Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción: What hurts the most - Rascal Flatts.

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Capítulo 5: Aniversario de matrimonio

—Mucho gusto, Hinata-san, soy Naruto Uzumaki —dijo él, extendiéndole su mano.

—Mucho gusto, Uzumaki-san —respondió Hinata, tratando de ocultar en la sonrisa de su rostro, todo aquel intenso dolor que quemaba sus entrañas, casi como si se encontrara justo sobre la hoguera.

El hombre que tanto amaba, que por tanto tiempo permaneció dentro de su corazón incluso después de haber tenido que dejarlo, el padre de su adorada hija, él en este momento debía estar odiándola. Él era quien menos esperaba ver en aquel momento. El nuevo accionista era Uzumaki Naruto y ya no sabía si eso era bueno o malo, sólo sabía que se sentía tan vulnerable como una frágil escultura de hielo, que al calentarse se derretía. Y así sentía que tarde o temprano caería rendida en sus brazos.

En ese momento, como un salvavidas, los demás accionistas de la empresa se levantaron para saludar a Naruto. El rubio los saludaba a todos con normalidad, presentándose educadamente, y Hinata no podía dejar de verlo.

Sasuke se dio cuenta de que algo pasaba con su esposa, por lo que decidió preguntar, aunque, para ello se alejaron un poco del resto para que no oyesen.

—¿Qué te pasa, Hinata? —le preguntó Sasuke en un susurro.

—No es nada… —respondió ella, mintiendo de la mejor forma en que sabía hacerlo—. Es sólo que me he sorprendido, no me esperaba que el nuevo accionista fuese tu amigo, Sasuke.

—Si, bueno, supongo que con él no será necesario el plan —dijo Sasuke, observando como Naruto le daba la mano a Gaara y luego a Shikamaru.

Todo está yendo según el plan —pensó el rubio poniendo su sonrisa socarrona. Cuando vio a Neji, de inmediato notó el parecido que tenía con Hinata y con ese despreciable de Hiashi Hyûga. Seguramente debían ser parientes o algo así.

—Neji Hyuuga —se presentó el castaño. Naruto estrechó su mano, poniendo una expresión más seria en su rostro.

Así que sí eres un Hyûga, uno de esos malditos bastardos —pensó el rubio con odio, aunque puso una sonrisa falsa nuevamente—. Mucho gusto… —dijo, apretando un poco demás la mano del castaño, el cual frunció el ceño, sin embargo, fueron distraídos por Sasuke.

—Naruto, siéntate y discutamos sobre lo que haremos de ahora en adelante, ¿cuáles serán tus condiciones para aportar tu capital a la empresa? —preguntó el azabache. Naruto simplemente lo miró y le sonrió.

—No tengo condiciones, todo seguirá igual que como hasta ahora, sólo que quiero formar parte de la junta directiva y, por supuesto, estar al tanto de todo —respondió. Todos lo miraron, algunos con desaprobación como Gaara y Neji, algunos no estaban interesados, como Shikamaru y Tenten, mientras que Hinata no se atrevía a verlo, sentía que podría desfallecer ahí mismo.

¿Acaso de ahora en adelante… tendré que verle todos los días? —se preguntó la ojiperla, consternada. Ahora sí estaba temiendo lo peor, porque podía notar en los ojos de Naruto esa ira que lo embargaba sólo con observarla. Él la estaba odiando y eso le dolía demasiado.

Necesitaba darle una explicación, decirle lo que pasó, pero definitivamente, este no era el mejor momento para eso.

Después de que acabó la reunión, todos salieron de la sala y la última en retirarse fue Hinata. Aún no podía creer lo que acababa de pasar ahí dentro; que el amor de su vida había regresado y la había tratado tan fríamente.

—Parece que todo ha resultado bien —le susurró Sai a Naruto—. ¿Crees que puedas averiguar más cosas desde aquí dentro?

—Ahora que soy accionista y tengo acceso a todas las cuentas de la empresa, podré demostrar al fin que mi padre no fue el culpable de ese desfalco, sino Hiashi, y podré probar que él asesinó a mi padre —le respondió Naruto, teniendo cuidado de que nadie les estuviera oyendo.

Sai asintió.

—Entonces me quedaré aquí también, dicen que dos cabezas piensan mejor que una —dijo el pelinegro—. Aunque tendré que fingir que trabajo aquí —dibujó una ligera sonrisa burlona—. ¿Por qué no me contrata, señor accionista?

—Qué gracioso estás hoy, ¿no? —contestó Naruto, riendo con sarcasmo—. ¿Por qué no pruebas de fotógrafo? Seguro te gustará tomarles fotos a las lindas modelos que hay aquí.

—¿Seguro que no viniste por la misma razón? —preguntó Sai, arqueando una ceja, mientras Naruto sólo cerraba los ojos y se le marcaba una venita en la frente, su amigo no aguantaba ni un chiste—. De acuerdo, retiro lo dicho, nada más no vayas a matarme.

—Está bien —respondió el rubio, cruzándose de brazos.

En ese momento, se les acercó Sasuke, quien acababa de salir de la oficina de juntas, se había quedado dentro un poco más de tiempo que los demás.

—Naruto, todavía no puedo creer que eres tú, estás muy cambiado, pero te reconocí por ese alborotado pelo tuyo y esos ojos —dijo Sasuke, esbozando una leve sonrisa.

—Tú en cambio sigues igual, Sasuke —le dijo Naruto, también sonriendo, mientras le daba un abrazo a su amigo. Si bien, Naruto ahora podía ser un amargado, si había momentos en los que mostraba su antigua sonrisa, aunque éstos eran bastante fugaces.

Sasuke vio salir a Hinata con algunas carpetas entre sus manos y fue por ella para ponerla frente a Naruto.

—Ya te presenté a mi esposa, ¿Verdad que es linda? —preguntó el azabache tratando de hacer conversación. Hinata bajó su mirada sin decir nada, esperando la respuesta de Naruto, quien no quitaba sus ojos de encima de ella.

—Es hermosa, Sasuke —sonrió Naruto, mirando a su amigo. Hinata notó el tono que él había usado, un tono dulce, era el mismo en el que le hablaba antes de que todo acabara—. Te envidio, en otras circunstancias… yo podría haberme casado con ella.

Esa fue la gota que derramó el vaso, las indirectas de Naruto la estaban matando por dentro, sus miradas frías, la forma en la que hablaba de ella como si no la conociera. Sentía deseos de llorar, de gritarle a la cara a Naruto que dejara de ignorarla, pero era demasiado cobarde para hacer eso, jamás se atrevería.

—Bueno, por el momento tengo cosas que hacer —dijo Naruto, de repente—. Pero volveré mañana.

—Espera, Naruto —le llamó Sasuke—. ¿No tienes nada que hacer hoy como a las nueve? —preguntó. Hinata notó enseguida a que se debía esa pregunta y rogó internamente porque no tuviera razón, o porque Naruto se negara.

—No, ¿por qué?

Maldita sea, pensaba la ojiperla.

—¿Te gustaría asistir a la fiesta de mi aniversario? Hoy Hinata y yo cumplimos seis años de casados —anunció con orgullo Sasuke, mientras abrazaba a Hinata por la cintura, quien no decía o hacía nada.

Naruto volvió a mirarla, decepcionándose más de ella a cada segundo que pasaba. Primero le había seguido la corriente al fingir no conocerlo. Pensó que, si tal vez ella no fingía, quizás habría una posibilidad de llegar a perdonarla, pero ella simplemente le siguió el juego. Después, estaba lo de ser la esposa de Sasuke y, aunque fuese así, hasta eso podría perdonarle, pero que ahora, justo hoy, tuviera el aniversario de los seis años de su boda, justo en ese día.

Sólo cinco días después que me abandonaste —pensó con tristeza y rabia mezcladas—. ¿Tan poco te importó lo nuestro que te casaste así nada más con el primero que se te puso enfrente? Seguro yo era un muerto de hambre para ti, ¿verdad? En cambio, Sasuke…

Aquel profundo dolor de volver a verla se había clavado más adentro en su corazón al saber que tan fácilmente ella lo había sacado de su vida. Al saber que, en realidad, no significó nada, que fue una simple aventurilla; un amor de verano.

—Seguro, Sasuke —Naruto volvió a fingir su sonrisa, mientras Hinata sentía que su corazón se rompía—. Sería un honor —añadió, mirando a su amigo y compañero, Sai—. Vámonos, Sai.

—Sí —el pelinegro hizo una leve reverencia ante los esposos Uchiha para despedirse y salió tras Naruto.

Hinata lo vio alejarse, e hizo que Sasuke le soltara, pues aún la mantenía agarrada por la cintura.

—¿Cómo te atreves a abrazarme así después de pasar la noche quien sabe dónde? —le cuestionó Hinata, molesta— ¿Y por qué invitas a gente desconocida a nuestro aniversario?

Sasuke frunció el ceño.

—En primera: donde estuve, realmente creo que no quieres saber, y segundo, Naruto no es un extraño, es mi amigo, ¿me oyes? —después de decir eso, Sasuke le dio la espalda y se marchó, perdiéndose de la vista de Hinata.

Ella corrió hasta la sala de juntas y cerró la puerta con seguro. Se sentó a la mesa y comenzó a llorar a rienda suelta. Sentía como si algo dentro de ella hubiese hecho explosión y hubiese arrasado con todo, la hubiese dejado vacía. Necesitaba sacar todo, necesitaba llorar más para soportar el dolor que le producían el odio y el rechazo de Naruto.

—Si él me odia… preferiría no haber vuelto a verlo… —susurró, mientras las lágrimas no paraban de salir y su voz estaba completamente quebrada. Se llevó una mano al pecho y la posó justo sobre su corazón—. Duele… realmente duele mucho…

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto, apenas salió del edificio, se subió a su auto y cerró la puerta. Sai se quedó afuera y lo observó por la ventana.

—Voy a darme una vuelta, Naruto, el aire de ese lugar estaba muy tenso.

—Lo sé —dijo el rubio seriamente. Sai lo observó durante unos segundos, en los que Naruto miraba al frente sin hacer nada más, parecía una especie de zombi.

—¿Tanto te ha afectado volver a verla? —habló de pronto el pelinegro, haciendo que Naruto lo mirase sorprendido. El rubio bajó su vista luego, sin responder a esa pregunta— Como sea —dijo Sai—. Nos vemos luego.

—Sai… —lo llamó Naruto antes de que él se fuera. Sai se dio la vuelta para verlo—. Gracias por venir conmigo, creo que yo solo… no hubiese podido hacerlo.

—No te preocupes —le dijo Sai, sonriendo de esa forma tan extraña y peculiar que tenía. Después de eso, le dio la espalda y se marchó caminando.

Naruto seguía dentro de su auto, encendió el motor y partió. Estaba demasiado furioso con él mismo. Debía odiarla, de verdad quería hacerlo, pero al verla tan hermosa… simplemente sintió que el tiempo no había pasado, era como si todo el tiempo en que no la vio, sólo hubiese servido para amarla más.

Aunque ese sentimiento fuese un desafortunado error del destino.

—Jamás te perdonaré —susurró, mientras apretaba el manubrio de su auto con ambas manos. Era sofocante el dolor de verla casada con otro hombre, de saber que ella pertenecía en cuerpo y alma a uno de sus mejores amigos de la infancia, todo aquello… De pronto sólo quiso escapar de todo, alejarse, pero no podía hacerlo, le debía a su padre el aclarar su muerte, como fuera y contra quien sea, aún si se trataba de la mujer que amaba y que lo había traicionado.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Lo que digas, Kiba, nos vemos esta noche para asistir al aniversario de Hinata —decía Ino, mientras hablaba por su celular con su novio Kiba. Desde hace un año que mantenía una relación con el castaño, se llevaban muy bien y casi nunca peleaban, pero a veces sentía que algo le faltaba a su relación.

Siempre que estaban juntos, podía notar aquella falta de pasión con Kiba, realmente lo quería mucho, pero su relación era demasiado monótona.

Ino suspiró después de terminar su llamada.

—Vaya… me pregunto qué me pasa estos días, ni siquiera me emociona estar con mi novio —se dijo, bajando la cabeza.

La rubia estaba caminando por el parque. Hoy no tenía que ir a la empresa, así que sólo estaba dando un paseo. Como era bastante famosa, al pasar por la calle, varios hombres se le quedaban mirando y hasta le insinuaban cosas, pero ella simplemente pasaba de ellos. Ino había salido en muchos comerciales en televisión, volviéndose muy popular entre los hombres, ya que casi siempre se trataban de propagandas de ropa interior, bikinis, etcétera; por consiguiente, salía usando muy poca ropa. Eso le molestaba a Kiba, quien varias veces le había pedido que dejara su trabajo, pero ella era orgullosa y jamás le haría caso.

Iba muy distraía en sus pensamientos, que apenas notó cuando el tacón de su zapato se rompía. Casi cae al suelo, de no haber sido porque alguien la sostuvo. Ino no observó inmediatamente a su salvador, sino que primero miró su zapato.

—Y decían que eran de buena calidad, pero qué porquería, me quejaré de esto —decía molesta.

—¿Se encuentra bien, señorita? —le preguntó el hombre que la había sostenido.

—Ah, si —dijo Ino, notando al hombre—. Muchas gracias, señor… —al verlo, se quedó callada unos momentos. Era -según ella- el hombre más apuesto que había conocido. Se quedó estática mientras lo miraba, aquel cabello y ojos tan negros como la noche, y esa mirada indescifrable. Él arqueó una ceja e Ino notó que aún no la había reconocido.

—Disculpe… ¿Está bien? —volvió a repetir Sai, un poco confundido. Ino se sonrojó un poco al notar que estaba haciendo el ridículo y trató de recuperar la compostura.

—Estoy bien, gracias por ayudarme, señor —dijo sonriendo—. Dios, este es mejor que el rubio del otro día, y no tiene cara de amargado. Me pregunto qué cara pondrás cuando veas quien soy yo —pensó, esbozando una ligera sonrisa.

—De nada, bueno, me tengo que ir —dijo Sai, comenzando a caminar, pasándola de largo. Ino rápidamente lo detuvo agarrándolo del brazo.

—¿Al menos podría saber su nombre?

—¿Mi nombre? —él arqueó una ceja—. No veo la razón de eso, pero se lo diré. Me llamo Sai y si me disculpa, señorita, tengo cosas que hacer —después de sus palabras, Sai simplemente se fue, dejando a Ino un poco ofendida.

—Ni siquiera preguntó mi nombre y tampoco me reconoció, pero ¿qué le pasa? —se preguntó. Luego se miró a sí misma y suspiró— Seguro es culpa de mis zapatos de mala calidad. Rayos, ojalá vuelva a verlo…

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Vaya, al fin he acabado mi turno —dijo Sakura, suspirando exhausta. Había tomado el primer turno del día para poder estar libre durante la tarde y la noche, pero eran las mañanas las más atareadas, con todo el ajetreo de los niños enfermos que iban a pediatría. Pensaba que no iba a acabar jamás, pero por suerte si terminó.

Se dejó caer sobre una silla mientras cerraba sus ojos jades. Inevitablemente, tuvo que pensar en el evento de esta noche.

El sexto aniversario de bodas del hombre que había amado durante toda su vida. Le dolía terriblemente pensar en eso, en como lo había amado en silencio durante todos estos años y él simplemente le veía como su mejor amiga. ¿Por qué las cosas tenían que ser de ese modo? ¿Qué debía hacer para que Sasuke se fijara en ella o saliera de una vez por todas de su mente y de su corazón? Necesitaba urgentemente una respuesta, necesitaba olvidarlo, aunque no hubiera forma de hacerlo, lo necesitaba más que el respirar.

Un clavo saca a otro clavo —recordó las palabras de su loca amiga Ino. Tal vez simplemente necesitaba eso, conocer a otro hombre. Quizá esa sería la única medicina para su enfermedad que llevaba por nombre Sasuke Uchiha.

—Ay, Sakura —se dijo con una ligera sonrisa—. Creo que el juntarte tanto con Ino te está afectando seriamente la cabeza, aunque tal vez y sólo tal vez, ella tenga razón y sólo necesito a otro hombre.

Se puso de pie y se quitó su bata blanca para quedar con su ropa normal, colgó ésta sobre un perchero y tomó su bolso.

—Bien, por el momento me voy a casa para arreglarme, después pensaré en esas cosas.

De pronto, se sentía más animada, así que decidió que era hora de olvidarse de ese amor imposible y seguir adelante. Era la mejor decisión que podría haber tomado.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Kiba estaba terminando de revisar unas fichas. Hoy no había mucho que hacer en su clínica veterinaria, así que saldría temprano para poder asistir a la fiesta en casa de Hinata, aunque, en realidad, no tenía deseos de asistir, después de todo -como el mejor amigo de Hinata- era el único que sabía la verdad detrás de esa falsa imagen del matrimonio perfecto, una simple farsa.

—Vaya, ¿me pregunto cuentas veces se lo he dicho a Hinata? —se cuestionó, mientras daba un suspiro.

Salió de la clínica y se dirigió a su auto, pero justo cuando subió, recibió una llamada a su celular. Notó que era de Hinata, por lo que contestó de inmediato.

—¿Qué sucede, Hinata? —preguntó con normalidad, pero al oírla llorar, su expresión cambió a una de preocupación—. ¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?

No, Kiba-kun, estoy muy mal, por favor ven a verme —le habló Hinata desde el otro lado, completamente deshecha. Kiba se preocupó aún más por ella, al punto de encender el motor de su auto sin siquiera terminar la llamada.

—¿Dónde estás ahora? Voy por ti.

Estoy… en el restaurante donde siempre nos vemos, por favor, ven rápido —después de que Hinata le diera su ubicación, Kiba partió rápidamente. Algo realmente grave tendría que haberle pasado para que lo llamara llorando de esa manera. Pisó el acelerador y sólo pensó en que quería llegar pronto.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Gaara estaba sentado en su oficina. Tenía una pila enorme de papeles sobre el escritorio y no había ninguna secretaria que se encargara de ellos. Estaba molesto, otra vez la había liado, y no es que quisiera hacerlo, es que simplemente, cada vez que veía a una hermosa mujer, no tenía reparos en hacerla suya y no buscaba más que una noche, por eso siempre les rompía el corazón.

A veces pensaba en cambiar, pero luego reflexionaba sobre aquello y llegaba a la conclusión de que no había poder humano o divino que pudiera privarle de aquel vicio. Además, Shikamaru siempre le conseguía las mejores secretarias, aparte de ser hermosas y voluptuosas, casi no tenían cerebro, por lo que era realmente fácil llegar a ellas. Jamás había conocido a una mujer que se le resistiera, aunque sabía que había algunas que no podía tocar, porque ya estaban ocupadas. Usualmente, eso no le importaba, pero tratándose de las mujeres de sus amigos o de su hermano, jamás se metería.

—Bueno, como sea, tengo que terminar esto —dijo con desgano, mientras comenzaba a ordenar aquella montaña de papeles. En ese momento tocaron a la puerta de su oficina—. Adelante —indicó.

—Gaara, adivina qué —le dijo Shikamaru con fingida emoción. Gaara ni siquiera le hizo caso, simplemente siguió ordenando los papeles—. Como quieras, no me escuches, yo pensé que te iba a interesar que ya haya encontrado una secretaria para ti.

Gaara lo miró con una media sonrisa, entre divertida y perversa, por lo que Shikamaru supo que ya se había ganado su atención.

—¿Cómo decías? —preguntó el pelirrojo, siguiendo en lo suyo, pero oyendo lo que decía el Nara.

—Que he encontrado a la chica perfecta para ser tu secretaria, comienza mañana a las nueve —le dijo Shikamaru.

—¿Y cómo es? —interrogó Gaara, de pronto más interesado en la conversación.

—¿Ya vas a empezar con eso? Me prometiste que no ibas a meterte con esta secretaria —dijo Shikamaru, frunciendo el entrecejo—. Además, aunque lo intentes, no creo que puedas hacerlo, ella no te hará caso.

—¿Qué quieres decir? —inquirió el pelirrojo confundido, arqueando una inexistente ceja, mientras observaba la pequeña sonrisa que se había formado en los labios de Shikamaru.

—Ella es diferente, ¿sabes? No creo que con todas tus artimañas logres conquistarla —aseguró Shikamaru—. Es más, te apuesto a que no lo consigues.

—¿Estás apostando contra mí? —Gaara le observó incrédulo—. ¿Sabes que puedes perder?

—Estoy seguro de que ganaré —le dijo el Nara con toda seguridad. A Gaara le había picado el bichito de la curiosidad, así que no dudó en aceptar, sin medir qué consecuencias tendrían sus actos. Se levantó de su asiento y estrechó la mano de Shikamaru para cerrar su pacto—. Tienes tres meses, claro, si es que lo logras.

—No me tomes por un simple bufón, perderás, Shikamaru, te lo aseguro —dijo Gaara con su media sonrisa burlona, muy seguro de sí mismo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Tenten estaba observando a algunas de las modelos que estaban posando para unas fotos. Estaba supervisando por el momento, ya que los jefes no se encontraban.

—Muy bien, chicas lindas, descansen —dijo Shiro, el fotógrafo.

—Vaya, sí que estás trabajando duro, Shiro-san —le dijo Tenten con una sonrisa.

—Oh, pero si es mi adorada Ten-chan —dijo Shiro, mientras la abrazaba—. ¿Cuándo regresaste, querida? Pensé que tardabas un poco más.

—Decidí regresar antes —respondió Tenten, todavía sonriendo—. Y hablando de ello, me he enterado de la situación por la que pasa la empresa, no es nada buena y todo se debe al desfalco de hace quince años, está pasando la cuenta.

—Oh, sí, estábamos muy preocupados, pero un nuevo accionista ha llegado.

—Sí, lo conocí hoy —dijo Tenten—. Aunque para mi gusto, se veía bastante arrogante —frunció el ceño—. Justo como el idiota de Neji.

—¿A quién llamas idiota, machona? —escuchó una molesta voz a sus espaldas. Tenten se dio la vuelta con una venita marcada en la frente, mirando a Neji con verdadero odio.

—¿Qué has dicho, pedazo de animal? —reclamó la chica, apuntando a Neji con su dedo índice.

Neji estaba apoyado sobre el marco de la puerta de aquel lugar, mostrando su arrogante pero sexy sonrisa que, aunque Tenten lo negara, le encantaba. Para ella, él lucía tan bien con aquella camisa blanca, con algunos botones desabrochados, con el cabello tomado con esa coleta. Y, aun así, lo detestaba con todas sus fuerzas, aunque algo dentro de ella le gritara que rasgara esa camisa de seda fina, que se lanzara contra Neji y dejara que él hiciera lo que quisiera con su cuerpo y su voluntad. Tragó algo de saliva para reprimir aquellos deseos.

—¿Ves lo que digo? Una señorita educada no insulta a los demás de esa forma —y ahí estaba otra vez esa maldita sonrisa arrogante; como odiaba esa sonrisa.

—Perdóneme, señor Neji, se me olvidaba que es usted de la realeza, por favor, ignore mi mal comportamiento —le dijo Tenten de forma sarcástica, mientras hacía una leve reverencia. Después de eso, decidió salir del lugar, empujándolo intencionalmente con su hombro—. Nos vemos, Shiro-san.

—Seguro, Ten-chan —dijo el fotógrafo, desconcertado. Aún no podía creer que esos dos se odiasen tanto. La verdad, nunca entendió por qué eran así.

—Pf, que tipa más odiosa —bufó Neji, molesto. Después de eso, se alejó del marco de la puerta y se marchó también.

Shiro sólo entrecerró la mirada.

—Qué se me hace que aquí huele a romance —dijo intrigado.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Hinata… —Kiba llegó frente a su amiga, la cual estaba sentada en una de las mesas de un restaurante en donde solían juntarse a hablar a veces. Ella se veía realmente mal y Kiba pudo darse cuenta de ello enseguida. Se sentó a su lado y la abrazó—. ¿Qué te pasa? ¿Acaso has peleado con Sasuke?

—Es mucho peor que eso… —le respondió Hinata—. Kiba-kun… Naruto-kun… él… ha regresado.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Lo viste? —inquirió el sorprendido castaño. Hinata asintió con la cabeza.

—Es el nuevo accionista de la empresa, hoy se apareció delante de todos… y…

—¿Y qué dijo al verte? ¿Te reconoció?

—S-sí lo hizo… pero me ignoró, hizo como si no me conociera, como si nunca antes nos hubiésemos visto las caras. Y no sólo eso, me miró con tanto odio… de una forma que en verdad me dolió muchísimo —Hinata miró a los ojos a su amigo, quien aún la tenía entre sus brazos—. Él me vio de esa forma después de saber que estoy casada con Sasuke, y él y Sasuke ya se conocían de antes…

Kiba la miró muy sorprendido.

—¿Qué? ¿Cómo que se conocían? ¿Entonces Sasuke sabe que él…?

—No —lo interrumpió Hinata, adivinando lo que estaba a punto de decir Kiba—. Sasuke no tiene idea de que Naruto es el padre de mi hija, ellos se conocían desde niños, ha sido una coincidencia.

—Ya veo… y Naruto tampoco debe saber nada entonces.

—Seguro está pensando lo peor de mí. Haberme casado sólo unos días después de abandonarlo sin explicación, ¿acaso tú no odiarías a una mujer que te hiciera eso? Él me detesta y pude darme cuenta con la forma tan frían en que me trató, jamás va a perdonarme.

—No digas eso, Hinata, ¿que no lo ves? Esta es tu oportunidad —la ojiperla lo miró sin comprender, pero Kiba tenía algo en mente—. Habla con Naruto, dile toda la verdad, lo que te hizo tu padre, que tu hija es suya, estoy seguro que si le explicas todo, tal vez… él te pueda perdonar, y podrás escapar de la vida que llevas.

—N-no —Hinata bajó su mirada—. ¿Cómo podría hacer eso? Él ya debe haberme olvidado por completo, seguro también se ha casado y hasta debe tener otros hijos, yo no significo nada para él.

—Deberías preguntárselo primero, ¿no crees?

—Ya te dije que no —la chica rompió el abrazo, mostrándose terca ante la sugerencia de su mejor amigo.

—Tú aún lo amas, ¿no? —dijo Kiba—. Tal vez él aún sienta algo por ti. ¿No crees que, si no te amara, no habría razón para haberse molestado tanto al saber que estás casada con Sasuke?

—P-pero… —la Hyûga realmente estaba dudando, ¿y si Kiba tenía razón? ¿Y si su amado Naruto aún sentía algo por ella? ¿Acaso tendría una oportunidad de ir contra el destino que le había impuesto su padre hace tanto tiempo? ¿Acaso podría estar junto a la persona que realmente amaba?

Tal vez, y sólo tal vez.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Sasuke… —decía Karin entre besos, con la respiración agitada—. Hoy es tu aniversario, ¿no?

Ella estaba sentada sobre las piernas del azabache, ambos estaban en el departamento de ella, Sasuke había pasado a verla antes de que su celebración comenzara.

—Ajá —respondió el moreno, mientras besaba el cuello de la pelirroja—. ¿Por qué te interesa?

—¿Puedo ir? —al momento de oír esa pregunta, Sasuke se detuvo de golpe, mirándola escéptico.

—¿Estás loca? ¿Que no sabes que allí estará toda mi familia y amigos? ¿Qué crees que haré si alguien descubre que estoy contigo?

—Me portaré bien, además, tú me prometiste que ibas a dejar a tu esposa pronto, ¿qué tiene de malo que yo vaya a tu aniversario? Por favor, Sasuke —pedía la chica, con una mirada de esas que podían persuadir a cualquiera.

—De acuerdo, pero no te atrevas a insinuarme nada, ni frente a Hinata, ni frente a ninguno de mis amigos, ¿me oyes?

—Te oigo fuerte y claro —respondió Karin, haciendo un saludo marcial—. Ahora… ¿en que estábamos?

—En esto —contestó Sasuke antes de besarla.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

La noche había llegado al fin, la mansión Hyûga estaba llena de gente que había llegado a la fiesta de aniversario de los felices esposos Uchiha. Era realmente una farsa por donde se le viese, los festejados ni siquiera estaban presentes. Sin embargo, mantener las apariencias era mucho más importante.

—¿Dónde demonios está Hinata? —masculló Hiashi, lleno de rabia.

—Sasuke aún no se ha aparecido —dijo Fugaku Uchiha, el padre de Sasuke. Estaba también muy molesto porque su hijo aún fuese un irresponsable.

—Cálmate, Fugaku —le aconsejó su esposa, apoyando una mano en el hombro de Fugaku. Él sólo la miró de mala gana.

—Pero Mikoto…

—Tranquilo —volvió a decir la pelinegra, sonriendo dulcemente. Ante esta sonrisa, Fugaku perdía toda voluntad de discutir, así que simplemente se quedó callado.

En ese momento, Sasuke llegó, luciendo tan serio como siempre. Llegó directo a saludar a sus padres y al molesto de su hermano mayor.

—¿Qué hay, hermanito? — le preguntó él. Era igual a Sasuke, sólo que se veía de mayor edad, tenía marcadas ojeras y usaba una coleta en el cabello. Sasuke le miró con fastidio, ahí estaba otra vez el preferido de la familia, el hijo pródigo.

Tal y como en la historia, Itachi un día los abandonó a todos sin decir nada, nadie supo dónde ubicarlo y sumió a sus padres en una profunda tristeza, pero, un día cualquiera, regresó así sin más y jamás dijo dónde había estado durante todo ese tiempo. Nunca nadie lo supo.

—Itachi, pensé que no venías —le dijo Sasuke, sin cambiar su expresión aburrida de siempre.

—No podía perderme el aniversario de bodas de mi hermanito —dijo Itachi con una risita burlona, muy típica en él.

—No me llames hermanito, idiota —bufó molesto el Uchiha menor.

—Felicidades, Sasuke —le dijo su madre, abrazándolo—. Me alegra mucho que sigas tan feliz al lado de tu esposa, Hinata-chan es una gran mujer.

—Sí, mamá… —respondió Sasuke con melancolía, pero sólo su hermano pudo notarlo.

—¿Y dónde está mi cuñada? —preguntó Itachi.

—Debe estar arriba en nuestro cuarto —contestó Sasuke. Volteó a ver a su padre -con quien no tenía una estupenda relación- y éste sólo lo miró con una casi invisible sonrisa.

—Felicidades, Sasuke.

—Gracias, papá.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Así que es aquí… —dijo Naruto, mientras se estacionaba justo frente a la mansión Hyûga. No había sido nada del otro mundo ubicarla, era cosa de preguntar a cualquier persona y llegaba con facilidad. Sonrió con esa forma tan calculadora—. Aquí estás, Hiashi Hyûga, aquí estás…

El rubio se fijó que había un gran lugar para estacionar autos en la entrada, el patio delantero de la mansión. Aparcó el suyo y se bajó. Llevaba puestos esos anteojos negros que sólo lo hacían lucir más sexy, varias de las chicas que estaban en el lugar se le quedaron viendo alborotadas, pero él guardó los anteojos en el bolsillo de su pantalón de tela.

Naruto entró, sintiéndose muy seguro de sí mismo. Esta noche iba a encontrarse con el asesino de su padre y debía estar preparado, tal vez él pudiera reconocerlo.

No lo creo, para él ya estoy muerto, es decir… Naruto Namikaze está muerto —pensó con una sonrisa—. Jamás sospechará que somos la misma persona, además, la última vez que me vio fue hace más de catorce años, yo era sólo un niño.

Naruto ingresó al recibidor de la enorme mansión, ganándose muchas miradas intrigadas y algunos cuchicheos, pero eso realmente no podía importarle menos.

—Hey, Sasuke —saludó a su amigo. Sasuke se dio la vuelta y le sonrió. Tenía un vaso de champagne en la mano.

—Naruto, viniste después de todo.

—Claro, eres mi amigo y me invitaste, además, como socios debemos llevarnos más —le respondió Naruto, sonriendo como siempre, fingiendo felicidad y empatía.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Esto es incómodo —pensaba Sakura, frunciendo el ceño, mientras veía a su amiga Ino y a su novio Kiba besarse cada dos por tres cuando él trataba de manejar. Sakura sentía como si les estuviese tocando el violín, era realmente embarazoso estar en esa situación.

—Bueno, Ino ya —le decía Kiba entre risitas—. ¿Que no ves que podemos chocar?

—Sí, tienes razón —dijo Ino—. Mejor mira al frente.

Un rato después, los tres bajaban del auto, ya habían llegado y ahora debían entrar.

Ino llevaba un hermoso vestido strapless, pegado a su cuerpo, era de color morado y le quedaba realmente bien. Su cabello iba suelto completamente, haciéndole lucir aún más hermosa. Sakura, en cambio, llevaba uno color verde claro, casi del mismo tono que sus ojos, los cuales resaltaban aún más. Tenía un escote en V y le llegaba hasta las rodillas. Su cabello estaba suelto y, además, llevaba un par de aros largos y un collar de plata.

Kiba usaba un típico traje elegante, como debía ser en una fiesta de esa altura. Sin embargo, no dejaba de ver a Ino un poco molesto.

—¿No crees que ese vestido no es adecuado, Ino? No deja nada a la imaginación —opinó, frunciendo el ceño. Él era demasiado celoso y algo chapado a la antigua, no soportaba que otros hombres viesen a su novia con otros ojos, era muy incómodo.

—Kiba, no digas tonterías, este vestido está muy bien —le respondió Ino, también frunciendo el ceño, mientras se cruzaba de brazos.

Ay, no —pensó Sakura con fastidio—, Otra vez se van a poner a discutir por eso, mejor me adelanto.

La peli rosa comenzó a caminar más rápido, pues sus dos amigos ya habían comenzado a intercambiar incordios.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Ya todos estaban en la fiesta, sólo faltaba la esposa. Algunos ya comenzaban a preocuparse de que no llegara. Sin embargo, en ese momento, Hinata bajó las enormes escaleras, llegando directo al recibidor en donde se estaba celebrando la reunión.

Lucía un elegante vestido negro sin tirantes, que denotaba perfectamente cada detalle de su hermosa figura, tanto su cintura como su busto. El vestido terminaba en A y le llegaba hasta los tobillos, dejando ver un elegante par de zapatos negros con correas muy delgadas. Su cabello estaba amarrado en una especie de tomate alto, dejando algunos cabellos sueltos, los cuales estaban ondulados. Sus ojos estaban sombrados con un ligero color rosa y sus labios llevaban brillo. Se veía realmente hermosa, tanto, que todos los presentes quedaron boquiabiertos, en especial, cierto rubio.

—Hinata… —le dijo su amiga Tenten—. Luces maravillosa.

—Gracias —dijo sonriendo la ojiperla. Miró de reojo a Naruto, quería lucir hermosa sólo para impresionarlo, para saber si él aún la amaba, necesitaba saberlo.

—Rayos, ojalá no fuera tu esposa —le susurró Gaara a Sasuke, ganándose una mirada de odio de parte del Uchiha.

—Te ves preciosa, Hinata —le dijo Sasuke, mientras la tomaba por la cintura, para depositar un suave beso en sus labios. Naruto sintió este acto como una punzada en su corazón y es que no podía haberse imaginado a esa inocente chica que conoció hace seis años con otro hombre. No podía soportar la idea de que sus labios y su cuerpo fuesen de él.

Dios mío… Hinata es tan hermosa… —pensó Naruto, deslumbrado—. Pero aun así… no debo dejarme vencer…

En ese momento, Hiashi se acercó a su hija para felicitarla. Naruto lo observó, sus pupilas se contrajeron con sólo verlo. Notoriamente había envejecido, pero era él. Al fin estaba frente a ese maldito asesino una vez más, después de tantos años de odiarlo, de desear su muerte, de querer verlo arruinado, estaba ahí frente a él y ni siquiera podía moverse. No estaba seguro si era por la satisfacción que le daba el pensar que lo vería retorcerse del sufrimiento, o era la abrumadora belleza de su hija. Jamás pensó que algo así iba a pasarle, enamorarse de la hija del asesino de su padre.

Una traidora igual que su padre.

—Bueno, ha llegado la hora de brindar —dijo Sasuke, levantando su copa. Todos repitieron el gesto con una sonrisa en sus labios y brindaron por la "feliz" pareja.

Naruto se bebió todo de una vez. Estaba deseando lanzarse contra ese tipo y matarlo ahí mismo, pero eso sería demasiado estúpido.

—Oh, pero si esa persona es… —susurró, Ino mientras observaba al rubio fijamente. Tomó a su amiga Sakura de la mano y la jaló consigo—. Ven, Sakura.

—I-Ino, ¿qué sucede? —preguntó la peli rosa, confundida. Las dos llegaron frente a aquel guapo rubio, mientras él las miraba a ambas con curiosidad.

—Oh, tú eres la chica de la otra vez —dijo Naruto, mientras apuntaba a Ino, desviando su atención por un momento de sus objetivos—. Ino Yamanaka, ¿cierto?

—Ajá —respondió la rubia—. Naruto Uzumaki, ¿no es verdad? —Naruto asintió con la cabeza—. Vaya, qué sorpresa encontrarte en este lugar.

—Bueno, desde hoy soy parte de la empresa de Konoha, además, soy amigo de Sasuke.

—¿De verdad? —preguntó Ino. Sakura se acercó al oído de su amiga para susurrarle algo.

—Ino, ¿de qué se trata esto, y él quién es? —Ino no le hizo caso y la empujó justo frente al rubio, el cual se le quedó viendo con una sonrisa.

—Ella es Sakura, mi mejor amiga, ¿no te gustaría bailar con ella?

—¡Ino! —exclamó la peli rosa, sonrojada y avergonzada—. ¿Pero qué le pasa? ¿Acaso está tratando de hacer que yo salga con este desconocido? —pensaba sorprendida, mirando a Naruto de reojo.

—Claro, me gustaría mucho —respondió él, tomando la mano de Sakura con delicadeza. La acercó a su cuerpo y ambos comenzaron a bailar como las demás parejas de la fiesta—. Tienes un lindo nombre, Sakura.

—G-gracias —respondió ella, bajando la mirada.

—Bueno, creo que mi novio me llama, nos vemos, Sakura —antes de irse, Ino le guiñó un ojo, dándole a entender a Sakura que debía salir con ese chico, seguro él era perfecto para olvidar a Sasuke.

¿Qué se trae entre manos Ino? No cabe duda de que es una tramposa —pensó Sakura, frunciendo el ceño. De pronto, volteó a ver a Sasuke, el cual la miraba de forma extraña, ¿acaso Sasuke estaba molesto? No podía ser, seguro era sólo su imaginación.

La música cambió a una más lenta y todos comenzaron a bailar abrazados. Sasuke abrazó a su esposa, viéndola fijamente. Ella, sin embargo, no podía dejar de mirar a Naruto bailar con Sakura, algo no le estaba gustando.

I can take the rain on the roof of this empty house

That don't bother me

.

I can take a few tears now and then and just let them out

I'm not afraid to cry every once in a while

Even though going on with you gone still upsets me

There are days every now and again I pretend I'm ok

But that's not what gets me

—¿Y también eres parte de la empresa, Sakura? —le pregunto Naruto. Ella negó con la cabeza.

—No, yo trabajo en el hospital, soy doctora. Lo que pasa es que Sasuke y Hinata son mis amigos —respondió la peli rosa.

—Ya veo… —Naruto volvió a mirar a Hinata de reojo, la cual seguía con Sasuke—. ¿Y no estás casada?

—¿Yo? No, ni siquiera tengo novio… —contestó, bajando la mirada—. Digamos que no he encontrado al correcto, la persona a la que quiero… simplemente ama a otra.

—Claro, a muchas personas nos sucede lo mismo —dijo Naruto, recordando todo lo que pasó con Hinata—. A veces, la persona que creemos que es especial, no es para nosotros y es realmente triste.

—¿A ti te ha pasado? —preguntó Sakura, mientras levantaba su vista, haciendo que las miradas de ambos se clavaran. Fue sólo un segundo, pero los dos se sintieron ligeramente inquietos.

—Prefiero no hablar de eso —respondió Naruto.

What hurts the most

Was being so close

And having so much to say

And watching you walk away

And never knowing

What could have been

And not seeing that loving you

Is what I was tryin' to do

—¿Aún sigues pensando en ese hombre? —susurró Sasuke al oído de Hinata. Ella se sorprendió un poco, pero no dijo nada y simplemente siguió bailando.

Sasuke miró de reojo a Sakura bailar con Naruto. Por alguna razón, no le gustó que su mejor amiga estuviera con él, pero no sabía por qué. Tal vez sólo quería que ella fuera feliz, sin saber que la felicidad para ella estaba a su lado.

Luego observó a Karin, quien estaba apoyada en un pilar, mirándolo fijamente. Comenzaba a sentir culpa por engañar a Hinata de esa forma, pero, a la vez, no hallaba otra manera de escapar del dolor de no tenerla.

It's hard to deal with the pain of losing you everywhere I go

But I'm doin' It

It's hard to force that smile when I see our old friends and I'm alone

Still Harder

Getting up, getting dressed, livin' with this regret

But I know if I could do it over

I would trade give away all the words that I saved in my heart

That I left unspoken

—Voy al baño —dijo Sasuke, separándose de Hinata. Caminó por el pasillo y entró al cuarto de baño. Karin lo vio alejarse y decidió seguirle en silencio.

Hinata se quedó sola, observando como Naruto bailaba con Sakura.

—Lo siento, Naruto, creo que necesito ir al baño —le dijo Sakura de pronto. Naruto asintió y la peli rosa se alejó de él.

Entonces, el rubio observó a esa mujer tan hermosa, el motivo de toda esta celebración. No pudo sino sonreír antes de acercarse a ella y extendiéndole su mano derecha.

—¿Quiere bailar, señora Uchiha? —ella lo miró dolida, mientras asentía con la cabeza, tomando su mano. Los dos comenzaron a bailar al ritmo de aquella melodía.

What hurts the most

Is being so close

And having so much to say

And watching you walk away

And never knowing

What could have been

And not seeing that loving you

Is what I was trying to do

¿Por qué sigues ignorándome? —le susurró Hinata de pronto, mientras sus dos cuerpos abrazados, seguían simulando el movimiento de un baile, haciéndoles a ambos recordar todo lo que sentían el uno por el otro con el sólo contacto de sus pieles.

—Tú también lo haces —respondió Naruto—. Además… ¿Quieres que le diga a tu esposo lo que hubo entre nosotros? No creo que quieras tener un problema por un simple amor de verano —dijo con resentimiento.

—Tú no eres eso para mí, no me digas cosas tan hirientes —contestó Hinata, bajando su mirada. Él realmente la hacía sufrir al tratarla así.

—Tú no sabes lo que es realmente hiriente —Naruto la apretó más contra su cuerpo, apoyando una mano sobre su cintura—. ¿Acaso sabes lo que sentí cuando me abandonaste? ¿Realmente puedes entenderlo?

What hurts the most

Is being so close

And having so much to say

And watching you walk away

And never knowing

What could have been

And not seeing that loving you

Is what I was trying to do

Not seeing that loving you

That's what I was trying to do...

—Tampoco sabes lo que yo sentí —dijo Hinata, subiendo su mirada, perdiéndose en sus ojos azules—. Tampoco sabes cuánto me dolió.

—No te burles de mi —le susurró Naruto al oído—. Tú eres una mentirosa, fuiste capaz de casarte con otro así nada más, eres de lo peor —con esas palabras, Naruto la soltó justo al acabar la canción.

Hinata se quedó casi en estado de shock al oír lo que él dijo. Naruto en verdad la odiaba, de verdad la detestaba con todas sus fuerzas y se lo había dicho en su cara. Sintió deseos de llorar, estaba a punto de explotar, cuando de pronto, sintió una pequeña manito jalando de su vestido.

—Mami, Hime-chan también quiere estar en la fiesta —dijo la pequeña, sonriente. Hinata la observó asustada y Naruto la vio sorprendido.

Esta niña es… —pensó el rubio.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Basta, Karin, te dije que aquí no —le decía Sasuke a la pelirroja que trataba de besarlo. Ambos estaban en el pasillo, justo afuera del baño, alejados de toda la multitud de gente en la fiesta.

—Al menos dame un beso, Sasuke, me muero por besarte —le susurró Karin. Sasuke sólo gruñó y le cumplió su deseo, sólo que no se esperaba que alguien viniera en ese momento.

—S-Sasuke… —dijo Sakura, sorprendida por lo que estaba viendo. Jamás pensó que Sasuke fuera capaz de engañar a Hinata y, lo peor de todo; en su propia casa.

—Sakura… —trató de hablar Sasuke, pero no tenía ninguna excusa.

Sakura bajó su mirada decepcionada. Ella, quien siempre había visto a Sasuke como alguien intachable, que no era capaz de confesarle sus sentimientos porque entendía que él amaba a su esposa, precisamente ella, lo había encontrado con otra mujer.

Karin simplemente miraba la escena sin comprender, pues ella no conocía a Sakura y no entendía la razón por la que se había puesto así, como una esposa celosa.

—Sakura, yo… puedo explicarlo…

La peli rosa no dijo nada, simplemente le dio la espalda y se fue corriendo.

—Mierda —masculló el azabache, alejando a Karin de su lado.

—¿Quién era ella, Sasuke?

—Karin, vete a tu casa, te dije que no era buena idea que vinieras —respondió Sasuke fríamente, viéndola con esa expresión indiferente en sus ojos—. Y no me sigas —añadió antes de marcharse.

—Sasuke…

Karin sólo bajó la mirada, viéndolo correr detrás de aquella chica de cabellera rosada, como si se tratara de la mujer más importante de su vida.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Hime-chan, ¿que no estabas dormida? —le preguntó Hinata a su hija, mientras se agachaba para poder tomarla entre sus brazos. Hime simplemente sonrió.

—Me desperté y quise venir a la fiesta de mami y papi, Hime-chan quiere pastel —respondió muy emocionada. De pronto, volteó a ver al rubio que estaba frente a ellas; lo reconoció enseguida—. Es el señor sol.

—¿Eh? —se preguntó Hinata, observando a Naruto confundida y luego a su hija—. ¿Quién es el señor sol, Hime-chan?

—Él —respondió la pequeña, apuntando a Naruto—. El señor sol le compró un globo a Hime-chan y la hizo sonreír, el señor sol es muy bueno, mami.

—¿Naruto-kun conoce a Hime-chan? —pensó Hinata sorprendida y asustada, aterrada, más bien.

Naruto no sabía qué pensar, no podía decir nada. Aquella niña tan tierna que había conocido en el parque, era la hija de Hinata, de Hinata y de Sasuke; era una Hyûga también.

Sintió que su mundo se venía abajo una vez más. Además de abandonarlo sin una explicación, además de ser la hija de Hiashi Hyûga, además de estar casada con su mejor amigo de la infancia, además de todo eso, Hinata también tenía una hija. Había tenido una hija de otro, una niña hermosa que resplandecía como el sol y las estrellas, y era hija de Hinata y de su esposo.

Ella… realmente es una mentirosa… —pensó, aún más dolido que antes—. Me pregunto… ¿acaso podré encontrar más razones para odiarte?

Continuará…