Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción: Sabes - Reik y Start of something Good - Daughtry.

Advertencia: Lemon ligero.

...

Capítulo 17: Desastrosa mañana

—Ya veo, con que eso sucedió… —dijo el hombre de aspecto cansado, bajando la mirada, mientras el chico de cabellos negros estaba sentado frente a él, observándole con seriedad.

Sai lucía tranquilo, aunque por dentro, deseaba con todas sus fuerzas golpear a ese hombre, podía que él no fuese el culpable de un asesinato, pero sí lo era de haberse quedado callado respecto a las cosas que sabía, de no haber hecho nada, cuando pudo evitar tantos desastres.

—Aquí la pregunta es, ¿por qué encubriste los hechos de la muerte de Minato Namikaze? —interrogó sin ninguna duda, mientras apretaba sus puños. Si tan sólo esa muerte no hubiese sido ocultada, su hermano no se habría obsesionado con conocer la verdad y aquello no le habría conducido a su muerte. Danzou, a fin de cuentas, era tan culpable como el verdadero asesino—. Tú sabes a la perfección que ese hombre no se suicidó, fue asesinado, tú tapaste las huellas del criminal.

Danzou era un hombre viejo, que había vivido muchísimo, que ya no tenía nada más que ofrecerle a la vida ni la vida a él, quizás era por eso que decidió hablar, ya no tenía a dónde huir ni ganaría nada con ello, estaba cansado de esconderse de la justicia.

—Me obligaron a hacerlo —confesó, sorprendiendo un poco a su receptor—. Todo fue para proteger a mi familia.

El ceño de Sai se frunció, no entendía nada, pero no pensaba quedarse con esa explicación tan vaga.

—Dímelo todo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

No sabía en qué momento había acabado ya casi desnuda, sólo traía puestas sus bragas, mientras Naruto acariciaba una de sus piernas y le besaba el cuello, apresándola contra el sofá de la oficina. Soltó un dulce gemido cuando una de las manos del rubio se coló entre sus piernas, acariciando con dos de sus dedos su zona sensible, por encima de la tela de su ropa interior.

—Naruto… —la chica se mordió el labio inferior, era vergonzoso gemir, le hacía sentir vulnerable, aunque a Naruto le encantaba oírla.

Sabes, no pido nada más
Que estar entre tus brazos
Y huir de todo el mal
Que a todo he renunciado
Por estar junto a ti

El rubio detuvo por un momento sus besos, para poder incorporarse y mirarla. La imagen de Hinata semi desnuda, sonrojada y agitada debido a él, lo volvía loco, Naruto sentía que estaba en total éxtasis en ese momento, nada más en el mundo le podía importar.

—¿Qué? —le preguntó en un susurro, presionando sus dedos contra la entrepierna de Hinata, lo cual la hizo jadear. Naruto no le tenía ni un poco de compasión, no le daba tiempo a reaccionar, a quejarse o a alejarse, él sabía bien que ella no se le podía resistir.

—N-no deberíamos… —mientras ella hablaba, Naruto sonrió de modo malicioso, metiendo su mano bajo la tela de la ropa interior, Hinata pronto se volvió a morder el labio al sentir cómo él acariciaba su botoncito de nervios de manera descarada—. N-no, Naruto… mh…

—Shhh —el rubio se acercó a sus labios, robándole un beso lento y profundo, que cada vez iba cogiendo mayor ritmo. Podía sentir cómo la humedad de la mujer impregnaba sus dedos y no se resistió a dibujar círculos sobre la entrada, que parecía cerrarse y contraerse cuando la tocaba—. No hagas eso —le dijo, refiriéndose a que se relajara un poco, ella estaba muy tensa—. Hinata, no voy a hacerte daño esta vez —le aseguró, al mismo tiempo que introducía uno de sus dedos con cuidado.

—Y-yo… —la ojiperla cerró sus ojos, separando un poco sus piernas, para sentir aquella intromisión de mejor manera. El rubio sonreía al observar su carita avergonzada, mientras añadía un segundo dedo a su juego, penetrándola sólo con sus dígitos—. Naruto… uhm, t-te quiero a ti… —ella finalmente habló, entre jadeos y gemidos que apenas la dejaban respirar.

Sabes, no dejo de pensar
Estoy enamorado
Te quiero confesar
Que soy solo un esclavo
Que no sabe vivir, sin ti

Naruto detuvo sus movimientos, sólo para verla hacer una expresión de queja.

—Joder, Hinata, después no digas que te arrepientes, porque no pienso parar —casi pudo jurarlo, al mismo tiempo que se bajaba el cierre del pantalón. Sólo traía el torso al descubierto, el pantalón se lo había dejado puesto y sólo había sacado su miembro erecto y duro afuera, acomodándose entre las piernas de la Hyûga, mientras hacía a un lado su ropa interior. La penetró lentamente, hasta llegar al tope. Con sólo sentir cómo las entrañas de Hinata le presionaban, Naruto gimió de satisfacción.

—No importa cuánto trate de resistirme, amo sentirte dentro de mí —le dijo Hinata, observándole fijamente, mientras el rubio le devolvía la misma mirada llena de fuego e intensidad—. Te amo… —ella añadió, con todo el rostro rojo. Apenas pudo mantener los ojos abiertos cuando el primer movimiento realizado por el Uzumaki le hizo gemir de placer.

Naruto se inclinó sobre ella, acariciándole una de sus mejillas con la mano derecha.

—Te amo también —le aseguró, ya sin miedo de por medio, sin resentimiento, sin nada más que lo que ella le hacía sentir—. Te amo, Hinata —repitió, comenzando a embestirla lentamente. La chica le rodeó por el cuello, suspirando de manera delicada cuando lo sentía abrirse paso en su interior.

Cuando llegaste tú
Te metiste en mi ser
Encendiste la luz
Me llenaste de fe

Naruto apoyó sus dos manos contra el sofá, sosteniendo su propio peso, mientras movía las caderas contra Hinata, cada vez con mayor fuerza. No podía siquiera explicar lo maravilloso que se sentía el volver a hacerla suya, el tenerla sólo para él. Ahora se daba cuenta de que esto era lo que quería para el resto de su vida, anhelaba estar con Hinata, hacerle el amor cada noche, que ella fuese su esposa y no la de alguien más. Las uñas de la chica enterrándose en su espalda le hicieron apartar todo pensamiento de su mente, no podía hacer más que concentrarse en el placer que le daba estar dentro de ella.

—N-Naruto… Naruto, por favor… —le rogaba Hinata entre gemidos, susurrándole al oído, lo que indudablemente lo ponía más duro, su voz lo excitaba demasiado—. Por favor, más rápido… —apenas ella dijo esas palabras, el rubio no lo soportó por más tiempo y decidió usar toda su fuerza para ir contra ella, escuchando el sonido de sus dos cuerpos al chocar. Hinata gemía cada vez más alto, pero a ninguno de los dos les preocupaba si eran o no escuchados, incluso si así llegase a ser, no pensaban detenerse, necesitaban demostrar lo mucho que se amaban, lo mucho que se necesitaban.

Tanto tiempo busqué
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imaginé

Los labios del hombre se apoderaron de uno de los rosados pezones, mordiendo y succionando, mientras continuaba empujándose hacia el interior de la hermosa chica que tenía entre sus brazos. Sus dedos se entrelazaron con los de Hinata y ella enredó los dedos en su cabello rubio, sin parar de soltar esos hipnotizantes sonidos que lo estaban haciendo perder el horizonte, ya ni siquiera sabía qué era bueno y qué era malo, no estaba pensando siquiera en su venganza, solamente ella ocupaba ese lugar ahora.

—H-Hinata… —susurró mientras besaba su cuello, reduciendo ligeramente el ritmo de sus movimientos, sólo para prolongar la deliciosa sensación de estar dentro de ella—. Hinata… eres todo lo que he buscado siempre… —se atrevió a decir, sorprendiéndola, pero cuando ella iba a hablar, otro gemido que se le escapó, le quebró la voz.

—N-Naruto-kun, yo… —Naruto la besó para callarla, no quería escuchar su respuesta en este momento, estaba asustado de no ser lo que deseaba oír, así que simplemente se dedicó a amarla toda la noche.

Sólo por esta noche sería vulnerable.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Matsuri ya se encontraba en su departamento, estaba muy cansada, había tenido un día agitado y difícil con todo lo sucedido con Gaara, sobre todo, porque no lograba sacarse sus besos de la mente, su cabeza continuaba repitiendo las imágenes y las sensaciones que él le provocaba, simplemente le era imposible apartarlo.

—Gaara… —suspiró su nombre, dándose un leve golpe en la cabeza al darse cuenta de ello. Estaba volviéndose loca, seguramente. No se suponía que las cosas resultaran de esta manera, no era posible que estuviera enamorándose de Gaara, cuando ella ya tenía a Sasori esperándole, el hombre que se iba a convertir en su esposo, pero ¿por qué lo único que deseaba era estar entre los brazos de Gaara?

El sonido del teléfono le hizo dar un salto, así que parpadeó varias veces, confusa, antes de coger su móvil para responder; se trataba justamente de su novio, debía ser temprano para él, como estaba al otro lado del mundo, seguramente se acababa de levantar.

—¿Hola? —contestó con una sonrisa, intentando calmar los latidos de su corazón, los cuáles llevaban el nombre de Gaara incrustado en cada uno de ellos.

Sasori le hablaba tan dulcemente como siempre, preguntándole cómo había ido su día, cómo se sentía, prometiéndole que muy pronto se verían, lo que sólo le hacía sentir culpable, porque ella había estado todo el día pensando en otro hombre, había besado a otro hombre, deseado a otro que no era él.

Al terminar de hablar con su novio, Matsuri soltó un hondo suspiro. Estaba demasiado confundida, no sabía lo que estaba haciendo. Shikamaru se lo había advertido y, aun así, ella no quiso escucharlo, le dijo que tuviera cuidado con Gaara, que sólo se limitara a rechazarlo, pero no, ella había querido tomar el toro por los cuernos y había terminado cayendo en su propio juego, como una verdadera tonta, estaba completamente atrapada entre las redes de Sabaku No Gaara, ni siquiera lograba sentir emoción al oír la voz de Sasori.

El timbre comenzó a sonar de pronto, ella no estaba esperando a nadie, así que seguramente se trataba de Sari, era la única que venía sin avisar. Abrió la puerta sin siquiera mirar, pero se quedó muda al ver que la persona que estaba del otro lado, no era otro que aquel hombre que ocupaba sus pensamientos como ningún otro.

You never know when you're gonna meet someone
And your whole wide world in a moment comes undone

—Matsuri —le dijo Gaara, metiéndose a su departamento sin siquiera ser invitado. Cerró la puerta y apoyó su espalda contra la misma, mirando a la castaña que estaba como ida—. Perdón por venir así, pero no podía dejar de pensar en ti, no me dijiste si al final te irías y… —cortó su frase al mirar hacia su costado, un poco incómodo—. Sólo no quiero que te vayas, ¿es mucho pedir?

—Gaara… —Matsuri bajó la mirada, comenzaba a pensar que era una completa pérdida de tiempo el tratar de echar tierra de por medio entre ella y Gaara, con sólo verlo ahí, sentía que su pecho iba a explotar, que se estaba muriendo por sentirlo a su lado, que él la besara, que la abrazara, que la tocara, eso era lo que más quería.

You're just walking around and suddenly
Everything that you thought that you knew about love is gone
You find out it's all been wrong

El pelirrojo apoyó ambas manos sobre los hombros de la menor, intentando buscar su mirada con desesperación, aunque ella sólo veía al suelo.

—Promételo, promete que no vas a irte —le dijo, tomándola del mentón con una de sus manos, para obligarla a verlo a los ojos. Gaara ya no podía continuar fingiendo que sólo se estaba acercando a Matsuri por su orgullo o por aquella tonta apuesta con Shikamaru, lo que en verdad sentía por ella era una atracción indudable, una que comenzaba a transformarse en algo más, él la quería, en serio la quería.

And all my scars don't seem to matter anymore
'Cause they led me here to you

A la chica le temblaban las piernas, aquellos ojos aguamarina parecía que iban a atravesar su cuerpo en cualquier momento, estaba anhelando sentir a Gaara más de la cuenta.

—No me iré —aseguró, observando la hermosa sonrisa que adornaba los labios de aquel hombre que se había convertido en el objeto completo de sus deseos, que le despertaba sentimientos que nadie jamás había despertado en ella—. No voy a irme, Gaara.

I know that it's gonna take some time
I've got to admit that the thought has crossed my mind
This might end up like it should

Él no dijo nada, simplemente deshizo la distancia entre ellos y la besó, ya no podía aguantarlo más, se moría por probar esos labios, los necesitaba tanto como al aire que respiraba y, a pesar de que sabía que no podía enamorarse de ella, de que él mismo se lo había estado prohibiendo, sabía que ya no podía continuar negando lo que sentía por Matsuri.

—Dios… me gustas mucho… —murmuró contra sus labios, completamente embriagado del sabor que sus besos tenían, no existía un modo de que pudiera echar atrás lo que había nacido entre ambos.

And I'm gonna say what I need to say
And hope to God that it don't scare you away
Don't wanna be misunderstood

Matsuri se sonrojó al escucharlo, pero no se separó, sentía que su corazón iba a estallar, al igual que él, ambos estaban permitiendo que la coraza que los había acompañado durante mucho tiempo, por fin se fuese rompiendo, dando paso a algo nuevo, algo bueno, que les hacía bien a los dos.

—También me gustas mucho —se atrevió a confesar ella, aun sabiendo que esto era el acabose para su relación con Sasori, aun conociendo las intenciones de Gaara con ella, no podía ocultarlo más, estaba completamente hipnotizada por ese hombre, el cual, emocionado por su respuesta, volvió a besarla intensamente, procurando llevarse todo el aire de sus pulmones.

But I'm starting to believe that

This could be the start of something good

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

La mañana del día sábado había llegado, parecía que sería un fin de semana tranquilo, o eso pensaba Sari, que había ido a desayunar junto a su "saliente", al cual había conocido hace muy poco, pero como ella siempre decía, su aura le afirmaba que ambos eran tal para cual.

—¿Te gusta el café? Pienso que el de aquí es el mejor —comentó el castaño, sorbiendo un poquito del contenido de su taza. Había traído a Sari a un lugar que él solía frecuentar muchísimo, sobre todo con Tenten, aunque ella le había advertido que no se lo contara a su chica, o podría crear un malentendido.

—Es delicioso —respondió Sari, mostrándole una sonrisa. No era muy temprano ni muy tarde y, aunque ella prefería almorzar o cenar con su cita, tenía trabajo que hacer durante la tarde, pues era la dueña de una tienda esotérica, los días sábados eran los más concurridos—. Kankuro —lo nombró, captando su atención—. ¿Puedo preguntarte algo?

El hombre sonrió.

—No tengo hijos y tampoco soy divorciado —bromeó, pero, aunque ella sí sonrió, rápidamente negó con la cabeza.

—No es eso, no seas tonto —se apresuró a decir, negando con la cabeza—. Mira… —soltó un hondo suspiro, agarrando la taza de café caliente con ambas manos—. No quiero ser indiscreta, o que pienses que me aprovecho de ti para obtener información, pero… —volvió a abrir los ojos y miró fijamente al hombre frente a ella, el cual estaba bastante intrigado—. Por casualidad, ¿sabes qué pretende tu hermano con mi amiga?

—Oh… —Kankuro parpadeó, para luego fruncir el ceño, llevándose una mano al mentón—. No estoy seguro, si te soy sincero, no sabría decirte.

Sari suspiró, supuso que no había servido de nada preguntarle a Kankuro, pero estaba muy preocupada por Matsuri, ella no estaba actuando en sus cabales, se notaba que Sabaku No Gaara la estaba volviendo loca.

—Ya veo… —murmuró, decepcionada.

—Pero —volvió a hablar Kankuro, captando la atención de la mujer, que lo miró expectante—. Gaara siempre ha sido alguien que prefiere las relaciones sin compromiso, sin embargo, jamás lo vi insistir tanto en alguien.

—¿A qué te refieres? —cuestionó la castaña, ladeando la cabeza.

—Sólo digo que Gaara parece sinceramente interesado en ella —contestó al fin—. Conozco a mi hermano, a pesar de que es muy reservado con respecto a su vida amorosa, no siempre fue la persona que es ahora, debes pensar que es un mal tipo, pero no es así.

—No lo conozco como para pensar que es malo —dijo Sari, bebiendo un sorbo de café—. Pero te lo dije, puedo leer las auras, la tuya es muy brillante, por eso me gustas —añadió con una sonrisa, provocando que Kankuro se sonrojara un poco, pues la chica era demasiado directa—. Pero la de tu hermano es extraña… —sus labios se fruncieron ligeramente, como si buscara las palabras correctas en su mente—. A veces luce brillante, pero otras veces es muy oscura y espesa, un aura que fluctúa así, siempre demuestra que la persona es inestable.

Kankuro rio.

—Eso de las auras se me hace muy interesante, aunque no lo entiendo del todo, pero me alegra que la mía te agrade.

La mujer lo miró nuevamente, inclinándose un poco hacia él, para poder robarle un beso corto de sus labios.

—Cuando estoy contigo, se vuelve más brillante todavía —le susurró contra los labios—. ¿Tanto te gusto? —bromeó. Por toda respuesta, Kankuro bufó y luego volvió a besarla, esa chica le gustaba demasiado, no entendía cómo había sucedido tan rápido, pero era la única verdad.

Por su parte, Sari correspondió al beso, aunque su mente continuaba inquieta, no podía evitar sentirse preocupada por Matsuri, no quería verla sufrir, ya que ella era como su hermana.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Un día fuera del trabajo era exactamente lo que Tenten necesitaba para relajarse, así que esa mañana, a pesar de ya ser las diez, continuaba con la pijama puesta. Estaba tirada en la cama, viendo televisión, mientras se preguntaba cómo demonios se había atrevido a besar a Neji para quitarle las llaves, de sólo recordarlo, toda su cara se sentía arder. Odiaba a ese sujeto, o al menos, eso era lo que quería creer con todas sus fuerzas, aunque sabía que sentía más que eso por él.

—Estoy loca, loca —se dijo a sí misma, revolviéndose el cabello, el cual llevaba suelto. Se sentó sobre la cama y volvió a mirar la tele, una escena romántica se estaba desarrollando ahora mismo.

—Por favor, Yiten, deja de fingir que no sientes nada por mí —dijo el hombre de cabellera larga, agarrando a la jovencita por la cintura, mientras la miraba fijamente a los ojos, pero ella sólo desvió la mirada, evitándolo.

—Ya te dije que no es así, Benji, no me gustas —respondió, tratando de apartarlo, pero no lo conseguía—. Déjame en paz de una vez.

Benji la atrajo más hacia su cuerpo, mientras la música dramática se escuchaba con más fuerza en el fondo de la escena.

—Yiten, acéptalo —insistió, besándola en los labios con pasión, a lo que ella respondió del mismo modo.

Tenten frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Yiten y Benji estaban empezando a llevar la escena a otro nivel, ¿no se suponía que esos dos se odiaban en la ficción? ¿Por qué se estaban besando? ¿Qué clase de relación tóxica era esa?

—¡No tiene sentido! —exclamó, agarrando el control remoto para cambiar el canal. Se sentía molesta, para ella, no se suponía que los personajes que eran enemigos, tuvieran que acabar enamorados. Bufó cuando escuchó el timbre sonar, así que se levantó de la cama –todavía en pijama– y se dirigió a la puerta, pensaba que podía tratarse de Kankuro o de alguna de sus amigas, que eran las únicas personas que la visitaban a esas horas y a ella no le importaba recibirlos en pijama. Sin embargo, se quedó de piedra cuando se dio cuenta de que la persona que estaba del otro lado de la puerta -a quien ni siquiera se molestó en ver por la mirilla- se trataba de Neji Hyûga, el insufrible ese—. ¿Qué haces aquí? Es súper temprano —preguntó con el ceño fruncido.

Neji la miró de pies a cabeza, Tenten llevaba puesta una delicada blusita de tirantes de color rosa, más un short con estampados de conejitos, también del mismo color. No traía zapatos, ni siquiera pantuflas, andaba descalza totalmente.

—No sabía que dormías vestida como una niña —comentó el hombre de ojos blancos, arqueando una ceja—. Aunque el rosa te queda.

En ese momento, Tenten recordó que aun iba vestida en pijama y los colores se subieron a su rostro como quien sube un elevador a toda marcha. Quiso cerrarle la puerta en las narices a Neji, pero éste trancó la misma con su pie, aunque el golpe le había dolido, por lo que soltó un alarido.

—¡Pero qué bruta! —exclamó.

—¡Perdón! —dijo la castaña, volviendo a abrirle la puerta para dejarlo pasar, Neji había quedado -literalmente- cojo por su golpe, así que entró dando zancadas. Ella cerró la puerta y lo ayudó a sentarse en el sillón de la sala—. No fue mi intención, pero me espantaste, idiota.

Él, aunque se sentía ofendido por el golpe, decidió obviar el tema —No es mi culpa que no revises a quién le abres la puerta y en qué fachas.

—Ya cállate —dijo ella, arrodillándose frente al hombre, para quitarle con brusquedad el zapato, Neji se quejó, por supuesto—. Mmm, parece que no fue grave, te dejará de doler en un rato —aseguró, notando que apenas aparecía una marca color violeta sobre la blanca piel del genio.

—¿Desde cuando eres doctora? —preguntó él, mirándola con desconfianza.

Tenten se puso de pie.

—Solía ser deportista olímpica cuando estaba en la escuela, sé mucho sobre golpes y lesiones —contestó la castaña, cruzándose de brazos y mirándolo con el ceño fruncido—. Por cierto, ¿qué haces en mi casa? ¿Y cómo sabes dónde vivo?

—En la oficina todo se sabe —respondió el Hyûga, con bastante obviedad—. Y sobre qué hago aquí… —hizo una ligera pausa, volviendo a detallar cínicamente el cuerpo de la mujer que estaba frente a él, sus ojos se pasearon sobre cada rincón de piel que le era visible, fijándose en que sí, ella parecía tener la figura de una atleta.

—¿Q-qué me ves? —cuestionó ella, intentando en vano cubrirse con sus dos manos, se sentía como una idiota, en lugar de revisar si él estaba bien, tendría que haberse ido a vestir—. Si no me vas a decir, vete ya de mi casa —con sus manos aun sobre el cuerpo, apenas movió un dedo para señalar la puerta.

—Deja de hacerte la difícil, Tenten —dijo Neji, soltando un suspiro, al mismo tiempo que la jalaba del brazo y la hacía caer sentada sobre sus piernas. La castaña se escandalizó, pero apenas podía moverse, él tenía mucha fuerza, más de la que ella esperaba—. Si tengo que confesar, vine aquí porque me moría de ganas de verte.

—¿Eh? —ella lo miró confundida, parpadeando varias veces, no podía creer lo que escuchaba, seguro que él solamente la estaba molestando como siempre—. Deja de bromear —intentó levantarse, pero Neji se lo impidió.

—No bromeo —dijo antes de besarla, susurrando con voz ronca, de un modo en que la dejó sin aliento. Tenten quiso rechazar ese beso, pero no podía, ni siquiera se podía mover, a pesar de que estaba temblando, los labios de Neji era demasiado atrayentes, era una sensación alucinante.

Tal vez sí estaba loca después de todo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Shikamaru se había levantado temprano aquella mañana, no tenía que ir al trabajo, pero tenía algunos asuntos personales que atender. Se suponía que había quedado de verse con el sujeto que estaba investigando a Naruto, uno que Temari le ayudó a contactar, aunque no le había sido de gran ayuda, la información que recibió era vaga y no tenía mucho que sacar de ahí, continuaba sin saber quién era Naruto Uzumaki y eso lo frustraba, odiaba no saber algo, lo detestaba más que no poder ver las nubes.

—Ah… —suspiró, mirando el despejado cielo, había pocas nubes, pero siempre le parecían interesantes—. Me pregunto si hacer esto tiene algún sentido… —murmuró.

Sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió, cuando estaba muy ansioso fumaba para calmarse, aunque siempre le había parecido que ese era un mal hábito, con el tiempo le cogió costumbre.

—En fin, si ese tipo oculta su identidad, evidentemente es peligroso —se dijo, convencido de que estaba haciendo las cosas bien, de que Naruto no era alguien de fiar, que tenía que alertar a todos de su presencia. Estando perdido en sus pensamientos, escuchó el sonido de su celular, así que respondió sin siquiera mirar la pantalla—. ¿Sí? —habló, dando una bocanada de humo.

Shikamaru —la voz de Gaara lo abordó del otro lado, él se escuchaba bastante alegre, cosa no muy común en él, ya que el pelirrojo casi siempre estaba serio, calmado, esto era inusual—. Oye, necesito preguntarte algo —dijo él, a lo que el pelinegro arqueó una ceja.

—¿Gaara? Qué extraño —respondió—. ¿Qué necesitas? ¿Y por qué te escuchas tan feliz? ¿Pasó algo?

Es sobre Matsuri —Shikamaru frunció el ceño al sospechar que algo estaba pasando, ¿acaso Gaara y Matsuri estaban…? No, no podía ser—. Mira, sé que hicimos una apuesta ridícula sobre ella, pero… —se escuchó una pausa, como si su amigo buscara las palabras correctas—. Shikamaru… siento algo por ella…

Los ojos del Nara se abrieron por la sorpresa que esas palabras le provocaron, ¿estaba Gaara hablando en serio? Conocía al Sabaku No y sabía con certeza que, si él lo estaba diciendo, era porque era cierto, él nunca les mentía a las chicas con las que estaba, era cierto que jugaba con ellas, pero jamás, a ninguna le prometió nada.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó por fin, luego de un rato de silencio, en lo que procesaba la información—. ¿Vas a decirle a Matsuri sobre esa apuesta?

Sólo hubo silencio del otro lado, al menos por un rato, hasta que Gaara habló.

Es lo más probable —dijo Gaara—. ¿Crees que ella me odie? No quiero que piense que estoy jugando con ella…

—Tsk —Shikamaru chasqueó la lengua—. En serio estoy sorprendido, pero Gaara, ten cuidado, ¿sí? —aconsejó, y no lo decía porque Gaara le fuese a hacer daño a Matsuri, sino todo lo contrario, porque ese estúpido favor que le había pedido a la castaña se les había salido de las manos a ambos y él no quería ser el causante de volver a malograr a Gaara, no como lo había hecho su ex, por eso, tenía que hablar con Matsuri—. Dudo que ella se moleste —prosiguió—. Si le hablas con la verdad y eres sincero, es probable que te entienda.

Ya veo… —Gaara suspiró del otro lado, para luego volver a hablar—. Gracias, intentaré seguir el consejo… eres un buen amigo, Shikamaru —el pelinegro sonrió con aquellas palabras, aunque se sintió como una basura también, porque no era del todo cierto, porque había hecho algo terrible—. Hey, quizá te deje salir con mi hermana, lo pensaré —añadió el pelirrojo, justo antes de colgar.

Shikamaru tiró la colilla de su cigarrillo al suelo y soltó un suspiro, llevándose una mano a la sien y guardando el teléfono en el bolsillo de su chaqueta.

—Problemático… —murmuró.

Decidió moverse de ese lugar, seguía en medio de la calle, parado en una esquina de la ciudad, cuando, al mirar hacia el otro lado de la calle, vio algo que le heló los huesos. Hasta ese momento, nunca vio que a Temari le interesara otro hombre que no fuese él, ella era insistente, lo buscaba y lo perseguía, eso lo abrumaba, pero ahora, ahora que la veía sonriente junto a otro sujeto, Shikamaru sentía que su sangre estaba hirviendo.

¿Qué demonios significaba esto?

Esa mañana, Temari e Itachi Uchiha habían acordado salir a desayunar juntos y recorrer la ciudad después, ella tenía que comprar unas cosas y él necesitaba ponerse al día, después de haber estado fuera por mucho tiempo, por eso había aceptado, aunque le sorprendió que aquella rubia fuese mucho más interesante de lo que había esperado.

—Entonces, ¿dices que no tienes novia, Itachi? —cuestionó ella, sonriendo graciosamente—. Se me hace raro, un hombre tan guapo como tú…

El azabache dibujó una sonrisa ladina, para después negar con la cabeza.

—Estuve saliendo con alguien, pero las cosas no dieron resultado entre nosotros —explicó, recordando vagamente la sonrisa alegre y jovial de esa chica—. Decidimos distanciarnos hace un tiempo.

—Eso es muy triste —dijo Temari, frunciendo ligeramente los labios—. A mí me gusta mucho alguien, pero no me hace caso, no sé por qué.

El Uchiha la miró incrédulo, le parecía imposible que existiera un hombre tan estúpido en el mundo como para rechazar a semejante mujer, porque Temari era todo lo que cualquiera querría, incluido él, pero sí que existía, ese idiota estaba mirándolos justamente, desde el otro lado de la calle.

—Debe ser un imbécil —opinó el hombre—. No pierdas tu tiempo en eso.

La rubia esbozó una leve sonrisa, lo cierto era que lo intentaba, pero no dejaba de pensar en ese hombre tonto que solía huir de ella, ¿por qué su corazón era tan terco en ir detrás de él?

—Gracias, haré mi mejor esfuerzo —respondió, en lo que el semáforo cambiaba el color de la luz, para permitirles cruzar.

Junto a ellos, Shikamaru pasó cubriéndose el rostro, no quería que lo vieran, y tampoco él quería ver a Temari con otro hombre.

Dolía.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Mientras Akamaru ladraba y jalaba de su correa, Kiba hacía todo lo posible por retenerlo, su amigo se estaba portando de modo inusual ese día, no le dejaba estar tranquilo para poder hablar por teléfono, aunque, de todos modos, de las dos personas a las cuales había llamado, ninguna le respondía.

—Vamos, Hinata… —murmuraba al celular, pero nada, solamente volvía a sonar la voz automática, diciéndole que el número que marcaba estaba fuera de servicio. En ese momento, su perro volvió a jalar de la correa, llevándoselo consigo—. ¡Akamaru, tranquilo! —exclamó, tratando de no dejar caer el aparato.

Llevaba rato tratando de comunicarse con su amiga Hinata, pero ni ella ni Ino le atendían, ¿acaso hoy era el día de ignorar a Kiba? ¡Incluso Akamaru no acataba sus órdenes!

—¿Qué te pasa, Akamaru? —cuestionó, en lo que su perro corría detrás de una esquina, justo ahí, se detuvo de golpe, tirándolo al suelo. Kiba se golpeó la rodilla, pero logró salvar su teléfono de recibir un fuerte golpe—. ¿Qué te sucede? —volvió a preguntar.

—¿Y este quién es? —preguntó un sujeto de apariencia ruda y descuidada, el cual tenía en la mano una navaja, misma con la que intimidaba a una joven de cabellera anaranjada, a quien Kiba reconoció enseguida.

Akamaru daba fuertes ladridos, generalmente era tranquilo, pero podía ser muy agresivo cuando quería, así que el tipo se intimidó y chasqueó la lengua.

—¿Qué le pasa a este perro estúpido?

Kiba vio lo que estaba pasando con el ceño fruncido, ese idiota intentaba robarle a la chica, así que se levantó del suelo y la miró.

—Sasame —dijo, llamando su nombre—. Ven aquí.

Ella, de un salto, corrió hacia Kiba y se paró detrás de él, pudiendo notar su fuerte espalda y brazos, ya que iba vistiendo una sudadera sin mangas. Se sentía muy tonta, ya que su corazón había comenzado a latir frenéticamente en cuanto lo vio llegar.

—Oye… —el delincuente lo miró de mala gana—. No te metas en mis asuntos, niño bonito, ¿o acaso quieres una cicatriz en ese rostro? —preguntó, mostrando con imponencia su navaja—. Esa chica y yo estábamos hablando, vete y te perdonaré.

El castaño le devolvió una mirada aterradora a ese hombre, lo que más odiaba en el mundo, era a esos imbéciles que se aprovechaban de las mujeres indefensas, no iba a permitir que ese tipejo se saliera con la suya, ahora entendía el comportamiento tan errático de Akamaru.

—Ya cállate —respondió, lazando un escupitajo al suelo y luego tronándose el cuello—. Tira eso y peleemos como hombres, ¿o te da miedo?

El tipo no respondió, simplemente se lanzó contra Kiba, con su arma en mano, pero tan pronto como llegó junto a él, el castaño le agarró la muñeca para detener su ataque y luego le propinó una feroz patada en el estómago, que lo dejó completamente sin aire. Cuando el atacante cayó al suelo, llevándose ambas manos a la zona golpeada, Akamaru no dudó en echársele encima y morderle uno de los brazos, haciéndolo gritar del dolor.

—Eso te pasa por imbécil —dijo Kiba, para luego voltear hacia Sasame—. ¿Estás bien? ¿No logró hacerte daño?

La chica solamente pudo negar con la cabeza, sorprendida ante lo que acababa de ver, no tenía idea de que un hombre que lucía tan amable y pacífico como el veterinario Kiba Inuzuka, en realidad fuese un completo temerario; cada día se sorprendía más con él.

Después de que la policía se llevara a ese sujeto, Kiba y Sasame se encontraban sentados en el parque, charlando, mientras Akamaru se rascaba detrás de la oreja con su pata trasera, muy satisfecho por lo que había hecho.

—Muchas gracias por salvarme… —dijo la chica de cabellera anaranjada, bajando la mirada, mientras sonreía ligeramente. Sus mejillas estaban un poco rojas y su corazón continuaba agitado, Kiba le parecía todavía más atractivo ahora.

—No fue nada —respondió el castaño, sonriendo más ampliamente que ella—. Lamento que hayas tenido que pasar por eso, pero tuviste suerte de que Akamaru estuviera aquí, él es el héroe.

La chica asintió con la cabeza, mirando al hermoso can blanco —Gracias, Akamaru —le dijo, acariciando su cabeza, cosa que el perro agradeció moviendo su cola alegremente.

—Deberías tener más cuidado al andar sola por las calles —habló nuevamente el veterinario, captando la atención de la chica—. ¿Ibas a ver a tu novio o algo? Deberías decirle que pase por ti, últimamente andan muchos delincuentes.

—N-no —ella rápidamente negó con la cabeza, agitando también sus manos—. Yo estaba haciéndole un favor a mi amiga Shion, me pidió que le consiga algo —aclaró inmediatamente, volviendo a sentir que sus mejillas ardían—. Yo no tengo novio ni nada por el estilo…

—¿No? —Kiba la miró un poco sorprendido, a decir verdad, ni siquiera sabía por qué había sacado ese tema a relucir, no tenía ningún motivo en particular para ello. Justo en ese mismo instante, su teléfono sonó, se trataba de Hinata—. Disculpa, es mi amiga —le dijo a la muchacha, procediendo a responder.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

—Creo que me volví loca, Kiba-kun —le decía Hinata al teléfono, mientras conducía hacia su casa, esta era la segunda vez que no dormía ahí, seguramente Sasuke le iba a exigir una explicación y ella no sabía que iba a decirle, ¿que había pasado toda la noche con Naruto? ¿Que nuevamente se había acostado con él? No podía, todo esto era terrible, horrible, el miedo comenzaba a invadirla y no tenía ni la menor idea de qué debía hacer ahora.

¿En serio hiciste tal cosa, Hinata? —la voz de Kiba se escuchaba en tono de regaño, aunque parecía susurrar, seguramente estaba acompañado—. Por favor, sólo vete a tu casa y no hagas nada estúpido, yo ahora estoy ocupado, pero te llamaré luego, ¿sí?

Ella miró al frente, mientras asentía con la cabeza hacia la nada, porque sabía que él no la estaba viendo.

—Está bien, Kiba-kun… por favor, en serio necesito verte —dijo antes de colgar, presionando el acelerador. Necesitaba llegar a casa y hablar con Sasuke, ya no podía continuar con las mentiras y los engaños, ninguno de los dos merecía esa vida llena de dolor y sufrimiento.

Ya no había forma de que "se salvara" de esta, una vez que llegara a casa, Sasuke le iba a preguntar en dónde había estado toda la noche y a ella no le iba a quedar otra opción que decirle la verdad, que dejarle saber que, a pesar de rechazarlo a él, ella se había acostado con otro hombre, un hombre que era su amigo.

—No… —susurró.

Si le decía eso a Sasuke, lo iba a destruir. Sabía que no lo amaba, que por él no sentía nada comparado a lo que sentía por Naruto, pero Sasuke siempre había estado a su lado, se hizo cargo de ella y de su hija, las aceptó a ambas, aún sabiendo que Hinata nunca iba a ser suya, ¿él se merecía lo que ella estaba a punto de hacerle? ¿De verdad?

No pudo seguir preguntándose más cosas, porque cuando se dio cuenta, había llegado a casa. Se estacionó y entró a la mansión, su padre no parecía estar, su hermana tampoco, así que subió hasta la habitación para buscar a su esposo y explicarle lo sucedido, pero tampoco lo encontró. Se extrañó ante ello, por lo que fue al cuarto de Hime, ella dormía todavía, aunque una de las empleadas la estaba vigilando.

—Hinata-sama —saludó la mujer, haciendo una leve reverencia.

—Hola —le dijo la ojiperla, sonriéndole dulcemente—. ¿Has visto a mi esposo?

La mujer negó enseguida con la cabeza y, antes de que la joven dijera algo, su teléfono sonó, hizo un gesto de disculpa con la empleada y salió fuera del cuarto, no quería perturbar el sueño de su hija, todavía era temprano. Miró la pantalla y se dio cuenta de que la persona que la llamaba era Sasuke.

Tragó saliva antes de responder —¿Bueno?

Hinata… —oyó la voz del otro lado, parecía un poco ido, quizá había estado bebiendo otra vez—. ¿Estás en la casa?

—S-sí… —respondió dudosa, un poco asustada y también curiosa—. Sasuke, yo…

Lamento no haber llegado anoche, fui a beber solo y al volver, me detuvieron por conducir en estado de ebriedad, estoy detenido —contó él, dejando a su esposa con los ojos sumamente abiertos, entonces, ¿Sasuke no se enteró de que ella no pasó la noche en casa?

—¿D-detenido? —repitió ella, tartamudeando—. Pero ¿estás bien? —se preocupó al saber lo que había sucedido, así que no tardó en regresar a la habitación para buscar sus cosas importantes, su bolso y la chequera—. Iré por ti, ¿de cuánto es la fianza?

Un par de cientos —escuchó a su esposo—. Estoy bien, tranquila, solamente me duele un poco la cabeza por la resaca, pero no me pasó nada malo.

Hinata suspiró.

—Qué alivio, ya voy por ti —avisó. Esperó a que Sasuke le diera las señas de dónde lo habían llevado detenido y, antes de salir, le encargó a la empleada que se ocupara de Hime, ya que no quería preocuparla.

Se volvió a subir al auto que hace un rato había estacionado y partió hacia la comisaría, en donde mantenían cautivo a su marido. Mientras conducía hacia ese lugar, pensaba que, tal vez, era mejor hablar con Sasuke después y no en este momento, no parecía ser uno bueno.

Después de llegar al lugar y pagar la fianza de Sasuke, un guarda la guio hasta la celda en donde habían puesto al azabache, cuando ella lo vio, se dio cuenta de que Sasuke no estaba nada bien, tenía los ojos un poco rojos y su cuerpo entero sudaba.

—Sasuke… —murmuró, en lo que el guardia le abría la celda y le indicaba que su esposa había venido por él. El azabache salió tambaleándose y cuando la ojiperla tomó su mano y tocó su frente, se sorprendió—. ¡Tienes mucha fiebre! —exclamó—. ¿Por qué no me dijiste que te sentías mal?

El Uchiha negó con la cabeza, realmente se sentía mareado, aunque no se había dado cuenta de que tenía fiebre.

—Pensaba que sólo era resaca —admitió, incluso su voz sonaba apagada, algo no andaba nada bien con él—. Vámonos a casa, seguro se me pasa —añadió, caminando con la ayuda de Hinata hacia la salida de la comisaria, pero ella se negó a atender su petición en cuanto lo metió al auto, en el asiento trasero.

—No, iremos al hospital —respondió ella, hoy parecía tener mucha más autoridad que otros días, a pesar de que seguía nerviosa y de que las manos le temblaban por el miedo—. No te ves nada bien y, aunque no soy doctora, sé que no te puedo dejar así, así que vamos.

El azabache no protestó, se sentía tan mal, que ni siquiera tenía fuerzas para ello. Así que Hinata volvió a subirse al auto, se puso el cinturón de seguridad y partió hacia el hospital en donde trabajaba su amiga Sakura.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Naruto se sentía sumamente extraño aquella mañana, después de lo sucedido con Hinata en la oficina, durante la noche, despertó y ella no estaba. Pensó que quizá seguía confundida por todo lo sucedido, que había decidido huir de él, aunque no era algo que no se esperara, era normal que Hinata no pudiera confiar en él todavía, después de las cosas horribles que le había dicho y lo que le hizo.

No se dio cuenta cuando sus pasos lo llevaron cerca del hospital en donde trabajaba Sakura, su novia. Era extraño para él, pero esa chica se había vuelto un apoyo importante para su persona, de algún modo, Sakura lo hacía sonreír, lo hacía sentir feliz, pero no del modo en que se ama a una mujer, sino como una amiga que te apoya de forma incondicional, eso era Sakura para él.

—¿Naruto? —cuestionó la peli rosa, quien iba llegando al hospital, ya que le tocaba el primer turno, a pesar de que el día anterior había trabajado hasta la noche. El rubio la miró al escuchar el llamado, sonriéndole, se sentía sumamente aturdido, vencido por todo lo que había estado pasando en su vida; anhelaba estar junto a Hinata, pero ella no lo perdonaba, además, Hinata seguía siendo la hija de un asesino—. Naruto —volvió a llamarlo la doctora, acercándose a él—. ¿Qué haces por aquí tan temprano? —preguntó confusa.

—Estaba caminando, llegué aquí por inercia —respondió él, encogiéndose de hombros.

La chica lo miró fijamente, había algo en los ojos de Naruto que le indicaba que él no estaba bien, así que lo tomó delicadamente de la mano, acercándose un poco a su rostro, para verlo mejor.

—¿Dormiste mal? —preguntó de repente, ampliando un poco más su sonrisa—. Tus ojos se ven cansados, parece que también te duele el cuerpo, ¿no descansaste en una cama?

—Ahora que lo dices —el rubio movió un poco el cuello y éste le sonó, parecía que se había lastimado un poco después de pasar la noche en el sillón de su oficina. Sakura lo miró con sorpresa tras el crujido, tomando su rostro con ambas manos para revisarlo. En ese momento, ninguno de los dos notó que un auto se detenía cerca de ambos, observándolos con asombro, porque desde su perspectiva, ellos se estaban besando.

El corazón de Hinata dolió con esa imagen, pero, ignorando todo eso, se estacionó en el lugar asignado y bajó, ayudando a Sasuke, que en algún momento del viaje había perdido la conciencia.

—Sasuke, despierta… —lo llamaba, él continuaba con fiebre alta, quizá había pescado una gripe o algo parecido. Como pudo, lo sacó del auto y éste, apenas consiente, caminó recargándose en el hombro de la ojiperla.

Naruto notó que ambos se acercaban y se alejó de Sakura, le sorprendió ver a Hinata y a Sasuke ahí, pero se olvidó rápidamente de eso cuando se dio cuenta de que él no estaba bien.

—Eh, Sasuke —murmuró, llamando la atención de Sakura, que se volteó hacia esa dirección mucho más rápido de lo que hubiera querido. Naruto ignoró el hecho de que ahí mismo estaba Hinata, de que anoche habían estado juntos y que ahora ella estaba con su marido, para ir a ayudarle—. Hinata, ¿qué pasó? ¿Qué tiene Sasuke? —interrogó.

La Hyûga lo miró detenidamente por sólo un segundo, antes de responderle.

—Pasó la noche en prisión, creo que se enfermó de algo, no sé muy bien —explicó, intentando parecer indiferente ante ese hombre, cosa que Naruto notó claramente, pero obvió el hecho, Sasuke era más importante en ese momento.

Sakura también corrió hacia ellos, no podía describir el terror inmenso que se alojó en su pecho en cuanto notó que Sasuke estaba ardiendo en fiebre, ¿qué demonios le estaba pasando? Para ella, que era doctora, eso no era una gripe normal, algo andaba mal con él.

—Vamos a llevarlo adentro y a pedir una camilla —habló la peli rosa, uniéndose a la carga del azabache, que de pronto parecía que ni siquiera se podía sostener en pie.

Cuando llegaron adentro, Sakura ordenó a los enfermeros que lo llevaran en camilla hasta la sala de urgencias, Hinata se asustó cuando notó que su esposo tenía algunas marcas extrañas en los brazos, como picaduras de mosquito, eso no lo había visto antes.

—Hinata —la llamó Sakura, pero ésta no le respondía, no dejaba de ver cómo se llevaban a Sasuke hacia la sala de emergencias, en donde se atendía a los pacientes graves. Se cubrió la boca con una mano, temblorosa—. ¡Hinata! —volvió a llamarla la doctora, estaba igual de asustada, pero ella era una profesional y se encontraba en su campo ahora mismo—. Dime, ¿Sasuke te describió algún síntoma antes de ponerse así?

La recién nombrada asintió lentamente con la cabeza, miró hacia su costado y se topó con los ojos azules de Naruto, que la miraban con desespero. Ella parpadeó y volvió a mirar a Sakura.

—Dijo que le dolía mucho la cabeza, le costaba caminar, su fiebre es muy alta y parece ser que su cuerpo no le respondía bien —fue la respuesta de la Hyûga, que intentó mantenerse firme ante lo que sucedía, de un segundo al otro, la condición de Sasuke parecía haberse agravado terriblemente.

—¡Doctora, el paciente está vomitando! —escuchó gritar a uno de los enfermeros.

Sakura no dijo nada y corrió hacia la sala de urgencias. Hinata iba a seguirla, pero Naruto la detuvo, abrazándola para impedir que fuera a ese lugar.

—Tranquila, Sakura-chan sabrá qué hacer —aseguró, notando que Hinata comenzaba a llorar. Lloraba porque estaba preocupada, aunque no amaba a Sasuke, se trataba de su esposo, del padre de Hime. ¿Qué iba a decir Hime si se enteraba que algo muy malo le sucedía a su padre? Sin poderlo evitar, se cubrió el rostro con ambas manos y abrazó a Naruto; nunca lo había pensado, pero tenía mucho miedo de perder a Sasuke.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Se suponía que ese día, Gaara la había invitado a salir con él. Matsuri nunca había tenido una "cita" de verdad, las veces anteriores que salió con él, no podían contarse de ese modo, ya que nunca fueron planeadas con anterioridad, pero ahora sí, Gaara le había pedido específicamente una cita. Ella nunca fue a una con su prometido Sasori, tuvieron un par de entrevistas matrimoniales y algunos encuentros familiares, cosas aburridas, nunca hicieron algo que a ella le interesara, pero Gaara le preguntó a dónde le gustaría ir.

Pensó que sería bueno ir juntos a ver una película, pero, después de analizar mejor sus ideas, creyó que sería más entretenido ir al estreno de una obra a la cual ella tenía muchas ganas de asistir, así que se lo dijo a Gaara y éste aceptó gustoso, más gustoso de lo que ella hubiera pensado.

—Matsuri —la castaña dio un salto cuando escuchó su masculina voz a sus espaldas, Gaara no podía evitar ser siempre tan seductor, ni siquiera cuando no se lo proponía para nada. La chica se dio la media vuelta y lo miró—. ¿Esperaste mucho? —preguntó él, mirándola de pies a cabeza. Ella llevaba ropa casual, un pantalón de jean color azul claro, una blusa de volados de tono rosa pálido y zapatos cómodos. Le sorprendió notar que se había maquillado, sus labios parecían destellar ese color cereza que de pronto hizo que Gaara se sintiera sediento de sus besos.

—N-no —respondió ella, sosteniendo su pequeño bolso con ambas manos, mientras se sonrojaba de modo adorable, no podía creer que en serio había aceptado ir a una cita con alguien como Gaara, pero simplemente no pudo resistirse cuando él se lo propuso—. Llegué hace cinco minutos, no tardaste demasiado —explicó, mirándolo de reojo.

Gaara siempre vestía de traje y corbata, ciertamente, ese estilo le quedaba muy bien, pero ahora era muy diferente, llevaba puesta una remera simple, de color negro, con el estampado de un grupo que Matsuri no conocía, pero apostaba a que era el favorito de él. Usaba jeans desgastados, tenía el cabello mucho más desordenado que de costumbre y sostenía una chaqueta negra sobre el hombro; Gaara tenía un estilo mucho menos sofisticado del que ella hubiera esperado fuera de la oficina, pero le gustaba muchísimo más, parecía más como él mismo.

—¿Vamos? La obra debería estar por comenzar, no quiero que te pierdas nada —dijo, esbozando una suave sonrisa, en lo que la tomaba delicadamente de la mano. Había pasado tanto tiempo desde que no salía así con una mujer, desde su ex, cuando solía ser un adolescente promedio tonto, que creía que, con miles de citas y regalos, ella siempre lo iba a amar. Aunque no tenía la misma percepción de Matsuri, no había salido con ella porque pensara así nuevamente, sino que, lo hacía porque quería pasar tiempo a su lado y descubrir si lo que empezaba a sentir por ella era más de lo que estaba presintiendo.

La castaña se aferró a la mano de él, era tan cálida, la sostenía con fuerza y era grande, hacía latir su corazón con fuerza.

—¿Te gustan las obras? —preguntó ella, intentando hacer conversación, pues los dos estaban en completo silencio—. Yo voy seguido a verlas, me gustan mucho —explicó, pues claro, ella era actriz, era normal que adorara ese tipo de espectáculos.

Gaara negó con la cabeza —Jamás he visto una, no podría decir si me gustan o no, te estaría mintiendo —respondió—. Y lo que yo menos deseo es mentirte —dijo con mayor seriedad de la que esperó expresar, pero Matsuri captó a la perfección lo que él quiso dar a entender, por lo que no pudo evitar sonreír ligeramente, provocando que él se sintiera un poco avergonzado.

—Eso es lindo, Gaara —dijo risueña, para luego adelantar un poco sus pasos hacia el teatro.

Se habían reunido en una parada de autobús, a un par de cuadras del teatro. Aunque Gaara tenía auto, ella le dijo que no quería nada de eso, que esperaba que salieran como personas comunes, que se vieran en un punto, como lo hacían todos los demás, así que Gaara había decidido seguir sus instrucciones al pie de la letra y, aunque le era incómodo pedir un taxi, había conseguido llegar al lugar de la cita victorioso.

Los dos ingresaron al teatro y eligieron sus lugares, ninguno pareció notar que no habían soltado sus manos durante casi todo el evento. Cuando la obra empezó, Matsuri estaba emocionada, aunque el pelirrojo no se veía muy entusiasmado, su estado cambió cuando se comenzó a meter en la historia, se dio cuenta de que las obras de teatro eran mucho más divertidas y atrapantes de lo que hubiera esperado, pronto se encontró comentando los actos y escenas con Matsuri, así como las actuaciones representadas, o el verdadero trasfondo de la obra. Para cuando se cerró el telón, los dos habían hecho un montón de teorías al respecto.

Al salir del teatro, iban conversando sobre lo visto, riendo y echándose miraditas coquetas a cada segundo.

—Te dije que el verdadero asesino era el vecino y no el hijo —decía Matsuri, a lo que el hombre no tuvo más opción que darle la razón—. Soy mejor en esto que tú, acéptalo, Gaara.

El pelirrojo alzó sus dos manos al aire —Bien, bien, me rindo ante usted, detective Matsuri —le respondió, observándola reír graciosamente ante su derrota, pero él ni siquiera pensaba en eso, solamente se preguntaba por qué la sonrisa de esa chica era tan bonita y por qué el color cereza de sus labios continuaba haciéndolo sentir sediento.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó ella, mirándolo fijamente—. Tengo hambre, ¿y si comemos algo?

Gaara asintió con la cabeza, había varios lugares cercanos a donde podía llevarla, estaba por decirlo, pero Matsuri empezó a caminar. Él la tomó por la muñeca y la detuvo, clavándole sus ojos fijamente.

—Espera —dijo, reteniéndola—. Hay algo que quiero decirte… —su ceño se frunció levemente; tenía que decirle lo de la apuesta con Shikamaru, si no lo hacía, Matsuri lo iba a descubrir y él no quería que pensara mal las cosas, no quería arruinarlo—. Es algo un poco malo, pero… tienes que saber.

La chica caminó unos cuantos pasos hacia él, apoyando su mano libre sobre el pecho de Gaara. Podía sentir su corazón latiendo vertiginosamente y se sorprendió de darse cuenta que ambos seguían un mismo ritmo. Su corazón y el de Gaara latían juntos, ¿qué demonios estaba haciendo al lado de alguien como Sasori? Él ni siquiera hacía el esfuerzo por regresar, la llamaba, sí, pero ¿eso era suficiente? ¿Eso era todo a lo que ella aspiraba en una relación?

—Si es algo malo, no me digas —pidió ella, mirándolo fijamente a los ojos. Sabía que ver los ojos de Sabaku No Gaara era peligroso, pero más peligroso era mentirse a sí misma, porque, evidentemente, estaba enamorándose de ese hombre.

—Pero Matsuri… —Gaara quiso insistir; sin embargo, ella no lo dejó continuar.

—Dímelo cuando termine la cita, ¿sí? —susurró cerca de sus labios, estirándose un poquito para poder alcanzarlo, ya que Gaara era mucho más alto.

Él pensó que esa propuesta estaba bien y, sin decir nada, solamente selló el pacto con un beso, aprovechando la distancia tan corta entre sus rostros. Rodeó a Matsuri por la cintura y la pegó a su cuerpo, en lo que ella correspondía al roce lento y dulce de ese beso. Ambos cerraron sus ojos y solamente se dejaron transportar a otro mundo, dándose cuenta que ahí, en donde solamente estaban los dos, era donde más querían estar.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Ino se despertó con bastante sueño, como si no hubiera descansado nada durante la noche pasada. Se sentó sobre la cama y estiró sus brazos, luego tomó su teléfono y miró la hora, eran casi las doce de la tarde, en realidad, había dormido más de lo normal. Cuando volvió a dejar su celular sobre la mesita de noche, vio que ahí estaba el regalo que le había dado Kiba, se sintió un poco desalentada cuando lo observó, era bonito, claro, pero le recordaba a todo lo vivido.

Ella quería muchísimo a Kiba, pero, por raro que pareciera, no estaba segura de si quería volver a estar con él, incluso si todo lo de Hanabi era un malentendido, tal vez, porque había entendido que no estaba tan enamorada como pensó.

—Creo que estoy loca… —murmuró, cuando a su mente se vino la imagen de un sonriente pelinegro de piel pálida. Negó fervientemente con la cabeza y se levantó como un resorte, yendo a darse una ducha.

No entendía por qué a veces pensaba en Sai, él no era alguien que estuviera en su liga, literalmente, porque nunca sería su tipo, era la idea que se le había metido firmemente en la cabeza.

Cuando el agua caliente comenzó a caer sobre su piel desnuda, Ino cerró sus ojos y una serie de extrañas imágenes comenzaron a reproducirse en su mente, no estaba segura de si eso había pasado o cuándo pasó, pero se vio a sí misma tambaleándose, casi acosando a Sai, luego besándolo en su cama, para finalmente, llamarlo Kiba.

—¡No puede ser! —exclamó, abriendo desmesuradamente sus ojos—. No, no, no, ¿eso pasó? —se cubrió la boca con una mano, sorprendida, mientras el agua continuaba cayéndole encima—. ¿Besé a Sai y lo llamé Kiba?

Antes de poder descubrir si eso realmente sucedió, su celular comenzó a sonar como loco, ella siempre lo llevaba cuando se bañaba, así que solamente tuvo que estirar su mano fuera de la ducha para alcanzarlo, procurando no mojarlo.

—¿Sakura? —habló, un poco inquieta al escuchar a la peli rosa sumamente asustada del otro lado—. Sí, no hay problema si llegas tarde, hoy no debo salir, ¿qué sucede? —interrogó, aunque no tardó en asombrarse ante lo escuchado—. Entiendo, espero que todo mejore, sí.

Después de terminar de hablar, dejó su teléfono a un lado y salió de la ducha, cubriéndose con una toalla, la noticia de que Sasuke estaba muy grave y no sabían aún qué le sucedía, le había hecho sentir muy preocupada, él no sólo era su jefe, también eran buenos amigos.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Hinata estaba sentada en el pasillo de espera del hospital, Sasuke continuaba en urgencias y nadie le decía nada. Ella le avisó a su padre lo que había sucedido y también le pidió que avisara a los padres y al hermano de Sasuke, pero continuaba llena de incertidumbre, el único que estaba ahí con ella era Naruto, sentado frente a ella, sin dejar de mirarla.

—Hinata… —habló él—. Sé que no es el momento, pero lo de anoche…

—No —la ojiperla lo cortó de inmediato, ella no estaba dispuesta a hablar sobre eso en un momento como este, no cuando Sasuke se estaba prácticamente muriendo ahí dentro, sin siquiera saber por qué—. No voy a hacer esto ahora, no hablaré contigo —dijo firmemente, provocando que el rubio se sintiera herido y rechazado.

—Tenemos que hablarlo en algún momento —insistió, frunciendo el ceño, ella sabía que Naruto estaba en lo cierto, que tenían que aclarar lo sucedido, lo que habían hecho; sin embargo, no pensaba en eso ahora, no podía hacerlo—. Hinata, lo que te dije es verdad, tú sabes que es así…

Ella estaba por decir algo, pero vio a Sakura asomarse desde la otra sala, llevaba puesta su bata de doctora y también tenía el cabello amarrado, tenía una expresión seria en el rostro, pero no parecía estar asustada o confundida como cuando se había ido corriendo. Hinata se levantó de su asiento de un salto y así lo hizo también Naruto.

—Sakura-chan… —murmuró el rubio.

—¿Qué tiene Sasuke, Sakura-san? —le preguntó Hinata, temiendo que algo muy malo sucediera, pero la sonrisa que apareció en los labios de la Haruno la tranquilizó.

—Gracias a los síntomas que me describiste, pude hacer un diagnóstico y después de hacerle a Sasuke-kun una punción lumbar, determinamos que padece de meningitis, debe haber pescado la infección en la celda de la comisaría, así que llamamos para pedirles que desinfecten el lugar y vengan al hospital en caso de presentar señales —explicó, ya mucho más relajada, porque, por suerte, aunque la enfermedad era sumamente peligrosa, tenía un tratamiento efectivo—. Hemos aplicado los medicamentos para mejorar su condición, aunque tendrá que estar hospitalizado un par de días.

—Qué alivio… —al escuchar todo eso, Hinata suspiró y cerró sus ojos, sabía que él aún no estaba bien, pero era bueno que ya lo estuvieran tratando—. ¿Sasuke se va a recuperar del todo?

Sakura asintió con la cabeza —Sí, gracias a que lo trajiste rápido, lo controlamos a tiempo y no tendrá consecuencias.

Naruto sonrió al ver a Hinata más tranquila, aunque toda esta situación lo llenó de dudas, ¿era demasiado egoísta querer aclarar las cosas con ella mientras su amigo estaba mal? ¿Hinata lo rechazaba porque no confiaba en él o lo hacía por Sasuke? Tal vez ella sentía algo por él, después de todo, era su marido, ¿no?

—Hinata, ya que mantuviste contacto con él, es mejor que te pongas una vacuna preventiva, ¿sí?

La ojiperla asintió con la cabeza y siguió a la doctora hacia otra sala, Naruto se quedó ahí, volviendo a sentarse, ella realmente lo estaba ignorando, dándole una probada de su propia medicina, pero él sabía que se lo merecía.

—Naruto-san —aquella voz le tensó todo el cuerpo, porque sabía con precisión de quién se trataba, aun si ni siquiera lo estaba mirando—. ¿Mi hija y su esposo? —preguntó Hiashi, que acababa de llegar al hospital.

El rubio alzó la mirada y vio llegar corriendo a la señora Mikoto, la madre de Sasuke, acompañada de su hermano mayor, a él no lo conocía, era la primera vez en su vida que Naruto veía a Itachi.

—Sasuke está en urgencias todavía, pero ya controlaron sus síntomas —explicó Naruto, intentando mantener la compostura frente a ese sujeto que tanto odiaba—. Tiene meningitis, Hinata fue con Sakura como medida preventiva.

La señora Mikoto se abrazó a su hijo mayor, asustada por la enfermedad de su hijo, pero aliviada de que ya hubiera sido controlado. Itachi, mientras mantenía a su madre entre sus brazos, miró a Naruto fijamente, con seriedad, en lo que Hiashi se sentaba aliviado en uno de los asientos frente al rubio.

—Naruto-san —dijo Itachi—. ¿Podemos hablar un momento? Quisiera preguntarte algo.

—Claro —respondió éste, asintiendo con la cabeza. Se volvió a levantar y, después de que Itachi dejó a su madre al cuidado de Hiashi, aún sabiendo que ese hombre no era una buena compañía, se alejó junto a Naruto hacia el estacionamiento, el único lugar en donde sabía que podrían hablar con tranquilidad y sin ser interrumpidos por nadie—. Si necesitas hablar sobre tu hermano…

—Sé que tu padre era Minato Namikaze —lo interrumpió Itachi, dejándolo totalmente helado, paralizado como una estatua.

Un miedo terrible lo invadió al verse descubierto, su cuerpo tembló, sus ojos casi se salieron de sus cuencas, incluso la respiración se le detuvo.

¿Qué iba a hacer ahora? Estaba hundido, totalmente hundido.

Continuará…