Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Canción: Mi primer día sin ti - Los enanitos verdes
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Capítulo 3: Seis años despuésEra ya de noche y las luces de la ciudad lo iluminaban todo, el viento soplaba con bastante fuerza. Mientras las calles parecían animadas, dentro de la casa del rubio, el ambiente lúgubre lo inundaba todo.
—¿Estás seguro, Naruto? —preguntó Kushina a su hijo, el cual demostraba su seguridad en aquella mirada, llena de odio, de deseos de venganza.
En ese aeropuerto, donde se encontraban los dos, Naruto comenzaba a tejer los hilos de su plan.
—Claro, mamá, no te preocupes… todo irá bien —por un momento pareció ser el Naruto de antes, aquel que con una sonrisa podía arreglarlo todo, pero ese Naruto rápidamente se esfumó, dejando sólo al actual, frío y calculador. Ese que no creía en nadie.
—De acuerdo, pero prométeme que te cuidarás… no quiero perderte a ti también, como a tu padre —ella bajó la mirada, estaba preocupada, asustada, no sabía de lo que sería capaz su hijo ahora, él no era el mismo de antes, desde que se sentía herido y traicionado por esa chica que había amado, Naruto había cambiado.
-Sí —fue todo lo que respondió él, antes de despedirse y abordar su vuelo.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Los rayos del sol se colaban por la ventana, dando directamente sobre el rostro de una persona, alguien que se veía muy triste. Acababa de abrir sus hermosos ojos a un nuevo día, uno más de su triste existencia.
—Seis años han pasado… y aún te extraño… —susurró Hinata. Se encontraba sentada sobre una amplia cama matrimonial, en una lujosa habitación. En sus manos tenía un pequeño oso de peluche, el que le fue dado por Naruto seis años atrás.
Se levantó de la cama, se puso una bata del mismo color que sus ojos y caminó hacia el pasillo. Bajó las enormes escaleras de lo que parecía ser una mansión y llegó hasta el recibidor, en donde observó la puerta de entrada que estaba cerrada.
—¿Qué se le ofrece de desayunar, Hinata-sama? —preguntó una empleada de la casa, una mujer ya mayor. Hinata le sonrió como siempre lo hacía y la mujer le devolvió el gesto.
—Lo que tú prepares está bien, Nana-san —respondió Hinata. Luego de eso, siguió hasta el comedor, en donde se encontraban varias personas sentadas a la mesa.
—Buenos días, prima, qué tarde te has levantado hoy —la saludó un muchacho alto, de cabello castaño y los ojos color perla, iguales a los suyos. Él era muy apuesto, aunque parecía bastante serio.
—Buenos días, Neji nii-san —le respondió a su primo con dulzura en el tono de su voz, luego miró a su progenitor, quién también estaba sentado a la mesa—. Buenos días, padre —lo saludó con una expresión más dura—. Buenos días, Hanabi-chan —se dirigió hacia su hermana menor, una preciosa joven ya universitaria, de unos 21 años.
—Sí —respondió Hanabi, que era muy parecida a Hinata, con la diferencia de que su cabello era más corto y claro.
—Tu esposo se ha ido a la empresa ya, así que deberías darte prisa —dijo Hiashi con su habitual tono tranquilo y algo indiferente. Hinata sólo le miró despectivamente, asintiendo con la cabeza. Desde hace seis años, desde que la obligó a casarse, lo despreciaba profundamente, aunque se tratara de su propio padre.
—Claro, lo haré.
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—No importa cuántas veces lo intente, sigo llegando tarde —decía una joven rubia y de ojos azules, entrando apresuradamente a un estudio fotográfico.
—Ino-chan —la llamó el fotógrafo, un hombre vestido completamente de rosa, con formas muy amaneradas de moverse y hablar, pero que lucía muy jovial y alegre, se notaba que no le importaba lo que los demás pensaran de él—. Ya has llegado tarde otra vez, el jefe se va a enojar contigo.
—Lo siento, Shiro-san, no volverá a pasar —se disculpó la chica.
—Más te vale —oyó una voz que la hizo quedar fría. Se volteó lentamente para ver unos ojos tan negros como la noche, un cabello azabache, y a su perfecto jefe enfundado en un traje de oficina—. Llegando tarde nos haces perder tiempo y dinero.
—Perdón, Sasuke —se volvió a disculpar Ino—. Juro que esta será la última vez, de verdad.
—Apuesto a que esto es culpa de Kiba, ¿no? —preguntó Sasuke con una sonrisa, medio divertido, mientras veía a Ino asentir—. Agradece que Hinata siempre vela por ti, porque yo te habría despedido —su expresión se tornó seria, provocándole escalofríos a la rubia.
—Sí, Hinata es un ángel.
—Bueno, bueno, menos charla y más acción, querida —interrumpió Shiro—. Necesitamos hacer las fotos cuanto antes, así que ve a cambiarte.
—Sí, voy, y lo siento mucho, Sasuke, quise decir, señor Uchiha —Ino hizo una leve reverencia y se alejó corriendo, pero a medio camino se detuvo—. Por cierto, dijo Sakura que pasaras por el hospital más tarde.
Sasuke alzó una ceja, un poco sorprendido por aquella información, pero asintió con la cabeza luego de unos cuantos segundos.
—¿Uh? De acuerdo.
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—Demonios, tanto tráfico —se quejó Hinata. Conducía su auto hacia la empresa, pero la calle estaba llena de autos. Había un taco enrome y eso la estresaba.
Suspiró pesadamente, otro día más como este y no lo soportaría.
—Me pregunto qué estarás haciendo ahora… —murmuró mirando al cielo, pero bajó su mirada, no podía estar otra vez pensando en él. Todos los días de su vida, a cada momento, por cualquier insignificante cosa, lo recordaba.
Era imposible olvidarlo tendiendo consigo algo tan preciado, algo tan hermoso y que, lamentablemente, él jamás sabría que existía.
—¡Hey! —oyó un grito, acompañado por el sonido de una bocina. Ya se podía avanzar, pero ella no se había dado cuenta, así que los demás conductores le estaban reclamando.
—¡L-lo siento! —se disculpó apenada, poniendo el motor de su auto en arranque—. ¿Por qué siempre me pasa esto? —se preguntó consternada, siempre solían reclamarle por ser tan distraída.
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Naruto se encontraba en una habitación de hotel. Estaba saliendo de la ducha, con una toalla cubriendo la parte baja de su cuerpo. Su cabello rubio estaba mojado y despeinado. Se sentó sobre la cama y sacó algo del cajón del velador, un pendiente de color azul cristalino.
—Este es mi regalo para ti, Naruto-kun —dijo Hinata con una sonrisa, entregándole un pequeño paquete al rubio.
—¿Qué es, Hinata? —preguntó sonriendo, emocionado y lleno de curiosidad, le gustaban mucho los regalos, más si era algo que venía de una persona a la cual él quería mucho, como lo era su novia.
—Ábrelo —insistió la ojiperla, abultando ligeramente sus labios.
—De acuerdo —Naruto desenvolvió rápidamente el papel de regalo y descubrió una pequeña caja, la cual abrió con la misma velocidad, encontrándose con aquel pendiente azul, un colgante para el cuello.
—Lo vi en la playa y pensé que te gustaría, así que lo compré para ti —confesó un poco sonrojada a chica. Naruto la miró con una sonrisa y la abrazó.
—Me encanta, pero más porque me lo has dado tú…
Naruto apretó el pendiente en su mano al terminar de recordar. Cada vez que lo veía, esa escena se repetía en su cabeza, pero por más que trataba, no podía deshacerse de él. Cuando intentaba tirarlo o regalarlo, al final siempre se arrepentía y se engañaba a sí mismo, pues decía que sólo lo conservaba como un recuerdo, para mantener presente su venganza, pero no era cierto. A pesar de todo, aún la amaba, aunque no quisiera admitirlo.
Había dejado el radio encendido en la habitación, entonces una canción que le trajo más recuerdos comenzó a sonar,
No estoy acostumbrado.
Mi primer día sin ti,
Que aún digo nosotros
Cuando estoy pesando en ti.
Cerró sus ojos y las imágenes comenzaron a repetirse en su mente, veía a Hinata sonreírle, viéndose tan dulce, tan inocente, entonces él tomaba su mano y la abrazaba, sintiendo que nunca la soltaría.
Cuando terminó el verano
Todo parecía bien.
Ahora pienso en todo eso
Que hablamos sin saber.
.
Que pronto te marcharías
Sin ninguna explicación.
Quizás te parezca fácil
Que soporte este dolor.
El momento en que ella se había marchado apareció entonces en sus recuerdos, era una memoria triste, dolorosa, una que lo llenaba de rabia. Sólo recordar el hecho de que ella lo había abandonado sin siquiera ser capaz de darle la cara, lo inundaba de furia. No sabía si Hinata había hecho aquello sólo para divertirse, seguramente era una persona vil que sólo utilizaba a los demás a su conveniencia, igual que su padre.
Olvidaste algunas cosas
En tu rápido partir
Y ahora son como tesoros
Que conservo para mí.
.
Nunca me dijiste nada
A cerca de tu pasión:
Seducir hasta ganarlo
Y después... decir adiós.
Apretó los puños cuando las imágenes de esa noche que pasaron juntos inundaron su cabeza, la forma de las caricias de Hinata, los besos que ella le dio, el modo en que se entregó por completo a él, era difícil pensar que solamente estaba fingiendo, que él no había sido más que una víctima inocente del perverso juego de una niña rica, una mujer sin sentimientos que todo lo que sabía hacer era reírse de otros.
Sabías que te marcharías
Sin ninguna explicación.
Quizás te parezca fácil
Que soporte este dolor,
Que cargue con tu dolor.
.
Porque este es mi primer día sin verte,
Este es mi primer día sin ti.
Y la habitación se me hace gigante,
Me siento tan pequeño si no estás aquí...
No lo puedo entender.
De pronto el sonido de un teléfono sonando interrumpió aquel momento y apagó el radio de inmediato.
—¿Bueno? —contestó—. Ah, eres tú, Sai. ¿En la cafetería del centro? De acuerdo —dijo antes de terminar la llamada. Se puso de pie y sonrió—. Ya falta poco, te volveré a ver. Hinata, y esta vez seré yo quien ría al último.
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Era casi medio día cuando golpearon la puerta de una oficina, en donde se encontraba una mujer rubia, de ojos cafés y de enromes proporciones, quién lucía muy joven y hermosa.
—Adelante —indicó la mujer.
—Permiso, Tsunade-sama —dijo una chica de cabello corto, color rosa y ojos verde jade. Llevaba puesta una bata blanca, que le llegaba hasta las rodillas, la cual estaba abierta, dejando ver el resto de su ropa normal—. Quería hablarle.
—Sakura, ¿por qué me llamas así? —rezongó la rubia, frunciendo ligeramente el ceño.
—Lo siento, madrina —se disculpó Sakura, con una gotita de sudor frío recorriendo su frente, mientras sonreía nerviosamente—. Es que como eres la directora y todo eso…
—No seas tonta, ¡eres mi ahijada! —exclamó, riendo exaltada, mientras más gotitas aparecían en la cabeza de Sakura, su madrina era una persona bastante excéntrica—. Y bueno, ¿qué se te ofrece?
—Esto… mañana es el aniversario de boda de dos de mis mejores amigos, y quería saber si me dejas cambiar el turno, es que será en la noche y de verdad quiero ir.
—¡No hay problema! —respondió muy animada. Sakura sonrió y salió del lugar, no sin antes agradecer a la directora del hospital.
—Seguro que se ha tomado un o dos botellas de sake, por eso estaba tan feliz —pensó la peli rosa, pues conocía demasiado bien a su madrina.
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—Su perrito está como nuevo —dijo un joven de cabello castaño. Sus ojos eran del mismo color y, además, tenía extrañas marcas rojas sobre sus mejillas. Sonrió de manera amable y, a su lado, un perro de un gran tamaño ladró—. ¿Verdad que sí, Akamaru? —preguntó, hablando a su perro, ya que había uno más pequeño sobre la camilla, mientras que, frente a él, se encontraban una niña y su madre.
—Gracias, doctor Inuzuka, es usted un genio —agradeció la madre, mientras su hija abrazaba a su cachorro, el cual movía la cola felizmente.
—No es nada, es un placer para mí ayudar a los animales —respondió el veterinario, apenado.
En la pared había un diploma que decía "Kiba Inuzuka, premiado como mejor veterinario, graduado en la universidad de Tokio"
La mujer y su hija abandonaron el lugar y a los pocos minutos, unos golpes se oyeron en la puerta de entrada.
—Adelante —indicó Kiba, mientras revisaba unos papeles. Pasaron unos segundos y alguien le tapó los ojos, él sonrió.
—¿Quién soy? —escuchó la voz de una chica,
—Cielos, eres una infantil, Hinata —respondió el castaño. La chica lo soltó y lo miró sonriendo, con una gotita resbalando sobre su frente.
—Perdón, es que me gusta mucho hacer eso —contestó, formando un pequeño puchero.
Ambos se abrazaron, como si no se hubiesen visto en mucho tiempo, mientras se sonreían el uno al otro.
—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la empresa? —preguntó Kiba, una vez que se separaron.
—Debería, pero no me preocupa, tengo entrada libre —respondió Hinata—. Venía sólo a verte, amigo, y a confirmarte que mañana es la fiesta de mi aniversario.
—¿Otra vez piensas celebrarlo? —cuestionó el hombre, mirándola con cierta expresión de reproche. Hinata bajó su mirada, cada vez que Kiba la veía así, se sentía regañada. Él había sido su mejor amigo desde que tenía memoria y siempre que hacía tonterías él la reprendía, parecía como si Kiba fuese muy maduro, aunque, en realidad, también tenía su lado infantil e impulsivo.
—Sí, ya sé que no debería hacerlo, pero tú sabes cómo es mi padre, él sabe que yo no amo a mi esposo, pero tengo que hacerle creer que sí.
—¿Por qué no te divorcias de él y ya?
—No puedo… por mi hija —respondió la ojiperla, bajando la mirada—. Ella lo adora… no podría dejarla sin su padre.
—Pero él no es su padre —Hinata le hizo un gesto para que se callara, no sabía quién podría estar escuchando y, aquella información era muy confidencial. Kiba sólo suspiró—. ¿Por qué no buscas a Naruto? Tú aún lo amas… no deberías dejar que tu padre siga gobernando tu vida.
—Por favor, ya deja ese tema, yo y Naruto jamás volveremos a estar juntos… jamás volveré a verle, y aunque lo ame, este amor no tiene sentido —respondió la Hyûga. Kiba sólo la abrazó; a veces las cosas que él decía eran demasiado directas y a Hinata le dolían mucho, pero tenía que hacerla entender que no sacaba nada con seguir casada con un hombre que no amaba, uno que jamás iba a hacerla feliz, él era su amigo y solamente quería su bienestar.
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Sasuke se encontraba en su oficina firmando unos papeles, lucía bastante serio y un poco cansado. Ser el presidente de la empresa Konoha no era nada fácil y, además, como no estaba Hinata, también tenía que estar supervisando el trabajo de las modelos.
—Buf, ¿dónde te has metido Hinata? —se preguntó. Presionó un botón del intercomunicador y su secretaria contestó.
—¿Sí, señor Uchiha?
—Karin, ¿sabes si ya se han presentado para el puesto vacante? —preguntó sin ánimos, estaba muy sobrecargado de trabajo, pero había cosas que no podía descuidar, una de esas cosas, eran las contrataciones de los nuevos empleados.
—Sí, señor, hay una persona muy interesada, tiene un buen currículum y referencias, ¿debería llamarle?
—Llámalo enseguida —respondió. Soltó el botón y se acomodó en su silla—. Al fin… ya me estaba cansando de esos papeles y esas cuentas —dijo soltando un suspiro.
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Naruto se encontraba en una cafetería. Frente a él, un hombre de cabello y ojos negros lo miraba seriamente.
—¿Ya has entrado a la empresa? —preguntó su acompañante.
—No aún, pero pronto lo haré —respondió Naruto, parecía tranquilo, pero bastante decidido—. ¿Y tú que has averiguado, Sai?
—Sobre la muerte de tu padre… efectivamente, no se hizo la investigación debida, he averiguado que el comisario de ese entonces cerró el caso demasiado pronto y no se preocupó de buscar pistas, testigos, ni nada. Incluso declaró que, por ser un niño, tú estabas mintiendo sobre lo que dijiste.
—Ese bastardo… —Naruto apretó sus puños—. Seguro que estaba comprado.
—Eso es seguro —agregó Sai—. Más importante, he averiguado que en la empresa necesitan urgentemente de capital, se están vendiendo algunas acciones de miembros que intentan dejar la compañía, no están en un buen momento.
—Eso es perfecto, puedo comprarlas yo y así tendré el control de esa empresa, llevaré a Hiashi Hyûga a la ruina —sonrió victorioso el rubio—. Eres de gran ayuda, Sai.
—¿Para qué son los amigos? —cuestionó el pelinegro, delineando una enigmática sonrisa.
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Había muchas personas reunidas en una gran sala, todos sentados alrededor de una mesa bastante grande.
—¿De qué trata esta reunión urgente, Shikamaru? —preguntó Sasuke a un tipo que parecía querer irse a dormir, su expresión delataba que estaba bastante aburrido. Su cabello negro estaba recogido en una coleta alta, bastante desordenada.
—Es verdad —habló esta vez un hombre pelirrojo, con los ojos color verde agua. Su rostro se veía serio y su postura también lo demostraba.
—Bueno… primero tenemos que estar todos —respondió Shikamaru. En ese momento, por la puerta de cristal entró Hinata, acompañada de una mujer alta, rubia y de ojos verdes, que, al irse sentando, miró a Shikamaru de forma pícara, guiñándole un ojo, lo que le provocó escalofríos al hombre.
—¿Qué pasa, Shikamaru? —preguntó Neji, el primo de Hinata, quién también estaba ahí.
—No tengo muy buenas noticias, la empresa está en cifras muy bajas —comunicó, sacando unos papeles y levantándose para repartirlos a todos—. Este mes y el anterior tampoco le ha ido muy bien a la revista ni a la editorial, si esto sigue así, podríamos irnos a la quiebra.
—Pero ¿cómo? —cuestionó Hinata—. Todo había estado muy bien, ¿cuándo comenzó a decaer tanto la empresa?
—Desde que algunos accionistas piensan en dejarla —respondió el Nara, el encargado de las finanzas de Konoha Fashion—. Las acciones han bajado, y a estas alturas, cualquiera podría comprarlas.
—Eso no puede ser —interrumpió el pelirrojo, uno de los accionistas de la empresa—. Si alguien más compra las acciones, nos quedaremos con la menor parte, sería mejor quedárnoslas.
—No podemos, debido a la baja, necesitamos urgente una inyección de capital —replicó Shikamaru—. Tendremos que dejar entrar a un nuevo accionista, es la única forma, Gaara —miró al hombre de cabellera rojiza, el cual bufó molesto.
—Pero eso no nos conviene —esta vez fue Sasuke quien habló, lucía sereno, aunque, por dentro, se sentía preocupado—. Si dejáramos que alguien más entre a la empresa, podría cambiarlo todo, eso no sería bueno.
—Tranquilo, Sasuke —dijo Hinata con calma—. Nosotros tenemos la mayoría de las acciones, entre tú, yo y mi padre, nadie más será el dueño.
Sasuke la miró con una sonrisa, más despejado, ella tenía razón; nada pasaría mientras ellos fuesen los accionistas mayoritarios de la empresa. Hinata siempre lo hacía sentir bien, por algo era la mujer que amaba.
Después de discutir un poco, la reunión terminó. Sasuke se puso de pie y abrazó a su esposa, mientras los demás abandonaban la sala.
—¿Por qué tardaste tanto en llegar?
—Fui a ver a Kiba, y había un tráfico enorme en la calle, pero ya estoy aquí, ¿no? —respondió con una sonrisa, separándose un poco de él, no era muy aficionada a las demostraciones de afecto de su esposo.
—No te veo muy entusiasmada por la fiesta de mañana —dijo Sasuke, un tanto enfadado, sabía que era difícil que la ojiperla disfrutara ese tipo de cosas. Hinata lo miró, tratando de fingir que estaba contenta, aunque fuera difícil.
—Claro que lo estoy, es sólo que las fiestas nunca me han gustado, pero es nuestro aniversario, ya seis años… ha pasado mucho tiempo… —murmuró, bajando la mirada—. Seis años sin ti…
—Bueno, será mejor que vayas a tu puesto, nos vemos luego —Sasuke trató de besarla, pero ella rápidamente hizo que la soltara, desviando el rostro.
—Nos vemos luego, Sasuke —se despidió, saliendo de la oficina con la rapidez de un rayo.
Sasuke la quedó mirando, se había quedado sólo, ¿por qué Hinata era así? Aunque hayan estado seis años viviendo juntos, ¿por qué ella no lograba amarlo?
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Todos los accionistas salían de la sala de reuniones. Temari, la abogada de la empresa, se dirigió a Shikamaru, el asesor de finanzas.
—¿Así que estamos en crisis? —habló, buscando hacerle conversación, a ella le interesaba muchísimo Shikamaru, pero era difícil poder entablar una buena charla con él.
—Ajá, es una mala racha —respondió el Nara, mirando en otra dirección—. Es muy problemático.
—Oye, Shikamaru… —dijo la rubia, acercándose peligrosamente a él desde la espalda, tomándolo por los hombros—. ¿No te parece que estás un poco estresado? No te vendría mal un masaje…
—N-no, gracias —Shikamaru se alejó rápidamente de ella, un poco nervioso—. Tengo cosas que hacer, así que luego nos vemos, adiós —y salió huyendo de ella. No era que no le gustase, realmente le encantaba esa mujer, pero sus hermanos eran de temer, sobre todo Gaara, además, por más tonto que pareciera, él sufría una extraña condición que le impedía estar cerca de las mujeres como Temari.
—Pero ¿qué le pasa? —se preguntó la mujer, fastidiada—. Cada vez que intento algo con él, sale huyendo —murmuró, frunciendo el ceño—. Pero no me voy a rendir, ya vas a ver, Shikamaru Nara…
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—Ah, ya se me hace tarde para mi otra sesión, Sasuke me va a matar —decía Ino, conduciendo su automóvil hacia la empresa. Había salido un momento, pero como siempre, se le hizo tarde—. Demonios, no puede ser…
En ese momento, viró hacia la derecha y no notó que alguien también lo hacía, resultando un choque entre ambos vehículos.
—¡Carajo! —se quejó el del otro auto.
—Esto no me puede estar pasando a mi —dijo Ino. Se bajó del auto apresurada a ver qué tal había quedado tras el golpe. Observó bajar a un hombre rubio, que usaba lentes oscuros y que lucía un traje bastante elegante. Se quedó embobada unos segundos.
—No puede ser, acabo de llegar y ya me han chocado el carro —se quejó Naruto, sosteniéndose la cabeza.
—Lo siento… —se disculpó Ino, apenada—. No fue mi intención, de verdad lo siento.
—Tranquila, al menos tengo seguro —respondió el rubio, mirando a la mujer con quién había tenido el accidente, enseguida, notó algo interesante en ella—. ¿Uh? Yo te he visto en alguna parte antes… te me haces muy conocida.
—Seguro que sí, soy una modelo, salgo en varias revistas —respondió la Yamanaka, muy orgullosa de su profesión. Naruto pudo notar que era una persona bastante engreída, por la forma en que hablaba y que andaba vestida, aunque no parecía alguien mala.
—Ya veo, ¿trabajas para Konoha? —preguntó, aparentando desinterés, pero esperaba oír un si como respuesta.
—Sí —respondió la rubia, lo que hizo sonreír a Naruto—. Me llamo Ino Yamanaka.
—Naruto Uzumaki, un placer, Ino —el ojiazul le tomó la mano derecha y la besó caballerosamente, haciendo que la chica se sonrojase. Naruto parecía ser un hombre muy amable, además de apuesto.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Sasuke estaba bastante molesto, sentado en la cafetería de la empresa. Bebía un café junto a Gaara, uno de los más importantes accionistas de la empresa después de él, su esposa y su suegro, quién, además, era uno de sus mejores amigos desde que ambos estaban en la escuela secundaria.
—No puedo creerlo, dependemos de un desconocido para salvar la situación.
—No es muy cómodo, Sasuke, pero es todo lo que podemos hacer, si ese hombre no nos hubiese estafado antes… —reprochó Gaara muy enfadado, recordando a cierta persona.
—Sí, eso fue hace casi quince años, cuando ese tal Minato Namikaze estafó a los accionistas de ese entonces y desde esa vez la empresa no se ha recuperado en su totalidad —dijo Sasuke, relatando los hechos que habían llevado al actual decaimiento de la empresa, incluso si habían pasado muchísimos años, aquello había sido una catástrofe sin precedentes.
—Es verdad… —Gaara bebió un sorbo de su café, cerrando sus ojos—. Bueno, ya es tarde, me voy.
—Tienes una cita hoy, ¿no?
—Claro, tú sabes que a Sabaku No Gaara no le faltan las chicas —respondió el pelirrojo, esbozando una ligera sonrisa de autosuficiencia, casi invisible.
El Uchiha le miró con reproche, no aprobaba el comportamiento tan promiscuo de su amigo, pero Gaara siempre se había comportado de ese modo, aunque tuviera la presencia de un hombre serio y recatado, en realidad, era todo lo contrario a ello, se la pasaba de cama en cama, sin tomarse en serio a ninguna mujer que haya pasado por su vida.
—No sé por qué no te enamoras y sientas cabeza de una vez.
—Eso es para idiotas —contestó el pelirrojo con cierto fastidio.
—¿Me estás diciendo idiota? Cuestionó el azabache, con una venita marcada en su frente, pues sí, él era un hombre casado y de familia, nada que ver con su amigo.
—Bueno, bueno, casarse es muy complicado, yo no soy un hombre de una sola mujer, eso es aburrido —se corrigió Gaara, intentando no ofender a su compañero—. No sé cómo lo aguantas, Sasuke, aunque Hinata es muy hermosa.
—¡Hey! —exclamó el Uchiha—. Es mi esposa —reclamó, poniéndose de pie—. No quiero que la estés mirando, mujeriego —incordió, apuntando a su interlocutor, quién no se había ofendido en lo más mínimo.
—Y a mucha honra —Gaara volvió a sonreír, la verdad era que no le molestaba para nada que lo tacharan de mujeriego, le gustaba salir con muchas mujeres y no se enamoraba de ninguna, porque ninguna de ellas podría llegar hasta su corazón, eran todas demasiado superficiales y sólo buscaban su dinero, o se fijaban en su apariencia, siempre había conocido a chicas que no tenían nada en la cabeza, eran vacías como un cono.
Sasuke miró la hora en su reloj de mano, un poco consternado.
—Mierda, Sakura me estaba esperando, nos vemos —avisó, antes de salir corriendo.
—¡Hey, cuidado con engañar a Hinata! —exclamó Gaara, sólo para molestarlo.
—¡No seas idiota! —respondió Sasuke, alzando una mano, mientras seguía corriendo sin mirar atrás.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Hinata estaba por salir de su oficina, la oficina de la vice presidencia, había estado trabajando bastante y se le había pasado la hora para comer, su estómago le estaba pidiendo algo que lo llenara, así que se dirigía a la cafetería, pero justo antes de tomar su bolso, sonó el teléfono.
—¿Diga? —del otro lado, le dijeron algo que pareció sorprenderla bastante—. ¿Ya han comprado todas las acciones? ¿Pero quién? —preguntó asombrada.
La noticia era buena, en parte, pero la persona que había comprado todo no había querido dar su nombre, era alguien totalmente desconocido, eso era muy sospechoso, sin duda alguna.
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Sakura ya estaba saliendo del hospital, se quitó su bata blanca y tomó su bolso, pero antes de salir, alguien abrió la puerta desde afuera.
—Sakura… —la llamó esa voz. Ella esbozó una gran sonrisa al verlo, a su mejor amigo y amor imposible.
—Sasuke-kun, hola.
—Hey, Ino me dijo que querías hablar conmigo, ¿qué era? —preguntó Sasuke, sonriendo suavemente al ver a su amiga, Sakura siempre estaba muy ocupada, era gracioso verla siendo tan profesional en el trabajo, porque ella siempre había sido un poco torpe y distraída.
—Ah sí, es que era sobre lo de tu aniversario mañana, quería felicitarte —contestó la rosada, mirando fijamente al más alto, con esos ojos verdes grandes y hermosos, que no pasaban desapercibidos para ningún hombre, ni siquiera para uno que ya estaba casado como Sasuke.
—¿Sólo es eso? —bufó, un tanto decepcionado—. Pensé que sería algo más importante.
—Hey —la chica le dio un suave golpe en el brazo, mostrando una sonrisa divertida—. ¿Qué más esperabas? ¿Un regalo?
—¿Por qué no? —el Uchiha sonrió ladino, a lo que ella se alejó, cruzándose de brazos.
—Claro que tengo uno —dijo sonriendo Sakura—. Pero te lo daré mañana, ahora, ¿por qué no me llevas a casa? No tengo auto hoy, por la restricción vehicular.
—Bueno, ya que —respondió el azabache, encogiéndose de hombros. A Sasuke no le molestaba hacerle ese favor, Sakura siempre había sido su mejor amiga, alguien en quien podía confiar, pero tampoco le contaba todo a ella, había asuntos que no podía tratar con nadie, ni siquiera con la peli rosa o con Gaara.
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La noche arribó por fin. Hinata llegaba a casa como siempre, muy agotada y con deseos de descansar, Pero antes de llegar a su cuarto, sintió unos pasos veloces que venían hacia ella. Alguien saltó hacia sus brazos, una pequeña niña de cabello negro azulado, hasta los hombros, poseedora de unos hermosos y grandes ojos azules. Traía puesto el uniforme de un jardín escolar, incluso cargaba su pequeña mochila en la espalda.
—¡Mami! —gritó emocionada la pequeña.
—Hime-chan… —Hinata la abrazó enseguida, sonriendo y con la expresión más amorosa del mundo. Ella era su más grande tesoro, su querida hija, Hime, el fruto de su amor con Naruto, aunque esto sólo lo sabían ella, Kiba y, por desgracia, también su esposo.
—Mami, hoy me fue muy bien en el jardín, la sensei ha felicitado a Hime-chan porque es muy inteligente —decía la niña sonriente, con esa actitud radiante igual a la de Naruto, esa que la enamoró y la hizo ver la vida de una forma distinta.
—Qué bueno, Hime-chan —Hinata la abrazó con fuerza—. Mami te quiere mucho, hija, muchísimo.
—Hime-chan también quiere mucho a mami —contestó la menor, correspondiendo al dulce abrazo de su mamá. Ambas eran casi idénticas, de no ser por el color de los ojos de Hime, sería casi un clon de Hinata.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
—Bueno, ya hemos llegado —dijo Sasuke, mientras detenía el motor de su auto. Notó a Sakura muy pensativa, algo le pasaba—. ¿Estás bien, Sakura?
—Sasuke-kun… —lo llamó ella, en voz baja, sin atreverse a mirarlo—. ¿De verdad estás tan feliz al lado de Hinata?
—¿Eh? —él le miró confundido.
—Ella es una de mis mejores amigas y tú eres mi mejor amigo también… me doy cuenta de que ninguno de ustedes se ve realmente feliz, aparentan un matrimonio perfecto… pero algo no está bien —la peli rosa lo miró a los ojos, tratando de adivinar lo que él estaba sintiendo.
—No sé de qué hablas —Sasuke se lo negó todo, mirando a otro lado, nunca iba a admitir ante nadie que las cosas no estaban yendo de maravilla, él tenía que aparentar, su orgullo estaba en juego—. Hinata y yo somos muy felices, nos amamos, no hay nada raro.
—¿La amas mucho?
—Claro que sí —Sasuke respondió con genuina seguridad—. Ella es la mujer más maravillosa que he conocido, desde que éramos niños y nuestros padres nos comprometieron… yo la he amado —sus ojos parecían no ver a ningún lugar en particular, era como si su mente se hubiese ido por unos segundos—. Nos conocimos a los doce años, desde ese momento, ha sido la única para mí.
—Ya veo… —Sakura bajó la mirada, las palabras de Sasuke le dolían, aunque él no lo supiera—. Me alegra mucho por ustedes —fingió una sonrisa—. No quisiera que su matrimonio se viera arruinado, además, Hime-chan no lo soportaría.
—Sí… nuestra hija… —susurró, mordiéndose el labio inferior. Cada vez que recordaba que esa hermosa niña no era su hija, un dolor intenso recorría su pecho. Él lo supo desde siempre, era imposible que Hime fuese su hija, pero aun así, a pesar de eso, él la quería, la amaba como si lo fuera.
—Bueno, gracias por traerme, adiós —Sakura bajó del auto y se encaminó a su edificio. Vivía en un departamento, el cual compartía con su mejor amiga, Ino. Ambas tenían profesiones muy distintas, pero eran mejores amigas desde el colegio y se entendían a la perfección.
Sasuke esbozó una sonrisa al verla irse y partió hacia su casa.
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Naruto se dejó caer sobre una silla, en un bar. Había hecho una excelente inversión, comprar las acciones de la empresa Konoha era el primer paso para el resto de su venganza.
El hombre que mató a su padre pagaría y, la mujer que jugó con sus sentimientos, ella lloraría por él, ella sería quien más sufriera, porque gracias a ella, él ya no podía sonreír.
—Mañana los veré, ambos caerán en mis manos… —sonrió victorioso, seguro de que haría sufrir y vería arrastrarse a toda esa familia, los Hyûga, todos ellos le iban a rogar su perdón entre lágrimas.
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Hinata estaba recostada en su cama, su hija se había quedado dormida y ya era bastante tarde, sólo quería dormir y dejar que las horas pasaran, que pronto fuese un nuevo día. Nada podía consolarla, a excepción de Hime, nada podía quitarle esa tristeza que la embargaba a diario.
De pronto, sintió que alguien se sentaba sobre su cama, era su esposo; Sasuke Uchiha. Lo miró en medio de la oscuridad del cuarto, iluminada sólo por una pequeña lámpara y él le sonrió.
—¿Ya tienes sueño? —preguntó él, quitándose la corbata que traía puesta y luego la camisa, su torso había quedado al descubierto, pero Hinata ni siquiera lo estaba mirando.
—Ajá, mañana tendremos que salir temprano.
—¿Por qué lo dices? ¿Pasó algo? —cuestionó, sin comprender las palabras de su esposa.
—Las acciones ya se han vendido y mañana el nuevo dueño se presentará ante todos nosotros, como presidente y vice presidenta, debemos estar primero que todos —respondió Hinata, mirándolo serenamente, pero sin levantarse de la cama. Sasuke la volteó a ver y acarició su mejilla.
—Te noto un poco triste —dijo el azabache—. ¿Qué te pasa?
—No es nada —contestó la ojiperla, fingiendo una sonrisa. Desvió la mirada y él solamente se acercó un poco más, no podía resistirse a ella, a su belleza, su esposa era hermosa. Se acercó a sus labios y la besó apasionadamente, sin avisar o pedir permiso, pues no necesitaba hacerlo. Hinata le correspondió, después de todo, él era su esposo, el hombre con el que estaría hasta el final de sus días.
El azabache dejó caer su cuerpo sobre el de Hinata, la cual aún estaba debajo de las sábanas. Sintió como él bajaba sus labios por su cuello, e inevitablemente, la noche que pasó con Naruto vino a su memoria, el recuerdo era tal, que parecía que hubiese sido hace sólo un instante y no podía describir esa sensación que le produjeron aquella vez esos labios.
Sasuke, por su parte no quería detenerse, él de verdad la amaba, siempre lo había hecho, pero ella era tan fría con él, tan distante. Quería tenerla por completo, lo necesitaba demasiado, pero cuando estaba por tocar más el cuerpo de su esposa, ella lo detuvo.
—Detente —rogó, intentando apartarlo.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó molesto—. ¿Otra vez con lo mismo? —cuestionó, separándose de ella. Quedó sentado sobre la cama, enfadado. Ella siempre lo hacía, lo detenía cuando estaba a punto de poseerla, por eso Hime jamás podría ser su hija, porque Hinata nunca le había permitido hacerla suya.
—Tú sabes que no puedo hacerlo.
—Estabas pensando en él, ¿cierto? ¡¿En el verdadero padre de Hime?! —gritó encolerizado.
—¡Sasuke! —Hinata alzó la voz por primera vez, no soportaba oír esas palabras de la boca de su esposo, no quería que nadie escuchara y se pudiera enterar de la verdad, Naruto y lo vivido con él era un secreto que ella guardaba celosamente del mundo.
—¿Sabes qué? Me largo —masculló el Uchiha, poniéndose de pie y colocándose de vuelta la camisa, también se puso su saco rápidamente, lleno de rabia.
—¿A dónde vas? —preguntó la ojiperla, ya sentada en la cama, con un tono de voz muy triste.
—No te importa —respondió el azabache, dejando el cuarto.
Hinata abrazó sus rodillas, comenzando a soltar algunas lágrimas amargas. Cada vez que trataba de estar con Sasuke, de hacer el amor con él, siempre el recuerdo de Naruto aparecía y no podía hacerlo, sentía como si fuese una traidora, como si estuviese haciendo algo malo.
—¿Por qué no puedo? —se preguntaba llorando con verdadera tristeza—. ¿Por qué no puedo estar con otro hombre que no seas tú?
La oscuridad, el silencio y la soledad de esa habitación sólo la hacían llorar más, y daba las gracias, ya que nadie podría oírla.
Continuará…
