Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Canción: What About Now - Daughtry.
Advertencia; Lime.
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Capítulo 16: Por ti daría todoSentir esos labios sobre los suyos era casi como un bálsamo para sus heridas. En ese momento, ella no podía pensar en nada que no fuera el instante que estaba viviendo al lado del hombre que siempre había amado. Las cosas que él le hizo no tenían importancia, pero lentamente todo ese dolor fue regresando a ella, haciendo que fuera imposible poder seguir al lado de Naruto.
—No —le dijo, apartándole suavemente de su lado, a lo que Naruto le miró confuso—. No puedes sólo venir aquí, decirme que lo sientes y esperar a que te perdone.
—Pero Hinata… —Naruto trató de decir algo, pero fue interrumpido por la chica, la cual le miró aún dolida por todo lo que acababa de pasar dentro de aquella oficina.
—No quiero verte en este momento, necesito estar sola, por favor.
El rubio quiso volver a replicar, pero al ver la expresión de desespero de Hinata, entendió que lo mejor que podía hacer era dejarla a solas. Lentamente caminó hacia la puerta, pero una vez ahí, se detuvo, volteándose para mirarla.
—Quiero que sepas algo, Hinata —dijo, llamando la atención de la chica—. Ahora que sé toda la verdad, no pienso renunciar ni a mi hija, ni a ti, así que no pienses que no regresaré a buscarte —sin más, se alejó tras la puerta, dejando a Hinata a solas y tremendamente shockeada por todo lo recién acontecido.
Ella se dejó caer sobre su asiento, respirando agitadamente.
—¿Qué haré ahora? —se preguntó confusa y preocupada. Naruto sabía toda la verdad ahora, por una parte, se sentía aliviada, ya no tenía que seguir ocultándole que Hime era su hija, pero por el otro lado, ahora tenía más miedo que antes; Naruto no estaba dispuesto a ceder, no pensaba abandonar el lugar que por derecho le pertenecía. A pesar de que estos seis años ella haya estado viviendo una mentira junto a Sasuke, ahora tenía demasiado miedo de que esa mentira se cayera como un castillo de cartas, de tener que enfrentar a su padre y a toda la sociedad, porque sería marcada por todos.
Pero ¿qué era realmente más importante para ella? ¿Acaso lo que otros pensaran era incluso más valioso que su propia felicidad y la de su hija?
De verdad necesitaba pensar muy bien cómo proceder de ahora en adelante.
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Sasuke se encontraba encerrado en su oficina, reflexionando sobre todas las estupideces que había cometido anoche tras emborracharse, ni siquiera fue capaz de regresar a su casa, porque no podría mirar a Hinata y a su hija después de lo que hizo. ¿Cómo había sido capaz de hacerle eso a Sakura? ¿Qué culpa tenía ella de todas sus estupideces? Sakura lo había amado siempre, y él muy estúpidamente había pensado que esa sería razón suficiente como para que ella le quisiera consolar siendo su amante, pero estaba tan equivocado, estaba tan errado.
—Sakura… —susurró débilmente. No podía siquiera imaginar lo que ella estaba sintiendo en el momento en que él llegó y le obligó a estar con él, aunque se había detenido justo a tiempo, si no lo hubiese hecho, habría terminado por convertirse en un violador. Definitivamente, no podía volver a darle la cara, no podía volver a verla nunca más en la vida.
Ya no la vería nunca.
—Sasuke —oyó la voz de su hermano Itachi, quién había entrado sin aviso a su oficina y cerró la puerta tras él—. Sasuke, ¿estás bien? —le preguntó al ver que Sasuke parecía no notar su presencia.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó el Uchiha menor, tratando de parecer más repuesto de lo que estaba hace unos segundos. Todavía seguía teniendo una relación distante con su hermano mayor, muy pocas veces se dirigían la palabra y no solían tener conversaciones a solas. Itachi se había ganado su desprecio luego de desaparecer por tanto tiempo sin aviso, Sasuke era rencoroso y aún no era capaz de perdonarle.
—Quiero hablar contigo —dijo el mayor, tomando asiento frente a su hermano, sin el consentimiento o invitación de éste, lo que provocó que el ceño de Sasuke se frunciera—. Hermano, hay algo que debes saber respecto a mí, porque necesito tu ayuda.
Sasuke rio con sarcasmo.
—¿Tú necesitas mi ayuda? —cuestionó, casi divertido por las palabras que había escuchado, nunca pensó que algún día Itachi se aparecería en su oficina a pedirle ayuda; sin embargo, veía que él estaba demasiado serio respecto al tema, así que supuso que era algo de suma importancia—. Bien, ¿qué sucede? —preguntó.
—Primero que todo, debes saber la razón por la que desaparecí —los oídos de Sasuke parecieron interesarse por la conversación más de lo normal. Itachi jamás le había contado a nadie los motivos de su desaparición, así que esto era más de lo que se esperaba escuchar de su parte—. Sasuke, la realidad es que yo pertenezco a las fuerzas especiales de la policía de Japón.
Los ojos de Sasuke se abrieron como platos, y no pudo decir absolutamente nada para objetar las palabras de su hermano mayor. Ahora más que nunca quería escucharle.
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Sai miraba desde la ventana del avión como éste lentamente se iba alejando del suelo, para internarse en su camino por el cielo hacia el destino que le esperaba en la ciudad de Osaka. Planeaba descubrir al menos una parte de la verdad que tanto él como Naruto estaban persiguiendo insistentemente, sin tregua alguna.
—Me pregunto qué estarás haciendo ahora, Naruto —pensó el pelinegro mientras se acomodaba un poco en su asiento y cerraba los ojos, tratando de dormir. Ya que estaría un par de horas en el avión, planeaba descansar algo antes de arribar, puesto que apenas lo hiciera, se pondría a buscar a Danzou.
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Gaara estaba detenido en la puerta de su oficina, viendo a Matsuri trabajar muy concentrada en las cosas que él le había pedido y sin voltear a verlo ni una sola vez. Le molestaba mucho el hecho de que ella le estuviese evitando debido a lo sucedido anoche, es decir, podía entender lo incómoda y avergonzada que ella se encontraba, pero de ninguna manera iba a dejar las cosas así. Cuando la vio ponerse de pie y dirigirse al baño, no lo dudó ni un instante y fue detrás de ella.
Matsuri entró al baño de mujeres de la empresa y se lavó la cara y las manos luego de hacer sus necesidades, mirándose por un momento al espejo. No había hablado con Sasori desde hace días, por lo que se estaba sintiendo cada vez más insegura respecto a lo que sentía por él. Gaara estaba ganando cada vez más terreno con su persona, comenzaba a volverla loca y, ciertamente, sentía que poco iba a poder soportar sin querer entregarse a él de una vez por todas.
—Soy una estúpida —se dijo a sí misma—. ¿Qué he estado haciendo?
La chica se miró nuevamente al espejo, sin comprender cuáles eran sus verdaderos sentimientos y justo en ese momento, a través del vidrio, pudo ver como Gaara entraba al baño y cerraba la puerta de mismo con seguro, para así impedir la entrada de cualquier otra persona. Ella abrió los ojos sorprendida y se volteó con expresión de reproche, pero no fue capaz de decirle absolutamente nada, cuando sintió cómo él la acorralaba contra el lavabo y la besaba intensamente, sin darle tiempo siquiera de reaccionar. Algo había en la forma que él tenía de hacer las cosas que simplemente la dejaba sin aliento. ¿Era tan imposible resistirse a él? Sin siquiera darse cuenta, ya le estaba correspondiendo, aunque acababa de cuestionarse eso mismo.
De un momento a otro, Gaara se separó de ella, mirándola a los ojos, sin soltarla.
—¿Lo ves? Sabes que yo te gusto, de no ser así, no me habrías correspondido —le dijo Gaara, notando como ella no era capaz de reaccionar aún. Le volvía loco la mirada de inocencia que Matsuri poseía, le hacía querer corromperla como un demonio a un ángel.
—¿Qué pasa contigo? —la chica finalmente pareció volver a la realidad, mostrándose enfadada—. Estamos en la empresa, es nuestro lugar de trabajo y encima de todo este es el baño de mujeres, ¿acaso estás loco? —cuestionó, tratando de apartarlo de su lado, pero él tenía demasiada fuerza y no se movía para nada—. Gaara, aléjate de mí —le decía consternada, mas él sólo la ignoraba.
—No lo haré, no pienso moverme —le dijo el pelirrojo con el ceño fruncido—. No me iré hasta que me digas que dejarás de actuar así de extraña conmigo. Anoche estuviste a punto de entregarte a mí y de pronto te arrepentiste y te fuiste —Gaara se acercó mucho más a ella, susurrando dentro de su oído—. ¿Te asustaste acaso?
Ella tembló como gelatina al sentir su aliento, ese hombre siempre terminaba por seducirla, por más que ella no quisiera.
—No tienes que tenerme miedo —le dijo Gaara, tratando de tranquilizarla—. Me vuelve loco que no me hagas caso, no sabes cómo me desespero, así que, por favor, deja de ignorarme.
—Es que me muero de vergüenza, Gaara —le explicó la chica, alzando un poco la mirada para verle a los ojos. Sentía que los verdosos ojos del hombre la traspasaban como una daga, como si quisiese atravesarla y analizarla—. No puedo ignorar lo que pasó, lo que estuve a punto de hacer contigo anoche… y yo… yo…
—¿Es verdad lo que me dijiste anoche? —le preguntó Gaara, sin dejar que ella lograra terminar sus palabras. Se sentía demasiado intrigado respecto a la confesión desesperada de ella, cuando corrió lejos de sus brazos y lo dejó justo en aquel momento tan crítico. No pudo evitar acorralarla aún más, porque necesitaba oír su respuesta.
—¿Q-qué cosa? —Matsuri se hizo la desentendida, aunque sabía muy bien de qué estaba hablando Gaara, y le daba mucha vergüenza responderle.
—No te hagas la tonta —le dijo el pelirrojo—. Dime, Matsuri, ¿es cierto que eres virgen?
La chica se puso rígida de la vergüenza. ¿Cómo podía él preguntarle algo así sin el menor decoro? ¿Acaso ese tipo de temas eran tan fáciles de tocar para él? De todas formas, no es como si ella estuviese obligada a responder semejante cosa, podía simplemente quedarse callada, ¿no?
—Y-yo… —cuando estaba por decir algo, ambos notaron que una persona trataba de entrar al baño, puesto que dieron vuelta la manilla, pero como estaba puesto el seguro, ésta no se había abierto. Gaara se alejó de Matsuri, dejándola libre de sus brazos por fin, para acercarse a la puerta.
—Al parecer está trabada —se oyó la voz de una mujer del otro lado, por lo que ambos temieron ser descubiertos.
—Ah, no puedo esperar, vamos al baño del piso de abajo —se escuchó decir a otra mujer, y seguido de eso, se oyeron varios pasos alejándose.
Matsuri suspiró con alivio al no haber sido descubierta en tal situación vergonzosa y Gaara también se sintió algo aliviado, pues a pesar de que era un poco más descarado que la mayoría de las personas, tampoco le gustaría ser encontrado encerrado en el baño de damas con su secretaria. Se volteó a mirarla y se dio cuenta de lo nerviosa y sonrojada que ella estaba, así como también que este no era el mejor momento para hablar sobre ese tipo de cosas.
Sonrió con malicia.
—Te dejaré por ahora —le dijo—. Pero esta noche no te permitiré escapar tan fácilmente, así que vete preparando —después de eso, abrió la puerta y salió del baño, no sin fijarse que no hubiese nadie que le pudiese ver. Cuando le vio salir, Matsuri nuevamente suspiró de alivio, aunque, a decir verdad, ahora estaba más preocupada que antes.
¿Qué habría querido decir Gaara con que no la dejaría escapar?
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Tenten estaba terminando unos asuntos que le habían sido encargados. Ahora mismo, tenía que entregar unos papeles a Sasuke para terminar con esa labor, por lo que abordó el ascensor. Aún no dejaba de pensar en lo que el idiota de Neji Hyûga le había hecho anoche, ese bastardo le había besado y luego se había marchado, así como si nada. ¿Acaso se estaría pensando que ella era un juguete o algo por el estilo?
—Uy, imbécil, te odio —susurró para sí, justo cuando las puertas del ascensor se abrían, dejando ver frente a sus ojos al tan despreciable Neji Hyûga.
—¿Me lo dices a mí? —cuestionó divertido el joven de ojos blancos, notando que la chica lo miraba con la boca abierta, pues al parecer, había sido descubierta—. Veo que te sorprende verme.
—Quítate del camino —Tenten le dio un leve empujón en el hombro y caminó alejándose de él. Frente a su persona se había comportado tan altanera y orgullosa como siempre, pero una vez que estuvo lejos de él, todo lo que sintió fue que se iba a derrumbar. ¿Qué demonios le había hecho ese idiota para que su corazón latiera tan fuerte ahora con sólo verlo? ¿Acaso esto era algo normal?
Por su parte, Neji sólo la miró alejarse. En este momento no haría nada por aferrarla, pero ya la quería ver a la hora de la salida, ella no sería capaz de escapársele. Tarde o temprano, ella caería en sus redes y le haría pagar muy cara cada humillación.
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Naruto se dejó caer consternado sobre la silla de su escritorio, sin poder creer todo lo que había pasado en tan poco tiempo en su vida. Siempre vivió con la idea de la venganza, de destruir la vida del que mató a su padre, y con ello la de todos sus seres queridos, así como lo habían hecho con él y su madre. Odiaba la sola idea de haber sido engañado por la hija de aquel maldito y haberse enamorado de ella tan profundamente a pesar de que sólo la conoció durante poco tiempo. Y ahora todo aquello daba un giro de trescientos sesenta grados, dado que nada era como él creía. Hinata no lo había engañado, no había huido para casarse con otro ni mucho menos había jugado con sus sentimientos. Ella lo amaba y hasta había tenido una hija de él.
La pequeña Hime era su hija, hasta tenía sus ojos. Era tan alegre y brillante como él, era su viva imagen.
Soltó un leve suspiro mientras se cubría su rostro con una de sus manos, perdido, frustrado. ¿Qué haría de ahora en adelante? Él no podía actuar con prisa y torpeza, Hinata y Hime eran, después de todo, su familia. Aquello era lo más preciado para él, la familia, aquella cuna que podía acogerlo ante todo. Y había otro problema, su preciada familia pertenecía a otro hombre. Su hija le decía "papá" a otro que no era él; su amada dormía todas las noches con otro hombre, el cual era su mejor amigo.
¿Cómo debía proceder ahora? ¿Qué debía hacer?
—Ah, ¿por qué todo es tan difícil? —se preguntó frustrado. Justo en ese momento, recibió un llamado de su secretaria, la cual le contactaba a través de su comunicador.
—Señor, alguien desea verlo —dijo la mujer, a lo cual, Naruto se extrañó un poco, pues estaba seguro de que no esperaba a nadie, ni mucho menos, había quedado de ver a alguien.
—¿De quién se trata? —cuestionó.
—La señorita Shion, representante de las empresas Sunshine.
El rubio casi se cayó de su asiento al oír aquel nombre, ¿qué demonios hacía Shion en su oficina? Y, sobre todo, buscándolo a él. ¿Acaso no entendía que debían guardar las apariencias? Esa chica era realmente problemática cuando quería serlo.
—Dile que pase —contestó finalmente, aunque se sentía nervioso.
Shion realmente no era su prima, al menos no de sangre. Su madre solía tener una mejor amiga, Miroku, alguien a quién ella quería como una hermana mayor, por ende, le decía sobrina a la hija de esa mujer; aquella hija era Shion. Desde pequeños, ella siempre había andado detrás de Naruto, tanto así, que un día había prometido que de grandes se casarían. Habían pasado muchos años desde la última vez que se habían visto y claro, ahora ella estaba mucho más adulta y bonita, sólo esperaba que aquella obsesión se le hubiese curado.
—Hey —la chica le saludó con una sonrisa apenas se internó en la oficina, cerrando la puerta detrás de su espalda.
—¿Qué haces aquí? —él le preguntó sin rodeos, observando cómo las mejillas de la rubia se inflaban en un mohín infantil.
—Qué malo eres, ni siquiera me saludas Na-ru-to.
El ojiazul no pudo más que bufar, aquella chica realmente parecía no haber cambiado su actitud a pesar de los años.
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Aquel día no parecía ir nada bien para Sakura en el hospital, a pesar de que tenía muy pocos pacientes, estaba distraída, había llorado muchísimo la noche anterior debido a lo ocurrido con Sasuke y, aún ahora, tenía los ojos rojos, hasta aparentaba estar drogada, lo cual había asustado a muchos que la habían visto en aquel estado.
Estaba entre asustada y acongojada por lo sucedido con el Uchiha. Ayer, finalmente y después de tanto tiempo, él la había besado, había tocado sus labios como siempre había querido, aquello se había sentido maravilloso, pero después, cuando Sasuke se salió de control… ¿Cómo podía verlo ahora? ¿Cómo podía siquiera pensar en querer estar cerca de él? Sasuke había sido un bruto, un imbécil, nunca creyó que él intentaría tomarla de esa manera.
—Maldición… —murmuró.
En ese momento no se encontraba con pacientes, era su hora de almorzar, así que estaba acabando de llenar unas fichas para poder ir a comer algo. Ahora más que nunca necesitaba quitarse a Sasuke de la mente y del corazón, pues no había manera de que las cosas volvieran a estar bien entre ellos, sería imposible. Ni siquiera era capaz de ver sus ojos de nuevo.
—Sakura —la voz de su madrina le hizo alzar la mirada, la rubia estaba en la puerta, mirándole—. ¿Aún no has ido a almorzar? Debes comer algo, te ves cansada —decía la mujer, quién se encontraba preocupada por la peli rosa, pues sabía muy bien que algo sucedía con su ahijada.
—Sí, madrina —la chica acabó de rellenar el último campo de la ficha que estaba sobre su escritorio, poniéndose de pie, con una débil sonrisa dibujada en sus labios.
Tsunade suspiró.
—Llorar tanto no te hace bien, ¿sabes?
La chica de ojos jade se detuvo en seco, moviendo como loca sus manos de un lado a otro, en un vano intento por negar lo obvio.
—No sé de qué habla, yo no he llorado —decía nerviosa, mas la rubia sólo sonrió.
—Soy mujer y soy mucho mayor que tú, no puedes engañarme —Tsunade abrió la puerta de la oficina, dirigiéndose a salir de la misma, se detuvo justo antes de atravesar el marco—. Es difícil a tu edad, ¿sabes? Pero tienes que ser una chica fuerte, si sólo lloras todo el tiempo, jamás podrás superar los problemas.
Sakura sólo se quedó en silencio, mientras su madrina abandonaba la sala. No sabía qué decir, sólo tenía ganas de seguir llorando, pero ella tenía razón, debía parar de una vez por todas. Y también tenía que dejar de escapar como si fuese la peor de las cobardes.
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Sasuke estaba boquiabierto todavía, a pesar de que Itachi había salido ya de su oficina, todavía no podía creer lo que éste acababa de contarle. Había sido una tremenda sorpresa saber que su hermano mayor era un policía encubierto, que cuando desapareció, había sido debido a una investigación de suma importancia, en donde había tenido que abandonarlo todo, incluida su propia identidad y su familia.
Se dejó caer aún asombrado sobre la silla de su escritorio, recordando lo acontecido.
—¿Cómo dices…? —Sasuke no salía de su asombro, aunque ahora era que entendía muchas cosas, como, por ejemplo, por qué su hermano siempre parecía esconder algo.
—Lo cierto es que tú tampoco debías saberlo, Sasuke —dijo el de la coleta, soltando un suspiro—. Pero mira, es importante que estés al tanto de muchas cosas. Sobre todo te pido, hermano, ten mucho cuidado.
Sasuke frunció el ceño, sin entender ni media palabra.
—¿De qué demonios estás hablando?
El hermano mayor se cruzó de brazos, parecía contrariado, no planeaba revelar mucha información, pero había algo que necesitaba que Sasuke consiguiera desesperadamente.
—Hiashi Hyûga —dijo al fin—. El padre de tu esposa, ese hombre es más peligroso de lo que crees. Hay sospechas de que él ha robado una suma millonaria y ha engañado al fisco, pero no sólo eso, al parecer, también es un asesino.
Nuevamente, Sasuke estaba boquiabierto. ¿Acaso Itachi estaba acusando a su suegro de ser un ladrón, estafador y asesino?
—¿Por qué me dices que me cuide? ¿Qué quieres que consiga? —cuestionó.
Sasuke soltó un suspiro antes de darse cuenta de que la puerta de su oficina se abría de pronto, dejando ver nada menos que a Hinata del otro lado, la cual le observaba fijamente desde su posición.
—Sasuke, necesitamos hablar —dijo la ojiperla, quién no lucía del mejor humor. Ella estaba apoyada contra la puerta cerrada de la oficina, un poco alejada de su esposo, mientras que él, en su asiento, sólo le miraba, sospechando de qué quería hablar ella—. ¿Dónde estabas anoche?
Lo sabía.
Sasuke se puso de pie, acercándose a ella.
—Si lo que deseas saber es si estuve con Karin o alguna otra mujer, la respuesta es no —sabía que mentía, sabía que estaba omitiendo el hecho de que había ido a ver a Sakura, que la había besado a la fuerza y que casi la obligó a tener relaciones con él. ¿Por qué había hecho eso? Todavía se cuestionaba a sí mismo, ¿cómo podía ser tan miserable?
Él tenía a Hinata, su esposa era la única mujer que debía mirar, pero no podía evitarlo, no podía reprimir los deseos de su cuerpo, aquellos que Hinata no saciaba, por eso había estado en brazos de Karin y un par más de chicas, ¿pero con Sakura había sido lo mismo? Todavía recordaba la sensación de sus labios, el calor que se le había subido hasta el cerebro cuando recordó que ella estaba saliendo con Naruto. ¿Acaso aquel sentimiento que lo atormentaba eran celos? Joder, es que realmente estaba enloqueciendo.
—No me mientas —la voz de la ojiperla le sacó de sus cavilaciones. La observó, ella estaba viendo al suelo—. Sasuke, está bien, yo entiendo… ¿no crees que sería mejor que cada uno siguiera su camino?
En ese momento, los ojos del azabache se abrieron por la sorpresa de aquellas palabras, no era la primera vez que las escuchaba, pero había pasado ya un tiempo, además, ambos habían quedado hace no mucho con que harían funcionar su matrimonio. Antes de que ella siguiera hablando, la abrazó fuertemente. No podía perder a Hinata. Ella era lo único que tenía en la vida, junto a Hime, eran todo lo que él necesitaba para ser feliz. Además, si Hinata y él ya no estaban juntos, no podría conseguir eso que le había pedido Itachi. Con todo aquello que había oído sobre su suegro, le aterraba la idea de dejar a Hinata y a Hime solas.
—Hinata, no —rogó, abrazándola con fuerza—. Te lo juro, no estoy mintiendo, no estuve con nadie anoche, si quieres puedes preguntarle a Naruto, estuve bebiendo con él.
La chica se sorprendió un poco, ahora recordaba que Naruto le había comentado que fue Sasuke quién le reveló la verdad.
—¿Ustedes hablaron sobre algo…? —no sabía por qué había preguntado eso, no tenía que haber sido tan obvia si quería sacarle información a Sasuke.
—No recuerdo, me puse muy ebrio —el Uchiha cerró sus ojos, lo cierto era que no, no podía acordarse de nada de lo que había conversado con el rubio—. Pero eso da igual, Hinata —volvió a mirarla, decidido—. No vuelvas a hablarme de separarnos, no voy a aceptarlo.
Ella sólo bajó la mirada y asintió. Ahora que Naruto lo sabía todo y que planeaba recuperarla, ella estaba asustada, tenía miedo y el único que podía hacerla sentir segura era la persona a la cual jamás quiso a su lado. El único que le hacía sentir a salvo era Sasuke.
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Cuando Itachi Uchiha se dirigía al primer piso de las empresas Konoha, dispuesto a irse del edificio, el ascensor se detuvo en más o menos el piso de la mitad, pues alguien lo había llamado. Observó como las puertas del mismo se abrían, dejando pasar a una hermosa mujer rubia, de ojos azulados, la cual sonrió al verlo solo en ese lugar tan pequeño.
—Itachi Uchiha, ¿no? —dijo ella, llamando la atención del hombre, el cual le observó, ciertamente, intrigado, no imaginaba que aquella hermosa chica supiera su nombre. Ella adivinó su pensar, así que rápidamente respondió a sus dudas, aún antes de que él las planteara—. Sé de ti por Sasuke, no te menciona mucho, pero a veces habla sobre su hermano o sus padres con mi hermano Gaara.
—Oh, claro, Gaara —mencionó Itachi—. Es muy amigo de mi hermano.
—Soy Temari, Sabaku No Temari —se presentó ella, extendiéndole su mano con una sonrisa adornándole el rostro. Aquel sujeto era apuesto y ella estaba segura de que no le rehuiría como lo hacía el idiota de Shikamaru, quién parecía ver a un demonio cada vez que la tenía cerca.
Itachi le estrechó la mano, mostrándose ligeramente interesado.
—Ya sabes mi nombre, así que sólo diré mucho gusto.
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Sai se encontraba ya en Osaka, hace sólo unos minutos el avión había aterrizado y ahora mismo estaba yendo en busca de su maleta, pero antes, quería avisar a Naruto que ya había llegado a su destino, por lo que, apenas tuvo oportunidad, tomó su celular para llamar al rubio.
—¿Naruto? —apenas oyó la voz del chico del otro lado, sonrió de manera casi invisible—. Así es, ya llegué, no te preocupes, voy a encontrarlo —aseguró, su voz sonaba tan convincente que no quedaba ninguna duda de que lograría su objetivo.
Después de terminar la llamada, fue en busca de sus maletas. Lo cierto era que hubiese querido hablar con Ino antes de partir a otra ciudad, quería aclarar muchas cosas con aquella chica despistada, pero no había tenido tiempo, no podía distraerse de su objetivo principal; encontrar al asesino de su hermano. Lo primero que debía hacer para lograr esa meta, era encontrar a Danzou, la persona que había encubierto el crimen de su hermano mayor y, también, el de Minato Namikaze.
Lo que sea que tuviera que aclarar con Ino, podía hacerlo después.
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Después de una nueva sesión de fotos para una importante revista de moda, Ino se encontraba bebiendo un jugo de dieta para pasar un poco la sed. Había sido un trabajo intenso, ella y otras chicas saldrían modelando varios diseños nuevos, además, dentro de poco, también habría un desfile. Frunció el ceño cuando miró al fotógrafo, era un tipo que venía de parte de la revista, había sido muy amable con ella, pero a Ino no le agradaba, simplemente porque no era Sai.
Había notado que Sai no estaba ese día en la empresa, cuando quiso averiguar sobre él, sólo le dijeron que tenía unos días libres y se había ido. Ella no era capaz de llamarlo o de ir a su casa, aunque sabía dónde vivía debido a lo de la otra noche, es que le parecía que aquello podría ser imprudente. Sabía que el pelinegro era un chico que tenía gustos peculiares, pero aun así deseaba verlo, al menos hablar con él. Era algo tonto, ¿no?
—Rayos… —murmuró.
—Ino-san —una de las asistentes de la sesión de fotografía le llamó, la muchacha de cabellera castaña le hizo una seña para que se acercara—. Alguien le busca afuera —añadió.
La rubia se puso de pie con fastidio, ¿quién le podría buscar? Como traía sólo un bikini puesto, se colocó una bata para poder dirigirse a la entrada del estudio, echó un vistazo y notó que la persona que la esperaba era nada más y nada menos que Kiba. Realmente no tenía ganas de verlo, ¿acaso Kiba no se cansaba de molestarla?
—Ino —el castaño la llamó cuando la vio tratando de esconderse—. Tenemos que hablar, no te vayas.
Ella chasqueó la lengua, enfadada. Estaba tan enojada con Kiba, sobre todo, por el hecho de que últimamente ni siquiera pensaba en su relación rota, sino más bien, en cierto chico de sonrisa extraña.
—¿Qué? —la modelo se acercó a él, caminando juntos hacia otro sector menos concurrido. Kiba parecía serio, ella también. Ninguno sabía de qué hablar exactamente—. ¿Vienes a darme explicaciones? —ella fue la primera en romper el incómodo silencio.
Kiba suspiró.
—No vengo a eso —él le dijo, llevándose las manos a los bolsillos de la chaqueta, sacó una pequeña caja de color lila, que, al abrirla, dejó ver una cadena de oro realmente hermosa—. Esto… lo compré por tu cumpleaños, sé que es dentro de unos días, pero quería dártelo.
—¿Por qué ahora? —ella le miró sin comprender—. Ya terminamos, Kiba.
—Lo sé —respondió él—. Por lo mismo, quiero que lo tengas, Ino —el veterinario volvió a suspirar, aquella mujer era demasiado terca, pero él realmente la quería—. Ino, yo jamás te he engañado, es cierto que Hanabi y yo salimos, pero como te dije, fue con más amigos de ella. Esa chica… ella confundió las cosas —explicó—. No pretendo que me creas, pero te estoy diciendo la verdad.
La Yamanaka bajó la mirada, confundida, ¿sería que Kiba no le estaba mintiendo? Realmente parecía cierto lo que decía, ¿pero valía la pena volver a lo mismo de siempre?
—No sé…
Kiba la abrazó de pronto, dejándola sin palabras, sorprendida.
—Está bien, no me creas ahora, lo harás tarde o temprano —el chico aprovechó la poca distancia para ponerle la cadena dorada alrededor del cuello, alejándose unos centímetros para poder verla—. Te ves hermosa, feliz cumpleaños —antes de irse, le robó un pequeño beso, luego se marchó sin darse la vuelta.
Ino se quedó quieta, observando el regalo que había recibido, estaba confundida, no sabía qué hacer.
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Naruto estaba molesto, Shion había llegado de improvisto y, encima, ahora no le dejaba de ver con esos ojos, como si fuera a comérselo.
—Y dime, Naruto, ¿ya tienes novia? —le preguntó, sonriente. Ella conocía muy bien la historia que Naruto tuvo con una chica en Okinawa, una chica que se fue y nunca volvió, aunque no tenía conocimiento ni de su nombre, cara o antecedentes. La madre de Naruto, Kushina, había sido quién se lo contó.
—Sí —le respondió con fastidio. Odiaba tener que seguir involucrando a Sakura en sus cosas, pero ella era su novia, aunque fuera ficticia.
—¿Eh? —la rubia frunció el ceño—. ¿Y se puede saber quién es? —interrogó, parecía enfadada—. Te dije que tú debías casarte conmigo, Naruto.
—Deja de decir tonterías y mejor vete, ¿quieres que alguien sospeche? —Naruto se puso de pie, caminando hacia la puerta de su oficina, estaba dispuesto a abrirla para correr a la chica, pero rápidamente, ésta se le acercó y lo abrazó—. Oye, Shion…
—Está bien, me voy ya —le respondió la joven de ojos violeta, sonriéndole. Naruto era mucho más alto que ella, por lo cual, debía levantar la cabeza para poder ver sus hermosos ojos azules—. Pero que te quede claro que yo no me rindo nunca, primo —lo último lo dijo en tono sarcástico, antes de darle un beso en la mejilla a Naruto.
El rubio simplemente frunció el ceño cuando la vio salir de la oficina. Aquella chica le traería problemas seguramente.
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Mientras se encontraban en la hora del almuerzo, Hanabi no dejaba de observar hacia la mesa donde estaban sentados Konohamaru y Moegi, con ojos de asesina. Realmente no sabía qué pretendía ese tonto de Sarutobi, pero era molesto el verlo tan acaramelado con su amiga. ¿Qué demonios le había pasado que de un día para el otro la había hecho a un lado?
No es que le importara, obviamente, pero era molesto, muy molesto.
—Tsk —masculló, cruzándose de brazos al ver cómo Konohamaru le ofrecía algo de comer a la boba de Moegi.
A Hanabi realmente no le gustaba ni un poco Konohamaru Sarutobi, eso estaba más que claro, el único hombre que a ella le interesaba se llamaba Kiba Inuzuka, pero era tan, tan orgullosa, que no podía aceptar que la cambiaran por alguien inferior a ella. Se suponía que ella era la mejor, la abeja reina, la más hermosa de todas, ¿cómo se atrevía ese estúpido a despreciarla? Debería estarle rogando como siempre.
—Entonces, ¿no te gusta esto, Moegi-chan? —le preguntó Konohamaru, frunciendo ligeramente los labios, luego de que la chica rechazara la comida con carne.
—N-no me agrada mucho la carne —ella le respondió, con las mejillas rojas por la vergüenza. Aún no podía creer que Konohamaru le estuviera haciendo caso, a ella siempre le había gustado, pero el chico parecía sólo tener ojos para su amiga Hanabi. No lo culpaba, media universidad se moría por el amor de la Hyuga, es que ella lo tenía todo, era hermosa, inteligente, buena en los deportes, además, provenía de una familia adinerada. Moegi sólo era una chica común y corriente, sin nada en especial, por ende, se sentía un poco invisible al lado de la ojiperla.
—Está bien, entonces comamos la ensalada —dijo un alegre castaño, mientras apartaba cuidadosamente el plato con carne.
Al principio, la idea de estar cerca de Moegi no le agradaba del todo, no es que la chica le cayera mal o algo, es que pensaba que era feo utilizarla para darle celos a Hanabi, pero después de un corto tiempo, se había dado cuenta de lo agradable y linda que era ella. Era verdad que estaba aún enamorado de Hanabi, él realmente la quería, no era sólo un capricho, pero cada vez estaba más seguro de que la Hyuga nunca le haría caso. De todos, había encontrado en Moegi una muy buena amiga.
—Claro —la chica de cabellera anaranjada asintió con la cabeza, sonriendo. En ese momento, Hanabi se sentó frente a ambos.
—¿Ya se llevan tan bien? —le preguntó, mientras ponía una sonrisa de autosuficiencia, era obvio que tenía toda la intención de interrumpir el romance, sólo porque se le daba la gana.
—Hanabi-chan, hola —le dijo Moegi, mientras continuaba sonriendo, no había notado la expresión de molestia de la ojiperla.
Konohamaru no le respondió, había visto la cara con la que ella los miraba a ambos, apenas cuando se sentó, se dio cuenta de que Hanabi parecía furiosa. No sabía si su plan estaba funcionando, pero aquello realmente le hizo tener escalofríos.
—Parece que son la pareja del momento, todo el mundo tiene su atención en ustedes —comentó la chica, haciendo que los dos jóvenes se percataran de que era cierto. Konohamaru era popular con las chicas, después de todo, era normal que la gente se diera cuenta si de pronto era más cercano con alguna. Aunque todos sabían de sus penurias por la Hyuga.
—No digas eso, Hanabi-chan —Moegi no tardó en ponerse roja como un tomate, se notaba que a Hanabi le daba igual avergonzarla frente a Konohamaru—. No somos una pareja, sólo somos amigos, ¿verdad, Konohamaru?
El chico asintió con la cabeza.
—Así es —le respondió—. Aunque realmente eres linda —soltó aquel comentario como si nada, provocando que la pobre chica se pusiera más roja todavía, al igual que Hanabi, pero de rabia.
¿En serio se estaba sintiendo celosa de esos dos?
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Hiashi Hyuga había ido a la oficina a ver cómo iba todo, aunque estuviera retirado de lo que concernía al trabajo de "campo", aun así, se seguía ocupando de todo como el mayor accionista, a pesar de que ahora el presidente era el esposo de su hija e hijo de su socio y mejor amigo. Todavía recordaba cuando era más joven y, tanto él como su hermano, lideraban esa empresa al lado de Minato y Fugaku. Oh, Minato, cuántas cosas habían sucedido desde su muerte.
No le gustaba pensar en Minato, en la forma en que éste había fallecido, nunca quiso culparlo por sus crímenes, pero no le había quedado otra opción, después de que el rubio muriera, era la única manera…
—Padre —la voz de Hinata lo hizo volver a la realidad, su hija estaba de pie frente a él. Desde atrás de las piernas del hombre, su pequeña nieta se asomó corriendo hacia los brazos de su madre.
—¡Mami! —exclamó la niña, la viva imagen de su esposa fallecida, pensaba él cada vez que la veía.
—Oh, Hime-chan —Hinata abrazó a su pequeña y la cargó entre sus brazos, llenándola de besitos—. Mi pequeña, ¿cómo te fue hoy en la escuela?
—Muy bien, mami, Hime-chan ganó una estrella —le respondió la niña, animada como siempre. No importaba quién fuera, no había manera de que Hime no les causara ternura cuando la veían.
—Pasé por ella a la escuela, iba a venir a arreglar unos asuntos y creí que sería bueno traerla —explicó Hiashi. Hinata simplemente asintió con la cabeza, feliz de que su hija viniera a la oficina, pues ella se iría tarde debido a lo mucho que tenía que hacer aún.
Justo cuando ella se dio la media vuelta, vio a Naruto saliendo de su oficina, el rubio se quedó paralizado cuando vio a la pequeña Hime, tanto así, que ni siquiera notó la presencia de Hiashi, el hombre al que tanto odiaba. Desde que se había enterado de que Hime era su hija, esta era la primera vez que podía verla. Sentía tantas ganas de correr a abrazarla, de llamarla su hija, de estar con ella. No sabía siquiera cómo reaccionar, sabía que no podía hacer nada de eso, que tenía que permanecer tranquilo, pero era difícil.
—¡Señor sol! —exclamó Hime, alzando sus bracitos hacia el rubio, el cual sólo estaba parado junto a la puerta, inmóvil.
Hime se bajó de los brazos de su madre y fue corriendo hacia donde se encontraba Naruto, entonces, por fin él se movió, se agachó para quedar a su altura y le sonrió.
—Hola, Hime-chan —le saludó, sin borrar la sonrisa brillante que se había formado en sus labios. Fue cuando Hiashi Hyuga observó esa sonrisa, que la imagen de Minato se dibujó en su mente, provocándole una molestia bastante inquietante.
—Señor sol, Hime-chan por fin puede verlo —la niña no tardó en abrazar a su amigo, aquel que le hacía sentir tan feliz, porque era bueno con ella.
Hinata se tuvo que morder la lengua cuando vio como Naruto la abrazaba con fuerza, con una expresión en su rostro de felicidad, casi como si fuera a llorar. Odiaba que ellos no pudieran estar juntos como lo que realmente eran; padre e hija.
Si tan sólo las cosas no fuesen tan difíciles.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Era ya un poco tarde, pasadas las seis, Temari se disponía a irse a casa, iba algo feliz, ya que había quedado de verse con Itachi al día siguiente. Estaba decidida a hacer a un lado a Shikamaru Nara, pues ese hombre simplemente parecía no estar interesado en ella, quizá en ninguna mujer sobre la tierra, después de todo, no le conocía alguna novia o conquista en todo el tiempo que ellos dos llevaban de tratarse.
—Qué más da… —murmuró la rubia.
Cuando iba pasando por fuera de la oficina del nuevo, Uzumaki Naruto, notó que ahí se encontraba Shikamaru. Él estaba hablando con la secretaria de Naruto, la tal Shiho. Era una mujer muy poco agraciada, a su parecer. Parecía una cerebrito con aquellos lentes gigantescos y la larga trenza en su cabello. No era nada bonita, pero ¿por qué rayos Shikamaru le sonreía?
—Ya veo, muchas gracias por lo que has hecho por mí —le dijo Shikamaru a la mujer. Apenas Temari notó que éste se daba la media vuelta, ella se escondió detrás de una enorme planta del pasillo. Se sintió como una estúpida, ¿por qué rayos se estaba escondiendo? No es como si estuviera espiando, ella sólo iba pasando, ¿no?
—S-Shikamaru-san —la chica de anteojos cogió la chaqueta de Shikamaru cuando éste ya le había dado la espalda, dispuesto a irse. Ella tenía las mejillas rojas y parecía que las piernas le temblaban, era tan obvia que no había que ser detective para darse cuenta de que se moría por el Nara.
Él se volteó, algo confuso por haber sido detenido, entonces notó cómo Shiho sólo desviaba la mirada.
—Me preguntaba… ¿no le gustaría ir a tomar un café? —ella estaba apenada, pero, aun así, reunió todas las fuerzas que tenía para poder invitar al hombre que le gustaba. Shikamaru era listo, sabía bien que esa chica sentía algo por él, pero no le desagradaba, así que no veía razón para rechazar la invitación.
—Claro —le respondió con una sonrisa.
Los ojos de Temari se abrieron ligeramente, sorprendida. Sintió un enorme pesar en su pecho, provocando que se llevara una de sus manos a la zona afectada. ¿Qué era esa sensación tan molesta? ¿Celos? ¿Tristeza? Parecía más como dolor.
—¿Entonces… ese es el tipo de chicas que le gustan? —se preguntó mentalmente. Se sentía como una tonta nuevamente. Acababa de darse cuenta de que le dolía imaginar a Shikamaru con otra mujer, que no le gustaba simplemente porque lo quería tener, sino que, en serio le gustaba.
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Tenten ya se dirigía a su casa, pues la hora ya había llegado. Mientras buscaba sus llaves en su bolso, se había quedado de pie junto al ascensor. Justo cuando logró atrapar las llaves, las puertas se abrieron, dejando ver a cierto castaño de ojos perla, quién le miró divertido. Aprovechó que ella le daba la espalda para sorprenderla.
—Chonguitos —murmuró al oído femenino, asustando a Tenten, la cual dio un salto por la impresión y sus llaves salieron volando, yendo a parar a quién sabe dónde.
Neji no pudo evitar carcajearse ante la escena.
—¿Qué te pasa, estúpido? —la chica se dio la vuelta molesta, mientras que el Hyûga no paraba de burlarse de la torpeza de su interlocutora—. ¡Cállate de una vez! —exclamó, ofendida.
Él dejó de reírse al instante, poniéndose serio. Sus ojos blancos no se despegaban de la figura de la chica que tenía enfrente, la cual le observaba también, furiosa. Estaba demasiado enojada con ese idiota, ¿cómo se atrevía a hacerle algo semejante? ¿Ahora cómo iba a encontrar sus llaves?
—¿Por qué siempre eres tan agresiva? Vas a envejecer pronto —le preguntó Neji, mientras que ella comenzaba a mirar al suelo en todas direcciones, intentando recuperar lo que había perdido. El Hyûga arqueó una ceja al darse cuenta de que era ignorado—. ¿No me escuchas?
Tenten continuó mirando hacia el suelo, pero no veía nada.
—Eres un imbécil, ¿por qué habría de ponerte atención?
Ella se alejó, viendo si en algún otro lado del amplio estacionamiento habían caído las llaves de su auto. Y es que no sólo iban las de su auto, sino también las de su departamento. Maldito Neji Hyûga.
A Neji no le gustaba que le ignoraran, odiaba eso, él siempre era alguien que imponía frente a los demás, que, aunque no hiciera nada, recibía miradas y atención. Tenten también era una de esas personas que solían mirarlo, así que no le iba a permitir que esta vez no le hiciera caso.
—Oye —el castaño se acercó a ella, tomándola por la muñeca. La chica le miró con agresividad, pero entonces él le enseño que en su otra mano sostenía las llaves, las había encontrado tiradas a un lado, mientras Tenten buscaba como loca.
—Dámelas —le exigió la chica, pero él sólo sonrió—. ¿Te parece que dije algún chiste como para que te rías? Dame mis llaves de una vez —ella estiró su mano para poder quitarle el objeto, pero él, siendo más alto, con sólo alzar el brazo, ya la había dejado fuera del alcance de la joven—. Ya, en serio, dámelas, quiero irme a casa.
Él parecía divertido con hacerla sufrir por algo tan tonto e insignificante, es que en serio, molestarla le daba mil años de vida.
—No quiero —le respondió simplemente—. Quítamelas, anda.
Esto era el colmo, ¿es que acaso ese sujeto era un niño? Siempre parecía tan serio y recto, pero quién lo viera ahora, portándose como un mocoso y aprovechando su altura para incordiarla. Tenten frunció el ceño al darse cuenta de que, por más que estirara sus manos, no iba a poder alcanzar sus llaves de las manos del hombre. Pensó en golpearlo, seguro que un golpe le haría bajar la guardia, pero descartó esa idea cuando, al intentarlo, él simplemente la paró, pegándola a su cuerpo con astucia. Era obvio que ya sabía defenderse de sus ataques.
—Suéltame, no estoy jugando —le reclamaba la chica, sintiéndose nerviosa al tener tan cerca el aliento del ojiperla. Éste tan sólo le miraba, mientras la sostenía por la cintura.
—¿Quién dijo que yo jugaba? —fue su respuesta.
Tenten estaba en clara desventaja con ese hombre, no sólo no podía golpearlo, sino que se estaba muriendo por hacer otra cosa. Y es que ese maldito Neji Hyûga, ¿por qué debía ser tan apuesto? Odiaba el hecho de ser débil ante él, de sentir que su respiración se agitaba, que su corazón se aceleraba, que las piernas le temblaban. El sólo hecho de que su cuerpo estuviera tan cerca, le hacía tener ideas que no debería, imaginaba a ese hombre sobre ella y aquello le había subido los colores al rostro de una manera impresionante.
—¿Por qué te pones roja? —le preguntó divertido Neji, lo que sólo provocó que ella enrojeciera aún más.
—¿Q-quién está roja? —ella se hizo la tonta. Fue en ese momento que notó cómo Neji bajaba la guardia, era su única oportunidad. Él, que estaba distraído, no se percató del ataque.
Abrió sus ojos con sorpresa cuando ella lo besó. Creyó que lo golpearía, pero no fue así, la castaña lo sorprendió dándole un beso bastante candente, Neji no tardó ni dos segundos en corresponderle. Sus labios parecían encajar a la perfección, sus lenguas también se habían unido al juego y, mientras el beso se volvía cada vez más intenso, él bajó su mano, dispuesto a atraerla más hacia sí mismo, pero bufó cuando ella de pronto rompió el beso. Cuando se dio cuenta, ella tenía las llaves en sus manos.
—Gané yo —Tenten le guiñó el ojo antes de darse la vuelta y dirigirse a su auto, mientras Neji se quedaba clavado en ese lugar.
Ella de nuevo le había ganado, sí, pero esta vez no se sentía humillado, lo único que sentía eran unas enormes ganas de volver a besar a esa mujer y, de ser posible, hacer mucho más que eso.
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Después del café que había ido a tomar con Shiho, Shikamaru estaba ya en su casa. Encendió la luz para ver mejor, era un poco aburrido vivir solo, pero le parecía mucho más problemático el compartir hogar con sus padres, por eso, apenas había podido, había abandonado el nido. Su padre solía llamarlo de vez en cuando, preguntando cuándo llevaría una novia, pero el chico siempre le respondía que aquello era algo problemático.
Había pedido algunos documentos de Naruto a su secretaria, sabía que a ella le gustaba él y se los daría sin ningún problema, aunque había tenido que acompañarla luego, para no parecer sospechoso.
Se acercó al escritorio que tenía en su habitación, en el primer cajón con llave guardaba la información que Temari había reunido para él. Encontraba problemático revisar aquellos papeles, hubiera preferido que le dieran la información en forma digital, pero Temari había dicho que fue lo mejor que pudo conseguir. Se sentó en la silla de su computador para poderlos leer a gusto. Después de unos minutos, estaba en silencio, con el ceño fruncido.
—¿Qué demonios? —se preguntó.
Volvió a leer aquellos papeles y luego los que le había conseguido Shiho. Había algo sumamente raro en todo eso, a parte del hecho de que Naruto Uzumaki parecía no existir hasta hace catorce años atrás, había otra cosa perturbadora.
—Este sujeto… ¿de dónde sacó todo el dinero que tiene? —se preguntó, confuso.
¿Quién rayos era Naruto Uzumaki?
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Nuevamente se había quedado hasta tarde en la oficina, ni siquiera se dio cuenta en qué momento había acumulado tanto trabajo, ya estaba oscuro afuera y, lo más seguro, era que la mayoría de los que trabajaban en la empresa ya se hubiesen ido a casa. Gaara suspiró cuando por fin apagó la computadora, había dejado todo listo, sólo restaba descansar un poco, aunque quería ver a Matsuri inmediatamente. Sabía que ella debía seguir ahí, pues mientras él no se fuera, ella tampoco podía hacerlo.
—Bueno, es hora de jugar un rato —murmuró para sí mismo. Recordaba claramente la amenaza que le había hecho a la castaña por la mañana, asegurando que en la noche no la dejaría escapar de sus garras. Es que estaba ansioso por volver a tenerla como la noche anterior, entre sus brazos, bajo su cuerpo, hacerla suya sin ningún tipo de interrupción.
Cuando salió de la oficina, la vio a ella afuera, estaba terminando de archivar algo, mientras hablaba por teléfono, parecía ser que con su amiga.
—Lo sé, hoy no lo pude hacer, no hubo tiempo —le hablaba al aparato—. Sí, Sari, voy a renunciar a este trabajo en cuanto pueda —al oír sus palabras, una extraña punzada asoló el corazón del pelirrojo, ¿cómo que pensaba renunciar?
Cuando Matsuri terminó de hablar, se dio la vuelta y casi se le salió el corazón por la boca al ver a Gaara parado frente a ella, mirándola con furia en sus ojos verdes, estaba tan enojado, que llegó a sentir miedo.
—Gaara…
—¿Cómo que te irás? —él le reclamó, apretando los puños. ¿Acaso estaba huyendo de él así sin más? ¿Tan malo había sido lo que sucedió anoche como para que ella tuviera que escaparse de esa manera? No, claro que no, no iba a permitírselo.
—Escucha, Gaara… —la chica bajó la mirada, no se suponía que él la oyera, pensó que estaría un poco más en la oficina, no sabía qué decirle, pues ella sólo pensaba huir lejos sin darle explicaciones, las cosas se estaban volviendo peligrosas con ese hombre y no podía, no debía permitirlo, ella estaba cayendo en sus redes como una tonta—. Yo creo que es mejor que me vaya… la verdad es que no debería pasar nada entre nosotros, todo esto ha sido un error… —ella intentaba explicarle, pero lo cierto era que estaba asustada, Gaara había comenzado a colarse en su corazón poco a poco, aun siendo sólo un patán sin sentimientos.
El pelirrojo simplemente la miraba, escuchando sus palabras, entonces la tomó por la muñeca y se acercó a ella, con el ceño fruncido.
—¿Acaso no te gusto? —le preguntó, notando lo nerviosa que ella se ponía. Sonrió para sí mismo—. Yo sé que sí, Matsuri.
—Eres mi jefe…
—¿Y eso qué? —él le interrumpió—. Soy tu jefe, sí, pero también soy un hombre y tú una mujer, es normal que nos atraigamos.
—Sólo quieres usarme —esta vez, Matsuri bajó la mirada, ella sabía muy bien cuáles eran las intenciones de Gaara con ella, Gaara también las tenía presentes, pero últimamente, todo eso había cambiado un poco. Él no sabía qué rumbo tomarían las cosas de ahora en adelante, pero estaba seguro de que sentía cosas por Matsuri.
—No es cierto —aseguró él, acercándose un poco a los labios de la chica—. Me estás volviendo loco, Matsuri, ¿no te das cuenta?
Ella intentó girar el rostro en otra dirección, pero las dos manos del Sabaku No, apoyadas sobre sus mejillas, se lo impidieron. Su aliento tan cercano la estaba hipnotizando, era como si Gaara fuese alguna especie de hechicero encantador, era capaz de persuadirla de esa manera tan única, tan suya, haciendo que ella lo deseara tanto.
—Por favor… no juegues conmigo… —ella susurró, casi como si no tuviera fuerzas, entonces Gaara le sonrió.
—No lo haré —dijo antes de besarla.
Apenas con el roce de los labios del pelirrojo, Matsuri se olvidó de todo lo que en ese momento le atormentaba y, mientras el beso se volvía intenso y apasionado, quiso que ese instante durara para siempre.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
La puerta cerrada frente a él tenía el mismo número de dirección que tenía anotado en el pedazo de papel que llevaba en su mano derecha. Sai miró aquella puerta por largos segundos. Era un edificio de departamentos residenciales, bastante común, a decir verdad, parecía el sitio perfecto como para no ser encontrado nunca. Aunque, claro, Itachi mismo se había encargado de dar con su paradero, era normal que uno de los mejores agentes de la policía de Japón hubiera podido dar con él en poco tiempo.
Sai soltó un hondo suspiro antes de tocar la puerta. En cuestión de minutos, un hombre de apariencia mayor, con la mitad del rostro vendado y también uno de sus brazos, le abrió.
El chico de cabellera negra abrió ligeramente sus ojos al observar la imagen del tipo frente a él, a ese hombre lo había visto antes, de pequeño.
Sai salía de la escuela de la mano de su hermano mayor, el cual, acababa de comprarle un helado. El muchacho de cabellera grisácea era algunos años mayor que él, por ende, siempre procuraba cuidarlo.
—Shin, ¿mamá sigue enojada porque me escapé? —preguntó el pequeño Sai, a lo cual su hermano negó con la cabeza, sonriendo.
—Claro que no, Sai, pero no vuelvas a hacerlo, mamá se preocupará —aseguró el muchacho. En ese momento, Shin se distrajo con un señor que vendía cosas, solía comprarle siempre algunas calcomanías y todo tipo de chucherías, así que se acercó junto a Sai para ver qué había de nuevo. Sai, quién era sumamente curioso, se distrajo al ver un globo del otro lado de la calle, que parecía volar solo, sin dueño.
Dando un par de tirones, se soltó de la mano de su hermano y corrió en búsqueda de aquel globo de un atractivo tono rojo, en ese momento, su hermano se percató de que él no estaba. Cuando volteó para buscarlo, vio a Sai corriendo hacia la calle, mientras un auto se precipitaba hacia él.
—¡SAI! —exclamó Shin, asustado. Al ir corriendo hacia el menor, se dio cuenta de que un hombre adulto lo pasó corriendo, agarró a Sai, levantándolo del suelo y se hizo a un lado junto al pequeño. El auto pasó casi furioso frente a ellos, a toda velocidad, pero por suerte, no había logrado tocarlos.
Shin llegó corriendo hacia donde su hermano y su salvador se encontraban, tirados en el piso.
—¡Sai, no vuelvas a hacer eso! —regañó al menor, observando cómo su hermano se largaba a llorar, entonces el hombre se puso de pie y ambos pudieron verle. Parecía de unos cuarenta años, quizá un poco más, pero lucía muy amable. Él les sonrió a ambos, entonces, le puso una mano en la cabeza al pelinegro, para que dejara de llorar.
—Deberías tener más cuidado y hacerle caso a tu hermano mayor de ahora en adelante, pequeño.
Sai volvió al presente, sin apartar la mirada de ese hombre, era obviamente más viejo, ya habían pasado alrededor de veinte años, pero era él, el mismo que le salvó de pequeño.
—¿Danzou? —le habló, sólo para comprobar.
—¿Quién eres y para qué me buscas? —respondió el sujeto, parecía rudo.
¿Cómo es que un hombre que era capaz de arriesgarse para salvar a un niño, resultaba ser un criminal que encubría la ley?
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Era tarde, casi las diez de la noche cuando Hinata terminó de trabajar. Le había dicho a Sasuke que se fuera a casa y se llevara a Hime, así que él ya no estaba ahí. Ella creyó que se encontraba sola en el edificio de la empresa, por eso, cuando salió de su oficina, se sorprendió al ver a Naruto aún ahí.
El rubio había estado trabajando hasta tarde también, además de hacer algunas averiguaciones por su cuenta, no esperaba encontrarse a solas con Hinata en la oficina, pero ahora que estaban ahí, debía aprovechar y hablar con ella.
—Hinata —la llamó, pero ella rápidamente intentó pasarlo de largo. Naruto la cogió por la muñeca, impidiendo que se marchara—. Espera, por favor, hablemos.
—No —ella negó, sin mirarlo—. Por favor, déjame ir, Naruto.
Realmente no quería que Hinata se fuera, las cosas eran tan complicadas, pero eran ellos mismos quiénes lo hacían así. Aun siendo la hija de Hiashi, ella era la persona que él amaba, la madre de su hija, la que siempre lo esperó a pesar de todo. Él amaba a Hinata con locura, la amaba tanto, que sentía como si todo su cuerpo no fuera suficiente para contener todos sus sentimientos.
—Por favor… —le rogó, abrazándola por la espalda, mientras escondía el rostro en el hueco entre el cuello y hombro de la ojiperla. Ella se paralizó, sentía que su mundo colapsaba con sólo tenerlo así de cerca.
Shadows fill an empty heart
As love is fading, from all the things that we are
Are not saying, can we see beyond the scars
And make it to the dawn?
Hinata bajó la mirada, su rostro se teñía de negro por las sombras de su cabello, mientras Naruto continuaba abrazándola.
—No quiero seguir así, no quiero que sigamos haciéndonos daño, Hinata. Sé que fui un estúpido, lo sé, no sabes cómo me arrepiento —él repetía todo lo que había dicho por la mañana, lo mucho que se arrepentía de haberla lastimado, lo imbécil que se sentía por no haberla querido escuchar—. Te amo tanto que no sé si pueda soportarlo…
La Hyûga permanecía en la misma posición, sin saber qué hacer o decir.
—Estoy casada con Sasuke, no puedo hacer esto… —respondió. Nunca le había importado su matrimonio con Sasuke, jamás lo había querido, pero en ese momento era lo único seguro que tenía, algo a lo que estaba acostumbrada. A pesar de lo mucho que anhelaba estar con Naruto, estaba asustada.
—¿Y nosotros qué? —le preguntó él.
Change the colors of the sky
And open up to, the ways you made me feel alive
The ways I loved you
For all the things that never died
To make it through the night, love will find you
Hinata sólo se quedó callada, no sabía cómo responderle a Naruto, no quería decir algo que fuese a arruinar todo.
—¿N-nosotros? —después de varios minutos, que para él parecieron horas, ella habló—. ¿Cómo podría… haber un nosotros…? —nuevamente sentía deseos de llorar, de arrancarse esa pena tan grande del corazón a punta de lágrimas, pero no quería, necesitaba contenerse, no podía estar llorando para toda la vida sin hacer nada más—. Naruto…. Yo no sé…
—¿Qué es lo que no sabes?
Naruto la obligó a darse la vuelta, mirándola a los ojos, él estaba decidido a que, sin importar nada, incluso si Hiashi resultaba ser el único y verdadero asesino de su padre, aun así, no quería perder a Hinata, aun así, pensaba darlo todo por ella y por su hija.
—Hinata, incluso con todo lo que hemos pasado aún sentimos esto tan fuerte, ¿acaso no piensas que vale la pena luchar por este amor? —mientras hablaba, se acercaba más a ella, la distancia era mínima cuando terminó su pregunta, la cual, Hinata meditó un momento.
—Tengo miedo —respondió al fin—. Tengo miedo de que nuevamente me mientas, de que vuelvas a querer vengarte, de que me hieras…
What about now? What about today?
What if you're making me all that I was meant to be?
What if our love never went away?
What if it's lost behind words we could never find?
Baby, before it's too late, what about now?
—No, Hinata —el rubio la abrazó con fuerza nuevamente, se sentía la peor basura del planeta, por su maldita culpa, Hinata estaba asustada, por lo que él le había hecho, ahora ella tenía miedo de amarlo, pero no se iba a rendir, le quitaría ese miedo a Hinata, así fuese la última cosa que hiciera—. Hinata, te amo… yo daría todo por ti… —aseguró, justo antes de unir sus labios.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Después de dejar a Hime acostada, Sasuke había salido a caminar. Hinata todavía no llegaba a casa, seguramente tenía más trabajo del esperado, aunque extrañamente, aquello no le preocupaba. Cuando se quiso dar cuenta, sus pies lo habían llevado cerca de donde trabajaba Sakura. No había sabido nada de ella desde lo sucedido, le daba vergüenza en sólo hecho de pensar en verla a la cara. Tenía pensado irse lejos de ahí, evitar a toda costa presentarse frente a ella, pero el destino se rio de él en su cara cuando se dio cuenta de que la peli rosa estaba de pie frente a él. Seguramente acababa de salir de trabajar, así que ya se iba a su casa.
Sasuke carraspeó su garganta, metiéndose las manos a los bolsillos del saco, hacía frío, el clima comenzaba a helar bastante. Miró al suelo, mientras intentaba pasarla de largo, ella hizo lo mismo, al ver que Sasuke la ignoraba, decidió que era lo mejor, que ambos se ignoraran.
Entonces, un tipo pasó corriendo como una bala, tirando a la ojijade al suelo. Al ver tal acontecimiento, Sasuke olvidó por completo que planeaba ignorarla, corriendo a socorrerla.
—Sakura —al llegar junto a ella, le ayudó a ponerse de pie y también le sacudió un poco la ropa, que había quedado polvorienta al tocar el suelo—. ¿Estás bien? ¿Te golpeaste?
Ella negó con la cabeza, mientras intentaba mantenerse serena ante la presencia del Uchiha.
—No me pasó nada, Sasuke-kun —aseguró, sonriendo tranquilamente. Sasuke se le quedó viendo, había extrañado tanto aquella sonrisa, no se hacía una idea de lo mucho que adoraba ver sonreír a Sakura. La extrañaba a ella, todo de ella, desde sus consejos, sus palabras de aliento, hasta sus ojos, su cabello rosa, incluso sus besos.
¿Era normal aquello que le sucedía? Se suponía que amaba a Hinata, la amaba con todo su ser, ¿pero por qué necesitaba tanto a Sakura a su lado?
—Sakura, yo…
—Debo irme —ella le interrumpió, con la intención de comenzar a caminar. Sasuke no la detuvo, tan sólo habló desde la posición en la cual se encontraba, mientras ella sólo había dado dos pasos.
—Perdóname —dijo el azabache, ella se detuvo, dándole la espalda—. Lo que hice anoche no tiene nombre, no me voy a excusar diciendo que fue porque estaba ebrio —él continuó hablando al ver que ella se quedaba para poder oírlo—. Sé que soy un bastardo y que estuvo mal, realmente estuvo mal haberte besado a la fuerza, Sakura.
—Sasuke-kun… no importa, ya pasó, no sigas, por favor —dijo ella, sin voltear a verlo.
—Te equivocas, no pasó —él caminó un poco hacia ella, acercándose hasta que casi pudiera tocarla, pero no lo hizo—. Lamento haberte besado a la fuerza y estando ebrio, pero no lamento haberte besado —aquellas palabras hicieron que los ojos jade de la chica casi se salieran de sus cuencas—. Perdóname por no haberme dado cuenta durante todo este tiempo de lo que sentías por mí, también perdóname por no haberme dado cuenta de lo que yo sentía…
—¿Qué estás diciendo? —cuando ella se dio la vuelta para encararlo, Sasuke ya no estaba, se había ido, la había dejado sola y llena de dudas.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
No había más luces en aquella oficina que la que entraba por la ventana, la luz blanca de la luna que parecía ser suficiente como para que ambos se pudieran ver el uno al otro, mientras, entre besos, se fundían en un solo ser. Hinata estaba sentada sobre el escritorio de Naruto, mientras él, de pie junto a ella, no paraba de besar sus labios, acariciándole la espalda con sus manos inquietas.
—N-Naru… —la chica fue callada por un nuevo beso, temblando al sentir cómo el rubio le comenzaba a quitar uno a uno los botones de la blusa. Su respiración agitada y su frente perlada de sudor, le daban a Naruto un aspecto tan sexy, no podía dejar de admirarlo cada que tenía la oportunidad—. Naruto, debemos parar… —hablaba entre suspiros la chica, pero su voz se quebró en un gemido cuando él le besó el cuello.
—¿Parar qué? —le susurró contra la piel, enloquecido por el deseo que sentía hacia ella. No había nada más que ninguno pudiera hacer contra lo que sentían, se necesitaban más que nunca y no había duda de ello.
Hinata intentó morderse la lengua cuando Naruto le abrió totalmente la blusa y cogió uno de sus pechos con una mano, apretándolo, aún con el brasier puesto.
—E-esto… —ella apenas podía hablar, las caricias de Naruto la estaban encendiendo a niveles peligrosos, insanos.
El rubio aprovechó para quitarle la blusa a ella, luego se abrió la camisa de un tirón, provocando que algunos botones salieran volando. Arrojó al suelo su prenda y volvió a atacar el cuello de Hinata, bajándole la prenda íntima que cubría sus hermosos senos.
—No hay nada que parar —aseguró, cogiendo ambos montículos entre sus manos. Su boca bajó hasta alcanzar uno de los rosados botones que coronaban la cima, succionando, mordiendo y lamiendo el mismo como si fuera un delicioso caramelo. Los gemidos de Hinata ante su acción no se hicieron esperar. ¿Parar qué? Ya no había nada que parar, ella ya no podía detenerse, aunque quisiera, lo que más deseaba en el mundo era pertenecer a Naruto Uzumaki.
Sus manos, que hasta ahora habían estado inactivas, acariciaron sin pudor el torso desnudo del rubio, su piel suave, su pecho fuerte. Sentía cómo sus dedos se deleitaban con los detalles del cuerpo masculino.
—Eres mía —le susurró Naruto al oído, provocando que miles de mariposas revolotearan en su interior. Si ella estaba perdida, él lo estaba mil veces más.
—Soy tuya —le respondió la ojiperla, mientras su mano derecha lentamente se deslizaba por el abdomen del rubio, hasta llegar a su pantalón.
No había nada más que pensar, ambos se pertenecían.
Continuará…
