Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción:

Hoy quiero verte otra vez – A Punto Cinco.

Supervisor de sueños – A Punto Cinco.

Un minuto de silencio – Beto Cuevas.

...

Capítulo 14: Impacto

Naruto trataba de razonar sobre lo que acababa de escuchar de los labios de Hinata; que ella aún lo amaba. No lo entendía, no podía comprenderlo. Había pasado tanto tiempo odiándola, planeando una venganza en contra de ella y de su padre, pero ella simplemente lo desarmaba como si nada, cada vez que lo miraba con esos ojos llenos de dolor, debía tragarse todo su resentimiento, puesto que lo único que provocaba en él eran infinitos deseos de abrazarla, de besarla, de volver a estar a su lado.

¿Por qué todo debía ser tan complicado? ¿Por qué de entre todas las mujeres del mundo, se había enamorado justamente de ella?

La debería odiar con todas sus fuerzas, pero ya no sabía qué pensar respecto de todo. A veces lo único que deseaba era desaparecer del mundo y perderse en el más oscuro y recóndito lugar, para así dejar de sentir, para no percibir nada de lo que sucedía a su alrededor, pero eso era un deseo imposible, porque por más que se refugien en mentiras, los seres humanos siempre sienten el dolor, la desdicha de vivir una vida que nunca quisieron para ellos. Porque la única verdad que aún prevalecía en su corazón era que, a pesar del tiempo y los errores, seguía amando a Hinata, tanto o más que el primer día que la conoció, cuando creyó ver al ser más dulce del mundo frente a sus ojos. Esa joven perdida en una ciudad desconocida, que le enseñó con sus sonrisas que podía confiar en ella, que le demostró con sus besos el sabor y el color que tenía el amor verdadero. La misma que una noche se entregó a sus brazos sin reserva alguna, y la misma que al día siguiente le abandonó sin decir una palabra.

—¿Por qué…? ¿Por qué no puedo odiarte como quiero? —se preguntaba frustrado, dolido. ¿Qué demonios podía hacer para arrancarse esos sentimientos tan contradictorios? ¿Acaso sería suficiente con quitarse el corazón del pecho, aunque eso lo matara?

No, creía que incluso así no dejaría de sentir todo aquello que lo sofocaba. Ni siquiera si moría y volvía a vivir, le alcanzaría para olvidar a Hinata.

¿Entonces por qué no luchaba por su amor? ¿Por qué era tan débil y no le decía que en verdad la amaba, cuando ella sí había sido capaz de hacerlo?

Sólo debe estar jugando conmigo.

Ella no me ama, sólo ha mentido, sólo quiere reírse de mí, quiere burlarse de mis sentimientos como antes.

¡Jamás podría creer en sus mentiras de nuevo!

Era justo eso, Naruto tenía miedo de creerle a Hinata, aunque muy en el fondo lo hacía, sentía pavor de volver a ser lastimado por ella, sin tomar en cuenta que él ya la había lastimado a ella mil veces más.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Gaara y Matsuri regresaban a la empresa después de ese peculiar almuerzo que habían tenido, en donde él fue capaz de contarle el dolor más fuere que había sufrido en su vida, aquel que le marcó y le convirtió en un mujeriego descorazonado. Ella podía entenderlo a la perfección, podía comprender lo que debió dolerle a él ese engaño, por eso mismo ahora ya no lo despreciaba tanto como antes, cuando pensaba que él sólo hacía las cosas porque sí.

—Gracias —susurró de pronto el pelirrojo, llamándole la atención y haciendo que se volteara a verlo—. Gracias por haber escuchado hace rato, lamento que te haya aburrido con esas cosas.

—No me aburriste —respondió Matsuri con una sonrisa. Ambos esperaban a que el ascensor bajara, el cual abrió sus puertas frente a ellos luego de unos segundos. Bajaron un par de personas y ambos entraron, quedándose solos en aquel reducido espacio—. Me pareció muy lindo que… confiaras en mí —terminó, bajando la mirada y con un leve sonrojo adornando sus mejillas.

Gaara la miró entonces. Parecía tan frágil en aquel momento, que sentía que cualquier mínima brisa que la hubiera azotado, podría haberla derribado, fue por eso que sin darse cuenta había terminado abrazándola, como si la quisiera proteger de alguna cosa por el estilo.

—Gaara… —murmuró Matsuri, sorprendida por el repentino gesto. Él se separó levemente y ella pudo sentir su frío aliento perdiéndose en la piel de su cuello. Los nervios la invadieron de inmediato, sintiendo como si mil mariposas revolotearan en su interior—. ¿Qué haces, Gaara?

—No lo puedo evitar —mencionó él dentro de su oído—. Cada vez que te tengo cerca, siento deseos de besarte —ahora la miró directo a los ojos, tomándole una de sus manos para hacer que se posara sobre su propio corazón, que latía extremadamente rápido, lo que sorprendió a la castaña—. Dime, Matsuri… ¿Es esto algo normal?

—¿Q-qué quieres decir con eso? —preguntó confundida ante la expresión de ansias que ponía el pelirrojo.

—¿Acaso es normal que mi corazón lata tan fuerte estando cerca de ti? —cuestionó Gaara inquieto, ya ni él mismo sabía si esto era una de sus tantas técnicas de seducción o si en verdad estaba siendo sincero, ya no lo sabía—. ¿Acaso… es normal que te quiera besar sólo con mirarte? —volvió a acercarse a los labios de ella, esta vez haciendo mínima la distancia.

Lo necesitaba, casi tanto como respirar, necesitaba sentir los labios de Matsuri contra los suyos. No era que quisiera desesperadamente un beso, sino que, quería desesperadamente un beso de ella. Por su parte, la chica no dijo nada, simplemente cerró los ojos, esperando el momento de recibirlo con sus labios, sin embargo, las puertas del ascensor se abrieron y apenas lo notó, Gaara se separó de ella, algo acalorado.

—Perdón, será mejor seguir con el trabajo —habló algo frío, encaminándose hacia su oficina y dejándola sorprendida y ansiosa.

No era justo.

—Gaara… —susurró para sí misma la castaña, saliendo del ascensor y sentándose en su escritorio—. ¿Qué es lo que en verdad siento por ti…? —se preguntó, confusa y algo preocupada.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Salió de la oficina ofuscado, le dolía la cabeza por tantas cosas que habían pasado y lo único que deseaba era tomarse algo que lo calmara un poco, que le quitara el dolor del pecho, de saber que siempre había estado tan ciego.

—Maldita sea —susurró con rabia. Alzó la mirada y vio a su secretaria, la cual obviamente le había estado evitando desde que su extraña relación clandestina había terminado. Con el tiempo se había vuelto muy dependiente de ella, porque era la única mujer que le demostraba algo de afecto, pero ahora que sabía la verdad acerca de Sakura, no sabía qué pensar, sólo deseaba hablar con ella y arreglar las cosas.

Porque no quería dejar de verla para siempre.

—Karin —llamó a la pelirroja, la que dio un salto algo asustada al oír su voz, alzando la mirada carmín para verlo a los ojos y notando su mal estado, pero eso ahora ya no era de su incumbencia, no tenía que preocuparse por él—. ¿Tienes algo para el dolor de cabeza?

—Eso creo —respondió, aparentando indiferencia, buscando entre los cajones de su escritorio hasta que halló la medicina que su jefe necesitaba. Se levantó y se dirigió a la máquina expendedora de agua, sirviendo un poco del líquido transparente en un vaso de plástico, para luego entregarlo todo a Sasuke—. No te ves bien —comentó por fin, maldiciéndose mentalmente apenas soltó esas palabras.

—No he tenido un buen día, y anoche tampoco dormí demasiado —respondió sereno, tomándose la pastilla y bebiendo el agua de un sorbo—. La verdad es que últimamente las cosas no han estado bien conmigo.

—Me imagino, tienes cara de haber bebido —dijo Karin con molestia, haciendo obvio que aún no aprobaba el vicio del azabache, aún después de haber terminado todo con él, no podía evitar que le inquietara su estado—. Deberías dejar de hacerlo, eso no es algo sano.

—No te metas, yo puedo controlarlo —aseguró con terquedad y mal humor, pero estaba claro para Karin que Sasuke no era capaz de controlar cuánto bebía, por eso estaba doliéndole la cabeza. Era una lástima que una persona como él, que se veía tan exitosa, estuviese echando a perder su vida de esa manera.

—Sólo me preocupo por ti —fue todo lo que dijo la pelirroja antes de regresar a su asiento, al mismo tiempo que él dejaba el vaso sobre el escritorio de ella, con ira reflejada en su mirada oscura.

—No te pido que lo hagas —y dicho esto, se metió al ascensor, perdiéndose tras las puertas del mismo. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, pero más que nada, el deseo impostergable de ver a Sakura una vez más y entender qué era todo eso que se revolvía en su interior, porque ya no podía soportarlo, era como un sofocante nudo que no lo dejaba respirar y necesitaba deshacerse de él cuanto antes.

Por su parte, Karin soltó un suspiro de resignación. Ahora ya no estaba en sus manos lo que pasara con Sasuke. A pesar de que lo siguiera amando, había decidido renunciar a él por su propio bien, porque Sasuke jamás dejaría nada por ella y a pesar de lo que muchos pensaran, lo que merecía era un amor de verdad, no alguien que sólo la buscara como un consuelo o un plato de segunda mesa.

Ya estaba cansada de sufrir.

—Sasuke… —susurró en voz baja, al tiempo que daba un salto algo asustada, pues alguien le había golpeado la espalda—. ¿Pero qué demo…?

—¡Hola, brujita! —escuchó una ridícula risa, que sabía perfectamente a quien pertenecía. Era un idiota, un completo imbécil que no hacía más que fastidiarle la vida, pero por alguna razón, siempre terminaba subiéndole el ánimo después de que se sintiese una porquería al hablar con Sasuke.

—¿Qué quieres, lagartija humana? —cuestionó desdeñosa y con el ceño fruncido, haciendo reír al albino con su insulto.

—Oye, ese es nuevo —dijo el chico, refiriéndose a la forma en que ella le llamaba—. Pero ya te he dicho que no me pongas apodos raros, pelirroja, sólo llámame Suigetsu.

—Lo haré cuando te dignes a llamarme por mi nombre —dijo la chica algo sonrojada por tener que soportar esa clase de idioteces, arreglándose los anteojos—. Ahora vete, que necesito trabajar.

—Pero qué amargada —rio Suigetsu, a lo que Karin simplemente bufó.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata estaba como perdida, no sabía muy bien en donde estaba parada debido a la conversación de hace rato con Naruto, sólo podía oír la vocecita de su hija, pidiéndole un poco de helado.

—Mami, Hime-chan quiere helado de piña —rogó la pequeña haciendo un gesto de súplica, el cual obviamente Hinata no pudo resistir cuando le miró, puesto que su hija sabía cómo chantajear a alguien con su carita de niña buena—. Hime-chan quiere helado —insistió, logrando sacarle una sonrisa a la ojiperla.

—Está bien, pequeña, vamos a la cafetería y luego buscaremos al abuelo, porque tiene que llevarte a casa, ¿de acuerdo? —habló en tono dulce y maternal, haciendo que la niña asintiera con la cabeza. Ambas comenzaron a caminar hacia la cafetería de la empresa, Hinata estaba segura de que ahí servían helados deliciosos. Por otro lado, iba sumida en sus pensamientos nuevamente, hasta que se percató de que Naruto se encontraba bebiendo un café, sentado en una de las mesas, pero más le sorprendió ver a la persona que se acercó al rubio.

Naruto aún seguía pensativo respecto a lo ocurrido con Hinata en la oficina de ella, sin poder llegar a una conclusión coherente del asunto. Fue entonces que oyó el sonido de su celular, contestándolo al mismo tiempo que observaba sorprendido a Hiashi Hyûga, el cual se le acercaba a él.

—¿Sai? —habló al teléfono—. No tengo mucho tiempo, ¿sucede algo? Ya veo… Kyoto… —después de aquellas vagas palabras, el rubio cortó la comunicación con su amigo, poniendo una sonrisa fingida al darse cuenta de que, efectivamente, aquel hombre parecía querer hablarle, por lo que debía lucir amable con él—. Hyûga-san —le asqueaba referirse a él de esa manera, le hacía recordar a esa fatídica noche en que su padre le llamaba igual.

—Uzumaki-san, que bueno que lo encuentro, quisiera hablar de unos asuntos con usted —dijo el hombre, tomando asiento sin permiso, a fin de cuentas, la empresa le pertenecía por completo, sólo una mínima parte de sus acciones pertenecían a los Uchiha, la mayoría era de su familia, por tanto, podía sentirse el dueño y señor de todo—. Espero no le moleste.

—¿Cómo podría molestarme? —rio el ojiazul en tono de broma, aunque por dentro sintiera una rabia que no podía aplacarse con nada—. Al contrario, es un honor para mí tener al mismísimo accionista mayoritario de esta empresa frente a mis ojos y sentado en mi mesa —Naruto hizo su mayor esfuerzo por sonar halagador y no sarcástico, pero era bastante difícil, considerando que odiaba demasiado a ese sujeto y que quería verle en la miseria más absoluta. Era irónico tener que sonreírle, escondiendo esos pensamientos en lo más profundo de su ser—. Y dígame, ¿en qué le puedo servir?

—Seré directo —el hombre de ojos perlados le miró con detenimiento, con una inquietud rara en él—. No sé por qué… pero su cara me parece conocida, ¿no será usted hijo de alguno de mis antiguos socios? —preguntó con cautela, notando de reojo el leve nerviosismo que envolvía al más joven, quién terminó por sonreír con tranquilidad.

—No lo creo —negó por fin—. He vivido toda mi vida en Okinawa, y desgraciadamente nunca conocí a mi padre, al parecer y según lo que mi madre me contó, él falleció antes de que yo naciera —mintió tan bien que hasta puso una expresión de tristeza por sus palabras, pero la verdad era que esa tristeza sí era cierta.

—Ya veo, lo siento —dijo Hiashi, quien aún se seguía mostrando serio. Por su parte, Naruto apretó los puños debajo de la mesa.

¿Había dicho que lo sentía? Cuando fue él quien le arrebató a su padre… maldito.

—No se preocupe, usted no tiene nada que ver —rio con cierta ironía. Al abrir sus ojos y dirigirlos hacia una de las esquinas, pudo ver a Hinata parada junto a su hija, la cual se comía un helado de piña; su helado favorito. No podía evitar sentirse abrazado por una dulce calidez cada vez que veía a esa niña que le llamaba "señor sol". Si tan sólo no tuviera la certeza de que Hinata se casó con Sasuke sólo unos días después de dejarlo a él, esa niña podría ser perfectamente su hija.

—Bueno —de pronto el Hyûga siguió hablando, ya que había aclarado su duda respecto al chico, tenía otros asuntos con él—. Me gustaría hablarle de negocios.

—Soy todo oídos.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Kiba se sentía muy tenso. Sasame se había marchado de su consulta luego de explicarle que tenía una amiga con una mascota muy enferma y que le gustaría que él la revisara, pero Hanabi seguía ahí, sonriéndole, y algo en todo este asunto no terminaba de cuadrarle, además, estaba enojado con ella por haber confundido y torcido las cosas con Ino.

—Ahora sí —habló el castaño con el ceño fruncido, tratando de mostrarse implacable, sin embargo, esa niña era difícil de doblegar, parecía hecha de acero inoxidable—. Hanabi-chan, quiero que me expliques qué fue lo que le dijiste a Ino, no puedo tolerar que le hayas mentido acerca de nosotros.

—Yo no le he mentido acerca de nada —aseguró la Hyûga con el ceño fruncido y la boca curvada—. Lo que ella haya creído respecto a mis palabras es su problema, además… te he dicho que dejes de llamarme Hanabi-chan.

—No me cambies el tema —habló Kiba algo cabreado. Apreciaba a Hanabi, pero ella estaba tornando las cosas realmente insoportables y no sabía por cuanto tiempo más podría aguantarla, de verdad que era una chiquilla mimada que no conocía límites para obtener lo que quería, pero ¿cuál era su capricho esta vez? Porque obviamente había uno—. Hanabi, dime por qué has hecho creer a Ino que entre tú y yo hay algo.

—Ya te dije que yo no le hice creer nada —aseveró la chica, enojada—. Seguro ella malinterpretó mis palabras, pero ese no es asunto mío —habló como si el tema no tuviera la menor importancia, cosa que fastidiaba más al veterinario—. Kiba, yo vengo a hablar contigo de otra cosa.

—Dime qué es.

De pronto Hanabi dejó de mostrarse tan segura como siempre era, viéndose algo más nerviosa, pero de igual manera se acercó lo suficiente al castaño como para rodearle por el cuello, sorprendiéndolo, porque nunca la hubiera imaginado haciendo algo como eso, para él, Hanabi era como una hermanita o una prima.

—Que no te sientas mal por no estar con Ino, después de todo, me tienes a mí —dio antes de posar sus labios sobre los del Inuzuka, el cual tenía los ojos abiertos como platos y no se podía ni mover de la impresión. Entonces ella se alejó, aun sonriendo—. Y ya no soy una niña, Kiba, deberías verlo.

Después de sus palabras, se alejó muy campante, dejando al chico sorprendido dentro de su consulta, el cual sólo se pudo llevar una mano a sus labios, sin decir una palabra.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sai salió de la oficina de Kakashi con una cara de pocos amigos, puesto que no le había gustado nada lo que él le dijo. Era muy difícil localizar a Danzou en Kyoto a estas alturas, pero él no iba a rendirse a la primera negativa, tenía que insistir y hallar a ese hombre, él era tan culpable por encubrir el crimen, como el propio asesino que lo había cometido.

Subió a su motocicleta completamente negra. Solía tener un auto, pero se aburrió de él y lo cambió, la verdad es que era una persona bastante variable, que cambiaba sus cosas según su ánimo, por ende, ahora se sentía mejor conduciendo una motocicleta, además, le daba más estilo que el automóvil.

Por otro lado, tenía otras cosas en que pensar, como por ejemplo, la confusión de Ino respecto a su persona. No podía creer que ella en verdad pensara que él era gay, es decir, nunca le había pasado algo así y se preguntaba cómo es que ella llegó a esa conclusión. No podía tener tanta mala suerte de que una chica que le gustara lo creyera un hombre con otras preferencias, ¿o sí? Y no es que tuviera nada en contra de las personas homosexuales, simplemente él no lo era.

—Parece que sí —se dijo soltando un suspiro. Se puso el casco y partió hacia la empresa de Konoha, en donde debía estar supuestamente trabajando de fotógrafo, pero más parecía el asistente personal de Naruto que otra cosa.

Naruto… se preguntaba si algún día su amigo que estaba lleno de odio lograría encontrar la paz. A veces pensaba que él nunca podría ser feliz, que el hecho de amar a una persona relacionada con el asesino de su padre lo atormentaba día a día, y no estaba equivocado en absoluto, puesto que Naruto aún ahora no lograba aclarar todo ese revoltijo de emociones en su interior.

No le gustaría estar tan confundido como él algún día.

Condujo con calma hasta la empresa, en donde se detuvo justo en el estacionamiento, quitándose el casco negro para mirar a su alrededor. Fue entonces que divisó a la chica que en estos momentos ocupaba su mente, ella estaba saliendo del edificio, al parecer, se retiraría temprano hoy.

Se le acercó sonriente, dispuesto a aclarar de una vez por todas el mal entendido, no importaba que fuera a pasar con ello.

—Hola, Ino-chan —la saludó, haciendo un gesto de mano, a lo que la rubia respondió con una amable y efusiva sonrisa—. ¿Cómo has estado? —preguntó él, refiriéndose a su estado de ánimo después de su rompimiento con su novio.

Ino bajó la mirada con cierta tristeza, pero al cabo de unos segundos la volvió a levantar con una enorme sonrisa en los labios, haciendo brillar de sobremanera sus profundos ojos azules, esos que hipnotizaban a los chicos cuando la veían pasar, incluso más que los encantos de su cuerpo femenino.

—Estoy bien, ya lo superé —mintió la chica—. No me sentiré mal por un idiota que no vale mis lágrimas —ahora volvió a ponerse triste, pero rodeó a Sai por el cuello, alegrándose. En realidad, lucía bastante bipolar—. ¡¿Por qué no salimos esta noche a un bar?! —invitó animada.

—Eh, claro… ¿por qué no? —respondió el pelinegro, algo incómodo al sentir cómo los pechos de la chica se restregaban contra su brazo, así que no dudó en alejarse de golpe—. Si me disculpas, debo subir, pero te llamaré en la noche.

—Sí, llámame con todo gusto, tú eres el único hombre en el que puedo confiar, porque eres como una amiga —rio la rubia, a lo que Sai puso cara de haber probado algo completamente amargo y luego entró al edificio de la empresa, aunque de pronto una extraña idea se comenzó a maquinar en su cabeza.

¿Qué pensaría Ino Yamanaka de ser conquistada por un hombre aparentemente homosexual?

Podía ser muy divertido.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sasuke estaba afuera del departamento de Sakura. Había ido a buscarla al hospital y le dijeron que se tomó el día libre, así que lo más lógico era que se estuviera refugiando en ese lugar. Sabía que ella no quería verlo, pero no podía soportarlo, necesitaba tenerla frente a frente una vez más para aclarar por fin qué era ese revoltijo de sensaciones que se estancaban en su pecho.

—¡Sakura, ábreme! —gritaba aporreando la puerta una y otra vez, casi tirándola debido a su fuerza bruta. Estuvo varios minutos así, hasta que la persona del interior se cansó de sus golpes y decidió abrirle. En un principio sonrió aliviado de poder verla, pero al notar que ella había estado llorando, casi quiso arrancarse el corazón, ¿por qué demonios la tenía que hacer sufrir?

—Sakura —la llamó, esbozando una leve sonrisa de alivio—. Qué bueno, quería verte.

—Vete, Sasuke —habló la peli rosa sin mirarlo a la cara—. Creí haberte dicho ayer que entre tú y yo no hay ningún tema pendiente, así que márchate lo antes posible, nuestra amistad ya se arruinó —y sin más, trató de cerrar la puerta, pero una mano del azabache le impidió cumplir su cometido.

—¿Por qué decides eso por ti misma y sin tomarme en cuenta? —masculló con rabia, con verdadera molestia en su voz, pero también con dolor. No podía creer que ella sola tomara la decisión de ya no ser su amiga, sin siquiera preguntarle qué pensaba al respecto.

Sakura lo miró a los ojos por leves segundos, para luego volver a tratar de cerrar la puerta.

—¿Por qué no lo entiendes? Me lastima verte como mi amigo, no quiero tenerte de ninguna forma en mi vida —con esfuerzo trataba de empujarlo para poder cerrar, pero él no le dejaba fácil esa tarea, puesto que, con todo el peso de su cuerpo, se apoyaba contra el marco para impedir que la puerta pudiese cerrarse—. Sasuke, por favor, vete —insistió la chica.

—No quiero —fue todo lo que respondió él, sintiendo un nudo en su garganta que trataba de ahogarlo cada vez que la miraba, pero entonces quiso deshacerlo y la tomó bruscamente por los hombros, estampándola contra la pared más cercana, dentro del departamento, al mismo tiempo que la obligaba a verlo a los ojos y que se hipnotizara en ellos—. No entiendo qué me pasa, Sakura, y necesito a mi amiga a mi lado.

—No juegues conmigo —dijo Sakura tratando de alejarlo. Tenía el ceño fruncido y una expresión de dolor, puesto que Sasuke la sostenía muy fuerte—. Ya te lo dije, yo no soy tu amiga.

Él se la quedó mirando por varios segundos en completo silencio, viendo como ella trataba de apartarlo, pero él no quería alejarse de Sakura; necesitaba a Sakura.

—Eres una tonta —susurró en la comisura de los labios de ella, pero deteniéndose justo ahí—. Aunque ahora sé que lo que menos necesito es a una amiga —Sakura se quedó con los ojos como platos al oír aquellas palabras, pero más aún al segundo siguiente sintió como si su pecho fuese a explotar, porque justo encima de sus labios se habían posado los de Sasuke.

Quiso liberarse de nuevo, quitárselo de encima, pero sólo logró sentirlo más cerca de si cuando él la aprisionó con todo su cuerpo contra aquella pared, moviendo sus labios sobre los de ella con lentitud. Maldición. Nunca creyó que besarla se sintiera tan bien. El percibir como sus labios se movían tímidamente correspondiendo al roce de los suyos, la forma en que su cuerpo se relajaba lentamente tras sentirle invadir su boca con la lengua. Se sentía maravilloso.

¿Por qué…? —fue lo que se preguntó Sakura, mientras correspondía a aquel beso. Siempre soñó con que Sasuke la besara, pero en este momento era lo que menos quería, puesto que los sentimientos de ambos estaban demasiado confundidos como para tomar una decisión. Amaba la sensación de sentirlo tan cerca, pero con el dolor de su alma, debió apartarlo—. Vete, Sasuke —ordenó con voz neutral.

—Sakura… —habló el azabache en tono de regaño. Se sentía estúpido, él no había venido con la intención de que pasara esto, pero una vez que la tuvo entre sus brazos no pudo parar, no quería parar.

Ella lo miró a los ojos entonces, con llamas en lugar de lágrimas.

—No quiero convertirme en una amante para ti, así que olvídate de esto —y al terminar de hablar, lo empujó, tomándolo por sorpresa, y sacándolo de su departamento para cerrar la puerta de golpe.

Sasuke nunca pensó en el hecho de hacerla su amante, ni siquiera recordó a Hinata y que él era un hombre casado mientras la estaba besando, ¿eso qué quería decir?

—¿Qué demonios pasa conmigo? —se llevó ambas manos a la cabeza y trató de razonar. Fue entonces que pensó en Naruto.

Naruto. Ese bastardo que decía ser su mejor amigo era ahora el novio de Sakura y eso le molestaba mucho, demasiado. No sabía por qué, pero las ganas de pedirle una explicación respecto a eso eran cada vez más fuertes, aunque antes iría por algo de beber, la sed después de lo que había pasado le estaba matando.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Shikamaru se dirigía a la oficina de Gaara con su típica indiferencia hacia el mundo, aunque una vez cerca de la puerta, notó la cara que tenía su amiga de la infancia, lo que no le gustó nada, tomando en cuenta que ella era como un corderito al sacrificio del mujeriego de Gaara. Seguro que le hizo algo y por eso ella ahora se sentía mal.

—¿Qué tienes, Matsuri? —preguntó con el ceño fruncido, con muchas ganas de reclamarle a Gaara, sin embargo, cuando ella lo miró, sólo pudo notar confusión en su mirada, pero no tristeza o enojo. Era muy raro verla en ese estado.

—No me pasa nada —respondió la chica, pero se le notaba desanimada, ¿y cómo no estarlo? Si por culpa de un hombre al cual le daban igual los sentimientos de las mujeres, estaba dudando de todo lo que creyó sentir por su prometido. Tenía miedo de darse cuenta de que todo lo que se construyó con Sasori había sido como un espejismo que se podría llevar en cualquier momento el viento.

Shikamaru sólo frunció el ceño ante la respuesta que no lo dejó nada conforme, pero decidió no prestar demasiada atención y terminó por entrar a la oficina del pelirrojo, el cual lo sorprendió al encontrarlo casi en el mismo estado que el de su amiga.

—Gaara —lo llamó, para sacarlo de su ensoñación—. Traigo lo que te prometí.

De un momento a otro, Gaara adoptó una postura seria. Era increíble cómo lograba en un solo instante pasar de ser un casanova, a un experimentado hombre de negocios, sin un fallo en sus cálculos, pero así era Gaara, como si tuviera una personalidad demoníaca dentro de sí.

—¿Es sobre Naruto Uzumaki? —preguntó con tranquilidad, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de su compañero, el cual se sentó frente a él.

—Temari los recopiló por mí, tengo que admitir que es muy lista —dijo lo último en un susurro, que parecía más bien molestarle bastante, pero volvió su vista al pelirrojo en cuanto éste carraspeó su garganta.

—Te he visto demasiado cerca de mi hermana —comentó de pronto Gaara, cambiando totalmente el contexto de la conversación, pero aun así sonando tan amenazante como siempre. Para él, su hermana era intocable, nadie, aunque se tratara de un amigo suyo, tenía derecho de acercarse a ella—. Espero no se repita.

—Descuida —fue todo lo que dijo respecto a ello. La verdad era que a veces pensaba que Gaara se metía demasiado en lo que pasaba entre él y Temari, y no es que pasara mucho considerando su problema de venusfobia, aunque en realidad sólo Temari se lo provocaba. ¿Sería que era ella la única mujer que le parecía realmente hermosa?

Justo después de eso, se puso de pie dispuesto a irse, pero cuando fue a jalar la manilla de la puerta, ésta se abrió antes, dejando ver la imponente figura de Naruto Uzumaki, el cual sólo tenía sus ojos azules puestos sobre el pelirrojo.

—Vine a hablar contigo —dijo sereno, casi ignorando la presencia de Shikamaru, aunque, a éste no le interesó mucho, simplemente salió de la oficina sin más. Naruto no esperó una respuesta y se sentó frente a Gaara, el cual le miraba con afrenta. Tenía que admitir que, desde el primer momento, Naruto no le agradó para nada, siempre le pareció demasiado sospechoso—. Supe que tenías un asunto conmigo, ¿no es así?

—Es como dices —afirmó Gaara, cruzando los brazos y sosteniendo su mirada fría—. Quiero saber qué asunto tienes tú con Hinata.

—¿Es eso de tu incumbencia? —cuestionó Naruto arqueando una ceja, puesto que no le parecía que él debía meterse en cosas que no tenían que ver con él, sus asuntos con Hinata eran sólo suyos.

—Lo es —respondió Gaara con seriedad, sin intimidarse ante la mirada de desafío del ojiazul—. Hinata es mi amiga, y he visto como la hacías llorar, además, es la esposa de mi mejor amigo —no podía evitar sentirse preocupado por el estado de Sasuke, últimamente lo había notado demasiado abandonado al alcohol y los vicios, sabía que algo malo estaba pasando entre él y Hinata y todo había comenzado cuando Uzumaki se apareció en sus vidas.

Naruto soltó una sonrisa de autosuficiencia y se puso de pie, evadiendo el tema.

—No creo que deba darte explicaciones —dijo antes de darle la espalda, sin embargo, sintió como de pronto era jalado del cuello de la camisa e inmediatamente después lo estampaban contra la pared de la oficina con brusquedad.

—Te lo advierto, no quiero que te metas con mis amigos o tendrás que vértelas conmigo, hablo en serio, Uzumaki —su tono se oía realmente amenazante y por un momento logró intimidar a Naruto, pero fue sólo un segundo, puesto que al segundo siguiente lo apartó de sí y se marchó sin soltar palabra.

Sabía que, de ahora en adelante, debía andarse con cuidado con Gaara, porque ese tipo era de armas tomar y no hablaba sólo por hablar.

—Idiota… —murmuró con enojo, sintiendo como de pronto su celular sonaba. Observó la pantalla y notó que se trataba de Sasuke, lo que lo extrañó un poco.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata dejó dormida a su hija sobre su camita y la arropó para que no se fuese a resfriar, más ahora que estaba muy delicada debido a su operación tan reciente. Se sentía como una tonta, a pesar de todos sus esfuerzos, no podía quitarse a Naruto del corazón. Cerró los ojos y trató de no pensar, quería olvidarlo, pero realmente era imposible después de todo.

Podría decirle a cualquier persona que pasara frente a ella en estos momentos, todo lo que odiaba a Naruto Uzumaki, pero la única verdad era que anhelaba verlo, estar entre sus brazos y poder decirle que lo amaba con todo su ser.

Hoy quiero verte otra vez

¿A quién engaño si lo que hago es pensarte una y otra vez?

Hoy quiero verte otra vez

La soledad me está matando

Y manipula mi razón de ser

Salió del cuarto de Hime y se dirigió al suyo, fijándose en que Sasuke -para variar- no había llegado y ya comenzaba a anochecer. Aprovechó esta oportunidad de encontrarse sola en su habitación y quiso revivir viejos recuerdos, por lo que caminó hasta el armario que sólo ella usaba para sus cosas, en donde sacó algo que realmente la hacía feliz.

Podía recordarlo con claridad, era un oso de peluche que Naruto le regaló aquella noche que estuvieron juntos, cuando no tuvo miedo de nada y se entregó a él por primera vez. Le dolía tanto pensar en ello, porque a pesar de todo lo que hiciera, se arrepentía enormemente de ese pasado, de haber decidido dejarlo y hacerle caso a su padre, de lastimar a Naruto hasta el punto de volverlo un ser frío y sin sentimientos.

Porque de verdad había sido su culpa.

¿Cómo retrocedo el tiempo?

Despierto este silencio

Te hice daño aquel momento

Tal vez era cierto que lo único que podía hacer era decirle la verdad. Quizás Kiba tenía razón y Naruto merecía saber que habían tenido una hija, que no era la hija de Sasuke como todos creían, porque ella siempre le fue fiel al recuerdo de su único amor. Porque a pesar de saber que durante su adolescencia también estuvo enamorada de uno de sus amigos, ese sentimiento no podía compararse ni un milímetro con lo que sentía por Naruto, porque era un amor destructivo, pero a la vez, que le daba fuerzas.

Tus palabras son sólo te quiero

Y ahora tengo la respuesta

Tal vez sea un poco tarde

Pero tengo que decirlo, me haces falta

Y esa es mi única verdad

Dejó que una lágrima opacara su vista. Ya había tomado una decisión, sólo quería que él lo supiera, no importaba si aún la seguía odiando, si seguía manchando los recuerdos de su hermoso amor con todos sus desprecios, porque de él había nacido algo maravilloso que era su hija y Naruto tenía que saberlo, tenía que saber que habían tenido una hija.

Cada recuerdo se hace triste

Si no estás más a mi lado

Cada día es oscuro y me refugio en el pasado

Cada recuerdo se hace triste

Si no estás más a mi lado

Sólo quiero reencontrarme con tu beso del pasado

Y entonces pensaba en querer volver, en ser felices nuevamente. Pero sabía con certeza que eso sería imposible, que hiciera lo que hiciera, Naruto jamás le iba a perdonar el haberlo dejado solo aquella mañana, que nunca iba a comprender el dolor que eso significó para ella.

Tú me enseñaste a vivir

Jamás y nunca a morir

Porque había sido Naruto la persona que le enseñó a vivir, a ser feliz a pesar de las adversidades, pero también fue él quien le dio un golpe contra la realidad y le hizo ver que a veces, la felicidad no existe.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¡Tenten! —llamó Kankuro a su amiga del alma, mientras ésta se dirigía a su auto para salir de la empresa. El frío comenzaba a hacerse notar y era bastante obvio que todos deseaban irse ya a casa, pero la castaña parecía muy animada a esta hora—. Oye, estaba pensando en salir —le invitó Kankuro al verla con los mismos planes que él—. ¿Qué me dices de una noche de sake?

—Suena divertido —lo secundó la chica, abriéndole la puerta del auto—. Pero yo conduzco, cuando bebes sake no hay quien te controle, Kanku.

Kankuro rio ante el apodo. Tenten se lo había puesto de cariño, pero la verdad era que parecían esposos cada vez que ella lo mencionaba. Se llevaban demasiado bien y en toda la empresa corría el rumor de que eran más que amigos, que muy pronto hablarían de su romance o cosas por el estilo, pero ellos sólo reían puesto que tenían muy claro que sólo eran amigos y nada más que eso.

—Te pones amargada, ¿eh? Tenten —dijo Kankuro con el ceño fruncido, pero terminando por sentarse en el auto de la chica. Mañana vendría por el suyo, a fin de cuentas, no le pasaría nada por quedarse una noche solo—. Por cierto, hoy el Hyûga me preguntó por ti en la mañana.

—¿Y qué quiere ese subnormal de mí? —quiso saber la chica con el ceño fruncido, al tiempo que se cruzaba el cinturón de seguridad—. No es más que un tarado.

—Venga, relájate, ¿por qué lo odias tanto? —preguntó Kankuro, abrochándose el cinturón, para luego cruzarse los brazos sobre la nuca con una sonrisa socarrona. No lo diría, pero estaba seguro que entre su amiga y el Hyûga había algo más que ellos trataban de ocultar, era muy obvio que a Tenten le gustaba ese tipo y eso volvía la situación muy graciosa, considerando que ella aparentaba odiarlo.

—No es por nada en especial, excepto porque es un imbécil —respondió la de chonguitos, encendiendo el motor—. ¿Y tú qué? He oído que sales con una chica.

—Oh —Kankuro puso expresión de sorpresa, como si de pronto hubiera recordado algo—. Acabo de acordarme, quedé de llamarla hoy, gracias por decirlo —soltó una sonrisa de complicidad al tiempo que Tenten entornaba los ojos; ni en un millón de años Kankuro recordaría llamar a sus novias, por eso siempre lo terminaban dejando—. ¿Sari? —habló al celular, sonriendo de una manera en que Tenten jamás le había visto—. Claro, mañana paso por ti, nos vemos pronto, te quiero.

—Uh —la castaña puso una cara pícara al verle colgar—. ¿Desde cuándo les dices a las chicas "te quiero"? —soltó una carcajada, haciendo que Kankuro se avergonzara levemente.

—¿Qué tiene? Me gusta de verdad —se defendió el muchacho, mirándola acusadoramente—. En lugar de criticarme, deberías buscarte un hombre, te quedarás solterona y sin hijos.

—Muy gracioso.

Después de reír con sarcasmo, Tenten hizo que el auto arrancara de una sola vez, presionando el acelerador, dejando sólo una estela de humo.

Neji salía de la empresa con su habitual seriedad, pero algo molesto de no haber podido encontrarse a Tenten para molestarla, aunque claro, al estar ya afuera la vio de lo más animada con Kankuro. Frunció el ceño y se dirigió a su auto, cuando de pronto divisó a Shikamaru, el cual observaba con desagrado como Gaara y su secretaria Matsuri salían juntos y sonrientes.

—¿Qué te pasa? ¿Estás enamorado de ella? —preguntó mordaz, obteniendo sólo un bufido de parte del Nara, quién ni siquiera le miró—. Si es así, déjame decirte que Gaara ya te la quitó, se ven bastante animados.

—Para empezar, no estoy enamorado de ella —habló por fin Shikamaru, apagando el cigarrillo que fumaba y pisándolo—. Sólo es mi amiga y me preocupa, Gaara es un problemático.

—Yo creo que a Gaara le gusta —comentó el genio Hyûga, bajando los hombros, al tiempo que Shikamaru le miraba realmente interesado por sus palabras. En realidad, nunca alguno de ellos se había llevado una impresión así al ver a su amigo con una mujer, pero hasta Shikamaru tenía esa leve sospecha, de que poco a poco Gaara estaba cambiando—. Dime, ¿no era esa tu idea desde un principio?

—Por eso te llaman el genio —rio Shikamaru, encendiendo otro cigarrillo—. Dime, ¿te parece si nos tomamos algo? Es problemático, pero estoy muy estresado.

—No te daré consejos sobre la hermana de Gaara —advirtió Neji, notando divertido como el Nara fruncía el ceño.

—No los necesito —bufó molesto.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Gaara había ofrecido a Matsuri llevarla a su casa, pero en lugar de ello, se detuvo en mitad de un pequeño y desierto parque de niños, en el cual a él le gustaba jugar cuando era pequeño. No podía soportar por mucho más tiempo el deseo de tenerla entre sus brazos, porque ahora no era sólo un simple reto, era una ambición que iba mucho más allá de cualquiera que hubiera tenido antes.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó la castaña algo sorprendida, bajando del auto y observando a su alrededor. De un momento a otro, pasó un viento helado que la hizo abrazarse a sí misma, pero esto fue notado por Gaara.

—¿Tienes frío? —le interrogó, sin embargo, no esperó una respuesta para ponerle su chaqueta encima de los hombros. Nunca había hecho eso, la verdad era que a veces era muy poco caballeroso con las mujeres, además, tampoco había traído a nadie a este parque que tanto le gustaba—. Perdona, sólo quería tomar un poco de aire en este lugar, porque me agrada mucho.

—Es bonito —dijo Matsuri con las mejillas sonrojadas debido al gesto del chico—. ¿Jugabas aquí de pequeño?

—Así es —respondió él, sentándose sobre un columpio medio abandonado entre un montón de arena. Matsuri se sentó en el que estaba al lado, mirándose los pies como si fuesen realmente interesantes, mientras se balanceaba lentamente, pero él estaba inmóvil—. Me gusta aquí, es muy tranquilo, y me trae lindos recuerdos.

—Tienes razón —habló ella, alzando la cabeza con sus ojos cerrados, para sentir la refrescante brisa nocturna sobre su rostro—. Es un ambiente muy agradable.

—Matsuri —de pronto Gaara clavó sus ojos aguamarina sobre la pequeña figura femenina, pero sintió un aire tibio recorrerle el cuerpo en cuanto la observó tan hermosa. Se maldecía una y mil veces por ello, porque no tenía que sentirse así cada vez que estaban cerca, pero no podía evitarlo y, además, le gustaba, le agradaba el sentimiento que Matsuri le provocaba—. Oye… yo… creo que será mejor irnos.

—¿Por qué te quieres ir? —reclamó la castaña frunciendo el ceño, ella estaba realmente a gusto en ese lugar, además, la chaqueta de Gaara, aparte de ser muy cálida, estaba impregnada de su olor. Se preguntaba si ella lo abrazaba, ¿también quedaría impregnada de su aroma? De sólo pensar en eso, se sentía avergonzada, pero a la vez se imaginaba estando a su lado, sintiéndolo. Era sofocante y tentador, demasiado para una chica como ella que ni siquiera conocía lo que era estar con un hombre.

Déjame entrar a tu vida

Y construirte un mundo ideal

Supervisarte los sueños

Y así poder contemplar que existo en ellos

—Pensé que hacía mucho frío para estar aquí —respondió el pelirrojo, poniendo fin a los pensamientos de la chica, que aun así lo miró con las mejillas ardiendo. Eso lo hizo reír, el hecho de que ella se sonrojara por todo, parecía tan segura, pero cuando sus mejillas se teñían de rojo, se volvía como una niña asustada tratando de ser genial—. De todos modos, si quieres quedarte por mí está bien —dijo poniéndose de pie, para pararse frente a ella—. Pero te advierto que no respondo por lo que pueda hacerte.

Déjame entrar a tu vida

Y nombrarte mi princesa

Hasta volar en cometas

Hasta alcanzar a las estrellas

Como en un sueño

—¿Es eso una amenaza? —preguntó Matsuri en tono de broma, pensaba que él sólo estaba jugando con ella como siempre con sus palabras seductoras, pero se dio cuenta de que no era así cuando lo sintió demasiado cerca como para ser una simple coincidencia—. ¿Gaara?

—No es una amenaza, te lo acabo de decir, es una advertencia —susurró en su oído, haciéndola temblar por completo. Ni siquiera fue necesario que le dijera que lo estaba volviendo loco, porque simplemente se lo hizo saber con el movimiento de sus labios, besándola.

Ven y déjame tocar tu corazón

No lo quiero lastimar

Ya lo sé que es delicado

Sólo quiero regalarte mi sonrisa

Regalarte mil colores

Construir nuestro arcoíris de ilusiones

Matsuri cerró los ojos al sentir sus labios. No se preguntó por qué su corazón estaba latiendo tan rápido, ni tampoco por qué le rodeó por el cuello con sus manos y correspondió a ese suave roce. Ella lo necesitaba, quería que Gaara la besara y ansiaba corresponderle, sentirle en su máximo esplendor. Pero tenía miedo de todo esto a la misma vez, no sabía si lo que estaba experimentando era algo peligroso, ¿qué pasaba si se enamoraba de él? Si después de todo lo pasado, realmente era capaz de entregarle su corazón.

Quiero estar en tu camino

E iluminarte los pasos

Ser dueño de tu destino

Y susurrarte al oído cuanto te sueño

Gaara, por su parte, profundizo el contacto con su lengua, encontrando la de ella y envolviéndola con delicadeza. La rodeó por la cintura e hizo que se levantara, para pegarla a su cuerpo de manera suave y cálida. Se estaba desesperando por sentir más de ella, fue por eso que no dudó en liberar sus labios para probar la piel de su cuello, el cual encontró desprotegido debido al tipo de blusa de la castaña. Rio para sí cuando le escuchó gemir, volviendo a besarle los labios en forma mucho más apasionada.

Podía sentir su miedo y sus dudas, pero estaba dispuesto a disiparlas todas, porque ahora que la tenía así, se daba cuenta de que quería algo más con Matsuri. No tenía que mentirle, ni mentirse a sí mismo, ella le gustaba de verdad.

Ven y déjame tocar tu corazón

No lo quiero lastimar

Ya lo sé que es delicado

Sólo quiero regalarte mi sonrisa

Regalarte mil colores

Construir nuestro arcoíris de ilusiones

—Matsuri… —la llamó en un leve susurro, abrazándola—. No quiero que te vayas.

—Gaara… —ella no supo qué decir, ni siquiera fue consciente de lo que pasó después, sólo pudo percibir que entre besos, Gaara la subía nuevamente al carro y tomaba una dirección que no era ni cerca de donde quedaba su edificio, pero no le importaba, en aquel momento su mente estaba nublada y sólo podía verlo a él.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¡Esa mocosa idiota! —exclamó Ino, dejando con fuerza sobre el mesón el vasito de sake. Sai sólo la veía con una expresión neutral, pero seguro de que no la dejaría pasarse demasiado con aquel líquido, porque algo malo podía pasar—. Esa Hanabi… hip, cómo la odio… —y entonces comenzó a llorar de la nada—. ¡¿Cómo pudo Kiba cambiarme por ella?!

—Eh… claro, es un idiota ese Kiba —fue todo lo que pudo opinar Sai, al ver que Ino se pedía otro vaso.

Suspiró con decepción y al ver hacia la entrada, notó a gente conocida ingresando, primero estaban esa chica llamada Tenten y Kankuro, el hermano de Sabaku No Gaara, al cual Naruto tenía entre ceja y ceja. A los minutos, vio entrar a otras dos personas que Naruto también tenía bajo vigilancia, se trataba de Shikamaru Nara y Neji Hyûga.

Tal parecía que hoy a todos les había dado por ir a beber a ese bar.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto miraba incrédulo a su mejor amigo, el cual se encontraba completamente ebrio a su lado. Le pareció absurdo que le llamara para reclamarle porque estaba saliendo con Sakura, pero en medio de todo eso, comenzó a relatarle lo sucedido con ella y fue ahí que lo comprendió, aunque no terminaba de agradarle el asunto y no era que sintiera celos por Sakura, sino que, sentía culpa por Hinata y más que nada por la pequeña Hime.

¿Qué le haría Sasuke si supiera que él se acostó con su esposa?

Cerró los ojos y bebió un poco de whisky. No le gustaban demasiado los bares japoneses y agradecía que Sasuke le hubiese hecho venir a uno del estilo occidental.

—Pero no entiendo una cosa —habló de pronto, mirando a su amigo que se veía cada vez más ahogado con aquella sustancia, aunque él mismo no había podido hacer nada para detenerle—. ¿Qué sientes por Sakura-chan?

Sasuke rio con sorna.

—Ni yo mismo lo sé —se dijo con cierta impotencia en el tono de su voz. Se veía realmente afectado por todo lo ocurrido, porque no sabía cómo definir lo que estaba sintiendo. Siempre amó a Hinata, pero ahora Sakura le decía que lo amaba, la besaba sólo una vez y todo en su interior se revolucionaba como nunca.

—Creo que deberías pensar las cosas bien, sobre todo por tu hija —opinó el rubio. Ni siquiera parecía que fuera él quien estaba saliendo con Sakura, sólo era como un espectador en medio del vendaval que se había formado entre esos dos cabezas huecas.

Al oírlo, Sasuke nuevamente rio con sorna. Estaba ya tan ebrio que ni siquiera medía las palabras que estaba usando, y no le interesaba que una o dos personas se enterasen de su vida privada, aunque nunca imaginó lo que provocaría con lo que estaba a punto de hacer.

—¿Mi hija? —cuestionó con sarcasmo, sus ojos parecían a punto de cerrarse por el sueño, pero su amargura no desaparecía con nada, además su tono perturbaba levemente a Naruto, sin saber por qué—. Hime no es mi hija.

Al oírlo, los ojos del rubio se abrieron como platos por la sorpresa. Pensó que eso era ridículo y que Sasuke sólo estaba bromeando, o estaba hablando demás por encontrarse borracho, pero entonces lo que él dijo le hizo abandonar esta teoría.

—Hinata ni siquiera ha sido mía —soltó con una sonrisa de burla, como si fuese gracioso reírse de sí mismo, mientras que el rubio le miraba sin comprender—. Mi vida a su lado ha sido una mierda, porque llevamos seis años juntos y nunca le he hecho el amor a mi esposa, ¿no soy patético?

Desesperándome no encontraré jamás

El equilibrio entre dejar morir y amar

—¿De qué estás hablando, Sasuke? —de pronto sintió un nudo en la garganta al oírle decir a Sasuke que jamás había estado con Hinata. Entonces… ¿Hinata no le mintió? ¿Ella de verdad lo amaba? Pero no podía creer algo semejante, por eso sonrió como si le hubieran contado un chiste—. No digas cosas tan ridículas.

Me está matando

No saber dónde, no saber por qué

Me muero en vida y me doy cuenta que todo termina

—Es la maldita verdad —siguió el Uchiha, completamente hundido en su mundo de sombras y lamentos—. Ella nunca quiso casarse conmigo —sonrió—. Incluso huyó a Okinawa sólo para no verse obligada… —golpeó con fuerza la mesa—. Allá conoció a ese bastardo al que siempre ha amado, que sin conocerlo terminó por arrebatarme por completo el amor de mi mujer —y entonces se mostró lleno de tristeza, mientras que Naruto sentía como un tremendo peso se iba alojando sobre su espalda—. Y ella… renunció a él cuando su padre la obligó a volver…

En ese instante, el rubio recordó sus palabras…

Jamás fue un juego, tú eres y serás siempre el único amor de mi vida… yo no quise abandonarte, todo esto tiene una explicación, todo… incluso mi boda con Sasuke —respondió Hinata. Naruto no la miraba, pero ella a él sí—. Y aquel día… no me fui porque quise, fui obligada a hacerlo…

No saber dónde, no saber por qué

Todo lo que quiero se me va

Cerró los ojos con dolor, ¿por qué demonios no le creyó en ese momento? Hinata lo amaba, no lo abandonó, ese maldito Hiashi Hyûga la había obligado y él, él la trató como a una basura, él quiso hacerle pagar algo que no había sido su culpa. Quería llorar. Su Hinata siempre lo amó, y siempre fue sólo de él, ni siquiera estando casada con Sasuke fue capaz de estar con él.

¿Por qué nunca quiso escucharla?

Voy caminando y me doy cuenta que no estás

Sólo recuerdo que algún día volverás

A ser la luz que ilumina mis sentidos

Que me da la fortaleza y el valor que tanto necesito

Ahora Naruto sentía tanto arrepentimiento, tanto peso sobre sus hombros, empujándolo a un abismo oscuro y lleno de silencio, aunque aún no había escuchado todo, porque estaba demasiado concentrado en su arrepentimiento, en haber juzgado mal a Hinata sin darle la oportunidad de hablar.

Ella no era igual a su padre.

No saber dónde, no saber por qué

Me muero en vida y me doy cuenta que todo termina

No saber dónde, no saber por qué

Todo lo que quiero se me va

El camino vuelve a ser igual

Y fue entonces que se percató de algo que lo dejó aún más anonadado, casi podía sentir que el corazón se le iba a salir del pecho.

—¿Entonces… Hime-chan es hija de ese sujeto de Okinawa? —y sólo pudo ver a Sasuke asentir con la cabeza con dolor y rabia en su mirada, para después sentir como si hubiera recibido un impacto de bala en el pecho. Pocos segundos después, se cayó de la silla, con los ojos a punto de salirse de sus cuentas por lo que acababa de entender… Hime-chan era su hija.

Ella era su hija.

Logró volver a respirar con dificultad, para finalmente salir corriendo de aquel lugar, sintiendo como si miles de voces se rieran de él, como si todas las personas lo apuntaran con sus dedos. Los oía burlarse de su estupidez, de su maldita suerte, hasta que llegó a una calle completamente vacía y se permitió lanzarse al suelo de rodillas.

—¡Silencio! —exclamó—. ¡Cállense todos!

Todo lo que quiero es un minuto de silencio hoy

Todo lo que quiero es un minuto de silencio hoy

Todo lo que quiero es un minuto de silencio hoy

Todo lo que quiero es un minuto de silencio hoy

De pronto las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, empañando su vista como un vidrio en invierno. Apretó los puños y una sonrisa apareció en sus labios, contrastando su llanto.

—Es mi hija… —susurró.

Continuará…

Pequeño Omake:

Aparece Neji sentado al lado de una puerta cerrada que dice "oficina de la escritora". Al lado de él se encuentra Shino Aburame, con un cartelito en su mano que dice "protesta".

—¿Y tú por qué estás aquí? —pregunta el chico de los insectos, recibiendo una mirada serena del genio Hyûga.

—Vengo a poner un reclamo, no es propio de un genio como yo el tener que esperar porque una chica se cambie de ropa. ¡Sobre todo si tarda tres horas en ello! —exclama conmocionado.

Horas más tarde, Shino sólo asiente, anotando todo lo que él dice en un papelito mientras pareciera mostrarse muy interesado.

—Ajá, cuéntame más —le dice, a lo que Neji sigue hablando sin parar de la última cita que tuvo con Tenten, en la cual ella le hizo gastar todo su dinero en regalos.

De pronto, el genio Hyûga se detiene.

—¿Y tú por qué vienes a protestar? —pregunta mirándole el cartelito, a lo que Shino se arregla los anteojos negros y responde.

—Quiero más apariciones —sus lentes destellan y Neji lo mira en forma perturbadora.

Fin omake.