Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción: Perdóname - Luciano Pereyra.

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Capítulo 15: Amarte no fue un error

Hinata miró a su hija dormida y una dulce sonrisa apareció en sus labios. Había venido a verla un momento, mientras esperaba a que Sasuke apareciera, pero éste ni siquiera le contestaba el teléfono, al parecer, no pensaba dejarse ver por un rato. Soltó un suspiro de resignación y salió del cuarto de Hime, dirigiéndose al suyo para irse a acostar. Ya había pensado seriamente las cosas y lo último que haría sería contarle la verdad a Naruto, sólo eso, después, no volvería a rogarle su perdón.

Estaba tan cansada que ni siquiera se quitó la ropa, simplemente se dejó caer en su cama y al cerrar los ojos, se quedó profundamente dormida.

No sabía que al día siguiente ya nada sería igual, que algo muy importante cambiaría.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

No dejaba de vagar por las calles de la ciudad, con mil y un cosas rodando en su cabeza, golpeándole como torbellinos, violentos y mortales. Le dolía, le dolía tanto el pecho que podría haberse arrancado perfectamente el corazón sin siquiera desangrarse, pero todo lo que había pasado hoy sólo le hacía ver que tenía que seguir adelante, ahora tenía una razón más, algo mucho más importante por lo que luchar.

Naruto tenía una hija, una preciosa hija que no tenía la menor idea de que él era su padre, su verdadero padre. También debía luchar por recuperar el amor de Hinata, ese que él mismo se había encargado de echar a la basura. Se maldecía por aquello, pero tal vez aún estuviera a tiempo, tal vez aún hubiera una posibilidad de que él y ella terminaran bien, de que estuvieran juntos por fin, que fuesen felices.

—Hinata… —susurró, llevándose las manos a los bolsillos y pateando una lata del suelo—. Hinata… —repitió, sin saber qué debía hacer ahora, sólo podía pensar en salir adelante, en no dejarla ir, no podía dejarla ir.

Cerró los ojos, alzó la cabeza y lo decidió; iba a recuperar al amor de su vida, no importaba cómo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sintió que iba a desfallecer cuando las manos masculinas rozaron con sumo atrevimiento su cintura y sus caderas, pegándola a su cuerpo como si éste la llamara, incitándole al pecado. Cuando él le besó en los labios, ella sabía que estaba haciendo algo malo, que estar con ese hombre era lo peor que podía habérsele ocurrido en la vida, pero no lograba deshacer el deseo de querer estar entre sus brazos, un deseo quemante que había nacido durante sus besos y caricias en el parque.

Ahora acababan de entrar al departamento de Gaara, él había cerrado torpemente la puerta con uno de sus pies y luego la había empujado hasta llegar al sofá, en donde la recostó a falta de una cama y por la prisa que tenía al no querer esperar hasta llegar a la habitación. Ella podía sentirlo sobre ella, presionando su cuerpo, pero sin aplastarla, era una sensación deliciosa y por demás, indecente, ella estaba comprometida con otro hombre y aun así estaba ahí, a punto de hacer el amor con alguien que no era su novio.

—Gaara… —su voz se quebró ante un gemido, al sentir como el pelirrojo deslizaba una de sus manos por su pierna, subiendo desde la rodilla hasta el muslo y perdiéndose bajo su falda de secretaria, perfectamente planchada. Sus labios fueron inmediatamente presionados por los de él, en forma fogosa y apasionada, casi febril, le estaba volviendo loca como nunca antes se había sentido.

—Dios… te deseo tanto, Matsuri —susurró Gaara dentro del oído femenino, saboreando con delicadeza su cuello, aquella piel tan cremosa, que lo hacía adicto, ansioso por querer probar mucho más—. No aguanto esto —dijo sofocado, quitándose los primeros botones de la camisa para dejar al descubierto su torso. Su mano llegó hasta el muslo interno de la joven, la cual soltó un profundo suspiro cuando sintió las caricias en aquella zona prohibida para cualquiera que no fuera su esposo, porque sí, ella le había jurado a Sasori que nadie más que él sería el primero, en cuanto volvieran a verse, en cuanto se casaran.

—N-no —logró articular, con una voz tan débil que prácticamente fue ignorada. Volvió a gemir cuando Gaara finalmente tocó su intimidad con los dedos, aún sobre la tela de su ropa interior, pero ella podía sentir como su cuerpo respondía a esas caricias, haciéndole perder la razón. Poco bastó para que ella misma terminara de desabotonar la camisa del pelirrojo, dejando ver su torso bien marcado y su abdomen perfectamente trabajado, esta vez, totalmente. Jamás había visto a un hombre así, estaba fascinada.

Gaara volvió a besarla y luego se alejó un poco de ella, para quitarse la camisa por completo. No podía creer que al fin la tendría, no podía siquiera pensar en esa apuesta o en alguna otra razón para querer a Matsuri que no fuese el deseo que por ella sentía en aquel momento. Sonrió arrogantemente cuando la vio tan sonrojada que parecía haber estado corriendo por horas. Con sus dos manos comenzó a acariciarle la cintura, subiéndole la blusa con tanta lentitud, que la estaba desesperando.

—Vas a ser mía —le dijo divertido, sin oír ninguna queja de parte de ella. Subió la blusa hasta desproteger por completo su abdomen, su cintura era pequeña, tan delgada como nunca había visto antes. Besó esa blanca y lozana piel, lo hacía de manera dulce, provocándole cosquillas.

La castaña soltó una sonrisita, seguida de varias más, hasta que vio a Gaara volver a incorporarse, mirándola a los ojos, con la respiración agitada.

—¿Por qué eres tan linda? —le preguntó de pronto, haciéndola temblar. ¿Desde cuándo él se comportaba de esa manera tan tierna? ¿Acaso en algún momento de la noche habían cambiado al verdadero Gaara por un alíen?

—Yo no soy linda —respondió apenada, desviando la mirada hacia un costado. Las caricias de Gaara sobre su cintura fueron subiendo, desabrochando su blusa y llegando hasta aquellos dos montículos redondos, cubiertos por el encaje blanco de su brasier.

—Claro que lo eres —dijo Gaara, volviendo a besar su cuello, mientras creaba caricias circulares sobre los senos de la joven, oyéndola gemir despacio, pero estaba seguro de que pronto esos gemidos serían mucho más intensos—. Me gustas demasiado… no puedo esperar para hacerte mía…

En ese momento, Matsuri pareció reaccionar y volver a la realidad, como si todo lo que acababa de pasar no hubiese sido más que un sueño.

Era cierto, Gaara sólo la quería para tener sexo, a él no le importaban sus sentimientos, ni lo que ella pensara. No le importaba que ella se sintiera lo peor del mundo por entregarse a él y no a su novio, por engañarle mientras él se encontraba lejos. A Gaara no le importaría ella mañana, después de haberla tenido, seguramente la trataría como a una cualquiera, y era eso lo que hacía ahora, habiéndola traído a su departamento con la intención de acostarse con ella.

¿Cómo había podido caer en aquella estúpida trampa? ¿Era acaso una mujer tan tonta y manipulable? ¿Estaba aún actuando para conquistar a Gaara? ¿O había venido porque quiso hacerlo, porque, por un momento, había querido pertenecer a él?

—No —soltó de pronto, apartando a Gaara de encima de ella, para incorporarse—. No quiero, Gaara, quiero irme a mi casa —dijo consternada, con una mezcla extraña de confusión, odio, dolor y miedo en su mirada, algo que Gaara no podía entender.

—¿Qué? —cuestionó sorprendido—. Pero ¿por qué? Si la estábamos pasando muy bien, ¿qué pasó? —habló intrigado, confuso, tal vez hasta dolido y desilusionado, había soñado con hacerle el amor a Matsuri y ahora ella decía que quería irse; lo rechazaba.

—No quiero estar contigo —Matsuri se puso de pie y se abotonó su blusa, también se bajó la falda y se arregló un poco el cabello. No podía decirle cuáles eran sus razones, no quería que él la viera como a una mujer tonta por no haber estado nunca con un hombre, ni tampoco, parecer aún más tonta por estar esperando al mismo sujeto desde hace tanto tiempo. Obviamente, no podía decirle eso, que tenía un novio con el cual iba a casarse, eso arruinaría todas las cosas. Pero ¿entonces qué hacer? ¿Fingir ser una chica decente y ofendida?

—¿Por qué no quieres estar conmigo? —Gaara frunció el ceño y también se puso de pie. No podía creer lo que ella acababa de decirle, cuando hace sólo unos segundos se estaba derritiendo en sus brazos. No. Ella le estaba mintiendo, era una mentira el que no quisiera estar con él, tenía que haber algo más que sólo eso—. ¿Hice algo malo, Matsuri?

—No —ella bajó la mirada, dándole la espalda—. Es sólo que… yo no soy una cualquiera —su voz sonó apagada y triste, dando la impresión de estar verdaderamente arrepentida, y lo estaba, por Sasori, por haber engañado de esa manera a la persona que la amaba y se suponía que ella también amaba—. No voy a acostarme contigo porque no soy como cualquier mujer, tú y yo no somos nada, así que no tengo por qué estar contigo.

—Estás mintiendo —aseguró el chico—. Tú me deseas y lo sé, sé que quieres estar conmigo, y que no te importa si somos algo o no —aseguró fastidiado, herido en lo más profundo de su orgullo—. No puedes esconder lo que te hago sentir —le susurró al oído desde la espalda, notando como un ligero temblor envolvía todo el cuerpo de la castaña, lo que le hizo sonreír altivamente—. Así que dime la verdad, dime qué te ha hecho detenerte, porque no te creo que no me desees como yo a ti —posó sus manos sobre los hombros de la chica, la cual se tensó y se dio la vuelta, algo alterada y con lágrimas queriendo salir de sus ojos, pero ella las retenía.

—Es verdad, todo lo que dices es cierto, yo también siento deseos de estar contigo, pero no puedo… —estuvo a punto de largarse a llorar, sin embargo, recordó las clases de actuación y logró controlarse un poco, pero no fue capaz de medir sus propias palabras y terminó diciendo algo que no quería—. No puedo, Gaara, me da miedo, me da miedo porque nunca he estado con un hombre —hizo que él la soltara y aprovechó la aparente sorpresa del chico para irse corriendo.

Él, por su lado, estaba con la boca abierta y el corazón tremendamente agitado, preguntándose si había escuchado bien o mal.

—¿Es broma? —cuestionó—. ¿Matsuri es virgen? —y ante aquella otra pregunta, todo su cuerpo se estremeció. ¿Cómo sería estar con una chica así?

Maldita sea. Ahora tenía muchas más ganas que antes.

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—Y entonces… pum… se cayó al agua… y… y… —relataba una ya ebria Ino Yamanaka, mientras su compañero, Sai, trataba de sacarla del bar en donde habían estado bebiendo juntos, aunque en realidad él no había tomado más de dos vasos. Ino, en cambio, se bebió al menos dos botellas ella sola, cosa que la tenía en aquel estado de completa inconsciencia, no sabía ni lo que hacía ni lo que decía.

—Está bien, está bien —la cortó el pelinegro, ayudándola a caminar para llevarla hasta donde los taxis pasaban. Él andaba con su moto y no podría llevar a la muchacha ahí, así que se vería obligado a pasar a buscarla más tarde, a pesar de que ya era muy noche.

Ino no dejaba de trastabillarse con cada cosa que se cruzaba en su camino, incluso con sus propios pies y los de Sai, el cual más de una vez había tocado partes indebidas al tratar de evitar que se cayera.

—Para ser gay, tienes las manos muy largas —dijo de pronto la rubia, soltando una tremenda carcajada al cabo de unos segundos. Su comentario había sido oído por unas chicas, las cuales ahora se estaban riendo y eso hizo que él se avergonzara un poco, cosa que nunca antes le había sucedido. Sai era capaz de hablar a lengua suelta en cualquier situación y avergonzar a las personas, era la primera vez que alguien le hacía eso a él.

—Lo siento, no ha sido mi intención, pero estás muy pesada —se quejó el pelinegro, provocando que Ino se ofendiera, así que le dio un empujón, alejándolo de ella y casi tropezándose al perder el apoyo del chico.

—¿Me estás llamando gor… gorda? —preguntó con el ceño fruncido. Sus mejillas estaban teñidas de rojo debido al alcohol y de pronto para Sai, lucía un poco tierna, era graciosa.

—No —respondió simplemente, sonriendo despacio—. Ven, te caerás, déjame sostenerte —le dijo intentando acercarse, sin embargo, ella lo apartó, aún enojada.

—No me toques, eres un idio… como se diga —corrigió al habérsele trabado la lengua. De pronto se llevó las manos al estómago y lo vio todo borroso, algo dentro de ella se revolvió y la obligó a caer de rodillas y expulsarlo todo por medio del vómito. Al verla hacer eso, Sai sólo suspiró y se agachó junto a ella, para sostenerle el cabello. Tenía el presentimiento de que la noche sería aún más larga.

Y no se equivocaba.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Tenten estaba riendo a carcajadas junto a Kankuro, el cual ya se había bebido sus buenos vasos de sake, junto a la chica. Ambos llamaban la atención de los asistentes al lugar, incluso de dos hombres que habían estado bastante callados.

Neji no podía creer su mala suerte, no había pasado ni un rato desde que la perdió de vista en la oficina, cuando se subió al auto del Sabaku ese, y ahora resultaba que habían venido al mismo bar. ¿Coincidencia? No, él no creía en las coincidencias, sino más bien en que todo sucedía por algo; el destino.

Si es mi destino encontrarla aquí, entonces lo haré aún más interesante —pensó con una sonrisa maliciosa, recordando el comentario que una vez su amigo Gaara le había hecho. ¿Por qué no llevarlo a la práctica? Así se vengaría de una vez por todas de las humillaciones que esa mujercita le había hecho pasar, porque nadie tenía derecho a meterse con Hyûga Neji y salir victorioso de la situación.

—Deja de mirar tanto a Tenten, a menos que quieras que se te salgan los ojos —le dijo Shikamaru de manera fastidiosa, bebiendo un vasito de sake lentamente, hasta para eso era perezoso—. Eres un problemático.

—Ya la dejaré de ver —dijo Neji bebiendo lo último que quedaba en su vaso en forma rápida, poniéndose de pie al ver que la castaña se dirigía al baño—. Con tu permiso.

Shikamaru sólo miró como el genio seguía a la chica hacia quién sabe qué lugar y a hacerle quién sabe qué cosa. Después de todo, no era de su incumbencia, así que no le importaba en lo más mínimo lo que fuera a suceder ahí.

De un momento a otro, su celular comenzó a sonar y él lo tomó con fastidio, descubriendo que se trataba de su adorado tormento.

—¿Pasa algo? —le preguntó de no muy buena gana, es que no podía controlar los jodidos nervios con esa mujer. A veces deseaba no tener ese estúpido problema, esa ridiculez llamada venus fobia o como sea que se llamara. Fue ahí que se le ocurrió la solución perfecta; ¿cómo es que no lo pensó antes? Conocía a alguien que podía tratarlo—, joder, un psicólogo es lo que necesito.

Shikamaru, es una buena hora para hablar de negocios, ¿no te parece? —se oyó la voz de esa hermosa mujer que lo volvía loco—. Ven a mi departamento y platicamos sobre ya sabes qué, tengo muchas cosas que contarte.

—Aún no me has dicho el precio de tu ayuda —le recordó el Nara con el ceño fruncido y algo desconfiado, sabía a la perfección que Temari estaba llena de trucos, sobre todo si se trataba de conquistarlo a él, pero mientras no fuera normal, ni pensar en involucrarse con la rubia, no quería hacer el ridículo si es que llegaban a algo más.

Te lo diré si vienes.

Shikamaru miró el vaso de sake aún con algo de aquel líquido dentro, lo revolvió lentamente y al final se decidió a contestar.

—Sólo iré un momento —respondió antes de colgar. Miró hacia el baño para ver si veía a Neji, pero ésta ni siquiera se dignaba a aparecer. Decidió simplemente tomar su saco y marcharse, ya le avisaría a Neji con un texto, además, seguro él estaba muy ocupado.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Tenten se estaba lavando las manos después de ocupar el servicio. Se mojó un poco la cara, ya que estaba algo mareada por beber tanto.

—No debería haberle aceptado a Kankuro venir —se dijo con el ceño fruncido, tratando de recuperar la compostura. Se volvió a mojar la cara y al alzar la vista, pudo ver a través del espejo la perfecta figura de Neji Hyûga, el cual la miraba tan arrogantemente como siempre. Al principio creyó que era una ilusión, pero se convenció de que no cuando éste le tocó el hombro—. ¿Pero qué demonios…? —se preguntó dándose la media vuelta para encararlo—. ¿Se puede saber qué rayos haces en el baño de chicas?

—Vine a buscarte —respondió él, como si fuera la cosa más normal del mundo, sin embargo, Tenten estaba con la boca abierta. ¿Cómo era eso de que había ido a buscarla y se metía así nada más al baño de chicas?

—Estás loco, ¿no? —cuestionó la castaña, aún más enfadad que antes. Estuvo a punto de tratar de salir, pero de un momento a otro, él la sostuvo por las muñecas y la acorraló contra el lavabo, mirándola fijamente.

—No me insultes, chonguitos, y quédate tranquila, que no voy a hacerte nada.

—Suéltame, animal —se quejaba Tenten, tratando de liberarse, pero era evidente que él tenía mucha más fuerza y eso la ponía fúrica, no aguantaba que los hombres la sometieran de ninguna manera, le hacía sentirse como su madre, cuando dejaba que su padre hiciera lo que quisiera con ella, por eso se había terminado por volver una demente y había sido internada en ese hospital para enfermos mentales. Tenten aún lamentaba ese suceso que le marcó la vida—. Que me sueltes —volvió a exigir, mirándole a los ojos con desdén y desafío.

A Neji le gustaba esa mirada, porque nadie más se atrevía a mirarlo así, ninguna otra persona era tan ruda con él.

—Está bien, no te enfades —finalmente la soltó, pero justo en ese instante, se oyeron las voces y los pasos de unas chicas, que al parecer estaban por entrar, así que al genio Hyûga no se le ocurrió una mejor idea que tomar a Tenten por la cintura, taparle la boca y meterse con ella en uno de los cubículos, quedando realmente apretados—. Shhh —le susurró—, no hables, no hagas ruido, nos pueden descubrir.

Tenten hizo un esfuerzo y finalmente se liberó de su mano, respirando agitada.

—Para empezar, esto fue tu culpa, ¿quién te manda a entrar al baño de mujeres, así como Pedro por tu casa? —también habló en voz baja, pero claramente enojada.

Se oía a las chicas hablar y reírse de algunas cosas, hasta que de pronto sus pasos se alejaron, por lo que Neji y Tenten respiraron aliviados.

—Al parecer se han ido —dijo Tenten, trató de liberarse de Neji, pero se dio cuenta de que éste aún la sujetaba fuertemente por la cintura, impidiéndole que se pudiera mover—. Neji, ya podemos salir.

—¿Quién dijo que quiero salir? —fue la contestación de él, mirándola a los ojos. Tal vez los tragos demás le habían dado ese valor que ahora tenía para hacer locuras, pero ahora que estaba ahí con ella, en ese lugar tan pequeño y estando tan cerca, simplemente no se quería ir, no por querer burlarse o molestarla, sino porque, al sentirla tan cercana, podía experimentar una sofocante sensación de deseo. Sí. Era eso. Sentía deseo hacia esa chica que ahora mismo estaba estrechando entre sus brazos.

—Por favor, deja de bromear —susurró Tenten, casi temblando y con la voz un tanto apagada. Sus ojos estaban semi abiertos y sentía cada vez más cerca el aliento del Hyûga, sus labios casi rozaban los suyos.

—No es una broma —aseguró antes de acortar la distancia al mínimo. Quería sentirla, quería estar con esa molesta mujercita que le crispaba los nervios, hacer con ella todo lo que por su mente estaba pasando, cosas que no eran nada sanas. Por su parte, Tenten no dudó en corresponder ese beso, si bien le odiaba con todas sus fuerzas, en realidad, era sólo un mecanismo de defensa, para no demostrar que ese arrogante sujeto le gustaba demasiado, y que quería estar a su lado más que cualquier otra cosa en el mundo.

Tembló ligeramente cuando sintió que él pretendía profundizar el beso, rozándole los labios con su lengua. Un débil gemido escapó de su boca y Neji aprovechó la oportunidad para invadirla. A pesar de haberse besado una vez, ese beso no podía ni compararse con este, que era mucho más apasionado y caliente en todo sentido.

—¿Q-qué haces? —preguntó Tenten, separándose ligeramente de él, sin poder mirarle a los ojos, puesto que la cercanía se lo impedía.

—Besarte —respondió Neji, antes de volver a repetir la acción. De pronto, se separó de ella y la miró fijamente, notándola acalorada y un poco desconcertada. Le sonrió con arrogancia y le soltó la cintura por fin—. Nos vemos otro día —con esas palabras la apartó de la puerta y se retiró, dejándola a ella con la boca abierta.

¿Pero qué demonios había pasado ahí? ¿Quién se creía ese tipo para besarla de esa manera y luego dejarla sola? ¡Lo mataría! Seguramente lo mataría.

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Sari estaba en su departamento, hablando por teléfono con Kankuro, él le había llamado porque supuestamente estaba con una amiga en un bar, pero ella se había desaparecido, así que para pasar el rato, había querido oír su voz. Eso la había dejado cautivada, no pensó que con sólo ver a ese hombre un par de veces, terminaría tan enredada en el asunto.

—¿Y nos veremos mañana entonces? —preguntaba con una sonrisa de enamorada. Oyó la respuesta del castaño del otro lado y en ese instante notó como la puerta del departamento se abría y Matsuri entraba bruscamente, para luego correr hacia su cuarto como una loca. Sari observó todo aquello con la boca abierta y decidió despedirse de Kankuro—. Entonces en eso quedamos, te veo mañana, ahora tengo algo que hacer. Adiós, lindo —le lanzó un beso a través del auricular y colgó.

Se puso de pie y se metió a la habitación de su amiga, la cual estaba tirada sobre su cama, escondiendo el rostro con una almohada. Aparentemente lloraba.

—¿Qué te sucede, Matsu? —le preguntó preocupada, nunca la había visto así, excepto cuando Sasori se fue—. ¿Matsu?

—Soy una idiota, Sari —respondió de pronto, abrazando con fuerza a su amiga y llorando en su pecho—. Amiga, soy lo peor, lo peor.

—Cálmate, ¿qué tienes? —le volvió a preguntar, acariciándole el cabello con ternura, porque sabía que eso siempre la calmaba.

—Sari, es que… —Matsuri se separó de ella, sentándose de rodillas sobre su cama y secándose las lágrimas, se veía muy arrepentida por algo—. Es que… estuve con Gaara, fui a su departamento y… y…

—¡¿Te acostaste con él?! —exclamó una sorprendida Sari, pero se calmó al ver a su amiga negar con la cabeza—. ¿Entonces?

—No lo hice, pero estuve a punto, y, y yo quería, Sari —dijo en tono de culpabilidad —. Yo quería, pero entonces pensé en Sasori, en lo que le prometí… Pero ¿qué hago si en verdad Gaara me gusta? Nunca había sentido esto por nadie, jamás, ni por Sasori… —bajó la mirada, dejando que algunas lágrimas rodaran por sus mejillas—. Tengo miedo de esto, creo que… lo mejor será que me vaya de esa empresa…

—Eso está bien, no tienes que dejar que ese tipo te domine, ¿te das cuenta de que él sólo quiere una aventura contigo? —posó ambas manos sobre los hombros de la ojinegra—. ¿Realmente vale la pena engañar a Sasori por un tipo así?

Matsuri negó con la cabeza y se abrazó a Sari nuevamente. Lo sentía por su amigo Shikamaru y por no poder cumplirle lo que le prometió, pero si seguía así, lo único que iba a conseguir era enamorarse perdidamente de un hombre que sólo la haría sufrir. Lo mejor entonces era alejarse de él como sea.

Lo que no sabía, era que no podría alejarse.

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—¿Estás mejor? —preguntó Sai a Ino, la cual estaba sentada a la mesa de su departamento, bebiendo una taza de café caliente, sin embargo, se veía completamente desorientada y mareada. Él mismo le había prestado un cepillo de dientes que aún no usaba para que se lavara, porque ella dijo que, de seguir así, volvería a vomitar. La verdad, sentía como todo dentro de ella se seguía revolviendo, pero ya estaba más calmada.

—Sí, gracias —la verdad era que ella aún no estaba en sus cinco sentidos, por tanto, ni siquiera había preguntado por qué estaban en el departamento de Sai y no en el que ella compartía con Sakura. Estaba tan molesta por la culpa de Kiba, en cierta forma hasta lo odiaba, no podía entender cómo que él la había cambiado por una mocosa engreída como Hanabi, quien no tenía nada que ver con el ángel que era su hermana mayor.

Qué rabia le daba eso.

—Creo que necesito dormir —dijo de pronto la rubia. Sai se puso de pie y la ayudó a levantar, llevándola hacia su habitación. Él tenía una amplia cama de dos plazas, pero no planeaba quedarse a dormir con ella, se iría al sofá para dejarla a sus anchas.

Muchas veces había compartido aquella cama con mujeres, a decir verdad, era bastante casanova, sin embargo, era la primera vez que traía a una chica con la que no iba a pasar nada, porque ella pensaba que él era gay.

—Recuéstate aquí, con cuidado —le dijo el pelinegro, ayudándola a caer de espaldas sobre su cómoda cama, pero una vez el cuerpo de Ino rozó el colchón, no soltó los hombros de Sai, provocando que él cayera sobre ella en una comprometedora posición—. I-Ino-chan —se quejó, al sentir como una de las rodillas de ella rozaba -aparentemente- por accidente, su zona masculina.

—Sai… —lo llamó ella, atrayéndola hacia sí misma con sus brazos puestos alrededor de su cuello, de pronto el chico podía sentir que rozaba sus labios—. ¿De verdad eres gay?

Él lo meditó por un momento. ¿Qué sentido tenía seguir con el jueguito ahora? Lo mejor era aclararlo todo de una vez, así ella dejaría de pensar cosas que no son de él y él podría disfrutar del estar con una mujer como ella.

—No —dijo por fin, mirándola a los ojos, sintiendo que se ahogaba en ellos—. No lo soy, Ino-chan, y me gustas mucho —confesó con una sonrisa, justo antes de besarla. Ino no se resistió a aquel roce, primero suave, pero a medida que pasaba el tiempo, se hacía cada vez más apasionado y frenético, Sai no recordaba haber conocido a una chica que le besara así. Sus manos no tardaron en deslizarse por el perfecto cuerpo, tocando sus piernas y su cintura, al mismo tiempo que le rodeaba el cuello. Podía escuchar como ella le pedía que no parase, parecía realmente decidida, pero toda aquella magia de pronto se esfumó con lo siguiente que ella susurró.

—Kiba… —y ante la mención de ese nombre, Sai se separó de golpe de ella, mirándola algo sorprendido. Trató de procesar la información, pero cuando lo hizo, ya era demasiado tarde, Ino se había quedado dormida sobre su cama, justo debajo de su cuerpo. Él se alejó de ella y se sentó, confuso, sin entender exactamente lo que había pasado, sólo podía pensar que mientras Ino lo besaba, estaba pensando en él, y eso no le había gustado para nada.

—Kiba… —repitió con cierta rabia, cerró sus ojos y soltó un suspiro; ella estaba ebria, después de todo, ni siquiera tendría que haberla besado en primer lugar.

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Sakura estaba preocupada, ya eran casi las dos de la mañana e Ino no había llegado, ciertamente, ya comenzaba a pensar cosas malas, por eso apenas oyó el timbre, corrió como una loca a abrir, pensando que tal vez a su amiga se le habrían olvidado las llaves, pero no se trataba de Ino para nada, sino de alguien completamente diferente.

—S-Sasuke… —murmuró Sakura algo sorprendida, no esperaba verlo en ese lugar ni mucho menos en el estado en el que se encontraba, se veía mal, borracho y triste—. ¿Qué tienes? —no pudo evitar dejar a un lado la frialdad con la que lo había estado tratando para acercársele y tratar de ayudarlo, haciendo que se apoyara en ella para meterlo a su hogar. Con cuidado cerró la puerta y lo sentó sobre el sofá —. Sasuke… ¿por qué te has puesto así? —quiso saber, pero él sólo la jaló de la muñeca, haciendo que prácticamente quedara sentada sobre él.

—Sakura… ayúdame, no sé qué pasa conmigo… no lo sé —su voz sonaba llena de dolor y confusión, logrando conmover el débil corazón de la chica enamorada, que no pudo más que abrazarle, a pesar que durante esa misma tarde le había echado de su casa. No soportaba ver así a Sasuke, jamás había podido verle mal, nunca.

—Por favor, deja de hacerte esto —le rogó, refiriéndose a su problema con la bebida—. Deberías irte a tu casa, déjame sola y ve con Hinata.

—¿Quieres que me vaya? ¿Por qué? ¿Acaso va a venir Naruto? —inquirió con el ceño fruncido. Movió a la peli rosa de su regazo y se puso de pie, furioso—. ¡¿Estás esperándolo a él?!

—¡¿Qué sucede contigo?! —exclamó Sakura en voz muy alta, sin importarle si algún vecino los llegaba a escuchar—. ¡¿Cuál es tu derecho de reclamarle algo a mí?! ¡Tú eres un hombre casado y no eres nada mío, nada!

—¡Soy tu amigo, Sakura! —respondió el azabache, dando zancadas hacia ella para tomarla bruscamente por los hombros—. ¡Soy el hombre que tú amas! —le gritó esta vez, dejándola a ella con los ojos abiertos. Sin decir nada más, la empujó sobre el sofá y comenzó a besarla a la fuerza, estaba fuera de sí, no sabía lo que hacía, sólo podía pensar en poseer a Sakura para librarse de su rabia.

Ella, obviamente, no estaba de acuerdo con lo que estaba pasando, así que había comenzado a gritar y a patalear, pero contra Sasuke no tenía nada que hacer. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas cuando sintió como él la acariciaba bruscamente y de pronto había desgarrado su blusa, dejando a la vista su brasier de color rosa claro.

Él se separó levemente, para luego comenzar a besar su cuello de forma posesiva, mientras Sakura no dejaba de llorar.

—Por favor… —rogó en un momento—. Sasuke-kun… para… por favor… para…

Al oír aquella súplica, Sasuke por fin fue consciente de lo que hacía. Se separó de ella con los ojos muy abiertos, como si acabara de despertar de un trance. La miró a los ojos y al darse cuenta de cómo ella estaba llorando, con la ropa desgarrada y la piel ligeramente marcada, se sintió la peor escoria del planeta. No podía creer cómo fue capaz de hacerle eso a la que por años había sido su mejor amiga, a la persona que le confesó que siempre lo había amado.

¿Qué estaba pasando con él?

Se levantó de golpe y sin decir una palabra, salió corriendo de ahí. Esto había sido el colmo, ya no podía seguir así o terminaría cometiendo una estupidez aún peor.

Ya no tenía cara para volver a ver a Sakura nunca más.

La peli rosa sólo se levantó, aun temblando por la conmoción y con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Se cubrió el rostro y se permitió llorar a todo pulmón, aún sentada en el sofá. Ya no reconocía a Sasuke, ya no era la persona de la cual se había enamorado y eso era realmente triste.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Estaba parado afuera del departamento como un idiota, con las manos en los bolsillos del pantalón y un cigarrillo casi totalmente consumido en su boca. Dio la última bocanada de humo y arrojó la colilla a un cesto de basura que estaba cerca. Respiró hondamente dos veces y, finalmente, tocó la puerta.

Los segundos que pasaron le parecieron eternos, no hacía más que golpear su pie derecho contra el suelo, impaciente, hasta que, de un momento a otro, la puerta se abrió, dejando ver a la mujer, la cual llevaba por vestimenta un simple camisón.

—Perdón por la facha, pero te demoraste tanto que pensé que ya no ibas a venir, y estaba acostada —dijo Temari con una sonrisa un tanto fingida. Más bien parecía que había planeado demasiado bien la situación.

—Claro… —El Nara no quiso discutir aquello, simplemente entró al departamento en cuanto ella le extendió su mano hacia el interior, invitándole a pasar. Le indicó que se sentara en uno de los sillones individuales que adornaban la sala y ella tomó asiento frente a él—. Bueno… ¿para qué querías verme?

—Tengo algo que te puede interesar —Temari estiró su mano izquierda, tomando con ella una carpeta roja que estaba sobre la mesita de la sala—. Aquí tengo todo lo que me pediste, no lo he mirado aún —esbozó una sonrisa.

—¿Ah no? ¿Y eso por qué? —preguntó frunciendo el ceño.

—Sé que es algo importante para ti, supongo que no quieres que muchos más se enteren, ¿no es así? Por suerte para ti, tengo unos amigos muy confiables y que son rápidos en obtener información, a mí no me interesa realmente lo que dice aquí, sino lo que puedo conseguir con esto.

—¿Y eso sería?

Temari se levantó de su asiento sin decir una palabra, lo que puso tenso e incómodo a Shikamaru, pero tampoco se atrevió a decir nada. Sus ojos se abrieron levemente cuando notó cómo la mujer rubia se le acercaba sugerentemente, contorneando sus caderas y mostrando de forma sensual sus largas piernas desnudas, debido al corto camisón de dormir.

Shikamaru no supo en qué momento ella se había sentado sobre sus piernas, le rodeó el cuello con sus brazos y sus labios estaban rozándose de forma nada inocente. Se sentía como si estuviera siendo acosado o violado, pero eso no le importaba, sin embargo, no era capaz de responder, no de la forma en que lo quería. A duras penas sus labios lograron moverse al mismo ritmo de los de la Sabaku No, pero sus manos seguían a los lados de su cuerpo, torpemente apoyadas sobre el sillón.

—Eres tú, Shikamaru —respondió finalmente Temari al separarse, mirándole a los ojos y notando su sorpresa. Sonrió de una forma desconcertante antes de separarse de él, lanzándole un beso desde lejos antes de tomar la carpeta roja—. Aunque con esto tengo suficiente por ahora, ten, es toda tuya.

—Eh… claro, gracias —dijo Shikamaru, aún absorto ante lo que acababa de pasar. Si tan sólo pudiera reaccionar un poco mejor ante esas situaciones, no se estaría sintiendo como un estúpido ahora—. Tengo que irme, Temari —avisó poniéndose de pie—, nos vemos en la empresa.

—Nos vemos —dijo Temari, observando como el Nara le daba la espalda y cerraba la puerta de su departamento, dejándola sola. Se dejó caer sobre el mismo sofá en donde estaba él sentado, soltando un suspiro—. ¿Qué sucede contigo? ¿Es que acaso en verdad no te gusto?

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió decepcionada de sí misma, sin saber lo que pasaba en realidad, para ella, la reacción de Shikamaru sólo podía significar que él no sentía nada por ella.

Por otro lado, el Nara se apoyó contra la puerta cerrada, sacando rápidamente un nuevo cigarrillo y secándose el sudor de la frente.

—Qué problemático —murmuró con el ceño fruncido. Apretó la mano que sostenía la carpeta y finalmente decidió marcharse, cuanto estuviera en casa, vería qué rayos contenía aquel objeto.

No sabía que se sorprendería.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

El día había llegado por fin, después de una noche tan larga y llena de acontecimientos que difícilmente serían olvidados, el sol volvía a brillar, anunciando un nuevo amanecer.

Hinata estaba alistando a su hija para ir a la escuela, le arreglaba los calcetines blancos y luego le puso su mochilita rosada. Le arregló un poco el cabello y luego le sonrió.

—Ya estás perfecta —le dijo dulcemente. Como estaba agachada para quedar a la altura de la niña, tuvo que ponerse de pie para poder tomarle la mano, de esta manera, la guio hasta la salida, en donde le esperaba el chofer de la casa—. Por favor, cuide bien de ella, aún está un poco delicada.

—Descuide, Hinata-sama —le dijo el hombre, haciendo una leve reverencia.

—Mami… ¿dónde está papi…? —preguntó la pequeña de pronto, haciendo que un leve escalofrío recorriera a Hinata y una expresión un poco triste apareciera en su rostro.

—Él… ya se fue a la oficina, tenía muchas cosas que hacer hoy, pero te mandó un gran beso —volvió a poner una sonrisa y se acercó a Hime, dándole un tierno beso en la frente y un apretado abrazo. Vio de reojo los grandes y azules ojos de su hija y por un momento dudó seriamente sobre la decisión que había tomado anoche, pero volvió a sentirse valiente cuando la vio sonreír—. Mucha suerte en la escuela, amor, que te vaya bien.

—¡Sí, mami! —respondió la niña, dando pequeños saltitos antes de ser guiada hacia la salida por el chofer.

—Sasuke… —susurró Hinata en cuanto Hime se fue, bajando la mirada y volviendo a ponerse triste, pues en realidad estaba muy preocupada y se sentía un poco culpable por haber decidido decirle la verdad a Naruto, cuando para su hija, Sasuke siempre había sido su padre—. ¿En dónde habrás pasado la noche? —se preguntó.

Poco tiempo después, tomó sus cosas y se fue a la oficina, esperaba al menos encontrarse a Sasuke allá en algún momento, también necesitaba hablar seriamente con él.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Gaara iba sumido en sus pensamientos, completamente distraído y sin prestar atención a nada de lo que sucedía a su alrededor. Su mente viajaba una y otra vez a lo sucedido la noche anterior, al momento en que estuvo tan cerca de obtener a Matsuri, pero ella huyó. ¿Por qué se sentía tan feliz entonces? ¿Era acaso la satisfacción de saber que ella no tenía ni había tenido a nadie más?

Sí, seguro que era eso. Y aunque hubieran pasado todas esas cosas entre ellos y hubiese admitido ante sí mismo que ella era especial, él no quería reconocer sus sentimientos, porque para él, eso era algo que hace tiempo había perdido, eso quería pensar firmemente, pero las cosas no estaban resultando así. No podía creer que aún siguieran ahí, que aún los tuviera… y que se sintiera tan bien la sensación de querer a alguien nuevamente, a alguien muy diferente de la anterior.

—Matsuri… —ese nombre escapó sin querer de sus labios. En ese momento, el ascensor se abrió para llevarlo a su piso, pero la castaña entró corriendo, consiguiendo abordarlo antes que él—. Hey, ¿estás muy apurada? —le preguntó en tono de broma, haciendo que ella se sonrojara en cuanto vio como las puertas se cerraban, encerrándoles sólo a ellos dos en aquel estrecho lugar.

—Perdón —se disculpó apenada Matsuri, pero más que apenada, estaba completamente nerviosa. De sólo pensar en lo ocurrido anoche, se le ponía la piel de gallina y el cuerpo entero le temblaba como si estuviera hecha de gelatina. Era tan humillante sentirse así, saberse culpable por lo que había hecho con Gaara, sin embargo, él hasta se veía muy feliz, alguien como él no podía entender la culpa de una persona comprometida que terminaba siendo infiel.

Ella no fue capaz de decirle otra palabra, ni siquiera podía mirarlo a la cara, cosa que lo comenzaba a exasperar.

—Oye… ¿sucede algo malo? —se atrevió a preguntar por fin, pero en ese instante, las puertas se abrieron y sin que Matsuri le diera aún una respuesta, salió corriendo hacia su puesto de trabajo y ahí se quedó, dejándolo confuso.

Por un momento, una pequeña punzada de dolor se asomó en su pecho, pero no iba a permitir que se le notara, así que caminó como siempre, como todo un rey, hasta entrar a su oficina y cerrar la puerta, pero una vez ahí su expresión lo delataba; estaba realmente consternado.

—¿Qué te pasa, Matsuri…?

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Abrió sus ojos azules y sintió que todo le daba vueltas. La cabeza se sentía como si le estuvieran martillando y el cuerpo estaba pesado, jamás se había sentido tan mal.

—¿Pero qué demonios…? —se preguntó confusa. Se sostuvo la cabeza, notando todo su cabello enredado y revuelto, lucía horrible—. ¿En dónde estoy?

—Estás en mi casa —se oyó una voz grave y masculina. Por un momento, Ino se tensó, pensando que habría pasado la noche con cualquiera, sin embargo, se tranquilizó al ver que se trataba de Sai, el cual le ofrecía una humeante taza de café, seguro para pasar la resaca—. Tuve que traerte, estabas muy mal.

—Cuánto lo siento, que vergüenza —dijo la rubia bajando la mirada. Recibió el café y enseguida le dio un sorbo, descubriendo que estaba delicioso—. En verdad perdón, Sai… ¿Dije o hice demasiadas estupideces anoche? —se atrevió a preguntar, asustada por lo que pudo haber pasado estando ebria.

—¿No lo recuerdas? —inquirió el pelinegro.

—No, no recuerdo nada a parte de haber ido a un bar contigo —reconoció la rubia, negando con la cabeza—. Dime la verdad, Sai… ¿Hice alguna locura? ¿Algo de lo que deba arrepentirme? —lo miró a los ojos, esperando la respuesta deseada, porque confiaba en él y sabía que jamás le mentiría, para ella, Sai no era como ninguno de esos hombres traicioneros, era el más honesto de todos.

Sólo me besaste y lo olvidaste, sin contar el hecho de que me llamaste Kiba —pensó en decirle Sai, pero incluso él sabía que aquellas palabras no debían ni ser pronunciadas, sobre todo, cuando tenía frente a sus ojos la mirada suplicante de la rubia. Lo único que pudo hacer fue sonreír, de esa forma que siempre lo sacaba de las malas situaciones—. No, logré sacarte a tiempo, así que todo está bien.

—Que alivio —suspiró la Yamanaka, sonriendo, para luego mirar nuevamente al chico, dejando el café de lado y dándole un cálido abrazo—. Gracias, Sai, eres el mejor amigo que alguien podría tener.

Sai sólo le correspondió el abrazo sin decirle nada, sintiendo de pronto una inquietud nada cómoda en su pecho. Era como… sufrimiento.

—¡Ah, estoy atrasada para el trabajo! —exclamó de pronto Ino, parándose de la cama como un rayo. Si no se daba prisa, seguramente esta vez sí que Sasuke la mataría.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Temari había llegado temprano a la oficina con la esperanza de ver a Shikamaru y hablar con él, sin embargo, se decepcionó un poco cuando le dijeron que él no vendría hoy a trabajar. De verdad estaba harta, si Shikamaru no estaba interesado en ella, entonces tal vez lo mejor sería dejarlo en paz y buscarse a otro hombre, aunque fuera para lograr quitarse esa obsesión que sentía por el pelinegro. ¿Pero quién le serviría para su cometido?

Por más que lo pensaba, nadie en la oficina le parecía el indicado; Sasuke era casado. Neji -aunque era guapo- tenía un enredo demasiado raro y tormentoso con Tenten. Naruto y Sai, ni hablar, ese par eran los más extraños de todos.

¿Entonces quién?

Y fue entonces que obtuvo su respuesta, en cuanto le vio pasar directamente a hablar con la secretaria de Sasuke, pidiendo entrar a ver a su hermano menor.

—Itachi —una mueca de malicia se formó en los labios de Temari al susurrar aquel nombre, el nombre de su próxima víctima.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Y cuéntame, ¿cómo te sientes respecto a esa mujer? —preguntó el misterioso hombre de gafas negras, anotando todo lo que sucedía en una libreta, mientras observaba a su paciente recostado en un diván, mirando al techo, divagando en sus propios pensamientos.

—La verdad es que ella me intimida de sobremanera, pero también me gusta. Es hermosa, y problemática, cuando sonríe parece iluminarlo todo y cuando se enoja se ve aún más problemática —respondió el Nara, teniendo en su mente una imagen de Temari.

El psicólogo, Shino Aburame, se ajustó sus anteojos con una sonrisa. La verdad había tratado diversos casos como el de Shikamaru y estaba seguro de poder ayudarle.

—Ya veo —fue todo lo que dijo en ese instante, recordando por un momento la visita de hace unos días de su amiga Hinata. Ella tenía en verdad problemas graves, toda su vida se había dejado manipular por su padre y él esperaba poder hacer algo para que eso no continuara de esa manera—. Bueno, prosigamos —dijo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Cuando Naruto llegó a la empresa, lo primero que hizo fue subir al piso de Hinata. No le importaba ni hacer su trabajo o que cualquier otra persona le estuviera llamando, en ese momento, lo único importante era enfrentarla, decirle todo lo que sentía.

Pasó de largo a todas las personas, incluso a la secretaria que le advertía que la señora Uchiha estaba ocupada en una importante llamada, él simplemente la ignoró y atravesó la puerta, cerrándola con seguro tras su espalda. Notó como justamente en ese momento la ojiperla terminaba su llamada y le miraba sorprendida.

—¿Naruto? —lo llamó, arqueando una ceja con confusión—. ¿Se te ofrece algo? ¿Qué haces aquí?

El rubio no le respondió, sólo podía mirarla fijamente, de manera penetrante, persistente, provocando que el cuerpo de Hinata se tensase. Hace tanto tiempo que no la miraba así… con esa intensidad que ella podía percibir como si le estuviese quemando la piel. Se sintió abrumada de pronto, por lo que tuvo que ponerse de pie para encararlo, mirándolo enojada.

—¿Es que acaso no vas a hablar? —cuestionó, pero como la vez anterior, no consiguió una respuesta—. Hey… ¿estás bien?

En ese momento, el rubio la tomó por los hombros, sin brusquedad, pero tampoco fue demasiado delicado. El corazón de Hinata pareció querer estallar con aquella acción, se sentía como las típicas mariposas en el estómago, esas que siempre sienten los enamorados.

—N-Naruto…

—Perdóname —la interrumpió él, aún sin dejar de mirarla, sentía que, si la dejaba de mirar, perdería totalmente la convicción que hasta ahora había ganado.

—¿Qué? —interrogó la ojiperla, sin creer que había escuchado esas palabras, pensando en que sus oídos la engañaban, pero no. De pronto, la calidez del cuerpo de su -aún- amado Naruto la rodeó en un fuerte abrazo, dulce y a la vez protector, arrepentido.

—Perdóname, Hinata —repitió el rubio, consternado, abrumado por saber que había cometido el peor error de su vida al haber tratado de vengarse de ella, de la mujer que amaba, de aquella que en realidad nunca le traicionó, esa mujer dulce y buena que habían arrancado de sus brazos a la fuerza, obligándole también a nunca decirle la verdad sobre su hija. Quería acabar personalmente con ese desgraciado de Hiashi Hyûga, hacerle pagar por cada una de las lágrimas que Hinata había derramado, pero sabía que este no era el momento de eso, así que sólo pudo seguir hablando—. He sido un imbécil todo este tiempo, queriendo lastimarte… haciéndote todo ese daño, yo… sé que me merezco tu odio y tu rechazo, pero no puedo quedarme callado.

—¿De qué se trata esto?

Hinata se alejó de Naruto de forma brusca, rompiendo el abrazo y alejándose unos cuantos pasos de él, pensaba que Naruto nuevamente estaba jugando con ella, pero no estaba preparada para lo que tendría que escuchar.

—Lo sé todo, Hinata —dijo el hombre, sin titubeos, mirándola de una forma totalmente diferente a la que lo había hecho en los últimos días, por primera vez en mucho tiempo, Hinata había podido ver en sus ojos el reflejo de la misma ternura y amabilidad que cuando le conoció; era ese Naruto que la había enamorado—. Hinata, sé que Hime-chan es mi hija.

Y ante lo escuchado, Hinata tuvo que apoyarse sobre su escritorio para no caerse por la impresión recibida.

¿Es que acaso había oído bien?

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Kiba estaba sentado sobre un sillón de color negro que adornaba su oficina, tenía el teléfono en la mano y marcaba una y otra vez el número de Ino, pero siempre le respondía la contestadora automática. A su lado, su mascota, un enorme perro blanco, sólo le veía mientras éste se cabreaba y arrojaba el aparato.

—Demonios… Ino… —masculló con molestia. Todavía no podía arreglar las cosas con su novia y eso le hacía sentir terriblemente, ya no soportaba más el no tenerla a su lado, sin embargo, no había manera de hacerla entrar en razón—. Las mujeres están locas… ¡Están todas locas!

—Más loco eres tú, que gritas solo y sin razón aparente —Kiba se volteó al escuchar aquella voz, notando la figura de la menor de la familia Hyûga, la cual le miraba con una sonrisa maliciosa. En cuanto notó aquello, se sintió en verdad ofendido, recordando que todo lo que le estaba pasando ahora había sido por culpa de ella, porque esa pequeña mocosa había torcido las cosas con Ino, pero ya iba a ver que con él nadie se metía, ni aunque fuera una niña la pensaba perdonar.

—Deberías tocar cuando entres a la oficina de alguien, además, no tengo ganas de verte ni intenciones de atenderte hoy —le dijo cortante, sin si quiera mirarla, cosa que no le agradó para nada a la chica, la cual borró enseguida su sonrisa.

—¿Qué te pasa conmigo? ¿Desde cuándo tengo que golpear para entrar en tu oficina? —preguntó con el ceño fruncido.

—Desde que yo lo digo —respondió Kiba, aún sin pararse de su lugar, cosa que Hanabi aprovechó para acercarse más de la cuenta a él, sentándose sobre el apoyabrazos y tomando al castaño del mentón, para obligarlo a verla a los ojos—. ¿Qué haces? —cuestionó Kiba enojado.

—Quiero que me mires y me digas la verdad —habló ella, sin sentir el menor temor por el enojo del veterinario—. ¿Es esa Ino más bonita que yo? ¿Tiene algo que yo no tenga para que no me voltees siquiera a ver?

Kiba se había quedado sorprendido por las preguntas y no fue capaz de responderlas, tampoco es que Hanabi le hubiese dejado hacerlo, pues sin previo aviso, ya le estaba besando, tomándolo por sorpresa.

Justo en ese momento, y como la puerta estaba abierta, alguien se asomó con una animada sonrisa.

—¡Hola Kiba, yo venía a…! —pero al ver la escena, la chica se quedó congelada, sin poder apartar sus ojos negros.

Cuando Kiba escuchó su voz, apartó rápidamente a Hanabi y se puso de pie como alma que lleva el diablo, notando a la chica que seguía parada en su puerta.

—Eh… Sasame, hola… —saludó nervioso, tratando de hacer como si no hubiese pasado nada, pero obviamente para la joven, no era así.

—Y-yo… lamento interrumpir —y salió corriendo luego de esas palabras.

Kiba miró duramente a Hanabi, la cual no parecía sentirse culpable en lo más mínimo, sólo sonreía como una loba a punto de cazar a su presa, pero Kiba pasó rápidamente de eso, pues no dejaba de pensar en la tristeza que acababa de ver en los ojos de Sasame.

¿Qué significaba aquello?

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Sai miró el pasaje de avión que tenía en su mano; era un vuelo en clase normal directo hacia Osaka, el lugar en donde se encontraba su objetivo, el hombre que llevó los dos casos que él y Naruto estaban investigando; ese sujeto sabía algo que nadie más sabia y era su deber descubrirlo, así como también cuál fue el motivo de la muerte del gemelo de Hiashi, Hizashi.

Lo último lo estaba averiguando con ayuda de un interesante colega. ¿Quién hubiera pensado que ese sujeto pertenecía a las fuerzas especiales de la policía de Japón? Pensar que no parecía más que un niño rico…

—Encontraré a Danzou —se dijo decidido. En este momento, los problemas que pudiera tener con cierta rubia de ojos azules, carecían de importancia.

Nada era más importante que hacerle justicia a su hermano.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—¿D-de qué estás hablando? ¿Q-quién te dijo eso? —preguntó Hinata, con la respiración agitada y los ojos muy abiertos, estaba claramente aterrada. No pensó que las cosas resultarían así, se suponía que ella debía decirle, ¿cómo es que Naruto lo sabía? ¿Y qué había querido decir con que lo sabía todo?

—Sasuke me lo contó… él… me dijo que Hime era hija del tipo que conociste en Okinawa —Naruto se mostró dolido—. En ese momento él no lo sabía, pero yo sí, Hinata, yo sí sé que ese tipo fui yo… aún recuerdo claramente lo que sucedió entre nosotros… la forma en que nos amamos.

—¡Cállate! —exclamó la ojiperla, sin poder evitar el romper a llorar, ahora que estaba escuchando todo aquello, había vuelto a sentir el dolor de las punzantes palabras de Naruto, era como un cuchillo clavándose en sus entrañas—. No repitas eso nunca más… no quiero recordar nada de eso… no quiero volver a sentir este dolor al saber que ya nada es como antes.

—Pero no puedes borrar el pasado, Hinata —le recordó Naruto de forma obvia—. Sabes perfectamente qué fue lo que pasó, sabes que… que en ese entonces lo eras todo para mí —bajó la mirada—. Y lo sigues siendo.

—¿Cómo puedes decirme eso ahora después de todo lo que me has hecho? ¡Después de hacerme el amor y de dejarme abandonada al día siguiente! —gritó ella, sin importarle ya si era oída por cualquier persona, ya no podía seguir callando, soportando ese dolor que por seis largos años había tenido que aguantar en completo silencio, sin poder quejarse, sin poder hablarlo más que con uno de sus amigos.

Siento que la vida se me va

Siento que el silencio se apodera más de mí

Siento que llegó la soledad

Y plantó bandera en mí

Para dar refugio a este final

—¡Lo sé y no sabes cuánto me arrepiento! —ahora fue el turno de Naruto de perder los estribos, porque tenía que hacerle ver a Hinata lo que sentía, tenía que conseguir su perdón; simplemente, no podía perderla—. ¡Sé que he sido el peor de los bastardos, lo acepto! ¡Pero te amo, Hinata! ¡Te amo y no quiero volver a perderte!

—¡Fui yo la que te perdió! —Hinata se le acercó, dándole un golpe en el pecho. Seguido de eso, dejó escapar aún más lágrimas—. Yo… yo nunca quise abandonarte…

—Lo sé… no tienes que decirlo…

—Pero quiero decirlo, necesito hacerlo… necesito que sepas cómo me sentí —dijo azorada por las lágrimas, alzando la cabeza para mirarlo y así transmitirle su dolor—. Esa noche a tu lado fue la más hermosa de mi vida, jamás creí que a la mañana siguiente mi padre me encontraría…

—¿Por qué no me lo dijiste en ese momento? ¡¿Por qué tenías que huir de mí, Hinata?!

—¡Tuve miedo! —admitió la Hyûga, aferrando sus puños a la camisa blanca de Naruto, el cual también mantenía una expresión llena de dolor en su rostro y las lágrimas enmarcaban sus ojos azules, pero ninguna caía—. No conoces a mi padre, no sabes de lo que es capaz… incluso llegué a pensar que podría matarte… además, me amenazó con destruir la vida de mi hermana si yo no cumplía casándome con Sasuke… ¿qué querías que hiciera? ¿Acaso podía pensar sólo en mí en aquella situación?

Naruto no pudo decirle una palabra, jamás creyó que Hinata hubiese tenido que tomar tal decisión tan dolorosa sólo por él y por su hermana. Y sí, claro que conocía a Hiashi y sabía muy bien de lo que era capaz, después de todo, ese maldito bastardo había sido quien asesinó a su padre; hasta ahora lo seguía creyendo así.

—Sentí tanto dolor cuando tuve que dejarte, sólo te pude escribir una miserable nota porque no quería que me buscaras, no quería que mi padre supiera acerca de ti… estaba tan asustada de que te pudiera hacer algo…

Siento que mi día se nubló

Siento que mis ojos vuelven a llorar

Siento que me abraza el dolor

Y que no me deja respirar

—Soy la peor basura del planeta, Hinata… —dijo Naruto, cubriéndose la cara con la mano derecha—. Yo nunca pensé en ti, sólo pensaba en mi dolor, en que yo había sido traicionado… en que fue un error enamorarme de ti… yo… siempre pensé sólo en mi —repitió, enredando los dedos en su cabellera rubia y jalando de ella, a ver si el dolor físico le hacía sentir mejor, pero no servía para nada, nada cambiaba, todo seguía siendo igual de terrible para él y para ella.

—Cuando llegué a Tokio, todo estaba listo para la boda —Hinata siguió hablando, sin atreverse a mirar a Naruto y aun aferrándose a su camisa—. Yo había escapado cuando me fui a Okinawa, por eso mi padre estaba furioso conmigo y se sentía avergonzado con su amigo, el señor Fugaku. Yo no quería casarme, pero no pude hacer nada.

—¿Y Sasuke?

—Él sólo estaba ahí, mirándome, sonriéndome… y aquella noche… cuando le dije que no podía hacerlo, me prometió que me iba a esperar.

El rubio no pudo evitar sentir una punzada de culpa por lo que debió haber pasado Sasuke, por haber amado tanto tiempo a una mujer que jamás le correspondió. Si él hubiese sabido todo desde el principio, jamás habría dejado ir a Hinata de su lado, de eso estaba muy seguro ahora, incluso si hubiese descubierto que ella era una Hyûga.

—Entonces pasó un mes… comencé a sentirme mal y… y descubrí que estaba embarazada.

—De Hime-chan… —Naruto se sintió orgulloso al decir el nombre de su hija, de la niña que sin saberlo, llevaba su sangre y que también poseía sus ojos. Desde la primera vez que la vio, sintió aquella conexión, nunca imaginó que ella fuese su propia hija, por lo mismo le parecía que aquel lazo entre padre e hija era sin duda algo mágico, puesto que los dos se habían agradado y querido desde un principio.

—Ella ha sido mi mayor tesoro, desde el momento en que supe que iba a nacer —por fin Hinata se atrevió a levantar la mirada, observando a Naruto fijamente a los ojos y esbozando una pequeña sonrisa—. Ella siempre fue la pequeña parte de ti que me llevé conmigo, y que siempre me recordó cuánto te amaba… cuánto te amo…

—Y lo seguirás haciendo… ¿verdad? —preguntó acariciándole el cabello. Ahora comprendía todo, entendía el sufrimiento de Hinata y se sentía culpable por hacerle aún más daño, pero sentía que aún estaban a tiempo, a pesar de todo, de que ella fuese hija de quien era, de que estuviera casada con su mejor amigo, aun así, él la seguía amando—. Hinata… ahora entiendo que nunca fue un error enamorarme de ti… que jamás dejaste de ser esa chica dulce que conquistó mi corazón, era yo el que estaba equivocado, soy yo el que no te merece… por eso te lo suplico, perdóname por ser el mayor imbécil que pisa la tierra.

Perdóname, perdóname

Si no supe amarte cómo quieres

Perdóname, perdóname

Nadie ocupará en mi alma tu lugar,

Si vuelves

En ese momento, Hinata sólo podía mirarlo sin saber qué decir. Ciertamente, nada de eso había sido culpa de Naruto, comprendía perfectamente su odio hacia ella, pero el daño que le hizo no era algo que ella pudiera olvidar de un día para el otro y con sólo unas disculpas.

—No lo sé —respondió, volviendo a alejarse—. Naruto… ya no sé ni qué pensar…

—Entonces no pienses —le retó el rubio, tomándola por el brazo de forma brusca, para obligarla a pegarse a su cuerpo. Con su mano libre la tomó del mentón, mirándola fijamente, sintiendo su suave aliento—. No pienses en nada, Hinata, sólo déjate llevar.

Después de esas palabras, Hinata sólo pudo sentir los labios del rubio sobre los suyos, acelerando los latidos de su corazón, curando las heridas de su alma. Naruto por fin había regresado a ser aquel que tanto amó, ese que con su sonrisa y su alegría la había conquistado de por vida. Y sólo pudo corresponder lentamente, rodeándole por el cuello con sus brazos. Sus labios se movían a un suave compás y sus lenguas se habían vuelto a encontrar después de tanto tiempo.

Porque, aunque existía dolor y existían heridas, en ese momento, el amor que ambos sentían era más fuerte que todo.

Porque ambos sabían que su historia aún no tenía fin.

Continuará…

Pequeño Omake:

Aparece Tenten golpeando una puerta que dice "oficina de la escritora". Se muestra muy molesta, insistiendo en querer entrar.

Aburrida me dirijo a ella, abriéndole la puerta.

—¿Sucede algo, Tenten? —le pregunto intrigada.

—Claro que sucede… ¡Claro que sucede! —exclama molesta—. ¿Cómo es posible que en este capítulo Neji me haya dejado sola en el baño después de besarme? ¡A mí, a Tenten Ama!

La miro arqueando una ceja, preguntándome si no se habrá pegado en la cabeza esta mañana.

—¿Y eso te molesta?

—¡Claro! —responde exaltada.

—Ay, mira, ya, para que no te enojes, te dejaré leer un adelantito de lo que viene, ¿vale? —le digo con una sonrisa, a lo que ella asiente aún enojada y me pasa de largo para dirigirse al PC y ponerse a leer.

Diez minutos después…

—¿Y bien? —le pregunto.

Tenten sólo me muestra el dedo gordo, con la cara completamente roja y sangrando por la nariz.

—E-está bien… l-lo apruebo —dice avergonzada.

—Sabía que dirías eso —le digo arqueando las cejas, antes de que ella caiga desmayada—. ¡Hey, desmayo en la oficina principal! —grito a todo pulmón—. Esta sí que es pervertida…

Fin omake.