Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Canción: Para olvidarte de mí - RBD.
...
Capítulo 4: ReencuentroOtra vez… Una vez más, ¿por qué nuevamente Hinata le hacía esto? ¿Por qué no lo dejaba hacerla su mujer? El mayor deseo de Sasuke Uchiha era estar junto a su esposa, que ella lo amara, que ella le diera un hijo de su propia sangre. Y aunque él adoraba a la pequeña Hime, eso no era lo mismo.
Ahora mismo se encontraba bebiendo un vaso de whisky, sentado a la mesa de una sala, en un bonito departamento, que, por el decorado, se notaba era femenino.
—¿Por qué me haces esto, Hinata? —preguntó al dejar el vaso sobre la mesa redonda de cristal.
—Sasuke-kun… —una mujer de cabello y ojos rojos lo abrazó por la espalda y levantó el vaso de la mesa, para beber el resto del contenido—. ¿Por qué estás triste ahora?
—No es nada, Karin —respondió Sasuke, jalándola de la muñeca y haciendo que ella quedara sentada sobre sus piernas. Se trataba de nada más y nada menos que su secretaria.
Sasuke la besó apasionadamente, como sabía que nunca podría hacerlo con Hinata. Si no podía estar con su esposa, al menos una distracción no estaba mal, aunque después de estar con ella siempre se sentía culpable.
—¿Cuándo vas a dejar a Hinata? —cuestionó Karin, mientras Sasuke le besaba el cuello. Lo escuchó gruñir molesto; él odiaba cuando tocaban ese tema, sólo quería disfrutar de un buen momento de placer, el que su esposa no le daba, pero jamás iba a dejarla, ni por Karin, ni por nadie.
—Sabes que no puedo hacerlo, tenemos una hija —respondió el Uchiha, obviamente, diciendo un motivo falso por el cual no dejaría a su esposa.
—¿Y cuánto tiempo más tengo que seguir siendo sólo tu amante? —preguntó la pelirroja, molesta, separándose de él y dándole la espalda. Sasuke se acercó a ella y la abrazó, rodeando su cintura y luego comenzó a besar su cuello, mientras sus manos acariciaban el vientre de la chica.
—No te enfades, ya te dije que en un tiempo más la dejaría —aseguró en un susurro. Luego de eso, la volteó, haciendo que quedaran frente a frente—. Sólo espera un poco más.
—De acuerdo… —contestó Karin, mirándolo con una sonrisa, para luego besarlo. Sabía que Sasuke mentía, él no pretendía dejar a su esposa, pero quería creer en sus palabras porque lo amaba, y deseaba más que nada ser su mujer, dejar de ser sólo una segunda opción.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Sakura salió del baño con su bata de dormir ya puesta, se acababa de bañar y su cabello aún estaba algo húmedo. Se sentó sobre el sillón a ver las noticias. Ino entró al departamento con una enorme sonrisa en los labios. Sakura la miró un tanto escéptica, mientras arqueaba una ceja.
—¿Qué te ha pasado, Ino? —inquirió curiosa.
—No sabes, conocí a un hombre que está para infartarse —contaba la rubia emocionada.
—¿En serio? Cuenta algo nuevo —se burló la peli rosa. Ino la miró frunciendo el ceño e inflando las mejillas, Sakura nunca tomaba en serio sus buenas noticias.
—Es en serio, Sakura —reprochó, molesta—. A que no sabes cómo nos conocimos.
La peli rosa suspiró, tratando de no darle demasiada importancia a su amiga.
—No, no soy adivina, sólo soy doctora —respondió. Ino volvió a enfadarse y, esta vez, le arrojó un de los cojines del sillón en la cara. Sakura se quejó por el golpe.
—Deja de burlarte.
—Ya, de acuerdo, lo siento, ¿cómo conociste a ese… príncipe azul? —Sakura le devolvió el cojinazo a su amiga rubia, pero lo hizo suavemente, así que a Ino no le molestó en lo más mínimo.
—Chocamos nuestros autos —respondió la hermosa modelo, volviendo a sonreír—. Era un rubio guapísimo, pero se veía algo amargado. Me pregunto si lo volveré a ver —se dijo algo risueña, mientras su amiga solamente le veía divertida.
—Seguro que sí, ya sabes que tienes un imán para los hombres —rio Sakura con sorna, pues era cierto, los hombres se le pegaban a su amiga como moscas, en cambio, con ella parecían huir como de la peste.
Ino le dio un leve golpecito en el hombro.
—Hey, eso no es cierto.
—Bueno, es sólo un decir —se excusó la peli rosa. Luego de un momento, dio un suspiro—. En cambio, yo cada día estoy peor.
—Lo dices por Sasuke, ¿verdad? —Ino la vio asentir, así que la abrazó, ya que Sasuke era un tema bastante tocado entre ellas dos, y siempre que hablaban de él, Sakura se deprimía—. ¿Hasta cuándo seguirás igual? Sakura, él es un hombre casado.
—Ya lo sé, y lo peor es que está casado con nuestra amiga Hinata. Pero ¿qué quieres que haga? Si lo amo… He intentado todo, de verdad, pero no puedo… —murmuró, comenzando a soltar algunas lágrimas. Sakura sabía que no estaba bien amarlo de esa forma, desearlo tanto, pero era imposible sacarlo de su corazón.
—No has intentado todo —dijo Ino con decisión. Sakura la miró un tanto confundida.
—¿A qué te refieres?
—Un clavo saca otro clavo, ¿verdad? —Sakura asintió levemente, entonces Ino amplió su sonrisa—. Sólo tienes que encontrar a otro hombre, Sakura. Olvida a Sasuke de una vez, él nunca será para ti, lo mejor será que busques a un hombre que sí pueda darte lo que mereces y que te haga feliz.
—¿Pero de dónde voy a sacar a un hombre así?
—Pues la verdad no lo sé, pero tú eres una chica bonita, seguro encuentras a un hombre muy pronto, y obvio será mucho mejor que Sasuke —decía una sonriente Yamanaka. Sakura la miró en silencio y al cabo de unos segundos, también sonrió.
—Gracias, Ino, no sé qué haría sin ti.
—Sí, en verdad me preocupa lo que harías sin mí.
—¡Ino! —exclamó Sakura, dándole un cojinazo otra vez a la rubia.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
La mañana llegó silenciosa y casi en penumbras. Hinata sentía su cuerpo pesado, estaba triste por lo ocurrido la noche anterior. Sabía que le hacía daño a Sasuke, porque no lo amaba y no podía entregarse a él, no mientras tuviera el recuerdo de su único y gran amor tan presente todavía.
—Ya sé que jamás te olvidaré… —susurró Hinata, mientras se sentaba en la cama y se limpiaba unas lágrimas que cayeron de sus ojos al despertar—. Pero, por favor, deja de atormentarme. Permíteme olvidarte, para así ser feliz al lado de mi marido… y de nuestra hija…
La ojiperla se levantó, se duchó y se vistió para estar lista para un día que de seguro sería muy pesado en la empresa, sólo que no sabía cuánto. Caminó por el pasillo y al pasar junto a la habitación de su hija, decidió entrar. Aún era muy temprano y de seguro seguía dormida, ya que dentro de dos horas más o menos debía irse al jardín.
La habitación era bastante espaciosa y estaba pintada de un color rosa muy claro. Había muñecas de todos tamaños en una parte del cuarto y algunos libros de cuentos sobre un estante. También había un pequeño tocador y un armario con dibujos de animé. A pesar de su corta edad, Hime era una fanática de esos dibujos. Hinata sonrió al verla aún dormida entre sus sábanas moradas. Parecía un angelito cuando dormía, aunque era una niña muy traviesa mientras estaba despierta. Casi siempre terminaba siendo regañada por su abuelo por lo mal que se portaba, cosa que a Hinata le desagradaba de sobremanera, pero amaba a su hija, aún con su hiperactividad incluida.
Desde que nació, había hecho todo lo posible por mantenerla alejada de su padre, no por egoísmo, pues sabía que él, siendo su abuelo, tenía todo el derecho de estar junto a Hime, pero no quería que también gobernara su vida como lo hizo siempre con ella. Su hija debía ser como quería ser y no como Hiashi Hyûga lo quería. Hinata jamás permitiría que Hiashi reprimiera a su pequeña.
—Hime-chan… —se acercó hasta la cama, arrodillándose junto a ella—. Mami ya se tiene que ir al trabajo, pero espero que te portes bien —le dio un suave beso en la frente a su hija y salió del cuarto, mientras la niña dormía plácidamente.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
—Hoy es el día —decía Naruto, mientras se alistaba frente a un espejo de cuerpo entero. Tenía una sonrisa de satisfacción en los labios y parecía muy confiado, su mirada solamente mostraba decisión.
Salió de ese cuarto y tomó un pequeño maletín negro que estaba sobre la sala del departamento en donde ahora vivía.
—Jamás pensé que sería tan fácil comprar esas acciones —dijo para sí mismo—. Ellos no sabrán qué fue lo que pasó cuando lo pierdan todo. Hiashi Hyûga pagará por la muerte de mi padre, ese infeliz no se saldrá con la suya. Y Hinata Hyûga… ahora me burlaré yo de ti.
Después de su pequeño monólogo, en donde sólo dejó salir su rabia, frustración y odio hacia esas dos personas, salió del departamento en busca de su venganza.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Una chica vestida de secretaria salió llorando desde la oficina de Gaara. Shikamaru vio esta escena y suspiró.
—Qué problemático —bufó con fastidio, estaba cansando de ver la misma escena una y otra vez—. Esta es la tercera de este mes.
Tomó un montón de papeles de su escritorio y entró a la oficina del pelirrojo, el cual tenía la camisa mojada con algo.
—¿Te lanzó al café? —preguntó el Nara, arqueando una ceja mientras veía a Gaara.
—Sí, y estaba caliente —respondió el joven director de la empresa Konoha, ligeramente molesto—. Rayos, ya perdí otra secretaria, ¿y ahora qué hago?
—Por el momento, firmar papeles, señor Sabaku No —respondió Shikamaru. dejando la montaña de hojas sobre el escritorio. Gaara las miró fastidiado.
—No, necesito una secretaria urgente —se quejó, mientras se levantaba de golpe. No era realmente una persona desorganizada u holgazana, él era sumamente profesional con su trabajo, pero no le gustaba no tener horas libres para satisfacer sus gustos personales.
—Olvídalo, Gaara, ya estoy harto de recibir cartas de muerte y quejas de parte de tus secretarias sólo porque yo las contrato, ¿al menos una podría durarte más de un mes? O trata de que no se desquiten con el pobre Shikamaru Nara —habló el pelinegro, bajando la mirada, como si estuviera deprimido.
Gaara se le acercó y posó una mano sobre el hombro del Nara.
—Por favor, Shikamaru, te lo pido como un favor de amigos, consígueme una nueva secretaria. Te prometo que esta durará más de una semana —aseguró Gaara viéndolo a los ojos, tratando de sonar serio, aunque parecía que en realidad no se tomaba esto en serio.
—Pf, cuando te conviene somos amigos, ¿no?
—Por favor… —insistió el pelirrojo, casi como si suplicara.
Shikamaru lo miró fijamente y suspiró hondo.
—De acuerdo, pero te juro que, si esta vuelve a salir llorando de tu oficina, jamás vuelvo a buscarte una nueva secretaria y, además, me deberás el almuerzo por un mes.
—Estamos de acuerdo —respondió Gaara, soltándolo y yéndose a su asiento. Shikamaru se acercó a la puerta, maldiciendo mentalmente a su "amigo". Era imposible que una secretaria le durara más de una semana, las conquistaba a todas y después les rompía el corazón y, lo peor, era que él pagaba los platos rotos. Siempre era igual—. Oye, Shikamaru —habló Gaara, antes de que el Nara se fuera.
—¿Qué?
—Consígueme otra camisa.
—Seguro —respondió Shikamaru, entornando los ojos.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Sasuke ya estaba en la oficina ocupando su puesto. Había pasado toda la noche en casa de Karin, quién era, ¿por qué no decirlo? Su amante.
Él era un hombre y a pesar de no haber estado nunca con Hinata, al menos podía estar con otras mujeres. Porque, aun sabiendo que ella no lo quería, se negaba a darle el divorcio por la simple excusa de amarla más que a nada. Pero, en realidad estaba obsesionado y frustrado por no poder tenerla.
—Señor Uchiha, acaban de avisar que el nuevo accionista está en camino y su esposa ya ha llegado, se encuentra en la sala de juntas —habló Karin por el intercomunicador. Cuando estaban en la empresa, hacían como si nada pasara entre ellos y Sasuke agradecía la prudencia de la chica, pero no sabía hasta qué punto ella soportaría ser simplemente "la otra".
—Voy enseguida —respondió, mientras se acomodaba en el asiento, tratando de pensar—. ¿Qué hago para que me ames, Hinata? —se preguntó.
Necesitaba desesperadamente esa respuesta.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Hinata suspiró dentro de la sala de juntas. Había peleado con su marido anoche, el tráfico estaba horrible y, encima de eso, hoy conocerían al nuevo accionista de la empresa. ¿Es que podían ir peor las cosas? Además, por si fuera poco, mientras hablaba por teléfono con Kiba durante la mañana, él la regañó por ser tan terca y no pedirle el divorcio a Sasuke.
—¿Qué se supone que debo hacer? —se preguntó confundida.
—¿De qué? —escuchó una voz femenina. Levantó la vista y observó a una joven de cabellos castaños, tomados en dos chonguitos, que tenía dos hermosos ojos color marrón. Traía una ropa formal, aunque bastante llamativa.
—Tenten, hola, ¿qué tal?
—Bien —respondió Tenten—. Vaya, te veo un poco acomplejada, ¿estás bien, Hinata? —preguntó, un tanto preocupada. Sabía que Hinata siempre ocultaba su verdadero yo detrás de esas falsas sonrisas, pero jamás supo por qué la ojiperla siempre se veía triste, a pesar de que eran amigas, Hinata era muy reservada.
—No es nada, sólo que anoche tuve una discusión con Sasuke —respondió Hinata, dando sólo una de las muchas razones por las que se encontraba deprimida.
—Qué mal, y justo hoy que es su fiesta de aniversario —dijo la castaña mientras tomaba asiento.
Tenten era una de las ejecutivas más importantes de la empresa y era una mujer de armas tomar, no dejaba que nadie la pasara a llevar. Ella y Hinata eran muy cercanas y ambas se contaban cosas, pero Hinata jamás hablaba de su pasado con ella. El único que lo conocía era Kiba.
—Bueno, no creo que pase nada tampoco. Es decir, todas las parejas discuten —comentó Hinata, poniendo una sonrisa nerviosa—. ¿Cómo te fue en tus vacaciones? No esperaba verte tan pronto de regreso.
—Bien, aunque me aburrí, había puros tipos odiosos y machistas —contestó Tenten, frunciendo ligeramente el ceño—. Como el idiota de tu primo —pensó.
En ese mismo instante, entraron a la sala Neji, Sasuke y Shikamaru. Temari pasó justo detrás de ellos y la puerta se cerró.
—Vaya, no sabía que habías vuelto, Tenten —habló Neji, con cierto tono de burla impregnado en su voz. Tenten sólo lo miró despectivamente y trató por todos los medios de ignorarlo. En verdad no soportaba a ese prepotente y egocéntrico tipo, era justo el tipo de persona en quien jamás pondría sus ojos, claro, a menos que fuera una masoquista y arrastrada que sólo se fijaba en la parte exterior, porque debía admitir que Neji era muy guapo y la primera vez que lo vio, le causó muchas cosas, pero cuando lo conoció, se convenció de que era un verdadero patán.
—Eh, Neji nii-san, no vayas a comenzar por favor —habló Hinata, rodando los ojos. Su primo y Tenten, cuando se peleaban, parecían dos niños pequeños y, aunque a veces le causaban gracia, este no era el preciso momento para esas cosas, ya que estaban en algo serio.
Sasuke se sentó al lado de su esposa. Aún estaba molesto por lo de la noche anterior, así que no dijo nada.
—¿Dónde pasaste la noche? —preguntó Hinata, susurrando, para que los demás no se enteraran de su situación íntima.
—Creo que realmente no estás interesada en saberlo —respondió Sasuke, tan frío y cortante que a Hinata llegó a dolerle. No le gustaba cuando Sasuke le hablaba así, pero sabía que lo tenía bien merecido por rechazarlo tantas veces.
—No me digas eso, no fue mi intención lo que pasó anoche.
—Querrás decir lo que no pasó —replicó Sasuke mientras le daba la espalda. Hinata bajó la cabeza y ya no dijo nada más, pero Sasuke enseguida se sintió culpable por tratarla así, sin embargo, se quedó callado.
Los demás no se percataron de su pequeña discusión, todos estaban absortos en sus pensamientos. Vaya que era un problema lo del nuevo accionista, sin embargo, ya Sasuke tenía un plan.
—Bueno, ¿y a qué hora piensa llegar este tipo? —preguntó Gaara, un tanto fastidiado—. Aunque nos sea imprescindible, no creo que deba darse el lujo de llegar a la hora que se le pegue la gana.
—Tienes razón, más parece que se estuviera burlando de nosotros —acotó Neji.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Mientras tanto, Naruto se encontraba en el parque saboreando un helado. Sai estaba a su lado y lo miraba un tanto consternado.
—¿No crees que te lo estás tomando muy a la ligera? —preguntó el pelinegro—. Hacerlos esperar de esta manera, sólo por el gusto de burlarte de ellos.
—Ellos dependen de mí ahora. Si quieren salvarse, me esperarán, no importa cuánto me tarde —respondió Naruto muy calmado, mientras seguía degustando su delicioso helado.
—Aun así, no me parece correcto, ellos son ejecutivos muy importantes —recalcó Sai, pero enseguida Naruto lo miró enfadado.
—¿Estás defendiéndolos? —preguntó con una expresión que asustaba bastante, aunque Sai no se inmutó—. ¿Tú crees que tipos como ellos, que sólo piensan en lo que más les conviene, merecen mi respeto? Ellos, a quienes no les importó arrebatarme a mi padre… y además lo culparon del desfalco de la empresa.
—Claro que no. Sólo opino que deberías mostrar un poco más de seriedad si quieres que ellos te respeten a ti —contestó Sai. Naruto sólo le dio la espalda y caminó hacia adelante, estaba cabreado y bastante.
—No me importa nada de eso, yo haré lo que quiera —y dicho esto, se alejó dando pasos cortos.
Sai sólo suspiró mientras se sentaba nuevamente, Naruto no tenía remedio alguno.
—Ay, Naruto eres un terco.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
El parque estaba lleno de gente y había varios vendedores ambulantes en la calle. Entre éstos, había vendedores de helados y algodón de dulce.
—¿Qué es eso, Nana? —preguntaba la pequeña Hime de la mano de su "Nana", mientras señalaba al señor que hacía el algodón de dulce.
—Eso es algodón de dulce —respondió la anciana mientras, pagaba por unas cuantas cosas a un hombre, soltando la mano de la niña por un momento para poder sacar el dinero.
—¿Y se come?
—Así es, Hime-sama —dijo Nana -como la llamaban de cariño-. En un momento, Hime se distrajo con algo y se alejó de su mano, cuando Nana se dio la vuelta para volver a tomarla, se dio cuenta de que no estaba por ninguna parte—. ¿Hime-sama? ¿Hime-sama? —empezó a llamarla, desesperada—. Oh, no, Hinata-sama y Sasuke-sama van a matarme, tengo que encontrarla.
Hime había seguido a un hombre que traía un montón de globos de colores. Él se había detenido en una esquina del parque y entregaba un globo a un niño, al cual su madre le se lo había pagado.
—Hime-chan quiere un globo —dijo la pequeña, hablándose a ella misma.
Se acercó al hombre, el cual la miró con una sonrisa.
—¿Qué se te ofrece, pequeña? —preguntó sonriente.
—Hime-chan quiere un globo —respondió—. Lo quiere.
—¿Y tienes dinero para pagar?
—¿Dinero? ¿Qué es dinero? —preguntó confundida. Ella no sabía el significado de muchas palabras, pero sí estaba segura de algo, quería un globo más que nada en el mundo.
—Escucha, niña, será mejor que vayas a buscar a tus padres, ¿dónde están? —interrogó el vendedor, mirando a todos lados—. Si no tienes dinero, no puedo venderte nada.
Los ojos azules de la pequeña Hime se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar, casi haciendo una pataleta.
—¡Hime-chan quiere un globo! ¡Quiero uno! —gritaba mientras lloraba, haciendo mucho ruido. El hombre no sabía qué hacer, seguro cuando llegaran sus padres pensarían que él le hizo algo.
—Dios… por favor, cálmate, niña —pedía preocupado. De pronto, vio un billete asomarse justo frente a sus narices.
—Por favor, dele un globo —escuchó una voz. El vendedor alzó la vista y miró a esa persona, era un hombre rubio y alto, que usaba anteojos oscuros.
—S-sí, señor —respondió, ligeramente intimidado ante aquella presencia—. Aquí tienes, pequeñita —dijo entregándole un globo rosado a la niña, la cual dejó de llorar al instante.
—¡Ah, Hime-chan está muy contenta! —gritó con su aguda vocecita, muy emocionada, era una niña bastante adorable, aunque mimada—. ¡Muchas gracias, señor sol!
—¿Señor sol? —se preguntó Naruto, mientras la veía sonreírle, provocándole una sensación muy extraña y familiar a la vez—. Esa sonrisa… se parece mucho a la que yo solía tener —pensó algo desconcertado.
Se acercó a la pequeña y la miró con curiosidad, mientras el vendedor de globos se alejaba para seguir trabajando.
—¿Te llamas Hime?
—¡Si! —respondió la sonriente y entusiasta niña.
—¿Y dónde están tus papás? —el rubio se agachó para quedar a la altura de Hime, no podía dejar de ver sus ojos azules.
—Papi y mami están trabajando, Hime-chan está con Nana —respondió, mientras se apuntaba a sí misma con sus deditos. A Naruto le pareció tan tierna, tan pequeña, pero a la vez inteligente. Se parecía mucho a él cuando era un niño feliz, cuando solía jugar con su padre.
—¿Y dónde está tu Nana, Hime-chan? —preguntó el rubio sonriendo. De pronto se sorprendió, había sonreído, hace años que no sonreía de esa forma, de una manera sincera y sin estar pensando en planes ni venganzas.
—Mmm, no sé, Nana está muy viejita, seguro se perdió —razonó la niña, poniendo una carita inocente.
—¿Que ella se perdió? —repitió el desconcertado rubio.
—¡Hime-sama! —oyeron un grito que venía de lejos. Naruto levantó la vista y vio a una anciana desesperada, que miraba para todos lados, hasta que los divisó a ellos dos, acercándose—. Por Dios, no me asuste así, Hime-sama.
—Hola, Nana —dijo Hime—. Hime-chan estaba conversando con su amigo. el señor sol.
—¿El señor sol? —preguntó Nana, extrañada. Miró al rubio y pensó que de seguro lo llamaba así por el color de su cabello.
—Soy Naruto Uzumaki, encontré a Hime-chan llorando y le regalé ese globo —se presentó él ante la cuidadora de la niña, señalando el globo que ésta sostenía en su mano.
—Ah, ya veo, ¿cuánto es? —la anciana se llevó las manos al bolsillo, buscando la billetera, pero Naruto la detuvo.
—No, no es necesario, es sólo un globo —dijo negando con la cabeza. Miró a Hime y le sonrió tiernamente, era hora de partir—. Nos vemos, Hime-chan.
—¡Adiós, señor sol! —exclamó la sonriente y animada niña, mientras Naruto se alejaba de ellas.
—Que extraño hombre —pensó Nana—. Se parecía mucho a Hime-sama.
Naruto se alejó y regreso donde estaba Sai. El pelinegro notó una sonrisa en los labios del rubio, lo que le pareció muy extraño.
—¿Te sucedió algo? —preguntó Sai, desconcertado, era raro que Naruto se hubiese ido tan molesto y regresara de tan buen humor.
—Nada, vámonos a la empresa. Es hora del show —respondió Naruto, volviendo a su habitual seriedad, había llegado el momento de enfrentar a todos esos que pronto iban a pagar por lo que habían hecho.
Sai sólo lo miró, sin entender, pero asintió.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
En la empresa Konoha ya se habían cansado de esperar al famoso accionista, todos se sentían bastante ofendidos y enojados por el evidente retraso de ese hombre.
—Esto es increíble —dijo Hinata—. Quién sea ese sujeto, es un irresponsable.
—Y que lo digas —agregó Sasuke, también molesto.
En ese momento sonó la puerta, la secretaria de presidencia entró.
—Ya ha llegado el señor —dijo Karin. Se veía un poco nerviosa y levemente sonrojada, pero Sasuke fue el único que lo notó, haciendo una mueca de desagrado.
—Dile que pase —ordenó el Uchiha. Karin asintió con la cabeza y salió, a los segundos después, entró un hombre pelinegro, seguido de un rubio que usaba gafas oscuras.
En ese preciso instante, Hinata sintió como su corazón se paralizaba.
En cualquier momento,
A la orilla de algún beso,
Vas a tropezar conmigo sin quererlo...
—N-no puede ser… esto debe de ser un sueño… una pesadilla. No puede ser Naruto-kun —pensaba la ojiperla, consternada, sus latidos se habían disparado frenéticamente, estaba temblando y las manos le sudaban, él estaba ahí, nuevamente frente a ella.
—¿Y qué estarás sintiendo ahora, Hinata? ¿Estás asustada? —pensó Naruto, con su sonrisa casi perversa surcando su rostro. Sin embargo, al voltear a verla, todo pareció detenerse. Los ojos de Hinata no demostraban ni miedo, ni resentimiento, ni nada que se le pareciera. Esos ojos aperlados, los que tanto amó en ella y tanto odió en su padre, ellos lo miraban felices, esperanzados, ilusionados.
Para descubrir de nuevo,
Que no hay nadie
Que te llene los recuerdos...
—¿Naruto? —habló Sasuke. Hinata volteó a ver a su esposo con los ojos abiertos y el azabache se puso de pie, acercándose al rubio—. Pero si eres tú, Naruto. ¿Quién iba a pensar que precisamente tú eras el nuevo accionista?
—¿Sasuke? —cuestionó Naruto, sorprendido. De verdad, la persona a la que menos esperaba ver era a su viejo amigo de la infancia: Sasuke Uchiha.
Hinata no podía moverse, estaba paralizada en su asiento y Naruto, a pesar de lo mucho que se había preparado para este momento, parecía que todo se había ido al carajo al tenerla frente a frente, por más que se repitiera que la odiaba, unas ganas locas de besarla lo estaban invadiendo por dentro.
Tarde que temprano,
Sin saber cómo ni cuando
Una lágrima te hará extrañar, despacio...
Sasuke parecía feliz, mientras todos los demás estaban desconcertados.
—Chicos, él es mi amigo de la infancia, de cuando vivía en Okinawa —dijo Sasuke, parecía que él y Naruto eran bastante cercanos, porque ambos parecían ciertamente emocionados de encontrarse nuevamente.
—Soy Naruto Uzumaki —se presentó el rubio, quitándose sus lentes oscuros, dejando que sus hermosos ojos azules relucieran antes los demás. Enseguida miró a Hinata, la cual parecía más pálida de lo normal.
Sasuke se acercó a Hinata y tomó su mano.
—Naruto, te presento a mi esposa, Hinata —dijo el azabache, entonces, los ojos de Naruto se abrieron de par en par.
Naruto pov.
No puede ser, ¿Hinata es la esposa de Sasuke? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?
¿Y por qué me duele? Prometí que pasara lo que pasara, no me afectaría. Sé que ella sólo jugó conmigo, lo hizo… y aun así la sigo amando. Se ve tan hermosa… sus ojos brillan tanto como la primera vez.
Pero no puedo mostrarme débil ante ella ni ante nadie. No me esperaba esto, pero no me detendrá. Ni aunque mi mejor amigo sea su esposo, no pararé hasta ver a los Hyûga ahogarse en su propia miseria. Juro que no pararé.
Naruto pov end.
La ternura de un abrazo,
El suspiro de mi nombre entre tus labios...
Hinata pov.
Él está aquí, frente a mí, ¿qué deberías decirle? ¿Acaso está bien que sienta esto? Yo aún lo amo… lo amo con todo mi corazón. Si le cuento que tenemos una hija, ¿qué me dirá?
No, este no es el momento… o eso da igual, si no es ahora ¿cuándo será el momento? Tengo que decirle algo, tengo que hablar. Aunque no pueda ni mover un músculo, y mi corazón esté latiendo tan fuerte que hasta puedo oírlo. Debo decirle.
Hinata pov end.
—N-Naru… —Hinata trató de hablar, pero antes de poder terminar ese nombre, antes de decirle todo al rubio que tanto amaba y que jamás pudo olvidar, él habló.
—Mucho gusto, Hinata-san, soy Naruto Uzumaki —dijo él, extendiéndole su mano. Hizo como si no la conociera, como si no la hubiera visto jamás en su vida. Incluso dijo que le daba gusto conocerla.
Y Hinata sintió una puñalada en el pecho, que la desgarró por completo.
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí,
Tendrías que renunciar, a tanto amor que te di...
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí,
Necesitas volver a nacer
—Me ha ignorado… no le creo que no me recuerde. Definitivamente me odia por haberlo abandonado de esa forma. Pero ¿qué hago? Y ahora que sabe que me he casado… seguro piensa que soy lo peor… —pensó la pobre Hinata, casi a punto de llorar. Pero se contuvo, ya habría tiempo para ello, ahora debía ser fuerte—. Mucho gusto, Uzumaki-san.
Así ambos chicos estrecharon sus manos, dando comienzo a una dramática historia. Ambos, unidos por el amor y el odio, las mentiras y el desengaño.
Naruto y Hinata, ¿qué triunfaría, el amor o la venganza?
Uno de estos días, al umbral de una caricia,
Volverá de nuevo la melancolía...
.
Para darte la noticia de que no me has olvidado.
Todavía...
.
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí,
Tendrías que renunciar, a tanto amor que te di.
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí...
Necesitas volver a nacer...
.
Sigo dentro de tu corazón,
En las frases de cualquier canción,
Sigo recorriendo todo tu interior...
.
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí,
Tendrías que renunciar, a tanto amor que te di...
Para olvidarte de mí, para olvidarte de mí...
Necesitas volver...
A nacer...
—Me vengaré, Hinata… —pensó Naruto mientras sonreía victorioso.
Continuará…
