Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Canción: -
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Capítulo 7: Confusión
Hinata y Naruto seguían viéndose fijamente, sin poder apartar su vista el uno del otro. La ojiperla quería decirle algo, ya estaba harta de su frío comportamiento. No lo soportaba.
—¿Por qué me llamas de esa forma? —le preguntó, molesta—. Tengo nombre, y ese nombre es Hinata —dijo mirándolo a los ojos de forma desafiante, pero Naruto no se intimidó ante esto, sino que, de cierta forma, le divertía su reacción.
—Pero señora Uchiha te queda bien —le respondió el rubio, sonriendo con cierta burla—. ¿No lo crees?
—Eres un idiota —masculló la chica, pasándolo de largo y dándole un empujón en el hombro. Estaba molesta, enojada y triste. Pero por muy enamorada que estuviera de él, no se iba a dejar pisotear.
Ya había sido suficiente con la forma en que la trató el día anterior, si él no la quería escuchar, perfecto, no iba a humillarse más. No iba a volver a llorar por el idiota arrogante en que se había convertido Naruto Uzumaki.
—Tú ya no eres Naruto-kun…—pensó con cierta nostalgia.
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Shikamaru observaba divertido la expresión en el rostro de su amigo. Gaara estaba entre decepcionado y molesto, primero; porque su secretaria no era una "auténtica belleza" y, segundo; porque había hecho una apuesta con Shikamaru y en menos de tres meses, debía acostarse con ella.
—¿Crees que me vas a ganar sólo porque no es lo que esperaba? Qué poco me conoces, Shikamaru Nara —pensó Gaara, mientras veía al pelinegro de reojo—. Yo jamás perdería una apuesta contra ti, eso tenlo por seguro—y poniendo su cara más seductora, se aproximó a la joven, que, al verlo acercarse, se paró rígidamente y se acomodó los lentes—. Bienvenida a la empresa, Matsuri, soy tu nuevo jefe, Sabaku No Gaara —se presentó haciendo una mueca de sonrisa.
—M-mucho gusto, señor —dijo la chica, sonriendo tiernamente. Claro que ella estaba actuando, no era tan tímida como estaba aparentando, sólo quería que las cosas fuesen más divertidas, como había dicho Shikamaru, aunque, en el fondo, no estaba fingiendo su admiración por ese hombre, ya que en verdad le había parecido muy guapo.
—Bueno, estaré en mi oficina, ya sabes, si me necesitan para algo, me avisas —y dicho esto, Gaara se alejó, perdiéndose tras la puerta de su oficina.
Matsuri soltó un gran suspiro, aliviada de ver que él se alejaba, ya que en verdad se ponía nerviosa ante su presencia.
Shikamaru se le acercó con una sonrisa.
—Bien hecho, Matsuri, hasta yo te creí esa personalidad de niña tímida —le dijo con una sonrisa.
—Je, te dije que era buena actuando —respondió—. Aunque en verdad si estaba nerviosa —pensó la castaña.
—Por cierto… —Shikamaru la miró con cierta sospecha—. No te habrás enamorado de él, ¿verdad?
—C-claro que no, Shikamaru-baka, deja de decir tonterías, y mejor agradece el favor que te estoy haciendo, no cualquiera aceptaría esta locura —respondió Matsuri, medio sonrojada y mirando hacia otro lado.
—Es verdad, gracias, Matsuri —le dijo el pelinegro, sonriendo—. Pero eres una problemática.
—¡Hey! —reclamó la chica, tratando de darle en la cabeza con una pesada carpeta que recogió de su escritorio.
Mientras, en su oficina, un enojado Gaara comenzaba a tomar entre sus manos los papeles que debía revisar. Estaba frustrado, de verdad quería a una hermosa secretaria, aunque Matsuri no era nada fea, sólo… era demasiado normal para su gusto.
Bufó molesto y bajó la cabeza —Ni modo, sé que esto Shikamaru lo hizo a propósito, pero ni así me ganará la apuesta —y después de sus palabras, comenzó con su trabajo.
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Naruto estaba en su nueva oficina. Era bastante grande y cómoda, decorada con un estilo bastante sofisticado.
Ahora él se encargaría de las cuentas de la empresa, ya que justamente ese puesto estaba vacante cuando llegó y, como quería estar inmiscuido en todo y no sólo ser parte de las juntas directivas, había decidido que lo mejor era trabajar ahí, así estaría más cerca de sus enemigos y, de ella.
Se dejó caer sobre su silla giratoria, dándose algunas vueltas para ver si lograba relajarse, pero no lo conseguía. Estar en ese lugar sólo le hacía pensar en todo el odio que sentía hacia esas personas que acusaban injustamente a su padre y en matar con sus propias manos a Hiashi, pero sabía que eso sería un acto demasiado arriesgado y estúpido de su parte.
Y, por otro lado, estaba el hecho de que sólo a unas cuantas oficinas más, se encontraba la de ella, la vice presidenta de la empresa. La hermosa Hinata Hyûga. A veces, Naruto se maldecía por seguir pensando así de ella, por haber tenido la mala suerte de conocerla y no podía evitar sentir dolor, porque cuando pensaba en esos momentos que pasaron juntos, se daba cuenta de que habían sido los más felices de su vida, desde la muerte de su padre.
¿Pero por qué todo tuvo que ser de esta manera? ¿Por qué el destino tuvo que enfrentarlos y no permitir que se amaran?
—¿Por qué tenías que ser una Hyûga? —se preguntó enfadado, mientras le daba un golpe de puño a su escritorio. En ese momento, sintió un sonido proveniente de su teléfono, así que presionó un pequeño botón para contestar y poner el altavoz.
—¿Señor Uzumaki?—habló su secretaria.
—¿Si, que sucede, Shiho-san? —preguntó el rubio. En verdad no estaba muy seguro de haber dicho bien el nombre, pues acababa de conocerla y, aún ahora, era muy olvidadizo con los nombres.
—El señor Uchiha lo necesita en su oficina—y dicho esto, la comunicación se terminó. Naruto suspiró, al menos había dicho bien el nombre.
—¿Para qué me querrá Sasuke? —se preguntó con curiosidad—. Es verdad, ayer no pudimos ni hablar porque se desapareció de la fiesta… —bajó la mirada al suelo—. Y yo me besé con su esposa…
Naruto se sentía algo culpable. Sasuke era su amigo y no tenía nada que ver en todo esto, en verdad él no se merecía verse involucrado en su venganza, pero ¿qué iba a hacer si ahora él era parte de esa familia? Lamentablemente, él también se vería afectado, quisiera o no Naruto.
Después de meditar eso un momento, se puso de pie y se dirigió a hablar con su amigo.
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Sai estaba caminando por los pasillos, en donde se encontraban casi todas las modelos del lugar, quienes se probaban ropa y accesorios. Mientras caminaba, no podía evitar mirarlas lujuriosamente.
—Vaya, sí que va a gustarme trabajar aquí—pensó sonriendo. Llegó hasta una especie de estudio fotográfico, en donde había un hombre tomando fotos a una modelo. Cuando éste terminó, miró a Sai, a quien le hizo un pequeño guiño, que hizo que el pelinegro se sintiera un poco asustado—. ¿Qué le pasa a este tipo? ¿Acaso me está coqueteando?
—Oh, tú debes ser Sai-san, ¿verdad? —le preguntó Shiro, mientras se le acercaba con una sonrisa coqueta. Sai palideció (más de lo que estaba) e hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—S-sí —respondió un tanto intimidado—. Fui contratado como el nuevo fotógrafo, esto… mucho gusto —se presentó estirando una mano, la cual Shiro estrechó gustoso, con esa forma tan particular de moverse y hablar, a él le gustaba ser llamativo en cuanto a su forma de ser.
—Mucho gusto, será un honor trabajar con un chico tan guapo —le dijo el hombre, guiñándole un ojo nuevamente.
—Genial, lo que me faltaba—pensó Sai, poniendo una de sus mejores sonrisas fingidas—. Que este sujeto se enamore de mí, mierda, lo que tengo que hacer por ayudar al ingrato de Naruto —aunque Shiro no le parecía alguien malo, a él no le gustaban los hombres, así que le incomodaba un poco, pero estaba seguro de que podría con ello.
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—Kiba, por favor no empieces de nuevo —reclamaba Ino a través de su celular. Estaba discutiendo con su novio otra vez y ya ni recordaba por qué, sólo que había terminado en que él una vez más le pidiera que dejara ese trabajo tan exhibicionista.
—¿Sabes qué, Ino? Hablamos luego, bye—y sin más, el castaño le colgó, dejándola muy molesta. ¿Cómo se había atrevido a colgarle la llamada? Pero esto lo iban a arreglar durante la tarde.
Ya estaba cansada de discutir ese tema una y otra vez, y encima, ya estaba llegando tarde al trabajo.
Si seguía así, seguro Sasuke la iba a despedir.
Y hablando de Sasuke, eso la hizo recordar a Sakura y lo que había pasado anoche. Su amiga desapareció mágicamente de la fiesta y cuando llegó al departamento, la encontró durmiendo y no pudo preguntarle qué demonios había pasado. Además, en la mañana, Sakura se levantó muy temprano y tampoco pudo verla. Algo le había pasado a su amiga y tenía una enorme curiosidad por saber qué demonios era.
Entró al edificio de la empresa, pues recientemente tenía una campaña muy importante, pero al llegar, se llevó una gran sorpresa al chocar con alguien y darse cuenta de que era aquel pelinegro de la otra vez.
—D-disculpa —le dijo la rubia, sonriendo algo nerviosa—. ¿Pero que hace aquí?—se preguntó, confundida.
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Hinata se encontraba en su oficina, tratando de concentrarse en su trabajo, pero le resultaba muy difícil. No podía dejar de pensar en Naruto, en lo mucho que él había cambiado en estos seis años, como si ahora fuese una persona totalmente distinta y, en cierta medida, era cierto, ya no era el mismo, ahora era una persona fría y distante, incluso decía unas cosas muy hirientes.
—¿Por qué has cambiado tanto, Naruto-kun? —susurró Hinata con tristeza—. ¿Por qué ya no eres el mismo?
Se acomodó sobre su escritorio y cerró sus ojos. No había dormido casi nada y estaba algo cansada, así que lentamente el sueño se fue apoderando de ella, haciendo que terminara dormida sobre la mesa.
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—¿Qué sucede, Sasuke? —le preguntó Naruto a su amigo, mientras se sentaba frente a él.
Sasuke lo miró y le entregó algunos papeles.
—Dijiste que querías ver las cuentas, pues aquí están —le respondió el azabache. Naruto ojeó los papeles rápidamente y sonrió.
—Pues gracias, ¿algo más?
—Bueno… ¿Que no piensas contarme cómo te ha ido? —preguntó Sasuke—. Tenemos mucho de qué hablar, ¿no crees?
—Pues sí, pero no creo que la oficina sea el mejor lugar para eso —dijo Naruto—. ¿Por qué no vamos a otro lugar para charlar más a gusto?
—De acuerdo, vamos a la hora del almuerzo —dijo Sasuke, con una de sus medias sonrisas. Tenía mucho que hablar con su mejor amigo de la infancia y, claro, también quería oír lo que él tenía que decirle.
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Kiba se dejó caer sobre el sofá individual de su consultorio. Estaba agotado de pelearse con Ino una y otra vez, siempre por las mismas razones. Al principio no le molestaba que ella fuera modelo, incluso se jactaba de eso ante sus amigos, pero pasado un tiempo y, más recientemente, eso le había comenzado a traer muchos celos. Ino era una mujer muy deseada y no dudaba de que ella pudiera dejarlo por cualquier idiota que se le cruzara por enfrente. Cuando Kiba le comentaba eso, Ino se ofendía, ya que no soportaba que él le tuviera tan poca confianza y ahí era él quien terminaba por sentirse culpable.
—Es inútil… supongo que debo vivir con esto… —susurró soltando un suspiro. En ese momento, tocaron la puerta, seguro era alguna persona que había reservado hora y se había olvidado de que tenía algunas citas más. Se puso de pie con cierta pereza -pues eso le pasaba cada vez que discutía con Ino- y se dirigió a la puerta para abrirla.
Ante sus ojos marrones, una joven de larga cabellera anaranjada y ojos color negro se apareció, con un pequeño cachorro mal herido entre sus brazos. Al verla, se quedó como paralizado por unos segundos y tuvo la ligera impresión de haberle visto antes, pero ella entró rápidamente y no le dio tiempo de seguir admirándola.
—Disculpe, ¿podría atender a este cachorro? Lo encontré tirado en la calle —dijo la chica. Kiba salió de su asombro y asintió, tomando al cachorro entre sus manos, ya que éste era muy pequeño.
—Descuide, señorita, él estará bien —dijo el castaño, sonriéndole a la chica, la cual se sonrojó levemente al verlo.
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—¡Hanabi-chan! —gritó por décima vez aquel molesto mocoso que tenía ya harta a la pobre Hanabi. Cada vez que trataba de almorzar en paz con sus amigas en la cafetería de la universidad, aquel chico se le acercaba a regalarle cosas y a importunarla, ¿es que no entendía que a ella le gustaban los hombres maduros? Un ejemplo de ello era el guapísimo amigo de su hermana, Kiba. A él si le haría caso, no al molesto ese de Konohamaru.
—¿Qué rayos quieres, Konoha-baka? —le preguntó groseramente. Konohamaru, un joven de la misma edad que ella (21), con el cabello castaño oscuro alborotado y ojos negros, la miró con un aura depresiva a su alrededor, mientras que las dos amigas de Hanabi se reían de él disimuladamente.
—Sólo quería saludarte, ¿tiene algo de malo?
Hanabi suspiró pesadamente y se puso de pie, acercándose a él, para ver cómo se sonrojaba al tenerla frente a frente.
—Konohamaru, entiéndelo de una vez, tú no me gustas, ¿de acuerdo? Sólo podemos ser amigos —le dijo Hanabi, esta vez hablándole en serio. Konohamaru asintió con cierta tristeza. En verdad estaba enamorado de esa chica y, a pesar de ser bastante popular con las féminas, por alguna razón, ella no le hacía caso, justo la persona que él quería.
—De acuerdo, Hanabi-chan, como tú digas.
La ojiperla sólo le sonrió y volvió a sentarse junto a sus amigas. Konohamaru le dio la espalda y regresó a donde estaba su amigo Udon, un chico de lentes, que se veía bastante serio.
—¿Te volvió a rechazar?
—Así es —dijo decepcionado el chico—. Hanabi nunca me va a hacer caso, supongo que ya debo de rendirme, ¿no crees?
—¿No quieres intentar una última cosa? —le preguntó su amigo. Konohamaru sólo se sentó a la mesa, sin dejar de suspirar.
—Te dije que nada funcionará, por más que la sigo no me quiere ver ni en pintura, sólo amigos, me dijo.
—Pues prueba buscándote a otra. Las mujeres siempre quieren lo que no pueden tener, si ve que te ha perdido, se arrepentirá —le dijo Udon sabiamente, a lo que su amigo sólo le miró arqueando una ceja.
—¿Desde cuándo sabes tanto de mujeres? —el otro sólo sonrió ante esa pregunta, aunque dejó pensando al chico en que tal vez esa sería una buena idea, ¿qué perdía con intentarlo?
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—Tú me abandonaste… te fuiste a los brazos de otro hombre, y tuviste una hija con él… —decía de forma fría, áspera y dolorosa—. Yo te odio, Hinata Hyûga, eres una mujer despreciable.
—Naruto-kun… —susurró ella, mientras sentía las lágrimas saladas mojar su rostro. El dolor de oírle a su amado hablarle de esa manera la estaba matando.
Hinata abrió sus ojos, después de haber tenido esa horrenda pesadilla. Era verdad que Naruto le había dicho algo parecido, pero ese sueño había sido aún más cruel. Se acomodó en su asiento al darse cuenta de que había estado durmiendo bastante tiempo y se fijó en que una lágrima se había deslizado por su mejilla derecha. La secó rápidamente y se dispuso a trabajar, cuando notó que ya era la hora del almuerzo.
—Cielos, es tan tarde ya —se dijo. Se levantó de su asiento y salió de su oficina. Pudo ver como Naruto salía acompañado de su esposo, Sasuke. Aún no podía entender cómo el mundo era tan pequeño, pensar que ellos eran amigos.
Y tampoco entendía cómo Sasuke aún podía seguir a su lado, sabiendo que ella tenía una hija de otro hombre, sabiendo que ella no lo amaba y soportando que jamás le haya querido entregar su cuerpo, como lo hacían los esposos normales. Suspiró al sentir que estaba siendo demasiado injusta con él, o al menos eso creía.
Cuando se disponía a salir, vio a su primo Neji discutiendo con Tenten una vez más, mientras las puertas del ascensor en donde estaban se cerraban lentamente. Una gotita le apareció en la frente, y es que esos dos debían ya reconocer lo que sentían, antes de que terminaran por matarse entre ellos.
Finalmente, pudo ver a Gaara caminando hacia la escalera. El pelirrojo le sonrió y ella le respondió con otra sonrisa. A pesar de que Gaara siempre provocaba a Sasuke diciéndole lo hermosa que era su esposa, él y Hinata eran muy buenos amigos y nunca se atrevería a meterse con ella. Después de Gaara, vio a una chica castaña que llevaba varios papeles en sus manos y que se puso detrás de su amigo.
—Así que Gaara-kun ya tiene una nueva secretaria—pensó con una sonrisa—. Pero esta se ve un poco diferente a todas las demás… Bueno, en fin.
Hinata suspiró y finalmente observó que el ascensor se abría, así que entró en él para poder salir a comer, ya que sentía muchísima hambre, aunque no notó que había dejado su celular olvidado en su oficina y, que éste tenía una llamada muy importante.
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Ino observaba como Sai, el nuevo fotógrafo, sacaba fotografías de dos modelos de la empresa. Ella estaba sentada sobre una butaca, mientras se repetía una y otra vez las palabras "no puede ser".
Al haber vuelto a ver a Sai, Ino se sentía realmente contenta. La primera vez, apenas había averiguado su nombre y ahora, aunque no sabía qué demonios estaba haciendo en ese lugar, podría por fin hablar con él y hasta pedirle su número, sin embargo, cuando iba a decir algo, Shiro se acercó a ellos.
—Oh, querida Ino, pero cuánto te has tardado —le dijo el extravagante hombre. Luego miró al pelinegro -quien no apartaba su vista de la chica- y le sonrió de forma sugerente, haciendo que Ino pensara mal—. ¿Ya has conocido a Sai-san? Él trabajará aquí a partir de hoy, es el nuevo fotógrafo, mi pareja.
—¿El nuevo? ¿Tu pareja? —repitió Ino, con un extraño tono de decepción en su voz.
—Mucho gusto, Ino-san —le dijo Sai, con una de sus típicas sonrisas.
—No puede ser que él sea gay —susurró Ino con rabia, porque le había gustado un chico que era homosexual y que, además, seguro andaba con Shiro. Cada vez que llegaba un nuevo fotógrafo, todos terminaban saliendo con Shiro y después le rompían el corazón. Pero de todos los hombres del mundo, ¿por qué él tenía que ser gay? Sin embargo, no sabía que esos eran sólo sus prejuicios y nada era como ella lo pensaba.
Sai la miraba de reojo, mientras que las chicas a las que fotografiaba cambiaban sus poses según lo que él les pedía.
—Ino… es muy guapa, y el otro día no pude hablarle porque estaba muy apurado—pensó el pelinegro—. Tal vez la invite a una cita—sonrió ante este pensamiento y luego volvió a su labor.
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Hinata subió a su auto y lo encendió. Sasuke ni siquiera le llamó para almorzar, se había ido así nada más con Naruto, sin siquiera avisarle. Pensó en irse sola a un restaurante, pero estar sola era algo demasiado deprimente, así que finalmente, se decidió a ir a buscar a su mejor amigo.
Sabía que Kiba también salía a almorzar a esta hora y no creía que a él le molestara si llegaba de sorpresa, así que se encaminó para su consultorio.
—Ojalá que no esté muy ocupado —susurró la ojiperla, quien de pronto, tuvo un extraño presentimiento.
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Matsuri suspiró. Se encontraba en el baño de mujeres de la empresa, después de haber llevado unos papeles importantes junto con su jefe, él se despidió diciendo que tenía una reunión. La dejó ahí y le dijo que le llamara en caso de cualquier cosa.
—Qué tontería, en verdad no sé cómo he aceptado meterme en esto —se dijo, tratando de regañarse a sí misma. Era cierto que al principio había pensado en que sería una tarea fácil, pero no cualquier hombre le movía el piso como su nuevo "jefe" y eso se suponía que no debía pasar.
Se quitó sus ridículos lentes para verse al espejo y sonrió con gracia en su momento, pero los ruidos de unas voces le llamaron la atención. Rápidamente se escabulló, escondiéndose detrás de una de las puertas.
—¿Ya te diste cuenta de la nueva esa que contrató Shikamaru-san? —preguntó una de las chicas que había entrado. Matsuri se sorprendió al notar que estaban hablando de ella.
—Sí, ¿quién se cree? Ella no está a nuestro nivel, apuesto a que a Gaara-sama ni le ha interesado —opinó la otra—. Seguro durará más que las anteriores, porque es tan fea.
—Claro, Gaara-sama jamás se fijaría en una tonta como esa —esas palabras estaban molestando mucho a la castaña, ¿quién demonios se creían esas que eran? ¿Cómo se atrevían a juzgarla sin siquiera conocerla? Y lo peor de todo, era que la encontraban tan insignificante que no podría hacer que Gaara se fijara en ella. Pero les iba a demostrar que estaban muy equivocadas, con ella nadie se metía sin pagarlo.
—¿Son tuyos estos lentes? —preguntó la chica. Matsuri palideció, recordando que los había dejado olvidados sobre el lavamanos.
—No, ni idea de quien sean, pero déjalos ahí y vámonos —respondió la otra con su vocecita aguda y su tono altanero. Después de eso, las dos chicas salieron riéndose de ahí y Matsuri aprovechó ese momento para salir también, sin olvidar recoger sus anteojos.
—Les voy a demostrar cómo se hace, tontas —susurró una vez en el pasillo, observando sólo las espaldas de aquellas dos chicas que se habían atrevido a desafiarla.
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Sakura suspiró de cansancio. No había tenido una buena mañana, ya que aún se encontraba estresada por lo sucedido anoche en la fiesta con Sasuke. Todavía no podía entender cómo Sasuke había sido capaz, cómo había podido engañar a Hinata, siendo que ellos tenían una hija.
Esa pequeña era su ahijada y sólo por ella, Sakura jamás le dijo nada a Sasuke. Se había jurado respetar su matrimonio y ser sólo su amiga, aunque eso le doliera, pero era demasiado.
—Demonios, Sakura… olvida lo que viste —se dijo—. Tengo que olvidar eso de anoche, hacer como si nunca hubiese sucedido. Simplemente no pasó —trataba de auto convencerse, cosa que resultaba inútil.
En ese momento, entró su madrina Tsunade a toda prisa y gritando quien sabe qué tipo de incoherencias, hasta que pronunció su nombre.
—¡Sakura! —la llamó. La peli rosa dio un salto por ese grito y miró a su madrina que estaba plantada al lado de la puerta.
—¿Q-Qué sucede, madrina? —preguntó un tanto atemorizada.
—¿Se puede saber que te ha estado pasando hoy? He recibido muchas quejas de los pacientes, dicen que andas distraída —se quejaba Tsunade—. A uno le buscaste la vena con la aguja, y lo clavaste más de diez veces.
—L-lo siento… —se disculpó Sakura, bajando la mirada. Se sentía mal, lo peor de todo era que por culpa de su depresión, estaba haciendo las cosas mal en su trabajo. No pudo evitar soltar un par de lágrimas. Se sentía como una estúpida—. Por favor… perdóname, madrina.
—Sakura… —musitó Tsunade al verla llorar. Su ahijada era tan fuerte, tan segura de sí misma, y verla así de derrumbada sólo la ponía triste. Se acercó a ella y la abrazó—. ¿Qué te pasa?
—No es nada…
—Es por ese idiota de Sasuke Uchiha, ¿verdad? —cuestionó Tsunade, volviendo a enfadarse, pero no con Sakura, sino con ese hombre que sólo la hacía sufrir. Aunque la culpa también era de ella, por haberse enamorado de alguien casado, pero Tsunade sabía bien que en el corazón no se manda.
Sakura no le quiso contestar nada, sólo se quedó abrazada a ella, tratando de detener su llanto.
—Mira, Sakura, tómate el resto del día libre, sé que te hará bien despejarte un momento.
—P-pero… —trató de refutar Sakura, pero Tsunade no se lo permitió.
—Mira, por el bien de tus pacientes, en serio tómate el día —insistió Tsunade. Sakura soltó un suspiro y se resignó finalmente.
—De acuerdo, entonces me voy —dijo la peli rosa. Se quitó su bata blanca y tomó su bolso para irse a descansar. Necesitaba pensar y aclarar sus ideas—. Madrina, gracias.
—De nada —dijo Tsunade con una sonrisa. Sakura también sonrió y luego de eso salió de la sala.
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El pequeño perrito que había atendido Kiba ya se veía mucho mejor, incluso movía su colita y ladraba.
—Ya está bien —dijo el castaño con una sonrisa alegre y amable.
La chica se le acercó muy contenta.
—Gracias —dijo ella, también sonriendo. Tomó al pequeño cachorro y lo abrazó.
—Veo que te gustan mucho los animales —dijo Kiba, observando fijamente a la peli naranja—. Por cierto, me parece haberte visto antes, pero no recuerdo donde.
—Yo si me acuerdo, soy Sasame, fuimos compañeros por un año en la preparatoria, Kiba —dijo la joven, dejando a Kiba sorprendido. Ahora lo recordaba, ella era una chica con la que jamás habló. Había cambiado increíblemente, ya que antes era una de esas típicas niñas sin mucha gracia, que nadie en el salón tomaba en cuenta. Kiba no podía creer que aquella misma chica sin chiste era ahora tan hermosa.
—Claro, Sasame, ¿cómo estás? —preguntó bastante animado, tratando de disimular su sorpresa.
—Bien, como me ves —respondió Sasame. Kiba no podía creerlo, se había vuelto tan hermosa. Estaba a punto de decirle algo, pero en ese momento tocaron la puerta de su consultorio.
—Disculpa —dijo el castaño yendo hacia la puerta. La abrió y vio a su mejor amiga del otro lado—. Hinata, ¿qué haces aquí?
—Vine a verte, Kiba —respondió Hinata, mientras entraba, pero se sorprendió al ver a esa chica dentro de la consulta—. ¿Sasame-san?
—Hinata-san… —dijo Sasame. Ambas se reconocieron enseguida, pues Hinata también había sido compañera de ellos en la escuela—. Hola, ¿cómo has estado?
—Muy bien, ¿y tú?
—Bien —respondió Sasame, mientras que Kiba se preguntaba cómo se habían reconocido tan rápido, si él ni cuenta se había dado de que esa chica alguna vez fue su compañera de clase.
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Naruto y Sasuke estaban sentados a la mesa de una fuente de sodas que quedaba justo en medio de un enorme mall. Estaban charlando, mientras que esperaban que les trajesen algo de comer.
—¿Entonces estás soltero, Naruto? —preguntó Sasuke en tono de burla, pero Naruto no se molestó por eso, o al menos trató de aparentar que no lo estaba.
—Sí, desgraciadamente, la chica de la cual me enamoré me dejó —respondió restándole importancia al asunto, como si eso no le afectase en lo más mínimo.
—Pues qué le habrás hecho —opinó Sasuke—. Y en todo caso, ¿qué fue lo que te trajo a Tokio de nuevo? No me digas que has venido por el amor de esa chica —bromeó el azabache, pero Naruto simplemente negó con la cabeza.
—Claro que no, eso ya es parte del pasado. De hecho, estoy algo interesado en otra chica —confesó el rubio para cambiar de tema—. Pero la razón por la que regresé a Tokio es sólo porque quería trabajar aquí, hay muchas más oportunidades que en Okinawa.
—Yo no sé, creo que allá te hubiese ido bien de todos modos, pero supongo que es mejor que hayas venido.
—Sí… —Naruto bajó su mirada. Había mentido, sabía perfectamente que la única razón de haber regresado a la empresa Konoha era su venganza contra Hiashi y, por supuesto, contra Hinata, pero no podía decirlo.
De pronto recordó lo sucedido con Hinata otra vez, y que quería averiguar el significado de sus palabras. Si era cierto que lo amaba, ¿por qué se había casado con Sasuke? ¿Cómo habían pasado las cosas en realidad?
—Oye, Sasuke… y si no es mucha intromisión… ¿Cómo fue que terminaste casándote con Hinata? —preguntó, tratando de que sonara como un comentario común y corriente.
—Bueno, la verdad es que nuestros padres nos comprometieron, pero… —cuando iba a decir más, Sasuke vio algo que le llamó la atención. Se trataba de su amiga Sakura, quien caminaba entre la gente de aquel lugar. Se veía algo triste y deprimida, y seguro era por su culpa, por lo que ella vio anoche. Se sintió algo mal y pensó en dejar las cosas así, sin embargo, al ver que Sasuke miraba constantemente en esa dirección, Naruto se volteó y vio a la chica.
—Pero si es Sakura —dijo el rubio, animado—. ¡Hey, Sakura! —la llamó. La peli rosa oyó su nombre y al mirar hacia aquella mesa, pudo ver a Naruto y a Sasuke, el primero sonriendo y agitando un brazo y el segundo esquivando su mirada.
—Es Sasuke…—pensó con cierta tristeza. No quería verlo, no quería hablar con él, pero ignorar a Naruto sería demasiado grosero de su parte, así que hizo como si no le sucediese nada y se acercó a ellos, esbozando una sonrisa—. Hola, Naruto, hola, Sasuke… —lo último lo dijo en un tono muy bajo.
—Hola, Sakura, ¿cómo estás hoy? —preguntó Naruto. Sakura se tardó un poco en responder por estar mirando a Sasuke, quien no se atrevía a verla a los ojos.
—Muy bien, Naruto, ¿qué hacen por aquí?
—Estábamos almorzando —respondió el rubio—. Bueno, vamos a hacerlo, porque aún no nos traen la comida, pero ¿tú estás muy ocupada?
—No, de hecho, tengo el resto del día libre —respondió la peli rosa. Sasuke sólo los miraba hablar tan animadamente y no entendía por qué le molestaba tanto. Sakura ni siquiera le hacía caso, era como si estuviera ignorando lo de la noche pasada.
—Genial, entonces siéntate con nosotros —ofreció Naruto con una enorme sonrisa. En realidad, no sabía por qué demonios estaba sonriendo de esa manera. Él estaba amargado desde lo de Hinata, pero al ver a Sakura, no podía evitarlo, tal vez era porque ella le gustaba, aunque no estaba seguro, apenas la conocía.
—No lo sé, Naruto… —dijo Sakura, mirando nuevamente a Sasuke de reojo, pero el rubio no se iba a rendir tan fácil.
—Vamos, Sakura, me ofenderías si no aceptaras —insistió Naruto. Sakura vio entonces que no podría negarse y terminó por acceder.
—De acuerdo —dijo sentándose—. No te molesta, ¿verdad, Sasuke? —preguntó al azabache, el cual había estado muy callado desde que ella se acercó.
Sasuke sólo negó con la cabeza.
—No, ¿cómo crees? Eres mi amiga —respondió sonriendo levemente, tratando de olvidar lo sucedido. Si ella no lo comentaba, entonces él tampoco lo haría.
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En el jardín escolar de la pequeña Hime, su profesora y la sub directora estaban muy preocupadas. La niña desde hace un rato estaba ardiendo en fiebre y se quejaba de un fuerte dolor en su estómago. Y lo peor de todo, era que su madre no contestaba el celular y en su casa tampoco atendían.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó la maestra de Hime, mientras la abrazaba. Hime estaba llorando, repitiendo cuanto dolor sentía.
—No sé, habrá que llamar a alguien más —dijo la mujer que estaba sentada en el escritorio—. Creo que teníamos el número de su padre en una agenda, voy a buscarlo.
—Mami… —decía Hime, tratando de soportar el dolor, pero no podía dejar de llorar porque era demasiado fuerte.
—Tranquila, pequeña, tu mami pronto vendrá —le dijo su maestra con una sonrisa, mientras le acariciaba el cabello.
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—¡Ya deja de seguirme! —gritó por quinta vez Tenten, mientras caminaba por la calle. Iba hacia el parque a sentarse y tener un tiempo para relajarse, pero desde que había salido de la empresa, Neji no dejaba de caminar atrás de ella.
—Por última vez, no te estoy siguiendo, sólo voy en la misma dirección —respondió el Hyûga con sarcasmo, pero Tenten sabía perfectamente que él sólo quería fastidiarla. No podía entender cómo en el mundo podía existir una persona tan detestable como Neji Hyûga, en verdad no lo entendía.
—De acuerdo, entonces sólo te ignoraré —dijo Tenten, comenzando a caminar más rápido. Neji soltó una risita, y es que Tenten parecía una niña pequeña.
—Si con eso te contentas —susurró el castaño, yendo aún detrás de ella, pero sin aumentar su velocidad. Sin embargo, Tenten se detuvo de golpe.
—¿Por qué me molestas tanto? ¿Qué te hice? —preguntó enfadada. Neji la miró seriamente y, después de estar unos segundos, así simplemente la ignoró y la pasó de largo, hecho que molestó de sobremanera a la castaña—. ¡Maldito muñequito de torta! —gritó corriendo hacia él, pero al intentar pegarle, Neji se volteó y la agarró de las muñecas.
—¿Muñeco de torta? —repitió Neji, divertido—. Que apodo tan gracioso me has puesto, chonguitos.
—Suéltame, estúpido —exigió Tenten ya muy molesta. No podía soportar a Neji y sus estupideces, y mucho menos que le pusiera sobrenombres tan ridículos como ese.
—¿Qué vas a hacer si no te suelto? —preguntó el castaño. Era cierto, quería vengarse por lo de anoche, por eso no había dejado en paz a Tenten en todo el día. Le divertía ver como con una simple bromita, ella se exasperaba de esa manera, era tan gracioso y, al mismo tiempo, eso la hacía verse tan linda—. ¿Qué idioteces estoy pensando? Se supone que yo no soporto a esta tonta—pensó para sí. Tenten, por su parte, no se iba a quedar de brazos cruzados.
—Voy a hacer esto —respondió justo antes de darle una patada en los bajos, que dejó a Neji totalmente fuera de combate. La soltó de inmediato, llevándose ambas manos a su parte afectada y ella le sonrió con arrogancia—. Perdón, creo que me pasé —dijo antes de irse y dejarlo completamente solo, con un tremendo dolor en aquella zona tan importante para un hombre.
—Maldita, lo hizo de nuevo, de nuevo se burló de mí —se quejó Neji, completamente furioso, aunque no podía moverse demasiado por el momento.
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Gaara regresaba a su oficina después de aquella "reunión" la cual en realidad era sólo una cita con una chica muy linda que había conocido el otro día, pero se había aburrido bastante, ya que ella no paraba de hablarle todo tipo de cosas sin sentido, al final, hasta perdió las ganas de acostarse con ella y se despidió, fingiendo que tenía una importante junta. Siempre se escapaba de cosas fastidiosas de esa manera.
Ahora se encontraba dentro del ascensor, esperando a que éste se detuviera en su piso.
Por otro lado, Matsuri se encontraba sentada sobre el escritorio, revisando unos papeles. Estaba aburrida, en verdad eso de ser secretaria no era para ella, por eso lo había dejado apenas se graduó. Matsuri había estudiado en una preparatoria bastante peculiar, en donde, además de las clases normales, impartían una especialidad a elección. Sus padres le insistieron mucho con lo de ser secretaria y ella aceptó, a fin de cuentas, después de graduarse trabajó de eso por un tiempo, pero finalmente lo dejó y entró a estudiar su verdadera pasión, la cual era la actuación.
—Demonios, no puedo leer con estos lentes horribles y esta falda tan larga en serio molesta —se quejó la castaña. Se quitó esos anteojos para poder leer mejor y se subió un poco la falda, pues tenía bastante calor.
En ese momento, las puertas del ascensor se abrieron, dejando ver al pelirrojo del otro lado, pero Matsuri no se dio cuenta por estar mirando esos papeles. Cuando Gaara salió y miró hacia el escritorio de su secretaria, se quedó con la boca abierta. Ella estaba sentada sobre el pupitre, sin esos lentes se podía apreciar su rostro, jamás pensó que fuese tan linda. Además, también podía evaluar mejor sus piernas, ya que se había subido la falda.
—Tal vez Shikamaru no hizo tan mal trabajo—pensó con una risita divertida al darse cuenta de que su nueva secretaria era más hermosa de lo que había pensado.
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—¿Qué hacías tú solo con Sasame-san? ¿Acaso estabas engañando a Ino? —preguntó Hinata con una risita, mientras jugaba con la pajilla de su soda.
Kiba se sonrojó un poco y aclaró su garganta.
—Por supuesto que no, sabes que yo no sería capaz —dijo el castaño con seriedad—. Ella sólo fue a mi consultorio porque encontró un cachorro herido en la calle.
—Pero tú la mirabas demasiado —insistió con el tema Hinata, tal parecía que no iba a rendirse hasta sacarle algo a Kiba—. Las mujeres somos mucho más perspicaces, y noté perfectamente como la estabas mirando.
—¿Y cómo, según tú? —inquirió Kiba, algo molesto. Hinata comenzó a reír al darse cuenta de que lo estaba incomodando.
—Ya no te enojes, Kiba, era sólo una broma —dijo la ojiperla.
El castaño también sonrió después.
—No estaba enojado en serio, pero te engañé —Hinata hizo un puchero por haber caído en su broma—. Por cierto, Hinata, ¿al final qué pasó con Naruto?
—¿Para qué quieres saber eso? —preguntó ella, como queriendo cambiar de tema. En verdad no quería hablar de eso, le hacía mucho daño pensar en que su querido Naruto ya no era el mismo, y todo por su culpa. Ella se sentía culpable, aunque sabía que no había sido su decisión el abandonarlo, sino una orden impuesta por su padre.
—Vamos, Hinata, quiero saber si ya hablaste con él, si hay una posibilidad de arreglar las cosas —insistió Kiba, ya más animado. De verdad quería ver a su amiga feliz. Por mucho tiempo, Kiba había estado enamorado de Hinata, pero al darse cuenta de que el corazón de ella ya pertenecía a otro, se resignó a sólo ser su mejor amigo, era más feliz así.
—Bueno… anoche él y yo nos besamos —confesó la Hyûga, algo sonrojada y avergonzada. Le daba pavor hablar de temas íntimos, aún frente a su mejor amigo. Por otro lado, Kiba se alegró al oír esa noticia.
—Pero eso es muy bueno, eso quiere decir que ya todo está bien.
—No, está peor que antes. Le dije que lo amaba y no me creyó, nos besamos y me dijo que había sido un error —dijo Hinata con tristeza en su voz—. No sé si algún día sea capaz de confesarle que Hime-chan es su hija.
—Hinata… —susurró Kiba, sintiéndose triste por la desgracia de su amiga.
Hinata recordó que ya llevaban mucho tiempo hablando y quiso sacar su celular para ver la hora, pero se dio cuenta de que no lo traía.
—Ay no, creo que lo dejé en la oficina —dijo un tanto preocupada, pues siendo la vice presidenta de una empresa, siempre tenía llamadas importantes y ya se le hacía raro que no le hubiese sonado el teléfono en casi todo el día.
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Karin se encontraba sentada, esperando una llamada de Sasuke, pero él no la había marcado y ni siquiera le contestaba. Estaba molesta y dolida por eso, no entendía qué pasaba con Sasuke, por qué la trataba de esa forma, como si ella fuese una cualquiera.
—Sasuke… ¿por qué me haces esto? —se preguntó con tristeza. En ese momento, alguien le tocó el hombro y ella se sobresaltó un poco.
—Hey, ¿por qué estás tan deprimida, bruja? —preguntó un chico de cabello albino y ojos morados, mientras mostraba una sonrisa tiburonezca.
Karin sólo lo miró y se arregló sus anteojos.
—Ah, sólo eres tú, lagartija de coladera —dijo la pelirroja sin darle importancia. El albino se molestó al ser llamado de esa forma.
—Oye, que mi nombre es Suigetsu —se quejó él, pero Karin no le hizo caso—. Ya, tampoco te volveré a llamar bruja —al decir eso último, Karin volteó a verlo con una sonrisa.
—¿Qué traes? —preguntó la pelirroja.
—La correspondencia de tu querido jefe, y de los otros también —respondió Suigetsu. Él era el mensajero de la empresa y se encargaba de la correspondencia de todos en ese lugar.
A Karin le brillaron los ojos al tener frente a ella la correspondencia privada de Sasuke, pero Suigetsu rápidamente alejó las cartas de su vista.
—Ni creas que te las dejaré leer —advirtió el chico.
—Oh, vamos, no seas egoísta —se quejaba Karin, tratando de convencerlo. Aunque a veces se insultaran de lo lindo, ellos dos eran muy buenos amigos.
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Naruto y Sakura no paraban de reír y contarse anécdotas que los hacían sonreír más, mientras que Sasuke sólo sentía que estaba sobrando. Se sentía como el tipo que tocaba el violín en una cena romántica, ya que Naruto y Sakura le ignoraban olímpicamente y eso le molestaba.
No podía soportar ver como Sakura le sonreía de esa manera tan especial a Naruto. Se estaban llevando demasiado bien, eso lo incomodaba bastante, pero ¿por qué? Si Sakura era sólo su amiga. No se lo explicaba.
—Son sólo celos de amigos—se dijo mentalmente. En ese momento, sintió el sonido de su celular, y como sus dos amigos lo seguían ignorando, se decidió a contestar—. ¿Bueno?
—Señor Uchiha, que bueno que contesta, habla la sub directora del jardín de su hija—dijo la mujer del otro lado, bastante alterada—. Lo llamaba para avisarle que su hija está muy enferma, no sabemos qué tiene y estamos muy preocupados.
—¡¿Qué?! —exclamó Sasuke, parándose inmediatamente, llamando la atención de quienes antes no le hacían caso—. ¿Pero está bien? —preguntó preocupado.
—Me temo que no. señor, por favor venga cuanto antes —pidió la mujer.
—Descuide, voy enseguida para allá —respondió el azabache terminando la llamada.
El rubio y la peli rosa lo miraban preocupados.
—¿Qué pasó, Sasuke? —le preguntó Sakura, mientras lo veía sacar un poco de dinero de su billetera para pagar la cuenta.
—Es mi hija, está enferma así que tengo que ir por ella.
—Vamos contigo entonces —dijo Naruto, ya que al oír que esa pequeña estaba enferma y al ver a Sasuke tan preocupado, de alguna forma se sintió involucrado. No entendía por qué, pero le preocupada esa niña. Tal vez por ser la hija de Hinata, no lo tenía muy claro, pero no quería que a esa dulce pequeña le pasara nada malo.
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Shikamaru se encontraba trabajando en su computadora. Era bastante problemático, pero tenía que hacerlo, ¿quién sino?
En ese momento Temari lo vio muy concentrado en su trabajo y pensó en ir directamente hacia él e invitarlo a algún lugar. La verdad, no entendía por qué Shikamaru siempre huía de ella, pero estaba decidida a averiguar la razón.
—Oye, Shikamaru… —lo llamó, haciendo que el chico temblara al oír su voz.
—H-hola, Temari —saludó el pelinegro algo nervioso, mientras una gotita de sudor recorría su sien—. ¿Qué te trae por aquí?
—Aquí trabajo —respondió Temari, como si eso fuese lo más obvio del mundo. Shikamaru siguió riendo nerviosamente.
—Si, eso ya lo sé —fue todo lo que dijo. La verdad, era que a Shikamaru le gustaba mucho Temari, pero siempre que estaba cerca de ella, se ponía tan nervioso que no era capaz de hacer o decir nada que tuviera sentido, era extraño, porque ella era la única mujer con quién le sucedía eso.
Temari sólo le sonreía. De sus redes, ningún hombre se escapaba y Shikamaru no sería la excepción, él iba a caer como todos.
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Matsuri terminó de revisar esos dichosos papeles, aunque nunca se dio cuenta de que su jefe la había estado mirando lujuriosamente, al igual que pudo ver su rostro sin aquellos molestos anteojos. Se bajó del escritorio, ya que estaba algo incómoda y, cuando iba a guardar los documentos en el cajón, se fijó en que su teléfono se movía sobre el escritorio, pues estaba con vibrador.
—Me llaman —la chica rápidamente dejó los papeles sobre el escritorio y contestó su celular, pues se trataba de una persona muy importante—. ¿Bueno?
—Matsu, chiquita, qué bueno que me contestas, perdón por haberte llamado tan poco, mi amor —se escuchó una voz masculina del otro lado. Matsuri sonrió al oírlo.
—No te preocupes, Saso, te entiendo perfectamente, sé que estás muy ocupado con tu trabajo en los Estados Unidos —dijo la castaña. Estaba hablando con nada más y nada menos que su novio y prometido.
—Te he extrañado, Matsuri, pero ya en unos meses podré volver a verte —dijo el novio de Matsuri, su tono de voz era caballeroso y alegre —. Y por fin podremos ser marido y mujer.
—Sí, estoy esperando ansiosa por ese día —respondió la castaña—. Te quiero, Sasori.
—Y yo a ti.
Mientras Matsuri seguía hablando, Gaara salió de su oficina hacia la máquina de café instantáneo. La vio hablar muy animada por teléfono y le hizo una pequeña sonrisa cuando la vio terminar. El corazón de Matsuri dio un pequeño vuelco, ¿qué estaba pasándole? Acababa de hablar con su futuro marido, a quien no veía hace meses y se suponía que amaba, pero se ponía así de nerviosa sólo porque otro hombre le sonreía de esa manera.
—Esto no puede ser, no tengo que pensar en él, sólo es una actuación, Matsuri—pensó, mientras trataba de convencerse a sí misma que así era, cuando sabía perfectamente que algo le estaba pasando con él
Gaara, por su lado, sólo esperaba a que su pequeña taza se llenara por completo, mientras veía a su secretaria de reojo.
—Todo un desafío, ¿eh? —murmuró por lo bajo—. Vamos a ver qué tan difícil eres, pequeña Matsuri.
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Sasuke, Naruto y Sakura habían llegado a recoger a Hime. La pequeña estaba realmente mal y el azabache no se lo explicaba, si ella estaba muy bien en la mañana.
Rápidamente, la subió a su auto para llevarla al hospital, pero recibió una llamada muy importante y la respondió, mientras Sakura abrazaba a su ahijada para calmarla un poco.
—No puedo ahora —dijo Sasuke al teléfono—. Entiende, mi hija está enferma y necesito llevarla a un hospital, es que en serio parece ser grave —Naruto notó que algo no andaba bien y se decidió a preguntar.
—¿Pasa algo, Sasuke?
—Sí, hay una reunión de emergencia, y tengo que asistir —respondió el Uchiha, cubriendo el teléfono con una mano para mirar a su amigo.
Naruto lo dudó un momento, pero decidió que era lo mejor.
—Tranquilo, tú ve a esa reunión y nosotros llevaremos a Hime-chan al hospital, no te preocupes.
—Pero no puedo, es mi hija, oh demonios —decía Sasuke furioso, y es que no entendía cómo había surgido algo así, justo cuando Hime lo necesitaba.
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Hinata llegó apurada a su oficina. Por suerte, su celular estaba sobre el escritorio.
—Qué tonta, ¿cómo pude olvidármelo? —se regañó a sí misma. Lo levantó para ver las llamadas perdidas y notó que había muchas del colegio de su hija. De pronto, tuvo ese mal presentimiento otra vez y enseguida llamó para comprobar si todo iba bien. Sin embargo, al oír lo que había pasado con su hija, casi se le salía el corazón por la boca.
Así que rápidamente marcó el número de Sasuke.
—¿Hinata? —contestó Sasuke.
—Sasuke, ¿cómo está Hime-chan? ¿Está bien? ¿La llevaste al hospital?
—Ahora no estoy con ella, fui a recogerla, pero me llamaron urgente, de todos modos, no te preocupes, Naruto y Sakura la han llevado juntos, así que todo estará bien.
—De acuerdo —Hinata se desconcertó un poco al oír que la llevaban Naruto y Sakura. Por alguna razón, le molestó oír aquellos nombres juntos en una misma oración, pero se olvidó de eso rápidamente, pues su hija era mucho más importante, así que, sin perder más tiempo, volvió a salir de la empresa camino hacia el hospital.
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—¿Cómo está ella? —preguntó Naruto al ver salir a Sakura de una sala, aunque ella no traía muy buena cara. Ya habían pasado algunos minutos desde que habían ingresado a Hime y Sakura fue allá para saber de su estado.
—Aún no saben nada, pero me preocupa… es tan pequeña… —dijo Sakura, tratando de no llorar. Naruto se sintió mal al verla así y no pudo evitar abrazarla, pero justo en ese momento, fue que llegó Hinata.
Sintió como se le rompía el corazón al ver a Naruto y a Sakura abrazados, pero tenía que ser fuerte por su hija.
—Sakura, ¿dónde está mi hija? —preguntó acercándose a ellos. El rubio se separó de la peli rosa rápidamente al ver llegar a Hinata.
—Está adentro, la están revisando, Hinata, pero tranquila, todo va a estar bien —dijo Sakura, tratando de tranquilizar a su amiga, la cual se veía bastante alterada.
Naruto no decía nada, sólo veía el rostro de preocupación de Hinata, sintiendo que, de cierta forma, le comprendía. Anoche la había visto ser una madre cariñosa y amable, hoy veía su lado protector, y todos le gustaban tanto. Pero rápidamente sacudió su cabeza para dejar de pensar en eso. No podía seguir así de confundido, tenía que hallar una forma de olvidar a Hinata o no podría concretar sus planes de venganza.
El doctor que estaba atendiendo a Hime salió, llamando la atención de los tres.
—¿Los padres de Hime Uchiha? —preguntó.
Hinata fue la primera en alertarse.
—Soy su madre —dijo la ojiperla—. Doctor, ¿qué tiene mi pequeña?
—Se trata de una apendicitis, seguramente la niña llevaba días con ese dolor y no había dicho nada —contestó el doctor, haciendo que Hinata se preocupara—. Necesitamos operarla de inmediato.
—S-sí… —dijo la ojiperla, comenzando a derramar algunas lágrimas, ¿cómo no se había podido dar cuenta de lo que le pasaba a su hija? ¿Acaso era tan mala como madre?
Mientras, Naruto de verdad no soportaba verla así, no podía aguantar verla llorar de esa forma por su hija, por eso la abrazó, reconfortándola con su calor.
—Tranquila, Hinata, todo saldrá bien —le decía con voz suave. Hinata se sintió mucho mejor y se abrazó a él con más fuerza.
—Gracias, Naruto… —le susurró, mientras que Sakura observaba aquella escena algo sorprendida. Por alguna razón, ellos dos parecían tenerse mucha confianza.
Continuará…
Pequeño omake:
Aparece Hime-chan y se acerca a mí.
—Escritora-san, Hime-chan quiere saber por qué el señor sol y mami se estaban abrazando —pregunta con ojitos de perrito.
—Eh… bueno… —contesto nerviosa por la pregunta. En eso, llega Hinata buscando a Hime-chan.
—Hime-chan, ¿qué te he dicho sobre molestar a la escritora? —regaña enfadada.
Hime-chan sólo sonríe.
—¿Qué Hime-chan no debe hacerlo?
—Así es —dice Hinata, llevándosela de la mano, pero la pequeña no deja de gritar que quiere una respuesta.
—Uf, de la que me salvé —digo dando un suspiro.
Fin omake.
