Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción: Tal vez mañana - RBD

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Capítulo 2: Siempre te amaré

La noche había llegado y el festival ya había comenzado. Todos estaban felices, iba a ser una gran jornada. La ciudad estaba completamente iluminada, con luces y fuegos artificiales por doquier. Gente en kimono, vestidos para la ocasión. Entre tantos que había ahí, Hinata esperaba sentada en una banca en el parque.

Llevaba su cabello recogido, cosa rara en ella. Tenía puesto un kimono de un color rosa muy oscuro, con flores de todos colores bordadas sobre la tela. En el cabello llevaba unos pequeños adornos como palillos chinos, entrecruzados en una coleta baja. Esperaba impaciente a la llegada del rubio, ya que él le había dicho que quedaran ahí a esa hora, pero se estaba tardando bastante.

—Naruto-kun, ¿dónde estarás?

Mientras tanto, un rubio corría muy de prisa por las calles, montado en una bicicleta y con un pequeño osito de peluche sentado en la canasta. Trataba de esquivar a la enorme cantidad de gente mientras se daba prisa por llegar a tiempo donde su Hinata.

—¡A un lado! ¡Me estorban el paso! —gritaba, haciendo maniobras evasivas a la gente que se le cruzaba por delante.

Hinata ya estaba por irse, pensó que Naruto la había dejado plantada y eso la puso muy triste. Se levantó y justo cuando estaba comenzando a caminar, oyó esa voz que la llamaba.

—¡Hinata-chan! —al darse la vuelta, vio la bicicleta frenar justo frente a ella—. Perdón por la demora —decía Naruto, jadeando.

—Naruto-kun —una sonrisa se dibujó en los labios de la ojiperla al verlo llegar por fin. Notó lo que él traía sobre la canasta de la bicicleta y su sonrisa se ensanchó.

—Siento llegar tarde, estaba buscando esto para ti —dijo Naruto, extendiendo el regalo hacia la chica, la cual lo recibió encantada y besó a su novio muy dulcemente en los labios.

—Gracias, Naruto-kun, está hermoso.

Pero Naruto se había quedado paralizado al notar lo hermosa que se veía Hinata. No había prestado atención antes debido a la llegada tan agitada, pero cuando al fin la observó, simplemente se quedó pasmado. Hinata era la chica más bella que él había visto en su vida, y no sólo eso, su forma de ser realmente le encantaba.

—¿Que sucede, Naruto-kun? —preguntó la ojiperla, notando lo distraído que estaba el rubio. Él la miró aún un poco embobado.

—¿Eh? —al fin espabiló—. Ahhh —se comenzó a reír como un loco—. Nada, es sólo que me quedé perdido en tu belleza.

Hinata se sonrojó violentamente al oír estas palabras. Cada vez que Naruto la halagaba, le sucedía lo mismo.

—N-no me digas esas cosas, mejor vamos al festival antes de que se nos haga tarde —la chica bajó su mirada apenada y observó el osito que le acababa de regalar Naruto. Sonrió dulcemente con el gesto del rubio, siempre había sido tan tierno que sentía que nunca podría amar a otro hombre.

—Sí, vamos, que ya comenzó.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Kushina iba por la zona comercial. Regresaba a la casa de su trabajo el cual era de vendedora en una tienda de pasteles. Todos los fines de mes le dejaban llevar un delicioso pastel a casa debido a su gran esfuerzo. Hoy llevaba uno de chocolate y planeaba comerlo junto a Naruto y Hinata.

—Espero que a Hinata-chan le guste el de chocolate —hablaba consigo misma, mientras llevaba una mano a su barbilla a modo de pensamiento.

En eso, volteó hacia un lado y sus ojos se abrieron desmesuradamente al reconocer a una persona entre la multitud. Ese hombre que hace mucho tiempo había sido el mejor amigo de su esposo, aquel hombre que sin piedad ni remordimientos se atrevió a disparar su arma y a acabar con la vida de su amado. Ese hombre no podía ser otro que Hiashi Hyûga, pero era imposible que él estuviera en Okinawa. ¿Acaso estaba buscándola a ella y a su hijo para matarlos? ¿Quería deshacerse de los testigos de su crimen? Esa debía ser la única explicación.

Hiashi miraba hacia todos lados y de pronto su mirada y la de Kushina se encontraron.

—Esa mujer... —susurró para sí. Primero no recordaba donde la había visto, pero en un sólo segundo, el recuerdo de esa mujer regresó y le cayó como un balde de agua fría. Era ella, la esposa de Minato Namikaze—. Es Kushina...

—Me ha visto —murmuró Kushina asustada, entonces comenzó a correr entre la gente que sólo la veían con extrañeza. Hiashi al verla correr, no pudo evitar seguirla.

—¡Espera! —gritó corriendo tras ella, pero la enrome cantidad de gente que en ese momento se movilizaba hacia el festival le hicieron imposible poder alcanzarla. Se detuvo ya cansado, sólo observando el lugar por donde ella había huido—. ¿Es que acaso no estabas muerta? —se preguntó con un extraño tono de melancolía.

De pronto le pareció ver a la misma mujer que perseguía y se apresuró hacia ella, tocándole el hombro.

—¡Kushina! —exclamó mientras la mujer se daba vuelta, pero se sorprendió al notar que no era ella, sino alguien que se le parecía mucho por la espalda, pero por delante era totalmente diferente. Entonces pensó que lo que creyó ver fue sólo producto de su imaginación, esa mujer definitivamente había muerto hace años en aquel accidente automovilístico, no podía ser ella de ninguna manera—. Debo estar muy estresado por la culpa de Hinata.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata se estaba divirtiendo como nunca, jamás la había pasado tan bien yendo a un festival, porque a los que iba con su familia, su padre nunca la dejaba disfrutar lo suficiente de todas las atracciones. Ahora era diferente, ella podía hacer cuanto quisiera sin tener que oír ninguna reprimenda. Parecía una niña pequeña con un juguete nuevo ante los ojos de Naruto, que sólo la observaba con una gran y dulce sonrisa.

—¡Quiero pescar un pez dorado! —gritó mientras corría hacia el puesto en donde se podían pescar dichas mascotas. Hinata pagó al hombre y tomó la red con delicadeza, pero al sumergirla, ésta se rompió sin más—. Oh no... —musitó deprimida.

—Qué mala suerte, pero mejor suerte para la próxima —dijo el hombre de la tienda. Hinata le sonrió, extendiendo una moneda.

—Otra red, por favor.

—A la orden —contestó el hombre, entregando otra red a la ojiperla. Esta vez la sumergió mucho más despacio y esperó hasta que el pez estuviera en el punto exacto, pero una vez más la red no resistió el peso del agua y se rompió, dejando a Hinata sin su pez dorado.

—Oh, rayos —profirió la joven molesta, haciendo un puchero digno de una niña mimada. Naruto se acercó sonriendo y pagó al hombre.

—Deme una red, por favor —pidió con calma, mientras que Hinata lo observaba en silencio. El rubio, con gran maestría, no sumergió la red de inmediato, sino que la dejó fuera del agua, esperando el momento propicio y, cuando éste se dio, la sumergió rápidamente y sacó al pez en ella. Los ojos de Hinata brillaban de la emoción, mientras varias personas que estaban observando lo veían admirados, ya que no todos eran capaces de sacar al pez.

—Eres genial, Naruto-kun —dijo la joven sonriendo, a lo que el rubio se sonrojó un poco.

—Es para ti, espero que sea el pez que te guste.

—Claro que sí.

Naruto y Hinata no dejaban de mirarse el uno al otro, hasta que el rubio sintió una pequeña manita que jalaba su ropa. Bajó la mirada aun manteniendo su sonrisa zorruna y vio a una pequeña niña de grandes ojitos tiernos que lo miraba como si fuese un cachorrito a punto de llorar. Ella le señaló el estanque de los peces y Naruto comprendió enseguida que esa niña también quería un pez.

—De acuerdo, pequeña, capturaré uno para ti también —dijo Naruto y vio sonreír a la niña—. ¡Bien, quiero otra red, por favor!

—Enseguida.

Hinata observaba encantada como Naruto atrapaba el pez para esa pequeña niña. No había notado lo bien que se veía el rubio con los niños, tal vez sería un gran padre después de todo. Se sonrojó ante sus pensamientos, porque al pensar en que él algún día sería padre, sólo era ella quien quería darle esos hijos.

—Ya está, pequeña —dijo el rubio, entregándole una bolsita con el pez dorado adentro a la niña, mientras le sonreía dulcemente. A la pequeña le brillaron los ojos con emoción.

—¡Gracias, nii-san! —exclamó sonriente y se fue saltando feliz entre la gente con su pez dorado en la mano.

—Qué tierno eres, Naruto-kun —le dijo Hinata esbozando una tenue sonrisa. El rubio se sonrojó una vez más, mientras la observaba, definitivamente ella era todo lo que quería.

—Gracias... —respondió apenado.

—¿Vamos a ver otras cosas? —le preguntó Hinata, sin dejar de sonreír, a lo que él sólo asintió.

Durante todo el tiempo que estuvieron en el festival, Naruto no dejaba de observarla embobado. Lo que más le gustaba de ella eran sus ojos; por alguna extraña razón, no lograba recordar a quién había visto antes con esos ojos, porque sentía que ya lo había hecho.

—¿Dónde te he visto antes? —se preguntó. En ese momento, Hinata estaba observando a unos chicos lanzar dardos y no oyó la pregunta del rubio.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Después de lo genial que fue haber disfrutado juntos del festival, Naruto y Hinata se dirigieron al hotel en donde se estaba quedando la ojiperla. Naruto iba montado en la bicicleta y Hinata estaba sentada tras él, abrazada de su cintura. El osito que él le había regalado estaba sentado sobre la canasta y el pez dorado -que estaba dentro de una bolsa transparente con agua- lo llevaba Hinata en su mano derecha.

—Ya casi llegamos, Hina-chan.

—Sí, Naruto-kun —sonrió la chica, mientras abrazaba aún más la espalda de su novio. Se habría quedado así por siempre de no ser porque llegaron.

Ambos se bajaron. Ya era de noche, pero no querían despedirse. Naruto la abrazó fuertemente sintiendo el aroma de su ser impregnar cada parte de él.

—Naruto-kun, acompáñame hasta mi cuarto —pidió la chica, aún abrazada a él. Naruto se sonrojó un poco y comenzó a toser escandalosamente.

—¿De verdad quieres que suba? —preguntó nervioso. Hinata comenzó a reírse.

—Sólo quiero invitarte a tomar algo, hace mucho frío, además, quiero estar un rato más a tu lado.

—Pero mamá se preocupará si me demoro.

—Por favor, sólo será un momento —volvió a pedir la ojiperla. Al verla con esa carita, Naruto no pudo resistirse, y es que ya se le hacía costumbre que cada vez que Hinata lo veía con ese rostro de súplica, él no pudiera negarse.

—De acuerdo, vamos.

Ambos subieron hasta el cuarto de Hinata y una vez adentro, la chica le sirvió una taza de té, sentándose a su lado. Los dos comenzaron a hablar de cosas sin importancia y es que podían estar horas y horas hablando, sin aburrirse para nada, el tiempo se les pasaba volando.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Dios mío... —Kushina aún estaba muy nerviosa por haber visto a Hiashi Hyûga. Su corazón no dejaba de latir y el pánico aún seguía manteniendo preso a su cuerpo y su mente.

Se sentó sobre el sillón de su casa, intentando recuperar el aliento, pero sin poder dejar de hacerse miles de preguntas. ¿Por qué Hiashi estaba en ese lugar? ¿Que estaba buscando?

Esas interrogantes no la abandonaban y sentía demasiado miedo por su hijo. Y pensar en que una vez creyó que Hiashi era una buena persona.

—¿Dónde estarás, Naruto? —se preguntó, consternada—. Sólo espero que no te vayas a topar con ese hombre.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Ya eran las doce de la noche, vaya que se les había hecho tarde charlando. Naruto notó la hora y decidió que ya era tiempo de despedirse.

—Ya debo irme, Hina-chan —el rubio se puso de pie, pero Hinata tomó su mano.

—Naruto-kun, no te vayas... —rogó la chica. Por alguna razón, no quería que él se fuera, tenía el extraño presentimiento de que cuando él cruzara esa puerta, sería la última vez que lo vería y no quería eso, le dolería demasiado—. Por favor, quédate conmigo.

—Pero… Hina-chan... —dijo Naruto, pero al notar la mirada de Hinata, algo lo hizo abrazarla fuertemente—. No te preocupes, yo nunca te voy a dejar sola, yo te amo.

—Yo también, Naruto-kun... pero no sé... tengo un mal presentimiento, siento que si te vas ya no volveré a verte —la chica se abrazaba más a él con cada palabra—. Siento que... esto se acabará...

—¿Por qué dices eso? —preguntó Naruto confundido. En ese momento recordó que aún había muchas cosas que él no sabía de Hinata; su familia, sus amigos, la forma en que solía vivir. Se dio cuenta de que ni siquiera conocía su apellido, pero aun así la amaba. Aunque no supiera nada de ella, quería estar siempre a su lado.

—No lo sé... sólo tengo miedo... —respondió la ojiperla. Naruto se separó un poco de ella, tomando su mentón con ambas manos, mientras la miraba a los ojos con ternura.

—Me quedaré contigo —después de decir esas palabras, la besó dulcemente. Hinata sintió como su corazón se tranquilizaba y correspondió al beso de su amado, sin sospechar que esta sería su despedida.

Aquella noche fue la más mágica para ambos. Si bien, ambos pensaban que estaban apresurando las cosas, no pudieron evitar expresar todo su amor. Y mientras fundían sus cuerpos en uno sólo, pensaron que siempre iban a estar juntos, que todo era un hermoso cuento de hadas y que el futuro no sería si no estaban el uno con el otro. Lamentablemente, el destino les jugó una mala pasada.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—La señorita Hyûga se encuentra en la habitación 312 —dijo la recepcionista del hotel en donde se encontraba registrada Hinata.

—Muchas gracias —dijo Hiashi con una media sonrisa—. Te he encontrado, Hinata, ahora pagarás caro el haberme desafiado, volverás a casa conmigo y te casarás con tu prometido —pensó. Se alejó de la recepción y subió al ascensor. Ya eran aproximadamente las siete de la mañana, seguramente la encontraría levantada.

No le resultó muy difícil hallarla, ya que se registró utilizando su tarjeta de crédito, con lo que pudo encontrarla sin mayores complicaciones, su hija no era muy lista que digamos, al parecer.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sus ojos se abrieron lentamente. Estaba sobre su cama, rodeada de sábanas blancas. Hinata se sentó y observó a su lado a su amado Naruto. Una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Naruto-kun... —lo observó dormir tranquilamente. Se acercó a él -quien dormía dándole la espalda- y besó su mejilla—. Te amo, dormilón —susurró.

Aún recordaba la noche anterior; las manos de Naruto recorriendo todo su cuerpo, sus besos y caricias inundando su ser, y esas miles de sensaciones que la desbordaban por completo. Ahora entendía lo que era el amor verdadero, ese sentimiento tan puro y cristalino como el agua y que se encontraba dentro de su corazón.

De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos al oír el sonido de la puerta. Estaba tan feliz por lo ocurrido que ni siquiera se detuvo a pensar quién podría ser. Se vistió y rápidamente fue a abrir, pero lo que recibió apenas vio a esa persona fue una cachetada que le hizo dar vuelta el rostro.

—P-padre... —profirió totalmente sorprendida.

—Al fin te encuentro, chiquilla insolente —dijo Hiashi con su voz fría y su mirada descorazonada, mientras Hinata casi lloraba, no por el golpe, sino por ver su más grande temor cumplido.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Kushina no dejaba de dar vueltas por toda la casa. Había estado despierta casi toda la noche esperando a Naruto, o al menos alguna noticia suya, pero nada. Llamó a las casas de sus amigos, incluso al celular de Hinata, pero nadie le contestó.

Estaba muy preocupada y es que tenía un mal presentimiento desde el momento en que vio a Hiashi Hyûga. Temía que estuviera buscando a Naruto, que ya se hubiera dado cuenta de que ellos nunca fallecieron en aquel trágico accidente automovilístico hace ocho años, justo después del asesinato de Minato.

Aún podía recordarlo.

—¿Por qué ellos están enterrando a unas personas que lucen como nosotros? —preguntó el pequeño Naruto. Ambos (él y Kushina) estaban en el cementerio, viendo desde lejos como todos sus amigos, acompañados también de sus pequeños hijos, despedían a dos personas.

En cada lápida decía un nombre:

En memoria de Naruto Namikaze, hijo ejemplar.

En memoria de Kushina Namikaze, madre, esposa y amiga.

—Ellos deben creer que nos han enterrado, sólo así tú y yo podremos ser felices, hijo —respondió Kushina, mientras abrazaba al pequeño Naruto.

Y ahora... después de ocho años, volver a ver a ese asesino la llenaba de escalofríos.

—Naruto... —murmuró preocupada por la suerte de su hijo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¿Qué estás haciendo ahí parada? Ve a buscar tus cosas, que nos largamos ahora mismo —ordenó Hiashi, pero se encolerizó al observar la mirada desafiante en los ojos de su hija, la cual, a pesar del golpe que había quedado marcado en su mejilla, ya no se dejaba intimidar.

—Yo no voy a ir con usted a ninguna parte, me quiero quedar aquí —respondió Hinata, tratando de no llorar—. No quiero casarme a la fuerza, si usted es realmente mi padre, por favor comprenda.

—Tú no sabes lo que dices, no sabes la vergüenza que he tenido que pasar por tu culpa. Tú me dejaste en ridículo el día de tu boda con el hijo de mi mejor amigo, porque decidiste escaparte. Sabías las consecuencias que esto traería si yo te encontraba.

—Lo sé, padre —Hinata levantó su mirada, decidida—. Pero yo conocí a alguien y... —Hiashi la interrumpió.

—Tú te vas conmigo ya, si no quieres que entonces obligue a tu hermana a cumplir con el trato —amenazó el Hyûga. Hinata lo observó con sorpresa, jamás pensó que diría algo como eso.

—P-pero mi hermana sólo tiene 15 años, n-no puede hacerle eso, padre.

—Claro que puedo. Tú decides, o vienes conmigo, o será tu culpa que tu hermana sea infeliz de por vida —Hiashi la miró con una sonrisa, mientras observaba la expresión de duda en el rostro de su hija.

—Y-yo... tartamudeó la joven, consternada—. Yo no puedo hacerle eso a Hanabi-chan... ella no merece ser infeliz por mi culpa... —pensó a punto de llorar. Miró a su padre y luego observó hacia la puerta entreabierta del cuarto—. No puedo dejar que descubra a Naruto-kun... lo siento, Naruto-kun... yo no quería esto... —cerró sus ojos, tratando de aguantar las ganas de llorar y luego volvió a ver a su progenitor—. De acuerdo, padre... voy por mis cosas y me voy con usted, por favor... espéreme aquí.

Hinata corrió hacia el cuarto y tomó su maleta, tratando de no despertar a Naruto. Metió todas sus cosas, mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos.

Quisiera pensar

Que existe esperanza

Quiero estar junto a ti

Hinata observaba a Naruto dormir plácidamente y le dolía que esta fuese la última imagen que se llevaría de él. Podría simplemente negarse a ir con su padre, podría hacerlo, pero no quería que por su culpa su hermana tuviera que vivir el destino que a ella le tocaba. Ella debía casarse.

—Naruto-kun... —volvió a suspirar su nombre en voz baja, para no despertarlo.

Volverte a encontrar

Tal vez mañana

Regresarás a mi

Sacó una pequeña hoja de papel y escribió una nota, para que al menos él se diera cuenta de que se había ido. Luego se acercó a él y besó sus labios por última vez.

—Adiós, Naruto-kun, espero... que algún día me perdones —dijo mientras lo observaba con tristeza y una lágrima cayó sobre el rostro del rubio.

No quiero olvidar tu mirada

No quiero pensar

No puedo dejar de amar

Sentirte respirar

Se alejó lentamente de él. No podía dejar de verlo, no quería hacerlo, pero tuvo que abandonar el lugar. Cuando salió de la habitación, algo se le cayó de la maleta, aunque ella no se dio cuenta.

Llegó donde su padre y éste sólo le hizo un gesto de que abandonaran el lugar, ella asintió y bajó la cabeza. Miró por última vez hacia atrás y cerró la puerta tras de sí.

Porque es este adiós, inolvidable

Me aferro a encontrarte después

Porque este dolor es insoportable

Me siento y me doblo a tus pies

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto despertó un rato después, ajeno a todo lo que había pasado. Buscó con la mirada a Hinata por todo el cuarto, pero no halló más que una nota sobre la mesita de noche. Se levantó de golpe y miró dentro del ropero; no había nada. Salió del cuarto y no vio a nadie.

—¡Hinata! —comenzó a buscarla, pero no la encontró. Regresó al cuarto y se sentó sobre la cama. Observó la nota, la tomó entre sus manos.

"Naruto-kun, lo siento, pero debo marcharme. No me busques porque no me encontrarás, es mejor así... por favor, perdóname y adiós"

No puedo mentir

Te tengo en el alma

Nada es igual sin ti

¿Que significa esto? —se preguntó. Estaba totalmente confundido, ¿cómo era posible que Hinata se fuese así, sin una explicación? ¿Qué estaba pasando?

Se puso de pie y buscó sus ropas.

—¿Por qué te has ido? No entiendo nada... —se decía una y mil veces. Después de lo que había pasado entre ellos, ella simplemente lo abandonó.

Fue entonces cuando se acercó a mirar algo que estaba en el piso junto a la puerta. Se agachó y lo recogió, era una cédula de identidad. Observó el nombre completo y la fotografía de aquella persona.

—Hyûga... Hinata Hyûga... —repitió su nombre. Una escena de cuando era un niño vino a su mente.

—Ella es Hinata Hyûga, la hija de mi gran socio, Hiashi Hyûga —le había dicho su padre. Aquella niña se escondió tras la falda de su madre, se veía muy tímida.

Estaban en una típica reunión de negocios y ellos tan pequeños, aún no entendían nada de eso.

—¿Te llamas Hinata? Qué lindo nombre, me gusta mucho, Hinata —dijo Naruto con su brillante sonrisa. La pequeña Hinata se sonrojó enseguida—. Ven, ¿quieres jugar conmigo?

—S-sí —asintió la pequeña y dulce niña.

Los dos se alejaron de sus padres y comenzaron a jugar juntos, parecían llevarse y entenderse muy bien, a pesar de sus personalidades tan diferentes.

Naruto lo recordaba a la perfección ahora, la niña con la que jugó una vez cuando tenía siete años, la hija del asesino de su padre: Hinata Hyûga. Ella... ella había venido sólo para engañarlo.

—Padre e hija son exactamente iguales —masculló con rabia en su voz, mientras arrugaba la nota que ella le había dejado, la cual aún permanecía en su mano.

Se levantó y se fue a su casa. Estaba lleno de ira.

Me duele decir

Que sin ti ya no hay nada

Sigues estando en mi

Naruto entró furioso a su casa, ante la sorprendida mirada de su madre. Se encerró en el baño y miró su rostro en el espejo. Estaba llorando amargamente, como no lo hacía hace años. Ahora tenía una razón más para odiar a los Hyûga. Como un estúpido se había enamorado de una de ellos y ella jugó con sus sentimientos, se rio de él de la peor manera y seguramente aún seguiría haciéndolo.

—¡Maldita sea! —golpeó el espejo y lo rompió, dejando algunos pedazos intactos, los cuales aún reflejaban su rostro descompuesto.

—¿Que se siente ser traicionado por la mujer que amas? —pudo oír una voz en su interior, haciendo la pregunta que más le dolía, afirmando que ella, la mujer que tanto amaba, se había reído en su cara.

—Se siente... —susurró—. Se siente... mucho dolor... —se dejó caer al suelo. En ese momento, entró Kushina y lo abrazó.

No quiero olvidar tu mirada

No quiero pensar

No puedo dejarte de amar

Sentirte respirar

—¿Que pasó, Naruto? —le preguntó muy asustada y preocupada, más al notar que su mano estaba sangrando.

—Me engañó, mamá... —dijo Naruto, estaba destrozado por dentro, no quería creer lo que estaba sucediendo. Kushina lo miró confundida unos momentos, no entendía nada.

—¿Quién te engañó?

—Hinata... —contestó el rubio—. Hinata Hyûga.

—¿Hyûga? —repitió la madre, asombrada.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata iba en un avión rumbo a Tokio. A su lado, su padre la observaba muerto de rabia, pero satisfecho de haber cumplido su cometido.

La chica no dejaba de soltar lágrimas, pero no decía nada, tampoco mostraba una expresión particularmente de tristeza, estaba como ida. Miraba por la ventana, con la esperanza de ver a su Naruto, aunque sabía bien que era imposible.

Jamás te olvidaré, Naruto-kun... —pensó entristecida.

Porque es este adiós, inolvidable

Me aferro a encontrarte después

Porque este dolor es insoportable

Me siento y me doblo a tus pies

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto estaba recostado de espaldas sobre su cama, tenía su mano vendada y sólo una cosa en si mente, un pensamiento que se había arraigado como la mala hierba de un jardín descuidado.

—Te odio, Hinata Hyûga... —escupió con enojo—. Me vengaré de ti y de tu padre... lo juro...

Continuará...