Capítulo 1: Un nuevo comienzo

Parecía fácil decir que las cosas saldrían bien una vez que su nueva vida comenzara. Cambiarse a vivir a una ciudad diferente a la de sus padres (aunque ya había vivido ahí durante casi toda su vida) y tener que preocuparse de muchas cosas, entre ellas, sus estudios en la universidad y su relación que de un momento a otro dejaba de ser a distancia, todo eso era ciertamente abrumador para Matsuri, que estaba por tener un largo y movido primer día de clases.

—¡Estoy atrasada! —exclamó, corriendo como una energúmena fuera del baño. Acababa de darse una ducha, se vistió lo más rápido que pudo y ni siquiera tuvo tiempo de secarse el cabello, mucho menos de desayunar, sólo agarró una manzana de la mesa de la cocina y salió del departamento como un rayo.

Sus amigas, con quienes había empezado a compartir el departamento hace unos días no estaban, seguramente se habían ido primero y lo que no se explicaba era por qué ninguna de ellas la despertó.

Corrió hacia el paradero de autobús con la manzana en la boca a medio comer, le pagó al chofer y se sentó hasta el final, ya que sólo había un asiento vacío. Sacó su teléfono de su bolso y miró la hora, si el autobús no se topaba con demasiado tráfico, era posible que llegara a tiempo.

—Qué alivio… —murmuró, justo en ese momento entró una llamada, que no dudó en contestar con una enorme sonrisa—. Buenos días —dijo, mirando por la ventana—. Estoy en el autobús, me atrasé un poco —explicó, haciendo un ligero puchero—. Es que anoche estaba nerviosa y no pude dormir bien, no te burles, Gaara-kun.

Después de terminar de hablar con su novio, Matsuri suspiró y se acomodó en el asiento, con lo poco que había dormido, ahora mismo le había entrado demasiado sueño y, sin darse cuenta, sus ojos se cerraron y se durmió.

Cuando despertó estaba un poco aturdida, no supo cuánto tiempo había pasado, pero al mirar por la ventana, se dio cuenta de que estaban justo en su parada, así que se levantó como un resorte del asiento, pidiéndole permiso a los que iban de pie, para conseguir bajarse justo a tiempo. Miró nuevamente la hora, eran justo las ocho, eso quería decir que la clase estaba empezando mientras ella se encontraba en las puertas de la universidad.

—Rayos, rayos —repetía una y otra vez, mientras corría hacia el interior del enorme edificio educativo. No sabía cuál era su salón, así que tenía que buscarlo, iba a llegar tarde, pero no tanto como pensó al inicio—. Segundo piso, creo que es ahí —murmuró, tomando directamente las escaleras, porque el elevador iba a tardar una eternidad en bajar.

Sus pies se movieron rápidamente por encima de los peldaños, hasta que llegó al piso dos, entonces se dio de bruces contra una persona que parecía que iba a bajar, éste tenía algo entre sus manos, un objeto cuyo equilibrio por poco perdió debido al choque repentino.

—¡Ten más cuidado! —exclamó él, claramente molesto.

—Ay, ay, lo siento mucho… —Matsuri se sobó la nariz y alzó la cabeza para poder ver a la persona con quien se estaba disculpando. Lo encontró con el ceño fruncido y sus ojos grises viéndola con enfado, pero aquella expresión se disipó en menos de un segundo, apenas ese chico de cabellera rojiza la vio.

A Matsuri le dio la leve impresión de haberlo visto antes, quizá porque tenía un ligero aire a Gaara, debido al color de su cabello y a que éste era muy apuesto.

—En verdad lo lamento, es que estoy atrasada y… —se cortó al recordar por qué iba corriendo—. ¡Perdón, debo irme! —exclamó, entonces notó de reojo –mientras se alejaba– que el chico tenía en las manos una especie de estatuilla tallada, quizá era estudiante de artes plásticas, igual que ella.

Él, por su parte, simplemente la vio partir sin decirle nada, pues ni tiempo le dio; sin embargo, alcanzó a ver algo en el suelo, que parecía que se le había caído a aquella muchacha distraída.

—Uhm… interesante… —murmuró, esbozando una suave sonrisa.

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Después de lo agitada que había sido su mudanza y los días después de ella, acoplándose al nuevo hogar y al trabajo, había sido un poco cansado para Gaara levantarse temprano ese día. Tenía su primera clase a las ocho de la mañana, así que a las seis y media se despertó, se dio una ducha y luego se preparó algo para desayunar. Naruto y Sasuke se le unieron al cabo de un rato, todos tenían clases temprano, así que esto se convertiría en su nueva rutina.

A pesar de ingresar en carreras distintas, los tres estaban en la misma universidad, lo que facilitaba las cosas para ellos, pues no necesitaban preocuparse por el transporte, Sasuke tenía auto y para él era fácil que se fueran todos juntos. A Gaara no le gustaba mucho la idea, todavía seguía siendo el tipo de persona que prefería hacer sus cosas por cuenta propia, pero Naruto había insistido demasiado en que ahorrarían gastos si se iban los tres juntos, por lo que tuvo que aceptar.

Cuando se detuvieron en el estacionamiento de la universidad, se despidió de los chicos y tomó su teléfono, todavía faltaban unos diez minutos para que empezara su clase, tenía que admitir que estaba un poco nervioso, esto ya no era la escuela, aquí las cosas serían realmente difíciles e iban a requerir que pusiera todo de su parte.

—Hey, hola, ¿cómo estás? —hablaba al teléfono, esbozando una suave sonrisa, mientras caminaba hacia el edificio principal, ya que el campus contaba con tres edificios separados, cada uno con ciertas áreas en específico—. Sí, ya estoy aquí, ¿te atrasaste? —rio ligeramente al escuchar la explicación del otro lado—. Está bien, no me reiré, date prisa, amor, llegar tarde el primer día no es nada bueno, quizá deberíamos ponernos de acuerdo y venir juntos…

Mientras charlaba con Matsuri, que todavía no llegaba a la universidad, consiguió llegar hasta su salón, miró de reojo la puerta e ingresó, buscando un asiento vacío que no tardó en encontrar.

—Sí, te veré después, en el almuerzo, te quiero —añadió, para luego terminar la llamada.

Tomó asiento, dejando su bolso sobre la mesa y guardó su celular en el bolsillo del pantalón. Según lo veía, faltaban menos de dos minutos para que empezara la clase, así que sacó su libreta y su lápiz para tomar algunas notas por si era necesario. Algunos otros estudiantes ingresaron en ese momento, entre ellos, una joven de cabello negro y anteojos, que se lo quedó viendo con gran asombro.

—Pero si es… —no alcanzó su terminar su frase, ya que el profesor a cargo apareció justo detrás de ella.

—Señorita, por favor despeje la entrada —dijo el hombre, a lo que ella rápidamente se hizo aun lado y buscó un asiento, el cual encontró en la fila junto a la de Gaara, pero dos puestos más atrás, desde donde podía verle perfectamente la espalda al pelirrojo, que ni siquiera la notó.

Ella, apoyando el rostro contra las palmas de sus manos, sonrió, no podía creer su suerte.

Nunca imaginé que estudiáramos lo mismo y en la misma universidad, esto debe ser el destino —pensó emocionada, pues desde hace mucho tiempo había estado soñando con volver a ver a Sabaku No Gaara.

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Cuando Matsuri llegó a su salón, se dio cuenta de que las clases ya habían empezado, la profesora estaba presentando el contenido que verían durante el año y ella se sintió avergonzada al tener que tocar la puerta e interrumpir. La maestra no se enfadó, aunque sí le pidió que se diera prisa la próxima vez, por lo que Matsuri asintió con la cabeza e ingresó, buscando un asiento vacío, aunque el único disponible era el que estaba más adelante.

Un poco nerviosa, sacó su libreta para tomar apuntes, dejando su bolso colgado en la silla, estaba en ello, cuando la puerta sonó una vez más.

—Adelante —dijo la maestra, a lo que la puerta se abrió, dejando ver al mismo chico con el cual Matsuri había tropezado hace un rato, lo cual la sorprendió un poco, sobre todo, porque éste la miró fijamente cuando se dio cuenta de que ella estaba ahí, así que la chica se cubrió ligeramente los ojos con el flequillo—. Ah, llegaste ya —añadió la profesora—. Chicos, él es un estudiante de último año, será nuestro ayudante durante algunas clases, por favor, preséntate.

El chico pelirrojo dejó la estatuilla que todavía traía consigo encima de la mesa que estaba delante del salón, que era de la profesora, entonces se paró delante de todos, la mayoría de los estudiantes de esa clase eran chicas, las cuales no paraban de murmurar sobre lo apuesto que éste era.

—Mi nombre es Akasuna No Sasori, espero llevarme bien con todos ustedes y ser de utilidad para orientarlos, mucho gusto —comentó de forma amable, haciendo una reverencia muy leve, pero apenas se volvió a erguir, nuevamente clavó su mirada en la figura de aquella castaña, a quien le dedicó una suave sonrisa, pero ella sólo miró hacia otro lado.

—Muy bien, chicos, continuemos con nuestro temario, toma asiento, Sasori —dijo la mujer, que era de edad media, ella señaló el escritorio que estaba vacío en una esquina del salón, el cual miraba hacia el resto de estudiantes, Sasori se sentó ahí y continuó observando a la alumna con quien había chocado, no dejaba de pensar en que le llamaba mucho la atención.

Cuando la clase finalmente acabó, Matsuri se levantó rápido del asiento, había quedado de reunirse con sus amigas, así que guardó sus cosas y se puso su bolso, mientras algunos de sus compañeros ya se marchaban. Ella se dirigió a la entrada y se apresuró a salir para buscar la biblioteca, en donde había acordado ver a Sakura, Hinata y a sus compañeras de departamento. Estaba emocionada, a pesar de que no estaba en la misma clase con ninguna de ellas, las tendría cerca a todas y tenía muchas ganas de presentarlas.

—¡Chicas! —exclamó al ver a Sakura y a Hinata, quienes estaban de pie justo en la puerta de la biblioteca, ellas al verla corrieron a abrazarla, ya se habían reunido desde que ella se mudó a vivir en la ciudad, pero no habían tenido demasiado tiempo para charlar o hacer cosas.

—Pero mira qué guapa te has puesto —dijo la peli rosa, deshaciendo el abrazo—. Estás radiante, seguro que te sentó bien el cambio de ciudad.

—Es verdad, Matsuri-chan, luces hermosa —secundó Hinata, quien sonrió dulcemente, como siempre hacía.

Matsuri las observó a las dos, Hinata estaba tan linda como siempre, aunque se había cortado el cabello hasta los hombros, ahora era toda una mujer, su aspecto de niña había quedado atrás, lo mismo con Sakura, aunque su ropa seguía manteniendo los tonos rosas, su estilo de vestir era diferente, mucho más adulto, por un momento, Matsuri sintió que ella no había cambiado tanto, ya que seguía vistiendo igual que antes y mantenía el mismo estilo casual.

—Claro que no, ustedes son las que están hermosas, las extrañé mucho, sé que siempre hablamos, pero no es lo mismo —hizo un leve puchero antes de volverlas a abrazar de modo impulsivo, no era sólo a Gaara a quien anhelaba volver a tener cerca, sino a todos sus amigos—. Tenemos mucho de qué hablar, quiero presentarles a mis nuevas amigas, seguro que se llevarán excelente.

—¡Matsuri! —las tres escucharon el nombre de la castaña, así que se dieron la vuelta para ver a las recién llegadas, que se acercaban desde el pasillo.

Las dos chicas eran bonitas, una de ellas era alta, tenía el cabello largo, casi hasta la cintura, de color negro, al igual que sus ojos. Estaba usando un vestido de color café claro y botas largas, lucía hermosa y sofisticada. La otra joven era algo más bajita, su piel era más bien trigueña, con ojos anaranjados y cabello verdoso, corto hasta los hombros, ella llevaba puesta una mini falda de color blanco y un top que dejaba a la vista su abdomen, un estilo poco usual para una joven japonesa, ya que su cultura, de por sí, era bastante conservadora en cuanto a enseñar tanta piel, pero a ella no parecía importarle.

—Ah, por fin están todas aquí —dijo Matsuri, emocionada. Apenas sus amigas se acercaron, no perdió el tiempo en señalar a la pelinegra—. Chicas, ella es Yukata —comentó a Sakura y Hinata, para luego señalar a la jovencita de cabellera verde—. Y ella es Fuu, ambas fueron mis compañeras de escuela en Osaka —luego se dirigió a las dos recién llegadas—. Chicas, ellas son Sakura y Hinata, mis amigas de toda la vida.

—¡Mucho gusto, sean mis amigas! —exclamó Fuu, tomando las manos de la peli rosa y la ojiperla, que se sorprendieron un poco debido a su entusiasmo, parecía alguien con una personalidad burbujeante, así que les agradó de forma instantánea.

—M-mucho gusto, Fuu-san, soy Hinata Hyûga y claro que quiero ser tu amiga —contestó la chica, a lo que los ojos de Fuu se iluminaron de inmediato, le había encantado el aire tan sofisticado de Hinata, parecía una princesa de cuentos de hadas.

—Yo soy Sakura Haruno, es un gusto también —añadió la dueña de ojos jade, que formó una gran sonrisa en sus labios, parecía que Matsuri había conocido a buenas personas mientras estuvo lejos y eso le daba gusto.

—Fuu siempre es muy efusiva —bromeó Yukata, llevándose una mano a la nuca, a veces le avergonzaba un poco el comportamiento de su amiga—. En fin, es un gusto, espero que nos llevemos bien —dijo haciendo una reverencia pequeña, tan sólo con su cabeza.

La chica de cabellera verdosa rio, sacando la lengua de forma traviesa.

—Mi meta es tener un millón de amigos, con ustedes ya son cien —aseguró, aunque en realidad, ella contaba a cualquier persona que conocía como un amigo, así que la cifra verdadera no estaba ni cerca de sus cálculos.

Matsuri sólo se empezó a reír al oírla, mientras que Hinata y Sakura se vieron entre sí, un poco confundidas, ¿no se parecía esa chica –sólo un poco– a Naruto?

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Apenas el profesor de Gaara se retiró del salón, éste miró la hora en su teléfono, tenía dos clases más seguidas antes de poder verse con su novia, por lo que guardó todas sus cosas y se dispuso a salir del salón para buscar el siguiente, pero antes de poder llegar hasta la puerta, varias chicas se pararon delante de él, eran alrededor de seis, ya que el resto de estudiantes eran hombres.

—Hola, ¿podrías darme tu número? —dijo una de ellas, a lo que el chico la miró confundido.

—Dime, ¿tienes novia? Eres muy guapo —comentó otra, entre un montón de murmullos y cuchicheos que daban el resto de muchachas.

Gaara rodó los ojos, no era la primera vez que esto pasaba, realmente no le interesaba ser "popular" entre las chicas, incluso podía decir que este tipo de situaciones le aburrían, así que ni siquiera se molestó en responder a alguna de ellas, solamente las pasó de largo, ignorándolas.

Salió hacia el pasillo dispuesto a completar su objetivo, pero alguien pasó a su lado y se le plantó delante —Espera, eres Gaara, ¿no? —escuchó una voz femenina. Con fastidio alzó la mirada para verla, le pareció conocida, pero no se acordaba de dónde.

—¿Te conozco? —cuestionó, frunciendo ligeramente el ceño.

Ella abrió un poco la boca, se quitó los anteojos y lo miró ligeramente enfadada.

—Vamos, ¿no me recuerdas? No ha pasado tanto tiempo desde que éramos amigos —se quejó, sus ojos oscuros brillaron con cierto resentimiento, pero fue ahí que él finalmente la reconoció.

—¿Shijima? —cuestionó, estaba sorprendido, pues habían pasado ya más de dos años y medio desde la última vez que la había visto, ella era nada más y nada menos que la chica con quien, antes de mudarse a Tokyo, había tenido una especie de "amistad con derechos", la misma que solía gustarle a su hermano, al cual ella había rechazado por Gaara.

Emocionada porque Gaara finalmente había dicho su nombre, la pelinegra asintió varias veces con la cabeza, ahora mismo se le había olvidado que estaba molesta.

—Sí, así es, soy yo —dijo sonriente, parecía que por fin la suerte estaba de su lado al haber podido reencontrarse con el único chico de quien se había enamorado, incluso si Gaara había despreciado sus sentimientos cuando ella decidió declarársele, pensaba que tal vez ahora tendría una oportunidad con él—. Me alegra tanto verte, ha pasado mucho tiempo, ¿cómo has estado?

Como su clase ya estaba por empezar, pues sólo tenían quince minutos entre horario, Gaara empezó a caminar, así que ella se le unió, mientras las demás chicas los miraban con envidia, parecía que Gaara sólo le haría caso a ella y no a las demás.

—He estado bien, el cambio de ciudad me sentó de maravilla —contestó el pelirrojo, que se mantenía mirando al frente, mientras que ella sólo lo estaba viendo a él—. ¿Tú cómo has estado? Realmente no imaginé que te encontraría aquí.

Shijima volvió a ponerse los anteojos, cuando ella y Gaara "salían", ella utilizaba lentes de contacto, era por eso que pensó que le sería más fácil reconocerla sin ellos.

—Muy bien, he estado viviendo aquí desde la graduación, de hecho, creo que te vi por la calle… —comentó, llevándose una mano al mentón—. De todos modos, realmente me emociona habernos encontrado, Gaara —añadió, deteniéndose justo cuando Gaara lo hizo, ya que estaban frente al salón de la segunda clase.

Él solamente asintió con la cabeza, al inicio creyó que las cosas serían algo incómodas, por cómo había terminado la relación entre los dos, pero Shijima ni siquiera había mencionado algo al respecto, así que él prefirió dejarlo como un encuentro con una vieja amiga y nada más.

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El edificio secundario de la universidad de Tokyo era casi tan grande como el principal, en él se encontraban las facultades de derecho, administración e ingeniería. Naruto estaba ligeramente perdido, había tenido su primera clase en la mañana y luego una ventana de una hora libre y con lo distraído que era, no sabía dónde tenía que ir ahora, pero no tardó mucho en dar con el salón, así que se sintió aliviado.

—Ah, es aquí —murmuró, parándose junto a la puerta, donde justamente se detuvieron los pasos de una chica a quien él conocía muy bien. La miró de pies a cabeza, era la primera vez que la observaba con el cabello corto y ese estilo de ropa maduro, lucía tan hermosa, que él no pudo evitar sonrojarse—. H-Hinata… —dijo sorprendido—. ¿Tienes clases aquí?

—Naruto-kun —ella también se sorprendió, miró el número que estaba grabado en la puerta de la sala junto a ambos y comprobó que era el que le tocaba, así que asintió con la cabeza—. Sí, tengo mi clase de inglés aquí, ¿vas a tomar la misma?

—Sí, así es —contestó el rubio, no podía apartar sus ojos de ella, aunque habían terminado hace mucho tiempo, todavía pensaba que Hinata era una chica preciosa, cuando estaba a su lado se sentía como un completo perdedor, era por eso que planeaba tomarse muy en serio sus estudios, quería ser alguien realmente exitoso y estaba seguro de que tenía todo para conseguirlo, en especial, su perseverancia—. Nunca pensé que íbamos a coincidir en alguna clase, ¿has estado bien? —preguntó, llevándose una mano a la nuca, ya que estaba algo nervioso.

—Sí, muy bien —Hinata bajó la mirada, sus mejillas estaban ligeramente rojas, era algo que no podía evitar al estar junto a Naruto, incluso si la relación que habían mantenido ya estaba en el pasado—. Ah, N-Naruto-kun, tenemos que entrar.

—Sí, sí —él abrió la puerta y se dieron cuenta de que la mayoría de sus compañeros ya estaban dentro, algunos les eran conocidos de su primera clase, otros no, era lo raro de estar en la universidad, los cursos nunca eran los mismos.

Los dos se sentaron juntos, ya que era más cómodo de ese modo, porque se conocían y así podían seguir charlando en lo que llegaba su profesora, cuyo nombre aparecía en el horario virtual que todos tenían disponible.

—Entonces, ¿ya te reuniste con Matsuri-chan? Gaara estaba emocionado porque van a estudiar en el mismo lugar otra vez —comentó Naruto, intentaba hablar de algo que no fueran ellos dos y le pareció que el tema perfecto era sobre sus amigos, pues había estado muy pendiente de ellos, debido a que ahora compartía hogar con el pelirrojo.

Hinata asintió con la cabeza, sonriendo.

—Sí, pasamos nuestra hora libre juntas en la biblioteca, nos presentó a sus nuevas amigas, ambas son muy lindas —respondió ella, mientras sacaba sus materiales de su bolso—. Matsuri-chan también estaba muy feliz, no deja de hablar de Gaara-kun, me siento muy feliz por ellos dos.

—También yo —Naruto también empezó a sacar sus materiales de la mochila y, mientras estaba en ello, escuchó el sonido de un mensaje, así que vio de reojo como Hinata sacaba su teléfono, dibujando una sonrisa al mirar el nombre de la persona en la pantalla: Toneri.

Al ver aquello, Naruto intentó controlar su disgusto, solía olvidarse todo el tiempo de que Hinata, desde hace casi seis meses, estaba en una relación con ese tal Toneri, eran novios, lo cual siempre lo ponía muy incómodo, pues era obvio para todos sus amigos que él continuaba teniendo sentimientos por Hinata, lastimosamente, parecía que ella lo había superado.

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Empezar un nuevo año escolar sin que su "hermanito" fuera uno de sus alumnos, ciertamente se sentía un poco extraño, Sasuke ya se había graduado y ahora era un estudiante universitario, algo de lo que Itachi se sentía claramente muy orgulloso.

—Muy bien, alumnos —dijo con calma, tras escuchar el timbre que indicaba que su clase había llegado a su término—. Recuerden repasar el temario, la siguiente clase tendremos un pequeño examen de nivel, ahora pueden salir.

Escuchó a sus estudiantes quejarse acerca del examen, pero realmente ignoró aquello, era una de sus costumbres y sabía que a la mayoría no les gustaba. Salió hacia el pasillo y se dirigió al salón de profesores, ya había cumplido con su horario de la mañana, por lo que tenía unas dos horas para salir a almorzar.

Como era su costumbre, guardó sus cosas del trabajo en el escritorio que le pertenecía, saludó a algunos de sus compañeros de trabajo y salió para reunirse con su novia. Izumi había terminado sus estudios el año pasado y actualmente estaba trabajando como diseñadora novata en una compañía muy prestigiosa, era sumamente entusiasta al respecto y eso lo mantenía muy tranquilo.

El restaurante donde se encontró con Izumi quedaba a dos cuadras de la escuela y a un par de calles del trabajo de ella, estaban bastante cerca, así que tenían tiempo de sobra para verse, charlar y comer algo delicioso, lo hacían así porque todavía no se atrevían a dar el paso de vivir juntos.

—¿Te fue bien en tu primer día? —preguntó la castaña, que estaba sentada frente a él, les habían traído su comida hace un momento y, aunque ella había pedido su plato favorito de ese restaurante, no parecía como si tuviera mucho apetito, por el contrario, no hacía más que revolver la comida con el tenedor, como si estuviera desanimada, triste o abatida.

—Admito que extrañé un poco a mi hermano, pero él debe estar feliz de no tener que verme en la universidad, ya sabes como es —respondió Itachi, encogiéndose de hombros. Se llevó un bocado de su almuerzo a la boca y fue cuando notó que su novia no estaba comiendo como siempre—. ¿Te sucede algo? ¿Estás de mal humor?

Izumi negó con la cabeza, pero continuó con el mismo estado de ánimo, claramente había algo mal con ella e Itachi podía verlo.

—¿Pasó algo en tu trabajo? —insistió, pero la mujer volvió a negar, soltando un suspiro.

—Todo va bien con el trabajo —contestó Izumi, mordiéndose el labio inferior, para luego mirar fijamente al Uchiha, que sintió como si un ligero escalofrío lo recorriera, sin siquiera saber la razón de ello—. Itachi, hay algo que debo decirte… —añadió con seriedad, pero también estaba nerviosa.

Itachi, algo confuso, dejó a un lado los cubiertos, tomó las manos de su novia por encima de la mesa y la miró fijamente.

—Dime, cualquier cosa que esté sucediendo, sabes que podemos solucionarlo juntos, así que no me veas con esa expresión de fatalidad.

Al escuchar sus palabras reconfortantes, Izumi sintió un poco de alivio, aunque todavía no sabía cómo iba a reaccionar Itachi, sabía que tenía que decirle, por lo que cerró sus ojos para evitar ver la expresión de su rostro cuando soltara las siguientes palabras.

—Creo que estoy embarazada —dijo con bastante rapidez, tanto, que casi no se le entendió bien, o eso pensó, porque no escuchó ninguna respuesta de parte del azabache, así que abrió los ojos de vuelta para saber qué pasaba y lo encontró totalmente paralizado, con la boca ligeramente abierta y la mirada perdida—. ¿I-Itachi…?

Él no respondía, se había quedado asombrado, apenas pasados un par de segundos, por fin reaccionó.

—¿Ya te hiciste una prueba? —Izumi negó con la cabeza—. Bueno, terminemos de comer y vamos por una, incluso si sólo se trata de una sospecha, es mejor que lo aclaremos de inmediato —dijo, su expresión volvió a ser tranquila, pero su voz temblaba débilmente, como si de pronto se sintiera aterrado. Soltó las manos de la castaña y empezó a comer bastante rápido, a lo que ella asintió con la cabeza, sin saber qué decirle, ¿acaso estaba molesto?

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Gaara miró la hora en su celular, ya marcaba las doce y media de la tarde, la hora de la comida. Como la última clase de la mañana acababa de terminar, él se levantó de su asiento y se dispuso a caminar hacia la puerta, pero apenas logró dar un paso antes de que su inesperada nueva compañera se parara justo delante de él.

—Gaara, ¿vas a almorzar? —le preguntó, mostrándole una sonrisa radiante—. No conozco a nadie más todavía y ya que nos reencontramos, ¿qué tal si vamos juntos? Así podemos ponernos al día.

Ella lucía expectante por una respuesta, pero lo que iba a escuchar no le gustaría.

—Lo siento, no puedo —contestó el pelirrojo, que justamente había recibido un mensaje de texto, así que lo leyó rápidamente—. Ahora mismo quedé de verme con mi novia —explicó, pasando de largo a Shijima, quien ni siquiera se movió de su sitio.

—¿N-novia…? —repitió impresionada, no lo había pensado, ni siquiera sospechaba que Gaara podría encontrarse en una relación de ese tipo, dado que él mismo le había dicho que no le interesaba para nada aquello, que por lo mismo había terminado su amistad con ella, ya que Shijima se le declaró.

¿Cómo es que ahora tenía novia? ¿Quién sería la chica que había conseguido conquistarlo?

Por su parte, el pelirrojo se dirigió a la azotea del edificio principal, donde Matsuri le había avisado que estaría esperándolo para que comieran juntos, supuestamente también iban a estar sus amigos, pero Matsuri había dicho que estaba sola, ya que sus clases terminaron un poco antes, así que se dio prisa en llegar. El edificio tenía cinco pisos, cuando Gaara llegó, la vio sentada en una banca, estaba mirando su celular y riéndose, parecía que disfrutaba de algún video gracioso.

Él sonrió ligeramente y se le acercó, todavía era difícil creer que por fin estaban tan cerca, que podría verla todos los días y pasar tiempo a su lado, que ya no había kilómetros de tierra entre ellos.

—¿Qué estás viendo? —le susurró al oído, haciéndola dar un pequeño salto debido a la sorpresa.

—G-Gaara-kun, me asustaste —se quejó Matsuri, frunciendo sus labios de forma graciosa e infantil, mientras su novio se sentaba a su lado—. Estaba mirando vídeos de gatitos, mira, mira —le mostró la chica, acercándole la pantalla de su teléfono—. ¿No son adorables?

En el vídeo había un pequeño gatito de color café, con rayitas de un tono más claro por todo el cuerpo, como si fuera un tigre.

—Se parece a ti —dijo Gaara, a lo que Matsuri le dio un suave golpecito en el hombro.

—Claro que no, ¿qué dices? —contestó, haciéndose la ofendida, pero en lugar de molestarse por el golpe, Gaara la abrazó y la pegó a su cuerpo, haciendo que su cara se pusiera totalmente roja—. G-Gaara-kun, los chicos van a venir.

—Pero todavía no están aquí —contestó él, separándose un poco para verla a los ojos—. Estamos solos, ¿no es así? —Matsuri asintió con la cabeza ante su pregunta y él rio ligeramente—. Perfecto, entonces hay que aprovechar.

—¿Eh? —cuestionó la castaña, mas no pudo decir nada cuando sintió los labios de su novio sobre los suyos, impidiéndole realizar cualquier otra acción que no fuera corresponderle. Lentamente, ella lo rodeó por el cuello, mientras aquel beso tomaba forma, era algo que había estado deseando hacer desde hace varios días, pero no habían podido pasar tiempo a solas, pues siempre había alguien alrededor de ellos.

Cuando ambos sintieron que les faltaba la respiración, se separaron sólo lo suficiente para poder verse a los ojos.

—Siento que todo mi día valió la pena sólo por esto —murmuró Matsuri, sintiendo como su novio le acariciaba suavemente el rostro, Gaara siempre era muy dulce con ella, aunque cualquiera pudiera pensar que era una persona fría o brusca, sólo para Matsuri, él se transformaba en el ser más dócil sobre la tierra.

—Creo que podría acostumbrarme a tenerte a mi lado todos los días —contestó Gaara, depositando un suave besito sobre su frente—. ¿Cómo te fue en tus primeras clases? ¿Lo pasaste bien? ¿Hiciste nuevos amigos?

Ella sonreía ante los gestos adorables de Gaara, el modo en que sus dedos le rozaban la mejilla y el cabello era tan tierno, que la hacían sentir casi adormilada.

—Me fue bien, todavía no hemos visto nada difícil, fue casi pura introducción y hablé con un par de chicos… —tras decir eso, notó que Gaara fruncía el ceño, así que rio de forma graciosa—. Y chicas también, claro, todos mis compañeros son agradables.

—Mientras no se fijen en ti, todo bien.

Matsuri se rio una vez más ante el comentario, de algún modo, cuando Gaara estaba celoso era muy lindo, él no actuaba de forma impulsiva ni mucho menos, simplemente hacía gestos de enfado y decía cosas que después parecían un poco vergonzosas.

—¿Y qué hay de ti? —comentó la chica, alejándose unos centímetros para poder cruzarse de brazos—. Eres muy popular, seguramente todas las chicas de tu salón se fijaron en ti, ¿no es cierto? —se quejó, aunque no solía ponerse celosa, había ocasiones en las cuales sí se sentía un poco molesta, ya que, efectivamente, muchas mujeres se fijaban en su novio, pero él siempre ignoraba ese hecho o reducía su importancia.

—No sé, no me di cuenta —dijo Gaara, no quería decirle que sí, efectivamente así había sido, a fin de cuentas, a él le daba igual—. Cambiando de tema, ¿dónde están los demás? —preguntó, ya que no había rastro de sus amigos, se suponía que también vendrían.

—Ah, deben estar por llegar —contestó Matsuri, tomando las manos de su novio con delicadeza, para luego hacer un leve puchero—. Se suponía que te presentaría a mis compañeras de piso, pero dijeron que tenían que pasar a comprar algo y no podrán venir.

—En otra ocasión entonces —fueron las palabras de Gaara, quien dibujó una leve sonrisa ante su chica, justo antes de que la puerta de la azotea se abriera, dejando ver al ruidoso Naruto, al siempre serio de Sasuke y también a las chicas, Sakura y Hinata, esto era casi como si siguieran en la escuela, sólo que en diferentes clases.

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—¿Entonces tu hermano y tu novio ingresaron a esta universidad también?

Ante la pregunta de su amiga, Temari, la estudiante de segundo año de derecho, asintió con la cabeza, mientras ponía su bandeja de comida sobre la mesa del enorme comedor de alumnos. Su mejor amiga, Tenten, hizo exactamente lo mismo, sentándose frente a ella.

—Sí, por eso mamá estaba tan triste cuando Gaara dijo que se iría de la casa —respondió la rubia, encogiéndose de hombros—. Decía que lo entendería si estudiara más lejos, pero es la misma universidad donde estoy, así que no quería que él se marchara, pero ya sabes cómo es mi hermanito.

Tenten rio ligeramente, asintiendo con la cabeza, debido a su relación con Kankuro y con Temari, se había vuelto relativamente cercana al joven pelirrojo, quien resultó ser mucho más agradable de lo que pensó al principio.

—Bueno, pero supongo que está bien que tenga su independencia, ¿no? Ya quisiera yo —dijo la castaña, que comenzó a comer de forma despreocupada.

Mientras su amiga también disfrutaba de su menú de almuerzo, los ojos de Tenten se cruzaron con la figura de cierto sujeto que también había ido a comer, se acababa de sentar unas mesas más allá y la miró brevemente con aquellos ojos blancos, pero rápidamente decidió ignorarla. A pesar de que estaban en segundo año y en carreras completamente distintas, constantemente se topaba con Neji en los lugares comunes del campus, no es porque coincidieran demasiado, pero él y Temari eran compañeros de clase y, podría decirse que hasta se llevaban bien, su amiga solía decirle cosas como "Hyûga no es tan malo como pensé", pero Tenten solía hacerle caso omiso a ese tipo de cosas.

Aunque habían terminado hace mucho tiempo, ella todavía le guardaba cierto recelo, a pesar de que Neji ya no se metía con ella y cada vez que se encontraban, actuaba como si no la conociera; tal vez era eso lo que tanto la molestaba.

—¿Tenten? —escuchó la voz de Temari, que parecía que ya llevaba un rato llamándola—. ¿Estás ahí?

—¿Eh?

La Sabaku No se dio la vuelta y al ver que Neji estaba ahí, entendió de inmediato el malestar de su "ex cuñada", porque sí, Tenten ya no salía con Kankuro, habían terminado hace un par de meses, decidiendo quedar como amigos, pero Temari todavía no entendía muy bien la razón de eso, ya que parecían bastante enamorados al inicio, sobre todo de parte de su hermano.

—Nada, nada —contestó la rubia—. ¿Y cómo te fue en las clases? ¿Mucho que repasar?

—Sólo introducciones —respondió Tenten, volviendo a comer un poco—. ¿No vendrá Shikamaru a comer con nosotras?

Temari negó.

—Debe estar dormido por ahí, lo veré al final del periodo, hoy terminamos en el mismo horario —dijo la mayor de las dos, tomando una botella de jugo para beber un sorbo—. Pero me pregunto dónde estará mi hermanito Gaara, creí que vendría por aquí, pero no da señales.

—Tal vez está con su novia, ya sabes que llevaban tiempo sin poder estar juntos, ahora deben estarlo disfrutando al máximo.

—Tienes razón —murmuró la rubia, pues era cierto, aunque no estudiaban lo mismo, ahora Gaara y Matsuri tenían la oportunidad de pasar mucho tiempo juntos, seguramente su relación se sentía como cuando apenas iniciaron, eso era bueno para ellos.

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El horario de comida no duró tanto como Matsuri hubiera deseado, cuando menos se dio cuenta, ya tenía que volver a tomar clases, aunque debía admitir que eran bastante divertidas. Al final de la segunda clase de la tarde, les pidieron que fueran por un libro a la biblioteca sobre conceptos del color y formas, parecía un tema más complicado de lo que uno podría pensar. Eran casi las cinco de la tarde, así que luego de conseguir ese libro, por fin podría irse a casa.

Buscó el libro en el enorme estante de la biblioteca, ciertamente era un lugar gigantesco, digno de una universidad tan prestigiosa. Tras encontrar su objetivo y notar que había varias copias, suficientes para todo su salón, se dirigió a donde estaba la bibliotecaria. Hizo la cola, solamente había tres personas delante de ella, así que avanzó rápido.

—Buenas tardes, señorita, necesito su tarjeta de estudiante —dijo la mujer, que le mostró una sonrisa amable, mientras procesaba la solicitud del libro que la castaña necesitaba.

—Sí, enseguida —respondió ella, correspondiendo a aquella sonrisa. De inmediato se puso a buscar su tarjeta dentro de su bolso, pero extrañamente, ésta no estaba ahí—. No la encuentro, qué raro… —dijo Matsuri, extrañada.

—Si no la tiene, no puedo prestarle el libro —dijo la bibliotecaria, lo cual puso un poco nerviosa a la menor.

—Ay, no… —murmuró.

En ese momento vio que alguien se paraba delante de ella, sosteniendo su tarjeta de estudiante, lo cual la hizo parpadear varias veces. Lentamente alzó su mano para tomar la tarjeta, observando al chico que se la ofrecía, era aquel con quien se había topado esta mañana, que también era el ayudante de su clase de artes plásticas.

—Aquí tienes, se te cayó en la mañana —explicó Sasori.

Matsuri, un poco desconcertada, hizo una leve reverencia y se acercó a la bibliotecaria para pedir su libro, en lo que Sasori se marchaba, pero apenas ella terminó, lo siguió hacia la salida de la biblioteca.

—E-espera… ¿Sasori-san? —le habló, deteniéndose delante de él, un poco cansada, ya que había tenido que correr—. Gracias por lo de mi tarjeta, p-pero… si tú la tenías, ¿por qué no me la diste durante la clase de artes?

Los ojos grises de él la observaron fijamente, por un segundo, ella sintió como si él quisiera escudriñar dentro de su mente, fue una sensación ligeramente abrumadora, pero no incómoda del todo, simplemente la hizo sentir avergonzada, tal vez porque él era bastante intimidante.

—Lo lamento, se me olvidó —respondió el pelirrojo, parecía sincero, así que ella no le replicó—. Por cierto, Matsuri —pronunció su nombre de forma lenta, como si lo remarcara—. Esta mañana casi arruinas el proyecto en el que trabajé durante todas mis vacaciones, debes tener más cuidado cuando vayas por los pasillos.

La chica se sorprendió por el reclamo, así que su cara se puso totalmente roja, más que antes.

—Ah, lo lamento —dijo, agitando sus manos frente a su rostro—. No pretendía hacer nada de eso, fue sin querer, lo juro.

Sasori, que estaba muy serio, sonrió en ese momento al ver la agitación de la muchacha.

—Tranquila, te perdono —dijo él, ampliando aquella sonrisa que lo hacía lucir sumamente apuesto—. Pero me deberás un almuerzo, señorita.

—¿Eh?

Él no respondió nada, simplemente le guiñó un ojo y se marchó, dejándola muy confundida, ¿cómo así que le debía un almuerzo? ¿Por qué razón? Ese chico era bastante autoritario para invitarse de ese modo sin siquiera preguntarle, ¿no? Igualmente, el tema se le olvidó rápidamente cuando escuchó que su teléfono sonaba, así que contestó de inmediato.

—Gaara-kun —sonrió apenas escuchó la voz de su novio—. Sí, tenía que pedir un libro en la biblioteca, pero ya terminé, me encontraré contigo enseguida.

Se dio prisa para reunirse con Gaara, quien la esperaba a un lado de la entrada del pasillo en el edificio de su facultad. Cuando se encontraron, él inmediatamente tomó su mano y le sonrió, casi no había mucha gente alrededor a esa hora, así que no se toparon con ningún obstáculo para salir de la universidad.

—¿Quieres que vayamos a comer algo? —preguntó Gaara, los dos iban por la calle, sus nuevos hogares quedaban muy cerca, pero tenían que tomar el autobús, aunque era un viaje corto.

—Está bien, aunque es algo temprano todavía —contestó ella—. Ah, Gaara-kun, por cierto, ¿cómo están tus padres? No he podido ir a visitarlos desde que llegué —añadió, frunciendo ligeramente sus labios, a lo que su novio acercó a ella la mano que tenía libre y le apretó ligeramente los mofletes—. O-oye —se quejó.

—Están bien —respondió él, divertido por el comportamiento infantil de la chica—. Si quieres podemos ir a visitarlos ahora, ¿o tienes mucho que hacer? No quiero acaparar tu horario.

—Tengo que leer algunos capítulos del libro, pero puedo hacerlo en la noche, así que vamos, quiero saludar a tus padres.

Gaara rio ligeramente.

—Entonces vamos a ver a tus suegros —al escucharlo decir eso, las mejillas de Matsuri se tiñeron de rojo un poquito, todavía le daba vergüenza cuando recalcaban su relación con la familia de su novio, era como si ella y Gaara estuvieran casados, tal vez sucediera en el futuro, todavía eran muy jóvenes, pero no veía aquello ocurriendo con nadie más que no fuera él.

—Vamos —dijo ella, asintiendo con la cabeza.

Con el plan de la tarde ya listo, los dos decidieron tomar un taxi para dirigirse a la casa de los padres de Gaara, Matsuri no había estado ahí desde que se mudó con su familia, así que estaba un poco expectante de ver cómo había cambiado su antiguo hogar y su barrio, saludaría a todos los vecinos, estaba ansiosa.

—Oye —la llamó Gaara, cuando ya los dos estaban dentro del taxi, sentados en la parte trasera—. No te pregunté, ¿quieres que mañana nos vayamos juntos a clases?

—Mañana no tengo clases hasta las once —dijo Matsuri, mirando el horario en su teléfono—. ¿Las tuyas empiezan temprano?

Él suspiró, rodando los ojos.

—Sí, qué mala suerte —se quejó, realmente quería irse con ella, pero tendrían que coordinar bien sus horarios—. Déjame ver esto —dijo tomando el teléfono de la chica.

—¡Gaara-kun, dame eso! —decía Matsuri, que por algún motivo, no quería que Gaara mirara su teléfono, pero fue tarde para sus reclamos, porque él presionó la pantalla sin querer y la fotografía del fondo fue visible, era nada más y nada menos que una imagen de Gaara, quien rio al verse ahí.

—¿Así que me tienes de fondo de pantalla? ¿Tanto te gusto?

Matsuri solamente se puso roja hasta las orejas y le arrebató el celular a Gaara, quien no dejaba de sentirse satisfecho al saber lo mucho que Matsuri lo quería, hasta el punto de tenerlo ahí, sólo para verlo todos los días.

—Eres un bobo… —Matsuri infló los mofletes como solía hacer cuando se sentía berrinchuda o enfadada.

—Pero te gusto —insistió Gaara, acercándose a Matsuri para darle un suave beso en la frente y luego desinflar sus mejillas con ambas manos, haciendo poca presión sobre las mismas con sus dedos índice.

Ella no le contestó, pero los dos sabían bien la respuesta a dichas palabras, no sólo se gustaban, se amaban y estaban muy felices de por fin poder estar juntos, seguramente aprovecharían al máximo sus nuevas vidas y nada podría echar a perder esto.

Así tenía que ser, ¿no?

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Después de un largo primer día de universidad era bastante relajante salir a beber algo con amigos. Sari no coincidía en sus horarios con Matsuri y las demás, al menos no todos los días, por eso no se había reunido con ellas hoy; en cambio, se encontraba de pie afuera de la facultad de ingeniería, esperando a la persona con quien había quedado de verse.

La chica estaba un poco nerviosa, recientemente, había decidido que le confesaría a Kankuro lo que sentía, no era tarea fácil, pues él hace poco había roto con Tenten, por lo mismo, ella estaba esperando el momento más adecuado.

—Hey, ¿cuánto tiempo llevas ahí? —escuchó una voz masculina que la sacó de sus pensamientos, metiéndole un leve susto.

—Avisa cuando aparezcas —reclamó, frunciendo el ceño, a lo que Kankuro empezó a reírse, le gustaba molestarla o hacerla enfadar, ya que sus reacciones eran bastante graciosas.

—Lo lamento, perdón —se disculpó entre risas, alzando sus dos manos como si le acabaran de decir que estaba arrestado—. ¿Has estado esperándome por mucho? Lamento haber tardado, tenía cosas que organizar, me eligieron como delegado de la clase.

—¿En serio? —Sari sonrió—. Eso es algo bueno, ¿no? Tiene sentido, eres bastante responsable —añadió, ladeando un poco su cabeza y llevándose una mano al mentón—. Bueno, la mayoría de las veces.

Una venita se le marcó en la frente al mayor, quien no dudó en jalarle las mejillas a la chica —¿Cómo que la mayoría de las veces? Niña grosera.

—Esho dhuelhe, bhastha —intentaba hablar ella, pero no era capaz de modular correctamente. Cuando Kankuro la soltó, ella le dio un leve golpe en el pecho—. Tonto, no soy una muñeca —le regañó, aunque no estaba realmente enfadada.

—Pues hoy pareces una —contestó Kankuro, a lo que ella enrojeció levemente y él se dio cuenta de que su comentario era un poco subjetivo, así que intentó arreglarlo—. M-me refiero a que te arreglaste bien hoy, es común, ya que ahora eres una universitaria —aclaró, llevándose una mano a la mejilla.

Ella, ligeramente ofendida por el hecho de que él aclarara su cumplido, asintió con la cabeza.

—Sí, como sea, deberíamos irnos ya —dijo, dándose la vuelta y empezando a caminar.

Mientras le daba la espalda a su "mejor amigo", Sari dejó salir un suspiro de decepción. No sabía cómo es que las cosas habían acabado de ese modo, primero odiaba a Kankuro a muerte, pero después de todo lo que él había hecho por ella, incluido el ayudarla a liberarse de su padrastro abusivo, se volvieron amigos y, sin poderlo evitar, ella se había enamorado de él.

Pero claro, sabía bien que, a pesar de que Kankuro ya no estaba con Tenten, continuaba sintiendo cosas por ella, era obvio, pues se le iban los ojos cada vez que hablaban.

Me pregunto si algún día se lo podré decir… —pensó decepcionada, todavía caminando delante de él, mientras el mayor se quejaba de no rápido que lo estaba dejando atrás.

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Realmente el barrio no había cambiado mucho, cuando Matsuri y Gaara bajaron del taxi, ya estaban frente a la casa de la familia Sabaku No. Ella miró brevemente la que fue si casa durante tantos años, se suponía que alguien más la estaba rentando, todavía pertenecía a su padre, pero otras personas la habitaban.

—No sabía cuánto extrañaba este lugar hasta hoy —murmuró Matsuri, lo había dicho sólo para sí misma, pero Gaara igualmente la oyó.

—No imaginas lo difícil que fue… estaba acostumbrado a salir al balcón y verte, luego ya no podía hacerlo —dijo él, en tanto ambos se acercaban a la entrada de la casa del chico, o más bien, la de su familia, porque ahora él no vivía ahí—. Pero eso ya no importa, finalmente estamos juntos y es todo lo que debe preocuparnos.

—Sí —Matsuri asintió y apretó la mano de su novio.

Los dos entraron a la casa, él tenía todavía su llave y, aunque no era técnicamente su casa, entró como si lo fuera. Al verlo llegar, encima acompañado de Matsuri, su madre se corrió emocionada a abrazarlos a ambos.

—Mi bebé, pero qué grata sorpresa, incluso trajiste a mi linda nuera —dijo Karura, provocando que los dos jóvenes se sonrojaran, tanto por su efusividad, como por sus palabras.

—Madre, suéltame —se quejó el pelirrojo, intentando apartarla—. Ya no soy un bebé, por favor.

—Siempre serás mi bebé —respondió la mujer, despeinándole un poco el cabello a su hijo, quien rápidamente volvió a acomodárselo—. Mi querida Matsuri-chan, bienvenida, ha pasado tiempo desde que estuviste por aquí, ¿te está yendo bien?

La menor asintió con la cabeza.

—Karura-san, hola, estoy bien, me ha ido bastante bien a pesar de no estar con mis padres —explicó, esbozando una suave sonrisa—. Me alegra mucho que usted esté bien y sana.

Karura rápidamente sonrió, la actitud siempre tímida, pero educada de Matsuri, la enternecía, le encantaba esa chica para su hijo y no tenía duda alguna del porqué él estaba tan enamorado de ella.

—¿Quieren comer algo? Estaba por preparar la cena.

Gaara y Matsuri asintieron con la cabeza, aunque su plan original era cenar fuera, era mucho mejor hacerlo aquí, ya que la madre del menor de los Sabaku No, era excelente en la cocina.

Karura los llevó hasta la sala y los dejó sentados ahí un rato para que vieran televisión, en lo que ella cocinaba algo delicioso para honrar a sus visitas. Matsuri se sentía como en familia, ya que la madre de su novio siempre era muy dulce y amable con ella, agradecía mucho esa clase de cariño y calidez que recibía.

—¿Papá no ha llegado? —preguntó Gaara, en lo que tomaba el control remoto para cambiar el canal, no le interesaba mucho ver el noticiero, así que puso una película, la primera que encontró.

—Llegará en un rato, ya sabes como son los horarios de tu padre —respondió Karura desde la cocina—. Kankuro tampoco está, dijo que saldría con una amiga.

—¿Y Temari-san? —quiso saber Matsuri, entonces, como si hubiera sentido que la llamaban, la rubia bajó las escaleras y sonrió al ver a su cuñada en la sala.

—¿Yo qué?

—¡Temari-san! —Matsuri corrió a abrazar a la mayor, aunque estaban estudiando en el mismo ligar, la universidad era demasiado grande y diversa, sus horarios no habían coincidido y por eso no se encontraron hoy, pero esperaba poder verla más seguido de ahora en adelante.

Por su parte, Temari la recibió con los brazos abiertos, por supuesto, ya que quería mucho a Matsuri, no sólo como su cuñada, sino también como una gran amiga.

—¿Te fue bien hoy? ¿No está muy pesado tu horario? —le cuestionaba, mirando de reojo a su hermano menor—. ¿Gaara no te hizo nada pervertido aprovechando que ya vives nuevamente en la ciudad? —susurró la última pregunta, provocando que toda la cara de Matsuri se pusiera roja de la vergüenza y empezara a negar con la cabeza repetidas veces, agitando también sus manos.

—No, no, no, claro que no.

—Temari… —el pelirrojo apretó los párpados, molesto—. ¿Qué porquerías le estás insinuando a Matsuri?

La chica solamente río —Nada, hermanito, no te sulfures.

Después de un rato de charlar sobre cómo iba todo y sus planes para el futuro inmediato, la cena estaba lista, así que todos pasaron a la mesa. Rasa llegó un rato después y así también lo hizo Kankuro, así que la tarde de Matsuri fue bastante amena, se sentía feliz de que la familia de Gaara la tratara como si ella también fuese una más.

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La campanita que estaba ubicada en la parte superior del local de música sonó cuando la persona que acababa de llegar la cruzó. Él, ni corto ni perezoso, se dirigió a la parte de atrás de la tienda, en donde sólo podían estar los empleados y la dueña, a quien encontró ordenando un par de cajas que parecían bastante pesadas para una mujer de su edad, ya avanzada en años.

—¿Qué se supone que estás haciendo, anciana decrépita? —preguntó, dejando a un lado su bolso, en donde llevaba sus materiales de estudio.

La señora Chiyo, sabiendo que el único ser irrespetuoso que la llamaba de ese modo era su nieto, se volteó ofendida, pero acostumbrada, mirando al joven y apuesto pelirrojo con el ceño fruncido.

—Tanto tiempo, nieto mío, también estoy bien —dijo la mujer, pero él solamente se encogió de hombros.

—Vine por mi dinero y me voy —habló de mala gana—. Y no me vengas con que no lo tienes, estamos a inicio de mes.

La mujer suspiró, sabía que su nieto era grosero y que realmente no le importaba ella o su bienestar en lo absoluto, pero podría al menos hacer un esfuerzo y fingir que sí, ¿no es así?

—En el cajón de aquel mueble —señaló con su ya arrugada mano derecha.

El chico se acercó, abrió el cajón y encontró un cheque que tenía escrito su nombre y una generosa suma de dinero, era el pago mensual que le correspondía por el seguro de vida de sus padres, quienes habían fallecido cuando él era niño en un accidente. Siempre había odiado que fuera su abuela quien administrara su dinero, teniendo en cuenta que él ya era mayor de edad, pero las estúpidas reglas de ese seguro indicaban que no le darían nada mientras no tuviera más de veintidós años. Afortunadamente, ya no quedaba tanto para eso.

—Bien, entonces me largo —dijo, tomando su bolso del suelo para marcharse hacia la puerta.

—Sasori —el llamado de su abuela detuvo sus pasos—. ¿Has estado bien? ¿Has comido y dormido como es debido? Por favor, no te enfermes.

Dándole la espalda, Sasori acercó su mano al pomo de la puerta, esbozando una sonrisa sarcástica, que ella no podía ver.

—Como si te importara —fue todo lo que dijo antes de irse, dejando desconsolada a su abuela, quien sólo quería lo mejor para él, pero Sasori no lo veía de ese modo.

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El cielo empezaba a tornarse rojo cuando Gaara y Matsuri dejaron la casa familiar, habían cenado gratamente con la familia de él, su padre llegó después de un rato y charlaron sobre sus recientes gastos, Gaara nunca imaginó que él se ofrecería a darle dinero, pero como era tan orgulloso, obviamente lo rechazó.

Los dos iban en autobús de regreso a sus respectivos hogares, ya que era más económico que un segundo viaje a casa. Estaban sentados hasta el final, pero Matsuri se había quedado dormida y apoyaba su cabeza contra el hombro de su novio, quien no dejaba de verla, sonriendo internamente. El hecho de poder tenerla a su lado de ese modo era lo que le traía mayor felicidad, hubiese deseado que estuvieran aún más cerca, en todos los sentidos, pero el vivir a un par de cuadras era mejor que nada.

De pronto, el autobús hizo un movimiento brusco y Matsuri despertó de golpe, mirando a todos lados con confusión.

—¿Ya llegamos? —preguntó, tallándose un poco sus ojos.

El chico negó.

—No, pero estamos cerca, ¿dormiste bien? —bromeó, pues sabía que no habían sido más de diez minutos—. Debes estar muy cansada, ¿seguro que podrás terminar la lectura que tienes pendiente?

Ella bostezó, asintiendo con la cabeza.

—Claro, no son muchas páginas.

—Está bien entonces.

Cuando estaban cerca de su parada, Gaara le tomó la mano a Matsuri y ambos se pusieron de pie para bajar, ahora el cielo estaba casi negro y las primeras estrellas empezaban a salir.

—Te llevaré a casa, no pienso dejar que te vayas sola desde aquí, aunque sean sólo unas cuadras.

Matsuri rio ligeramente, asintiendo con la cabeza, no pensaba negarse a pasar más tiempo junto a su novio, así que los dos emprendieron el camino hacia el edificio departamental en donde la chica compartía vivienda con sus amigas. Era un lugar con un diseño bastante simple, sólo tenía cinco pisos y el único medio para subir era por medio de unas escaleras de concreto, los pasillos eran abiertos, solamente protegidos por una especie de baranda, también de concreto, en síntesis, era bonito, pero a Gaara le pareció que era un poco inseguro para alguien tan torpe como su novia.

—Mi departamento es ese, en el tercer piso —señaló la castaña, ya que todas las puertas se veían desde abajo—. Cuando vengas a visitarme ya sabes dónde golpear.

—Muy bien, si no puedo irme contigo en las mañanas, al menos vendré a dejarte por las tardes, así que es bueno saber a dónde tengo que ir para verte —dijo Gaara, acariciando la mejilla de la contraria, para luego acortar un poco la distancia entre ellos—. ¿Está bien si te dejo subir sola? —preguntó, ella asintió de inmediato con la cabeza y él sonrió ligeramente—. Entonces me voy a casa, te hablaré después, buenas noches.

—Buenas noches, Gaara-kun, gracias por traerme —respondió Matsuri, cerrando sus ojos para recibir el beso de despedida que Gaara le dio, aunque fue un contacto corto, ya que estaban en una vía pública y no querían llamar demasiado la atención.

Después de agitar su mano hacia su novio, Matsuri subió hasta su piso y entró a su departamento, así que Gaara se marchó al suyo, aunque, honestamente, prefería haber entrado ahí y estar con ella esta y todas las noches, pero ya habría mucho tiempo para eso más adelante.

Cuando Matsuri entró, se fijó en que sus amigas ya estaban ahí, sentadas en la pequeña mesa de la cocina, con la televisión encendida y comiendo algo para cenar.

—Ah, bienvenida, ¿quieres comer algo? —le preguntó Yukata, a lo que la recién llegada negó con la cabeza.

—Eh, no hace falta, cené en casa de los padres de mi novio —explicó, ligeramente avergonzada, sin notar que los ojos de sus amigas se iluminaban por el bichito de la curiosidad.

—¿Tu novio? ¿Él te trajo? —le preguntó Fuu, así que Matsuri asintió—. ¿Y por qué no lo invitaste a pasar? Hemos sido amigas por un año y todavía no conocemos al susodicho, ¿cómo es posible?

Yukata asintió, secundando el comentario de su amiga, mientras se cruzaba de brazos.

—Es cierto, tenemos que conocerlo y saber si es un buen chico, las veces que fue a verte a Osaka nunca coincidimos, creemos que ya es tiempo de conocerlo.

Matsuri rio ante las cosas que decían sus amigas, ¿saber si era un buen chico? Para ella, Gaara era el mejor, pero obviamente sus amigas no sabían eso, ya que todavía no lo habían conocido.

—Le diré que tratemos de ajustar horarios para que lo conozcan —dijo al fin, luego de un par de segundos de silencio—. Iré a leer un libro que me pidieron —de pronto, frunció el ceño—. Por cierto, ¿por qué no me despertaron esta mañana?

Yukata señaló a Fuu.

—Se lo dejé a Fuu —respondió, mientras la peli verde se sorprendía y señalaba a su amiga frente a ella.

—Te dije que lo hicieras tú —reclamó.

La castaña suspiró, ya no importaba mucho, esas dos raramente se ponían de acuerdo en algo y solían culparse la una a la otra cuando las cosas no salían como esperaban.

—Ya no discutan, no importa —rio Matsuri—. Iré a mi cuarto, nos vemos mañana.

Las chicas asintieron con la cabeza y vieron a Matsuri perderse tras la puerta. Ella se sentó sobre su cama y sacó su celular de su mochila, la cual había dejado en el piso, justo en ese momento le llegó un mensaje de Gaara, diciéndole que ya estaba en casa y deseándole nuevamente buenas noches. Ella no dudó en responderle y decirle que también tuviera una buena noche, luego tomó el libro y lo abrió para comenzar su lectura, pero de entre las páginas cayó su tarjeta de estudiante, así que recordó al tal Sasori por un instante.

—Mmm, qué chico tan raro, ¿cómo que le debo una comida? —se preguntó, frunciendo los labios—. Bah, seguro sólo bromeaba.

Convencida de su hipótesis, Matsuri se dedicó a leer su libro y rápidamente se olvidó de Sasori, no creía que él le fuera a hablar nuevamente, a menos que fueran cosas sobre la clase.