Capítulo 19: ¿Quién eres?
Cuando Naruto llegó a su oficina, lo primero que hizo fue caer casi desparramado sobre la silla, se suponía que ese día tenía mucho trabajo, sobre todo, dado que Sasuke continuaba en el hospital, pero su mente estaba en otro lado, lo primero, en la conversación del día de ayer con Itachi Uchiha; lo segundo, en la manera en que había despertado esta mañana.
¿En serio hizo algo tan estúpido como acostarse con Sakura? ¡Ellos eran amigos!
—Ah, joder —se revolvió el cabello con impaciencia, permitiendo que sus recuerdos lo llevaran al día anterior, al momento en que habló con Itachi.
—Sé que tu padre era Minato Namikaze —dijo el Uchiha, sin apartar sus ojos negros de la figura casi temblorosa de Naruto Uzumaki, quien sentía que todo a su alrededor iba a colapsar, porque había sido descubierto, porque alguien sabía la verdad sobre él—. No te asustes, no planeo delatarte —añadió entonces el azabache, sorprendiendo un poco al rubio.
—¿Por qué? —cuestionó, frunciendo el ceño.
Itachi cerró sus ojos, se encogió de hombros y se metió la mano al bolsillo dentro de su chaqueta, a la altura del pecho, sacando una placa de policía del interior.
—Pertenezco al escuadrón de operaciones especiales de la policía —explicó, ante los ojos abiertos de su interlocutor—. Me asignaron al caso del asesinato de tu padre, quiero ayudarte, Naruto.
Naruto no sabía qué decir, sabía que el jefe de policía, Kakashi, había decidido reabrir el caso, pero jamás le comentó que enviarían a un agente "infiltrado" para que llevara a cabo la investigación, mucho menos pensó que ese agente fuese el hermano mayor de Sasuke.
—¿Realmente puedo confiar en ti? —cuestionó, estaba totalmente escéptico y es que no era para menos, durante años, la policía no le sirvió de ninguna ayuda para obtener justicia, ¿cómo podía saber que ahora actuarían como debía ser?
—Tienes mi palabra, Naruto, estoy aquí para serte de apoyo —aseguró.
Naruto salió de sus pensamientos cuando la puerta de su oficina se abrió abruptamente, dejando ver a un molesto Sai, que, como siempre, cargaba su cámara digital al cuello, la fachada que utilizaba en la empresa.
—¿Por qué demonios no respondes el teléfono? He tratado de comunicarme contigo desde ayer —cuestionó con fastidio, cerrando la puerta y sentándose frente al rubio, quien lo miró de mala gana, porque no estaba de humor para sus reproches.
—Pasaron cosas —fue todo lo que dijo.
Sai suspiró.
—Encontré a Danzou en Kyoto —dijo entonces el pelinegro, captando de inmediato la atención de su amigo, que por fin parecía atento a sus palabras—. Naruto, me dijo muchas cosas, pero lo más importante fue el nombre de quien asesinó a mi hermano.
Esta vez, los ojos de Naruto se abrieron un poco más, intrigado.
—¿Crees que, si lo buscamos, nos diga quién le pagó para matarlo?
—Sí, si podemos persuadirlo —Sai asintió con la cabeza—. Si resulta ser el mismísimo asesino de tu padre, tendríamos un testigo que pueda declarar en su contra.
—Sé quién nos puede ayudar a buscarlo —dijo el rubio, teniendo en mente la imagen de Itachi Uchiha, si ese hombre quería probarles que estaba de su lado, este era el momento.
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—De acuerdo a lo estipulado en el décimo quinto párrafo del documento a firmar, las siguientes sanciones serán aplicadas en caso de incumplimiento del contrato —Gaara leía en voz alta uno de los tantos papeles de los cuales debía hacerse cargo, ya que se ocupaba de redactar todo tipo de contratos y documentos para la compañía.
Matsuri intentaba escribir todo en la computadora que tenía apoyada sobre sus piernas, pero no podía dejar de ver de reojo a su jefe, que estaba de pie, apoyado contra el escritorio, mientras sostenía el documento que debía corregir junto a su secretaria. Gaara se veía demasiado sexy con los primeros botones de la camisa abiertos y las mangas subidas hasta casi los codos, por eso, Matsuri se distraía a cada segundo.
—Dios, deja de mirarlo, concéntrate —se regañó mentalmente, pero su rostro sonrojado la delataba, Gaara no era ningún tonto, por algo había salido con tantas chicas en su vida.
—Oye —el pelirrojo dejó el papel sobre el escritorio y caminó hasta la jovencita que estaba sentada sobre el sofá de su oficina. Una vez parado frente a ella, se acuclilló, quedando un poco más bajo de estatura que ella y medio empujó la pantalla de la laptop hacia adelante, cosa de captar toda su atención—. Si no dejas de mirarme de ese modo mientras trabajamos, te juro que te voy a tomar aquí en medio de la oficina.
La cara de Matsuri se puso completamente roja, no esperaba que Gaara le fuera a decir algo así.
—G-Gaara, y-yo no te estaba m-mirando —tartamudeó como una completa idiota, notando la sonrisa casi maliciosa en los labios del hombre.
—¿No? —cuestionó, poniéndose de pie. Tomó la computadora que estaba sobre las piernas de su secretaria y la dejó a un lado, luego se inclinó hacia ella y se acercó a su oído, apoyando su antebrazo contra el respaldo del sofá—. Ya te dije anoche que soy peligroso —le susurró—. No sé cuánto tiempo me resista a no intentar algo contigo, Matsuri, sobre todo si me miras así.
Estaba bastante seguro de que sus palabras y su actuar iban a intimidar a la dulce y tímida jovencita, sobre todo, tomando en cuenta que estaban prácticamente encerrados dentro de aquella oficina, pero le asombró cuando ella lo tomó del cuello de la camisa, acercándolo un poco más hacia su persona.
—¿Crees que es muy fácil no mirarte cuando eres así de guapo?
Esas palabras lo sorprendieron, no esperaba que Matsuri fuese así de directa, por como ella venía comportándose, parecía que nunca se atrevería a hacer un movimiento con él, más allá de los besos que se habían dado ya; no obstante, esta faceta le encantaba todavía más, le fascinaba el solo hecho de sentir su respiración agitada y sus ojos negros llenos de deseo por él.
—Señorita Koyama —la nombró por su apellido, como una especie de fetiche suyo—. Tendría que castigarla por esa osadía… —su mano libre fue subiendo lentamente por sobre la pierna de la castaña, sus dedos se deslizaron con demasiada delicadeza sobre la piel cubierta por las medias de color carne, que aun sobre la tela, producían un ligero cosquilleo en la chica.
Matsuri lo atrajo un poco más hacia ella —Supongo que debo aceptar el castigo, señor.
Joder.
Esa chica estaba poniéndolo duro sin siquiera hacer un esfuerzo, estaban en medio de la oficina, a mitad de un día lleno de trabajo y a merced de que cualquiera pudiera entrar en cualquier momento, pero ellos dos estaban coqueteando descaradamente, él estaba ya excitado y podía apostar a que ella también.
—Matsuri… —murmuró, tomándola del mentón. Estaba a punto de besarla, cuando de pronto escucharon que alguien tocaba la puerta de la oficina.
Gaara se alejó de ella de inmediato, entonces Matsuri notó de reojo lo que había provocado; los pantalones parecían apretarlo y lucía como si le doliera, así que él se apresuró a sentarse en su silla, escondiendo la erección que tenía bajo el escritorio. Matsuri tampoco estaba en mejor condición, sólo que a ella no se le notaba. Volvió a tomar la laptop y se la puso sobre las piernas, intentando esconder el evidente sonrojo de su rostro con su cabello.
—Adelante —dijo el pelirrojo en voz alta, entonces la persona que tocaba abrió la puerta, era Shikamaru—. ¿Pasa algo? —cuestionó, un poco fastidiado.
El pelinegro, de algún modo, notó el ambiente tenso, pero ignoró aquello.
—Gaara, necesito hablar contigo a solas, es sumamente importante —dijo con seriedad, por lo que Gaara notó que el tema a tratar era delicado, así que miró a su secretaria.
—Matsuri, te veré en el almuerzo, reserva una mesa en el restaurante que más te guste —ella asintió con la cabeza, se puso de pie, hizo una leve reverencia a ambos y salió de la oficina, cerrando cuidadosamente la puerta.
Shikamaru arqueó una ceja.
—¿Ya hacen citas frente a mí como si nada?
—Dime a qué venías —le urgió Gaara, un poco enojado, ya que aquello entre sus pantalones le seguía perturbando, esperaba que pronto bajara.
El Nara, ignorando el hecho anterior, se sentó frente a él, colocando una carpeta sobre su escritorio.
—Estos me los consiguió tu hermana, son sobre Naruto Uzumaki —le informó, llamando la atención del pelirrojo—. Léelos, aquí se ve claramente que ese tipo en realidad no existe, Naruto Uzumaki es un nombre inventado.
Los ojos de Gaara se abrieron ligeramente por la sorpresa, entonces recogió la carpeta y empezó a leer la información.
¿Quién demonios era ese sujeto que trabajaba en su propio negocio?
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Las primeras clases de la mañana acababan de terminar y ya casi llegaba la hora del almuerzo, así que Hanabi y su amiga, Moegi, iban saliendo del salón, hacia el comedor de la universidad. La Hyûga se sentía un poco fastidiada, había estado siendo ignorada por Kiba, a pesar de que sabía que él ya no estaba saliendo con la rubia tonta de Ino, ¿en serio estaba molesto con ella?
—Hanabi-chan —la llamó la peli naranja por quinta vez, hasta que logró captar su atención—. Hanabi-chan, ¿pasa algo? Estás distraída.
La ojiperla frunció el ceño.
—No es nada —respondió.
Ambas se dirigieron hacia los casilleros para guardar sus cosas, les quedaba de camino al comedor, así que se deshicieron del peso extra rápidamente, para luego ir hacia su objetivo. Hanabi se sentí en una de las mesas y Moegi se acercó a ver el menú, la Hyûga sacó su celular del bolsillo y miró la fotografía de fondo de pantalla, aunque sólo pretendía ver la hora.
Ella aparecía ahí junto a su hermana mayor, Hinata, además de su pequeña sobrina, Hime. Siempre que pensaba en Hinata se sentía muy molesta, la quería mucho, por supuesto, pero no entendía por qué su hermana era tan sumisa y tonta, por qué dejaba que los demás la pasaran a llevar, por qué permitía que su esposo la engañara con otras mujeres y que su padre le dijera qué hacer; porque sí, ella sabía que su cuñado engañaba a Hinata, lo sabía desde hace mucho tiempo.
—Tonta… —murmuró.
Pero, lo peor de Hinata, lo que más la irritaba, era que a ella sí le hacía caso Kiba, que, aunque él se refugiara en la excusa de que eran amigos, Hanabi sabía que él quería a su hermana, o al menos, alguna vez estuvo enamorado de ella.
—No hay mucha variedad hoy —escuchó la voz de Moegi, así que rápidamente volvió a guardarse el teléfono—. ¿Segura que estás bien? —volvió a preguntar, a pesar de lo orgullosa y altiva que era Hanabi, ambas se llevaban bien y ella podía reconocer cuando a su amiga le pasaba algo.
—Ya te dije que sí, pídeme una ensalada y un jugo, no quiero engordar —contestó la castaña, en un tono bastante autoritario, que hizo que la otra diera un pequeño saltito y parpadeara varias veces; su amiga en serio parecía enojada.
—Voy, voy —dijo la peli naranja, yendo en busca de la comida para ambas.
En ese momento, cuando Moegi la dejó sola, Hanabi se fijó en que Konohamaru y Udon se estaban acercando. Fastidiada, soltó un suspiro, pensando que el Sarutobi se acercaría a ella para hablarle como siempre hacía, era evidente que sólo le hablaba a su amiga para sacarle celos.
—Qué chico tan insistente —se dijo en voz baja, esbozando una sonrisa ladina, pero se sorprendió cuando él la pasó de largo, a pesar de que la estaba mirando, simplemente la ignoró, así que se dio la media vuelta y lo vio correr hacia Moegi para ayudarla con las bandejas de la comida, lo cual le hizo abrir los ojos con bastante asombro.
En verdad, ¿qué pasaba con ese idiota y su insistente amor por ella? ¿Es que incluso ese tonto ya se había cansado de ella y la había cambiado?
—¿Sabes? —la voz de un chico le hizo voltear, era Udon, que estaba de pie frente a ella, mirándola con gracia—. No eres la reina del mundo, Hyûga Hanabi, deberías saberlo.
Ella frunció el ceño.
—¿Disculpa?
Udon simplemente se encogió de hombros y se dirigió a donde estaban sus amigos, ignorándola, como solía hacer el resto del mundo de un tiempo para acá.
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Tenten tenía que entregar unos documentos en el último piso del edificio, que iban para el director Gaara, así que se montó en el elevador. Se apoyó contra la pared de espejo y cerró sus ojos, sin notar que la mano de alguien impedía que las puertas se cerraran. Ella abrió sus ojos en ese momento, solamente para ver a Neji Hyûga abordar el mismo elevador, lo cual la alteró de sobremanera.
Lo había tratado de evitar durante todo el día, pero justamente ahora a él se le ocurría tomar el mismo ascensor, ¿es que acaso los dioses de la mala suerte la odiaban? O la amaban, era algo relativo.
—¿A cuál? —preguntó Neji, mirando hacia el panel de botones, en lo que las puertas se cerraban frente a él.
La castaña tragó saliva, quería sonar segura —Piso quince —sin embargo, su voz se quebró graciosamente, haciéndola sentir ridícula.
Neji no pudo evitar reír por lo bajo, marcando el piso que ella le había pedido y también el suyo, que era el doce. El silencio incómodo no tardó en hacerse presente, pero, así como vino, se esfumó, pues él lo rompió.
—He notado que has evitado toparte conmigo todo el día —comentó, mirando con cierta gracia la expresión de total impacto en el rostro de la joven china, la cual tenía los ojos abiertos de par en par, además de las mejillas rojas por la vergüenza.
—N-no es así, para nada —ella negó, agitando sus manos delante de su rostro, gesto que no servía de mucho, pues por algo él era llamado un genio.
El hombre se cruzó de brazos, cerrando sus ojos, mientras su rostro sólo mostraba serenidad y seguridad, totalmente lo opuesto de ella.
—Sé que debes estar nerviosa por lo sucedido entre nosotros, pero ¿sabes? —dijo, casi analizándola con esos ojos perlados que parecían poder verlo todo—. No me arrepiento de nada.
Tenten fue a responder, pero llegaron al piso doce, así que Neji se bajó y la dejó sola. Lo que había dicho era cierto, aunque al principio pretendía burlarse de Tenten, de un modo que no lograba entender, había disfrutado estar con ella, no le importaba tanto el tonto juego de "vengarse", no era un niño como para darle prioridad a algo tonto, cuando realmente le gustaba lo que había sucedido entre ambos, pero se veía que Tenten estaba confundida al respecto.
—Tonta, tonta —se regañó la chica, dándose pequeños golpecitos en la cabeza, a modo de "correctivo", tendría que ser más asertiva la próxima vez y hacerle saber a Neji que ella también había disfrutado su encuentro.
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Mientras Ino esperaba a ser llamada para entrar a su sesión de fotos modelando los nuevos diseños que pronto iban a ser lanzados, estaba sentada en un rincón del estudio, cuyas paredes eran casi todas blancas, para aprovechar mejor la iluminación que daba ese color. Ella estaba observando lo que Sai hacía, el pelinegro estaba tomándole fotos a otra de las modelos, que lucía un bonito bikini, delante de un fondo playero.
La rubia no podía apartar sus ojos de él, el modo en que Sai se concentraba totalmente en lo que hacía no dejaba de llamar su atención, aunque estaba muy serio y parecía un poco ido, de vez en cuando sonreía para indicar que la chica estaba haciéndolo bien y, cuando eso sucedía, Ino podía jurar que veía corazones saliendo de los ojos de todas las modelos, pues ella no era la única que pensaba que Sai era apuesto.
—Cariño, se te van a meter las moscas —dijo Shiro, sentándose a un lado de la modelo, la cual se puso completamente roja.
—¿D-disculpa?
El hombre sonrió, volteando a ver a su compañero, que en realidad era algo así como su aprendiz, aunque Sai era sorprendentemente bueno y no necesitaba demasiado tutelaje.
—Me refiero a que no has dejado de ver a Sai, aunque entiendo bien por qué —Shiro amplió un poco su sonrisa—. Es guapo, ¿no?
Ino, un poco cohibida al pensar que Shiro podría estar celoso, trató de no darle demasiada importancia a la conversación, intentando cambiar de tema.
—Sí, digo, como cualquiera, ¿no? —respondió, encogiéndose de hombros—. Es decir, me fijaba más en lo bueno que es con la fotografía, es su trabajo, pero hemos tenido a varios fotógrafos que no han conseguido hacer imágenes tan buenas —dijo, volviendo a posar sus ojos azules sobre la figura del hombre, quien estaba dándole algunas instrucciones a la modelo.
Shiro miró a Ino y luego a Sai, en cuanto ella desvió su atención a otro punto de la sala, el pelinegro volteó hacia donde estaba ella, sólo fueron unos segundos, pero el fotógrafo principal se dio cuenta de ello, porque la observación era lo suyo.
—A mí me parece que es un poco más guapo que el promedio —siguió él con el tema anterior—. Y creo que tú piensas lo mismo.
La chica volvió a enrojecer, negando con la cabeza —V-vamos, Shiro, yo no vería a Sai así, eso te podría incomodar —dijo en tono bromista, agitando su mano como si la conversación fuese muy casual, pero su acompañante la miró con cierta confusión.
—¿A mí? ¿Y por qué?
—¿Eh? —Ino parpadeó varias veces, ahora la confundida era ella—. Pues… por su relación, ya sabes.
Esta vez, Shiro se llevó una mano al mentón, pensativo.
—¿De qué relación hablas? —cuestionó, su expresión era un poco graciosa, así que Ino pensó que él solamente estaba bromeando con ella.
—¿Acaso no son novios?
Los ojos del fotógrafo se abrieron un poco por la sorpresa de lo que acababa de escuchar, duró así un par de segundos, para luego empezar a reírse a carcajadas, ante la mirada atónita de la rubia y de varios de los presentes, que lo quedaron mirando confundidos, pero él rápidamente les indicó que volvieran a lo suyo y dejaran de prestarle atención.
—Ino, querida —dijo el hombre, sonriendo todavía, casi aguantándose la risa—. No sé de dónde has sacado algo así, me halaga un poco que pienses que puedo hacer que un hombre heterosexual se fije en mí, pero no creo que Sai sea del tipo curioso.
—¿Cómo? —Ino parpadeó nuevamente, confundida, su expresión era un poema en toda la extensión de la palabra—. ¿Cómo dices…?
Shiro apoyó una mano sobre el hombro de Ino, dándole unas suaves palmaditas.
—Sai es muy guapo y me encantaría que comparta mis gustos, pero es evidente que a él le gustan las chicas —carraspeó la garganta—. Una en particular —añadió entre toses.
La rubia volteó a ver rápidamente a Sai, el cual seguía en lo suyo, no podía creer lo que acababa de escuchar, a parte de sentirse como una estúpida delante de Shiro, que de seguro debía estar pensando en lo prejuiciosa que ella era, no podía creer que Sai la hubiese dejado pensar algo que no era.
—Muy bien, no tienes nada con él —dijo ella, mirando al fotógrafo—. Pero ¿cómo sabes que a él le gustan las chicas?
El hombre volvió a sonreír.
—Es algo que se sabe cuando conoces a las personas, querida.
—¿Entonces me mintió…? —se preguntó la modelo, sus ojos no dejaban de seguir al pelinegro, que nuevamente cruzó la mirada con la suya, sólo para mostrarle una sonrisa ligera y efímera.
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Gaara estaba saliendo de la oficina para ir a encontrarse con Matsuri, habían quedado de verse abajo, ya que él estaba terminando de revisar unas cosas que le había traído Tenten y su secretaria ya estaba lista, así que la envió primero. Todavía estaba un poco abrumado por lo que le dijo Shikamaru, desde un principio no le agradaba Naruto, pero ahora no sólo se trataba de eso, estaba preocupado de no saber a quién habían dejado entrar a su lugar de trabajo.
—Rayos… —murmuró, confundido.
Al dar la vuelta en un pasillo, para dirigirse al elevador, vio que Hinata estaba caminando a pasos rápidos, se suponía que debía estar con Sasuke, pero seguramente había venido para atender asuntos del trabajo. Cuando iba a hablarle, notó que Naruto caminaba detrás de ella y le jalaba del brazo, haciendo que lo volteara a ver. Quiso interponerse entre los dos al notar que su amiga parecía molesta, pero, sin saber muy bien la razón, decidió esconderse y observar, quizá podría averiguar la naturaleza de la relación de esos dos, que no lucía como algo simplemente laboral.
—Suéltame —exigió Hinata, cuyos ojos miraban fieros los del Uzumaki, como si todo el amor que le tenía, ahora no fuera más que ira y enojo, o tal vez, incluso odio.
—No —respondió Naruto, que la mantenía firmemente agarrada del antebrazo, casi causándole dolor. La acercó un poco más hacia él y usó su otra mano para sostenerla por la cintura, de modo que le fuera imposible escapar—. Hinata, ¿hasta cuándo estaremos así? ¿Por qué no me escuchas?
Para tragarse su enojo, la ojiperla miró al suelo, estar tan cerca de Naruto la ponía muy nerviosa e incómoda, le hacía desear cosas que no podían ser, que no debían ser.
—¿Por qué debería escucharte? —cuestionó ella, evitándolo—. Tú no lo hiciste conmigo cuando quise hablarte.
—Hinata… —Naruto, aturdido por el modo en que ella lo trataba, no halló nada mejor que tomarla del mentón para hacer que lo mirara a los ojos—. Por favor, ya discutimos esto, te pedí perdón, ¿qué más quieres que haga? —cerró sus ojos un momento, tenerla así era una verdadera tortura para él, porque Hinata nublaba su juicio por completo—. Sé que te hice daño, pero…
—Por favor —la mujer lo apartó, empujándolo suavemente—. Naruto, esto no está bien, ¿no ves todo lo que está pasando? Sasuke me necesita…
El rubio frunció el ceño al escucharla decir eso, enojado y muerto de celos, la soltó y le dio la espalda, llevándose una mano al cabello para echárselo para atrás.
—¿No dijiste que no amabas a Sasuke? —interrogó, casi con rabia en el tono de su voz.
Gaara, que estaba todavía escondido tras la pared, pudo escuchar todo y no evitó sorprenderse, ahora entendía mejor la situación… ¿Hinata se había enredado de algún modo con Naruto?
—No amo a Sasuke —reconoció la Hyûga, con una serenidad que enojó a su amigo, que seguía oyendo todo—. Pero él me ama y siempre ha estado a mi lado y al lado de Hime, no puedo abandonarlo así como así, no puedo ser malagradecida después de todo lo que ha hecho.
Apretando los puños con ira, Naruto se dio la vuelta nuevamente, para ver de frente a la mujer, quien no parecía destruida como siempre, porque ahora Hinata estaba aprendiendo a ser fuerte, a mantenerse firme frente a él, quizá porque ya estaba harta de llorar y de dejar que todos la hicieran sentir menospreciada.
—¿Entonces no vas a dejarlo?
Por un momento, Hinata quiso renunciar a todo, mandar todo al demonio, abrazar a Naruto y decirle que solamente quería estar con él, pero tenía tanto miedo de que él sólo la estuviera usando, de que pudiera perder a su familia sólo por ir tras una persona que no era sincera, le aterraba dejar todo lo construido para simplemente lanzarse a los brazos de la felicidad, así que negó con la cabeza, sin dejar de ver al rubio a los ojos.
—No, no lo dejaré —aseguró, antes de alejarse de la escena, dejando a Naruto a solas, el cual estampó su puño contra la pared del pasillo, hiriéndose los nudillos en el proceso, mientras que Gaara, lleno de cólera por lo que acababa de descubrir, sólo permanecía en su escondite, esperando a que el paso estuviera despejado para poder salir.
No podía creerlo de Hinata, incluso si él no era nadie para juzgarla, porque su vida siempre fue un desorden de romances clandestinos, simplemente no imaginaba que esa chica que siempre fue recta y de moral intachable, hubiese podido serle infiel a Sasuke, no le entraba en la cabeza, pero seguro que todo se debía a Naruto y a alguna de sus artimañas, seguramente ese tipo estaba aquí sólo para causar estragos.
Tenía que averiguar cuál era su verdadero objetivo.
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Una cita para almorzar no era algo que Kiba hiciera comúnmente, hace poco había terminado las cosas con Ino y no es como si deseara tener algo con otra chica así, tan de repente, pero después de lo que había sucedido con Sasame el otro día, a decir verdad, se sentía un poco responsable con esa joven, aunque él no tenía nada que ver con lo que le había pasado.
—¿Qué quieres pedir? —preguntó, mirando la carta del menú, estaba un poco inquieto, no sabía muy bien la razón de eso, tal vez tanto problema ocurrido recientemente con Hinata le tenía los nervios de punta.
Cuando pensaba en que siempre estaba muy pendiente de ella, se sentía un poco tonto. Solía estar enamorado de Hinata y siempre se involucraba más de la cuenta en los embrollos de ella, sabiendo que la Hyûga no lo veía como algo más que un mejor amigo. Había superado esos sentimientos hace mucho, pero siempre terminaba siendo arrastrado hacia los miles de complejos que vivía Hinata, se preguntaba si acaso algún día podría dejar de estar tan pendiente de ella y ocuparse más de sí mismo.
Bueno, eso estaba tratando de hacer ahora.
—¿Te gusta la comida? —le preguntó a Sasame, que acababa de darle un bocado a la jugosa carne que les habían servido hace un par de minutos.
Ella asintió con la cabeza, esbozando una suave y dulce sonrisa.
—Sí, muchas gracias por invitarme —dijo ella, realmente lucía feliz y risueña, ¿y cómo no estarlo? Estaba en una "cita" con el chico que siempre le había gustado, era como estar en un sueño hecho realidad.
El castaño esbozó una sonrisa.
—No fue nada —dijo—. Me agrada pasar tiempo contigo.
Ella simplemente se sonrojó y bajó la mirada.
—También me agrada pasar tiempo contigo —respondió con seguridad, a pesar de lo nerviosa que estaba.
Kiba comenzó a comer y la miró de reojo, tal vez él no solía preocuparse siempre de sí mismo, pero nunca era tarde para empezar y parecía que Sasame era una buena persona, que seguramente le ayudaría a renovar un poco sus aires.
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Se suponía que había esperado durante toda la mañana para poder salir a comer con Matsuri, pero ahora que ambos estaban en el restaurante, Gaara se encontraba sumamente distraído, mientras leía el menú, su mente no dejaba de repetir la escena de hace un rato, cuando seguía en la empresa. Sabía que Hinata jamás actuaría de un modo imprudente –como parecía el caso– y que ese Naruto tampoco lucía como la clase de persona que haría una estupidez como aquella, seguramente había algo más que él no sabía, que necesitaba saber, pero ¿cómo averiguarlo?
—Gaara… —la voz de Matsuri, dulce y suave, lo trajo de regreso a la realidad—. ¿Está todo bien? —le preguntó la chica, mirándolo con preocupación, se había dado cuenta de que algo lo aquejaba y que parecía ser grave.
El pelirrojo, habiendo notado la forma en que Matsuri lo observaba, no hizo otra cosa más que sonreír quedamente, para luego asentir con la cabeza.
—Todo está bien, sólo pensaba en algo del trabajo, lo lamento —respondió, dejando la carta de menú sobre la mesa—. ¿Ya has decidido lo que vas a comer?
Matsuri asintió, así que él llamó al mesero para hacer la orden de ambos, luego, cuando éste se retiró, volvió a ver a la castaña, la cual miraba al suelo y se removía un poco inquieta en su asiento, parecía que ahora él tenía el turno para interrogarla.
—¿Qué sucede? —cuestionó, detallando el modo en que Matsuri se mordía el labio inferior y sus ojos lucían nublados, como si sintiera temor, era un modo muy curioso de comportarse, pero lo que era más curioso, era como él poco a poco había aprendido a leerla.
—Gaara, verás… —la secretaria, sin atreverse a mirarlo, suspiró y bajó la cabeza, como si fuera un soldado derrotado—. Creo que hice algo muy malo —confesó, totalmente apenada.
Gaara la miró confundido, no entendía nada, pero era como si Matsuri realmente estuviera avergonzada por haber hecho algo terrible, como un niño regañado en el kínder, cuyos padres iban a ser notificados de su mal comportamiento.
—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó, viéndola alzar nuevamente la cabeza.
La castaña se mordió el labio inferior otra vez, un gesto que, sin que ella supiera, hacía que ese hombre deseara ser el que lo llevara a cabo.
—Esta mañana vino una chica buscándote, cuando estabas en el hospital —respondió, apoyando sus dos manos sobre sus piernas cerradas contra su silla—. La chica me pareció un poco soberbia, dijo que exigía verte, pero… le mentí diciendo que te habías ido de viaje y que no volverías en una semana —confesó su fechoría, de la cual se sentía muy arrepentida—. Lo lamento, en verdad, sé que no fue nada profesional de mi parte, pero… a decir verdad… —a medida que hablaba, su rostro iba poniéndose bordo de la pura vergüenza que sentía en ese momento—. Yo… no sé, creo que me molestó pensar que ella quería estar cerca de ti, y…
—¿Te pusiste celosa? —Gaara no pudo evitar reír ante la única verdad que había frente a sus ojos; Matsuri sintió celos de esa chica y por tal motivo, había hecho lo posible para mantenerla lejos de él, eso, en lugar de hacerle sentir furioso, sólo le llenó el pecho de orgullo y también de felicidad.
Matsuri, por su parte, reaccionó de forma un poco exagerada, le ardía todo el rostro, pero no había forma de que negara lo evidente, así que luego de negar muchas veces con la cabeza y de agitar sus manos como loca, terminó por dar un suspiro, derrotada.
—Supongo que sí…
Gaara tomó las manos de su secretaria entre las suyas, no podía dejar de verla, había algo en Matsuri que simplemente lo atraía como los dos polos opuestos de un imán, aunque ella no era su tipo ideal de mujer, aunque tampoco actuara sumisa frente a él, a pesar de ser tímida e inexperta, él no podía evitarlo.
—No estoy enojado —dijo, acercando un poco su silla hacia ella, de ese modo, su diestra alcanzó a acariciar el cabello de la castaña, que sintió la calidez de esa mano que la reconfortaba con dulzura—. A decir verdad, me alegra un poco oír que te pusiste celosa —Gaara soltó una pequeña mueca de sonrisa, mientras su mano se deslizaba sobre la mejilla de Matsuri, para luego alcanzar sus labios—. Eso significa que te gusto, Matsuri —cuando sus ojos también se encontraron con esos labios, la distancia entre ambos poco a poco se fue acortando.
—Sabes que es así —susurró Matsuri, casi hipnotizada por la idea de ser besada por Gaara nuevamente, pero su deseo no pudo llevarse a cabo, ya que en ese momento les trajeron la comida, por lo que él se tuvo que separar.
Después de agradecer por sus platillos ya servidos, Gaara y Matsuri retomaron la conversación, pero ahora sin retomar el contacto físico, ya que su necesidad básica de comer les urgía a llenar sus estómagos.
—Entonces, ¿quién era la chica? —cuestionó el pelirrojo, durante un pequeño instante, había olvidado cualquier otro asunto que no se tratara de Matsuri, a decir verdad, estaba anhelando que pudieran quedarse a solas para así poder unir sus labios a los de ella y no soltarla hasta saciarse completamente de todo su ser.
—Uhm… —Matsuri se llevó un bocado de tallarines a su boca—. Creo que su nombre era Shijima.
Al escucharla, los ojos de Gaara se abrieron bastante, no podía creer que esa mujer lo estuviera buscando, primero insistía en llamarlo por teléfono y ahora, no contenta con fastidiarlo de ese modo, todavía se atreviera a ir a su oficina.
—Hiciste bien en alejarla —dijo con pesadez, cubriéndose la mitad del rostro con la palma de su mano—. Es más, si vuelve a venir, hasta tienes permiso de decirle que me morí.
—¿Eh? —Matsuri lo miró sin comprender, pero la expresión de Gaara decía mucho más de lo que él mismo pretendía; esa persona era indeseada para él.
—Se trata de mi ex novia —explicó entonces el pelirrojo, mirando con seriedad a su joven y dulce secretaria, quien captó inmediatamente el mensaje: aquella mujer era la que, sin un atisbo de culpa, había engañado a Gaara con su primo, la que le rompió el corazón, esa que lo volvió el hombre que acostumbraba a jugar con las mujeres.
Ahora entendía por qué no le cayó bien, esa mujer no merecía estar cerca de Gaara, no iba a dejarla.
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Sus pasos se detuvieron justo frente a la lápida que tenía escrito el nombre de "Minato Namikaze" en ella, a su lado, también podían verse los nombres de "Kushina Namikaze" y "Naruto Namikaze". Toda la familia había sido enterrada junta, después de la tragedia que los aconteció, lo menos que podían hacer era permitir que todos descansaran unidos.
Dejó las flores sobre la tumba del que fue su mejor amigo mientras estuvieron con vida, aun se arrepentía enormemente de las decisiones que había tomado, las cuales llevaron al final de sus días a Minato y a muchos otros.
—Lamento haber tardado en venir —murmuró, cerrando sus ojos de color blanco como la luna.
Hiashi solía visitarlo seguido, siempre hablaba un rato con la tumba de Minato, después de visitar también a su hermano menor, Hizashi, que había fallecido más o menos en la misma época.
—Espero que las cosas vayan bien en donde quiera que estés, seguro que en el cielo, siempre fuiste demasiado bueno —dijo, esbozando una ligera sonrisa, pero ésta enseguida desapareció, al igual que el brillo en su mirada, parecía perdido, encadenado a un pasado que lo llenaba de lamentación—. Me pregunto si ya estoy cerca de recibir mi merecido por lo que les hice a ti y a tu familia… —tras decir aquello, miró hacia las lápidas de la esposa e hijo de Minato, a ella la recordaba a la perfección, pero a su hijo no tanto, era muy pequeño en ese tiempo.
¿Tendría hoy por hoy la misma edad que Hinata? Era lo más seguro, el tiempo pasaba sin que él se diera cuenta siquiera.
Después de estar ahí por un rato, se puso de pie y se marchó, aunque se atormentaba día a día por las cosas que hizo en el pasado, ya no había modo de repararlas, absolutamente todas las personas que podrían hacerle pagar, estaban muertas. Incluso si esperaba recibir un juicio por sus acciones, eso no iba a suceder jamás.
Nunca.
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Estar en el hospital era la peor cosa del mundo, nada podía más aburrido que eso. Luego de que Hinata, Gaara y Hime se fueran, él se había quedado solo y, aunque había dormido un rato, ahora ya estaba harto. Hace poco le habían traído la comida, realmente sabía mal, pero lo obligaron a tragarse todo. Desde que le empezaron a administrar el medicamento para su enfermedad, se sentía bastante mejor, con más fuerza y menos dolor corporal, pero no dejaba de estar inquieto, él no era una persona que se resignara a permanecer inactiva.
—Demonios —masculló, quitándose de encima las sábanas. Estaba por bajarse de la cama, pero una voz lo interrumpió.
—Ni se te ocurra, Sasuke-kun —escuchó la voz que deseaba tiempo queriendo oír, así que se detuvo en seco y miró hacia la puerta; ahí estaba ella, la doctora Haruno, no, su amiga Sakura.
Sasuke frunció el ceño, no le gustaba cuando le daban ordenes, pero tampoco estaba en posición de negarse a hacer lo que los doctores le indicaban.
—Solamente iba al baño —explicó, tratando de excusarse.
Sakura rio por lo bajo, conocía a Sasuke y podía deducir por el tono de su voz que él no le estaba diciendo la verdad, seguramente quería salir de la habitación un rato, pero él no podía, era un paciente con una enfermedad contagiosa y bastante complicada.
—Pues debes llamar a las enfermeras, tú no puedes levantarte sin ayuda —explicó la doctora, que dejó de lado el expediente que estaba sosteniendo para poder ir a ayudarlo. Hasta que ella lo dijo, Sasuke no lo había notado, pero sus piernas temblaban como si fueran de gelatina, estaba seguro de que había recuperado la fuerza muscular, pero era evidente que no—. Ya que no hay ninguna enfermera aquí, yo te ayudaré, pero sólo por ahora —dijo ella, logrando que Sasuke se apoyara en ella para poder ponerse de pie.
—No necesitaba ayuda —dijo avergonzado, aunque Sakura lo ignoró totalmente.
La habitación tenía un baño, así que sólo tuvieron que caminar un poco para poder entrar, ella había hecho esto muchas veces, ayudar a un paciente a hacer sus necesidades no era una cosa del otro mundo para una doctora, pero ahora mismo, sólo porque se trataba de Sasuke, estaba muy avergonzada.
—Sólo vas a orinar, ¿verdad?
—Sí —respondió el azabache—. Puedes salir, te llamaré cuando acabe —añadió, a lo que ella asintió con la cabeza y lo esperó fuera de la habitación. Apenas pasaron unos momentos y escuchó el agua del lavamanos correr—. Ya, Sakura —dijo Sasuke.
Ella volvió a entrar al baño y lo ayudó nuevamente, haciendo de soporte para que Sasuke pudiera caminar hasta la cama, él podía permanecer de pie, pero no era capaz de dar varios pasos sin perder el equilibrio, un efecto secundario muy común de la meningitis.
—Sasuke-kun, tienes que quédate aquí, para la próxima pide ayuda, ¿sí? —dijo la peli rosa, en tono de regaño—. Y no intentes salir del cuarto, podrías contagiar a otros pacientes, hasta que no baje el riesgo no puedes tener demasiado contacto con otras personas que no hayan sido vacunadas.
Él se sintió como un niño pequeño, frunció los labios y asintió con la cabeza, mientras la doctora le ayudaba a subir sus piernas sobre el colchón.
—Bueno, debo seguir con mis rondas —cuando Sakura estaba por irse, él la sostuvo por la muñeca, así que ella se quedó quieta y lo miró—. ¿Qué pasa?
Los ojos oscuros de Sasuke también la estaban mirando, parecía cuestionarse algo, aunque ella no estaba muy segura de qué podría ser.
—No te vayas —contestó al fin, Sakura pudo sentir que se le derretía el corazón cuando lo escuchó pronunciar aquello, no podía creer que fuera tan débil ante Sasuke—. Sakura… no quiero estar solo… —explicó entonces él, desviando la mirada.
Sakura recordó que hace no mucho lo había visto besándose con su esposa, se sentía muy estúpida por sentirse de ese modo con Sasuke, por estar tan enamorada de él hasta el punto de llegar a olvidar que él estaba casado, que tenía una hija y que nunca le haría caso.
Pero no podía evitarlo.
—Sólo me quedaré un rato —dijo, esbozando una suave sonrisa, la cual fue correspondida por el azabache.
Ahora que él lo pensaba mejor, las pocas veces que su corazón se había sentido cálido y acogido, habían sido cuando compartía el tiempo con Sakura. Tendría que haberse dado cuenta de ello mucho antes.
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Ya había caído la tarde y la mayoría de los empleados se habían retirado hacia sus hogares. Matsuri salía un poco más tarde, ya que ella y Gaara habían recibido mucho trabajo. El pelirrojo le había pedido que lo esperara en el recibidor del primer piso, ya que planeaba llevarla a casa, ella no podía negarse, le encantaba pasar tiempo junto a Gaara, era algo que no conseguía evitar adorar.
Cuando el elevador se abrió en el primer piso, notó que varios empleados que aún seguían en el edificio ya se estaban marchando, ella se sentó en uno de los sillones y se quedó leyendo algunas cosas en su teléfono, mientras pasaba el rato para que Gaara viniera por ella. Se preguntaba qué pasaría después, aunque estaba preocupada por el futuro y sobre cómo tomaría Sasori cuando le dijera que quería romper el compromiso con él, en los instantes en los que su jefe la besaba o la abrazaba, ella se sentía flotando entre nubes, era como si nada ni nadie pudiera bajarla de ahí, incluso estaba pensando en no hacer la audición que tanto había esperado, sólo para poder quedarse con él, a fin de cuentas, ganaba bastante buen dinero.
—Eres Matsuri-san, ¿no? —escuchó una voz femenina, así que alzó la mirada y la vio.
La vice presidenta era una mujer demasiado hermosa, más que una mujer re negocios, parecía una princesa de cuentos, no recordaba haber cruzado palabra con ella antes, pero por supuesto que la conocía. Todavía recordaba cuando vio a Gaara abrazándola, había pensado lo peor de ambos, pero luego supo que los dos solamente eran amigos desde hace años.
—S-sí —respondió, un poco nerviosa.
Hinata le sonrió, a decir verdad, tenía sus dudas sobre hablar con esa chica, no quería meterse donde no la llamaban, pero al verla sola en ese lugar, simplemente no lo había podido evitar, estaba emocionada por saber que a Gaara le gustaba, después de verlo cometer tantos arrebatos con otras mujeres, en serio estaba curiosa al respecto de cómo era Matsuri.
—¿Te molesta si me siento? —preguntó.
Matsuri enseguida negó con la cabeza —Tome asiento, Hinata-sama.
La ojiperla se sentó junto a la castaña y volvió a reír, muchos la llamaban de ese modo, era natural, ya que era la jefa, pero no le gustaba del todo, siempre se había sentido más como la sombra de Sasuke, incluso si ahora él no estaba ahí y ella era la que debía hacerse cargo de todo.
—Sólo dime Hinata —dijo—. ¿Qué estabas haciendo aquí sola?
—Eh… —Matsuri enrojeció, bajando la mirada, no sabía si estaba bien decirlo, después de todo, los rumores en esa empresa corrían como la pólvora—. Yo… esperaba a Gaara… eh… Gaara-san…
Hinata se llevó una mano a la boca, evitando soltar una carcajada, no podía creer que había conocido a una persona tan tímida como ella.
—No tienes que disimular frente a mí, sé que Gaara-kun y tú salen —explicó, así que Matsuri la miró con los ojos muy abiertos, ni ella misma le llamaría "salir" a lo que tenían—. Él me lo contó, así que no te asustes.
—Ah, eh, y-yo…
—Creo que soy algo imprudente, lo lamento —la ojiperla ladeó su cabeza con cierta vergüenza, se suponía que sólo quería conocerla, no abrumarla, tampoco quería hacer o decir algo que pusiera en peligro las cosas para esos dos, sabía lo delicado que era Gaara al respecto.
—No, no —la castaña negó con la cabeza—. No es eso —aseguró—. Es sólo que me sorprende un poco que él le haya contado eso, es decir… —hizo una pequeña pausa, esbozando una suave sonrisa en sus labios—. En realidad, me hace muy feliz… —explicó, sus mejillas estaban rojas, pero en serio estaba contenta, si Gaara hablaba de lo que ellos tenían con sus amigos, significaba que lo estaba tomando en serio, por eso, ella también debía tomarlo del mismo modo.
Hinata no pudo evitar sonreír al verla, no tenía que preguntar, con sólo ver a Matsuri, podía darse cuenta de que esa chica estaba realmente enamorada de su amigo, lo cual le hacía feliz, al menos él sí podía estar junto a la persona que correspondía a sus sentimientos, a diferencia de ella, que no estaba en posición de hacer eso.
—Matsuri —ambas escucharon la voz de Gaara, él acababa de llegar, detrás de él, las puertas del ascensor se estaban cerrando, lo que demostraba que había salido de ahí. El pelirrojo dirigió sus ojos fríamente sobre la figura de Hinata, estaba molesto con ella, pero no podía justificar ese sentimiento en este momento, ella no debía saber lo que él había visto, así que trató de disimular—. Hinata, buenas noches —dijo—. Pensé que estarías con Sasuke.
Ella negó con la cabeza.
—No puede recibir visitas por demasiado tiempo, ahora iba a ir —explicó, poniéndose de pie—. Buenas noches, Gaara-kun, Matsuri-san —se despidió de ambos, dándoles la espalda.
Matsuri le hizo una leve reverencia, poniéndose de pie rápidamente, para luego mirar a Gaara, podía notar que él estaba ligeramente inquieto, así que tomó su mano.
—¿Sucede algo? —le preguntó, dándose cuenta de que el pelirrojo sólo observaba la espalda de la vicepresidenta mientras ésta se marchaba, pero él negó con la cabeza al escuchar su pregunta, dedicándole una suave sonrisa.
—No es nada, te llevaré a casa —respondió.
Lo mejor era conservar la calma y el estoicismo en estos momentos., cuando estaba con Matsuri, solamente quería pensar en ella y en nada más.
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Lo bueno de un día largo de trabajo, era precisamente cuando éste acababa. Dado que Sasuke estaba en el hospital, todo se había vuelto más pesado, en buena hora se le ocurría a ese idiota enfermarse, justo cuando tenían un desfile casi en puertas.
Shikamaru estaba en su oficina, apagando la computadora. Soltó un hondo bostezo, ya tenía sueño, normalmente habría tomado una siesta más temprano, pero no tenía tiempo para eso ahora, no dejaba de pensar en todo lo pendiente y, más aún, en lo que él y Gaara habían decidido hacer, pues iban a encarar a Naruto, todavía no decían cuando, ya que el pelirrojo repentinamente le dijo que necesitaba más tiempo para verificar un asunto.
Unos golpes a su puerta lo distrajeron, así que tomó su saco para ponérselo y fue a abrir, encontrándose con la hermosa figura de la única mujer que lo mantenía suspirando, a pesar de lo nervioso que lo ponía.
—Temari, hola —dijo, ligeramente inquieto—. ¿No te has ido a casa todavía?
La mayor se encogió de hombros, entrando a la oficina sin ser invitada. Cerró la puerta detrás de su espalda y miró a Shikamaru, ahora que lo pensaba, había pasado un tiempo desde que los dos hablaron a solas, eso la molestaba un poco, a pesar de que había decidido dejar de molestarlo, lo cierto era que no podía hacerlo.
—Apenas terminé los pendientes —explicó la rubia, mostrándole una suave sonrisa—. Además, quería hablar contigo.
El Nara asintió con la cabeza, después de ver que alguien como Gaara, que nunca tuvo interés en el amor, se estaba esforzando por ser sincero y transparente con Matsuri, él pensó que también debía hacerlo, no ganaba nada con huir de Temari como un niño asustado, porque se había dado cuenta de que eso la cansaría y que se alejaría de él.
—De hecho, también quería hablar contigo —dijo con seriedad, cosa que sorprendió un poco a la mujer, ya que era difícil que Shikamaru, en efecto, quisiera pasar tiempo a solas con ella.
—Entonces charlemos —Temari se adentró un poco más hacia la habitación, la oficina de Shikamaru estaba un poco desordenada, la mayoría de las veces era así, ese hombre era inteligente, pero muy holgazán. Ella se sentó en el pequeño sofá que estaba arraigado en una esquina, cruzando sus piernas—. ¿Quieres empezar?
Evitando mirar las piernas de la rubia, Shikamaru desvió su rostro, tragando saliva.
—Tú viniste hasta aquí, creo que eso te da derecho de empezar —respondió.
Temari sonrió, pues era cierto, a veces Shikamaru podía ser bastante considerado.
—Bien —cerró sus ojos y soltó un sentido suspiro, dejando de lado su fachada de femme fatale, en este momento sólo quería ser sincera con ese sujeto, que era tan esquivo que la iba a volver loca—. Shikamaru, a decir verdad, estoy cansada de este juego tonto donde yo te persigo y tú huyes, somos como el gato y el ratón —dijo con seriedad—. Sé que eres amigo de mi hermano y que te abruma un poco que podamos llegar a tener algo, pero, a decir verdad, siento que estoy haciendo el tonto contigo.
Confundido por las palabras de Temari, Shikamaru arqueó una ceja.
—¿Haciendo el tonto?
Ella se sonrojó levemente, estaba avergonzada, pero creía que hacer esto era lo más maduro que había hecho desde hace mucho tiempo, porque cuando se trataba de Shikamaru Nara, ella era una mocosa totalmente inmadura.
—Digo que entiendo que yo no te gusto, así que dejaré de molestarte, eso vine a decir —explicó, poniéndose de pie. Alcanzó a dar solamente dos pasos y sintió que era detenida cuando Shikamaru se plantó delante de ella y apoyó ambas manos sobre sus hombros, aunque era menor, era más alto, así que tuvo que alzar la mirada para verlo a la cara y darse cuenta de que él estaba rojo hasta las orejas.
—Eso no es cierto —dijo el hombre, frunciendo el ceño, por primera vez en mucho tiempo y aunque sentía que su corazón iba a explotar, estaba sosteniéndole la mirada a Temari—. Tú sí me gustas, Temari.
La rubia abrió sus ojos con sorpresa, esperaba salir de ahí y seguir su vida como si nada, pensaba que Shikamaru estaría agradecido de que ella se alejara, pero parecía que no estaba en sus planes dejarla partir sin más.
—¿Qué? —cuestionó, incrédula—. Pero siempre me evitas.
Sintió que las manos temblorosas del hombre la apretaban un poco más, pero sin lastimarla.
—Eso es… —finalmente, él miró al suelo, mordiéndose el labio inferior—. Tengo un problema… pero no es que quiera evitarte, es que me pones muy nervioso y yo… —antes de que pudiera seguir hablando, escuchó la risa de Temari, así que nuevamente la miró, ella se veía hermosa en ese momento, no parecía humana.
—¿Te pongo nervioso?
Shikamaru la soltó y se llevó una mano a la nuca, era vergonzoso explicarle sobre su fobia, pero, como había decidido, dejaría de ser un cobarde y enfrentaría las cosas, porque no quería perder a Temari, así que al diablo con todo.
—Te lo explicaré todo —dijo, suspirando con desgano.
Temari asintió con la cabeza, no sabía lo que iba a escuchar, pero si Shikamaru estaba diciendo y asegurando que ella sí le gustaba, entonces no podía irse, porque estar con él era algo que realmente deseaba, desde el fondo de su corazón.
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El comisario de la policía dejó sobre la mesa el expediente del criminal que le había sido solicitado por uno de sus oficiales, quien estaba sentado justo delante de él, al otro lado del escritorio.
—¿Kimimaro Kaguya? —cuestionó Kakashi—. Entonces, ese es el nombre del sicario que asesinó a Shin —murmuró lo último, llevándose una mano al mentón en pose pensativa—. Recuerdo haber oído sobre él, fue juzgado por varios crímenes hace años.
Itachi asintió con la cabeza, recogiendo de encima del escritorio dicho expediente, el hombre de la foto tenía el cabello blanquecino y una expresión casi serena en el rostro, como si no fuera capaz de aplastar ni una mosca, todo lo contrario a la vida real, pues se trataba de alguien sin escrúpulos, que simplemente se dedicaba a matar gente por encargo.
—Después de presionar a Danzou, Sai encontró que este fue el sujeto que le quitó la vida a su hermano —explicó, leyendo vagamente lo que decía en esos papeles—. Entonces, está en una institución mental.
Kakashi asintió.
—Fue declarado mentalmente incapacitado, esquizofrenia —dijo el mayor—. ¿Irás a verlo?
—Así es —respondió el azabache, frunciendo levemente el ceño, no le gustaba mucho la situación, era muy difícil obtener cooperación de un paciente psiquiátrico, casi hubiera preferido que se tratara de un sujeto condenado a cadena perpetua, por muy terrible que fuera—. Le prometí a Naruto que le sacaría la verdad a este tipo.
—Suerte con ello —dijo el comisario, esbozando una leve sonrisa bajo la máscara que solía usar siempre para ocultar su rostro—. Ese chico es demasiado insistente, no se va a rendir hasta que consiga hacer pagar a quien asesinó a su padre.
El Uchiha apoyó su brazo sobre el escritorio y luego descansó su rostro contra la palma de la mano —Tú lo conociste, ¿no? —interrogó—. A Minato Namikaze.
El hombre de cabellera plateada asintió con la cabeza, él era un chico de unos doce años la primera vez que conoció a Minato, que era un joven que apenas empezaba su carrera, Kakashi acababa de perder a su padre y fue precisamente ese hombre quien le tendió una mano.
—Tengo buenos recuerdos de él —dijo con nostalgia, pues Naruto no era el único que esperaba darle justicia.
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Habían pasado un par de días desde que Sasuke fue hospitalizado, cuando su enfermedad se vio curada, le dieron el alta, pero él no le avisó a nadie que saldría del hospital. Era bastante temprano, aproximadamente las ocho de la mañana cuando salió del edificio y pidió un taxi. Tenía a muchas personas a las cuales ver, su esposa, su hija, sus padres, pero la única en la que él podía pensar era en ella.
Sakura, tal y como le dijo, lo había acompañado durante sus días de encierro, cuando Hinata o su familia no estaban ahí, ella siempre estaba, a pesar del dolor que seguramente su presencia le causaba. Pero Sakura era la única de todas esas visitas que le hacía sentir como si hubiera un poco de luz en medio de su constante oscuridad. Hoy era su día libre, el tercero, para ser exactos, así que la extrañaba, ella no se asomó por el hospital durante los dos días anteriores, pues dijo que estaría ocupada, aunque posiblemente sólo lo estaba evitando, limitándose a verlo sólo cuando no le quedaba de otra.
Al llegar al edifico en donde ella vivía, Sasuke se bajó del taxi, pagó por su servicio y se adentró al mismo. Cuando alcanzó el piso donde ella e Ino vivían, se acercó hasta el departamento, pero notó que la rubia estaba saliendo, así que se escondió detrás de un enorme macetero con hojas altas.
—Tarde como siempre —pensó, rodando los ojos, era normal que Ino siempre se atrasara para el trabajo. Cuando la vio tomar el elevador y luego de que éste cerrara sus puertas, el azabache se apresuró hasta la puerta, parándose justo frente a la misma.
Primero dudó si debía tocar o no, a decir verdad, no estaba seguro de por qué había venido en primer lugar, sólo sabía que quería ver a Sakura, que se moría por hacerlo. Observó la puerta cerrada, sus puños se cerraban, dubitativos de tocar o no, hasta que se decidió y presionó el botón del timbre. Esperó un momento, no escuchaba ningún ruido desde el interior, ¿acaso Sakura no estaba?
Pero entonces la puerta se abrió.
—Ino, ¿olvidaste al…? —la peli rosa se calló cuando lo vio a él ahí en lugar de a su amiga rubia, sintió que se le iba a salir el corazón por la boca, porque ni siquiera se le ocurrió mirar para saber quién tocaba el timbre, simplemente supuso que se trataba de Ino y abrió sin más—. S-Sasuke-kun… ¿qué haces aquí?
Al verla por fin, una leve sonrisa se dibujó en los labios del Uchiha, era como si acabara de aplicarle bálsamo a sus heridas.
—Me dieron el alta —respondió, fue la explicación más simple que encontró, pero claro, ella no estaba satisfecha con eso.
—¿Y qué haces aquí? —insistió, frunciendo el ceño—. Deberías estar en tu casa, con tu familia —sin saber por qué, de un momento a otro se sintió molesta, así que se dispuso a cerrar la puerta, quería que Sasuke se fuera, estaba bien que había sido amable con él mientras lo cuidaba y estaban en el hospital, pero ahora no estaba obligada a ello.
Sin embargo, Sasuke trancó la puerta con su pie.
—El lugar en donde quiero estar es donde tú estés, Sakura —dijo, con media puerta cerrándose frente a la cara, pero cuando lo escuchó, Sakura dejó de hacer presión y él aprovechó para abrir de par en par.
Se metió dentro del departamento, tomó a la peli rosa por la cintura y la acorraló contra la entrada, haciendo que la propia espalda de la chica cerrara la puerta.
—Sasuke-kun… —susurró ella, sus labios temblaban con la cercanía del hombre, podía sentir su aliento e incluso la forma de su cuerpo—. Por favor… no hagas esto… —dijo con pesar—. No me des ilusiones…
Sasuke le acarició la mejilla, mientras la miraba intensamente, era la primera vez que él la observaba de ese modo, entonces volvió a sonreír, ante la expresión de sorpresa de Sakura. Las sonrisas de Sasuke no eran como las de las demás personas, no eran enormes ni de oreja a oreja, eran débiles, casi invisibles, pero hacían que su rostro brillara como si hubiera salido el sol.
—Lo siento —murmuró Sasuke—. Ya no puedo más con esto —añadió, justo antes de unir sus labios a los de ella.
Hace poco, Hinata le había dicho que intentaría que su matrimonio funcionara, por fin, después de seis años, tenía todo lo que había querido, pero ya no le importaba, porque ahora lo que realmente quería estaba aquí, siempre había estado esperándolo, siendo paciente, anhelando que él lo tomara.
—Sasuke-kun… —murmuró la peli rosa, en medio del beso.
—Sakura… —Sasuke susurró su nombre, mientras la despegaba de la puerta y, lentamente, la llevaba entre besos hacia su habitación, él sabía donde era, pues había visitado ese apartamento miles de veces, aunque esta era la primera vez que planeaba usar esa cama.
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Esa mañana, cuando Naruto llegó a su oficina, se sorprendió de ver que había dos personas que le esperaban dentro, ambos tenían una mirada llena de hostilidad, pero sobre todo uno, que parecía querer lanzársele encima para matarlo a golpes, aunque Gaara Sabaku No siempre lo miraba de ese modo.
—¿Qué se les ofrece? —preguntó, confuso.
Shikamaru estaba sentado sobre su silla y Gaara estaba de pie, apoyado contra el escritorio, los dos mantenían su seriedad, pero fue el Nara el primero en responder.
—Lo sabemos todo —dijo—. Sabemos que eres un farsante, Naruto Uzumaki —dijo, posando sus ojos sobre Gaara, quien levantó un expediente lleno de información sobre ese hombre que ahora estaba de pie frente a los dos.
—Naruto Uzumaki, graduado en la universidad de Okinawa, hizo algunos negocios en la ciudad antes de mudarse a Tokyo —explicó lo que ahí decía—. Aunque no se sabe nada de él antes de los ¿diez, doce? —lo último lo dijo con cierta duda—. No hay registros en ninguna escuela, ni dentro ni fuera del país, así que, di la verdad, ¿quién eres?
Acorralado ante esos dos, Naruto tragó saliva y frunció el ceño. Ambos, Gaara y Shikamaru, eran personas que no había considerado ni para su venganza, ni para mantenerlos a la raya, no esperaba que fueran a descubrirlo, ¿ahora qué rayos iba a hacer?
—¿Por qué me han estado investigando? —se defendió—. No he hecho nada malo.
El pelirrojo arrojó el informe sobre el escritorio y lo miró con odio.
—No te hagas el imbécil —contestó, apuntándolo con su dedo índice—. Has estado desviando dinero de la compañía a cuentas externas, ¿quién crees que se encarga de todo eso? Shikamaru es mucho más listo que tú, al parecer.
Esta vez, los ojos de Naruto se abrieron con sorpresa, ¿qué estaba diciendo este tipo? ¿Que él había desviado el dinero de la empresa?
¡Eso no era cierto!
—¡Claro que no! —exclamó.
—Y no sólo eso —Gaara volvió a tomar la palabra—. Tú, maldita basura, te atreviste a aprovecharte de Hinata.
Los ojos de Shikamaru se abrieron un poco, él no sabía nada sobre eso. Por su parte, Naruto cerró la puerta de golpe y dando dos zancadas, llegó hasta donde estaba Gaara, agarrándolo por el cuello de la camisa.
—Repite eso y te parto la cara —lo amenazó, pero el otro no sentía ningún atisbo de temor.
Al ver que las cosas estaban yendo por un camino mucho peor del imaginado, Shikamaru puso una expresión de fastidio, era por eso que no le gustaban las confrontaciones.
—Qué problema… —murmuró.
Continuará…
Omake:
Afuera de la oficina de la escritora, se puede ver a un montón de personajes discutiendo y murmurando entre sí. Todos llevan un papelito en sus manos, con un número.
—¿Qué turno tienes tú? —pregunta Naruto, mirando a Sasuke, que le enseña un papel con el número cinco—. ¿Eh? No es justo —frunce el ceño—. Yo tengo el noventa.
—¿Cuántos personajes hay en esta historia? —cuestiona el azabache, arqueando una ceja.
—Soy el cuarenta, qué problemático —murmura Shikamaru, soltando un suspiro.
Hinata está a un lado, junto a las demás chicas.
—A mí me parece una buena idea que nos atiendan por turnos, así todos podemos pasar a hacerle nuestras peticiones a la escritora —dije ella, mostrando una sonrisa tranquila y feliz.
—Eso dices porque eres el número dos —le reclama Sakura, que parece estar bastante ansiosa.
—Oigan —susurra Matsuri—. ¿Quién es el número uno? ¿Por qué aún no sale? Lleva mucho tiempo ahí.
—Uhm… —Sakura se pone en pose pensativa—. Creo que es Kakashi-sensei.
Todos miran hacia la puerta al escuchar las palabras de la chica, entonces, la puerta se abre, sale una asistente y pone un letrero en la puerta. Se acercan a mirar y sus rostros cambian por uno de impacto total.
"La escritora acaba de perderse en el sendero de la vida, vuelva el próximo mes."
—¡¿Quéeee?! —gritan furiosos.
Fin Omake.
