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Capítulo 1: Amor a primera vista—¿Por qué me pasa esto a mí? —replicaba el rubio montado en la motocicleta del local—. Llego tardísimo a las entregas, además… esa pesadilla de nuevo… —esto último lo dijo con un hilo de voz, se notaba que aquello era un tema serio y le dolía mucho.
Estaba cerca de una esquina y no iba prestando demasiada atención a la calle, más bien, iba pensando en aquel sueño, algo que hace muchos años había sucedido en su vida, cuando aún era un niño.
—Cielos… espero que en este lugar él no me encuentre… —decía una chica, la cual caminaba muy rápido hacia una esquina y tras ella llevaba una maleta con ruedas, que se veía un poco pesada. Parecía estar huyendo de algo o alguien, pues se lucía muy nerviosa.
Al llegar a la esquina, un fuerte grito llamó su atención.
—¡Cuidado! —se escuchó la voz y, al voltearse, pudo ver como un motociclista -con el casco puesto- se dirigía a ella. Fue tan grande su susto que cayó desmayada antes de que el vehículo en cuestión pudiese si quiera rozarle.
Naruto frenó de golpe la motocicleta, haciendo que toda la comida que llevaba se desparramara por el suelo, pero no le dio importancia.
—¡Oh, no, creo que la maté! —el chico se levantó exaltado y muy asustado, estaba nervioso porque creía haber cometido un crimen. Se acuclilló junto a la joven y la observó—. Wow, es hermosa… —dijo, ciertamente era una chica guapa; su cabello era largo y liso, de color azulado, caía armoniosamente hasta su cintura y debajo de su corta falda se podían apreciar sus piernas largas y bien contorneadas, además, poseía dos grandes atributos. Naruto se reprendió mentalmente por pensar esas cosas y fue entonces cuando la joven comenzó a reaccionar.
—¿Q-qué pasó? —se preguntó la chica despertando de su letargo, se trató de sentar para acomodarse mejor puesto que el suelo era muy duro y al voltear se encontró de frente con aquel chico, al verlo con el casco puesto se asustó un poco y se alejó de él—. ¿Q-quién eres?
—¿Eh? —Naruto no había entendido por qué ella se asustó, hasta que notó que traía puesto el caso—. Ah, disculpa —dijo quitándoselo. La joven se quedó sorprendida al ver lo guapo que era, ese cabello rubio, esos ojos azules, definitivamente era el chico soñado, además, sonreía como nadie. Lo mismo sucedió con él, aquellos ojos como la luna le recordaban a alguien, pero más aún, eran hermosos, como dos perlas, la chica era preciosa y eso lo dejó impactado—. Soy Naruto Nami… —se detuvo—. Es decir, Naruto Uzumaki —habló con una enorme sonrisa de oreja a oreja—. Rayos… todavía me presento con mi antiguo apellido —pensó, un poco contrariado por este hecho—. ¿Y tú quién eres?
El tiempo pareció detenerse en el instante en que esas miradas se cruzaron, como si fuese un deja vú ambos sentían que se conocían de alguna parte. Era como si un cúmulo de sentimientos se arremolinara en sus pechos, provocando que sus latidos se aceleraran incesantemente.
—S-soy Hinata, m-mucho gusto —saludó la joven ojiperla un poco ruborizada, aquella mirada la ponía muy nerviosa y no pudo sostener la suya por mucho tiempo.
—Oye, ¿podrás perdonarme? —preguntó Naruto, poniéndose de pie y ofreciendo una mano a Hinata para ayudarla a levantarse también.
—S-sí —respondió la nerviosa chica. Estrechó su mano para recibir la ayuda y finalmente se puso de pie.
—No eres de aquí, ¿verdad? Desde muchos años que vivo aquí y nunca te había visto, no es que la ciudad sea pequeña, pero este sector es bastante comunicativo.
—N-no, yo… vengo de otra parte, estoy de vacaciones, salí de la escuela hace unos días y decidí darme unas vacaciones antes de entrar a la universidad —respondió Hinata, se veía un poco nerviosa, pero estaba haciendo todo lo posible por controlarlo.
—Ah ya veo, ¿y de dónde eres? —la chica desvió su mirada, era obvio que no quería contestar—. Bueno, creo que estoy siendo demasiado indiscreto —dijo un poco apenado, sobándose la nuca con una de sus manos. Observó la maleta que Hinata traía y pensó en algo—. ¿Aun no te has registrado en un hotel? Si quieres puedo llevarte.
—Gracias, pero…
—Pero ¿qué?
Naruto vio como Hinata apuntaba algo que estaba en el suelo tras él, enseguida se volteó y se puso blanco al ver toda la comida en el piso, lo iban a matar.
—¿Eso es tuyo?
—¡Oh, no, me va a matar el viejo Ichiraku! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué?! —gritaba enloquecido, llevándose las manos a la cabeza, estaba totalmente desesperado, su sentencia de muerte estaba firmada.
—Etto… si quieres… yo hablo con el señor —se ofreció la chica, que a leguas se notaba que era demasiado tímida.
—¿De verdad harías eso? —Naruto Le miró con los ojos aguados.
—Sí, pero con una condición, ¿luego me llevas a un hotel? No conozco de nada esta ciudad y por eso estoy algo perdida —dijo la ojiperla con una sonrisa dulce y amable, por la cual, Naruto se sonrojó un poco.
—Claro —respondió, correspondiendo a esa sonrisa.
Tenía que admitirlo, esa chica era hermosa y muy interesante, desde el instante en que la conocí, me di cuenta de que ocultaba algo, no sé qué, pero algo me intrigaba de ella, creo que su rostro me recordaba a alguien. Y sin darme cuenta, fui sintiendo cosas que ni yo mismo sabía que existían, sentimientos que me llenaban de felicidad a cada momento, pero siempre hubo algo que me impidió ser feliz, siempre lo hubo.
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Un rato después, Naruto y Hinata salían del Ichiraku ramen, el primero con una gran sonrisa pues, gracias a Hinata se había salvado de perder su empleo. Luego ambos se dirigieron al hotel en donde se quedaría Hinata, iban montados en la motocicleta.
—Ya llegamos, Hinata-chan, espero que te la pases muy bien en tus vacaciones —le dijo el rubio con una sonrisa.
—Si, muchas gracias, Naruto-kun, espero volver a verte. —la ojiperla se bajó de la motocicleta de Naruto y tomando su maleta, se fue hacia el interior del hotel, mientras el rubio la veía alejarse con una sonrisa en su rostro.
—Yo también espero volver a verte pronto…
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El día había sido agotador, toda la mañana en la universidad y la tarde en el Ichiraku ramen, ciertamente, era difícil trabajar y estudiar a la vez, pero a Naruto le gustaba ayudar a su mamá en lo que pudiese, después de todo, ella sola lo había sacado adelante después de la muerte de su padre y cuando perdieron todo su dinero; su madre era la única persona importante en su vida y por ella haría lo que fuese.
—Ya llegué, mamá.
—Bienvenido, Naruto —dijo una mujer joven, de cabello rojizo y una sonrisa enorme como la de su hijo—. ¿Cómo te fue hoy?
—Bien, ahora sólo quiero cenar —respondió Naruto, llevándose una mano a su panza, mientras su estómago rugía del hambre.
—Ok, entonces te prepararé tu plato favorito, siéntate mientras cocino y no te desesperes. ¿De acuerdo? —dijo su madre, quién lucía bastante amable y agradable, ella solía tratar siempre a su hijo como todo un príncipe, ya que era lo único que le quedaba de su amado esposo.
—Claro, mamá.
El rubio se sentó a la mesa, mientras su madre se ponía un delantal para cocinar, ella era siempre muy alegre y se esforzaba por disimular que no se sentía triste aun por la muerte de Minato, su esposo. Eso era algo que Naruto admiraba de ella, su gran fortaleza, definitivamente ella era una gran mujer.
Kushina comenzó a sacar los ingredientes para el ramen que tanto le gustaba a su hijo, y al pasar junto a uno de los estantes, se detuvo frente a una fotografía en donde salían ella y su amado Minato, abajo decía "con amor para mi amada Kushina, Minato". No pudo evitar sentirse triste, sentía deseos de llorar, porque lo extrañaba de sobremanera, cada día y cada noche, siempre lo había extrañado.
De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió el abrazo de su hijo Naruto.
—Sé que lo extrañas, mamá, yo también lo extraño mucho.
—Sí… —respondió Kushina al ver a su hijo—. Pero al menos te tengo a ti, cada día te le pareces más.
—¿Tú crees? —preguntó el rubio levantando la fotografía—. Aunque yo diría que soy más guapo —comentó, dejando salir una risilla pícara.
Su madre le miró sonriente, entonces notó algo en él, un brillo especial en sus ojos que no había podido pasar por algo.
—Mmm, esa sonrisa que traes hoy se me hace muy sospechosa, ¿conociste a alguien, Naruto?
—¿Eh? —Naruto se puso rojo rápidamente y vinieron a su mente los hermosos ojos perla de Hinata—. B-bueno… conocí a una chica hoy, pero…
—¡¿De verdad?! —gritó Kushina, exaltada—. ¿Y cómo es? ¿Cuándo piensas traerla? Cuéntamelo todo.
—¿Por qué debería traerla? —le miro Naruto arqueando una ceja.
—¿Es que acaso no me piensas presentar a tu futura novia? —dijo Kushina haciéndose la ofendida, mientras Naruto se ponía más rojo que un tomate, su madre estaba tomando las cosas muy apresuradas.
—¡¿F-futura novia?!
Las palabras de mi madre realmente me parecieron una tontería, sobre todo, porque yo no tenía tiempo para el amor… mi única misión era vengar la muerte de mi padre y, aun así, no podía sacarme su sonrisa de la mente, la tuve presente en mis pensamientos toda la noche… no podía evitarlo…
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Hinata estaba saliendo del baño del hotel, llevaba solo una toalla cubriendo su cuerpo y otra más pequeña sobre su cabeza. Se sentó en la cama dando un suspiro.
—No puedo creer que de verdad lo hice —se dijo a sí misma—. De verdad he sido capaz de huir de ti… papá.
Se dejó caer de espaldas sobre la cama, para volver a levantarse pasados unos segundos. Sobre el velador había una fotografía, en donde aparecían ella, una joven un poco más pequeña, un chico de aproximadamente su edad y un hombre, un hombre de mirada fría, siempre había sido así, tan cruel; su propio padre.
—Hanabi-chan… Neji nii-san… espero que me perdonen… —aquellas palabras las dijo casi en un susurro y dejando escapar solo una suave y amarga lágrima. Guardó aquella fotografía en el cajón del velador y suspiró. No quería volver a verla jamás, al menos no por el momento, porque le hacía recordar lo infeliz que había sido en casa de su padre, el cual nunca la amó.
—Espero volver a ver a Naruto-kun… —susurró, soltando una leve sonrisa y sonrojándose un poco—. Creo… que el amor a primera vista sí existe…
Otra vez se dejó caer sobre la cama con una sonrisa un poco pícara. No podía creer que pensase tanto en una persona que acababa de conocer, pero aquella sonrisa era imborrable en sus recuerdos, sabía que allí permanecería grabada para siempre. Su corazón latía tal cual fuese una dulce melodía, y sus labios deseosos de un primer beso imaginaban el contorno de los labios de aquel rubio.
—Ay, Hinata… esto te pasa por ver tantas telenovelas —se reprochó a sí misma.
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Al día siguiente, Hinata se levantó muy temprano. Ya que estaba en Okinawa, debía conocer un poco el lugar y sobre todo la playa. Se puso un vestido simple de tirantes, de color blanco y, tomando un pequeño bolso donde puso todo lo necesario, partió hacia la playa.
—Qué lugar más bello —se dijo al llegar. Estaba lleno de gente, chicos jugando voleibol playero, gente disfrutando del sol, el mar, etc. Hinata se sentó y se colocó un sombrero para que el sol no llegase a sus ojos, luego se quedó viendo a las gaviotas en el cielo—. Es un paraíso donde podría vivir para siempre…
—¿Qué hace una chica tan bella aquí tan sola? —se escuchó de pronto y, al levantar su vista, Hinata se volvió a quedar perdida en un bello par de ojos azules.
—Naruto-kun…
El recién llegado se sentó junto a ella, lucía tan guapo y alegre como el día anterior.
—Hola, Hinata-chan, no pensé que te vería tan pronto, pero me alegra —confesó sonriente.
—Pero qué cosas dices —la chica comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos, mientras un ligero rubor aparecía en sus mejillas.
—Oye, Hinata-chan, ¿sabes? Nunca había tenido un día tan feliz como ayer, desde hace muchísimo tiempo.
—¿P-por qué dices eso? —preguntaba la joven, poniéndose cada vez más nerviosa.
—Porque ayer pude conocerte —dijo el rubio con una enorme sonrisa. Hinata se quedó petrificada ante esas palabras, las cuales no se esperaba, pero se sentía muy feliz.
—P-pues gracias, Naruto-kun —ella también le sonrió.
Ya sé por qué estas dudando
Sé lo que vas a pensar
—Oye, Hinata-chan, ¿vamos a nadar un rato?
—¿Eh? S-sí. ¿Por qué no?
—Entonces vamos —Naruto la tomó de la mano y la jaló hacia el mar azul, brillante y furioso que aguardaba entre olas, golpeando la orilla.
Aquella mañana fue la mejor que ambos pudieron tener en sus vidas, estando entre risas, miradas y una que otra tomada de manos, sin duda, estar el uno con el otro era lo mejor que pudo haberles pasado, pero nada dura para siempre.
¿Será este un amor eterno?
¿Será un amor de verdad?
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Los dos jóvenes salieron del mar completamente empapados y se sentaron nuevamente en la playa para charlar.
—¿Así que vienes de Tokio?
—Sí —respondió Hinata—. He vivido allá toda mi vida, junto con mi padre, mi hermana y mi primo.
—Ah, ya veo —Naruto sentía curiosidad, ya que Hinata en ningún momento mencionó a su madre, pero tuvo miedo de preguntar, así que se quedó callado—. Yo también vivía allá hace años, pero hubo unos problemas y con mamá decidimos venirnos a vivir a un lugar más tranquilo —explicaba el rubio.
—Ya veo… de verdad este lugar es muy lindo, me gustaría vivir aquí —dijo Hinata, cerrando sus ojos y dejando que el viento acariciara su rostro.
—Pero debes regresar con tu familia… eso es una pena, ya no podré verte otra vez —Naruto volteó a ver al mar, se sentía un poco triste.
—Bueno, aun voy a quedarme por un buen tiempo, mis vacaciones son largas.
Hinata sentía lo mismo que Naruto, realmente le gustaba estar a su lado, incluso si apenas lo conocía, no quería pensar en regresar a casa, mucho menos en ya no verlo.
—¿Y por qué no viniste con tu familia?
—Porque… sentía deseos de hacer un viaje sola, además, ellos se fueron a otro lugar —respondió la ojiperla, aunque sabía muy bien que mentía, no podía decirle a Naruto que había escapado de casa.
—Ah, bueno… ¿quieres conocer el resto de la ciudad? —propuso el chico, a lo que ella le miró con ilusión, pero una idea que pasó por su mente le quitó un poco de entusiasmo.
—¿De verdad? P-pero, ¿no tienes que trabajar hoy?
—No, hoy es mi día libre, ¿qué dices? —el rubio se puso de pie y le extendió su mano a la muchacha, que aún permanecía sentada. Ella estrechó su mano, dándose cuenta de que su piel era muy blanca comparada con la de él, luego de eso se levantó.
—Vamos entonces —dijo sonriendo.
Ambos se pasaron toda la tarde recorriendo la ciudad, montados en la motocicleta del rubio. Hinata conoció muchos lugares hermosos y, al atardecer, Naruto la llevó al mejor lugar que conocía, unas rocas a la orilla del mar en donde se podía ver perfecta y hermosamente el crepúsculo.
—Ten cuidado, Hinata-chan —le decía él, dándose su mano a la joven, mientras ambos pisaban las resbaladizas rocas.
—S-sí —respondió ésta.
Cuando al fin llegaron a la roca más alta, Hinata quedó maravillada por la hermosa vista, el sol se veía enorme y majestuoso mientras desaparecía en el horizonte.
—Qué hermoso…
Aunque sé que esto no es fácil de entender
Que parece una locura
—Puede ser hermoso, pero no tanto como tú —dijo Naruto, acercándose ligeramente a ella.
—¿Eh? —la chica quedó extrañada por aquellas palabras, pero más por la cercanía del rubio hacia su persona, hacia su rostro, hacia sus labios.
Aunque sé que es muy difícil de creer
El amor de mi vida eres tú
—Hinata-chan, ya no aguanto más… —le susurró en la comisura de los labios antes de besarlos. Primero fue un beso lento y pausado, que fue tomando cada vez más impulso hasta volverse muy apasionado. Ninguno de los dos se podía contener, había sido un amor a primera vista y no querían esperar por más tiempo para estar juntos.
Solo a tu lado quiero vivir
Sin ti mi cielo se vuelve gris
Dime que hacer si no estás aquí
Solo a tu lado quiero vivir
Se separaron cuando el oxígeno comenzó a faltarles. Ella tenía su rostro completamente sonrojado y él parecía estar en el cielo. Ambos solo se miraron por unos segundos.
—H-Hinata-chan, perdóname, no sé en qué estaba pensando, que idiota soy —Naruto se excusaba de mil formas por lo que había hecho, pero esta vez fue él el sorprendido al ser Hinata quien lo besara para así callarlo; él solo pudo corresponderle.
—Naruto-kun, no tengo nada que perdonarte —y volvió a besarlo, sintiendo por fin la sensación de un amor de verdad, no como el que su padre le había impuesto, un amor forzado por las apariencias, un amor de mentira, ese era el que su padre quería darle comprometiéndola con alguien que no amaba, fue por eso que huyó, para ser feliz, encontrando un verdadero amor, y lo había hecho.
Te mostrare lo que siento
De lo infinito el final
Los días fueron pasando y después de ese beso nada fue igual para ellos. No tardaron en hacerse novios y andar por todas partes como una verdadera parejita. Hinata conoció a la madre de Naruto, lo cual le dio mucha vergüenza, pero se llevaron bien desde el principio porque ambas adoraban a Naruto.
Pido tu mano y prometo
Por siempre te voy a amar
Y así pasó un mes… un mes lleno de felicidad, pero también llegó el día en que todo acabaría de la peor manera posible, de la que ninguno de los dos esperaba.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
—Naruto-kun, ¿hoy vamos a ir a ver el festival? —preguntó la ojiperla, agarrada de la mano de su novio y sentados ambos en el banco de un parque.
—Claro, Hinata-chan, ya verás cómo nos vamos a divertir… aunque… —su mirada pasó de alegre a triste y Hinata lo miraba sin comprender.
—¿Qué sucede?
—Hinata-chan… tus vacaciones no durarán para siempre, algún día te irás y me sentiré muy solo cuando eso suceda, voy a extrañarte muchísimo.
—Naruto-kun… —la chica se acercó más a él, hasta pegarse a su pecho y con una sonrisa cerró sus ojos para sentirse libre junto a él—. Te amo y nunca te dejaré.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó él, un tanto confundido.
—He decidido quedarme aquí para siempre, junto a ti, y ya nada podrá separarnos jamás.
Los ojos de Naruto se abrieron de par en par con la sorpresa, pero estaba demasiado feliz, aquel sentimiento lo inundaba por completo y lo llenaba de pies a cabeza; estaría por siempre junto a ella, para siempre. Tal vez Hinata era la única persona en el mundo que lo hacía olvidar esas ansias de venganza.
—Hinata… esa es la mejor noticia que me han dado —ahora él la rodeó con sus brazos, sintiendo su aroma tan cerca y, lentamente, se acercó para saborear sus labios, esos labios que lo habían enamorado completamente, que lo volvían loco y que solo eran suyos.
—Siempre quiero estar a tu lado —reafirmó ella, una vez que se separaron.
—Y yo a tu lado —dijo el rubio para luego volver a besarla.
Todo parecía perfecto, un bello cuento de hadas con un final feliz.
Pero este era a penas el preludio a una serie de eventos desastrosos, a algo que ellos no hubiesen podido imaginar, que sus vidas ya estaban entrelazadas desde antes de conocerse.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Un hombre de larga cabellera castaña y ojos color perla iba en un avión rumbo a Okinawa. En su mano derecha arrugaba una fotografía de él junto a su hija mayor.
—Hinata, voy a llevarte de vuelta, pagarás por haber huido, no te saldrás con la tuya.
Arrojó la foto arrugada al suelo y empuñó su mano con fuerza al igual que apretaba su dentadura, estaba realmente molesto, lleno de ira contra su hija y la traería de regreso, así fuera lo último que hiciera.
Continuará…
