nadie aquí nunca escuchado un celular sónar?-me quejé a lo que volvieron a sus chácharas.
Me levanté y me aleje hasta el jardín trasero de la institución que no estaba tan lejos de la cafetería sintiendo todo el tiempo la mirada de Luffy taladrándome la espalda hasta que desaparecí de su rango de visión. Me puse en un lugar solitario y contesté la llamada.
-Hasta que contestas Nami, Ya pensaba que me estabas huyendo por tu gran fracaso de ayer- empezó con su voz burlona y al mismo tiempo amenazante y tétrica.
-Sabes que no soy ninguna cobarde, solo estaba buscando un lugar aislado-le respondí con todo el veneno que podía transmitir con mi voz.
-Tu fracaso fue muy decepcionante Nami, debería castigarte-me amenazó.
-Sabes que no fue culpa mía, me dijiste que no habría nadie allí y resulta que estaba...-lo. Interrumpí, había fallado por su información mal dada no por mí.
-No más excusas Nami, un fracaso es un fracaso, pero como soy tan tolerante y benevolente te la dejaré pasar está vez y porque ahora será muy difícil que te infiltres en esa casa nuevamente.
-Vaya gran Arlong gracias-dije con sarcasmo y veneno en la voz cuanto lo odiaba y odiaba más sentirme como su esclava.
-Tendrás otra misión-inició ignorando mi burla- ve a la calle 90...-me dio una dirección- Allí encontrarás a unas personas que te darán los datos para tu próximo encargo, no quiero más fallas, la próxima no tendré tanta paciencia.
Colgó la llamada y me quedé con rabia acumulada y el mal sabor de la amenaza, me mordí el labio con fuerza para contener mi furia, siempre terminaba de esa manera cuando hablaba con él. Me calmé mentalmente y anulé la presión en mi labio que quedó un poco hinchado, solté un suspiro y me relajé todo lo que pude; no volví a la mesa en donde estaban los demás, después de todo no quería involucrarme con ellos, no quería involucrarlos en mis problemas ni yo relacionarme con ellos
Quizás no fueran como los demás niños mimados, pero yo no era alguien con quien ellos deberían tratar, fui una completa ilusa al pensar que podría pasar tiempo con ellos, ellos eran niños de cuna, que aunque fueran buenos, no debían juntarse con gente como yo, una simple ladrona; debía centrarme en mi trabajo y nada más.
El resto del día fue tranquilo o bueno más o menos, apenas terminaban las clases salía como una bala del aula para que Luffy no me atrapara como en la hora del desayuno, no me atreví a ver su rostro, a lo mejor luego escucharía todos los rumores sobre mí y no volvería a buscarme, ni su grupo tampoco y no los culparía, a pesar de que los rumores en que me tildaban de Puta, ramera, arrastrada, aprovechada, sinvergüenza, sucia, hipócrita y muchos otros más eran completamente falsos, yo sabía lo que era, una sucia ladrona.
Me oculté en una de las áreas verdes debajo de un árbol que estaba un poco apartado, el sitio era solitario, la mayoría estaba en los patios principales con la fuentes lujosas y las mesas de cristal con paraguas incluido para el Sol o en la cafetería, casi nadie frecuentaba ese sitio ya que sólo estaba ese árbol unos arbustos con mandarinas, unas cuantas flores y pura grama. Adoraba ese lugar, me traía un poco de paz en medio de mi tormentosa vida.
Cuando terminó la jornada tomé mis cosas y salí igual de rápido, si tenía suerte Luffy de seguro me dejaría en paz y no me hablaría más, bueno si es que eso se podía llamar suerte. Salí de la Universidad con mi Lamborghini, no me crucé con nadie para mí tranquilidad y me dirigí a la dirección que me había indicado Arlong, era una de las peores áreas de la ciudad, uno de los barrios con mayor índice de delincuencia, si es que no era el peor, casi nunca me había mandado a sitios así. Estacioné el auto antes de adentrarme en la calle, no quería que me lo robaran y tener un problema mayor con Arlong, cada cosa de su propiedad que dañara o perdiera la añadiría al monto que necesitaba pagarle y eso no me lo podía permitir
Me bajé sin el celular, ni el bolso, solo con una pequeña navaja dentro de mi botín derecho. Caminé unas dos cuadras lo más rápido que mi tobillo sentido me lo permitía, adentrándome entre la gente para no llamar la atención, por suerte a esa hora mucha gente transitaba esa calle y no me podía dar el lujo de caminar en una acera sola porque la ropa me delataba, delataba que yo no pertenecía a ese lugar y me ponía como carne fresca para los ladrones y no es que no me pudiera defender sino que prefería la lucha innecesaria, maldije a Arlong todo el camino
Entré en un callejón oscuro y allí un grupo de cinco hombres con un aspecto un poco amenazador con sus pantalones holgados y suéters anchos capaz para ocultar armas o cualquier droga, estaban sentados encima de unas cajas viejas y agrietadas. El callejón olía fuertemente a cigarrillo, alcohol y a orina. Un olor completamente desagradable, tres de ellos aparentaban más o menos mi edad, 20 años aunque las ropas que llevaban y el aspecto descuidado que tenían vislumbrado en la poca higiene corporal. los hacía aparentar mayor edad y los otros dos parecían tener el doble o más.
Todos pusieron su mirada en mi produciéndome un escalofríos en mi espina dorsal, sin embargo me mostré firme, confiada. Era como estar rodeada de perros rabiosos, un solo rastro de miedo y sería devorada.
-Oh tú debes ser la ladronzuela de Arlong, tan bonita y decente que te ves, quien lo pensaría-dijo uno de los mayores mirándome morbosamente.
Guardé el desagradable comentario en mi baúl de cosas para ignorar.
-Entrégame la información de una buena vez, no estoy aquí para charlar-exigí lo más cortante que pude.
-Pero por qué tienes tanta prisa, bellezas como tu no se aparecen por aquí todos los días-dijo otro haciendo reír a los demás.
-¿Dónde están los papeles con la información?-reclamé una vez más, quería irme de una maldita vez de ese horrendo lugar, el olor empezaba a darme náuseas y un mal presentimiento se asentaba nuevamente con ese cosquilleo incómodo en mi estómago.
-Aquí están-dijo uno de ellos que tenía un cigarro en la boca, entregándome un sobre amarillo, no me tomé la molestia de fijarme demasiado en él.
Prácticamente se lo arranqué de las manos en un movimiento rápido y estaba dispuesta a irme a toda prisa, aun con mi tobillo reclamándome cada segundo con un pálpito incesante, cuando el mismo chico me tomó la muñeca con fuerza lastimándome y atrayéndome hacia él, el aroma acre que desprendía de su ropa se infiltró en mi nariz, una mezcla entre marihuana, cigarrillo más el hedor de su cuerpo sin bañarse por varios días seguramente, me hizo contener unas náuseas y una sensación de asco por cada tramo que recorría su piel sobre la mía. Me sentí desesperada, intente pegarle en la cara pero me atajó la otra mano. Desprendía un hedor desagradable a alcohol rancio y cigarrillo
-¿A dónde crees que vas gatita? ¿No te piensas quedar un ratito a divertirte con todos nosotros?-dijo riéndose burlón
-Tengo que irme y a mí no me llames gatita-contesté metiéndole una certero rodillazo en la entrepierna que lo obligó a soltarme con brusquedad.
Sabía que no me daría tiempo de correr antes de que llegaran los otros y menos con mi agilidad disminuida, así agarré la navaja que estaba en mi botín. No dejaría que me tocaran, no sin luchar al menos.
Uno de ellos se acercó y corrió hacía a mí con los brazos extendidos, seguro no tenía su capacidad cognitiva al máximo por las drogas, me aparté de su camino girándome a la derecha y le enterré la navaja en el brazo cuando según él me habría alcanzado.
-¡PUTA!-gritó mientras la herida abierta empezaba a sangrarle sin control
Afiancé mi agarre en la carpeta y me dispuse a correr mientras la mayoría se ocupaba en auxiliar al hombre. Lo que no preví fue que uno me agarrara por la espalda, le di un codazo con fuerza que impactó en sus costillas y una patada en las piernas haciéndolo caer, tenía ventaja que no eran hombres en plenitud de condiciones. Escuché como me maldecía, así que le saqué la lengua y me di la vuelta para por fin irme, pero el mismo me agarró por el tobillo que tenía herido haciéndome caer y soltar un chillido de dolor, como si se me hubieran clavado mil agujas y el hombre me apretaba con mucha fuerza, como si quisiera romperlo entre sus manos.
-¡SUELTAME!-grité desde el fondo de mi garganta, necesitaba salir de allí, dolía demasiado, las lágrimas empezaban a asomarse y no pensaba llorar, no pensaba dejar que me humillaran de esa manera, la rabia empezó a sobreponerse al dolor.
Uno de los jóvenes, el que le había dado la patada en la entrepierna precisamente, se acercó a nosotros con una mueca torcida en su rostro, entre resentimiento y diversión, extraño, pero peligroso
-Por zorra te voy a castigar, voy a arruinar esa cara tan linda que tienes
El que me tenía sujeta hizo más fuerza si eso era posible, sacándome otro grito, sentía que empezaba a perder el conocimiento en el momento en que empezó a jalarlo para quedar cerca de este chico, podía sentir el desgarre interno, impulsó su pierna hacía atrás para pegarme una patada en la cara. Cerré los ojos esperando el golpe, mientras unas lágrimas se escapaban sin remedio de mis ojos, el tobillo me dolía, sin embargo, después de unos segundos abrí los ojos, el golpe nunca llegó.
-No se te ocurra tocarla
Muchas gracias por haber leído hasta aquí, disfruté mucho haciendo este cap, las palabras fluían por sí solas, espero que les haya gustado. Si tienen algo que comentar o algo que quieran decirme, háganlo, me encanta leer los comentarios
Quisiera hablarles de otro tema que me está incomodando y estoy segura que muchos otros miembros del fandom, los que hacen historias sobre Nami y los que también las leen, y es el hater que está publicando comentarios grotescos y bizarros al igual que historias carentes de sentido lógico, que solo dicen insultos. No es la primera vez que aparece, lo ha hecho desde hace mucho tiempo, una y otra vez. Por eso me gustaría que tomáramos medidas, no lo digo porque me haya escrito un comentario, me da igual, sus palabras carecen de toda importancia para mí, pero se me hace incómodo ver todas esas historias bizarras y me parece injusto que siga a sus anchas insultando a las personas y al personaje. Así que les pido que por favor denuncien a este usuario si les es posible
Gracias
Sin más que decir, me despido
Modificado 6/1/2023
