Capítulo 2: El novio popular

Luego de que por fin la primera semana de clases acabara, el día sábado llegó como un respiro para Matsuri, que desde muy temprano se estaba preparando para verse con Gaara. Estaba emocionada, no podía esperar para pasar todo el día junto a él, ni siquiera sabía a dónde irían o qué iban a hacer juntos, pero no le importaba demasiado mientras fuera a su lado.

—Pero mira qué linda te ves hoy —le dijo Yukata, que justo se la cruzó saliendo del baño—. ¿Vas a una cita con tu novio?

Matsuri asintió con la cabeza, mostrando una sonrisa animada. Ese día hacía bastante calor, estaban en pleno verano, así que se había puesto una falda corta de color gris oscuro, una blusa de tirantes rosada y un par de medias largas que le llegaban hasta la mitad del muslo.

—Vendrá aquí, así que tú y Fuu podrán conocerlo —respondió. Llevaba en la mano el cepillo para el cabello, el cual le enseñó a su amiga—. ¿Me ayudas con mi cabello?

—Por supuesto, ven aquí —contestó la pelinegra, llevando a Matsuri de regreso al baño, la acomodó frente al espejo y comenzó a peinar su cabello, estaba un poco más largo que de costumbre, debido a que no había tenido tiempo de cortarlo—. ¿Volverás a recortarlo? Creo que te queda bien largo.

La joven se miró en el espejo, sí, se veía bonita, pero nunca había usado el cabello más abajo de los hombros y no estaba segura de si un cambio así le vendría bien del todo.

—No sé, lo voy a pensar —dijo, encogiéndose de hombros.

Yukata simplemente rio y asintió con la cabeza —Creo que estás lista, ¿quieres que te maquille?

Al escucharla, Matsuri se lo pensó por un momento, había usado maquillaje otras veces, pero ella no sabía cómo hacerlo, siempre tuvo ayuda y por eso regularmente no usaba ese tipo de productos.

—E-es que yo no sé si me luzca bien.

La pelinegra entrecerró los ojos.

—Tú sólo cierra los ojos y déjame trabajar —habló en tono autoritario. Yukata había hecho un curso de maquillaje cuando estaba en la escuela, ya que su familia tenía un salón de belleza, ella sabía aplicar todo tipo de tratamientos y era muy buena en ello.

Algo resignada al sentirse regañada, Matsuri solamente se dejó hacer por su amiga, aunque le pidió que no le hiciera nada exagerado, le daría mucha pena que Gaara pensara que lucía mal o rara. Al cabo de unos minutos, el timbre sonó; era él.

—¡Yo voy! —habló Fuu desde la sala.

Matsuri abrió los ojos, que tenía cerrados debido a que Yukata le estaba aplicando sombra, pretendía verse al espejo antes de salir, sobre todo, cuando escuchó la voz de Gaara y eso la hizo sentirse nerviosa, pero Yukata rápidamente la empujó fuera del baño.

—Vamos, ve a ver a tu galán —decía la divertida chica, mientras su amiga luchaba por regresar adentro, aunque fue en vano.

—Así que tú eres Gaara-san —comentó Fuu, bastante impresionada por el joven muchacho, que no sólo era alto y guapo, sino que también tenía un estilo bastante particular, por decirlo de algún modo, ya que el tatuaje de su frente llamaba mucho la atención y su aura era ligeramente pedante, ¿tal vez sólo era una primera impresión equivocada? Dudaba que una chica dulce e inocente como Matsuri saliera con alguien que no fuera bueno para ella.

—Un gusto —dijo Gaara, no sabía por qué razón, pero se sentía algo nervioso bajo la mirada escrutiñadora de la amiga de su novia, quien incluso arqueó sus cejas cuando lo oyó responder, tal vez porque había sido demasiado escueto—. ¿Matsuri está lista? —preguntó, intentando desviar un poco la atención de la peli verde, quien se volteó hacia el baño.

—Estaba con Yukata —señaló, justo cuando Matsuri era expulsada hacia afuera.

—¡Yukata! —exclamó enfadada, pero se quedó de piedra cuando notó la mirada asombrada de Gaara sobre su persona, lo cual la hizo ponerse completamente roja de la vergüenza—. G-Gaara-kun, esto… y-yo… tengo que cambiarme…

Él la miró ligeramente extrañado, acercándose un poco hasta donde ella estaba, para tomar una de sus pequeñas manos entre las de él.

—¿Por qué harías eso? —cuestionó—. Te ves hermosa —añadió, provocando que ella sintiera su rostro arder, mientras Fuu se cubría la boca con una mano, en un gesto divertido y algo burlón, parecía que Gaara era ese tipo de persona que frente a los demás se comportaba de forma severa, pero que cambiaba drásticamente cuando se trataba de Matsuri.

Yukata se asomó desde la puerta del baño y saludó a Gaara con un gesto de su mano.

—Así que tú eres el famoso novio, finalmente te conocemos, es un gusto, Gaara-san —dijo sonriente, inclinando sólo un poco su cabeza—. Mi nombre es Yukata y ella es Fuu —señaló a la chica que había abierto la puerta.

El pelirrojo asintió con la cabeza, mirando a las dos con expresión de amabilidad.

—Es un gusto conocerlas a ambas, gracias por cuidar de Matsuri —Gaara sonrió de forma efímera, pero fue suficiente como para que las otras dos de pronto se sintieran bastante emocionadas, incluso llegaron a sonrojarse un poco, por un segundo sintieron envidia de su amiga, de la buena, por supuesto.

Matsuri apretó la mano de Gaara y le sonrió, se sentía muy feliz de que él pensara que se veía hermosa. Tal vez aún tenía muchos problemas de confianza, siempre se subestimaba en relación a los demás y no quería ser de ese modo, así que pensaba hacer todo lo posible por solucionar esos problemas.

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Pasar el fin de semana estudiando no era precisamente el mejor panorama para una pareja de enamorados, pero Temari y Shikamaru siempre habían sido bastante diferentes del resto de personas, los dos tenían claras sus prioridades y eso era algo que fortalecía aún más su enlace, aunque a veces no estuvieran de acuerdo del todo.

—¿En qué momento decidiste meterte a estudiar derecho? Me da escalofríos ver tantos libros encima de la mesa —comentó el chico, quien tomó asiento frente a su novia.

Ella despegó su rostro de entre las páginas de un libro y lo miró con expresión ligeramente divertida.

—¿Estás molesto porque no te hago caso? —le preguntó en tono jocoso, lo cual provocó que Shikamaru se sintiera levemente avergonzado, así que solamente miró en otra dirección.

—Para nada, también tengo mucho que estudiar —mintió, agarrando de encima de la mesa una guía que tenía que terminar antes del lunes, aunque, a decir verdad, le parecía tan fácil y aburrida que podría incluso resolverla antes de que comenzaran las clases y le sobraría el tiempo.

Había ingresado a estudiar química farmacéutica, realmente no era algo que le apasionara, pero tampoco le aburría, además, estaba familiarizado con ello debido al negocio de sus padres, los Nara eran dueños de la farmacia más grande de la ciudad y él era quien llevaría el negocio en el futuro.

Temari rio al verlo actuar así, su novio era un chico bastante maduro y muy inteligente, pero a veces actuaba como un niño y eso, lejos de molestarle, le parecía bastante adorable, todavía le parecía increíble el hecho de haberse enamorado de él, cuando en un inicio no lo soportaba, no quería verlo ni en pintura, pero ahora no podía imaginarse el no tenerlo en su vida.

—Shikamaru… —la mayor cerró de pronto su libro, sin despegar sus ojos del joven, quien continuaba resolviendo los ejercicios de su guía—. Oye, ¿quieres que salgamos un rato? Tengo mucho que estudiar, pero tal vez podamos tomarnos un momento.

Él alzó la mirada para verla, cuando miraba a Temari a los ojos, sentía como si se mareara, pero no era una sensación agobiante, sino todo lo contrario; era un sentimiento feliz, era mucho mejor que recostarse a ver las nubes.

—¿Segura que puedes? —preguntó, no quería causar molestias, pero era cierto que su idea de pasar tiempo junto a su novia era un poco distinta a esto.

La rubia asintió con la cabeza, levantándose de su asiento. Tomó la mano de Shikamaru y lo jaló con ella hacia la puerta, tal vez no tenían un plan armado, pero cualquier cosa que hicieran juntos estaba bien, lo mismo pensaba también Shikamaru.

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Hinata estaba sentada junto a la fuente del centro comercial, miraba la hora en su caro reloj de mano, regalo de su padre en su último cumpleaños. Desde que ella estaba saliendo con Toneri, tenía tan complacido a su padre, que prácticamente la mimaba en todo, cada cosa que ella quería hacer, él se la permitía, incluso fue capaz de dejarla tomar clases de danza los días domingo, siempre y cuando eso no afectara a sus notas de la universidad. Hinata no estaba del todo feliz con eso, la carrera que estaba estudiando no era lo que siempre soñó, amaba bailar, pero sabía que no podía dedicarse a ello como quería, así que tenía que conformarse con continuar el legado de su padre, pues era lo que él le había ordenado.

—Hinata —escuchó la voz masculina de su novio, quien siempre la saludaba con un tono dulce y amable, mostrándole sonrisas encantadoras y gestos que parecían fuera de este mundo. Toneri era muy bueno, quizá demasiado, había dado todo lo que tenía para conseguir que Hinata lo aceptara y, aunque tuvo que batallar mucho para recibir un "sí" de parte de la joven, no había desistido ni por un instante.

Lo cierto era que Hinata no lo amaba, lo quería mucho, por supuesto, pero su corazón siempre había pertenecido al mismo chico, desde el primer segundo en que lo vio; sin embargo, después de quedar sólo como amigos, había entendido que lo correcto era seguir adelante.

—Toneri-san, hola —contestó, esbozando su sonrisa elegante y femenina.

El joven de cabello blanquecino le extendió su mano para ayudarla a ponerse de pie, así que Hinata la recibió gustosa.

—Ya te he dicho que no uses esos honoríficos conmigo, somos pareja ahora —comentó Toneri, sabía que Hinata era demasiado educada, pero también le hería un poco que pareciera distante aún—. Lamento haberme demorado, no encontraba lugar en el estacionamiento.

La Hyûga negó con la cabeza, restándole importancia al asunto.

—No pasa nada, Toneri-sa… —se interrumpió a sí misma—. T-Toneri-kun… —murmuró, un poco avergonzada.

Él, algo sorprendido por la nueva forma en que su nombre salió de los labios de Hinata, simplemente se sonrojó y carraspeó un poco su garganta, intentando disimular la emoción que eso le provocaba, sabía que las cosas con Hinata avanzaban muy lentamente, pero cada paso que daban valía la pena.

—¿Vamos?

Hinata asintió con la cabeza y los dos caminaron tomados de la mano, pensaban ir a ver una película y después comer algo, el cine estaba en el último piso del centro comercial, así que tomaron las escaleras eléctricas, debían subir cuatro niveles para poder llegar. Cuando iban por el tercer piso, un grito escandaloso les llamó la atención a los dos.

—¡Sasuke, te dije que te esperes!

La cabeza de Hinata se giró de forma automática cuando escuchó la voz de Naruto, lo vio saliendo de una tienda de ropa deportiva, iba dando zancadas detrás de Sasuke, quien parecía ignorarlo por algún motivo.

—Baboso, deja de gritar, todos nos están viendo —dijo el Uchiha, dándole la espalda a su amigo—. Y ya te dije que esos tennís no me gustan.

Naruto frunció el ceño.

—Pero son los más baratos que hay.

Sasuke rodó los ojos, le iba a regalar a Naruto un par de nuevos tennis porque los de su amigo se habían arruinado debido al uso, al principio Naruto se negó, pero después de darse cuenta de lo inútiles que eran los suyos, había tenido que aceptar; sin embargo, Naruto insistía en que no quería nada caro, pero Sasuke no pensaba darle algo de mala calidad, no era un miserable como para hacer ese tipo de obsequios.

—Naruto-kun, Sasuke-kun… —dijo Hinata, lo que provocó que Toneri la mirara con curiosidad; tanto había costado para que a él lo llamara de ese modo y a esos dos chicos simplemente los nombró como si nada.

Sasuke detuvo sus pasos al verla y Naruto –que corría detrás de él– se chocó con su espalda, sorprendido por el parón repentino de su amigo, pero al ver hacia el frente entendió de inmediato la razón de ello.

—Hinata, hola —dijo Sasuke, haciendo un leve asentimiento a modo de saludo, el cual la joven replicó, luego él miró de reojo a Toneri, lo había visto alguna vez en una de esas tediosas reuniones de la alta sociedad a las que su padre le obligaba a ir, pero jamás habían cruzado palabra alguna.

—¡Hola, Hinata! —Naruto la saludó muy alegremente, como era típico en él, pero no pudo evitar sentir una ligera punzada en el pecho cuando notó que ella estaba tomada de la mano con ese chico, ese que era su actual novio, alguien que obviamente era mucho mejor que él para Hinata—. ¿Cómo estás? Qué coincidencia verte por aquí —añadió, comportándose torpemente.

—¿Los conoces? —le preguntó Toneri, así que Hinata asintió con la cabeza.

—Sí, son mis amigos de la escuela —respondió ella, volviendo a mirar a los muchachos—. Estoy bien, Naruto-kun, gracias por preguntar —le contestó al rubio—. Ellos son Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki, también estamos en la misma universidad, pero en diferentes carreras —le explicó a su novio.

—¿Uchiha? —el albino se llevó una mano al mentón, pensativo—. ¿Eres hijo del doctor Fugaku Uchiha? —Sasuke asintió con la cabeza—. ¡Ya veo! Con razón tu cara se me hizo familiar, mi padre y el tuyo son buenos amigos, soy Toneri Osotsuki.

—Ya veo, un gusto —fue todo lo que dijo Sasuke, sabía bien que estar aquí charlando con el novio de Hinata era de lo más incómodo para Naruto, que, aunque estaba sonriendo, simplemente fingía, así que tuvo que buscar un motivo para escapar—. Eh, nosotros tenemos cosas que hacer, si nos disculpan —le hizo un gesto a su amigo para que lo siguiera, así que el rubio se inclinó levemente.

—Perdón, ya nos vamos —dijo antes de apurar el paso detrás de Sasuke, que se alejaba rápidamente de ahí, no sin antes dirigirle una enigmática mirada a Toneri, quien le devolvió la misma con desconfianza y un ligero aire de superioridad, no habían intercambiado ni media palabra con el tal Naruto, pero inmediatamente lo sintió como una amenaza, no sabía por qué.

—B-bueno, Toneri-san… -kun —se corrigió Hinata—. ¿Vamos?

—Ah, sí —respondió él, observando la espalda de aquel rubio de ojos azules, simplemente le había caído mal de presencia, pero supuso que no había ningún motivo para ello.

—Cambia esa cara, parece que saliste de un funeral —le dijo Sasuke a Naruto, una vez que los dos se habían alejado lo suficiente de la parejita, en donde el Uzumaki por fin logró borrar esa sonrisa falsa de su cara y permitió que sus ojos se llenaran de tristeza.

Casi como si fuera a perder el equilibrio, se apoyó en una pared que estaba junto a él y cerró los ojos, dejando salir un suspiro hondo.

—Sasuke, ¿crees que soy patético? —preguntó, cubriéndose la mitad de la cara con una de sus manos—. No entiendo por qué me siento así…

El azabache cerró sus ojos y deliberadamente asintió con la cabeza —Sin duda alguna —respondió—. Eres sumamente patético.

—Gracias —Naruto respondió en tono de sarcasmo.

Esta vez, Sasuke se metió las manos a los bolsillos del pantalón de jeans negro que llevaba puesto, suspirando con resignación.

—Escucha, si todavía sientes algo por Hinata sólo ve y díselo, no entiendo cuál es tu problema, ¿no eres el único que se miente a sí mismo al tratar de actuar como si fueran sólo amigos? No me imagino haciendo algo así con Sakura.

Naruto no contestó, tan sólo se miró los zapatos como si éstos fueran la cosa más interesante del planeta y se quedó así por un rato, sabía que Sasuke tenía razón, pero él no tenía la fuerza para ir y enfrentar a Hinata, no después de todo lo que había pasado, del modo tan estúpido en que actuó cuando supo que ella le había mentido (aunque esa mentira no lo dañó) y, sobre todo, no después de saber que ella ya no sentía nada por él, pues ahora tenía a otra persona en su vida.

De nada servía intentar algo ahora, no tenía caso.

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El pincel se deslizó por encima del lienzo, dejando impregnado el color azulado, que parecía representar el cielo. Sai miró el resultado de su obra y sonrió de forma leve, llevaba varias semanas trabajando en ese cuadro y por fin estaba afinando los últimos detalles, ya que los estudios teóricos tomaban bastante de su tiempo.

—Creo que se ve muy bien —murmuró, dejando el pincel a un lado, con la intención de descansar un poco su mano. Desde aquella vez que se lastimó, se había recuperado por completo, pero siempre que trabajaba demás sentía un ligero dolor fantasma.

De un momento a otro sintió que alguien le cubría los ojos con ambas manos, lo cual lo tomó por sorpresa.

—Adivina quién soy —susurró la chica a su oído, cuyo suave aliento lo estremeció tenuemente.

—Ino-chan —contestó, tomando las manos de su novia, haciendo que ésta destapara su rostro. Se volteó en su asiento y la miró, Ino estaba tan bonita como siempre, era como una princesa, con ese largo cabello rubio y esos hermosos ojos azules.

—Estaba mirándote pintar, pero no quería interrumpirte —dijo Ino, sentándose a un lado del joven pintor, estudiante de arte y futura estrella nacional, Ino estaba segura de que él iba a triunfar, pues tenía un talento envidiable.

Sai entrelazó sus dedos a los de ella y miró su rostro, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Ya casi termino, me falta poner algunas luces y sombras y estará completo —aseguró, sin apartar su vista de ella, ya llevaban saliendo más de un año, al principio no imaginó que podría estar con una chica como Ino, eran totalmente opuestos en personalidad y, sinceramente, no la soportaba cuando se conocieron, pero ahora no veía su vida sin ella—. ¿Te gusta? Eres tú.

La Yamanaka volteó hacia el cuadro que había estado haciendo su novio, no lo había notado, porque se trataba de una especie de ángel con grandes alas blancas, pero si se fijaba bien, efectivamente se trataba de ella, Sai la había usado como inspiración, lo cual le hizo abrir sus ojos con asombro.

—Está muy bonito, Sai —respondió con emoción, gesto al cual Sai reaccionó con otra sonrisa.

—Hoy debo ir a ver a los niños del orfanato, ¿irás conmigo?

Rápidamente, ella asintió con la cabeza y aprovechó que Sai estaba distraído para robarle un pequeño beso de sus labios —Sabes que me gusta ir contigo, esos niños me quieren más a mi que a ti.

El pelinegro no replicó, simplemente asintió con la cabeza y le dio otro beso a Ino, esta vez, un poco más largo.

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Matsuri se miró frente al espejo, estaba probándose un pasador que estaba adornado con alas de mariposa, era muy bonito y colorido, realmente le gustaba.

—Te queda muy bien —dijo Gaara a su lado, sorprendiéndola un poco por su repentino comentario. Ella no pudo evitar que sus mejillas tomaran un leve tono carmesí, el cual siempre la hacía lucir adorable ante los ojos de su novio—. ¿Vas a llevar ese adorno?

—¿De verdad piensas que me queda? —cuestionó la chica, a lo que él asintió con la cabeza inmediatamente—. Entonces sí, me parece muy bonito.

Gaara acercó su mano al cabello de su novia y acomodó ligeramente el pasador, ya que le parecía que estaba un poco torcido, la volvió a mirar fijamente y dibujó una suave sonrisa en sus labios.

—Entonces te lo voy a regalar.

—No es necesario, Gaara-kun —contestó ella, todavía más roja que antes, ya que las demás chicas que estaban en la tienda los estaban mirando y parecía que murmuraban sobre la envidia que sentían de aquella parejita, ya que el novio era muy apuesto y atento, aunque Gaara, como siempre, ignoraba todo aquello.

—Quiero hacerlo —insistió Gaara, por lo que a ella no le quedó más opción que aceptar el gesto de su adorado chico, pues no se rendiría hasta que Matsuri cediera.

Los dos salieron de la tienda con una pequeña bolsita, en donde Matsuri llevaba su nuevo adorno para el cabello. Guardó la bolsita dentro de su pequeña mochila con forma de gato y sintió que Gaara tomaba su mano, así que sonrió y se arrimó un poco más a él.

—¿Dónde quieres ir ahora? —le preguntó él, mientras los dos caminaban por las calles de la ciudad, estaban cerca de la zona de Akibahara, así que estaba seguro de que su novia le pediría ir a alguna tienda de anime y manga, ya lo tenía previsto.

—Ya sabes a dónde quiero ir —contestó la chica, sacándole graciosamente la lengua—. Gaara-kun, ¿de verdad no tienes que trabajar hoy? —preguntó de pronto, pues se suponía que los fines de semana él debía estar en la tienda de música, pero el pelirrojo negó enseguida.

—No, hoy la tienda está cerrada, mi jefa tenía que hacer cuentas y me dio el día libre —explicó Gaara, dejando un poco más tranquila a Matsuri, ya que temía que estuviera ocupando en vano el ocupado tiempo de su novio—. Entonces, ¿quieres que después vayamos a comer?

Animada, la castaña asintió con la cabeza.

—Claro, pero primero a mi tienda de anime —contestó, jalando a su novio hacia la dirección deseada, éste sólo se dejó hacer, ya estaba acostumbrado a que Matsuri se desviviera por ese tipo de cosas y, ciertamente, no le desagradaban, incluso estaban planeando reunirse a ver un par de series juntos.

En el barrio de Akiba había muchísimas tiendas con temática de animación, también había salas de juegos y todo tipo de lugares interesantes. Matsuri llevó a Gaara hasta su local favorito, donde solía comprar sus colecciones de manga, no había venido desde que se mudó, así que se encontraba muy emocionada de regresar y no dudó en ponerse a revisar cada pasillo como si se tratara de una niña en una juguetería, tenía que ponerse al día con todo lo nuevo.

Al verla tan feliz, Gaara se sintió ligeramente celoso, ni siquiera cuando se volvieron a ver después de tanto tiempo ella estaba tan entusiasmada como con esa tienda, pero no le quedó más que aceptar su derrota cuando los ojos brillosos de su novia se detuvieron en los cientos de libros de ilustraciones del pasillo de romance. Él solamente suspiró y sonrió para sí mismo, sin dejar de observarla.

—Mira, Gaara-kun, este es el que quería, tienen todos los volúmenes —comentó Matsuri, señalando un manga que estaba destacado en la estantería frente a ellos—. Es algo corto, así que puedo comprarlos todos —añadió.

—Está bien, pero no vayas a gastar todo tu dinero en eso —recomendó Gaara, pues sabía que a veces a Matsuri se le podía ir un poco la mano cuando invertía en sus gustos. Ella asintió con la cabeza, mientras levantaba uno por uno los volúmenes que pensaba comprar y los ponía dentro de un pequeño canasto de color rojo, mientras ella estaba ocupada, el celular de Gaara comenzó a sonar—. Saldré un momento a contestar, es mi mamá —dijo, mostrándole la pantalla de su teléfono a su novia, quien asintió nuevamente.

Gaara salió de la tienda para responderle a su madre, que le contaba que le haría llegar algunas cosas con su hermano más tarde y justo cuando él atravesó la puerta, un grupo de cuatro sujetos pasaron a su lado, ingresando al local, eran tres hombres y una mujer, o eso le pareció, ya que no les prestó mayor atención.

—¿No dijiste que ya no te gustaban estas basuras? —comentó un hombre de cabellera platinada, su voz, en un tono ligeramente jocoso, era bastante altisonante, casi como si gritara para llamar la atención—. No cabe duda de que sigues siendo un otaku marica, Sasori —dijo entre risas, recibiendo miradas de molestia de varios de los presentes y un golpe en la nuca poco después.

—Soy yo quien quiere comprar —escuchó una voz femenina, proveniente de la persona que le había propinado el golpe, se trataba de una joven chica de cabellera azulada, la cual llegaba hasta sus hombros, sus ojos eran de un llamativo tono anaranjado, además era alta y sumamente guapa, no cabía duda del porqué el resto de clientes masculinos de la tienda no le quitaban los ojos de encima.

—Eso te pasa por estúpido, Hidan —habló Sasori, que estaba a un lado, riéndose disimuladamente.

El cuarto sujeto, un chico de aspecto bastante cuidado, con el cabello largo y rubio, ojos azules y sonrisa engreída se encogió de hombros.

—Esa boca tuya no tiene remedio, tienes suerte de que Konan y Sasori sean tus amigos y entiendan tu forma de ser —dijo, abriendo sus ojos para posarlos sobre dos muchachitas que desde el otro lado de la tienda no dejaban de mirarlo, éste les sonrió descaradamente y las dos soltaron un gracioso gritito de emoción.

El de cabello plateado lo miró con la boca torcida —Cállate, rubia de mierda, o te rompo los dedos —tras decir eso, el rostro del contrario se puso azul.

—Deja de estar coqueteando, Deidara —dijo el pelirrojo, cruzándose de brazos al darse cuenta de la actitud de su mejor amigo, entendía que Deidara era un "galancillo", pero a veces se le pasaba un poco la mano—. Vinimos a acompañar a Konan, no a buscar aventuras.

—Uy pues, perdón —contestó Deidara, escondiendo sus manos detrás de su espalda, no quería que el psicópata de Hidan fuese a cumplir su amenaza, ya que, si eso pasaba, no podría seguir tocando la guitarra en su banda, bueno, suponía que tampoco le convenía a Hidan hacerle algo, considerando que era parte de la misma agrupación.

Konan decidió actuar como si no los conociera y se alejó mientras esos tres idiotas discutían y hablaban de temas que a ella no le interesaban, a veces le daba vergüenza reconocer que ese trío de tontos eran sus amigos, pero los conocía desde que iban a la escuela, se podía decir que eran un cuarteto perfecto, ya que cada uno sabía a la perfección las fortalezas y defectos de los demás, o eso pensaban la mayoría de ellos.

Después de terminar de hablar con su madre, Gaara regresó a buscar a Matsuri, ella no estaba en donde la había dejado, así que supuso que se había acercado a la caja para pagar sus compras y, efectivamente, ahí la encontró.

—¿Conseguiste todo lo que querías? —le preguntó al llegar a su lado, ella asintió y le mostró su canasta llena de productos, además de los mangas, también tenía un par de figuritas—. ¿Estás segura de que te alcanza?

La castaña asintió con la cabeza.

—Claro, ahorré mucho para poder venir aquí —contestó con seguridad, pero en eso algo le llamó la atención, así que le entregó su canasta a Gaara—. Ya vengo, vi otra cosa que me gustó —dijo antes de alejarse a pasos rápidos, dejando a su novio casi boquiabierto.

Sasori se dio cuenta de que Konan se había alejado de ellos, seguramente porque Hidan y Deidara estaban protagonizando una vergonzosa discusión acerca de qué figurilla de "waifus impact" era la mejor.

Menos mal les daban asco los otakus —pensó con sarcasmo, mirando a su alrededor, a ver si daba con su amiga, pero lo que captó su visión fue algo diferente, una preciosa jovencita de cabello castaño y mirada angelical, que estaba recogiendo una pequeña réplica del símbolo de un personaje de anime, ésta iba unida a una cadena para colgarla alrededor del cuello—. Pero si esa es… ¿qué hace esa chica linda aquí? No puedo creer que le gusten estas cosas —sin percatarse, una sonrisa se le incrustó en los labios mientras la observaba.

—¿Qué estás viendo? —escuchó a Deidara, así que volteó a verlo.

—No, nada, yo sólo… —cuando nuevamente miró hacia donde estaba Matsuri, ella se había ido, así que frunció el ceño, intentó buscarla en otras zonas de la tienda, pero en ese momento se les acercó Konan, que parecía que no había encontrado lo que buscaba, así que les pidió que se fueran.

Sin siquiera tener la oportunidad de protestar, Sasori fue arrastrado fuera de la tienda por su grupo de amigos, dejándolo con las ganas de seguir observando y, tal vez, de hablarle a la chica que desde el primer día había llamado poderosamente su atención, algo que no le había pasado antes con nadie.

—¿Qué fuiste a ver? —preguntó Gaara, al ver que su novia regresaba y escondía algo detrás de su espalda, no pudo evitar que su entrecejo se arrugara un poco.

—Sólo algo —respondió ella, sonriéndole, pero esa explicación no lo convenció del todo, ya averiguaría más tarde por qué tanto misterio.

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Sari miró dentro de su bolsa de las compras, su madre le había pedido que fuera por algunas cosas que necesitaba con urgencia, pero ahora revisando, se había dado cuenta de que olvidó algo, así que suspiró y bufó, enojada por su falta de atención.

—Tendré que volver —susurró, regresando sobre sus pasos hacia la tienda para ir por aquello que le faltaba.

No tardó demasiado en conseguir su cometido y al cabo de unos minutos volvió a salir. Su teléfono sonó, así que lo sacó de su bolsillo para contestar, era su mamá, que le preguntaba por qué estaba tardando tanto. Al quedarse de pie en la vereda para concentrarse en responder, notó que una pequeña piedrita rodaba hacia ella, deteniéndose a sus pies, como si alguien la hubiera pateado.

Date prisa, hija, sabes que me pongo nerviosa cuando demoras demasiado en la calle —escuchó decir a su mamá, aunque el ruidito de la piedra la había distraído un poco y le hizo parpadear, mirando a su alrededor, sólo como medida de precaución, pero, a pesar de que había gente en la calle, nadie parecía haber sido el culpable del acto, así que asumió que sólo había sido una impresión suya.

—Ya voy, mamá, tranquila, sólo que había olvidado algo —respondió, retomando el paso hacia la ruta que daba a su hogar, a decir verdad, ella también empezaba a sentirse un poco inquieta, aunque no había ninguna razón para ello.

Después de que se alejó, desde el interior de un callejón se asomó una sombra, pero ésta rápidamente se volvió a esconder; había alguien que la estaba siguiendo.

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Neji miró nuevamente con fastidio la tienda en donde se encontraba, estaba rodeado de chicas jóvenes, que lo miraban como si él fuera un extraterrestre, pues estaba dentro de un local de ropa exclusivamente femenina.

—¿Estará acompañando a su novia? —murmuraban entre sí un par de muchachas, logrando fastidiar al estudiante de derecho, que se cruzó de brazos y volteó furioso hacia el probador.

—Hanabi —-nombró a su pequeña prima menor, que no estaba tan pequeña, pues ya tenía quince años—. ¿Podrías darte prisa? —la urgió, estaba demasiado perturbado con la presión que ponían sobre él las miradas y murmullos de las mujeres de la tienda.

—¡No puedo probarme ropa tan rápido! —exclamó su prima, sacando sólo la cabeza por la puerta del probador—. Mira, si estás tan aburrido, ve a dar una vuelta por ahí y regresa en media hora.

El castaño sintió que le daba un tic en el ojo derecho.

—¿M-media hora? —cuestionó, no podía creer que su prima tardara tanto en probarse un par de vestidos, ¿acaso eran chalecos de fuerza o qué?

Hanabi regresó al probador, era cierto que había llevado varias prendas dentro, pero tampoco era para demorarse todo ese tiempo, lo más seguro era que se estuviera tomando fotos con los vestidos y sí, en eso sí que se tardaba, porque esa niña era aficionada de las redes sociales, así que él simplemente soltó un suspiro y decidió hacer caso a su recomendación, iría a darse una vuelta por el centro comercial, a ver si algo lo distraía mientras tanto.

Se escabulló rápidamente fuera de la dichosa tienda, se sintió aliviado cuando por fin se vio libre de todas esas chicas, así que caminó por el lugar, había un montón de locales de ropa, libros, tecnología y demás, no eran cosas que le llamaran enormemente la atención, pero por lo menos se mantenía entretenido.

—Me pregunto cuánto tiempo habrá pasado, no debí decirle que sí a mi tío cuando me pidió sacar a mi prima —murmuró, dejando salir un hondo suspiro. Realmente odiaba los centros comerciales, siempre estaban llenos de gente que sólo pensaba en consumir y consumir, él prefería quedarse en casa a estudiar o incluso a leer un libro; ese era su panorama de un fin de semana entretenido.

Sacó su celular del bolsillo de su pantalón para mirar la hora, no sabía hace cuántos minutos dejó a Hanabi, pero suponía que ya era el momento de volver, así que emprendió el camino de regreso a la odiosa tienda, pero justo cuando pasaba por fuera de un local de ropa deportiva, alguien salió y chocó contra él, dejando caer la bolsa que estaba sosteniendo en su mano.

—Lo siento, no la vi —dijo Neji, agachándose para recoger las compras de esa persona, extendiendo su mano para regresársela, sin embargo, cuando se fijó en ella, no pudo evitar sentirse incómodo, ya que se trataba de nada más y nada menos que Tenten, su ex novia.

Por su parte, al ver que estaba de frente con Neji Hyûga, Tenten tomó rápidamente su bolsa, casi arrancándola de las manos de él.

—Gracias —dijo la castaña, pasándolo de largo.

Él ni siquiera intentó seguirla, aunque honestamente no entendía la actitud de Tenten hacia él, su relación había terminado hace mucho tiempo, ella ya salía con otra persona (él no sabía que Tenten había terminado con Kankuro) e incluso ya ni siquiera hablaban, entonces, ¿por qué siempre que se veían en alguna parte era tan grosera?

—Espera —habló él, haciendo que Tenten detuviera sus pasos abruptamente, pero en ningún momento dejó de darle la espalda—. Llevas los cordones desatados —señaló con su dedo índice.

Tenten bajó la mirada para comprobar si lo que le decían era cierto y sí, tenía desatado el cordón del pie derecho, pero decidió ignorar ese hecho y volver a caminar a paso rápido, quería alejarse cuanto antes de Neji Hyûga, pues simplemente no soportaba su presencia, cosa que a él de verdad le molestó.

—¿Qué le pasa? —se cuestionó, arrugando el entrecejo debido al desaire recién recibido.

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—Me parece increíble que el dinero que te da tu abuela alcance para pagar esta casa —comentó un divertido Deidara, quien estaba sentado, casi recostado, sobre el sofá de la sala del hogar de su amigo, incluso tenía los pies sobre la mesita de centro.

Sasori frunció el ceño, no entendía por qué el rubio era tan grosero y confianzudo, incluso si era su mejor amigo y lo conocía desde que eran pequeños.

—No es el dinero que me da mi abuela, es mi dinero —aclaró, ligeramente ofendido, pues aunque su abuela fuera su representante legal, él pronto cumpliría la edad necesaria para no tener que tenerla como intermediaria para poder recibir lo que sus padres le habían heredado tras su muerte—. Y quita tus pies de mi mesa.

—Qué delicado —contestó Deidara, sentándose derecho y con los pies sobre el piso.

Desde la cocina, Konan llegó con una bandeja entre sus manos, dejándola con cuidado sobre la misma mesa, que, por cierto, era de vidrio.

—Las galletas ya están, no me vayan a decir que quedaron mal, porque los mato.

—Trae aquí —habló Hidan, estirando la mano para tomar un par de galletas recién horneadas por parte de la joven de cabellera azul, le dio una mordida a una de ellas y sonrió—. Están bien, te salvaste de mis críticas.

Konan simplemente rodó los ojos, al menos ese idiota no había soltado sus insultos típicos, parecía que le era muy difícil hablar sin decir groserías.

—Entonces, ¿cuánto estás pagando por la renta de este lugar? —le preguntó la chica a su amigo de cabellera roja, el cual se sentó en el sillón solitario, tomando una de las galletas, siempre que invitaba a Konan a su morada, aprovechaba de pedirle que les hiciera algo, ya que ella era excelente en la cocina, pues aspiraba a ser una gran chef.

—No mucho, los dueños se mudaron hace poco y me la rentaron por una cantidad razonable, creo que hasta está barata —explicó, comiendo una galleta—. Para la ubicación que tiene, me parece que está bien.

—¿Y sí podremos usar la cochera para practicar? —preguntó el rubio, a lo que Sasori asintió con la cabeza.

Hidan estaba demasiado callado, los otros tres estaban un poco sorprendidos de que no hubiese dicho una pesadez, pero entendieron que le era imposible hablar con la boca llena de galletas, parecía que le habían gustado más de la cuenta.

—Bueno, ¿y qué esperamos? El fin de semana que viene tocaremos y no podemos perder el tiempo —habló la única mujer, poniéndose de pie de un salto, pero su teléfono sonó en ese momento, así que lo sacó del bolsillo de su chaqueta con cierre y sonrió al mirar la pantalla.

—Si es Yahiko, dile que si no viene al recital no le volveremos a hablar.

Konan frunció el ceño.

—¿Quién dice que es Yahiko?

—Está escrito en toda tu cara —comentó Deidara, dejando salir una pequeña carcajada—. Siempre que se trata de él, te ríes como posesa.

Avergonzada por lo que acababa de escuchar, Konan simplemente los ignoró a ambos, respondió al mensaje y se guardó su teléfono —Vamos a ensayar.

Hidan se echó otro puñado de galletas a la boca y se levantó para dirigirse al garaje de la casa, en donde habían instalado sus instrumentos musicales, de ese modo podrían ensayar todo lo que quisieran, ya que no contaban con ningún otro lugar apto por ahora. Los otros tres lo siguieron también, mientras charlaban sobre algunas cosas.

—Entonces, ¿es cierto que Mimi-chan te mandó al demonio? —preguntó Sasori, notando que Deidara dibujaba una sonrisa algo sarcástica en su rostro.

—Claro que no, fui yo quien la botó —aseguró, tomando entre sus manos la guitarra con la que siempre practicaba, la había tenido desde que era pequeño, había sido un regalo de su madre, quien falleció hace ya un par de años—. Sabes como son las chicas, jamás admitirían que un hombre las dejó.

—Supongo que tienes razón… —comentó Sasori, cuyo teléfono empezó a sonar esta vez, pero se trataba de una llamada—. Ah, esperen, debo responder, es la profesora con la que hago mi ayudantía —explicó, volviendo hacia el interior de la casa.

Deidara se sentó para afinar la guitarra, mientras que Hidan, ignorando a los otros dos, solamente se dedicaba a limpiar las baquetas de su batería y Konan, acomodando el pedestal del micrófono, miraba al rubio con cierta desaprobación.

—Sabes que tarde o temprano Sasori se dará cuenta de la verdad, ¿no? Tú no dejaste a esa chica, ella lo hizo y ambos sabemos la razón —dijo, cuidando que Hidan no escuchara sus palabras, o, al menos, no la gran parte de ellas.

Por su parte, Deidara se sintió molesto, pero ni siquiera despegó sus ojos de las cuerdas de la guitarra.

—No sé de qué hablas —fue todo lo que dijo, haciéndose el loco, que era lo que mejor le salía en el mundo.

La peli azul puso los ojos en blanco, no le gustaba nada esa fachada hipócrita y falsa que Deidara mostraba ante los demás, era obvio que en algún momento todo le explotaría en la cara y, para su desgracia, ella iba a tener que estar ahí para él, tan sólo desearía que su amigo dejara de fingir lo que no era, pero su personalidad era tan terca, que eso parecía algo imposible.

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Después de pasar un divertido día juntos, de haber comido algo delicioso, comprar cosas que les gustaban y pasear por la ciudad, la cita de Gaara y Matsuri finalmente llegaba a su término. Él la acompañó hasta su edificio, todavía no era de noche, pero el cielo empezaba a ponerse rojizo, lo cual indicaba que pronto empezarían a salir las primeras estrellas.

Los dos iban caminando tomados de la mano, deteniéndose justo frente al nuevo hogar de la castaña.

—Hoy lo pasé muy bien —dijo Gaara, esbozando una suave sonrisa—. ¿Tú te divertiste?

Ella asintió con la cabeza, alegremente.

—Claro que sí, sabes que pasar tiempo contigo es lo que más disfruto —respondió, devolviéndole la sonrisa a su novio—. Gaara-kun, ¿no quieres pasar un momento? Hace frío y todavía no quiero que te vayas —ofreció, haciendo un dulce puchero, de esos que derretían el corazón de Gaara.

—¿No les molestará a tus amigas? —ella rápidamente negó con la cabeza a su pregunta, así que él aceptó gustoso, ya que no le molestaba tener otro momento de la compañía de Matsuri, sinceramente, ansiaba que llegara el momento de su vida en donde ya no tuviera que separarse de ella nunca más por las noches.

Los dos subieron, sin soltar sus manos, hasta el tercer piso del edificio, llegaron al departamento que Matsuri compartía con sus amigas y ésta abrió la puerta.

—¡Estoy en casa! —avisó, pero nadie le respondió—. ¿Uh? Qué extraño, ¿estarán dormidas? —se preguntó, abriendo del todo la puerta para que su novio pudiera pasar.

Gaara se fue a sentar en la pequeña sala, mientras Matsuri revisaba las habitaciones de sus amigas, sin encontrar a ninguna de las dos, tampoco había nadie en el baño, parecía que, efectivamente, no estaban.

—Creo que salieron —le explicó al pelirrojo, regresando a la sala—. ¿Quieres beber un café caliente, Gaara-kun? También hay algo de pastel —le preguntó, recibiendo un asentimiento como respuesta. Matsuri ya había dejado sus compras en su cuarto, así que simplemente se dirigió a la cocina y llenó de agua limpia el hervidor eléctrico, el cual conectó para calentar un poco de agua y hacer café para los dos.

El pelirrojo no perdió la oportunidad para apreciar mejor el departamento, no era tan grande como el que él compartía con sus amigos, pero era bastante bonito, tanto Matsuri como sus amigas lo mantenían bien ordenado, limpio y decorado, se notaba que tenían una excelente convivencia, en el suyo, muchas veces Naruto y Sasuke dejaban cosas tiradas, sobre todo en el baño, eso era bastante molesto, sobre todo porque ambos mantenían sus habitaciones bien organizadas, pero no parecían tener el mismo cuidado con los sitios comunes.

Mientras Gaara estaba distraído preguntándose si encontraría cosas tiradas cuando regresara a casa, Matsuri se dirigió a la nevera para sacar el pastel que había comprado Yukata el día anterior, todavía quedaba bastante, así que sirvió dos porciones en dos platos pequeños, luego las puso sobre la mesa y acomodó el servicio para que pudieran comer.

—Gaara-kun, si quieres puedes ver la televisión mientras —le dijo a su novio, el cual parecía un poco distraído—. ¿Pasa algo?

Gaara la miró, volviendo en sí, para luego negar con la cabeza.

—No, no es nada —respondió, tomando el control remoto para encender la televisión, no solía verla demasiado, ya que siempre tenía otras cosas que hacer, así que no había un canal o programa fijo que le gustara, por lo que fue cambiando entre uno y otro, hasta que encontró uno de películas.

Cuando el agua finalmente estaba hervida, Matsuri preparó los cafés y también los puso sobre la mesa, su novio parecía concentrado en lo que estaba mirando, aunque no habían pasado más de diez minutos.

—Ya está —avisó, así que él apagó el televisor y se levantó para ir a sentarse en la mesa de la cocina, que sólo se separaba de la sala por una especie de marco abierto, como un arco romano. Él bebió un sorbo de café y luego comió un trozo de pastel.

—Sabe bien, gracias —dijo con tranquilidad, mientras la chica se sentaba a su lado—. La próxima vez te invitaré a comer en mi departamento, yo cocinaré, por supuesto.

—No me habías dicho que cocinabas, Gaara-kun —habló la castaña, ligeramente divertida—. Hemos sido novios por casi dos años y no lo sabía.

Él, encogiéndose de hombros, le dio otro sorbo a su café —Aprendí recientemente, ya que mi madre no puede cocinar para mí toda la vida.

—Tienes razón —Matsuri dejó su humeante taza sobre la mesa y estiró su mano para tomar la de Gaara, quien tembló ligeramente, pues a pesar de que la taza estaba caliente, las manos de la chica estaban muy frías—. Entonces me muero por probar lo que cocines, estoy ansiosa.

—Bien, pero no te burles si no te gusta —dijo, apretando el agarre de su mano contra la de ella—. Aunque trataré de hacer lo mejor que pueda.

Observándolo con sus ojos enormes y brillantes, la chica no pudo evitar enternecerse un poco por la respuesta de él, Gaara siempre parecía muy seguro en todo lo que hacía, era bastante inusual que no tuviera confianza en algo.

—¿Por qué no me iba a gustar algo que hagas tú? —cuestionó Matsuri, sin dejar de verlo, aunque todavía era muy tímida con él, ya había aprendido a sostenerle la mirada y a decirle las cosas como las sentía, era la prueba de que su relación era mucho más sólida que antes, aunque sabía que todavía le faltaba mejorar su propia autoestima y muchas otras cosas.

Por su parte, Gaara no le contestó, simplemente miró sus manos tomadas y no dudó en jalarla hacia sí mismo, despegando a Matsuri de su asiento y acomodándola sobre sus piernas, acción que la hizo sonrojarse como un tomate, pero a la cual ella no se negó.

—Me alegra oír eso —dijo Gaara, justo antes de besarla, pero este beso se sentía diferente de todos los que habían compartido desde que se volvieron a ver, los labios de ambos se movían ansiosos y pronto sus lenguas se enfrascaron en una delirante batalla, totalmente inesperada para la pareja, pues ninguno había planeado que sus cuerpos reaccionaran de esa manera.

Una de las manos de Gaara viajó por sobre el cuello de Matsuri, acomodándose bajo su cabello, justo en su nuca, desde donde podía mantenerla en el beso con facilidad, mientras su otra mano la sostenía por la cintura y, como no, las de ella estaban sobre su torso, haciéndolo sentir vibraciones por todo su cuerpo cuando éstas se movían sólo unos centímetros. La última vez que habían compartido un momento tan íntimo como este había sido hace más de un año, cuando hicieron el amor por primera (y única) vez, después de eso, debido a su relación a distancia y al poco tiempo que tuvieron para verse –y a que nunca estaban solos–, prácticamente se habían olvidado de lo que se sentía tocarse el uno al otro.

—G-Gaara-kun… —jadeó Matsuri cuando él rompió el beso, acariciando con sus labios las mejillas y el cuello de la chica—. E-espera… las chicas…

—Estamos solos —respondió Gaara, susurrando contra la piel de su novia—. No estamos haciendo nada malo.

La castaña jadeó nuevamente antes de besarlo, esa sensación era embriagante, como cuando bebía un poco de alcohol y después ya no podía parar, sólo que esto era mil veces mejor, ojalá nadie los hubiera interrumpido, pero ambos pudieron escuchar que alguien estaba abriendo la puerta del departamento.

—¿Habrá llegado Matsuri? —preguntó Fuu, que fue la primera en ingresar, traía algunas bolsas con víveres en sus manos, al igual que Yukata, las cuales ambas dejaron junto a la entrada.

La pelinegra, por su parte, se acercó a la cocina para beber un vaso de agua, asustándose un poco al ver que su amiga y su novio estaban sentados a la mesa, bebiendo un café y comiendo pastel en completo silencio.

—¡Matsuri! —exclamó Yukata—. Me espanté, pensé que no había nadie, ¿por qué no hablan? ¿Pasó algo? —cuestionó, notando que tanto su amiga como el chico tenían las mejillas ligeramente coloreadas—. ¿Estaban haciendo algo? —interrogó, entrecerrando la mirada.

—¿Q-qué va a pasar? —tartamudeó Matsuri, para luego reírse nerviosamente—. Sólo estábamos bebiendo café, como puedes ver.

—Claro…

Gaara miró en otra dirección, de haber dejado que las cosas avanzaran un poco más, estaba seguro de que no habría podido controlarse, incluso si eran descubiertos por las amigas de Matsuri; no sabía cuánto deseaba físicamente a su novia hasta este momento, pero no tenía claro si eso era algo bueno o malo, todo lo que tenía presente era que tenía que mantener la calma ahora mismo.

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El fin de semana había terminado más rápido de lo que se esperaba y pronto un nuevo día de clases estaba en puertas, la mañana fue tranquila para los estudiantes, o la gran mayoría de ellos, por lo que ya en el almuerzo, las chicas se encontraban juntas, comiendo y charlando. Habían decidido pasar ese rato sólo entre ellas, así que sus novios estaban en otra mesa, haciendo sus cosas, pero no había modo de que ellas no notaran que otras chicas en la escuela no dejaban de hablar de "la mesa de los chicos apuestos de primero".

—Esto es tan frustrante —se quejó Sakura, apretando los puños—. Honestamente, estoy acostumbrada a que muchas chicas miren a Sasuke-kun, pero jamás me va a dejar de disgustar.

Ino puso su bandeja de comida junto a la peli rosa y se sentó, soltando un suspiro.

—Si estás acostumbrada, ¿por qué te quejas? —cuestionó con el ceño fruncido.

Sakura la miró como si fuese a matarla, a veces Ino parecía que no entendía la importancia de las situaciones y siempre actuaba como si todo le resbalara.

—Seguramente tú no sabes lo que se siente que todas quieran con tu novio, ¿no? —cuestionó en tono sarcástico, logrando molestar a la rubia, en cuya frente se hinchó claramente una vena.

—¿Qué dijiste, frentona? Sai es súper apuesto y popular —presumió, lo cual no era muy alejado de la realidad, él era muy popular, pero como siempre lo veían acompañado de su novia (y con lo hermosa y llamativa que era Ino), nadie se atrevía siquiera a ponerle el ojo encima.

—¿Ya van a pelear por tonterías? —habló Sari, bebiendo un poco de jugo—. Definitivamente son igual de escandalosas.

—¡Repite eso en mi cara! —gritaron tanto Sakura como Ino, ofendidas por el comentario de la castaña.

Hinata estaba ignorando todo el pleito, estaba habituada a verlas discutir, por lo que ya ni siquiera les tomaba importancia, más bien, tenía su atención volcada sobre la dichosa mesa de los chicos guapos, en donde estaba Naruto, junto con Gaara, Sasuke y un medio dormido Shikamaru, que últimamente parecía pasar tiempo con ellos, ya que su mejor amigo, Chouji, estudiaba en otra universidad cercana. Ella estaba algo preocupada, ya que durante las clases de inglés que compartía con Naruto, siempre lo notaba bastante complicado.

—¿Estás bien, Hinata-chan? —le preguntó Matsuri, que había visto su comportamiento extraño—. ¿Algo te preocupa?

Como respuesta, la ojiperla rápidamente negó con la cabeza y sonrió.

—No, todo está bien —aseguró.

—¿Y tú qué, Matsuri? —escuchó que la llamaban, así que cuando la castaña volteó, se dio cuenta de que su prima, Ino, la estaba apuntando con su dedo índice y mirándola como si se sintiera enfadada con ella.

—¿Yo qué? —interrogó, apuntándose con su propio índice—. ¿Qué hice?

Sakura se dio un golpe en la cara, como si hubieran estado diciendo algo muy importante y hubiesen sido olímpicamente ignoradas.

—Te pregunté si acaso no te molesta que tu novio sea tan popular —dijo Ino, a lo que Matsuri parpadeó de forma inocente—. ¿O acaso no te habías dado cuenta de que todas las chicas de esta universidad lo miran al pasar? Incluso las mayores.

Cuando Ino le dijo eso, por primera vez, Matsuri se detuvo a observar a su alrededor, no se había percatado, pero era cierto, no solamente las muchachas que estaban cerca de la mesa de los chicos, muchas más en el comedor también estaban mirando hacia ellos y murmurando cosas. Ella sabía que Gaara era popular, pero hasta ahora no había notado cuánto, aquello le hizo sentir una ligera opresión en su pecho.

—Yo no sé… —contestó, bajando la mirada—. Sé que Gaara-kun llama la atención, pero confío mucho en él, a-aun así, me molesta un poco… —susurró lo último, admitiendo que sí, por supuesto que sentía celos, ¿quién no los sentiría?

—Bueno, es normal —dijo Sakura, dándose cuenta de que su tonta discusión con Ino, en cierta medida, había afectado a su amiga, quien era mucho más sensible que ellas dos—. Digo, es molesto que otras chicas miren a tu novio, pero es bueno saber que le tienes confianza, ¿no, Ino? —cuestionó, dándole un codazo en las costillas a la rubia, quien captó enseguida el mensaje.

—Así es, la confianza lo es todo —secundó a la Haruno, riendo nerviosamente—. Además, conocemos a Gaara y sabemos que él sólo tiene ojos para ti —añadió, llevándose una mano al mentón—. Incluso me rechazó por ti.

—A mí también —comentó Sari, encogiéndose de hombros.

Matsuri no pudo evitar entrecerrar la mirada y fruncir un poco el ceño, había olvidado que esas dos estaban como locas detrás de su novio, pero bueno, eso era algo que ya estaba en el pasado y ambas, Ino y Sari, se habían disculpado por su comportamiento vergonzoso e inmaduro. De todas formas, tal y como decían, la confianza que había entre ella y Gaara era lo único importante, no había razón para que se sintiera celosa de la popularidad del pelirrojo.

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Después de aprovechar la hora del almuerzo para charlar un rato con sus amigos, Gaara se dirigió rápidamente a su siguiente clase. Había bastantes chicos en el departamento de arquitectura, pero la mayoría de ellos no se atrevían a hablarle, actuaban como si Gaara no les agradara, tal vez por el simple hecho de que las estudiantes femeninas no dejaban de mirarlo y de hablar de él. Al principio no le importaba para nada, pero ahora no podía evitar sentirse un poco fastidiado al respecto, para empezar, él no buscaba gustarle o disgustarle a las demás personas, sólo quería hacer sus cosas en completa paz y ya.

—¿Comiste bien? —escuchó la voz de Shijima, quien se sentó a un lado de él. La joven no perdía ni la más mínima oportunidad para dirigirle la palabra, incluso sabiendo que Gaara tenía novia, lo cierto era que ni siquiera la había visto, así que no podía echarse para atrás en nombre de una persona que todavía no sabía si realmente existía, quizá Gaara había dicho que salía con alguien solamente para ahuyentarla, temiendo que pudiera repetirse la historia del pasado.

El pelirrojo, por su parte, la miró de reojo, antes de tomar asiento también, asintiendo con la cabeza —Sí, ¿y tú? —preguntó, tratando de parecer interesado, pero no es que realmente le importara, sólo estaba evitando ser grosero con ella.

Por su parte, Shijima le sonrió y asintió con la cabeza, hoy no traía puestos los anteojos, había vuelto a usar las lentillas, pues decía que eran más cómodas y claro, porque así lucía más atractiva y tal vez Gaara se fijara en ella.

—Sí, estoy llena, tuve un almuerzo muy cuantioso —explicó, sacando su libreta y su lápiz para tomar apuntes, notando de reojo que las otras chicas del salón nuevamente murmuraban sobre ella y Gaara, aquello le hacía sentir poderosa, pues era la única de ellas que tenía la facultad de poder hablar con él como viejos amigos y no sólo eso, pues también lo conocía más íntimamente que nadie, o eso creía.

Gaara iba a decir algo, pero el profesor encargado hizo su aparición y pidió que todos se sentaran y se mantuvieran en silencio para pasar la asistencia. Una vez que el hombre comprobó que todos estaban presentes, dio inicio a la clase, encargando el primer trabajo en grupos del semestre, más específicamente, de tres personas.

—¿Trabajamos juntos? —se apresuró en ofrecer Shijima, sabiendo que Gaara no se llevaba con nadie más en el salón y que ella era su única opción; él también lo tenía presente y, aunque estaba algo reluctante a ir con ella, tuvo que aceptar a regañadientes.

—Claro —contestó, disimulando si molestia con una expresión magistralmente neutral—. ¿Pero y el tercer integrante?

La pelinegra echó una mirada rápida a todos sus compañeros, la mayoría de grupos ya se encontraban formados, pero había un chico que estaba sentado al rincón del todo, cerca de la ventana, a través de la cual estaba mirando, sin prestarle ningún tipo de atención a nada más a su alrededor.

—Creo que él está solo —señaló al muchacho de cabellera gris, ojos castaños y una curiosa y nada estética cicatriz en el lado derecho de la barbilla, a simple vista, no parecía alguien agradable y mucho menos confiable, pero no había nadie más para completar su grupo, Shijima lo sabía y por eso se tuvo que aguantar su descontento cuando vio a Gaara ponerse de pie y caminar hacia el chico con aspecto de malandro.

—Disculpa —dijo el pelirrojo, su tono de voz era tranquilo y respetuoso, había aprendido a dirigirse de ese modo a los desconocidos—. Veo que estás solo y nos falta un tercero en nuestro equipo, ¿te unirías?

El peli gris lo miró con cierta indiferencia, luego estiró un poco el cuello para mirar a Shijima, quien seguía en su asiento y puso una sonrisa incómoda cuando sus ojos se cruzaron.

—Claro —contestó finalmente, encogiéndose de hombros, se puso de pie, cogió sus cosas y fue a sentarse junto a los otros dos, lo mismo que estaban haciendo los demás tríos.

Una vez que todos los grupos estaban formados y que el profesor dio las instrucciones del trabajo a realizar, los ojos de Gaara se fijaron en su nuevo compañero, ciertamente, le recordaba un poco a él cuando no solía llevarse con las personas, era muy sombrío y solitario, tal y como este muchacho.

—Soy Gaara, si vamos a trabajar juntos, deberíamos saber nuestros nombres —habló, haciéndole un gesto a su compañera para que ésta también se presentara.

—Ah, sí, me llamo Shijima, es un gusto —dijo ella, ligeramente nerviosa e incómoda, desearía no haberse dado cuenta de que él no tenía equipo para trabajar, hubiera sido mejor estar sola con Gaara.

—Shira, un gusto —fue todo lo que dijo el tercero, ignorando a la chica que parecía querer que se fuera, lo cual, obviamente no iba a hacer.

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Inesperadamente para Matsuri, la maestra de su última clase les había avisado que no podría asistir, por lo que ahora mismo estaba libre y sin nada que hacer. Estaba dando vueltas por el campus, no había tenido siquiera tiempo de conocerlo bien, pues era enorme. A veces le costaba creer que ya era toda una universitaria y que ya no vivía con sus padres, a pesar de que continuaba dependiendo económicamente de ellos.

—¡Matsuri! —escuchó que alguien mencionaba su nombre a sus espaldas, así que se dio la vuelta, viendo a varias de sus compañeras de clases, las cuales estaban sentadas en una de las tantas mesas que había repartidas por algunas zonas, en donde los estudiantes podían estudiar o pasar el rato. La chica que la estaba llamando se llamaba Sara, era bastante simpática y siempre solía añadirla a sus conversaciones.

La castaña se acercó a la mesa y se sentó en un puesto vacío, había cuatro de sus compañeras, las cuales siempre andaban juntas, como ella con las chicas.

—¿Qué estabas haciendo tan sola? ¿Tus amigas están en clase? —le preguntó Sara, a lo que Matsuri asintió con la cabeza.

—Sí, a esta hora todas están en clase —respondió—. Estaba dando un paseo mientras esperaba la hora de salida para reunirme con ellas.

—Bueno, entonces charla con nosotras —le dijo otra de las muchachas, no sabía su nombre, pero siempre le había parecido muy simpática—. Estábamos charlando sobre los chicos guapos de primer año.

—A mí me parece que Sasuke Uchiha es un bombón —habló una joven de cabello castaño y largo, prácticamente lanzando corazones por los ojos—. Claro, todo el mundo sabe que tiene novia y que nunca nos haría caso —añadió decepcionada.

Al escucharla, Matsuri se sintió un poco nerviosa.

—Su novia es tu amiga, ¿no? —le preguntó Sara, a lo que ella simplemente asintió—. Pero bueno, él es guapo, aunque hay chicos mejores —dijo agitando su mano, restándole importancia al asunto—. ¿Ya han visto a los chicos de arquitectura?

Una vez más, Matsuri sintió que todo su cuerpo se tensara.

—¿El pelirrojo guapo que tiene a medio edificio babeando? —dijo una de ellas, justo cuando el teléfono de Matsuri empezó a sonar y ésta, nerviosa por lo recién escuchado, lo tomó temblorosa, dejándolo caer encima de la mesa.

—¿Estás bien? —preguntó Sara, dándole el aparato, no sin antes mirar de reojo el remitente de la persona que la estaba llamando, que decía "amor", acompañado de un corazón—. Oh, ¿es tu novio? —cuestionó curiosa.

—¿Tienes novio?

—Ah, sí —la castaña contestó con velocidad—. Hola, ¿pasó algo? Oh, ya veo, un trabajo en equipo, sí, yo puedo irme sola hoy, no te preocupes… —dijo al teléfono, esbozando una suave sonrisa—. También te quiero mucho, nos vemos mañana.

Las otras cuatro no dejaban de verla atentamente, sentían un poquito de envidia al darse cuenta de que su compañera, que parecía ser siempre tan tímida, tuviera a alguien a su lado que –por lo que se veía– era muy dulce y se preocupaba por ella.

—¿Tu novio y tú suelen irse juntos a casa? —preguntó una de sus compañeras.

—¿Viven juntos? —inquirió la otra, haciendo que Matsuri se sonrojara y negara fervientemente con la cabeza.

—No, no, pero nuestros edificios están cerca —explicó, agitando sus manos con nerviosismo—. A decir verdad… estuvimos separados durante bastante tiempo, ya que yo vivía en otra ciudad, siempre mantuvimos contacto, pero nos veíamos poco.

Las demás asintieron, interesadas en la "romántica" historia de amor.

—Ay, qué envidia, yo quisiera a alguien que me amara tanto como para esperarme así.

Matsuri rio, ahora que lo pensaba detenidamente y que esa chica lo mencionaba, Gaara había sido muy paciente con ella, realmente la esperó por todo un año, sin siquiera quejarse una vez, volver a encontrarse con él después de esos seis años que no se vieron, enamorarse de él y que Gaara le correspondiera habían sido las mejoras cosas que le pudieron suceder en la vida.

—Bueno, bueno —Sara tomó la palabra—. Volviendo al tema de antes, justamente hablando de novios… —sus labios se fruncieron graciosamente en un puchero—. Escuché que el pelirrojo guapo de arquitectura tiene novia, ¿lo pueden creer? ¿Quién podrá ser esa maldita?

Casi instantáneamente, la pobre Matsuri sintió que un escalofrío le recorría la espina dorsal.

—No sé, pero seguro ha de ser una supermodelo o alguien fuera de este mundo —le respondió la chica castaña—. No cualquiera puede permitirse salir con alguien de ese nivel, honestamente, me sentiría muy molesta si su novia no es la mujer más sexy del planeta.

Las demás se empezaron a reír a carcajadas, mientras que Matsuri se miraba a sí misma, sintiendo como si de pronto se estuviera haciendo cada vez más pequeña.

—Es Sabaku No Gaara, ¿verdad? —habló una chica de cabellera negra—. Tienes razón, también me enojaré si su novia no resulta ser alguien guapa.

—Dejen de decir bobadas, Matsuri pensará que estamos locas —bromeó entre risas Sara, a lo que la nombrada rápidamente negó con la cabeza, intentando disipar la atención hacia ella.

—No, no, para nada —contestó, moviendo sus dos manos de un lado a otro, dejando que las demás continuaran hablando sobre lo guapo que les parecía su novio y sobre cómo odiarían con la intensidad de mil soles a la súper sensual novia de éste, sin saber que esa novia era básica y simplemente ella—. Ay, ¿ahora cómo les digo que él es mi novio? ¿Se enfadarán conmigo…? —pensó asustada, honestamente, no sabía qué hacer, era la primera vez que se veía envuelta en una situación similar.

¿Tan popular era su novio? Esto no tenía sentido.