Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción: Estoy Perdido - Luis Fonsi.

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Capítulo 12: Descubierto

—Oye, vamos, quita esa cara, no sé por qué estás tan triste —decía Shion, observando a su amiga Sasame, que no se veía para nada alegre. Algo le había sucedido anoche y por eso estaba así—. Si no tiene nada de malo que te hayas encontrado a ese chico.

—Claro que lo tiene, me vio con Juugo, seguro pensó lo peor de mí —aseguró la peli naranja, bajando la mirada preocupada, más su amiga le lanzó una almohada en la cabeza.

—¡Pero si Juugo es tu primo, no tu novio!

—¡Eso ya lo sé, pero él no lo sabe!

—Dios, tú te complicas por todo —Shion cayó sentada sobre la cama de su amiga, mirando de reojo la enorme cantidad de vestidos que había ahí tirados. Ya faltaba muy poco para esa dichosa cena que iban a tener con los representantes de Konoha, la empresa de publicidad en donde ellas trabajaban haría un comercial para Konoha, así que tendrían una importante reunión para afinar todos los detalles.

Shion aún no sabía qué vestido usar, y ni que se diga de Sasame, si parecía que no iba a dejar de pensar en eso de Kiba nunca más, ¿cómo le podía gustar tanto ese hombre? Siempre había sido así, desde que la conoció, a ella le gustaba ese tal Kiba, que nunca le había dado ni la hora.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¿Qué es eso del señor sol, Hinata? —preguntó Sasuke, cerrando la puerta de la habitación de su hija. Después de una enorme pataleta, Hime al fin se había dormido y él estaba muy confundido sobre lo que ella demandaba, ¿quién sería esa persona?

—No son más que cosas de la imaginación de una niña, Sasuke —Hinata quiso evitar en lo más posible el tema, no quería que de ninguna manera, Sasuke sospechara que ese famoso señor sol era Naruto. No podía entenderlo, ¿por qué su hija de pronto quería tanto a ese hombre? Ella no podía siquiera imaginar que él era su verdadero padre, además, Naruto no merecía llamarse así, porque nunca había estado junto a Hime—. Aunque no fue su culpa… si tan sólo yo no me hubiera dejado llevar por las palabras de papá… tal vez ahora sería la esposa de Naruto-kun, tal vez Naruto-kun no me odiaría como lo hace ahora, quizás seríamos felices con nuestra hija…

—Ya veo, con que son sólo tonterías —Sasuke se apoyó sobre la puerta, alzando su mirada y llevándose las manos a los bolsillos del pantalón. Se sentía muy confundido, tenía tantas cosas en la cabeza, que no sabía cómo afrontarlas todas, su vida se había vuelto un caos desde que decidió casarse con Hinata.

—Sasuke… —la ojiperla lo miró algo confusa, no estaba segura si debía hablar o no, pero tenía tanta curiosidad y a la vez tanto miedo, ¿Sasuke tenía a otra mujer? Eso sólo podía significar que estaba a su lado por compromiso. Ella siempre había sido una egoísta, siempre lo había mantenido atado a una vida miserable y ya no quería eso, no quería seguir haciendo infeliz a Sasuke. Soltó un suspiro—. Sasuke, sé muy bien que tienes a otra mujer —soltó de pronto, dejando al azabache tremendamente asombrado.

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Sai estaba saliendo de la empresa algo confundido, después de la conversación que había tenido con Ino hace rato, no lograba tranquilizarse, había sido una situación completamente embarazosa y extraña.

Me da tanto gusto tener a alguien en quien poder confiar —dijo la rubia separándose de él, quien aún tenía aquella expresión desencajada, tratando de asimilar el hecho de que ella le creía homosexual y que, si le decía la verdad, probablemente ganaría su desprecio y odio.

Oh… Ino-chan, que… qué bien… —trató de sonreír, pero de manera forzada, observando la sonrisa sincera que se formaba en los labios de la chica.

—Ah, maldita sea… ¿Por qué mierda tuvo que pensar que soy gay? —se dijo revolviéndose el cabello, estaba frustrado y enojado, muy enojado. En eso, sintió que su celular comenzaba a sonar, así que lo contestó sin muchos ánimos—. ¿Bueno?

Sai, soy Kakashi, ya tengo la información sobre lo que me pediste—se escuchó del otro lado, y por un momento, el joven azabache olvidó la razón por la que se encontraba molesto, para sonreír levemente, finalmente las cosas parecían mejorar, por fin podría saber quién había asesinado a su hermano y, Naruto sabría quién de los dos hermanos Hyûga era el verdadero asesino de su padre, poco a poco la verdad saldría a la luz.

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Soltó un suspiro de resignación. Estaba muy cansada, había tenido mucho trabajo hoy, pero al menos saldría más temprano que otros días. El sol apenas se estaba poniendo, eran cerca de las ocho de la noche y ya estaba lista para abandonar aquel edificio.

—Bien, eso ha sido todo —se dijo Matsuri, con una sonrisa, tomando su bolso para dirigirse al ascensor, pero como éste se tardaba demasiado en subir, decidió tomar las escaleras.

Al llegar a la salida, alguien la veía fijamente desde el estacionamiento, se trataba de nada más y nada menos que su jefe. No podía dejar de verla, no había forma de que esa jovencita no le llamara la atención, esa sonrisa que tenía, esa expresión de inocencia, parecía tan frágil y fuerte a la vez.

—Tonta… —susurró con el ceño fruncido, ¿por qué demonios ella le importaba tanto? ¿Qué tenía Matsuri que la hacía diferente a todas las demás? Era verdad que con todas las mujeres con las que había estado, se había sentido fuertemente atraído físicamente, que sólo buscaba en ellas una aventura, que le hicieran pasar un buen rato, pero con Matsuri no era sólo eso, tenía el anhelo de poseerla y de luego hacerlo una y otra vez más, de demostrarle que él podía enloquecerla.

No le gustaba haber sido subestimado, no lo aceptaría.

—Ay, no, me he quedado sin dinero para el taxi —dijo Matsuri revisando su monedero. Sólo le quedaban unos cuantos yenes, no tenía suficiente para un taxi, ni siquiera para el autobús. Soltó un suspiro—. Rayos, ¿es que acaso me tendré que ir caminando?

—Si quieres puedo llevarte —escuchó una voz que la asustó de sobremanera. Se llevó una mano al pecho, sintiendo los fuertes latidos de su corazón, mientras miraba al hombre que le había hablado.

—G-Gaara… —susurró, sintiendo de pronto como sus mejillas se sonrojaban. Bajó la mirada para que él no se diera cuenta. Se sentía tan estúpida, ¿por qué cada vez que lo veía se ponía tan nerviosa? Ni siquiera cuando veía a su novio se sentía así, era verdad que desde hace meses que sólo se comunicaban por teléfono y por correo, pero él era su novio, se suponía que lo amaba y debía emocionarse cuando recibía noticias de él, pero nada de lo que sentía con Sasori, se comparaba con lo que Gaara le causaba.

—¿Y qué me dices? ¿Te llevo a tu casa? A fin de cuentas, sé dónde queda —insistió el Sabaku No, planeando pasar con ella una noche realmente placentera, no quería volver a quedarse con las ganas de hacerla suya de una vez.

—C-claro, muchas gracias —accedió la castaña, aún sin atreverse a mirarlo. No era una tonta, sabía que Gaara estaba planeando usar este pequeño paseo para intentar nuevamente atraparla, no podía entender por qué ese hombre se obsesionaba tanto con lo que no podía tener, ¿cuál era su motivación para causar tanto daño? Pero ella era astuta y sabía muy bien cómo usar esta situación a su favor.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata y Sasuke estaban sentados frente a frente, sobre la cama de su habitación. Después de que ella le dijera eso él la había estado evitando todo el tiempo, hasta que finalmente ya no pudo huir más. Sabía que algún día Hinata lo descubriría, pero nunca pensó que sería justo ahora, cuando se encontraba más confundido.

—Ya veo… —el Uchiha terminó de revisar su celular, notando los dos mensajes que Karin le había dejado, uno donde decía que lo extrañaba y quería verlo y el otro donde daba todo por terminado. No culpaba a Karin por el hecho de que Hinata se hubiera enterado de su traición, sabía que todo era su culpa porque había jugado con ella y la chica sólo buscaba una forma de salir de ese vacío en donde él la había hundido.

—Dime una cosa, ¿estás enamorado de ella? ¿Quieres estar con esa mujer? —cuestionó Hinata dolida, pero no por la traición de su esposo, sino porque pensaba que por su culpa él no podía estar con esa persona que verdaderamente quería.

—¿Qué? Claro que no —aclaró Sasuke rápidamente, lo que menos quería era decepcionar a Hinata, justo cuando las cosas entre ellos parecían mejorar, cuando por fin ella estaba dispuesta a volver su matrimonio real, no podía perderla—. Hinata, yo te amo a ti, siempre te he querido sólo a ti, si estuve con ella fue sólo porque… me sentía muy solo y frustrado…

—No te estoy reclamando… sé muy bien que si buscaste a otra mujer es porque yo no he sabido cumplirte como esposa, pero… si de verdad la amas, yo no tengo derecho de seguirte atando… —Hinata bajó la mirada con tristeza, se sentía tan egoísta, pero entonces Sasuke la abrazó, haciéndole entender que él no mentía cuando dijo que la amaba.

—Yo sólo quiero estar contigo, quiero que sepas que lo mío con ella terminó, que sólo pienso dedicarme a ti y a hacer que lo nuestro funcione —aseguraba Sasuke, abrazándola con cada vez más fuerza, a lo que Hinata sólo pudo corresponder, después de todo, ya no estaba interesada en tratar de arreglar las cosas con Naruto, él no merecía nada de ella, porque ya no era la persona que tanto amó.

Y tampoco estaba enojada con Sasuke, no lo amaba y no veía su acto como una traición, por más que lo fuera, que él fuese su esposo, sabía que él sólo actuó motivado por su rechazo hacia su persona.

—Te lo prometo, las cosas cambiarán, Sasuke, yo… dejaré de negarme a que esto funcione —dijo Hinata, manteniendo el apretado abrazo y tratando de sonar lo más sincera posible, aunque en el fondo de su corazón, no estaba diciendo la verdad, porque sabía que nunca amaría a su esposo como a Naruto.

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Karin estaba sentada en la barra de un bar, pero, aunque había tratado de beber, no lo había conseguido, parecía ebria, pero no había probado ni una gota de alcohol, pues odiaba esa bebida del infierno, que hacía que Sasuke la buscara con desesperación para después sólo hacerla sufrir como siempre.

—Estúpida… —masculló, refiriéndose a sí misma, enojada y frustrada a la vez—. Soy realmente patética.

—Que palabras tan ciertas —escuchó una voz detrás de ella, haciendo que al instante una venita se marcara en su frente, ¿por qué tenía que venir él a fastidiarla justo ahora?

—¿Qué haces aquí, Suigetsu? —cuestionó entornando los ojos, mientras que el chico se sentaba despreocupadamente a su lado y como si no fuera nada del otro mundo, tomó sin permiso el trago que la chica aún no había bebido y dejó el vaso vacío—. Idiota aprovechado.

—Vamos, si te conozco y sé que no ibas a beberlo, hubiera sido un tremendo desperdicio si lo dejabas ahí —dijo sonriendo el albino, a lo que Karin simplemente le hizo un desprecio, pues sabía que él tenía razón, sólo había venido a ahogar sus penas y no había sido capaz de hacerlo. Al menos, podía jactarse de ser una persona sana.

—De todas formas, ¿qué haces aquí? —preguntó, aparentando estar poco interesada, aunque en realidad le daba bastante curiosidad, siempre se encontraba a ese sujeto cuando estaba así de deprimida y aunque no le gustaba admitirlo, él y sus estúpidos comentarios terminaban levantándole el ánimo.

—Bueno, estaba con un amigo y te vi aquí sentada como una idiota, así que decidí venir a hablarte, ya que te veías lamentable —bromeó con su sonrisa tiburonezca el joven albino, causando que una venita se marcara en la sien de la pelirroja.

Segundos después, Karin salía del bar y Suigetsu tenía marcada una mano roja en su mejilla, la cual se sobaba con dolor y una sonrisa burlona en sus labios.

Un chico de cabellera naranja se sentó a su lado y le miró sereno.

—Se fue muy enojada, ¿qué fue lo que le dijiste?

—Nada, Juugo, ya sabes que Karin se toma todo muy en serio… pero creo que al menos dejó de estar deprimida… —dijo lo último, volviendo a sonreír, pero no de forma burlona, sino sincera, porque era feliz con sólo saber que Karin ya no estaba sufriendo por Sasuke, aunque fuese sólo un momento—. Me pregunto qué tiene ese estúpido de Sasuke para que lo ames tanto, cuando sabes que no lo merece —pensó frunciendo el ceño.

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Pero no entiendo por qué razón le dijiste a Shino-kun que yo necesitaba una sesión de psicología, ya te había dicho que estoy muy bien, Kiba-kun—escuchaba Kiba desde el otro lado de su celular, mientras bajaba de su automóvil y sacaba de dentro un ramo de flores de color rosado y blanco. Cerró la puerta y miró hacia el edificio en donde se encontraba.

—Mira, Hinata, de verdad pienso que lo necesitas, sólo cuéntale lo que te ha pasado, Shino es nuestro amigo y es un profesional, él sabrá ayudarte a aclarar tus ideas —aseguró el castaño, que sólo oyó un bufido del otro lado.

Me hablas como si fuese una enferma mental de cuidado —se quejó Hinata. Kiba suspiró y comenzó a caminar hacia el interior del edificio en donde vivía su novia, o más bien, ex novia, ya que ella le había cortado esta mañana, pero venía precisamente a tratar de arreglar las cosas con ella, pues la quería demasiado como para perderla por una tontería, además, luego tendría que hablar muy seriamente con Hanabi, pues todo había sido gracias a un comentario de ella que Ino había malinterpretado, o eso creía Kiba.

—No es cierto, yo sé que tú no estás loca ni nada parecido, sólo eres una terca sin remedio y si no quieres oírme a mí, entonces escucharás a una persona que sí sabe de estas cosas, ya verás que luego te sentirás mucho mejor —explicó, presionando el botón del ascensor en el piso donde debía bajar, al mismo tiempo que las puertas se cerraban.

De acuerdo, pero sigo pensando que me crees loca—con esa última frase, la llamada terminó. El castaño guardó su celular en el bolsillo de su cazadora de color verde olivo y esperó hasta que las puertas se abrieron.

—Vamos, espero tener suerte en esto —se dijo mirando al techo, para después dirigir sus pasos al departamento de Ino.

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Hinata se sentó sobre la cama, dejando el celular sobre la mesita de noche. Volteó levemente su rostro y notó a su esposo dormido bajo las sábanas. Ella ya traía puesta su camisa de dormir y amarró su largo cabello en una coleta baja para que mañana no amaneciera todo desparramado.

—No sé qué hacer —dijo de pronto, volviendo a mirar a Sasuke. Para ella era imposible aún cumplir aquella promesa de lograr que su matrimonio fuera real, por más que lo intentaba, por más que ahora deseara odiar a Naruto, no podía hacerlo; él era el padre de su hija—. Tal vez sí sea buena idea ver a Shino-kun, quizás así deje de quererte… —se llevó una mano a su pecho, sintiéndose rabiosa al darse cuenta de que aun cuando pensaba en Naruto, su corazón se agitaba violentamente como el de una adolescente.

Tenía que olvidarlo, tenía que dejar de amarlo de una vez por todas.

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Naruto estaba junto a Sakura nuevamente, los dos cenaban en un restaurante de la ciudad, mientras charlaban sobre algunas cosas.

—Ya veo, así que Sasuke fue a preguntarte sobre "lo nuestro" —dijo el rubio, haciendo las comillas con sus dedos, mientras la chica asentía soltando una pequeña sonrisa, pues le había parecido muy graciosa la forma en que Naruto se refirió a su relación.

—Así es, pero le dije que era verdad que tú y yo estábamos juntos. Sinceramente, no sé qué se proponía con interrogarme de esa manera, Sasuke no es más que un egoísta —masculló Sakura, frunciendo el ceño y mirando al suelo, mientras con sus manos agarraba la basta de su falda y la arrugaba con fuerza y enojo—. Yo nunca le he importado y ahora se atreve a cuestionarme, ¿acaso se pensó que siempre sería una solterona estúpida que correría detrás de su sombra?

—Sakura, cálmate —le aconsejó Naruto, que estaba un poco sorprendido por verla cambiar de humor tan rápidamente, apenas hace unos segundos estaba sonriendo y luego se había enfadado de la nada, aunque la comprendía, ella debía haber sufrido mucho viendo al amor de su vida casado con una de sus amigas.

—Perdona, Naruto, es sólo que de pronto me alteré… —dijo bajando la mirada una vez más, pero ahora mostrando tristeza—. Soy ridícula, ¿no crees? Inventando una relación falsa sólo para obtener un poco de la atención de Sasuke.

—Yo no lo creo, además, si tú no le importaras a Sasuke, a él no le interesaría tanto si tienes novio o no —comentó Naruto, captando la atención de la peli rosa, que lo miró algo confundida—. Vamos, Sakura, es obvio que Sasuke está celoso, lo conozco, sé cómo piensa.

—Sasuke ama a Hinata.

—Posiblemente así es, pero también siente algo hacia ti, eso te lo puedo asegurar —de un momento a otro, Naruto sonrió de esa forma radiante que hace tiempo había perdido, dejando a Sakura algo desconcertada, pues en todo el tiempo que llevaba de conocerlo, nunca había visto esa sonrisa tan sincera y capaz de levantarle el ánimo a cualquiera.

—Naruto… —habló intrigada, de verdad, la curiosidad le mataba—. ¿Qué fue lo que te hicieron? ¿Algún día me lo contarás? —la expresión del rubio se volvió sombría apenas la escuchó, fue ahí que Sakura se dio cuenta de que estaba siendo demasiado entrometida, era obvio que Naruto no quería hablar sobre eso, así que decidió pasar del tema—. No, olvídalo, mejor hablemos de otra cosa —dijo algo apenada y agitando sus manos con cierto desespero.

—Claro, hablemos sobre otros asuntos —la secundó Naruto, porque de verdad quería evitar a toda costa el tema del asesinato de su padre y de su venganza en contra de los Hyûga, seguro Sakura pensaría que él era un monstruo, aunque si fuera así, no estaría del todo equivocada, era capaz de todo por vengarse, de todo.

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Matsuri bajó del auto de su "jefe" en silencio, así como habían estado durante todo el camino hacia su edificio. No sabía por qué rayos estaba tan nerviosa y había visto hacia abajo todo el tiempo, parecía una niña asustada, intimidada por la presencia del pelirrojo.

—Bueno, ya estamos frente a tu departamento —dijo Gaara, bajando del auto también para quedar parado junto a ella. La volteó a ver y una sonrisa se escapó de sus labios involuntariamente—. ¿Qué te sucede? Te ves nerviosa…

—E-estoy bien… —aseguró la castaña, pero era claro que fingía. Gaara se le acercó un poco, tomándola del mentón, para obligarla a verlo a los ojos. Por un momento, se perdió en la profundidad oscura de los ojos de esa chica, le parecía tan dulce e inocente, no podía recordar a otra mujer que le hubiera causado tal impresión antes, excepto por "aquella", esa mujer que había sido su primer y único amor, quien le había enseñado también a fuerza que ese sentimiento era algo inútil, que sólo servía para hacerte débil.

—Matsuri… —la llamó en voz baja, en un tono serio, pero interrogatorio a la vez, acercando su rostro al de ella cada vez más. ¿Por qué sus labios lo llamaban? Esa sensación lo estaba matando—. Dime algo… ¿alguna vez te has enamorado?

La chica le miró algo sorprendida, ¿qué era ese ambiente tan tenso que de pronto se había formado entre ellos? Y, sobre todo, aquella extraña pregunta…

—Y-yo… n-no lo sé… —respondió confusa, pero decía la verdad, porque ella no estaba segura de amar a Sasori, nunca había estado segura de ello, ni siquiera cuando aceptó casarse con él.

—Yo sí me enamoré una vez —confesó el pelirrojo, soltándola y dándole la espalda, ¿por qué estaba contándole esto a Matsuri? ¿Es que acaso pensaba causarle lástima cuando ella supiera lo que le había pasado? No, no pensaba hacer eso, simplemente lo que dijo salió sin pensarlo.

Por otro lado, Matsuri lo miraba sorprendida, ¿Gaara alguna vez se había enamorado? No podía creerlo, él parecía ser una persona vacía, sin sentimientos verdaderos hacia nadie, pero tal vez era por eso mismo que ahora era así, tal vez porque amar a esa persona le dejó sin corazón.

—Ah… ya veo… —dijo, sin saber qué palabras usar en esta situación, aunque se suponía que siempre tenía que saber qué decir—. Pues… eso es algo inesperado, por lo que oí de ti, sólo haces sufrir a las mujeres.

—No es mi intención, sólo sucede —dijo Gaara, dándose la vuelta para volver a mirarla—. No entiendo por qué, pero ninguna de ellas ha vuelto a despertar en mí algún sentimiento, nadie me ha podido devolver lo que ella me quitó —sus palabras sin duda intrigaron a Matsuri, quien estaba a punto de preguntar a quién se refería, pero no pudo hacerlo, no pudo decir una palabra, porque repentinamente él la tomó por la cintura con ambas manos y sin más, unió sus labios en un beso.

Sus ojos negros se abrieron como platos, ¿qué estaba pasando? ¿Por qué la había besado? Y, sin embargo, en ese momento no pudo pensar en nada, sólo cerró los ojos y se dejó llevar, moviendo sus labios lentamente sobre los del pelirrojo, rodeándolo por el cuello.

Con su lengua, Gaara la alentó a abrir un poco más su boca para besarla más profundamente, sintiendo por fin la satisfacción de un contacto verdadero y completo, no como los otros que se habían dado, los cuales no habían alcanzado a ser tan apasionados como este. Su pecho se sentía apretado, besarla así era realmente maravilloso, ahora sí que anhelaba llevarla a la cama.

—Gaara… —fue todo lo que pudo decir Matsuri al separarse por fin, subiendo lentamente la mirada para verle a los ojos y se dio cuenta de que él la miraba intensamente.

—Nadie me había hecho sentir algo, hasta que apareciste tú —terminó su frase el pelirrojo, dejando helada a la chica, quien no sabía si lo decía en serio o era sólo una táctica más para hacerla caer, porque por más que lo miraba, no parecía estar mintiendo.

—Perdona, me tengo que ir —dijo Matsuri, y sin más corrió hacia el interior de su edificio, dejando solo a Gaara, que no hizo ningún esfuerzo por detenerla.

Una sonrisa se formó en sus labios, pasando su lengua como si estuviese saboreando algo delicioso.

—Hasta que apareciste tú —repitió las últimas palabras que le había dicho a la castaña, sonriendo ahora maliciosamente—. Qué estupidez, pero de verdad ella se lo creyó… no es más que una tonta e ingenua… —sin más, regresó a su auto y se alejó, convencido de que muy pronto ella caería, tal vez no esta noche, pero sí una muy cercana.

Matsuri, mientras tanto, había corrido tanto que, al llegar junto al ascensor, ya estaba cansada, además, su corazón no paraba de latir con rapidez y su respiración estaba demasiado agitada.

—Aunque sé que son mentiras… ¿por qué me hacen sentir de esta manera? —se preguntó, llevándose una mano sobre su pecho, para así poder sentir sus fuertes y acelerados latidos.

¿Acaso Gaara en verdad le gustaba?

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La puerta se abrió, dejando ver a la hermosa chica que tan sólo esta mañana era su novia y que le había mandado a volar por un estúpido malentendido.

Ella lo miró algo sorprendida y luego enojada, sobre todo por el ramo de flores que Kiba puso frente a ella.

—Ino, te juro que todo ha sido un error, por favor, escúchame —habló el castaño, mostrando su sonrisa encantadora y amable, esa que había conquistado a la chica.

—¿Qué haces aquí? Mejor vete a buscar a tu nueva amiguita —la Yamanaka trató de cerrar la puerta, pero él puso su pie entre medio para impedírselo, después de todo, no podía dejar que ella pensara lo peor sin haber primero aclarado las cosas.

—Ino, sólo escúchame, es verdad que salí con ella, pero fue sólo como amigos, además, fueron muchos chicos más con nosotros y… ¿cómo crees que yo me fijaría en una niña como ella?

Ino dejó de tratar de cerrar la puerta y le permitió a Kiba seguir hablando.

—Amor, yo te quiero a ti, tú eres mi novia y nadie cambiará eso, no te cambiaría por nadie —Kiba extendió el ramo de flores hacia Ino, quien después de estar un rato en silencio, finalmente lo recibió con una sonrisa.

—¿De verdad, mi amor? —preguntó poniendo voz de niña, a lo que él asintió con la cabeza, abrazándola tiernamente para luego comenzar a besarla.

El beso en un principio fue lento y dulce, pero de pronto se volvió apasionado y fogoso, por lo que Kiba cerró la puerta detrás de su espalda, tomando a Ino por la cintura sin dejarla respirar ni un solo segundo.

De un momento a otro, la alzó por las caderas, haciendo que rodeara su cintura con ambas piernas, para así llevarla entre besos a la habitación. Con cuidado se arrojó a la cama, quedando sobre ella, mientras sus manos viajaban por el escultural cuerpo de la chica.

—Kiba… perdón por ponerme así… creo que fui demasiado precipitada… —decía Ino, mientras él besaba su cuello. De verdad estaba arrepentida de lo que había hecho, así que lo mejor que podía hacer ahora, era demostrarle a su novio que le creía todo lo que acababa de decirle.

—No importa, Ino, no importa —fue todo lo que dijo antes de volver a besarla. Los dos estaban realmente dispuestos a una buena reconciliación, pero de pronto, el celular del castaño comenzó a sonar, molestándoles.

—Dame acá —Ino sacó el teléfono del bolsillo de su novio, primero había pensado en apagarlo, pero prefirió contestar para avisar que ahora Kiba estaba ocupado, que era mejor no molestar, así que presionó el botón de responder, mientras Kiba la quedaba mirando.

¿Bueno Kiba? ¡Soy yo, tu querida Hanabi!—se escuchó del otro lado, por lo que Ino simplemente miró furiosa a Kiba, quien no entendía qué pasaba.

—Habla tu querida Hanabi —repitió las palabras de la chica, desprendiendo un aura demoníaca que asustó de sobremanera al castaño, levantándose de encima de ella aún confuso—. Vamos, ¿que no piensas responderle?

—I-Ino… no sé por qué me hablas de esa manera…

—¡Lárgate ahora mismo de mi casa! —explotó la rubia, lanzándole el aparato telefónico encima para luego empujarlo hacia la salida. Él no sabía qué había pasado, pero de un momento a otro, ya había sido echado a patadas del departamento de la mujer, quien de pronto abrió la puerta y le arrojó las flores en la cara—. ¡Ahí tienes tus cochinas flores! —y sin más, volvió a cerrar de golpe.

—¿P-pero qué mierda? —se preguntó él, aún sin comprender.

Mientras, del otro lado de la línea, una sorprendida Hanabi presionaba la tecla para terminar la llamada, pasando luego a sonreír maliciosamente.

—Vaya, parece que sin querer causé una pelea de pareja, genial —dijo felizmente, pues eso significaba que su Kiba ya estaba libre para ella.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sai caminaba por el parque de la ciudad, iluminado sólo por las luces de los focos, mientras recordaba lo que había hablado con Kakashi cuando estaba en la comisaría.

Efectivamente, hemos encontrado la pista sobre el sicario que pudo haber sido el asesino de tu hermano, si lo atrapamos, podríamos saber quién ordenó su muerte y relacionarlo con el caso de Minato Namikaze —dijo Kakashi, ojeando unos informes que tenía en sus manos.

¿Y sobre los informes que te traje?

Son lo que pensábamos, se ven claramente los fraudes realizados aquí, está claro que lo sucedido hace quince años en esa empresa fue verdad, pero hay algo más…

¿Qué cosa? —preguntó Sai, intrigado.

Las firmas y toda la información de la persona que movió todo el dinero no son de Minato Namikaze, lo que significa que fue inculpado para que el verdadero autor quedara impune, algunas fechas fueron cambiadas… lo más probable es que haya sido inculpado precipitadamente y después de su muerte —terminó de relatar el peli plata, aunque sus palabras no causaron sorpresa en Sai.

Era tal y como pensaba —dijo inexpresivamente—. Así que como ya lo sabes, investigaré un poco más por mi cuenta, estoy seguro de que en las pruebas hallaré algo, dime una cosa, ¿dónde han sido guardadas?

Serán un poco difíciles de encontrar, este es un caso prescrito, aunque tal vez haya algo en la bodega de archivos antiguos, mañana ven por la llave.

La bodega de archivos era una enorme construcción, casi como una biblioteca llena de información, Sai no estaba seguro de poder encontrar algo ahí, pero necesitaba las pruebas que se habían recopilado en ese momento, así como también, tenía que hallar al encargado del caso hace quince años.

—Pero ¿dónde podré encontrar a ese hombre? —se preguntó, mirando al cielo y en especial a la luna llena—. Hermano, ayúdame…

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto entró a su departamento, estaba ofuscado y molesto. Las cosas este último tiempo no le habían salido como las planeó, se suponía que debía llegar a barrer con todo, pero cada vez que veía a Hinata, flaqueaba, ella le hacía dudar y perder la razón a momentos. ¿Por qué debía amarla tanto? ¿Cómo se lucha contra una persona a la que duele lastimar?

—Soy un estúpido… —golpeó la pared de su sala, justo al lado de la puerta. Se dirigió al librero y sacó una carpeta, la misma que había obtenido en la bodega de archivos de la empresa. La abrió y vio esa fotografía, el nombre de ese otro sujeto; Hizashi Hyûga.

¿Qué pasaba si no había sido Hiashi, sino Hizashi el asesino? ¿Estaba bien seguir tratando de vengarse? Sobre todo, porque no se había quedado sólo con ese nombre, le investigó y se enteró de que ya estaba muerto, había fallecido hace muchos años en extrañas circunstancias.

—¿Y si no fue Hiashi…? Si él no fue. entonces… ¿he desperdiciado toda mi vida en una causa inútil? —se sintió de lo peor, ciertamente, lo único que le había dado fuerzas para luchar, para seguir adelante a pesar de las adversidades, era la idea de que algún día se vengaría de Hiashi, pero si el verdadero asesino estaba muerto, entonces nada tenía sentido.

Dejó aquellos papeles en donde estaban y se dirigió a su cuarto, tenía que calmarse y pensar las cosas con sosiego, conocer la verdad desde el fondo y actuar con cautela. Lo primero que necesitaba, era dejar de lado a Hinata, tratar de borrar esos sentimientos, alejarla de sí era lo mejor.

—Hinata no puede seguir formando parte de mí, tengo que olvidarme de ella, deshacer este sentimiento —apretó su mano derecha contra su pecho con fuerza.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Un nuevo día había llegado, uno en el cual el cielo no parecía muy iluminado, estaba nublado y se notaba que pronto llovería.

—Mami, Hime-chan no quiere que la dejes sola —rogaba la pequeña, abrazando a Hinata, quien tampoco quería dejarla, se le rompía el corazón de solo verla ahí, llorando tan desesperada.

—Pero mamá debe ir a trabajar, Hime-chan, no puedo quedarme aquí contigo, perdóname.

—Entonces dile al amigo de Hime-chan que venga, Hime-chan quiere ver al señor sol, mami, lo quiere ver —otra vez insistía con ese tema, de verdad Hinata se sentía morir cuando su hija le pedía ver a Naruto, no lo podía soportar, sentía que en cualquier momento sería descubierta y eso era demasiado desesperante.

—No, no puedes ver a ese hombre, entiéndelo, él no es tu amigo, él es malo.

—¡Mentira! —exclamó enfadada Hime, sorprendiendo a su madre, ella jamás le había gritado así—. ¡El señor sol no es malo!

—Hime-chan… —susurró la ojiperla, viéndole con tristeza y desconcierto. Justo en ese momento, llegó Sasuke, cosa que agradeció, ya que le sacaría de esa incómoda situación.

—Papi —la niña corrió a los brazos del Uchiha, quien la recibió abiertamente. Él la adoraba, a pesar de saber la verdad, no podía evitar quererla, esa niña era demasiado linda como para serle indiferente, además, ella no era culpable de nada, se sentía afortunado de ser él a quien Hime llamaba padre, y no el verdadero, que seguramente no estaba siquiera interesado en tenerla a su lado, por eso jamás la había buscado.

—¿Sucede algo, Hime-chan?

—Papi, mami dice que el amigo de Hime-chan es malo. No es verdad, ¿cierto papi? —la pequeña escondió su rostro en el pecho de Sasuke, quien estaba agachado para quedar a su altura.

Sasuke miró a Hinata sin comprender, no sabía de qué demonios hablaba su hija, pero parecía importarle demasiado, así que sólo podía hacer una cosa, estar de acuerdo con ella.

—Claro, mamá sólo está confundida, el amigo de Hime es bueno —le aseguró, haciéndola sonreír alegremente, por lo que Hinata sólo suspiró resignada, no ganaría nada tratando de enemistar a su hija con Naruto, al parecer.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Shikamaru miró de reojo a los dos tipos que acababan de pasar frente a sus ojos, uno entrando en su oficina y el otro pasando de largo hacia el ascensor. Frunció el ceño, porque cada vez que los veía, recordaba que esos dos ocultaban algo, algo que verdaderamente le intrigaba.

—Buenos días, Shikamaru —escuchó una voz femenina, la cual le hizo sentir más de un escalofrío. pSu cuerpo entero se tensó, ¿Por qué rayos esa mujer debía ponerlo así?

—T-Temari —se volteó lentamente, encontrándose con la rubia, la cual lucía tan hermosa como siempre y sonriendo abiertamente—. H-hola, buenos días —se sintió como un idiota, apenas ayer habían estado juntos, besándose, y ahora se comportaba como un bebé llorón.

—¿Te pasa algo? Te ves demasiado tenso —interrogó Temari con preocupación, ya que normalmente el Nara estaba siempre relajado, claro, a excepción de cuando ella se le aparecía en frente, pero en general era un vago sin remedio.

—No, es decir… —Shikamaru lo pensó por un momento, en verdad Temari era una mujer muy inteligente y precavida, no estaba seguro si hacía bien en preguntarle, pero tampoco era una mala idea—. Es sólo que, tengo una pequeña duda —se acercó un poco a la chica—. ¿Tú sabes algo acerca del nuevo socio de la empresa?

—¿Uzumaki? —la rubia arqueó una ceja, sin entender qué podría importarle a Shikamaru algo relacionado con Naruto, Shikamaru nunca se interesaba por esas cosas a pesar de tener una gran importancia en los negocios de la empresa, prácticamente, él había hecho milagros para ayudar a levantar la compañía, sin embargo, siempre se limitaba sólo a eso—. Ahora que lo dices, no sé casi nada sobre él —respondió al fin, también intrigándose al respecto.

—Ya veo —el pelinegro bajó la mirada con el ceño fruncido, en verdad esto le parecía cada vez más sospechoso, ese Naruto era todo un misterio, pero él lo iba a descubrir, tenía que averiguar qué se traía entre manos.

La puerta del ascensor se abrió, dejando ver a la vicepresidenta de la empresa, quien lucía tan hermosa como siempre, aunque deprimida como de costumbre. Eso era algo que nadie comprendía, ¿por qué Hinata siempre lucía triste? ¿Qué pasaba en su vida para estar así?

No quiero verlo, de verdad no quiero. Pero ¿qué hago? Es mi obligación enfrentarlo—pensaba acongojada. Saludó con un gesto de mano a Shikamaru y a Temari, quienes se veían un poco tensos, pero se había dado cuenta de que cada vez que ellos dos estaban frente a frente, la situación era la misma, así que lo dejó pasar. Después se dirigió hacia su oficina, pero antes de llegar debía pasar frente a la de Naruto, el cual justamente salía de la suya.

—Hinata —dijo algo sorprendido, no se esperaba verla afuera de su oficina justo en ese momento. Ella le miró y frunció el ceño, claramente molesta, después de todo, verlo era lo que menos deseaba.

—Permiso —trató de pasarlo de largo, sin embargo, él no se lo permitió, agarrándola de la muñeca.

—Espera, quiero preguntarte algo —la detuvo, observándola fijamente. Era un idiota, se suponía que había decidido olvidarla, pero con sólo verla, deseaba retenerla un poco más a su lado, tendría que odiarla mucho más por ser una mentirosa, por todo lo que le había hecho, pero siempre volvía a caer—. ¿Cómo… como está Hime-chan? —preguntó al fin, bajando la mirada.

—Ella está bien, pero eso es algo que no te importa —la ojiperla se soltó bruscamente de su agarre, tanto que sintió el dolor del roce sobre su piel, pero eso no importaba, tenía que alejarse cuanto antes de Naruto, estar cerca de él le hacía muy mal.

Se volteó y comenzó a caminar lejos de él, pero sus pasos se sentían como golpes a su corazón. Odiaba sufrir así por él. ¿Por qué tenía que amarlo aún? Si Naruto solamente pensaba en dañarla, no tenía intenciones de devolverle lo que ella sentía por él.

—Soy un imbécil, Hinata, soy un estúpido por amar a alguien como tú —susurró el rubio, sin que nadie más que sí mismo pudiera oír sus palabras. Tenía que hacerlo, tenía que demostrarle a Hinata que ya no sentía nada por ella, por eso mismo le pediría su ayuda a Sakura, porque usarla tampoco era de su agrado.

Hinata, por su parte, llegó hasta su oficina, pero antes de entrar, posó sus ojos sobre la figura de una chica pelirroja, la cual estaba ordenando una serie de documentos en una carpeta. Se trataba de la secretaria de su esposo, Karin, la amante de Sasuke -lo sabía porque él se lo había confesado-. Por un momento, sintió pena por ella, pero al final solamente decidió dejarlo, ya que ese asunto no le concernía, porque no se sentía ofendida por ello.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Estaban todos los representantes de Konoha Corp en la sala de reuniones, discutiendo un sustancial tema sobre un trato con una empresa publicitaria; Sunshine. Tendrían una cena importante con sus representantes dentro de tres días, así que estaban afinando quienes asistirían y quienes tenían otros compromisos.

—Eso quiere decir que tanto Neji como Tenten no podrán asistir —comentó Sasuke con seriedad, mirando a los que estaban frente a su presencia—. ¿Qué hay de ti, Shikamaru?

—Pf, es demasiado problemático, pero no puedo faltar —respondió soltando un suspiro el pelinegro, notando como la hermana de su amigo le miraba sonriente, cosa que lo ponía de los nervios, si tan sólo se le pudiera quitar esa estúpida fobia, que por cierto era algo totalmente ridículo, cualquiera en su lugar estaría saltando en un pie.

—Yo llegaré un poco tarde —dijo Gaara, quien apoyaba sus codos sobre la mesa y a su vez, el rostro sobre sus manos. Estaba tan serio como siempre, observando de reojo al nuevo accionista, no sabía por qué, pero Naruto le daba cierta desconfianza, o más bien, sí sabía por qué; había sido hace dos días.

Iba de camino hacia la cafetería, buscando a su linda secretaria para admirarla un rato, y tal vez aprovechar de hacer un acercamiento, no pensaba quedarse con las ganas de tenerla.

De pronto notó a Hinata, la cual estaba parada junto al ascensor. Iba a acercarse a saludarla, después de todo -y desde la secundaria- ellos dos eran muy buenos amigos, pero de repente vio que alguien se acercaba a la chica, estaba enojado y la volteó bruscamente; era Naruto.

Suéltame, aléjate de mí —dijo ella, con la voz quebrada, como si estuviera a punto de llorar.

Te mereces mi desprecio, Hinata Hyûga, no sabes cuánto… cuánto me arrepiento de todo lo que pasó, eres de lo peor —musitó lleno de ira, tratando de atacarla, de lastimarla de frente, cosa que obviamente consiguió, pues la ojiperla salió corriendo de ahí.

El pelirrojo sólo se quedó en silencio, tratando de entender lo que acababa de ver, pero por más que lo pensaba, no se explicaba esa extraña escena.

—Bien, entonces creo que eso es todo —Sasuke volvió a hablar, interrumpiendo los pensamientos de Gaara. El azabache miró a Naruto, quien se veía algo distraído viendo hacia la ventana, que estaba justamente a su lado. Hinata tenía sus ojos puestos sobre él, pero Naruto parecía ignorar su presencia—. Naruto, ¿está todo en orden para ti?

—Sí, no habrá problemas en que yo asista —respondió, volteando hacia Sasuke y posando fugazmente su mirada sobre la Hyûga. Miró también a Neji, él era el hijo de Hizashi Hyûga, como sea que hubiesen sido las cosas, un Hyûga era el asesino de su padre, así que también le odiaba, odiaba a toda esa familia, excepto a esa pequeña niña, la dulce Hime, al menos tenía suficiente consciencia como para saber que ella no tenía nada que ver en esto.

—Perfecto —justo en ese instante, el celular de Sasuke comenzó a sonar, así que se puso de pie y saló de la sala, dejando a los demás en silencio, claro que éste no duró demasiado.

—Tengo ciertas dudas que quisiera plantearte, Naruto —dijo Gaara en tono algo desafiante, el cual notaron todos los presentes, en especial Shikamaru, pues se daba cuenta de que, efectivamente, no era el único que desconfiaba de Naruto, incluso Gaara se tomaba el tema con demasiada seriedad.

—Claro, cuando quieras —respondió el aludido como si nada, es que en realidad no sospechaba para nada lo que había sucedido.

Hinata se levantó, ya estaba cansada de tener que verle la cara a Naruto, esto era todo por hoy, como ya todo estaba arreglado, no necesitaba quedarse más tiempo, así que se dirigió a la puerta. Afuera vio a Sasuke, al parecer hablando con su padre, pues dijo su nombre en tono enojado y frunció el ceño, después de eso colgó.

—¿Malas noticias?

—Papá simplemente me llamaba para estupideces, como siempre —respondió, guardando el celular en su bolsillo. Miró a Hinata y seguidamente echó un vistazo a Karin, quien estaba -como siempre- en su puesto de trabajo. Cerró los ojos y miró hacia su costado, recordando lo que había sucedido ayer con ella.

Todos los demás salieron de la sala luego de un rato. Tenten iba hablando muy animada con Kankuro, mientras que Neji los miraba con el ceño fruncido. No entendía por qué, pero odiaba verlos juntos, no podía soportarlo.

La odio, es tan tonta… ¿por qué demonios se tiene que creer la gran cosa?—pensaba cabreado, aun observándola, perdiéndose en su sonrisa, en los gestos que hacía cada vez que Kankuro le decía algo gracioso; eso era lo más desesperante de todo, no poder dejar de verla.

—Se te caerá la baba —le susurró Gaara, haciendo que, en lugar de reír con la broma, se molestara aún más, pero el pelirrojo sabía que eso pasaría, así que sólo siguió caminando.

—Idiota —susurró el Hyûga.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¿De verdad sucedió eso cuando le llamaste? —preguntó incrédula la chica de cabello naranja, pues lo que le acababa de contar su amiga era bastante sorprendente.

Hanabi asintió con la cabeza, mientras sonreía de forma maliciosa y se limaba tranquilamente las uñas.

—Así es, por fin mi Kiba-kun es soltero, así que no tengo impedimentos para conquistarlo —dijo felizmente, cosa que a Moegi no le pareció del todo, siempre había pensado que Hanabi era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quería y hoy se daba cuenta de que nunca estuvo equivocada, no sabía qué más podría hacer su amiga, era realmente atrevida y calculadora.

—No está bien que estés haciendo esas cosas, hacer terminar a alguien sólo porque a ti te gusta es algo muy malo —opinó con el ceño fruncido.

—Bah, no me hables como una niña buena Moegi, tú sabes muy bien que yo siempre obtengo lo que quiero, así me enseñaron que debía ser —por un momento, pareció enfurecer—. Nunca seré como la estúpida de Hinata, siempre dejándose someter por los demás como les diera la gana, yo no seré así… no quiero una vida como la suya —la verdad era que desde hace mucho tiempo, Hanabi sabía la verdad acerca de su hermana, que había sido obligada a casarse con Sasuke Uchiha, así como también que había escapado para no hacerlo, pero la muy idiota había regresado con el rabo entre las piernas, ¿de qué se quejaba ahora si fue ella la incapaz de luchar por su felicidad?

—Hanabi-chan… —musitó sorprendida Moegi, nunca la había visto con esa expresión antes, algo parecía afectarle fuertemente.

Los dos chicos iban acercándose a las jóvenes que estaban sentadas en la cafetería de la universidad. Konohamaru traía en sus manos un chocolate y no dejaba de ver hacia donde se encontraban las muchachas.

—¿De verdad crees que es buena idea? Es decir… ¿No se vería un poco extraño que haya cambiado de gustos de un día para el otro? —cuestionó arqueando una ceja, pero su amigo sólo negó con la cabeza, como confirmando que todo estaba bien, que sólo siguiera adelante con el plan y ya.

—Tú sólo has lo que te digo, ya verás como Hanabi te hará más caso una vez que se sienta ignorada, eso es lo que les atrae a las chicas como ella —dijo con sabiduría Udon, y una vez más, Konohamaru se reprochaba el estar recibiendo consejos de él.

—Si tú lo dices —bajó los hombros y se acercó a las dos chicas, que parecían tener una seria conversación, aunque no le importó demasiado interrumpirla—. Disculpen, chicas, pero traigo esto —enseñó el regalo a ambas jóvenes—. Es para ti, Moegi-chan —dijo sonriendo, sin siquiera mirar a la Hyûga.

Por su parte, Hanabi sólo frunció el ceño, antes todas esas atenciones eran para ella, pero desde hace unos días el tonto de Konohamaru ya no le hacía caso, aunque en realidad no importaba, ahora que Kiba estaba soltero, tenía el camino libre y debía aprovecharlo, no estar pensando en idiotas como ese.

—Felicidades, Moegi, al parecer ya tienes novio —y sin más, se puso de pie y se marchó enojada, a pesar de no saber la razón.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Estaba sola en el pasillo de la empresa, mirando las flores que adornaban la vista del lugar. Se sentó en una banca, bajando la mirada. A veces se preguntaba si era posible que algún pudiera odiar de verdad a Naruto, ya que por más que lo intentaba ahora, no lo conseguía, en serio lo deseaba, pero no podía.

—¿Te sientes bien? —escuchó una voz masculina. Levantó la mirada, para toparse con dos ojos aguamarina que la observaban inquietos. Una pequeña sonrisa se formó en los labios de la Hyûga, mientras él se sentaba a su lado.

—Gaara-kun, estoy bien —respondió sonriendo, pero fingidamente. Él la miró en silencio por unos segundos, hasta que soltó un suspiro de resignación.

—No tienes remedio, ¿verdad? Siempre escondiéndote detrás de esa sonrisa falsa —entornó los ojos, notando a la chica dejar de reír, pues había sido descubierta tan fácilmente.

—Lo notaste… —susurró con tristeza y vergüenza, por no ser capaz de disimular ante él, pero en verdad nunca había podido, incluso más que Kiba, Gaara podía saber lo que estaba sintiendo con sólo verla, desde que eran compañeros de escuela. Era cierto que se habían alejado mucho, ya no eran como antes, cuando iban juntos para todas partes, cuando el pelirrojo la defendía de los pandilleros de la escuela—. A ti no puedo mentirte, Gaara-kun.

—Pero tampoco me dices toda la verdad —agregó él, haciendo que Hinata se sorprendiera un poco—. Naruto Uzumaki… ¿qué se trae ese tipo contigo?

—No quiero hablar de eso —evadió rápidamente el tema. No era capaz de decírselo, no a él, no quería que su amigo se enterara de los enredos que tenía con Uzumaki, porque ambos se apreciaban demasiado, aunque en su tiempo, las cosas fueron muy diferentes por parte de ella.

Gaara fue su primer amor, aún antes de conocer a Naruto, cuando estaba en segundo año y le conoció, luego de que el chico la salvara de unos alumnos delincuentes que la querían asaltar. Rápidamente se convirtieron en amigos, él era el típico chico frío por el que todas se morían, incluso Hinata lo hacía, pues se enamoró de él, o en realidad confundió sus sentimientos, eso le dijo Gaara cuando ella confesó lo que sentía. Nunca sucedió nada entre ellos, Gaara se había enamorado de otra chica con la cual comenzó a salir, así que quedaron sólo como amigos y nada más.

Tiempo después, sucedió lo de su compromiso con Sasuke, quien no iba en su escuela, así que se conocieron en ese momento, pero el Uchiha quedó prendado de ella apenas la vio por primera vez.

—Como quieras —Gaara se puso de pie, llevándose las manos a sus bolsillos, dándole la espalda a la chica—. Pero Hinata, sabes que a pesar de todo sigo siendo tu amigo, puedes contar conmigo siempre.

—Gaara-kun… —susurró, soltando sin querer un par de lágrimas. Cómo extrañaba esos momentos, en que con un par de palabras y sin mirarla a la cara, él lograba hacerla sentir mejor. Se levantó sin esperar un segundo más y lo abrazó por la espalda, pero enseguida él se volteó y la rodeó por la cintura. Hinata era la única mujer a la que no veía como un objetivo, ella siempre sería su amiga.

La chica castaña estaba escondida, observando la escena desde una esquina del pasillo. Tenía el ceño fruncido y presionaba con fuerza uno de sus puños; nunca se había sentido así.

—Lo sabía, ese bastardo es un mentiroso, un maldito mujeriego, sólo es eso —fue todo lo que dijo Matsuri, antes de darse la media vuelta e irse de ahí furiosa. Se sintió tan dolida con lo que acababa de ver, era una verdadera idiota al haber confiado en sus palabras anoche, aunque hubiese sido por un solo segundo.

Tenía que centrarse, no podía dejar que sus sentimientos le ganaran la partida; no podía enamorarsede él.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sakura entró a su departamento, dejando su bolso tirado sobre el sofá. Estaba cansada, había tenido un día muy pesado en el hospital, pero al menos le habían dado libre lo que quedaba del día. Se dejó caer sentada, cerrando los ojos para tratar de relajarse, pero enseguida sintió la puerta azotarse, lo que la desconcentró.

Vio a Ino, quién acababa de entrar y estaba muy enojada, ¿o triste? La verdad no lo distinguía con claridad.

—¿Pasó algo malo? —preguntó confundida, a lo que la rubia le miró como si estuviese frente a su peor enemigo.

—No, claro que no, ¿qué me va a pasar? —habló en tono sarcástico, así que Sakura entornó los ojos, cuando Ino hablaba así, sólo se podía deber a dos razones; nuevamente Sasuke la había regañado por llegar tarde, o había peleado con Kiba una vez más—. Lo único que me pasa es que terminé con Kiba para siempre —respondió antes de tirarse a llorar sobre el sillón.

Sakura sólo la miró sorprendida, anoche no había visto a Ino, por eso apenas se enteraba hoy de lo que había pasado, todo se imaginó, menos que algún día esos dos pudiesen terminar, si parecían los más acaramelados del mundo. Ahora entendía que incluso ese tipo de parejas podían tener diferencias.

—Oh, vamos, Ino, seguro las cosas tendrán solución —se agachó junto a su amiga, acariciando su espalda mientras ésta sólo lloraba—. Qué extraña escena, ahora soy yo quien la consuela.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

La noche comenzaba a caer en la ciudad y todos se dirigían a sus casas. Tenten iba buscando las llaves de su auto dentro de su bolso, pero por más que las buscaba, no las podía hallar.

—Aquí están —dijo sonriendo, sin notar que delante de ella había una persona, así que terminó chocando con su espalda—. Auch, lo siento.

—Fíjate por donde caminas, tonta —le recriminó el Hyûga, quien sólo la miraba con esa autosuficiencia que le caracterizaba, como si fuera mejor que los demás, en especial, ella.

La chica frunció el ceño al verle, lo había estado evitando desde que sucedió lo del ascensor. No se podía explicar cómo es que fue capaz de besar a ese idiota, pero de algo estaba muy segura; jamás lo volvería a hacer en lo que le quedaba de vida, antes de eso prefería morir de manera tortuosa.

—Eres un idiota y además mal educado, ¿que no oíste que me disculpé? —habló molesta, pero él no prestaba atención a eso, sólo miraba fijamente el movimiento de sus labios, hasta que la chica le notó algo distraído—. ¿Te pasa algo, imbécil?

El ojiperla sacudió su cabeza, dándose la vuelta para darle la espalda.

—No te incumbe, odiosa —sin decir nada más, subió a su auto y partió, mientras que la castaña sólo miraba el camino que él había tomado sin decir una palabra, hasta que lo perdió de vista.

—Cómo lo odio… —susurró, llevándose una de sus manos a sus labios por puro instinto—. Y a la vez… —no terminó su frase, sólo cerró los ojos y se golpeó en la frente, para abrirlos de nuevo y subirse a su auto.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto se apoyó contra la pared, mientras observaba que, a lo lejos, su amigo Sasuke besaba los labios de la mujer que él amaba, para luego abrirle la puerta de su auto. Se sentía horrible, como si le estuviesen clavando una daga en el pecho, ¿por qué tenía que ser él precisamente el que se casó con Hinata? Pudo ser cualquiera, pero justamente fue una persona que de verdad hacía que le doliera.

—Maldición —masculló. Cerró los ojos con afán de no ver más aquella escena y por suerte lo logró, ya que cuando los abrió de nuevo, ellos ya se habían ido; era lo mejor.

Aún tengo en la mesa

Todos los restos

De tu rompecabezas

Aún tengo en mi boca

Todos tus besos

Aunque no los merezca

Comenzó a caminar hacia donde había dejado su auto, pensando en todas las cosas que le habían sucedido, de verdad no se explicaba por qué esto le sucedía a él, ¿por qué tenía que enamorarse de Hinata? ¿Por qué precisamente ella?

No sé dónde tú te escondes

Pero hoy no me explico

Por qué

Se miró en el espejo retrovisor, notando en su imagen su expresión cansada y dolorosa; estaba harto de sentir aquello, pero incluso el famoso consejo "un clavo saca otro clavo" no le serviría de nada, no había forma de sacar a Hinata de sí mismo, tal como hace seis años, aún la llevaba enterrada en su corazón.

Estoy perdido en el pasado

Todo lo que pudo ser

Estoy buscando sin sentido

El recuerdo de tu piel

Estoy cansado de amarte tanto

Y de estas ganas de volver

Junto a ti

Dio un pequeño golpe al techo del auto y se subió, cerrando fuertemente la puerta. Luego de eso, simplemente encendió el motor, en busca de su refugio.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Caminaba con el entrecejo arrugado hacia la parada de autobuses, ya que el dinero que traía hoy no le era suficiente para un taxi. No sabía por qué carajos estaba tan enojada, pero se había puesto así desde que vio ese "abrazo" entre su jefe y la vicepresidenta de la empresa. ¿Es que acaso también se metía con las mujeres casadas? No cabía duda de que ese sujeto no tenía límites, no le importaba con quien fuera, sólo quería salirse con la suya.

—No lo puedo soportar… no lo entiendo… —Matsuri detuvo sus pasos en seco, pateando el suelo con furia—. ¿Por qué estoy tan molesta? Nunca me había sentido así antes… pero cuando lo vi… yo… —instantáneamente, un par de imágenes se pasaron por su cabeza, eran de los momentos en que Gaara la había besado, lo que sintió cuando sus labios estuvieron en contacto. No había sentido eso con nadie, ni siquiera con su prometido; Sasori jamás le había provocado esa sensación frenética que su jefe le causaba con su sola mirada.

Miró al suelo, dibujando una sonrisa un tanto nostálgica en sus labios rosados.

—¿Será que esto… son celos? —se preguntó, llevándose la mano derecha al corazón, en donde presionó con fuerza la tela de su blusa.

Era una tonta, de verdad lo era, ¿por qué estaba sintiendo celos? No había razón, no tenía que haberla.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Dos días después…

La noche de la reunión con Sunshine había llegado. Naruto estaba caminando hacia el lugar de la cena, dentro de un lujoso restaurante en donde se había reservado una gran mesa para todos los integrantes.

Caminó muy seguro de sí mismo, hasta que llegó al sitio y vio con los ojos abiertos como platos -a través de sus anteojos de sol- a la chica que estaba sentada en la mesa junto a sus compañeros de trabajo. Tenía el cabello largo y rubio, y sus ojos eran violáceos, muy claros.

Se quedó paralizado por unos segundos, más aún cuando ella también lo observó, con la misma expresión desencajada.

Es Shion…—pensó, rogando porque ella no dijera su nombre, si lo hacía, todo estaría acabado, de verdad estaba entre la espada y la pared.

—¿Naruto? —susurró la rubia, pero muy bajito, así que nadie pudo oírle, no sabía por qué, pero sentía que no debía dar a conocer su relación con él, al menos no ahora.

Sin embargo, Naruto tenía miedo, por primera vez desde que entró en esa empresa, sentía miedo, miedo de ser descubierto.

Continuará…

Pequeño Omake:

Matsuri está sentada y cruzada de brazos, mientras que Sari observa hacia el frente con una enorme sonrisa.

—Estamos aquí, en nuestra entrevista a los personajes de Naruto, versión dos, hoy con las lindas Matsuri-chan y Sari-chan —digo sosteniendo un micrófono, mientras me acerco hacia Matsuri—. Matsuri, dinos qué opinas sobre el capítulo de hoy.

—Que Sabaku No Gaara es un idiota y lo odio —responde fríamente, para luego hacerme un desprecio.

—Eh… —profiero desconcertada, con una gotita resbalando por mi frente.

—¡Eso se llaman celos, Matsuri! —grita Sari y al instante Matsuri le arroja un cojín del sofá en la cabeza, lo que deja a Sari fuera de combate.

—Cielos, creo que la entrevista terminó —relato mientras hago un gesto a la cámara para que corten la transmisión.

Fin Omake.