Capítulo 8: En la guerra y el amor todo vale
Matsuri se paró con cierto nerviosismo frente a su antigua casa, de sólo estar ahí muchos recuerdos se le venían a la mente, como el tiempo que pasó esperando alguna noticia de su mejor amigo de la infancia, o las veces que ellos hablaron en el balcón, cuando Gaara saltó por encima de árbol y se coló en su habitación y, aquella misma noche estuvieron a punto de hacer el amor por primera vez, pero no sucedió. Extrañaba mucho aquella casa, sus días de infancia con sus padres, todo parecía tan lejano ahora, por eso le daba gusto estar ahí nuevamente, aunque sólo fuera para cobrarle la renta al nuevo inquilino.
—¿Tu padre te pidió que cobraras la renta? —le preguntó Gaara, mientras ambos se encontraban almorzando en el patio de la universidad, alejados del resto de estudiantes, junto a un árbol, ella había preparado dos bentos y él comía encantado lo que le dio su novia.
—Sí, dijo que el inquilino le llamó y que solamente podía pagar en efectivo este mes, así que debo ir a cobrarle, me parece un poco incómodo, pero no creo que me tome mucho tiempo —dijo la castaña, sonriendo al darse cuenta de que su novio tenía un grano de arroz en la cara—. Gaara-kun, tienes arroz aquí —señaló su propia mejilla.
—¿Dónde? —él intentó limpiarse, pero no lo logró.
—Aquí —Matsuri agarró una servilleta y lo ayudó removiendo el grano de arroz de su rostro, seguido de ello y, ya que estaban muy cerca, le robó un pequeño beso, sorprendiendo al pelirrojo.
—Oye, eso es trampa —se quejó Gaara, que no perdió oportunidad de besarla también, debían aprovechar cada momento que tuvieran sólo para los dos.
La chica tocó el timbre por segunda vez, se suponía que el inquilino sabía que ella vendría, pero se estaba tardando bastante en abrirle, ¿quizá había salido? Eso era muy irresponsable de su parte, de sólo pensar en eso, la puso de mal humor.
Estaba por reclamar en voz alta que ese "señor" la haya dejado plantada, cuando de pronto escuchó ruidos desde el interior, como si alguien se hubiera dado un buen golpe contra el piso, eso la hizo reír, luego vio que abrían la puerta, pero se quedó con la boca abierta cuando vio a esa persona salir.
—¡Perdón, me quedé dormido! —dijo Sasori, quien era el inquilino de la casa de los padres de Matsuri, él tenía los ojos cerrados y sus palmas estaban juntas en son de disculpa, además, no se había puesto camisa, por lo que llevaba el torso descubierto—. Perdone usted, aquí está el dine… —casi se le desencajó la mandíbula cuando vio frente a él a Matsuri, la cual lo veía con los ojos muy abiertos, hasta que su cara se puso roja y miró rápidamente en otra dirección.
—¡T-tápese! —exclamó la chica, totalmente avergonzada, mientras se cubría el rostro con una de sus manos, aunque no podía evitar querer mirar sólo un poquito, es decir, ese chico era muy apuesto.
Sin saber muy bien qué estaba pasando, Sasori corrió al interior de la casa, se puso una camiseta y regresó, todavía confundido.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a cobrar la renta, mis padres son los dueños —explicó Matsuri, seguía sin mirarlo, sentía que se moriría de la vergüenza—. ¿Ya se cubrió, sempai?
—Sí —respondió Sasori, la sonrisa en su rostro parecía que se había quedado trabada, no podía creer su suerte, así que Matsuri era su "casera", esto era increíble, eso quería decir que ahora tenía un motivo más para poder hablarle cuando quisiera.
Lentamente, la castaña se descubrió el rostro, mirando al mayor, ahora estaba usando una camiseta de color negro, sin mangas, nunca lo había visto con ese tipo de ropa, tenía unos brazos bastante trabajados, al igual que el resto del cuerpo. Bueno, nada que no tuviera Gaara, en realidad.
—¿Pero en qué idioteces estoy pensando? —se regañó a sí misma, entonces estiró su mano hacia él, quien la miró arqueando una ceja, como si no entendiera qué es lo que ella quería—. El dinero…
—Ah, sí —Sasori metió la mano al bolsillo de su pantalón y sacó el dinero que antes había guardado ahí, para tener las manos libres y poderse vestir en la parte del torso, luego entregó los billetes a la chica—. ¿Cómo has estado? Casi no te he visto desde el accidente, en la clase del lunes no pude preguntarte —comentó, volviendo a meterse las manos a los bolsillos.
Matsuri abrió el pequeño bolso que traía colgando del brazo y guardó el dinero ahí, luego volteó a ver nuevamente al mayor.
—He estado bien, sempai, gracias por preocuparse —le contestó, esbozando una suave y amable sonrisa—. No tenía idea que estaba alquilando la casa de mis padres, qué sorpresa.
—Lo mismo digo —dijo él, que no le apartaba la vista de encima, le parecía que Matsuri iba más bonita de lo normal ese día—. ¿Qué harás ahora? —se atrevió a preguntar, aunque debió suponer la respuesta.
—Veré a mi novio —Matsuri le contestó inocentemente, pensaba que todo el tema de que ella le gustaba a Sasori ya estaba superado, así que podía mencionar libremente a Gaara frente a él—. De hecho, se me hace tarde, así que me retiro —hizo una leve reverencia antes de marcharse, sin dejar que siquiera Sasori se despidiera, por lo que no notó la expresión de molestia en el rostro del chico.
No podía evitarlo, sentía mucha envidia de aquel mocoso, ese Gaara…
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Sari sabía que el tiempo con su mamá no iba a durar para siempre, ella había pedido unas ligeras vacaciones para poder pasar unos días junto a su hija, pero éstas ya habían terminado, así que tenía que regresar al trabajo, por eso, la chica estaba despidiéndola en la estación. Se sentía desanimada por eso, desearía poder estar todo el tiempo junto a su mamá, pero entendía que todo esto era para que ella pudiera estudiar y conseguir un buen nivel de vida en el futuro, así que tenía que esforzarse al máximo.
—No olvides abrigarte mucho, pronto comenzarán los tiempos fríos, no te quedes fuera hasta tan tarde y no te olvides de tomar todas tus comidas —decía la mujer, quien no paraba de darle consejos para que ella se cuidara, así que Sari rodó los ojos, aunque en el fondo adoraba ese tipo de cosas, antes su madre no le demostraba toda esa preocupación, no tenía tiempo de ello cuando debía estar todo el tiempo cuidando de ese horrible hombre—. También no olvides cuidarte cuando estés con Kankuro-kun, no quiero nietos todavía, estoy muy joven.
—M-mamá, ya te dije que él y yo no tenemos esa relación —aclaró, completamente sonrojada—. Bueno, ya vete, ya va a salir tu tren.
—Te llamaré cuando llegue —dijo su mamá, sonriendo al ver la cara sonrojada de Sari, su hija era muy obvia, aunque dijera que ella y Kankuro no eran novios, era muy evidente que, al menos, sentimientos de por medio sí que había.
Después de despedirla, Sari se dirigió al supermercado, tenía que comprar algunas cosas para la despensa, no eran demasiadas, así que planeaba hacerlo rápido. Al llegar al lugar, tomó un carrito y comenzó a poner los productos que llevaría dentro de él. Estaba mirando los precios de unas carnes, cuando de pronto otro carrito chocó débilmente contra el suyo.
—Perdón, iba distraída —escuchó la voz de una chica, así que Sari levantó la mirada, encontrándose con alguien que, sinceramente, no le agradaba mucho ver—. Oh, ¡hola! Eres Sari, ¿no? Nos hemos visto un par de veces.
—Sí —Sari rio como si la estuvieran forzando a ser amable, pues prácticamente así lo sentía—. ¿Tenten es que te llamas?
Vio a la otra chica asentir con la cabeza, Tenten era amable y agradable, no tenía nada contra ella, en realidad, nada más se sentía muy celosa, sabía que era algo tonto, pero no podía evitarlo.
—Sí, justamente —la castaña de chonguitos le sonrió, siempre que se encontraba con Sari, era amable con ella, lo que había sucedido con su familia no era algo secreto, muchas personas que la conocían desde la escuela sabían lo que había sucedido con su padrastro, aunque Tenten jamás sería tan imprudente como para mencionarlo—. Qué gusto verte, me imagino que todavía tienes cosas que comprar, así que no te quitaré el tiempo —añadió, agarrando su carrito mientras se disponía a irse, pero la voz de la menor la detuvo.
—Espera… esto… —Sari se mordió el labio inferior, mirando al suelo, apretando sus manos contra la barra del carrito—. Tú… si no tienes nada que hacer después, ¿tomarías una malteada conmigo?
—¿Eh? —Tenten la miró con sorpresa, estaba segura de que ella le caía mal a Sari, ¿acaso estaba equivocada? ¿La había malinterpretado todo este tiempo?
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Hinata y Sakura estaban juntas en el centro comercial, habían decidido ir de compras y así aprovechar para charlar un poco. La ojiperla continuaba confundida por lo que había sucedido hace unos días con Naruto, lo había estado evitando desde entonces, honestamente, ¿qué le había pasado por la cabeza para hacer eso? Ella tenía novio, se suponía que lo quería, Toneri era grandioso, pero… pero ella ya no sabía cómo sentirse.
—¿Estás bien? —le preguntó Sakura al verla suspirar nuevamente, las dos estaban en una tienda de ropa, mirando las bonitas prendas y probándose algunas, la peli rosa acababa de salir del probador cuando descubrió a su amiga en aquel estado.
—No estoy segura —respondió Hinata, le había contado a Sakura y a Matsuri sobre lo ocurrido, pero solamente a ellas dos, necesitaba el consejo de sus mejores amigas, aunque ambas opinaron que debía ser sincera respecto a sus verdaderos sentimientos y, para mala suerte de Hinata, ni siquiera ella sabía lo que sentía hacia los dos chicos.
—¿Sigues pensando en Naruto? —Sakura suspiró, no tenía ni que preguntarlo, la respuesta era obvia—. Mira, yo seguiré diciéndote lo mismo y creo que Matsuri igual, tienes que ser sincera con lo que sientes, es la única forma de resolver este enredo.
Hinata bajó la mirada, se sentía tan culpable por haber besado a Naruto mientras estaba en una relación con Toneri, sobre todo, porque después habló con él por teléfono. Toneri había ido de viaje fuera del país con su padre, para ayudarlo con un negocio de este último, ya que estaba aprendiendo sobre el oficio familiar, por eso no lo había visto y aquello sólo aumentaba su pesar.
—Es que no sé, Sakura-chan, estoy realmente confundida.
—¿Por qué mejor no seguimos comprando? Anda, ánimo —dijo la Haruno, apoyando una mano sobre el hombro de Hinata, en un vano intento por subirle un poco la moral, por lo que Hinata, que no quería seguir arruinando el ambiente, le sonrió y asintió con la cabeza.
Decidió tratar de olvidar el tema por el momento, pero su mente continuaba viajando a aquel día, a lo que sintió, a lo que pasó.
El beso había comenzado de forma inocente, suave, pero poco a poco tomó intensidad, Hinata ni siquiera se dio cuenta en qué momento su cuerpo se había reclinado sobre el de Naruto, y ahora él estaba debajo de ella, sosteniéndola por la cintura. Sus labios se movían sin ánimo de detenerse y ella tembló cuando la mano de Naruto subió hasta su nuca, intensificando aún más aquel embriagador contacto.
—Naruto-kun… e-espera… —ella murmuró entre el beso, apenas y podía respirar, sentía que le iba a explotar el corazón y el aliento del rubio sobre sus labios le hacía creer que incluso perdería la cabeza—. T-tenemos que detenernos…
Él se apartó sólo unos centímetros de ella, mirándola fijamente a los ojos, su expresión era tan devota, como si con ella le estuviera diciendo que de ningún modo la dejaría ir.
—Lo lamento… —dijo Naruto, acariciándole la mejilla, para luego empujarla con cuidado, dejándola a ella sobre el colchón, entonces la aprisionó con su cuerpo—. Pero no puedo, Hinata, no puedo dejarte ir —aseguró, besándola una vez más.
Hinata pensó que todo su cuerpo se estaba derritiendo, los besos eran cada vez más intensos, las manos de Naruto se mantenían una sobre el colchón, a la altura de su cabeza, mientras la otra estaba sobre su cintura. Esta vez, Hinata decidió mandar de paseo a la parte racional que aún le quedaba, ya no le importaba nada más y simplemente lo rodeó con sus brazos por encima de los hombros, apegándolo más hacia sí misma. Los labios de Naruto se apartaron de los suyos y rodaron suavemente sobre su cuello, haciendo su cabello hacia un lado, ya que, aunque ahora lo llevaba corto, todavía le llegaba hasta los hombros.
La chica no pudo reprimir el leve gemido que escapó a través de su garganta, la forma en que esos labios la besaban, el modo en que esas manos la sostenían, estaba empezando a hacerla sentir que se perdía entre nubes. Naruto no se encontraba en mejor situación, sabía bien que esto estaba mal, que Hinata tenía novio, pero ella lo había besado y, aunque intentó detener esto con palabras, su cuerpo hablaba por ella con mayor claridad, pues cada vez que él la besaba y acariciaba, ella le correspondía receptiva, fue por eso que se atrevió a deslizar una mano por debajo de la blusa de la ojiperla, tocando su abdomen, sintiendo la tersa y tibia piel bajo sus dedos.
—Mgh… —murmuró Hinata, cerrando los ojos con fuerza, era la primera vez que alguien la tocaba de ese modo y no pudo evitar temblar un poco, a la vez que sentía algunas cosquillas, pues Naruto la tanteaba lentamente, pero subiendo cada vez más.
Sin pensarlo mucho, las manos de ella también hicieron lo suyo, colándose bajo la camiseta del chico, el cual se estremeció ante el toque sobre su espalda, empezaba a sentir mucho calor, pero era diferente de cuando había tenido fiebre, era mucho más intenso y sofocante, casi imposible de aguantar, así que se separó de ella y se quitó la prenda por completo, mirándola hacia abajo, mientras ella se sonrojaba como un tomate.
—Eres adorable, Hinata —dijo con sinceridad, no podía creer que la tenía ahí, junto a él, debajo de él, era simplemente alucinante, como si no fuese algo real, pero supo que lo era cuando ella se incorporó, sentándose junto a él, mientras sus dos pequeñas manos se apoyaban sobre su abdomen, para ser alguien que apenas comía saludable, Naruto tenía un muy buen cuerpo.
Él se estremeció nuevamente ante el toque, las manos de Hinata estaban tibias, pero le causaban revoluciones en todo el cuerpo, sobre todo cuando subían y bajaban sobre su piel, como si intentaran aprenderse ese camino de memoria.
—Hinata…
—No digas nada, por favor —murmuró ella, acercándose para volver a besar sus labios, no podía parar, sentía que esos besos eran una adicción, jamás sintió aquello cuando besaba a Toneri, ni una sola vez.
Naruto se rindió ante aquellas palabras y decidió no hablar, al menos no con su voz, porque sus acciones lo hacían por él. Sus manos buscaron desesperadas el comienzo de la blusa de Hinata, sintiendo aquella delgada cintura pegarse más a él, mientras sus senos chocaban contra su pecho desnudo. Desde hace rato aquel encuentro había perdido la inocencia y ambos lo sabían, lo supieron cuando se vieron incapaces de separarse el uno del otro. Finalmente, Naruto alcanzó el borde de la tela y, jalándola hacia arriba, la retiró por encima de la cabeza de la chica, quien levantó sus brazos para facilitarle el trabajo.
Satisfecho ante su acción, se apartó de ella para mirarla, Hinata era simplemente hermosa, era como un ángel que había caído desde el cielo para estar a su lado y, aún sabiendo que no siempre sería así, ahora mismo, ella era completamente suya.
—Te amo, Hinata —repitió como había dicho antes, sabía que aquello probablemente podría espantarla y hacer que ese hermoso sueño se terminara, pero no le importó, necesitaba decírselo, entonces ella lo besó, no le respondió, pero la intensidad de ese beso le dejó muy en claro que ella no era indiferente ante sus sentimientos, él sólo necesitaba demostrarle que esto no era un error, que debían darse una oportunidad de enmendarlo todo y de amarse mutuamente.
Entonces la recostó nuevamente sobre la cama ya deshecha, esta vez, sin reprimir la exploración de sus manos sobre cada rincón del cuerpo femenino, así como ella tampoco reprimía las suyas, pues en ese efímero instante, que se sentía como si estuvieran encerrados en una burbuja atemporal, a ninguno de los dos les importaba nada más.
—¡Hinata! —exclamó Sakura, haciéndola volver a la realidad, dejando de lado aquel hermoso recuerdo—. ¿Me estás oyendo? Te he preguntado más de cinco veces cómo me queda esta falda —dijo, mostrando que se había probado una bonita prenda de jeans azul, muy corta, que dejaba ver sus piernas más de lo debido.
—P-perdona, tenía la cabeza en cualquier parte, te queda muy bonita —respondió, sentía que su cara estaba roja, no debería haber permitido que su mente la llevara por esos lares—. Tengo un poco de calor, saldré un momento a tomar aire —añadió, echándose viento sobre el rostro, mientras agitaba las dos manos.
Qué vergüenza sentía ahora mismo, sobre todo, sabiendo que desde ese día no había querido dirigirle la palabra a Naruto, ¿qué estaría pensando ahora de ella al ignorarlo después de todo lo que hicieron esa tarde?
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Ya eran pasadas las cinco de la tarde cuando Matsuri se acercó a la tienda en donde trabajaba Gaara, se suponía que ya debía estar terminando su turno de ese día y ella estaba ansiosa por pasar el resto de la tarde con él. Todavía estaba un poco desconcertada por el encuentro de hace rato, no esperaba que el inquilino de su antigua casa fuese Sasori, eso era muy raro y sorprendente a la vez. El dinero que éste le había pagado lo había pasado a dejar a su casa, su padre le dijo que podría disponer de él, que lo viera como una mesada, aunque era bastante más de lo usual. Ahora que lo pensaba, se sentía un poco culpable por haberle ocultado a sus padres lo de su accidente, pero todo resultó bien al final, no tuvo problemas derivados, así que ya no veía la necesidad.
La campanilla de la puerta sonó cuando la castaña la atravesó.
—Adelante —escuchó la voz de una mujer anciana, la dueña, quien enseguida la reconoció, pues Gaara se la había presentado—. Oh, pequeña Matsuri, Gaara está cambiándose de ropa, debe estar por venir.
—Hola, muchas gracias, Chiyo-sama —dijo Matsuri, sintiéndole dulcemente a la mujer mayor, ella le recordaba un poco a su difunta abuelita, a quien siempre extrañaba, a pesar de haber fallecido cuando ella era muy pequeña.
Chiyo le sonrió, a pesar de que lucía como una vieja cascarrabias, en realidad era muy amable y simpática, trataba a todos los jóvenes como si fueran sus propios nietos, incluidos a sus empleados y a sus clientes.
—¿Gustas un refresco o una taza de té?
—Oh, no, no se moleste —contestó Matsuri, agitando sus manos delante de su rostro—. Solamente vine por Gaara-kun, no quisiera que se esforzara demás por mí.
La mujer la miró por un par de segundos, para luego sonreír una vez más y después soltar un suspiro, llevándose una mano a la sien.
—Eres una jovencita muy educada, ojalá mi nieto tuviera una novia como tú, pero creo que solamente se junta con vagos, bah…
Matsuri la miró con incredulidad y una gotita de sudor frío recorriendo su sien cuando la escuchó quejarse repetidamente de lo irresponsable, irrespetuoso y poco empático que era su nieto, que sería bueno que él tuviera amigos como ella y Gaara, pero que las malas juntas lo estaban consumiendo, en especial un chico que no paraba de decir groserías, que era una desgracia, según ella.
—¿Llevas mucho esperando? —escuchó la voz de Gaara, haciendo que desviara su atención de la anciana Chiyo, la cual seguía hablando sola. Parecía que él se había dado una ducha, porque traía el cabello mojado y el aroma del champú impregnaba el aire, era muy agradable, así que Matsuri no podía dejar de verlo—. ¿Matsuri?
—Ah, n-no… —ella se sonrojó como un tomate, hace rato había pensado que Sasori era apuesto, pero cuando veía a Gaara, era como si cualquier otro chico en el mundo no fuese más que una sombra, era tanto lo que le gustaba, que simplemente con si presencia ya la ponía nerviosa—. Llegué hace unos minutos, Gaara-kun.
—Ya veo, deberíamos irnos —Gaara miró a su jefa, la anciana se dio cuenta de que nadie escuchaba sus reclamos y solamente suspiró, al tiempo que el joven le hacía una reverencia—. Ya me voy, abuela Chiyo, avíseme si Utakata tarda en llegar —dijo, refiriéndose a su reemplazo, pero justamente éste atravesó la puerta, llamando la atención de todos por un instante.
—Vete tranquilo, Gaara, que tengas un buen resto de fin de semana —dijo Chiyo, a lo que Gaara asintió con la cabeza, tomó la mano de Matsuri y ambos se retiraron de la tienda, cruzando la calle apenas salieron.
—¿Qué te estaba diciendo la abuela Chiyo? —le cuestionó Gaara a su novia, ella estaba un poco distraída, pero se llevó una mano al mentón, pensando en la pregunta.
—Bueno, la mayoría no lo entendí —rio divertida, sacando la lengua—. Pero me dijo algo como que desearía que su nieto tenga una novia como yo.
Al escuchar aquello, Gaara detuvo sus pasos de golpe, pero sin mirarla a ella, fue como si de pronto se quedara helado, pues claro, Matsuri no sabía quién era el nieto de la abuela Chiyo, pero él sí, así como también estaba seguro de que ese idiota sentía algo por su novia. Sabía que la anciana Chiyo en ningún momento dijo aquello tratando de irrespetarlo, pero no podía evitar sentir que le hervía la sangre de sólo pensar en esa posibilidad.
—¿Gaara-kun? —lo llamó su novia, preocupada—. ¿Pasa algo? ¿Dije algo malo?
Él por fin la miró, su tono ligeramente alterado logró disipar esa sensación de molestia que se había instalado en su pecho, era completamente absurdo que sintiera celos de Sasori, menos por algo que había dicho la abuela Chiyo, de forma totalmente inocente, tenía que mantener la cabeza fría.
—No pasa nada, solamente me acordé de algo —mintió, apretando un poco el agarre en la mano de la chica—. Pero no es nada importante, sigamos caminando, ¿a dónde quieres ir?
—Vamos a comer algo, tengo hambre —dijo Matsuri, volviendo a su actitud risueña y despreocupada, mientras empezaba a correr con apuro, jalando la mano del pelirrojo, quien solamente podía admirar lo bonita que ella lucía hoy, como todos los días.
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Naruto estaba en el restaurante de ramen, aunque ahora se encontraba mucho mejor de salud, todavía sentía algo raro el estómago, por lo que estaba evitando comer cosas pesadas, el dueño del restaurante le recomendó un tipo de ramen liviano que no dañara su estómago, por supuesto, eliminando todos los condimentos y el picante.
Aunque se suponía que debía estar sirviendo las mesas, estaba tan distraído ese día, que Ayame, la hija del dueño, decidió mandarlo a limpiar, pues no quería que fuese a tirarle algo encima a loa clientes, por eso Naruto ahora estaba pasando un trapo viejo sobre una mesa vacía, una y otra vez, sin mirar a ningún sitio en específico. Su mente no paraba de divagar en lo sucedido entre él y Hinata, a pesar de que ya habían transcurrido un par de días, lo sentía tan vívido como si hubiese sido ayer. Sus labios, su piel, el sonido de su voz, era tan dulce, tan hermosa, pero le dolía el corazón de pensar que luego de eso, ella ya no le habló.
—Ah, ¿qué hago para sacármela de la cabeza? —se preguntó confundido, revolviéndose el cabello con las dos manos, sin haber soltado el trapo que ya estaba sucio, así que se llenó el pelo de polvo y grasa—. ¡Ah! —exclamó.
Fue rápido a lavarse el pelo al lavabo, en el baño, se lo mojó tanto para limpiarlo, como para tratar de limpiar también sus pensamientos, pero las imágenes de Hinata jadeando debajo de su cuerpo no parecían querer abandonar su rincón cómodo dentro de si cerebro.
—Maldita sea… —se miró en el espejo, su cara estaba roja, a pesar de que sentía el corazón partido, todavía se avergonzaba por recordar los hechos de esa tarde.
Se mojó ahora la cara con agua fría, dándose algunas palmadas sobre las mejillas para tratar de recomponerse y, cuando pensó que ya estaba bien, salió del baño y se dirigió a continuar limpiando las mesas vacías y las que recién habían sido desocupadas, pero se dio cuenta de que había alguien en el lugar donde él había estado perdiendo el tiempo durante la última media hora.
—¡Es Naruto-san! —exclamó Fuu, agitando su mano efusivamente para llamarle la atención, cosa que no era necesaria, pues ella siempre atraía la atención, a donde quiera que fuera, quizá por el color verdoso de su cabello o por esa personalidad burbujeante—. ¡Hey, hey, Naruto-san, aquí! —lo llamaba la chica, avergonzando a Yukata, que la acompañaba.
—Deja de gritar, Fuu —se quejó la pelinegra, pues todo el restaurante había volteado a mirarlas, así que Yukata se tapó la cara con el menú.
Por su parte, Naruto se acercó a ellas, tratando de sonreír, por un momento había olvidado el rema que lo estaba aquejando.
—¡Hola, Fuu! —la saludó con igual entusiasmo, ella siempre lo hacía sonreír, aunque no la conocía mucho y no sabía la gran cosa de ella, más allá de que era muy efusiva y que era compañera de cuarto de Matsuri—. ¿Cómo has estado? —preguntó, sacando una libreta del bolsillo de su delantal de uniforme, aunque no estaba atendiendo a los clientes, ya que estaba ahí, no le costaba nada—. ¿Qué van a ordenar?
—Yo quiero este —contestó rápidamente Yukata, señalando el platillo en el menú, a lo que Naruto le echó un rápido vistazo, asintió con la cabeza y lo anotó, luego miró a Fuu, la cual ensanchó su sonrisa.
—Yo quiero el especial del día y también que te sientes a comer con nosotras.
—¿Eh?
Yukata entrecerró la mirada, Fuu de por si era rara, pero actuaba más rara de lo normal cuando se trataba de Naruto Uzumaki.
—N-no puedo hacer esto, estoy trabajando…
—De ninguna manera —escucharon la voz de Ayame, la cual apareció detrás de ellos de la nada y, apoyando las dos manos sobre los hombros del rubio, lo forzó a tomar asiento en la mesa de las chicas, que ya eran clientas frecuentes, o al menos Fuu lo era—. Acabo de darte tu descanso, come con tus amigas y despeja un poco tu mente, lo necesitas.
—Pero Ayame-nee —protestó Naruto, o lo intentó, pero al ver el ceño fruncido de la mayor, simplemente tragó saliva y volteó en otra dirección—. B-bueno, como tú digas.
La chica de cabello castaño sonrió satisfecha y se retiró, ya había tomado las órdenes de las clientas y sabía que Naruto no podía comer nada pesado, así que la tenía fácil para esa mesa.
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Matsuri y Gaara estaban buscando un lugar donde comer, ella sugirió que fueran al restaurante donde trabajaba Naruto, pero él se quejó de que no tenía apetito para comer ramen nuevamente, ya que Naruto solía llevar mucho de aquel platillo a la casa y él se sentía empachado. La chica comprendió, supuso que se sentiría igual si comiera algo muy seguido, incluso si le resultaba delicioso.
—¿Dónde deberíamos ir entonces? —ella preguntó, mirando a su alrededor, estaban en medio de la zona comercial de Shibuya, había tiendas y restaurantes por doquier, pero tenían que escoger algo que les gustara a ambos—. ¿Y si comemos sushi?
—Hace mucho no como sushi, podría ser buena idea —respondió Gaara, asintiendo con la cabeza, a decir verdad, no le importaba tanto qué cosa comer, solamente no quería ir al lugar de trabajo de su amigo, últimamente Naruto parecía un fantasma en vida y verlo así era muy inquietante.
Los dos se pusieron a buscar algún restaurante que les pareciera cómodo y acogedor, fue entonces que decidieron entrar a un pequeño local, parecía muy limpio y, según lo que pudieron ver en los platos de otros clientes, la comida lucía deliciosa.
—Hola —los saludó una chica, se veía un poco apenada—. Cuánto lo siento, acaban de ocupar nuestra última mesa libre.
Matsuri frunció un poco los labios, mientras que Gaara solamente cerró sus ojos y asintió con la cabeza.
—Oh, ya veo —dijo la decepcionada castaña, su estómago gruñía del hambre debido a lo rica que se veía toda la comida, en serio quería probarla, pero no les quedaba de otra que buscar otro sitio.
—Gaara, ¿eres tú?
Tanto el recién nombrado como su novia voltearon hacia donde escucharon aquella voz, pudiendo divisar a la compañera de carrera del pelirrojo, Shijima. Al darse cuenta de que ella estaba ahí, Matsuri se sintió inquieta, siempre le pasaba eso cuando la veía, aunque no entendía muy bien la razón. Por su parte, Shijima, que estaba ahí con una amiga y todavía estaba esperando su orden, alzó la mano para saludarlos, había escuchado que ya no quedaban mesas, así que se le ocurrió una buena idea.
—Hey, vengan con nosotras, solamente estamos las dos —ofreció amablemente, sorprendiendo a los recién llegados, que se miraron entre sí, pero fue Gaara quien tomó la palabra.
—¿Estás segura? No queremos molestarlas a ti y a tu amiga —dijo, no muy convencido, no podía evitar la incomodidad que le causaba la excesiva amabilidad de Shijima con él, era estúpido, quizá estaba siendo muy arrogante al percibir que la chica todavía sentía cosas por él, pero prefería ser cuidadoso y conservar la distancia, así que estaba por negarse.
—Por supuesto que no nos molestan, ¿verdad? —la pelinegra miró a su amiga, quien asintió, sonriente—. Vengan, por favor, será divertido —añadió, mirando directamente a Matsuri, era como si la estuviera desafiando, pero al cabo de unos segundos su sonrisa regresó a ser cordial.
—No creo que…
—Está bien —interrumpió Matsuri, el modo en que Shijima la miró, definitivamente trataba de comunicarle algo, pero ella no sabía que, aunque lo averiguaría, de eso no había dudas.
Los dos se sentaron, Shijima hizo que Gaara se sentara a su lado y Matsuri no alcanzó a replicar, por lo que ella tuvo que elegir el asiento frente a la amiga de ésta, que no parecía ser muy conversadora, pues apenas opinaba, mientras Shijima no cerraba la boca. Ordenaron algo del menú para ellos y empezaron a comer, en todo ese tiempo, sorpresivamente, Shijima fue bastante agradable.
—Entonces, ¿cómo te va en tus clases, Matsuri? —le preguntó a la castaña, no solían hablar mucho cada vez que se encontraban debido a Gaara, siempre se saludaban y el cruce de miradas era algo hostil—. He escuchado que eres de las mejores estudiantes de tu generación.
—No, no, para nada —Matsuri se sonrojó levemente, avergonzada, mientras agitaba su mano de un lado a otro—. Me ha ido bien, pero es lo normal, no soy destacada ni nada parecido.
—¿En serio? Eso no es lo que oí —rio Shijima, mirando de reojo a Gaara, para luego voltear a ver nuevamente a la novia del chico—. Está bien ser modesta, pero no tengas vergüenza, si eres buena, eres buena.
—Gracias, Shijima-san —le dijo Matsuri, mostrándole una sincera sonrisa.
Al inicio de este encuentro, Gaara estaba preocupado, pensó que Shijima sería grosera, era un comportamiento habitual en ella, pero al contrario de lo que imaginó, estaba siendo demasiado agradable con Matsuri, supuso que solamente estaba siendo paranoico antes, así que se relajó.
—¿Y cómo estás del accidente que tuviste? Gaara estaba súper preocupado por ti, hasta se distrajo en clases.
El recién nombrado cerró los ojos para disimular la vergüenza que sintió.
—Eso no es cierto —aseguró, cruzándose de brazos, pero las tres chicas solamente se rieron, ser el único hombre presente en el pequeño grupo seguro que le garantizaba un par de embarazosas situaciones.
Después de terminar de comer, Matsuri se levantó para ir al baño, mientras que Gaara pagaba la comida de todos, incluso lo que habían consumido Shijima y su amiga, debido a la amabilidad de ellas de compartirles su mesa. La castaña salió del cubículo privado y se acercó al lavabo para lavarse las manos, pudo ver a Shijima salir del otro cubículo a través del espejo y le sonrió. Tal vez sólo había sido prejuiciosa con ella, o era demasiado celosa, pues la chica era muy agradable.
—Hoy fue divertido, me refiero a conocernos un poco más, ¿no crees? —dijo Shijima, mientras se lavaba también las manos, podía sentir el agua fría mojando su piel, pero se quedó un poco más de lo normal, mientras veía como Matsuri se empezaba a secar con un par de toallas de papel—. Eres muy linda, entiendo por qué le gustas a Gaara.
Un poco sonrojada, Matsuri dejó de secarse, no sabía muy bien qué decir.
—Gracias, Shijima-san, también creo que fue divertido conocerte un poco más, Gaara-kun y tú son buenos amigos, ¿no es así?
En ese momento, Shijima sonrió como si tuviera en mente algo malévolo.
—Amigos, por supuesto —respondió, cortando algunas toallas de papel para secarse las manos—. Él y yo somos personas maduras, podemos ser amigos después de lo que pasó entre nosotros, es lo normal hoy en día.
Sin entender a qué se refería, Matsuri la miró confusa, ¿qué acababa de decirle esa chica?
—¿Lo que pasó entre ustedes?
—Oh, ¿no te lo dijo? —la sonrisa de ella creció más, parecía aún más cargada de malicia—. Gaara y yo fuimos pareja, bueno… ¿amigos sexuales? Ya sabes, tuvimos ese tipo de relación, aunque fue hace mucho tiempo —tiró las toallas ya humedecidas e inservibles al tacho de la basura al ver los ojos ligeramente abiertos de la castaña, entonces se dirigió a la puerta—. Claro que ahora solamente somos compañeros de clases, nada más —su tono ligeramente burlesco hizo temblar a Matsuri, entonces la vio salir.
Ella sentía que le dolía el corazón, lo sabía, sabía que ahí había algo, pero… ¿por qué Gaara no le dijo nada?
—*—*—*—*—*—*—*—
Las dos chicas que se habían encontrado de forma inesperada en el supermercado, ahora estaban sentadas en el parque, viendo jugar a un par de niños, mientras cada una comía una paleta de helado de un color diferente, el de Tenten era de fresa y el de Sari de chocolate.
—Perdón, no me alcanzó para la malteada —dijo Sari, ligeramente avergonzada, pero Tenten le sonrió, negando con la cabeza.
—Prefiero un helado, hace algo de calor —dijo ella, dándole otra probada a su paleta—. Entonces, ¿de qué me querías hablar? —preguntó de modo amable.
Sari la miró aún más apenada, no había modo de abordar ese tema sin hacer el ridículo, pero ya que estaba ahí, no le quedaba de otra. Si una cosa había aprendido al ser había de Matsuri, esa era la de no ser grosera con los demás, menos cuando no le habían hecho nada.
—Yo quería disculparme —dijo al fin, luego de un momento de completo silencio—. Sé que he sido una persona grosera contigo, lo cierto es que jamás me has hecho nada, pero yo no puedo evitarlo…
—Te gusta Kankuro, ¿no es así? —ante la pregunta de Tenten, Sari la volteó a ver más rápido que un rayo, con la cara totalmente roja y sorprendida—. Vamos, no es difícil darse cuenta y es normal que yo no te caiga muy bien, después de todo, él y yo salimos.
La menor no sabía muy bien qué decir, no planeaba dejar salir a flote tan fácilmente sus sentimientos, pero ahora estaban ahí, a la deriva, cualquiera podía darse cuenta, excepto el idiota de quien gustaba.
—Bueno, supongo que nada gano con negarlo —respondió, bajando la mirada y encogiéndose de hombros—. Sí, me gusta Kankuro y he de admitir que sentía celos de ti, por eso no fui agradable…
Tenten río, asintiendo con la cabeza, por supuesto que podía entender los sentimientos de esa chica, era normal que la viera como a una enemiga, aunque ella no lo fuera realmente.
—Mira, no debes preocuparte, es cierto que Kankuro me llegó a gustar, pero ahora somos solamente amigos, así que descuida —explicó de forma relajada, mientras los ojos grises de la otra muchacha se posaban sobre ella—. Él es un gran chico, estoy segura de que ambos harían una linda pareja.
—Yo no le gusto a él —dijo Sari, su tono de voz desanimado lo decía todo sin necesidad de que ella completara la frase, pero igualmente lo hizo—. Me ve como a una amiga, como alguien a quien puede proteger, pero nada más. La única que le gusta eres tú.
Tenten se sintió consternada al oírla, sabía que todavía le gustaba a Kankuro, él mismo se lo hacía saber en cuanto tenía la oportunidad, pero ella lo apreciaba y no quería usarlo como un plato de segunda mesa, suponía que Sari se sentía igual, sólo que, en su caso, ella no quería ser ese plato de segunda mesa.
—Bueno, pero no deberías rendirte sin luchar, ya sabes que en la guerra y en el amor todo se vale, ¿no?
Sari la miró arqueando una ceja, tenía el leve presentimiento de que Tenten estaba a punto de proponerle alguna clase de cosas que, para ella, iba a ser una completa locura, pero lo acabaría haciendo de todos modos, porque estaba loca por ese chico.
—*—*—*—*—*—*—*—
Después de terminar sus compras, Sakura y Hinata estaban esperando a Sasuke, que había quedado de recogerlas. Las dos estaban sentadas en una banca del patio central del centro comercial, aunque Hinata continuaba bastante ida.
—Entonces, ¿vas a terminar de contarme qué pasó? —dijo Sakura, llamando la atención de la ojiperla, quien la miró y enseguida bajó la cabeza.
—Me da mucha vergüenza… —respondió, su cara se puso roja y tuvo que morderse el labio inferior—. Hice algo horrible, Sakura-chan.
La peli rosa frunció el ceño, Hinata le dijo que habían sucedido cosas con Naruto, le relató a medias la historia, pero no se lo contó todo, ahora estaba ansiosa por conocer el final.
—¿Te acostaste con él?
La cara de Hinata se puso todavía más roja, mientras recordaba lo acontecido.
—Y-yo…
Naruto estaba besándola sobre la cama, ella estaba debajo de él y podía sentir el peso y el calor de su cuerpo, era como siempre lo había soñado, sus caricias eran sutiles, pero firmes, no dudaba en ninguno de sus pasos, Hinata se preguntó si Naruto ya tenía experiencia en esto, porque ella claramente no la tenía y ese pensamiento la asustó un poco.
—N-Naruto-kun… —murmuró, pero apenas podía hablar, estaba jadeando y su voz sonaba demasiado débil, Naruto la escuchó por puro milagro, separándose un poco de ella para mirarla a los ojos.
—¿Pasa algo? —preguntó, apoyándose en sus antebrazos, de ese modo, sostenía su propio peso, pero sus pieles aún se tocaban, incluso podía notar la lo blanca que era Hinata y el modo en que el sostén se ajustaba demasiado a sus pechos. Los labios de ella estaban casi hinchados por tantos besos y su rostro estaba rojo, más de lo normal.
—E-es que no sé… —Hinata se mordió el labio inferior, le avergonzaba mucho decirle a Naruto que ella jamás había estado con nadie, ni con Toneri, que era su novio, no sabía cómo hacer estas cosas; sin embargo, no fue necesario que dijera nada, él lo entendió sólo con su actitud.
Él sonrió, no podía negar que estaba demasiado ansioso, pero entendía que ella estaba asustada y no quería forzarla a nada, así que se separó y se sentó sobre la cama.
—Está bien, Hinata, creo que me dejé llevar… —dijo avergonzado, ella seguía acostada y él apenas y podía calmar los latidos de su corazón—. Deberías ir a casa, ya me siento mejor… —rápidamente buscó la blusa de la chica y se la alcanzó, luego se puso su camiseta y vio como Hinata se vestía de nuevo con la velocidad de un rayo.
—P-perdona, Naruto-kun… —dijo ella, hizo un leve gesto de despedida y se fue corriendo, salió apurada del departamento y cerró fuerte la puerta, luego, cuando ya estaba dirigiéndose al elevador, se dio cuenta de que tenía una llamada, así que sacó su celular de su bolsa, era su novio, Toneri.
Tenía unas dos llamadas perdidas de él, la había estado tratando de contactar desde que ella estaba con Naruto, pero no lo escuchó. Eso la hizo sentir demasiado culpable.
—No —contestó finalmente a la pregunta de Sakura, cuya expresión parecía sumamente expectante—. Pero… estuve a punto de hacerlo, Sakura-chan —confesó, bajando la mirada—. Y luego de eso no fui capaz de volver a hablarle, debe estar muy molesto conmigo…
—Ay, Hinata —suspiró Sakura, no sabía cómo más aconsejar a su amiga, le había dicho que debía terminar su relación con Toneri si no estaba segura de sus sentimientos por él, pero parecía que a Hinata le daba miedo tomar una decisión como esa, claro, le tenía terror a su padre y a lo que éste fuera a decir si ella hacía algo que a él no le gustara.
Después de un rato, Sasuke llegó por ellas. Pudo notar que Hinata actuaba raro y él mismo había visto que Naruto también estaba así, pero el rubio no había querido soltar palabra al respecto. A la Hyûga la llevaron a su casa primero, entonces los dos se quedaron solos en el auto.
—¿Sabes qué pasó entre Naruto y Hinata? Ese tonto ha estado actuando más raro de lo normal —explicó, sin dejar de mirar al frente, aunque de reojo vio hacia su novia, quien asintió con la cabeza.
—Sí, Hinata me lo contó —respondió, acomodándose en el asiento y mirando a través de la ventana—. Esos dos me preocupan, de verdad son un dolor de cabeza.
—Y que lo digas… —murmuró el azabache.
—*—*—*—*—*—*—*—
Desde que habían salido del restaurante y se despidieron de Shijima y su amiga, Gaara había notado que Matsuri estaba actuando de un modo sumamente extraño, casi no le hablaba y solamente decía algo cuando él le preguntaba cosas. Había intentado tomar su mano, pero ella la apartó rápidamente y él no entendió lo que sucedía, así que ahora ambos iban caminando juntos, pero separados por una leve distancia.
Cuando se acercaron a una esquina para cruzar la calle, Matsuri adelantó sus pasos, pero Gaara notó que el semáforo había cambiado de color en ese preciso instante, así que la tomó por la muñeca y le impidió avanzar.
—¿Qué haces? ¿Acaso estás ciega? —la regañó, frunciendo el ceño.
La chica lo miró confundida, pero vio que los autos empezaban a pasar delante de ella y comprendió la situación, así que retrocedió dos pasos y se situó a un lado de él, bajando la mirada.
—Lo siento, iba distraída…
Gaara la miró con preocupación, una cosa en el mundo que realmente detestaba era no entender por qué a veces Matsuri se ponía así, actuaba de forma distante, se veía triste, pero no le decía lo que le pasaba, él no era un maldito adivino como para saberlo todo.
—¿Qué tienes? —le preguntó, usando la mano libre para acariciar su mejilla, ella enseguida tembló ante el suave contacto, mirándolo fijamente—. ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? Estás actuando muy extraño.
Matsuri se dio cuenta de lo fácil que era para Gaara leer sus estados de ánimo, aunque él no supiera lo que le sucedía, lo que la estaba haciendo sentir mal, él siempre sabía que algo pasaba, ella no podía hacer lo mismo con él, no era tan perceptiva; eso la ponía un poco más desanimada de lo que ya estaba.
—Me duele un poco la cabeza —mintió, tratando de dejarlo tranquilo, si le decía que no tenía nada, Gaara no le iba a creer, pero si se inventaba algún dolor pasajero, él podría dejar de insistir en que tenía algo.
—¿Por qué no me dijiste? Pudimos pasar por la farmacia a comprarte algo, ¿es muy fuerte? —Gaara la miró preocupado, comprobando levemente si tenía algo mal—. ¿Es por el accidente del otro día? ¿Quieres que te lleve al hospital?
Ella rápidamente negó con la cabeza y sonrió bobamente, abrazándolo.
—No, solamente quiero que me abraces —contestó, cerrando sus ojos mientras escondía el rostro en su pecho.
El chico, sin entender muy bien cómo eso la iba a ayudar con su dolor, simplemente asintió y la rodeó con sus brazos, acunando el cuerpo más pequeño con su calor.
—No me asustes, Matsuri, si realmente te sientes mal debemos ir al médico, no quiero que te pase nada.
Matsuri volvió a negar con la cabeza, sin dejarle ver su rostro todavía. Era cierto que el hecho de que él no le hubiese contado de su relación pasada con Shijima le lastimaba, aunque tenía muy claro que eso estaba en el pasado, no le molestaba por eso, sino porque no fue él quien se lo dijo. Por un momento bajó la guardia con esa chica y ésta aprovechó para darle una feroz estocada, pero Gaara era su novio, ella lo amaba y él a ella, incluso si no le había contado algo como eso, ¿cómo podría dudar de sus sentimientos? Estaba tan preocupado por ella ahora mismo, era tan lindo, que Matsuri no se podía enojar.
—Estoy bien, debe ser una jaqueca solamente, cuando llegue a casa tomo algo —aseguró, levantando la cabeza para verlo, él tenía sus ojos fijos en ella y Matsuri sintió muchas ganas de besarlo, pero se contuvo cuando notó que él miraba de reojo al semáforo, que ya había cambiado.
—Entonces vamos —Gaara se inclinó hacia ella y le dio un beso corto y suave, antes de volver a tomar su mano para cruzar juntos la calle, ni siquiera le importó que las personas del otro lado los estuvieran viendo, aunque Matsuri se puso roja cuando se dio cuenta.
Tendría que preguntarle si era cierto lo que le dijo Shijima, pero no sabía cómo hacerlo, quizá era mejor callarse por ahora, ya encontraría el momento indicado.
—*—*—*—*—*—*—*—
La hora de su salida del trabajo ya había llegado y Naruto se apresuró en quitarse el uniforme y guardarlo en el pequeño casillero que había en la parte de atrás del restaurante. Fue al baño y se lavó las manos y la cara, se miró un momento al espejo y suspiró, no entendía cómo es que todo iba de mal en peor en su vida, el dolor de estómago continuaba molestándolo y las imágenes de lo que pasó con Hinata no dejaban de rondar en su mente.
Intentando parecer animado, se despidió de sus jefes y se marchó, el cielo estaba rojo, había caído la tarde, así que tenía que darse prisa para alcanzar el autobús que lo llevaría a casa. Corrió hacia la parada, que a esa hora estaba vacía y se sentó.
Tendría que esperar unos diez minutos hasta que llegara el autobús, no sabía qué hacer en ese tiempo, además, no dejaba de pensar en Hinata una y otra vez, preguntándose por qué ella hizo lo que hizo con él, para luego sólo ignorarlo, no era justo.
—Maldita sea —se revolvió el cabello con rabia, ¿y si la llamaba? ¿Y si le reclamaba algo? ¿Pero qué? No tenía sentido, solamente sería más idiota de lo que ya era.
¿Y si sólo se olvidaba de Hinata de una buena vez?
—¿Qué sucede? ¿Te duele la cabeza? —escuchó una voz alegre y femenina a su lado, Naruto volteó el rostro y vio a la chica que se sentó junto a él, la misma con la que hace rato había comido en el restaurante.
—¿Fuu? —la nombró, un poco sorprendido—. ¿Qué haces aquí? ¿Y tu amiga? —preguntó, quiso decir el nombre de la pelinegra, pero no se acordaba de cuál era.
—Nos separamos hace un rato, tenía que comprar unas cosas —le explicó la chica, mostrándole una gran sonrisa y la bolsa de papel café que sostenía en su mano derecha—. Ahora iba a casa, estaba preocupada de no alcanzar el autobús e irme sola, pero qué suerte encontrarme contigo.
El rubio sonrió, aquella chica siempre era muy alegre, le recordaba un poco a él, en los tiempos en los que no vivía amargado, cuando siempre estaba sonriéndole a los demás y contagiándolos con su alegría.
—Sí, es una suerte, vamos en la misma dirección, ¿no? —comentó, sintiéndose un poco más animado. Los edificios de ambos sólo estaban separados por dos cuadras, así que técnicamente iban hacia el mismo lugar.
—Sí, eso es genial, así podemos charlar un poco —la chica se puso de pie efusivamente, ya que vio que se acercaba el autobús. Naruto copió su acción y los dos se subieron cuando éste paró delante de ellos, pagaron su pasaje y se sentaron, Fuu eligió el pasillo y Naruto la ventana—. Dime, Naruto-san, ¿qué te gusta hacer?
—¿Eh? Pues muchas cosas —el joven se llevó una mano al mentón, en pose pensativa—. Me gusta mucho el básquetbol, estaba en un equipo en la escuela, aunque en la universidad no he tenido tiempo de anotarme al equipo, es una lástima, creo que lo dejaré para el siguiente año.
—¿De verdad? —Fuu lo miró con los ojos iluminados—. ¡A mí también me gusta! Aunque no soy tan buena, ¿tú eres bueno?
El chico asintió sin duda, riendo orgulloso.
—¡Claro! Soy una estrella, de veras.
Al escucharlo, Fuu juntó sus manos en son de súplica, pero el brillo de sus ojos en ningún momento desapareció, mientras el autobús avanzaba en su camino, ella no dejaba de ver a Naruto con admiración.
—¿Entonces podrías enseñarme? Prometo que seré una discípula diligente.
Él quiso negarse en un principio, con tantas cosas encima, no creía tener tiempo para eso, pero al verla tan emocionada con la idea, no pudo decirle que no, no fue capaz, así que no le quedó más que asentir con la cabeza.
—Está bien —afirmó, no podía evitarlo, ella le caía muy bien, lo hacía sentir más animado y olvidarse por un instante de las cosas que lo agobiaban.
—*—*—*—*—*—*—*—
Por la noche, Sasori y sus amigos se encontraban en el bar en donde siempre tocaban, todavía no abrían porque era muy temprano, así que ellos estaban montando los instrumentos, mientras las meseras limpiaban un poco y el barista preparaba algunas bebidas para servir apenas empezaran a llegar los clientes.
Konan estaba acomodando su micrófono y Sasori probaba la batería, se le notaba bastante animado y eso no pasó desapercibido para sus amigos.
—Sal de mi lugar, pendejo —le reclamó Hidan, haciéndolo a un lado.
—Qué egoísta —dijo Sasori, soltando las baquetas y dejándolas a un lado, luego se acercó a su bajo, notando que Deidara estaba afinando la guitarra sin mirar a nadie, parecía sumamente concentrado. El pelirrojo se sentó junto a su amigo y tocó algunas notas con el bajo, para escuchar si sonaba bien.
—Parece que hoy estás de buenas, ¿eh? —habló Konan, dirigiéndose a Sasori, quien la miró y luego sonrió, asintiendo con la cabeza.
—¿Se me nota?
En ese momento, la atención de Deidara por fin se dirigió a él.
—¿Pasó algo bueno?
—De seguro por fin cogió con alguien, es lo único que lo pone de buen humor —dijo Hidan, como siempre, sin tener ni un poco de sutileza.
—Cállate —devolvió Sasori, arrugando el entrecejo—. No es nada de eso, estúpido.
—¿No? —cuestionó el albino, dejando salir una carcajada sonora, que hasta llamó la atención de los demás empleados—. ¡Pues qué perdedor!
Sasori chasqueó la lengua, pero decidió ignorarlo, dirigiéndose hacia Deidara para responder su pregunta de alguien.
—Hoy vino a verme la hija de mis caseros, resulta que es Matsuri, ¿lo puedes creer? —contaba con bastante emoción—. Ah, ella es tan bonita.
Konan rio por lo bajo, Sasori sonaba como un tonto enamorado, eso le causaba gracia, pero a Deidara no pareció causarle la misma reacción, eso podía notarse en la expresión seria de su rostro.
—Qué bueno, me alegra —dijo con amabilidad fingida, aunque, como siempre, su amigo no se dio cuenta de ello, Sasori nunca se daba cuenta de nada.
—*—*—*—*—*—*—*—
El fin de semana terminó más rápido de lo que muchos hubieran deseado y pronto llegó el día lunes. Esa mañana, Tenten había ido al salón de representantes, ya que los habían llamado a todos para que ayudaran con la organización del festival cultural, era una tradición tan arraigada en Japón, que incluso los estudiantes universitarios lo llevaban a cabo. A ella le habían pedido que ayudara con los eventos del festival y, como alguien que tenía experiencia en ello estaba en el grupo, le pusieron de compañero a Neji, el cual se sentía incómodo cada vez que ella lo miraba de reojo con enfado, para luego ponerse a rellenar los formularios que a ambos les habían dado.
—Terminé, ¿te falta mucho? —le preguntó él, dejando aquellos documentos sobre la mesa.
Ella le miró arqueando una ceja.
—¿Por qué me hablas?
—¿Disculpa? —cuestionó Neji, copiando el gesto de ella, le parecía una pregunta demasiado estúpida para ser real—. Estamos trabajando juntos, por si no lo habías notado, ¿cómo se supone que trabajemos si no te puedo hablar?
—Pues no sé ni me importa —respondió Tenten, cruzándose de brazos con enfado, sabía que estaba siendo terriblemente infantil, pero no podía evitarlo, era algo más fuerte que ella, el ser altanera y grosera con Neji era algo que salía desde lo más profundo de su alma.
—Estás realmente loca —masculló el castaño, molesto, pero, aunque lo dijo entre dientes, ella fue capaz de escucharlo, así que apretó los puños.
—¿Loca? —repitió, su voz estaba llena de rabia—. ¿Te tengo que recordar mis razones para no ser simpática contigo?
Neji la miró fijamente, no tenía caso que discutiera con ella, Tenten era demasiado terca y él no tenía ganas de pelear en estos momentos, estaba controlándose para no explotar.
—No —dijo, soltando un suspiro y poniéndose de pie—. Me voy, cuando termines me avisas para revisarlo… —hizo una pequeña pausa antes de proseguir—. Me envías señales de humo o qué sé yo —añadió, dirigiéndose a la puerta y cerrando con bastante fuerza, era obvio que estaba enojado.
Tenten se quedó mirando a la puerta cerrada por un rato, luego miró los documentos en los que Neji había estado trabajando, los revisó estirando la mano para alcanzarlos, como se lo esperaba, estaban perfectos, a diferencia del caos que ella estaba anotando.
Suspiró, era el colmo, ¿cómo es que él podía hacer todo tan bien, excepto comprender sus sentimientos?
—Idiota… —murmuró, por un instante se sintió culpable, parecía que Neji en serio estaba haciendo un esfuerzo por mejorar su tensa relación, pero ella no cedía ni un poco y no estaba segura de si podría hacerlo en algún momento.
Dio un salto cuando su celular empezó a sonar, así que lo sacó de su bolsillo y revisó que tenía un mensaje de Lee, recordó que habían quedado de verse esa tarde después de clases, así que decidió apurarse con sus deberes, pues pronto tendría que dirigirse a su salón a tomar sus materias del día.
—*—*—*—*—*—*—*—
Las primeras clases de Matsuri habían sido tranquilas, les tocó tutoría con Sasori, quien casi no estuvo supervisándola a ella, se ocupó literalmente de todas las demás; sin embargo, cada que tenía la oportunidad la quedaba mirando, a esas alturas, todas y todos los compañeros de Matsuri se dieron cuenta de ese hecho, excepto la castaña, que estaba más preocupada por aquello que le había comentado la "amiga" de su novio, por ende no estaba muy concentrada en la obra que estaba haciendo, parecía que tenía la mente en blanco o que estaba desconectada, incluso la maestra le llamó la atención un par de veces.
Cuando la clase terminó, todos fueron guardando sus materiales y Sasori se despidió, le sonrió a Matsuri antes de irse y ella, sin saber por qué, le devolvió el gesto.
—Muy bien, explica eso, Matsuri —escuchó la voz seria de Ameno, quien estaba cruzada de brazos frente a ella, mirándola acusadoramente.
Confundida, la chica parpadeó, ladeando la cabeza.
—¿El qué?
—No te hagas —habló Sasame, a su lado estaba de pie Yakumo, la cual asentía con la cabeza una y otra vez—. Todos vimos cómo te miraba Sasori-sempai, incluso te sonrió y le correspondiste, dinos la verdad, ¿traes algo con él?
—¿Y tu novio? ¿Lo dejaste? —preguntó Ameno—. Porque si es así, yo lo consuelo.
Matsuri frunció el ceño, sabía que Ameno estaba bromeando, por el tono jocoso en el que habló, pero no le hizo nada de gracia, quizá ese día ella estaba de malas por culpa de Shijima, así que no quiso seguir el juego de su compañera.
—No tengo nada con Sasori-sempai y no me gusta que digas esas cosas sobre mi novio —respondió enfadada, terminó de guardar sus cosas y salió del salón sin mirar atrás, dejando sorprendidas a las otras tres, que se miraron entre sí con los ojos bien abiertos.
—¿Me pasé con la broma?
—Te pasaste —dijo Yakumo, que se cruzó de brazos y miró hacia la puerta—. Aunque ella parecía algo molesta por otra cosa.
Fuera del salón y caminando por el pasillo, Matsuri iba con el ceño fruncido y mordiéndose el labio inferior, tal vez había sido grosera, pero no pudo evitarlo, odiaba que dijeran esas cosas sobre Gaara, ¿por qué no podían simplemente respetar su relación? Al llegar a los casilleros, guardó sus cosas y cerró con demasiada fuerza, tanta, que se pasó a llevar un dedo, se dio cuenta cuando el dolor punzante la atacó y vio la sangre brotar desde su herida.
—Ay, ay —se quejó, cerrando un ojo—. Eso me pasa por no controlar mi carácter.
—Matsuri, ¿estás bien? —escuchó la voz de Sasori, quien estaba ahí cerca y vio cuando se lastimó. Sin esperar una respuesta, le tomó con cuidado la mano para revisar su herida—. No se ve como algo grave, pero sería mejor que vayas a la enfermería.
La chica apartó su mano de forma ligeramente brusca, asintiendo con la cabeza, él la había estado evitando toda la mañana y ahora la tocaba como si nada, era tan raro, además, Matsuri todavía no se olvidaba que él la besó y se le declaró, de una forma bastante poco educada, cabía recalcar.
—Estoy bien, sempai, no se preocupe —respondió, pero enseguida sintió dolor solamente por agitar un poco la mano, lo cual el mayor pudo notar.
—No digas mentiras, es obvio que te duele —dijo Sasori, que no volvió a tocarla, se había dado cuenta de que eso la incomodaba, así que solamente le señaló una dirección con su índice—. Vamos, te acompaño a la enfermería, tengo una hora libre, así que no me cuesta nada.
Ella quiso negarse, pero él había sido rápido en decirle que tenía la hora libre, no había podo de que se zafara de su compañía, al menos por el momento, así que tuvo que asentir con la cabeza.
—Está bien, sempai, gracias —dijo, empezando a caminar hacia la dirección señalada por el mayor, ella no había estado aún en la enfermería de la universidad, por eso no la conocía, pero sabía que estaba ubicada en la facultad de medicina, justo al lado de la de arquitectura.
No había visto a Gaara todavía, de hecho, no lo veía desde el día de su cita, él había pasado el domingo junto a sus padres y ella le dijo que estaba algo ocupada con algunas tareas. No podía creer que había vuelto a mentirle, pero sabía que si estaba a su lado, él se daría cuenta de que algo le sucedía, por eso lo estaba evitando, apenas le respondió su mensaje de buenos días y trataba de no pasar por los lugares que él frecuentaba en la universidad. Sabía que era estúpida, que lo que estaba haciendo estaba mal, pero sólo quería calmar un poco su mente, porque Gaara no tenía la culpa de sus inseguridades y no quería agobiarlo, eso era todo.
Cuando llegaron a la enfermería, Matsuri entró y él la acompañó, le explicaron brevemente a la enfermera lo que había sucedido y ésta se aseguró de desinfectar, curar y vendar la herida. Cuando estaba por terminar, los dos escucharon voces en la entrada.
—¿Te duele mucho la cabeza? Tal vez es mejor que descanses un rato —era la voz de Gaara, Matsuri quiso esconderse, pero era demasiado tarde y no había sitio alguno, además, sería raro que huyera de su propio novio estando frente a otras personas, ¿no?
—Eso creo, gracias por traerme —la que habló fue Shijima, quien se asomó junto al pelirrojo, los dos llegaron cuando la enfermera justamente terminó de acomodar el vendaje de Matsuri.
—Procura no mojar la herida, estará bien en unos días —aseguró la amable mujer.
—¿Matsuri? —Gaara obvió la presencia de Sasori en la enfermería y también se olvidó de que estaba acompañando a Shijima, caminó con prisa hacia su novia y con cuidado tomó su mano vendada, procurando no lastimarla—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
Matsuri se sonrojó un poco, no sabía por qué, tal vez porque no lo había visto en más de un día y esa mañana él lucía realmente apuesto, la ponía tan nerviosa, su voz, sus ojos, el tacto suave de sus manos, incluso el calor de su piel.
—M-me lastimé en el casillero —explicó torpemente, bajando la cabeza, en ese momento recordó que él venía con Shijima y buscó la mirada de la chica, la vio acercándose a la enfermera e ignorándolos a ellos, cuando la mujer le entregó algo para el dolor de cabeza fue que se acercó.
—¿Por qué no tienes cuidado? —Gaara la regañaba, a veces le molestaba que Matsuri fuese tan distraída, odiaba verla lastimada o que ella sintiera dolor, eso también lo lastimaba a él—. De verdad, Matsuri, pon más atención cuando haces las cosas, ¿sí?
—Oye, en lugar de decirle eso deberías reconfortarla —intervino Sasori, su voz sonaba molesta, con ira, eso pudo notarlo Shijima cuando llegó junto al trío, Gaara iba a contestarle al mayor, pero la chica habló primero.
—Hola, ¿te lastimaste, Matsuri? Cuánto lo siento, espero que no duela mucho —dijo de manera amable, aunque Matsuri podía sentir que ella estaba fingiendo, entonces Shijima miró a Sasori—. Me llamo Shijima, soy compañera de Gaara, ¿y tú eres?
—Sasori, un gesto —respondió el mayor, estirando su mano derecha hacia la pelinegra, quien la estrechó sin duda alguna. A pesar de que él era popular, esa chica parecía no tener idea de quién era, eso era algo bastante poco usual.
—Un gusto —Shijima le sonrió y soltó su mano, nadie tuvo que decirle absolutamente nada de lo que estaba pasando ahí, podía sentir la tensión que había entre Gaara y Sasori, no podía creerlo, ¿qué le veían todos los hombres guapos a esa chica tonta en insípida?
Gaara miró de reojo la presentación y volteó a ver a su compañera.
—¿Ya te dieron algo para el dolor, Shijima? —le preguntó, a lo que la contraria asintió con la cabeza—. Bien, entonces me retiro, vámonos, Matsuri —se dirigió a su novia, empezando a caminar, pero Sasori tomó la otra mano de Matsuri, la que estaba sana.
—Oye, disculpa —habló, su rostro mostraba seriedad, pero había una ligera sonrisa maliciosa surcando sus labios—. Matsuri vino conmigo, ¿por qué te la llevas?
—Sempai —Matsuri habló en tono de regaño, soltándose del agarre del mayor, que nuevamente la estaba tocando sin su consentimiento. Por su parte, Gaara se paró delante de Sasori, lo apartó del lado de Matsuri con un empujón ligero y habló.
—Me voy con Matsuri porque ella es mi novia y queremos estar juntos, ¿entiendes? Así que métete en tus asuntos —después de decir eso, tomó a Matsuri de la mano y se la llevó fuera de la enfermería, sin mirar atrás y sin importarle la reacción de los otros dos o de la misma enfermera, que había visto todo como si se tratara de un drama adolescente.
Por su parte, Sasori chasqueó la lengua, estaba jodidamente enojado.
—Ese mocoso idiota…
Shijima, que también estaba ofendida, se sentó sobre la camilla y miró hacia la puerta, por donde Gaara y su novia se habían ido. Él se veía preocupado cuando le pidió que la acompañara a la enfermería, pero se olvidó de ella apenas vio a esa tonta, cómo le molestaba eso, ¿por qué Gaara quería tanto a esa chica? Después de unos segundos, notó que el estudiante mayor continuaba ahí, mascullando algunos improperios contra Gaara, eso la hizo sonreír.
—Sasori, ¿verdad? —habló para llamar su atención, la enfermera había salido y los dos se quedaron solos, esta era su oportunidad—. Disculpa si soy imprudente, pero ¿a ti te gusta la novia de Gaara?
—¿Qué? —cuestionó Sasori, abriendo un poco sus ojos, ¿era tan obvio?
—*—*—*—*—*—*—*—
—Gaara-kun, para —se quejó Matsuri, ya que Gaara no había parado de caminar con bastante rapidez, hasta que los dos llegaron al enorme patio, en donde varios estudiantes se encontraban charlando, pasando el rato e incluso estudiando—. ¿Qué te pasa? —cuestionó la chica—. ¿Estás molesto?
Gaara le estaba dando la espalda, la había estado jalando para caminar con él, pero ni siquiera la había mirado, no sabía por qué estaba así de enfadado, ella no le había hecho nada.
—¿Por qué siempre que algo te pasa estás con ese tipo? —cuestionó, no fue su intención que su voz sonara tan grave, pero fue así como salió, estaba celoso y no podía controlarse, sabía que era un idiota, pero se sentía amenazado por ese chico, jamás había experimentado algo parecido hasta que se dio cuenta de que a él le gustaba Matsuri, no podía imaginar que su novia se fijara en él o en cualquier otro, además, le molestaba no ser él quien auxiliara a Matsuri, se suponía que debía estar siempre a su lado.
Matsuri no sabía qué responder a eso, tampoco es como si aquella situación hubiese pasado tantas veces, pero parecía que para Gaara era algo frecuente.
—Solamente fue una coincidencia —dijo finalmente, bajando la mirada—. ¿Por qué te enojas? —cuestionó, aunque en realidad quería decir "yo debería ser quien se enoje, porque no me contaste lo tuyo con Shijima" y, sin embargo, no fue capaz de hacerlo.
—No estoy enojado —el pelirrojo se dio la vuelta para mirarla, la expresión triste de Matsuri fue como una bofetada, ¿era su culpa que ella se sintiera de ese modo? ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se comportaba así? Antes de decir nada más, respiró profundamente y volvió a tomar la palabra—. Lo siento, soy un tonto —dijo, acercándose unos cuantos pasos hacia la menor, mientras le acariciaba la mejilla—. No quería hacerte sentir mal, no estés triste, ¿sí?
—Estoy bien —Matsuri bajó la mirada, podía sentir lo cerca que estaba Gaara de ella y eso la descolocaba, se moría por abrazarlo, pero estaban frente a muchas personas. Él pareció darse cuenta de lo que ella estaba pensando, así que miró en todas direcciones, antes de jalarla nuevamente de la mano, ahora con más suavidad.
Se metieron a un salón vacío y él cerró la puerta, aprovechando de acorralarla a ella contra la misma, usando su cuerpo.
—Perdóname, me puse muy celoso —confesó, escondiendo su rostro entre el cuello y hombro de Matsuri, quien se sonrojó como un tomate—. No me gusta que ese sujeto esté cerca de ti cuando te pasan cosas, se supone que yo debo hacerlo, pero no está bien que reaccione de ese modo, no fue tu culpa.
A medida que lo escuchaba hablar, Matsuri lo fue rodeando con sus brazos, hasta que logró atraerlo más hacia su propio cuerpo, al sentir eso, Gaara se irguió para mirarla, su corazón latió con fuerza cuando la vio a los ojos, los dos sabían que estaban solos en ese momento, que nadie llegaría, al menos en un rato.
—Yo también me siento celosa —dijo Matsuri, sus ojos negros brillaban dulcemente, pero sus mejillas estaban abultadas, se veía graciosa y adorable a la vez, la combinación favorita de Gaara, la que le hacía agua la boca por besarla, pero no lo hizo en ese momento por la curiosidad de escuchar lo que ella estaba diciendo.
—¿Celosa de quién? —interrogó, tomándola del mentón—. Tú sabes que eres la única chica que me interesa, ¿no?
Ella miró hacia un costado, dudosa.
—No sé…
Gaara sonrió ligeramente, haciendo que ella lo volviera a mirar y acercándose lo suficiente a sus labios, para susurrar contra estos —Te lo demuestro si quieres —dijo antes de besarla, pero no fue un beso inocente, todo lo contrario, consciente de que no había nadie a la vista, Gaara se dio el lujo de invadir la boca de Matsuri con su lengua, de robarle todo el aire de sus pulmones, gustoso de que ella le correspondiera del mismo modo.
Apoyó ambas manos sobre su cintura y la pegó un poco más hacia sí mismo, sus labios se rozaban con pasión, jadeantes, tenían un tiempo de no compartir un beso tan intenso como ese.
—Gaara-kun… —Matsuri apenas pudo hablar cuando él se alejó un poco, su voz temblaba, su respiración era agitada—. Gaara-kun, te amo…
—Yo también te amo, Matsuri —respondió Gaara, volviendo a besarla apenas terminó de hablar, es que tampoco había mucho que decir, simplemente quería aprovechar todo el tiempo que tuvieran para disfrutar de los labios del otro.
