Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Canción: Déjame ir - Paty Cantú
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Capítulo 13: Atando cabos
—N… —Shion se levantó de la mesa de improvisto, sin embargo, no fue capaz de acabar de pronunciar aquel nombre, porque vio claramente cómo el rubio le hacía un gesto de silencio, que no lo delatara, entonces Shion lo entendió todo y trató de zafarse—. Eh… yo… debo ir al baño, regreso enseguida —avisó, tomando su bolso y saliendo rápidamente del lugar.
—¿Qué fue lo que sucedió? —se preguntó Gaara con el ceño fruncido, pues se suponía que esta era una reunión seria, incluso hizo un esfuerzo por llegar temprano, ya que más tarde tenía otros compromisos.
—Seguro algo le cayó mal —respondió Shikamaru, que como siempre, estaba de mal pensado—. Qué problemático —susurró lo último.
—Eh, perdón por la demora, pero… olvidé algo en mi auto, ya vuelvo —dijo el nervioso rubio, bajo la atenta mirada de la vicepresidenta de la empresa, que a pesar de que disimulaba muy bien lo que sentía, aún le dolía verlo, le dolía demasiado.
Naruto hizo como si saliera del restaurante, pero en realidad se dirigió a la zona de los baños, en donde encontró a Shion esperándole, estaba de pie junto a la puerta y se veía enojada.
—¿Puedes explicarme que es todo esto, Naruto? —cuestionó en un tono de regaño, más bien parecía perfectamente informada de toda la situación del chico y en realidad así era, Shion sabía todo acerca de Naruto.
—Shion, por favor no vayas a arruinarlo, necesito que hagas como si no me conocieras, por favor —rogó el chico, por primera vez parecía sumiso, dependiendo de alguien más, pero sabía que debía ser de ese modo, pues Shion jamás estuvo de acuerdo con ese tema de vengar a su padre, ella era una persona que usaba otros métodos.
—No puedo creer que de verdad lo hayas hecho, Naruto. ¿Qué va a decir mi tía Kushina si se entera de esto?
—Mi madre ya lo sabe todo, no ha podido detenerme —Naruto volvió a mirar a la joven rubia, quien tenía el ceño fruncido—. Por favor, no me delates, prima, déjame hacer esto, lo necesito.
Ella sólo le miró en silencio por varios segundos, hasta que finalmente, no fue capaz de soportar la mirada de súplica de su primo Naruto Namikaze, así que terminó por suspirar y asentir con la cabeza.
—Sólo no arruines mi negocio, ¿me oyes? Yo haré como si no te conociera, eso es todo, querido primo que supuestamente falleció hace años —dijo con burla, sabía que ese no era un tema para andar hablando a la ligera, pero de verdad quería molestar a Naruto, lo cual consiguió sin mucha dificultad, pues debido a su presencia, el rubio estaba muy sensible.
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Miró la hora, eran pasadas las diez de la noche y ella estaba frente al cruce del tránsito. Las cosas no habían estado bien, tal y como lo esperaba, pues a pesar del tiempo en que su madre llevaba en esa clínica, no parecía mejorar en lo más mínimo, cada vez que la visitaba estaba peor, cada día estaba más trastornada.
—Cielos, no sé qué gano con gastar tanto dinero en esa clínica psiquiátrica, mamá siempre está igual cuando la visito —susurró Tenten. Hacía bastante frío aquella noche, era seguramente perfecta para acompañar la soledad que la aquejaba, siempre, desde que era pequeña.
Cuando la luz del semáforo cambió, cruzó la calle, cerrándose un poco el abrigo, acababan de entrar en otoño y el clima había cambiado drásticamente.
La castaña dirigió sus pasos hacia un pequeño y solitario parque, que durante el día solía estar lleno de niños que se pasaban ahí sus tardes, tal y como ella lo hacía cuando era una niña, realmente se divertía en gran medida en ese lugar y extrañaba esos hermosos días, que ahora no eran más que recuerdos borrosos.
Se sentó en el columpio. No había podido asistir a esa dichosa cena con la empresa, porque para ella, su madre era mucho más importante y éste era el único día en que podría visitarla, sólo le permitían una visita por mes por cuestiones de su salud mental.
—Rayos, estoy deprimida, esa visita me ha bajado el ánimo hasta el suelo —murmuró para sí misma, dándole algunas patadas al suelo para levantar arena.
—Tenten —de pronto, sintió que alguien posaba una mano sobre su hombro, se alarmó y se puso de pie con rapidez, sólo que fue demasiado y se enredó, cayendo de cola al suelo, ante la mirada divertida de quién le acababa de sorprender—. ¿Qué te pasa, chonguitos?
—¿Tú? —la chica frunció el ceño, parándose mientras que el idiota de Neji Hyûga se burlaba de ella—. ¿De dónde demonios has salido?
—Aparezco de la nada, soy un fantasma —respondió Neji, mirando de reojo lo triste que lucía Tenten esa noche, así como también lo hermosa que se veía ahora que nuevamente llevaba esos chonguitos en el cabello, definitivamente, le gustaba más así que con el cabello suelto, pero ¿acaso acababa de pensar que ella le gustaba?
—Muy gracioso, ahora resulta que al cubito de hielo le ha dado por ser comediante —dijo la chica, cruzándose de brazos y haciendo un gracioso puchero. Neji la miró y frunció el ceño, tampoco es que quisiera ser comediante, sólo que con ella le daban ganas de ser distinto, de reír un poco.
—Eres una pesada, chonguitos —dijo inexpresivamente, aunque por dentro le divertía ver las expresiones de enojo de la castaña—. Yo sólo estaba paseando por aquí y te vi abandonada, así que vine a preguntar si quieres que te lleve a casa.
—¿Tú siendo amable conmigo? —Tenten arqueó una ceja, eso era definitivamente algo que no podía creer.
Neji, por su parte, sonrió levemente.
—Es para que después no digas que soy un maleducado, pero, en fin, si no quieres, yo me voy, está haciendo muchísimo frío —el Hyûga le dio la espalda dispuesto a marcharse, pero de pronto sintió que alguien le tiraba de la manga de su abrigo y, al voltearse, se dio cuenta de que se trataba de Tenten, que por cierto, parecía no atreverse a mirarlo a la cara.
—Está bien… me muero de frío —accedió Tenten con la mirada baja y algo sonrojada, no le gustaba admitir que Neji tenía la razón, porque lo odiaba, pero en ese momento no estaba dispuesta a morirse de frío sólo por ser orgullosa—. Gracias.
—De nada —dijo algo frío, caminando hacia su auto, mientras ella le seguía de cerca. Por alguna razón, cuando los dos estuvieron dentro, él se sintió algo nervioso, al igual que la chica, que lo único que hizo fue mirar por la ventana todo el camino, en silencio—. ¿Qué me pasa? ¿Por qué he decidido ayudarla? —se cuestionó confundido, al final, ni él mismo entendía sus motivos.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
—¡Ino, ábreme la maldita puerta! —gritó por enésima vez el castaño, pero nada, no había caso de que su novia le atendiera, mejor dicho, ex novia, pues Ino había terminado con él y no había poder humano que la hiciera entender que él no tenía nada con la hermanita de Hinata, si para él era una niña, a pesar, claro, de que ella ya había crecido bastante.
—¡Vete de mi casa, Kiba, o llamaré a la policía! —respondió Ino desde dentro. Kiba no tuvo más opción que hacerle caso, sabía que Ino era muy capaz de cumplir su amenaza y lo mejor era no provocarla, ella estaba molesta ahora, pero ya habría tiempo para hacerle ver el error que estaba cometiendo por creer en tonterías como esa.
—Demonios… pero ni pienses que me voy a rendir —advirtió antes de marcharse, tratando de darle un nuevo golpe a la puerta, pero deteniéndose a mitad del camino. Soltó un suspiro y se alejó resignado, era todo lo que en ese momento podía hacer.
Dentro del departamento, Ino soltó un suspiro de alivio, pero enseguida cayó rendida sobre el sofá, soltando algunas lágrimas. Se sentía como una estúpida, sola y engañada por su novio. Sus historias de amor siempre terminaban siendo fatales, como cuentos de horror, porque a pesar de lo mucho que decían amarla, todos los hombres la terminaban engañando, tal vez creyendo que por ser una modelo y ser rubia, para lo único que servía era para la cama, pero ya estaba cansada de ese tipo de gente, no podía más con eso.
—Ya estoy harta, ya nunca me volveré a enamorar, los hombres son todos unos mentirosos. ¡Son todos iguales! —exclamó enojada, al mismo tiempo que el teléfono de la casa comenzaba a sonar. Se levantó en forma algo torpe y tomó el auricular, aún furiosa—. ¿Bueno? Ah, no, Sakura no está, hoy saldrá tarde del hospital. Ay, ¿yo qué sé? Pregúntale a ella —y sin más, colgó enojada—. ¡Hombres, son todos iguales!
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—¿Pero qué demo…? —Sasuke miró sorprendido el celular, Ino le había colgado la llamada de golpe y le había hablado de forma muy ruda—. ¿Estará enojada? —frunció el ceño, pues no le gustaba que nadie le alzara la voz, pero lo dejaría pasar por esta vez. Miró hacia la mesa de la reunión y se dirigió de vuelta ahí, pues se había levantado un momento al baño y tuvo el impulso de llamar a su mejor amiga, cuando se sentía tenso necesitaba oír su voz, sin embargo, Sakura no le respondía al celular, por eso llamó a su departamento.
Al llegar, se dio cuenta de que ya todos se estaban despidiendo, habían terminado la reunión sin él, pero en realidad, ya habían tratado los asuntos importantes. Se despidió de las dos mujeres, Shion y Sasame y tomó de la mano a Hinata.
—¿Puedes irte sola a la casa? Tengo algo que hacer —le susurró al oído, a lo que su esposa sólo asintió con la cabeza, sin siquiera preguntar qué era ese algo, a pesar de jurarle a Sasuke que iba a cambiar, aún no era del todo cierto, no sentía celos cuando lo veía con otra mujer, porque no lo amaba.
—Claro, estaré esperando en la casa —ella ni se cuestionó si acaso Sasuke vería a otra, sólo se limitó a sonreír como siempre lo hacía.
Sasuke, por su parte, se despidió de todos, tomó su chaqueta y se marchó, no sin antes acercarse a su amigo Gaara para susurrarle unas palabras, el cual se acercó a los segundos después a Hinata.
—Me dijo Sasuke que te lleve a casa, ¿qué pasó? ¿Volvieron a pelear? —cuestionó el pelirrojo con el ceño fruncido, no soportaba ver sufrir a Hinata cada vez que Sasuke discutía con ella por razones que no entendía, pero la Hyûga negó con la cabeza.
—No es nada de eso, sólo tiene otras cosas que hacer —respondió con su tono de voz siempre suave y bajo, como toda una persona sumisa y temerosa—. Pero qué bueno que me llevarás, así podremos hablar.
—Claro, vamos —Gaara miró la hora en su reloj de mano, aún era bastante temprano para la cita que tendría, así que no habría problemas en llevar a Hinata a su casa, a fin de cuentas, le quedaba de camino.
Naruto los miró de reojo cuando se alejaron juntos, la verdad era que no tenía idea qué tipo de relación mantenían esos dos, pero sí que aquello le molestaba profundamente. Debía admitirlo y con todas sus letras, sentía celos, ahora se daba cuenta de que no sólo envidiaba a Sasuke, sino a cualquier hombre que se acercara a Hinata, porque a pesar de todo, aún la sentía como suya, porque sabía que había sido él quien la hizo mujer.
—Qué idiota, soy un maldito idiota, tengo que dejar ese estúpido recuerdo en el pasado, ya nunca estaremos juntos ella y yo, no después de que me engañó yéndose y casándose con otro —cerró los ojos, acomodándose la corbata, y partió hacia donde había dejado estacionado su auto. Quería llegar pronto a casa, pues esta noche llamaría a su madre para enterarse de cómo iban las cosas en Okinawa, seguramente, ella lo regañaría por terco, pero eso no importaba.
Y era cierto que por un momento tuvo miedo de que Shion lo descubriera en frente de todos los de la empresa, pero por suerte logró controlar la situación con la chismosa de su prima, que sí que servía para andar regando noticias por todas partes, por eso no pensaba contarle lo de Hinata ni aunque estuviera loco de remate, podría arruinar todos sus planes.
Hinata cerró la puerta del auto de Gaara y se puso el cinturón de seguridad. El pelirrojo subió en el asiento del piloto, haciendo exactamente lo mismo, al tiempo que acababa con una llamada por su celular. Hinata le miró con una sonrisa.
—¿Alguna nueva conquista? —bromeó, la verdad era que conocía el extenso prontuario amoroso de su amigo y no es que eso le hiciera mucha gracia, sin embargo, no había nada que ella pudiera hacer ni tenía por qué meterse en la vida de él, esas eran cosas que sólo a él le concernían.
—Algo así —respondió Gaara, usando la llave para hacer arrancar el motor—. Luego de dejarte saldré con ella, es una chica muy simpática que conocí en una fiesta el otro día.
—¿Sabes? Es curioso que aún no hayas intentado nada con tu nueva secretaria. ¿Matsuri se llama? —al oír el comentario por parte de Hinata, Gaara sintió que se atragantaba, no esperaba que la ojiperla le saliera con algo así, sin embargo, ella no se dio cuenta y siguió hablando—. Es muy bonita, la verdad me parece raro que te estés absteniendo.
El chico carraspeó, golpeándose levemente el pecho.
—No es que ella no me interese en lo más mínimo, lo que sucede es que…
—Te interesa más de lo normal —le interrumpió Hinata, completando la frase que ni él mismo se atrevía, Hinata lo conocía demasiado bien y podía darse cuenta de que él miraba a Matsuri de una manera muy especial, aunque tratara de negarlo y no quisiera admitirlo.
—No era eso lo que iba a decir —dijo Gaara con cierto sarcasmo en el tono de su voz, pisando el acelerador para partir—. ¿De dónde has sacado semejante tontería?
—No es una tontería, te conozco, Gaara-kun, todavía recuerdo la forma en que… —la chica detuvo sus palabras, sabía que no debía hablar de ese tema, pero tampoco podrían evadirlo toda la vida, él debía superarlo alguna vez—. Todavía recuerdo la forma en que la mirabas a ella, recuerdo que me dolió mucho la primera vez que lo noté.
—No quiero hablar de ella, sabes que no soporto mencionarla bajo ninguna circunstancia —puso el cambio de velocidad, mientras veía al frente con el ceño fruncido—. Y sabes muy bien que me arrepiento de haberte rechazado a ti por ella.
—Eso ya no viene al caso, yo te quería, pero tú la amabas a ella, no tienes de qué arrepentirte.
—Hinata, basta, te dije que no quiero hablar de esa mujer —Gaara aún seguía mirando al frente, pero en sus ojos podía notarse tal mezcla de sentimientos, odio, rabia y dolor, que Hinata prefirió callarse, era obvio que él aún no superaba el tema para nada, todavía le afectaba y era por eso que se comportaba así con las mujeres, porque sentía que todas eran como ella y se merecían una lección, eran todas mentirosas y manipuladoras, incluso Matsuri.
—Perdóname, te prometo que no volveré a mencionarla, sólo te diré algo —la chica no lo miraba, sólo podía ver por la ventana, esperando que sus palabras sirvieran de algo—. No todas las mujeres somos iguales, y si de verdad Matsuri-chan es especial para ti, será mejor que tengas eso en cuenta.
Gaara no dijo nada al respecto, desde el principio, aquella castaña había sido diferente para él, aparte de ser hermosa, era extremadamente sencilla y tierna, pero no sabía hasta qué punto ella permanecería siendo así, no podía saber si ella le mentía, por eso era mejor no confiar en nadie, tal como lo hacía ahora.
Hinata no quiso seguir hablando de ello, había recordado que al día siguiente tendría la famosa cita que Kiba le había hecho con Shino en el psicólogo, aun así, estaba tratando de darle consejos a alguien más.
Qué ironía.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
—¿Así que el jefecito te dijo eso? —cuestionó Sari a su amiga, la cual se estaba dando un baño de espuma. La chica del cabello más largo estaba junto a ella, pero fuera de la bañera—. Perdóname que te lo diga, pero sería muy estúpido de tu parte creerle.
—Lo sé, después de eso lo vi abrazado con otra mujer, no sabes qué rabia me dio —dijo Matsuri, dándole leves golpecitos al agua, de la cual sólo saltaba la espuma—. Sé muy bien que él es un idiota mujeriego.
—Ay, amiga, ¿por qué siento que hablas con cierto deje de celos? —le preguntó Sari con una sonrisa pícara, a lo que Matsuri respondió tirándole un poco de espuma en la cabeza.
—No digas tonterías, Sari. ¿Yo celosa? Por favor —rio la castaña, aunque en el fondo sabía muy bien que su mejor amiga tenía la razón, ella en serio estaba celosa porque, por un momento -aunque fuese breve- le había creído a Gaara sobre lo que sentía por ella, parecía ridículo, pero estaba muy celosa de Hinata Hyûga, porque se veía que el pelirrojo no pretendía nada con ella, a ella la veía de forma distinta.
—Claro, lo que digas, Matsuri, pero yo te conozco y sé cuándo te gusta alguien —Sari miró de frente a Matsuri, la cual se sonrojó levemente al sentirse observada—. Ese sujeto llamado Gaara, realmente te gusta, amiga, y mucho.
Matsuri sólo negó con la cabeza y entornó los ojos, podía dejar que Sari hablara lo que quisiera, pero nunca tendría la razón, eso ni pensarlo, ni soñarlo.
—No es verdad, yo desprecio a ese hombre que sólo nos ve a nosotras como un juguete, lo desprecio —dijo con ira, mirando un punto inexistente en la pared, mientras que Sari sólo suspiraba, si ella estaba tan segura de su posición, no tenía caso que le dijera otra cosa, pues sola se daría cuenta de su error.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Sasuke se detuvo frente al hospital general, aunque claro que lo hizo en una zona autorizada. Sonrió levemente al ver salir a cierta peli rosa de ahí, la cual revisaba su cartera, al parecer, buscando algo.
Él bajó del auto y se dirigió a la chica, no entendía cuál era la razón, pero necesitaba hablar con ella y aclarar las cosas, porque desde que se habían peleado, se sentía perdido, comprendía que a ella le pudiera molestar el haberlo descubierto con otra mujer, pero ni siquiera Hinata lo despreciaba de esa manera ahora, incluso después de haberse enterado de su aventura con Karin.
—Sakura —la llamó, a lo que la chica de ojos jade levantó la mirada algo asustada por haberlo oído de repente, pero enseguida frunció el ceño al verle.
—¿Qué es lo que quieres, Sasuke? —preguntó de mala gana, aunque no lo dejó responder para pasarlo de largo, sin embargo, el azabache la agarró del brazo en forma algo brusca—. Suéltame, estúpido.
—Quiero hablar contigo y no te irás hasta que lo haga, ¿me has entendido? —habló en tono demandante, dejando un tanto helada a la chica, que luego de permanecer un par de segundos en silencio, volvió a tratar de liberarse sin tener éxito en lo más mínimo, Sasuke tenía demasiada fuerza—. Basta, Sakura, no voy a hacerte daño.
—Ah, ¿no? Pues yo no lo creo, hablar contigo me hace mucho daño, así que suéltame —una vez más, Sakura jaló su brazo para que Sasuke la soltara, esta vez lo había conseguido, pero no trató de huir de él—. No quiero verte, Sasuke, sólo déjame en paz de una vez, deja de atormentarme con tu presencia.
—¿De qué demonios hablas? ¿Cómo podría hacerte daño verme si se supone que eres mi mejor amiga? —le cuestionó el Uchiha y con justa razón, le dolía saber que Sakura no quería saber nada de él, más aún porque no entendía sus razones, estaba siendo demasiado concluyente por haberse molestado con él.
—Tú no entiendes nada, nunca vas a entender nada —dijo Sakura, mirándolo a los ojos mientras intentaba mantenerse firme. A veces sentía deseos de mandar todo al carajo y decirle a Sasuke de una vez lo que sentía por él. Pero ¿qué ganaría con eso? No haría más que verse aún más patética de lo que ya era, siempre mendigando un poco de su atención, siempre siendo la estúpida mejor amiga.
Amor, que conveniente situación
Me has conformado el corazón
Con las migajas de tu amor
Por ti, no creo en mí
.
Y aun así pides más
Sin decir más, le dio la espalda y pretendió alejarse corriendo, pero nuevamente él la detuvo, esta vez, abrazándola.
—No te vayas —le susurró al oído, haciéndola estremecer por completo—. Sé que soy un idiota que no entiende nada, pero por eso mismo te ruego que me expliques, ¿por qué dices que te hago daño? —preguntó, recargando su rostro sobre el hombro de la chica—. ¿Por qué te lastimaría si eres mi mejor amiga?
—Precisamente por eso, porque soy tu mejor amiga es que me lastimas —Sakura se dio la vuelta, volviendo a mirarlo, pero esta vez con lágrimas recorriendo sus mejillas—. Porque nunca seré más que eso para ti, y no es lo que yo quiero.
—¿Qué quieres decir? —cuestionó el azabache confundido, aunque había logrado captar algo en las sutiles palabras de la chica, no quería creerlo, no podía hacerlo a menos que ella lo dijera en forma directa, sino simplemente se haría el desentendido.
Por su parte, Sakura ya se sentía cansada de todo, de fingir que todo estaría bien y que serían los mismos amigos de siempre, porque estaba claro que desde que había descubierto que Sasuke tenía a esa mujer ya nada era igual entre ellos, él no era capaz de confiarle todo a ella y ella ya no deseaba seguir sufriendo por mantener en secreto sus sentimientos; sólo quería alearlo de su vida y si no decía la verdad él jamás la dejaría tranquila, porque Sasuke era demasiado terco.
—Quiero decir que… que yo siempre… —la peli rosa dudó por un momento, pero finalmente se decidió a hablar, era la única forma de escapar de todo—. Quiero decir que yo te amo, Sasuke —los ojos negros del azabache se abrieron tanto que pensó que se salían de sus cuencas, aquella confesión lo había tomado con la guardia baja, estaba totalmente desarmado—. Yo siempre te he amado —Sakura continuó—. Incluso desde antes de que te casaras con Hinata, no sabes lo que me dolió que tú… que tú me pidieras que fuera tu madrina de bodas… no sabes cuánto sufrí cuando nació tu hija… cuando me decías todo lo que amabas a Hinata, pero ya no quiero más esto, Sasuke, ya no quiero verte nunca más.
No me queda nada, ¿qué quieres de mí'
¿Qué te da el derecho de hacerme sufrir?
Guarda tus palabras y déjame ir
Quién dijo, que una mentira puede hacer feliz
Más que la verdad "amor" no hablaba de mí
—S-Sakura… —el trató de moverse, alzó su mano a ver si podía detenerla, pero estaba congelado y no pudo impedir que Sakura se alejara, que se fuera corriendo del lugar, dejándolo aún en ese estado, no podía creer lo que acababa de pasar, pero sentía su pecho oprimido, algo dentro de él se acababa de romper.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Cuando llegaron al edificio de la chica, él se detuvo. Volteó a verla y la notó muy concentrada en quitarse el cinturón de seguridad, pero al parecer, se había enredado un poco, pues no lo conseguía.
—¿Qué haces? —preguntó con gracia, desabrochando enseguida el cinturón de Tenten—. Eres una bruta.
—Hmp, mira quién habla —dijo la castaña con burla, sacándole la lengua. Cuando se iba a bajar del auto sintió que la tiraban de la mano, haciéndole caer sentada dentro nuevamente—. ¿Qué te pasa?
—¿No ibas a darme las gracias? —cuestionó Neji, a lo que ella lo miró mal.
—Por supuesto, sólo que lo iba a hacer cuando ya estuviera afuera, ¿algún problema? —dijo Tenten cruzada de brazos y haciendo un puchero. Neji nuevamente quiso reír, realmente no lo entendía, ¿qué demonios tenía esa chica que siempre le parecía tan divertida? La verdad era que le encantaba pelear con ella, no podía negar que, sin eso, sus días serían muy aburridos.
—No, ninguno, puedes irte, gruñona —dijo soltándola. Tenten lo miró de mala gana y se le acercó a reclamarle.
—Gruñona será tu abuela, cubito de hielo —le pegó un leve golpe en el pecho y se bajó del auto, a lo que él sólo la miró alejarse por la ventana.
—Me pregunto cómo inventa esos apodos que me pone —miró al techo del auto unos momentos, hasta que decidió que era hora de partir—. En fin, me iré a casa de una vez —y así fue que encendió el motor y se marchó, pero con una leve sonrisa en los labios.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Cuando Hinata y Gaara se detuvieron frente a la mansión Hyûga, los dos iban en completo silencio, al parecer, su conversación no les había dejado en buenos términos, por lo que decidieron no hablar.
—Ya llegamos —dijo de pronto el pelirrojo. Hinata le miró, pero no respondió, sólo bajó la mirada, al mismo tiempo que se quitaba el cinturón de seguridad. Gaara notó lo incómoda que se encontraba -y que era por su culpa- así que trató de arreglar las cosas—. Oye, Hinata… lo siento, me pasé hace rato.
—No pasa nada, fui yo la que dijo cosas que no debía —aseguró ella, pero su amigo negó con la cabeza.
—No, tú tienes razón, yo no puedo huir eternamente de mi pasado —Gaara desvió su vista, posándola sobre el manubrio, al tiempo que lo presionaba fuerte con ambas manos, molesto consigo mismo—. Soy consciente de que lo que hago con las mujeres está mal… pero… no soy capaz de confiar en alguien otra vez, no puedo hacerlo.
Hinata nuevamente guardó silencio, la verdad era que ella no era la mejor persona para oír los problemas de los demás, tomando en cuenta la cantidad de cosas que a ella misma le agobiaban. Pensaba en todo el daño que le estaba haciendo la persona que amaba y se sentía miserable, porque sabía que, a fin de cuentas, era ella misma quien lo había provocado. Si tan sólo hubiera tenido el valor suficiente para enfrentarse a su padre después de que él la encontró, si sólo hubiera sido capaz de correr a los brazos de Naruto, de explicarle todo, de decirle que esperaba un hijo de él.
—Fui realmente una cobarde —pensó. Salió del auto de Gaara y al levantar su vista, se fijó en que afuera de su casa le esperaba su otro mejor amigo; Kiba, el cual estaba apoyado contra la pared de concreto, junto a la reja—. Kiba-kun…
—Hola, Hinata —saludó el castaño, inclinándose un poco para fijar sus ojos en el conductor del automóvil—. Hey, buenas noches, Gaara.
—Buenas —el pelirrojo hizo un gesto de mano como saludo y luego miró a Hinata—. Nos vemos otro día, Hinata, adiós, Kiba —se despidió, cerrando la puerta del auto para luego marcharse. Aún estaba confundido por toda esa conversación que acababa de tener con la ojiperla, pero aún más, por eso tan extraño que comenzaba a sentir hacia cierta castaña.
—¿Qué haces aquí, Kiba-kun? —preguntó Hinata, dándole un abrazo como bienvenida. Comenzaba a hacer un poco de frío, pero prefería hablar afuera con él, en donde nadie les molestaría—. Te noto un poco extraño.
—He tenido muchos problemas, la verdad… quería hablar con tu hermana, pero me dijeron que estaba dormida, por eso decidí esperarte —confesó el chico de rasgos salvajes, llevándose las manos a los bolsillos y mirando a su costado con tristeza—. He terminado con Ino, o más bien… ella terminó conmigo.
—¿Cómo? —inquirió la Hyûga incrédula, la verdad, nunca imaginó que esa relación fuese a terminar, siempre los veía demasiado bien juntos—. Es una lástima, Kiba-kun.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Entró llorando hecha un mar de lágrimas a su habitación. No podía creer que se lo había dicho al fin, que finalmente le había confesado a Sasuke que lo amaba, que siempre lo había amado. Se sentía tan estúpida, era una verdadera idiota, pero al menos se había liberado de aquel secreto que la agobiaba día a día, ahora tenía muy claro que ya no quería saber nada de él nunca más, no lo quería ver jamás, ya estaba cansada de ser un soldado herido en mitad del campo de batalla.
—¿Sakura? —escuchó la voz de Ino, pero no le prestó atención, sólo podía seguir llorando, escondiendo el rostro con esa almohada. La rubia abrió la puerta del cuarto y la encontró recostada boca abajo—. Sakura… —pronunció en tono de tristeza—. No llores, ¿qué te pasó?
—Se lo dije todo, Ino, le dije a Sasuke todo lo que siento por él —respondió, después de unos segundos de silencio, pero sin detener sus lágrimas. Se sentó sobre la cama, mirando a su amiga con expresión dolorosa—. Le dije que lo amo y luego salí corriendo, le dije que… no quería volver a verlo nunca más.
Ino se sentó a su lado, abrazándola.
—Eso fue lo mejor que pudiste hacer, aléjate de él, Sakura, olvídalo —le aconsejó la chica. Se sentía un poco culpable porque ella le dijo a Sasuke en donde encontraría a su amiga, pero nunca pensó que algo así iba a pasar. Abrazó más fuerte a la peli rosa—. Ningún hombre vale la pena, te lo aseguro —dijo con cierto resentimiento, mientras el nombre de Kiba se cruzaba por su mente.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
El día finalmente llegó. Había sido una noche bastante difícil para muchos, demasiadas cosas en qué pensar, problemas que resolver. Así se encontraba Sasuke aquella mañana, por más que lo intentaba, no podía olvidar lo que le había dicho Sakura anoche. Nunca se imaginó que ella estuviera enamorada de él, jamás lo pensó, pero sin duda había sido una confesión que lo lastimó mucho, no era su intención hacerle daño a Sakura, la quería demasiado, tal vez más de lo que siempre había pensado.
¿Pero entonces que hacer?
¿Cómo podía arreglar una vida en la que se había equivocado tanto?
—¡Papi! —en ese momento escuchó la vocecita de su hija. La pequeña Hime ya se veía mucho mejor, el color sonrosado ya había regresado a sus mejillas y su sonrisa estaba más radiante que nunca. Esa niña era sin duda la luz de sus ojos, sólo por ella las cosas entre él y Hinata aún seguían forzándose, porque ninguno de los dos quería hacerla sufrir.
—Hola, pequeña —la saludó, mientras la levantaba entre sus brazos. La niña llevaba puesto su pijama con flores estampadas, bastante mono, que la hacía lucir adorable—. ¿Cómo te sientes?
—¡Muy bien! Quiero ir a la escuela, papi, estoy aburrida —rezongó, inflando las mejillas como si fuera un pececito. Sasuke le miró, soltando una sonrisa algo divertida.
—No seas mañosa, todavía no puedes salir hasta que el doctor lo diga, estuviste muy enferma —le dijo el azabache, pero la niña no cambió en lo más mínimo de expresión.
—¡Pero Hime-chan quiere ver al señor sol! —volvió a quejarse. Sasuke no alcanzó a decir nada, sólo oyó como algo se caía al suelo. Miró al frente y vio que era un florero, Hinata lo había tirado accidentalmente al oír las palabras de su hija. Tenía el rostro algo descompuesto, al parecer le había sorprendido lo que oyó—. ¡Mami! —exclamó la niña, corriendo a los brazos de su madre—. Mami, Hime-chan quiere al señor sol, el señor sol es bueno, mami.
Sasuke frunció el ceño, no entendía cuál era esa obsesión de su hija con Naruto, pero estaba claro que él le agradaba mucho más de lo debido. En cierto modo, le molestaba.
Hinata no sabía qué decir para negarse, no había forma de contradecir a esa niña, en eso era igual a Naruto, demasiado cabezota.
—Te pareces tanto a él —pensó con tristeza.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Llegó temprano a la empresa, subiendo al ascensor con rapidez. Matsuri no pensó que se encontraría con su jefe en ese mismo lugar tan estrecho, menos a solas.
—Matsuri —susurró Gaara, recordando la conversación que había tenido anoche con Hinata. Por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en Matsuri como una chica dulce, diferente de las mujeres con las que solía involucrarse, incluso Hinata se lo había dicho. Desvió la mirada al sentirse perdido, hipnotizado por el oscuro brillo de esos ojos negros—. Buenos días.
—B-buenos días —respondió la chica mirando al suelo, con las mejillas levemente sonrojadas. Era humillante, ni siquiera era capaz de verlo a los ojos por más de dos minutos, porque entonces sus latidos se aceleraban y su rostro comenzaba a arder. Tal vez Sari tenía razón y él le gustaba, aunque fuera sólo un poco—. No, no, él no puede gustarme, no puede… yo… yo voy a casarme con Sasori… yo…
De pronto, al volver a repetirse esas palabras, de que se casaría en poco tiempo, no se sentía para nada feliz o ilusionada, al contrario; estaba asustada. Se suponía que debía estar dichosa por casarse con la persona que amaba, pero justo ahí estaba el asunto, ¿verdaderamente amaba a su novio?
Antes estaba segura de la respuesta a esa pregunta, pero ahora, cada vez que miraba a Gaara, sentía dudas de ello, dudas que le clavaban como mil puñales haciéndole sentir una terrible incertidumbre, que la angustiaba.
Porque una persona debería ser feliz estando con el ser que ama, pero si no es así, si esa persona no le hace feliz, entonces es porque no es la indicada.
Las puertas del ascensor se abrieron en el piso de ambos. La castaña fue la primera en salir, pero antes de poder alejarse hacia su lugar de trabajo, Gaara la tomó del brazo, deteniéndola.
—Espera… —comenzó, pero no sabía cómo terminar, eso que hizo no fue más que un impulso por así decirlo, sin embargo, no podía quedarse ahí parado como un idiota, y mucho menos ahora que ella le miraba de esa manera—. ¿Quieres… quieres acompañarme a almorzar más tarde?
—Y-yo… —la chica dudó por unos segundos, hasta que recordó su objetivo, lo que se suponía que debería hacer; enamorarlo. Le miró entonces, decidida—. Sí, señor, sería un honor.
Gaara esbozó una leve sonrisa, soltándola para permitir que se alejara. También recordó su objetivo en ese momento, no era relacionado con sentir algo por ella, eso era ridículo, lo único que tenía que hacer era enamorarla, acostarse con ella y ganar esa apuesta.
—Esa es la única razón por la que me acerco a ella, nada más —pensó con el ceño fruncido y una fría expresión en su rostro.
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Naruto miró por la ventana de su oficina. Estaba ahí en donde quería, tenía la oportunidad de destruir para siempre a Hiashi Hyûga, pero ahora estaba tan asustado de proceder. ¿Y qué pasaba si estaba equivocado? ¿Si el asesino era Hizashi? ¿Qué haría si todo este tiempo odió injustamente a Hinata?
No.
No era un odio injusto, ella lo merecía, ella le había abandonado cuando él más creyó en su inocencia, en su dulzura, en su carita de ángel. Hinata lo engañó, se casó con otro hombre y tuvo una hija con él, con un hombre que era nada menos que su amigo. No podía perdonarla, para nada, no había excusa para lo que ella le había hecho.
Ella merecía todo su desprecio.
¿Pero por qué no lograba odiarla? A pesar de todo lo que ya le había hecho. Cada vez que lastimaba a Hinata se sentía miserable, se llenaba de arrepentimiento, de dudas, sentía el irrefrenable deseo de regresar el tiempo, de hacerle el bien.
—¿Qué demonios me sucede? —se preguntó, golpeando el escritorio. En ese momento, la puerta sonó. Miró hacia la entrada y vio como Shikamaru Nara abría, ingresando a su oficina. No sabía si estaba siendo demasiado escéptico o no, pero le parecía que ese tipo algo se traía entre manos, aunque claro, no tenía el tiempo para estar averiguando cosas sobre gente que no le interesaba.
—Disculpa, me envió Gaara a entregarte unas cosas, y dijo que si más tarde te puedes pasar por su oficina, quiere hablarte —le dijo el Nara, mirándole con cautela. Naruto le parecía simplemente demasiado sospechoso.
Naruto recibió aquellos documentos en sus manos, para que segundos después el pelinegro abandonara la oficina. Después de eso, el rubio se dejó caer sobre su silla en forma cansina.
—¿Qué debo hacer? —se interrogó a sí mismo, imaginando aquellos días tan lejanos en donde solía ser feliz al lado de Hinata, esos días que fueron como estar en el paraíso.
Por su parte, Shikamaru se dirigió a su propia oficina. Cerró la puerta detrás de su espalda y frunció el ceño con cierta molestia.
—Ese tipo de verdad es sospechoso —dijo en voz baja, sin darse cuenta de que no estaba solo en ese lugar.
—¿Te refieres a Uzumaki? —preguntó Temari, levantándose del asiento del chico, el cual la miró con la boca abierta, pues aparte de lucir hermosa, le había tomado totalmente por sorpresa, primero porque no la había notado y segundo, porque había escuchado sus palabras y tan rápidamente las había comprendido; de verdad era una experta analítica.
—Temari, ¿qué haces en este lugar? ¿Cuándo y cómo entraste? —interrogó nervioso. Aunque a momentos parecía valiente en frente de ella, en otras ocasiones ese extraño miedo volvía y le impedía portarse como un hombre normal.
—Entré por la puerta hace un par de minutos —respondió la rubia, como si fuese la cosa más normal del mundo, aunque no quitaba para nada esa graciosa y a la vez seductora sonrisa de sus labios—. Y la verdad, vine aquí porque cuando me hablaste sobre Uzumaki hice un par de averiguaciones, ya que tampoco me da confianza, y encontré cosas interesantes que te quería comentar.
—¿En serio? —el pelinegro estaba algo sorprendido, siempre había sabido de la eficiencia de Temari, pero nunca pensó que ella le ayudaría en un tema como ese. Cambió su expresión de asombro por una de seriedad—. Y dime, ¿qué has averiguado?
—Esa información tiene un precio —dijo, acercándose a él con pasos de felina al acecho, mientras que el Nara se pegaba a la puerta, nervioso—. Pero, creo que después te lo haré saber —se alejó—. Por ahora, te diré algo —soltó una extraña sonrisa, que parecía esconder algo—. Él no es lo que parece.
—¿Qué quieres decir?
—Busqué en los registros el nombre de Naruto Uzumaki, pero no encontré casi nada —miró hacia el escritorio, guardando cierto misterio—. Incluso me tomé el trabajo de investigar en Okinawa, sólo pude hallar registros a partir de hace catorce a quince años, como si antes de eso no hubiera existido.
Shikamaru se quedó pensativo, la verdad era que esto que le relataba Temari lo dejaba aún más escéptico respecto a Naruto. ¿Quién era él de verdad?
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Sai estaba en la comisaría, en la sección de archivos antiguos. Miraba todas las carpetas antiguas, hasta que por fin se detuvo más tiempo en una de ellas. Buscaba con anhelo el nombre del fiscal asignado al caso del padre de Naruto, el mismo que había sido asignado al caso de su hermano, y finalmente, dio con él.
—Danzou… —susurró. Había oído hablar de ese tipo, aunque claro, él ya no estaba en la ciudad, se había marchado a Kyoto hace muchos años ya, pero no perdía nada con intentar buscarlo, él le debía muchas explicaciones, tanto a él como a Naruto.
Siguió mirando, hasta que halló otro nombre que le llamó la atención aún más, alguien que aparecía como uno de los sospechosos del acto; Hizashi Hyûga.
Sai abrió los ojos con una leve expresión de sorpresa. Definitivamente había algo escondido en todo esto, algo que él tenía que averiguar y, comenzaría por develar cómo había sido la muerte de ese hombre.
¿De qué murió Hizashi Hyûga?
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Hoy no tenía muchos ánimos de atender a sus pacientes, las mascotas, pero Kiba sabía que el trabajo era trabajo y no tenía que estar pensando en su desgracia con Ino.
—Rayos —suspiró, luego de despedir a una señora con su mascota. Salió y notó que ya había acabado con todos los pacientes de la mañana, así que ahora tenía un respiro y podría descansar un momento, sin embargo, antes de cerrar la puerta, notó a una persona que estaba parada al lado de la puerta del consultorio. La miró con cierta duda—. ¿Sasame?
La chica se sonrojó levemente y le miró.
—¿Qué haces aquí? —preguntó confundido.
—Y-yo… quería hablar contigo… —dijo algo tímida, aunque no fuera así todo el tiempo, simplemente no sabía qué le pasaba con Kiba que siempre que lo veía, la ponía así de nerviosa. O en realidad, sí que lo sabía, desde la escuela se moría por él.
—Claro, pasa —le invitó el castaño con una sonrisa amable, haciendo latir el corazón de la joven, la cual asintió con la cabeza, acercándose a la pequeña oficina.
Kiba nuevamente estaba por cerrar la puerta, pero la llegada de otra persona le interrumpió.
—Hanabi —dijo algo enfadado, no olvidaba que gracias a ella -directa o indirectamente-, Ino había terminado con él. Era justo de eso que le quería hablar anoche.
—Vengo a hablar contigo —dijo en tono demandante la Hyûga, entrando a la oficina de consultas de Kiba, pero dentro se encontró con una sorpresita, había otra chica ahí, alguien que miraba a su Kiba de una manera que no le gustaba para nada—. ¿Y esta quién es? —se preguntó con el ceño fruncido.
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Ya le estaba sonando el estómago del hambre. Algo que no había cambiado en él era su gusto por el ramen, lo seguía adorando como cuando era un niño. Se levantó de su asiento después de haber estado un buen rato leyendo los papeles que le había traído Shikamaru, pero al salir, se topó con algo que lo sorprendió.
Eran dos personas, una que le hizo sentir la mayor rabia y odio de su vida, mientras que la otra le calmó, con esa dulce sonrisa que puso al verlo.
La niña se bajó emocionada de los brazos de su abuelo Hiashi, el cual sólo observó aquella escena con cierta sorpresa.
—¡Señor sol! —exclamó, corriendo hacia el rubio, que sonrió de forma sincera al notarla tan saludable y bonita como siempre. Esa niña era demasiado dulce, por más que lo tratara, sería imposible sentir rechazo hacia ella—. Señor sol, Hime-chan está muy feliz de verlo.
—Yo también, Hime-chan —le dijo Naruto, agachándose para quedar a la altura de la pequeña. Posó su mano sobre la cabeza de ella, acariciando sus cabellos negro azulados, al mismo tiempo que se fijaba más atentamente en el azul profundo de sus grandes ojos. Qué raro. Ni Hinata ni Sasuke tenían los ojos azules. ¿A quién habría salido?
En ese instante, Hinata salió de su oficina y cuando vio a su hija y a Naruto juntos, sintió un enorme nudo en la garganta. Ella no quería que esto pasara, no quería que se volvieran a ver.
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Matsuri se sentó a la mesa con cierta timidez. Ella y Gaara estaban sentados en un bonito restaurante cerca de la oficina, habían salido a almorzar como habían quedado, pero hasta ahora ninguno había dicho mucho.
—No te lo había dicho, pero estás muy bonita —soltó de pronto el Sabaku No, notando cómo las mejillas de la chica tomaban ese leve tono carmesí que lucía tan bien en ella, que la hacía ver tan adorable.
—G-gracias… —dijo bajando la mirada. Ya no sabía si ese nerviosismo que sentía era eral o actuado, no podía distinguir qué era parte de su actuación y qué no lo era.
Después de ordenar la comida, ambos comenzaron a charlar sobre cosas triviales, no eran temas de mucha importancia, hasta que de pronto, sin querer, Matsuri puso el dedo en la llaga.
—Antes me dijiste que sólo una persona te había provocado sentimientos de verdad… —comentó, queriendo indagar un poco en la vida de Gaara, en el significado de la tristeza de esos ojos—. ¿Quién era ella?
Por un momento, Gaara quiso negarse a hablar, pero luego se dio cuenta de que nada se lo impedía y que como anoche le había dicho su amiga Hinata, estaba mal que evadiera el tema todo el tiempo, tal vez se sentiría mejor hablando de ello.
—Sucedió cuando estaba en la preparatoria —comenzó a relatar, sin ser capaz de ver a los ojos de la castaña, la cual le observaba atentamente, intrigada por su repentino tono nostálgico—. Ella era mi novia, fue la primera… y la única…—hizo una leve pausa, para luego emitir una sonrisa un tanto punzante—. Yo la amaba, estaba enamorado como un loco.
Matsuri sintió una leve inquietud en el pecho al oírle, al darse cuenta de que esto realmente lastimaba a Gaara. Era la primera vez que le oía hablar en ese tono, con esa tristeza tan sincera.
—¿Y qué pasó? —preguntó.
—Que se acostó con mi primo, en mi propia casa, en mi cama… mientras yo… —apretó los puños con rabia—. Mientras yo como un estúpido planeaba darle un regalo de cumpleaños —su expresión de pronto se tornó llena de ira, como queriendo golpear algo o a alguien, pero se calmó pasados unos segundos, relajándose—. Los descubrí después de unas semanas, no era la primera vez que me engañaban, él era como mi hermano y me traicionó… y ella…
—Gaara —pronunció Matsuri, posando una de sus manos sobre la mano cerrada del pelirrojo—. Ya, por favor, no sigas —le detuvo—. No era mi intención hacerte recordar todo eso, por favor perdóname —se disculpó, sintiéndose algo culpable.
Gaara la quedó mirando en silencio. Era verdad, por más que la mirara no podía pensar en ella cometiendo la misma porquería que le había hecho su novia. Matsuri era tan… inocente.
—Sí, lo siento, me dejé llevar.
La chica esbozó una leve y dulce sonrisa, tratando de hacerlo sentir un poco mejor.
—No te deberías afligir por eso, es cierto que lo que te hicieron fue realmente descarado y horrible, pero no por culpa de un par de personas que no valen la pena vas a echar a perder tu vida, no les des en el gusto —le aconsejó Matsuri, causándole impresión. La verdad era que él sentía que debía vengarse de todas las mujeres, que ninguna de ellas merecía su confianza, sin embargo, acababa de confiar en ella y le había contado esa historia que tanto dolor le traía.
—Tal vez no seas mala después de todo —pensó el pelirrojo, sonriéndole.
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Hinata cerró la puerta detrás de su espalda, mirándole fijamente. Naruto y ella estaban dentro de la oficina de la chica, habían decidido hablar, mientras Sasuke se daba una vuelta por la empresa con la pequeña Hime.
La ojiperla no dejaba de verle con decisión, ya no parecía intimidada como antes, no mostraba su dolor como otras veces, ahora lucia seria y fuerte.
—Aléjate de mi hija —ordenó, molesta. Naruto le miró con el ceño fruncido, sin entender ese afán.
—No hago nada malo acercándome a ella, es una niña que aprecio mucho, no tiene nada que ver contigo —respondió, evadiendo el tema, más a Hinata no le convenció para nada eso, estaba claro que estaba decidida a alejarlos, a no permitir que se vieran. Evitaría a toda costa que se enteraran de que eran padre e hija.
—Te lo advierto, Naruto Uzumaki, no te quiero cerca de mi hija —repitió con firmeza. Se acercó a Naruto con rabia, dándole un golpe en el pecho—. No quiero que le hagas daño como a mí, no te permitiré que la lastimes.
—¿Por qué querría yo hacerle daño? —cuestionó, algo asombrado y enfadado a la vez—. No digas estupideces, Hinata.
—¡No son estupideces! —exclamó la chica, volviendo a golpearle el pecho, pero esta vez con más fuerza y más rabia. Estaba harta, no podía contenerse, no podía contener la ira, el dolor, el maldito amor, todo eso que la sofocaba. Comenzó a golpearlo repetidas veces, como si con ello se fuese a quitar todos esos confusos sentimientos.
—¡Ya basta! —le gritó Naruto, tomándola por las muñecas y acorralándola con cierta brusquedad en contra de la puerta de la oficina, haciendo que se diera un golpe en la espalda, pero eso no pareció importarle a la chica—. ¿Qué demonios sucede contigo? —cuestionó el chico, enfadado.
—¿Qué me sucede? ¡Me sucede que te odio! —contestó alterada, dolida y furiosa, sin poder detener las estúpidas lágrimas que comenzaban a rodar por sus mejillas. Pero ya no podía detenerse, tenía que sacar todo eso que llevaba dentro, no sabía que sus palabras realmente habían herido al rubio—. ¡Te odio Naruto Uzumaki, te odio porque no puedo dejar de amarte! —gritó al fin, dejando a Naruto totalmente sorprendido.
¿Que lo amaba? ¿Aún después de todo lo que él le había hecho?
—Hinata… —le susurró, mirándola a los ojos, pero aún sin soltar sus manos para que ella no le golpeara de nuevo, aunque en realidad la chica no hacía más que llorar. Finalmente la soltó y la Hyûga, en lugar de golpearlo, sólo lo abrazó, sin detener sus lágrimas—. Hinata… —repitió Naruto—. ¿Por qué…? ¿Por qué demonios todo tuvo que ser así?
Ella no decía nada, no podía hablar, el llanto se lo impedía, a pesar de las ganas que sentía de contarle todo lo que había pasado. Pero entonces recordó que ahora Naruto tenía novia, que Sakura era su novia. Ella no tenía nada que hacer en ese lugar, había vuelto a caer como una estúpida, una vez más se dejó vencer por sus sentimientos. Pero tenía que entender que lo que ella aún mantenía en su corazón nunca iba a suceder, que tenía que borrarlo.
—Naruto… al final de todo creo que no te podré olvidar, aunque ahora estés con ella, yo… —negó con la cabeza, separándose de él—. Olvídalo, olvida todo lo que te dije —dijo antes de salir de la oficina, dejando a Naruto con un enorme nudo en la garganta.
Le dolía el pecho, lo sentía apretado. Y su cuerpo le pedía a gritos desgarradores correr detrás de Hinata, decirle todo lo que él también sentía, pero no podía hacerlo.
No podía hacerlo.
Continuará…
Pequeño Omake:
Sakura e Ino están limándose las uñas sobre el sillón, viendo "Naruto Shippuden".
—¿No crees que Sasuke-kun sale muy sexy en esa escena? —opina Sakura, con corazones volando a su alrededor.
Ino asiente fervientemente, casi babeando al ver la pelea entre Sasuke e Itachi.
—Le haría de todo a Sasuke-kun —comenta Ino. Sakura le mira con el ceño fruncido y decide cambiarle a la televisión. Aparece un comercial de Tobi y ambas comienzan a reír.
—Oye, Ino-cerda, creí que te gustaba Sai —dice Sakura molesta, mientras que su amiga rubia se encoge de hombros.
—¿Pero no escuchaste? Sai es sexy, pero juega para el otro equipo —responde la rubia como si nada, volviendo su vista al televisor. Una gotita se escurre por la frente de Sakura, al mismo tiempo que se pregunta mentalmente si eso es tan cierto como Ino cree.
—Ah, qué daría por que un día Sasuke-kun se quedara como Dios lo trajo al mundo para que todas lo podamos admirar —susurra, soltando un suspiro de resignación.
En otra parte, están Sai y Naruto charlando, hasta que de pronto el pelinegro estornuda.
—Creo que alguien habla de mí —dice Sai.
Por otro lado, está Sasuke saliendo de la ducha de la piscina pública, pero en cuanto va a buscar su ropa, sólo encuentra una nota de Itachi: "Sasuke, lo siento, me llevé tu ropa pues la mía se ensució. Atentamente, tu hermano Itachi. PD: No te vengues de mí".
Sasuke arruga el papel, al mismo tiempo que extiende su puño derecho hacia el cielo.
—¡Itachi, me vengaré!
Fin omake.
