Canción: Contigo de la banda Like.
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Capítulo 20: La villana del cuento
Esa mañana, antes de presentarse a trabajar, Naruto había ido a pasear al parque que estaba cerca de la empresa, solamente para tomar un poco de aire y para despejar su mente. En ese lugar, hace ya un tiempo atrás, había visto por primera vez a Hime, su hija. Todavía le costaba creerlo, aún le asombraba pensar que él tenía una hija, pero esa niña era tan dulce y linda, estaba deseoso por poder decirle que él era su padre, por abrazarla y llamarla como lo que era, como su hija, pero no podía hacerlo, Hinata ni siquiera le permitía verla, lo cual comenzaba a desesperarlo. Se suponía que él había venido a destruir al asesino de su padre, a buscar justicia, pero todo se había ido al demonio, incluso si continuaba investigando al respecto, ya ni siquiera tenía fuerzas para seguir adelante, todo porque necesitaba tener a Hinata a su lado y ella lo despreciaba.
—Maldita sea… —murmuró, revolviéndose el cabello con frustración.
—¡Señor sol! —de pronto, la voz conocida e infantil llenó sus oídos, Naruto volteó hacia un costado y vio que esa hermosa y dulce niña se acercaba corriendo hacia él. Atrás de Hime, su niñera corría para alcanzarla, la nena se le había escapado—. Señor sol, es usted —cuando ella llegó a donde él estaba, le mostró una brillante sonrisa.
—Hime-chan… —Naruto se acuclilló frente a la niña, sus ojos azules parecían querer estallar en lágrimas, pero la forma en que ella lo miraba le hacía controlarse—. Hola, ¿cómo estás? —le preguntó, aunque estaba volviéndose loco por abrazarla, sabía que no podía actuar de ese modo.
Hime llevaba puesto el uniforme de la escuela, tenía su mochilita colgada a la espalda y también sostenía un pequeño peluche con forma de zorro de color marrón entre sus manitos.
—¡Hime-sama! —la niñera, que ya era anciana, apenas y podía respirar cuando llegó a su lado—. Le he dicho muchas veces que ya no soy tan joven para seguirla, por favor, no corra.
La niña la ignoró, ella no dejaba de ver a Naruto.
—Hime está muy bien, señor sol —respondió alegremente—. Estoy feliz porque mi papá pronto estará en la casa.
Al escucharla decir eso, el rubio sintió como si una piedra le hubiera caído en la cabeza, como si de pronto la realidad lo golpeara de un modo sumamente cruel; era verdad, Hime pensaba que Sasuke era su papá, ella había nacido y crecido con él, ¿por qué razón le iba a dar una oportunidad a alguien que solamente había hecho sufrir a su madre? Hinata tenía razón en querer alejarla de él, no era un buen ejemplo para su hija, pero, aun así, él quería seguir viéndola, quería estar cerca de ella, deseaba que algún día ella lo llamara papá.
—Me alegra mucho —dijo él, fingiendo una sonrisa. Estiró un poco su mano y acarició el cabello de la pequeña, era del mismo tono que el de Hinata, seguramente se iba a parecer mucho más a ella cuando creciera—. Hime-chan, por cierto, no deberías escaparte de tu niñera, mírala, está muy cansada de seguirte.
La niña abultó sus mejillas al oírlo, parecía un poco enfadada.
—Pero Hime-chan quería ver al señor sol y Nana no me dejaba —explicó, abrazando más fuerte su peluche.
Naruto alzó la mirada para ver a la mujer, quien solamente vio en otra dirección, así que suspiró, seguramente esto era cosa de Hinata, ella le debió ordenar a la señora que no permitiera que él se acercara a su hija, aunque no contaba con que sería la misma Hime la que provocaría el encuentro.
—Mira, te daré esto —Naruto revisó en su bolsillo y sacó un dulce, solía comerlos cuando estaba estresado, pero era mejor si se lo daba a ella—. Te dejaré tenerlo si prometes que no te escaparás de nuevo, podría pasarte algo —dijo con seriedad, estaba preocupado por ella, no quería que nada malo le ocurriera a su pequeña—. Te prometo que la próxima vez yo iré a verte, ¿sí?
—Está bien —respondió Hime, esbozando una nueva sonrisa y recibiendo el dulce, el cual se llevó a la boca después de sacarle el envoltorio.
El hombre se puso de pie y miró a la anciana mujer, que ya había tomado la mano de la niña para llevársela, pero antes, él decidió hablar.
—Dígale a Hinata que no me alejaré de Hime, que lo tenga en cuenta —fueron sus palabras, para luego darle la espalda a ambas y marcharse. El encuentro, aunque breve, le había llenado nuevamente de energías, a pesar de que estaba atado de pies y manos, tenía la esperanza de que pronto podría solucionar todo este embrollo y podría decirle a Hime que él era su verdadero padre.
Más tarde, cuando llegó a su oficina, se encontró con Gaara y Shikamaru, ambos lo confrontaron y se dio cuenta ahí mismo de que la situación se le estaba saliendo de las manos, pero, además, lo estaban culpando de algo que él no había hecho.
—Suéltame, no tienes agallas para darme un golpe —dijo Gaara, de forma totalmente áspera, parecía querer provocarlo o incluso incrustarle su puño en la cara, pero Naruto no estaba siendo suave, su mirada también mostraba rabia y desesperación.
—¿Quieres ver? —contestó el rubio, desafiante.
—Hey —Shikamaru se levantó y se paró justo delante de los dos, sin llegar a tocar a ninguno, pero viéndolos con el ceño fruncido—. ¿Qué pasa con ustedes? ¿Se van a agarrar a golpes como dos críos en medio de la oficina?
Naruto soltó a Gaara y medio lo empujó para alejarlo de su persona, sabía que debía controlarse y Shikamaru estaba en lo correcto, no podían ponerse a pelear aquí, menos a puñetazo limpio, como si estuvieran en un ring, pero es que el modo en que Gaara lo veía no dejaba duda a la interpretación, ese sujeto parecía que realmente lo detestaba.
—¿Qué se supone que esperan que les diga? —cuestionó, sus ojos se dirigieron de forma casi inmediata hacia Shikamaru, quien arqueó una ceja, mientras Gaara se apoyaba contra el escritorio, intentando calmarse un poco, pues ambos habían perdido bastante los estribos—. Escuchen, no sé de dónde han sacado que yo estoy robando dinero de la empresa, pero no es así, se los puedo demostrar.
—Bien, ¿y qué hay de tu nombre falso? —cuestionó el Nara, aunque su mirada era seria y desconfiada, no podía compararse con los ojos de asesino serial que Gaara le estaba dedicando en ese momento.
—Eso… —el rubio miró al suelo, ahora sí que no tenía escapatoria y dudaba que algo fuese a salir bien si hablaba—. Yo… no puedo decirles, pero no es nada malo, es decir… no contra ustedes.
Gaara rio al escucharlo, su tono era sarcástico, era evidente que no le creía ni una sola palabra.
—Tienes dos opciones, Naruto Uzumaki —dijo casi arrastrando las palabras—. Dinos la verdad aquí y ahora, o atente a las consecuencias.
Justo cuando Naruto pensaba responderle de un modo muy grosero, la puerta se abrió y dejó ver a Sai, los tres presentes le observaron con cierta sorpresa, debido a su entrada repentina. Éste cerró nuevamente y se dirigió tanto a Gaara como a Shikamaru.
—Naruto es el hijo de Minato Namikaze, el hombre que fue injustamente inculpado y asesinado por Hiashi Hyûga hace quince años —explicó sin más, sin siquiera sudar una gota y sin ningún titubeo y, mientras los otros dos abrían sus ojos como platos, Naruto miró a Sai con los ojos llenos de furia.
—¡Sai! —exclamó—. ¿Cómo te atreves…? —apretó su puño con ira, no entendía nada, ¿por qué el que se suponía que era su amigo le hacía esto? ¿Por qué contaba la verdad así como si nada?
El pelinegro, por su parte, simplemente cerró sus ojos.
—Naruto, ya habías sido descubierto, era cuestión de tiempo para que ellos supieran la verdad —aseguró, no estaba asustado, aunque parecía que Naruto estaba por golpearlo—. Además, ya no podemos hacer esto solos, necesitamos ayuda y se ve que ellos dos saben bien dónde buscar.
—Creí que toda la familia de Namikaze murió hace tiempo —Shikamaru tomó la palabra, intentando mantenerse sereno ante una situación que lucía mucho más catastrófica de lo que en un inicio pensó—. Oí sobre que fue asesinado, pero… ¿Hiashi-san…? ¿Cómo sabes que fue él?
Ante la pregunta, sintiendo que se le partía el corazón al recordar dicha escena, Naruto se vio obligado a contestar.
—Porque yo lo vi con mis propios ojos —respondió—. Sólo era un niño, pero lo vi todo… —una sonrisa amarga apareció en sus labios—. Pero nadie me creyó, Hiashi encubrió todo, ese bastardo miserable… —empuñó ambas manos con fuerza—. Simplemente asesinó a mi padre y se salió con la suya, dejó que lo culparan de todo, mi padre quedó como un estafador y un ladrón… ese infeliz…
Gaara, que seguía apoyado contra el escritorio, confuso, llegó a una conclusión que no le gustó para nada y no le quedó más remedio que ser él quien agarró por el cuello de la camisa a Naruto esta vez, no podía creer que fuese cierto lo que estaba pensando.
—¿Entonces viniste aquí a vengarte? —cuestionó, apretando la tela con demasiada fuerza—. ¿Has estado metiéndote con Hinata para destruir a su padre?
Hubo un pequeño momento de silencio, hasta que Naruto no fue capaz de sostenerle la mirada a Gaara, pues se sentía culpable.
—Sí —admitió, provocando más la furia del pelirrojo—. Pero amo a Hinata —aclaró, justo cuando Gaara pretendía golpearlo, sólo que el puño se detuvo a centímetros de su cara—. Ella y yo nos conocimos hace años en Okinawa, nos enamoramos y luego… su padre se la llevó —explicó—. Siempre pensé que Hinata me había traicionado, pero ahora sé que no fue así…
Aunque Gaara quería matarlo a golpes, por algún motivo, estaba seguro de que sus palabras eran ciertas, Naruto no estaba mintiendo, sus sentimientos por Hinata eran reales, así como su arrepentimiento, él podía entenderlo, porque se sentía de un modo similar, así que lo soltó.
—Entonces eres el padre de Hime —murmuró, aunque todos pudieron oírlo.
Naruto abrió sus ojos con sorpresa y miró a Gaara —¿Tú lo sabes?
El pelirrojo asintió.
—Lo he sabido siempre, ni Sasuke ni Hinata me lo dijeron, pero los oí el día en que ella nació, sabía que otro sujeto era el padre de la niña, pero jamás pensé que fueses tú.
—Esto es muy problemático —admitió Shikamaru, que no se esperaba tamaño enredo cuando decidió confrontar a Naruto, pero aún no podía confiar en todo lo que decía, necesitaban pruebas para saber que no estaban creyéndole a un completo psicópata.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Los besos que compartían se estaban haciendo cada vez más intensos y apasionados, a pesar de que habían comenzado como una suave caricia, ahora mismo ninguno de los dos era capaz de reprimir el tremendo deseo que invadía cada rincón de sus cuerpos. Las manos de Sasuke se deslizaron desde la cintura de Sakura hasta sus caderas, luego un poco más abajo, haciéndola temblar.
Tengo muy mala suerte
Tengo tu cara grabada en mi mente
Tengo una última oportunidad
—S-Sasuke-kun… —ella apenas logró separarse de sus labios para hablar, tenía la cara completamente roja y la respiración agitada, prueba de que Sasuke causaba estragos en ella con sólo mirarla—. ¿Qué estamos haciendo? —cuestionó, queriendo volver por un momento a la realidad; lo que estaba pasando no podía ser, ella no debería haberle correspondido a Sasuke, nunca había querido ser sólo una más en su cama.
El azabache acarició el cabello rosa de la joven doctora con una mano, aunque la otra permaneció presionando su trasero, se veía que no pensaba soltarla.
—Estamos haciendo algo que los dos hemos deseado —le respondió, rozando nuevamente sus labios, pero de forma mucho más suave.
Sakura estaba segura de que acababa de perder la razón, porque, aunque quería empujarlo y echarlo de su casa, como la vez en que Sasuke vino borracho a verla, no fue capaz de hacerlo, el modo en que sus labios encajaban a la perfección, el suave tacto de sus caricias, simplemente la tenían rendida como la más mansa de las fieras que acababa de ser domesticada.
Cuando Sasuke cortó el beso, comenzó a rodar sus labios sobre el cuello de Sakura, quien, sorprendida, se mordió el labio inferior. Entre besos y caricias, la recostó sobre la cama, pues ya se encontraban en la habitación de ella, Sakura pudo sentir como su espalda chocaba lentamente con el colchón y se estremeció al ver que Sasuke la encerraba con su cuerpo, sin dejar de verla a los ojos.
Tengo, tengo tiempo sin verte
Y tengo un espacio pendiente
Y si eres mi otra mitad
—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó, aunque no pudo reprimir un gemido que se le escapó cuando él nuevamente empezó a besarle el cuello—. S-Sasuke-kun…
—Porque quiero —dijo Sasuke, susurrándole la respuesta al oído. Al principio, ella iba a protestar, pero él continuó hablando—. Porque te necesito, Sakura —afirmó—. Después de todo este tiempo, me he dado cuenta de que eres tú a quién más necesito a mi lado.
Ella sintió deseos de llorar, no quería malinterpretar esas palabras, Sasuke siempre era demasiado ambiguo y dejaba mucho espacio a los malos entendidos, así que lo apartó un momento y lo miró a los ojos.
—¿Me necesitas para ser tu amante? —interrogó con desesperación, estaba preparada para mandarlo al demonio en caso de obtener una respuesta que no le gustara, pero el modo en que los ojos negros de Sasuke le devolvieron la mirada, la dejó casi fuera de combate en un solo segundo, pues parecía que había fuego en ellos; jamás lo había visto así.
—Te necesito para ser mi mujer —respondió, besándola una vez más.
Tengo cartas ausentes
Tengo sudor en mi frente
Y tengo, tengo mucho para dar
La peli rosa sintió la lengua del hombre adentrarse en su cavidad bucal, estaba francamente extasiada, siempre había soñado con tener a Sasuke de esa manera, tanto así, que sentía el estómago apretado y gimió en medio del beso, notando que las manos de Sasuke comenzaban a subir por debajo de su blusa, sobre la piel de su abdomen. Sus dedos estaban fríos, pero sus palmas eran más cálidas, la hacían sentir segura y protegida, como siempre pensó que sería estar con Sasuke.
Ya a estas alturas ella sabía que no tenía sentido seguir resistiéndose o siquiera pensar en las consecuencias que esto podría tener, no era plausible engañarse a sí misma y fingir que podía evadir el deseo que tenía guardado por Sasuke desde siempre, era totalmente inútil, así que simplemente se dejó llevar y que todo y todos los demás se fueran al carajo. Sasuke le sacó la blusa y la arrojó a un lado, ésta cayó al piso y él se deleitó con la imagen de Sakura en sostén, claramente, sus senos no eran grandes, pero todavía lucía hermosa con ese encaje de un suave tono rosa.
—Sasuke-kun… —la mujer se sonrojó al darse cuenta del modo en que él la estaba mirando, Sasuke parecía como si fuera un lobo hambriento, ni siquiera se notaba que hasta esa misma mañana había estado internado en el hospital—. O-oye… —ella recordó ese pequeño detalle—. ¿Te sientes bien? Apenas te dieron el alta, quizá es mejor que…
—Shhh —la calló Sasuke, frunciendo levemente el ceño—. No me voy a ir, me siento bien, lo suficientemente bien como para hacer que grites mi nombre.
—¡¿Eh?! —exclamó Sakura, escandalizada por esas atrevidas palabras, pero se tapó la boca con ambas manos cuando Sasuke le subió el brasier y dejó a la vista sus senos, los cuales tomó entre sus enormes palmas y los apresó como si se tratara de un juguete muy divertido.
Como si se tratara de una alucinación increíble, sintió la lengua cálida de Sasuke rodando sobre uno de sus pezones, marcando su forma circular, lo cual le hizo gemir. Por lo avergonzada que se sintió, usó sus manos para cubrirse los ojos, así él no podía ver su expresión de satisfacción, pero eso sólo retó a Sasuke a sacarle más y más gemidos, cuando su mano derecha dibujó caricias sobre su vientre, colándose debajo de su pantalón –después de abrirlo– y anidando justo en aquella zona entre sus piernas.
Los dedos masculinos acariciaron suavemente los pliegues cálidos y húmedos que se encontraban frente a ellos, dibujando su forma alargada con las yemas y topándose con el botoncito de nervios que hacía que ella disfrutara aún más de sus roces sutiles.
—Sasuke-kun… —la peli rosa volvió a gemir, mordiéndose el labio inferior. Ella no podía verlo, pero toda su ropa estaba desordenada, su sostén por debajo del cuello, sus pantalones y bragas a media pierna, mientras las manos y la boca de Sasuke continuaban entregándole placer, hasta que de pronto se detuvo.
—Sakura —lo escuchó nombrarla, su voz era sumamente ronca—. Mírame —con cuidado, Sasuke le apartó las manos de la cara, en ese momento ella se dio cuenta de que él tenía el torso al descubierto y que el cierre de su pantalón estaba abierto, sobresaliendo el bóxer de color gris, donde podía apreciar perfectamente la erección que se asomaba, ¿él realmente estaba así por ella? ¿Esto no era un sueño?
Tengo, tengo una falsa sonrisa
Donde esconder las caricias
Que no he podido olvidar
—N-no creo que pueda, me da vergüenza —confesó Sakura, estaba segura de que en cualquier momento iba a escupir el corazón por la boca, no importaba si había estado con otros chicos antes, Sasuke no era como ningún otro, él era todo lo que siempre soñó, la persona que más amaba en el mundo, a quien más deseaba, le era imposible mantener la cordura en un momento como este.
El Uchiha hizo una pequeña mueca de disgusto.
—Pero no es justo, también quiero que me toques —dijo, tomándole la mano a la doctora para dirigirla hasta su miembro, que se estaba poniendo tan rígido que ya le empezaba a molestar.
Ella se sorprendió un poco, pero rápidamente recuperó la compostura, metió su mano debajo del bóxer y pudo sentir la piel cálida y sensible de Sasuke, enseguida la expresión de él se descompuso, así que Sakura comenzó a dejarle delicadas caricias, no muy rápidas, pero no demasiado lentas, de ese modo, Sasuke podía experimentar una gran satisfacción.
—S-Sakura… —gruñó, tragando un poco de saliva. Sin pensarlo mucho, la besó nuevamente, de forma voraz, ardiente, lleno del deseo que llevaba tiempo reprimiendo. Comenzó nuevamente a recorrer el cuerpo de Sakura con sus manos, se deshizo por completo del sostén y también, como pudo, le bajó los pantalones y las bragas por las piernas, con un poco de ayuda de ella, que se movió para hacerle la tarea más fácil, pero en ningún momento dejó de tocarlo.
Ahora que ella estaba completamente desnuda sobre la cama, él se separó un poco para poder volver a mirarla, le parecía completamente hermosa y se preguntaba por qué no la vio antes, por qué no la hizo suya antes, porque Sakura siempre lo había amado y él estuvo ciego, yendo detrás de alguien que nunca lo vería de ese modo.
Y tanto tiempo perdido
Ya no seremos tan sólo amigos
Si sólo imagino un futuro mejor
Contigo, contigo
—Quiero hacerlo, Sakura —dijo de pronto, apoyando sus dos manos sobre el colchón para soportar su propio peso. La chica apartó sus manos de él y las subió por encima de su torso, dejándolas sobre el pecho bien marcado de Sasuke, era realmente apuesto, pero no era esa la razón por la cual ella lo amaba tanto.
—Hazlo, quiero sentirte —respondió, evidentemente apenada, pero ansiosa a la vez.
Él sonrió ligeramente, acomodándose entre las piernas de la Haruno, con su mano derecha se ayudó a sí mismo y sostuvo su miembro, dirigiéndolo con cuidado hacia el interior de Sakura. Cuando estuvo dentro totalmente, dejó salir un suspiro de satisfacción, podía jurar de rodillas que ninguna mujer le hizo sentir de ese modo con tan sólo penetrarla. Sakura gimió de placer, también un poco de incomodidad, Sasuke era más grande de lo que pensó, pero fuera de ello, era como si por fin estuviera completa, la sensación de haber sido llenada la invadía.
Mirándose ambos a los ojos, comenzaron a moverse al mismo ritmo, en ese momento ni siquiera recordaron usar algún tipo de protección, simplemente se entregaron a la pasión que sentían y al amor que los dos se tenían, porque en ese momento Sasuke lo entendió, no sólo era ahora, él siempre quiso a Sakura, aunque no se diera cuenta de ello, siempre la amó, no como el amor que pensó que sentía por Hinata, era algo mucho más puro, más fuerte, casi tuvo que perderla para comprender que la necesitaba en todas las formas posibles en su vida.
Y tanto tiempo perdido
Ya no seremos tan sólo amigos
Si sólo imagino un futuro mejor
Contigo, contigo
—Sasuke-kun… uhm… —hablaba la peli rosa entre gemidos, rodeándole el cuello a Sasuke con sus manos para acercarlo un poco más a ella y poder besar sus labios—. Te amo, te amo, Sasuke-kun —repetía una y otra vez, no le importaba si él no le respondía del mismo modo, necesitaba decirlo mientras aun lo tuviera dentro de ella, mientras Sasuke continuara entregándole todo ese placer que le estaba haciendo perder la razón.
—Sakura… —Sasuke no hacía más que repetir su nombre entre besos y jadeos, aumentando el ritmo de sus embestidas, hasta un punto en donde el choque entre sus cuerpos producía un sonido adictivo para sus oídos—. Joder… —masculló, echándose para atrás y colando su mano derecha por debajo de la rodilla de Sakura, para así poder levantarla un poco y volverse a empujar contra ella, ahora, con el cambio de ángulo, llegaba más profundo, ella podía sentir como era golpeada por dentro y como las cosquillas comenzaban a crecer y a esparcirse por todo su cuerpo.
Apenas sintió que llegaba al orgasmo, Sakura se mordió los labios y se cubrió la boca con una mano para no gritar, mientras su otra mano se aferraba a las sábanas, quiso cerrar los ojos, pero le pareció más tentador observar la expresión llena de placer de Sasuke, mientras se corría dentro de ella. El líquido tibio se esparció en su interior, fue una sensación simplemente divina, fuera de este mundo, con sólo eso, ella se sintió flotar en medio de las nubes.
Agitada, sudada y agotada, Sakura respiró profundo para recuperar el aliento, no podía creer que acababa de tener sexo con Sasuke, aunque para ella fue mucho más, ella lo había hecho porque lo amaba, porque siempre lo había amado.
—Sakura —la llamó el azabache, saliendo de ella con cuidado. Sasuke se recostó al lado de ella y la abrazó, pudo notar que Sakura lo miraba con una expresión confusa, aterrada, quizá pensaba que esto no había significado nada para él—. Sakura, déjame decirte que disfruté de esto como con nadie más —le dijo, dándole un corto beso sobre la frente, pero ella lo apartó, sentándose sobre la cama y dándole la espalda.
—Es mejor que te vayas, Sasuke-kun —dijo Sakura, su voz se quebró un poco, pero trató de mantenerse firme—. Ya tuviste lo que querías, ahora deberías volver a casa con tu familia, con tu esposa… —cuando dijo eso, la realidad la golpeó como una bofetada, era cierto, Hinata—. Ay, no… —murmuró, abrazándose a sí misma—. Soy una estúpida, Hinata es mi amiga, ¿cómo pude hacerle esto? Yo… yo soy lo peor…
Sasuke también se sentó sobre la cama, miraba la espalda desnuda de Sakura y sólo podía pensar en besarla y acariciarla, incluso su cabello lo enloquecía, el aroma a cerezos de su champú, todo de ella lo reconfortaba y lo hacía sentir libre y feliz.
—Te amo, Sakura —dijo entonces, apoyando su frente contra el hombro de la peli rosa, que abrió sus ojos como platos ante tamaña confesión—. Lo siento por darme cuenta hasta ahora, lamento todo lo que te he hecho sufrir.
Tengo buenas noticias
Mi corazón a la vista
Y todo, todo empieza a temblar
A Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas, estaba segura de que estaba haciendo una cara horrible en ese momento.
—¿Qué estás diciendo? —cuestionó, esta vez no se esforzó por ocultar el quiebre de su voz, porque estaba llorando—. Tú siempre has amado a Hinata, ella es tu esposa, es la madre de tu hija… —cerró sus ojos y se mordió el labio inferior—. Yo sólo soy una idiota que se acostó contigo sin importarle nada.
Los brazos de Sasuke la rodearon por la cintura, pudo sentir que el pecho de él se pegaba a su espalda, estaba sudado, igual que ella, eso sólo la llenaba de pensamientos impuros, en serio era de lo peor.
—Hinata y yo nunca hemos sido una pareja —confesó Sasuke, eso hizo que Sakura al instante parara de llorar—. Ella no me ama, sólo se casó conmigo por obligación, siempre ha amado a otro hombre, otro hombre que es el padre biológico de Hime —siguió hablando, nunca pensó que alguna vez le diría todo esto a Sakura, pero no podía permitir que ella se sintiera miserable por un engaño que ni siquiera era engaño.
—¿Q-qué dices…?
El Uchiha la hizo voltear, quería verla a los ojos cuando escuchara la verdad de sus labios.
—Ella y yo jamás hemos estado juntos, fingimos ante los demás, es todo, no soy el padre de Hime, al menos no de sangre, y tampoco amo a Hinata… —avergonzado, bajó la mirada—. Pensaba que sí, en serio creí que la amaba, pero ahora me doy cuenta de que no es así, aunque ella me pidió que nos demos una oportunidad, no quiero, no puedo… ya no puedo negar lo que siento por ti, Sakura.
—No puedo creerlo… —murmuró la peli rosa, estaba totalmente sin palabras, siempre tuvo envidia de Hinata por tener el amor de Sasuke para ella, pero ahora entendía que nada era como parecía, ahora comprendía por qué Sasuke se enredaba con otras mujeres, como Karin, era porque se sentía solo, porque estaba sufriendo, porque realmente no era feliz.
Sasuke le secó las lágrimas del rostro con el dorso del dedo pulgar, ahora que Sakura estaba ahí con él, que acababa de pertenecerle, por primera vez se sentía pleno, era lo que siempre deseó, lo que anhelaba sentir, ahora lo tenía, no podía dejarlo ir, no podía permitir que se le fuera de las manos.
Te tengo a mi lado
Ya no importa el pasado
Y nunca, nunca te voy a soltar, a soltar
—No me dejes, Sakura, no quiero estar sin ti.
—Pero… —sin saber qué responder, ella sólo lo abrazó, lo hizo con mucha fuerza, como si temiera que él de pronto se fuese a marchar de su lado—. No quiero… no quiero dejarte, no quiero.
El azabache sonrió, acariciándole el cabello. Seguido de eso, la hizo levantar la cabeza y la besó, volviendo a recostarla sobre la cama, por supuesto que no se había saciado aún de ella, pensaba tomarla todas las veces que fueran necesarias, hasta que por fin estuviera satisfecho.
Y tanto tiempo perdido
Ya no seremos tan sólo amigos
Si sólo imagino un futuro mejor
Contigo, contigo
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Mientras Matsuri intentaba leerle unos documentos a Gaara, para que éste les diera el visto bueno, ella se dio cuenta de que su jefe no le estaba prestando ni la menor atención, eso no era común en él, incluso si estaba ocupado tratando de seducirla, Gaara jamás descuidaba el trabajo, algo tenía que haberle ocurrido.
—Gaara… —lo llamó, dejando los papeles sobre la mesa, ella estaba sentada justo frente a él, en el escritorio del hombre, que no hacía más que ver por la ventana de su oficina como si tratara de atravesar el vidrio.
Él, al escuchar la mención de su nombre, lentamente volteó a mirarla, encontrándola con los labios curvados y la expresión de preocupación en su rostro.
—¿Pasa algo? —cuestionó, no había estado al tanto de nada de lo sucedido en la última hora, su mente divagaba en recuerdos, situaciones y dudas que surgieron a partir de la confesión de Naruto Uzumaki.
Matsuri bajó la mirada, dejó salir un pequeño suspiro y estiró su mano por encima del escritorio, tomando la mano de Gaara, quien abrió ligeramente sus ojos, ya que no se esperaba ese gesto de ella.
—¿Estás bien? No es normal en ti estar tan distraído —dijo ella, sus ojos negros no se apartaban del rostro del hombre, quien poco a poco relajó su tensa expresión, ni siquiera se había dado cuenta de lo incómodo que estaba.
—Estoy bien —respondió, esbozando una sonrisa suave y tranquilizadora—. Estaba pensando en algunas cosas, pero nada que no tenga solución, no te preocupes, volvamos al trabajo.
—Sí —la castaña apartó su mano con suavidad, volviendo a tomar los documentos, pero en ese momento notó que Gaara se le quedaba mirando intensamente, provocando que se sintiera un poco avergonzada—. ¿T-tengo algo en la cara?
El Sabaku No negó con la cabeza.
—Solamente me gusta mirarte —contestó con total descaro, muy típico en él—. Matsuri, hoy por la noche vayamos a cenar, ¿sí?
La secretaria solamente asintió con la cabeza, en lo que volvía a retomar su lectura del valioso documento, para que todos los pormenores fuesen cubiertos.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Cuando Hinata iba caminando por el pasillo con dirección a su oficina, inevitablemente tuvo que toparse con la persona que menos deseaba ver. No es que le guardara rencor a Naruto, lo evitaba porque sabía que él era una tentación que ella no podría resistir por mucho tiempo.
—Hinata —Naruto la llamó cuando se dio cuenta de que ella intentó pasarlo de largo, deteniendo los pasos de la mujer, que se quedó quieta en su sitio—. Oye…
—Estoy muy apurada —contestó la Hyûga, que quiso volver a andar, pero él se lo impidió, tomándola por la muñeca—. Por favor, suéltame.
Naruto sintió que se le encogía el corazón, ¿tanto había echado a perder las cosas con Hinata? Había sido tan estúpido, culpándola y odiándola por todo lo que había sucedido, cuando ella siempre fue una víctima, tal y como él.
—¿Cómo está Sasuke? Escuché que saldría de alta hoy —dijo sin mirarla, pero manteniendo la atadura en su muñeca, la cual hizo un poco más fuerte.
Hinata no se atrevía a mirarlo, le dolía tan sólo estar cerca de él, tener que compartir el mismo aire, después de todo lo que había pasado eso era demasiado, se sentía como el infierno.
—Él está bien, sí saldrá hoy —contestó, cerrando sus ojos—. Por favor, suéltame, Naruto.
El rubio frunció el ceño.
—Hoy vi a Hime —confesó, observando la expresión de sorpresa en los ojos de la mujer, quien volteó a verlo enseguida—. Hinata, quiero estar cerca de mi hija…
—¡No repitas eso! —exclamó Hinata, moviendo bruscamente su brazo para lograr que él la soltara, de pronto se sentía aterrada, ¿qué pasaba si alguien llegaba a escuchar lo que Naruto estaba diciendo? Eso no podía suceder—. El padre de Hime es Sasuke, no vuelvas a decir que es tu hija, no es así, tú nunca la verás, nunca estarás con ella.
—Hinata…
Ella no dijo nada más, le dio la espalda a Naruto y se marchó rápidamente, ni siquiera quiso enterarse de cómo es que él había visto a su pequeña o en qué momento se habían encontrado, solamente quería permanecer alejada de él. Se encerró en su oficina y se llevó una mano al pecho, sus latidos eran acelerados, sentía que le faltaba el aire, así que apenas escuchó sonar su celular, dio un pequeño salto de la impresión, pero rápidamente contestó.
—¿Bueno? —habló, todavía le temblaban un poco las manos.
—¿Señora Uchiha? Disculpe que la moleste, pero a su esposo se le olvidaron algunas cosas hoy antes de salir del hospital y no hemos podido contactarlo, ¿podría venir por ellas?
—¿Cómo…? —cuestionó sorprendida, ¿Sasuke había salido ya del hospital? ¿Por qué no le avisó para ir por él? ¿Por qué se fue solo?
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Ino estaba un poco cansada, había hecho una larga sesión de fotografías para la nueva colección de la empresa y ella junto a sus compañeras se probaron un montón de prendas, posaron durante varias horas y, por supuesto, tenían que sonreír todo el tiempo. La gente podía pensar que era fácil el trabajo que ella hacía, sólo ponerse ropa y mostrarla, pero no entendían todo lo que venía detrás, no era tan simple como vestir a una muñeca.
—Estoy muerta —suspiró, secándose el sudor de la frente después de salir de su último cambio de ropa, ya había terminado con todas las fotos y era libre para irse a casa, a pesar de que todavía era algo temprano.
—Buen trabajo hoy, señoritas, ya pueden descansar —les decía Shiro, el fotógrafo principal, quien sonreía y aplaudía vivazmente, haciendo sentir mejor a las muchachas, que realmente se sentían agotadas.
Sai había estado apoyándolo durante toda la sesión, desde que había regresado de su viaje no había tenido tiempo para charlar con Ino, estaba demasiado encima del caso de su hermano, de la búsqueda de su asesino, se suponía que tenía que recibir noticias sobre eso en poco tiempo, así que estaba nervioso y pasaba de Ino lo más que podía. Consideraba que tenía que enfocarse más en otras cosas y, sin embargo, no había apartado su mirada de ella durante todo el día.
Eso era malo.
—Ino-chan —se acercó a la chica, quien le estaba dando la espalda, pero dio un respingo apenas escuchó su voz y se dio la vuelta para mirarlo—. Hola, hemos estado trabajando todo el día y ni siquiera te he saludado.
—H-hola, Sai —ella respondió nerviosamente, no sabía muy bien qué esperar de Sai, todavía estaba molesta debido a que él le había mentido, no había duda alguna de que había mucho que aclarar entre ambos, pero él la hacía sentir como una boba y ella no comprendía la razón de eso.
El pelinegro, por su parte, esbozó una suave y amable sonrisa, por mucho que quería hacer a un lado a Ino y dedicarse a lo que él pensaba que era más importante, en el fondo no podía, necesitaba encargarse de este asunto de una vez por todas.
—¿Ya te vas a casa? Si es que tienes tiempo, ¿saldrías a cenar conmigo? Quisiera que hablemos.
Ino quería decirle que no, inventar cualquier cosa y mandarlo al diablo, pero sabía que tenía que encarar a Sai, era ahora o nunca, así que asintió con la cabeza.
—Sí, también quisiera hablar contigo —contestó, mirándolo fijamente con aquellos ojos azules que, sin motivo aparente, lo hicieron estremecer, aunque disimuló muy bien su pesar detrás de aquella sonrisa fingida que siempre solía poner.
—Entonces vamos —dijo Sai, haciéndole un gesto con sus manos a la rubia, para que ella lo siguiera fuera de la sala—. Espero que no te moleste, pero vengo en motocicleta, ¿no te asustan?
—No, para nada —respondió la modelo, sonriendo, incluso si estaba enojada, no podía mostrárselo a Sai ahora, lo guardaría para después, cuando le sacara todo en cara.
—Me alegra mucho.
Ambos se montaron sobre el elevador para bajar hasta el estacionamiento, en donde Sai había dejado su motocicleta de color negro. Cuando llegaron, Ino notó que había un pequeño maletero en la parte de atrás, desde donde él sacó un casco, el cual le extendió a ella para que se lo pusiera, el otro estaba acomodado sobre la parte delantera.
—Ten, la seguridad ante todo —dijo Sai, así que ella asintió con la cabeza y se puso el casco, había tenido un novio que conducía una parecida a esa, así que no le asustaban, estaba más que acostumbrada.
El pelinegro se subió al vehículo y le hizo un gesto a la joven para que ella también subiera, ella pudo notar que él se había quitado la chaqueta de cuero que antes tenía puesta y se la extendía, seguramente cogería un resfriado si se subía sin ella, pero supuso que Sai se la estaba dando por amabilidad, así que la aceptó, aunque le quedaba un poco grande. Cuando se subió a la motocicleta, detrás de él, le rodeó la cintura con sus manos e inmediatamente sintió que su corazón daba un vuelco cuando las manos del hombre la acomodaron con más firmeza.
—Sostente fuerte, no quiero que te vayas a caer —explicó Sai, que en poco tiempo encendió el motor y partió.
A pesar de que Ino estaba usando un casco, el aroma del perfume masculino de Sai era bastante fuerte y entraba a través de sus fosas nasales, eso, acompañado del calor de su cuerpo, era demasiado reconfortante, tanto, que a Ino hasta se le olvidó de qué iban a hablar o a dónde iban.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Era la hora de la salida, las clases acababan de terminar y Hanabi Hyûga, como siempre, se encontraba de mal humor. Hace poco la había llamado el chofer de su casa, diciéndole que el auto para ir a recogerla tuvo una avería, por lo tanto, tendría que pedir un taxi ese día para regresar, pues el auto estaba en el taller. Por supuesto que le reclamó a su padre por teléfono, sin embargo, éste dijo que estaba demasiado ocupado como para escuchar sus problemas y le colgó.
—Maldita sea… como si fuera una maldita pobretona —masculló mientras bajaba las escaleras hacia el primer piso, agarrando con fuerza la correa de su bolso, que se cruzaba por encima del hombro izquierdo y colgaba hacia su lado derecho.
Cuando pisó el último escalón, alguien la chocó desde atrás, casi haciéndola caer, lo cual hizo explotar su enojo a niveles aún mayores.
—¡¿No te fijas por dónde vas, maldito subnormal?! —exclamó, sus ojos centellaban de rabia y tenía los dientes apretados, hasta se le había caído al suelo el celular que tenía en las manos, pero a ese chico ni siquiera le importó y se fue corriendo, ignorando sus reclamos—. ¡Regresa aquí, imbécil! —vociferaba, siendo vista de mala manera por el resto de estudiantes que iban pasando.
—Hanabi-chan —escuchó la voz de ese molesto chico, Konohamaru, qué raro era que ahora sí le hablara—. ¿Estás bien? —preguntó él, agachándose para levantar el aparato del suelo, lo revisó de un lado y de otro y sonrió—. Qué suerte, no le pasó nada —dijo extendiéndolo hacia Hanabi, quien se lo arrebató de las manos y lo metió dentro de su bolso.
—No necesito tu ayuda —contestó groseramente—. ¿Ahora sí me diriges la palabra?
—¿Eh? —Konohamaru la miró sin entender, parpadeando varias veces, ¿a qué se refería ella con eso último? ¿Acaso estaba molesta porque él continuaba ignorándola deliberadamente? ¡Solamente estaba haciendo lo que Udon le dijo! ¿Estaba mal? Un momento, ¿entonces Hanabi sí se dio cuenta?
Al entender lo que había dicho, la joven se avergonzó, carraspeando su garganta, ¿cómo era posible que le reclamara algo como eso? Se suponía que él no le importaba en lo más mínimo.
—Nada, tengo que irme, con permiso —dijo pasándolo de largo, tenía la cara roja porque sentía que había hecho el ridículo, no sólo fue vista como una loca por la mitad del alumnado, sino que había hablado demás frente a ese chico bobo, pero ¿por qué le molestaba tanto que él ya no estuviera detrás suyo? Se suponía que el único chico que le interesaba era Kiba, quien ahora tampoco contestaba sus llamadas, seguramente la odiaba.
Como todo el mundo.
—¡Espera, Hanabi-chan! —la voz de Konohamaru la hizo detenerse de golpe, él venía corriendo detrás de ella y le dio alcance cuando estaba a punto de abandonar el edificio de la universidad.
—¿Qué pasa? —le preguntó, con el ceño fruncido.
—Ten —el castaño le dio un paquete de chocolate, estaba nuevo y era de su sabor favorito, relleno de almendras—. Lo había comprado para mí, pero por algún motivo veo que te sientes triste, algo dulces es bueno para subir el ánimo, así que te lo doy.
La Hyûga lo miró como si estuviera frente a un bicho raro, ¿ella estaba triste? Y, además, ¿ese chico pensaba que algo tan tonto como un chocolate la haría sentir mejor?
—Llévatelo, no lo quiero —contestó, haciéndole un desprecio y cruzándose de brazos, entonces Konohamaru simplemente sonrió, aquella muchachita grosera y orgullosa lo traía de cabeza, no importaba lo mala que pareciera por fuera, era obvio que había mucho más de ella por conocer.
—Tómalo, sé lo que te digo —insistió, dejando el chocolate –casi a la fuerza– entre las manos de la joven ojiperla, que no tuvo tiempo para rechazarlo, debido a que él fue bastante rápido—. ¡Debo irme, que tengas buena tarde! —exclamó Konohamaru, corriendo lejos de ella, hacia la salida.
—O-oye…
Hanabi suspiró, odiaba que los demás hicieran las cosas en contra de su voluntad, pero ya no importaba, otro día le daría una lección a ese muchacho engreído. Miró el chocolate que tenía en sus manos, pudo haberlo tirado, pero en lugar de eso, lo guardó en su bolso y se fue de ahí, en busca de un taxi que la pudiera llevar a su hogar; eso era un verdadero fastidio.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Cuando Sasuke se bajó del taxi que lo dejó frente a su casa, mirando el lugar que había sido su hogar desde que se casó con Hinata, no pudo evitar sentirse culpable por lo que había hecho, no porque se arrepintiera de haber estado con Sakura, sino porque se suponía que tenía que tener en cuenta lo que Itachi le advirtió sobre su suegro.
Le había jurado a Sakura que abandonaría a Hinata, olvidando por completo que no era un asunto tan simple.
—Soy un estúpido… —murmuró para sí mismo, mientras se acercaba a la entrada. Todavía era algo temprano, no había oscurecido, por lo que Hinata no debía encontrarse en casa, eso creyó, pero le sorprendió verla en la sala, ella estaba sentada, leyendo un libro junto a una de las ventanas.
Apenas él puso un pie dentro, los ojos de la mujer se posaron sobre él, dejando de lado su lectura.
—Sasuke —dijo Hinata, no parecía enojada, pero sí un poco contrariada—. ¿Dónde has estado? Sé que te dieron el alta por la mañana, mira la hora…
El azabache no sabía qué responder, ¿cómo podía decirle a su esposa que él estaba con otra mujer? Incluso si no había nada realmente entre él y Hinata, ella continuaba siendo su esposa y le había prometido que pondría todo su esfuerzo para mejorar su relación.
—Hinata… yo… —bajó la mirada, ahora mismo se sentía avergonzado, quería decirle la verdad, necesitaba que ella lo supiera, pero le asustaba el cambio, tal y como a Hinata, la costumbre los había encerrado en una cárcel en la que ellos mismos eran sus propios carceleros.
Al darse cuenta de que era evidente que Sasuke le estaba ocultando algo y, sin querer presionarlo, Hinata suspiró y mostró una débil sonrisa.
—No te preocupes, no te estoy interrogando, simplemente estaba preocupada por ti —explicó, acercándose a Sasuke para verlo más de cerca. Rápidamente comprobó su temperatura y luego apoyó su mano sobre la mejilla ajena, no solía nunca tocarlo de ese modo, pero esta ocasión lo ameritaba—. ¿No te sientes mal? ¿Realmente estás sano?
—Sí, estoy bien —respondió él, asintiendo con la cabeza. Tomó la mano que estaba sobre su rostro y con cuidado la hizo bajar—. En realidad, hay algo que me gustaría decirte, sé que puede que te enfades conmigo, pero yo…
—¡Papá está aquí! —los dos escucharon la voz de Hime, así que se voltearon hacia la puerta y la vieron entrar corriendo, yendo directo a abrazar a Sasuke—. Hime-chan está muy feliz de ver a papá —dijo la niña, así que Sasuke no dudó en levantarla entre sus brazos, viendo de reojo que la anciana que la cuidaba, Nana, entraba a la mansión, acompañada de su suegro, Hiashi.
—Papá también está feliz de verte, hija —dijo Sasuke, sonriéndole quedamente a su pequeña.
—Me alegra que estés ya sano, Sasuke —habló Hiashi, sus ojos –igual que siempre–, no demostraban ninguna emoción, era como si toda clase de sentimientos se hubieran apagado dentro de él, Sasuke jamás lo había tomado en cuenta hasta que su hermano vino con aquellas noticias que ahora, ciertamente, le estaban comiendo la cabeza.
—Gracias, Hiashi-san —contestó, observando de reojo a su esposa, siempre que su padre estaba cerca, la sentía ponerse tensa, ¿tanto miedo le tenía a ese hombre?
—El abuelito y Nana sacaron a Hime de paseo, me compraron muchos dulces —contaba la niña, cuyos ojos azules brillaban de la emoción, contagiando con ello a sus padres.
—Me alegra mucho que lo hayas pasado bien, mi princesa —le dijo Hinata, que cuando estaba acariciando el cabello de su hija, sintió que su teléfono sonaba, así que lo sacó de su bolsillo para contestar, apresurándose al darse cuenta de que se trataba de su secretaria—. ¿Bueno? Oh, ¿es algo urgente? Sí, si no queda más remedio regresaré a la empresa, claro, adiós.
—¿Sucede algo? —le preguntó Sasuke, intrigado—. Si hay que volver a la empresa por algo lo haré yo, no tienes que preocuparte.
Hinata negó con la cabeza —No, Sasuke, acabas de salir del hospital, yo iré, no es nada grave, volveré pronto —miró a su hija, dejando un pequeño beso sobre su frente—. Mamá estará aquí para cantarte una canción de cuna, ¿sí?
—Sí, mami —respondió Hime, sonriendo ampliamente.
La ojiperla hizo una leve reverencia para despedirse de su padre y salió de la casa, dirigiéndose hacia su auto, había que resolver algo simple, pero que requería su presencia o la de Sasuke, era verdad que no quería hacerlo trabajar aún, además, Hime se pondría muy triste si no podía pasar tiempo junto a su papá.
—¿Realmente está bien todo esto? —se preguntó, mientras miraba su reflejo en el espejo retrovisor, ya estaba dentro del auto y se acababa de poner el cinturón de seguridad. Había recordado las palabras de Naruto, que ansiaba poder estar con Hime y con ella, ¿en serio estaba bien que se negara a dejarles permanecer juntos?
¿No se estaba convirtiendo en la villana de su propio cuento?
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Esa tarde, luego de que salieran de trabajar, Shikamaru había quedado de verse con Temari. Todavía le daba un poco de vergüenza verla después de haberle confesado sobre su problema, habría preferido ocultar aquel detalle hasta la tumba, pero de hacerlo, Temari se habría alejado de él y no podía permitirlo.
—Hey, hola —dijo la rubia en cuanto lo vio, él estaba en el recibidor, apoyado contra la pared en lo que esperaba por la mayor, quien decidió mantener su distancia esta vez, no como hacía siempre—. ¿Llevabas mucho tiempo esperando?
El Nara se llevó una mano a la nuca, negando con la cabeza.
—No, no mucho —contestó, odiaba actuar tímidamente, pero era algo que no podía evitar estando frente a Temari—. ¿Deberíamos irnos? No me gustaría entretenerte demasiado.
—Claro, vamos —respondió Temari, dejando salir una leve carcajada. Se suponía que irían a cenar y a charlar sobre un tema en particular, no sobre ellos mismos, sino sobre algo todavía más urgente y –según los dos– relevante.
Después del trabajo, Gaara y Matsuri también habían quedado de ir a cenar juntos, así que estaban saliendo de la oficina cuando vieron a esos dos irse juntos, dicha escena hizo que el pelirrojo frunciera el ceño, pero prefirió no decir nada. Más tarde, tal y como él lo prometió, fueron a un restaurante de comida típica y pasaron un momento muy ameno, charlando sobre todo tipo de cosas. Cuando terminaron, él se ofreció a llevarla a casa y, por supuesto, Matsuri aceptó.
—Aquí estamos —dijo el pelirrojo en cuanto su auto se detuvo frente al edificio donde vivía la chica, quien miró por la ventana hacia arriba y luego fijó su visión sobre el hombre, llevándose las manos al cinturón de seguridad, para hacer amago de quitarlo.
—¿Quieres pasar un rato? —preguntó, sus mejillas adquirieron un leve tono carmesí, mientras que su pregunta tomaba con la guardia baja a Gaara, ella nuevamente lo estaba invitando a entrar a su hogar y esta vez él no tenía deseos de negarse.
—¿Segura de que quieres invitarme? —bromeó él, dejando salir una suave risilla, a lo que Matsuri respondió también riendo.
—Por supuesto —contestó, sus ojos estaban fijos en él y Gaara comprendió que Matsuri estaba hablando muy en serio y con total seguridad, no parecía asustada de lo que pudiera suceder entre ambos, eso lo enloquecía, no cabía duda de lo mucho que deseaba a esa chica y, tal y como Hinata le había dicho, era evidente que estaba desarrollando sentimientos muy fuertes hacia ella, incluso se ponía nervioso sólo por el hecho de que estarían solos.
Gaara estacionó su auto en el piso -1 del edificio, que era el estacionamiento, después de eso los dos abordaron el elevador hasta el piso de Matsuri, el viaje fue corto y en silencio, como si cada uno tuviera sus propios asuntos en qué pensar, pero una vez llegaron al departamento, ella abrió la puerta y él ingresó, entonces volvió a hablar.
—¿No es este lugar muy grande para que vivas sola? —preguntó con curiosidad, ahora que lo pensaba, Matsuri era una secretaria, él mismo pagaba su sueldo, estaba seguro de que no alcanzaba para pagar la renta de un sitio como ese, estaba en una zona bastante acomodada de la ciudad.
La castaña se quitó el saco de su uniforme de la oficina y también los zapatos, los cuales cambió por unas pantuflas cómodas. Dejó su saco sobre una silla y se metió a su habitación, desde donde regresó con un par de pantuflas más grandes.
—Lo pagaron mis padres, ellos me lo regalaron por mi cumpleaños —explicó, dejando aquellas pantuflas sobre el piso—. Sé que parezco una chica bastante humilde, lo soy, pero mis padres no tanto —rio, a pesar de que había decidido mantenerse por sí misma, lo cierto era que su familia tenía muchísimo dinero y, aunque al inicio no quería aceptar el departamento, lo cierto era que le convenía.
—Entiendo, eso no me lo esperaba —dijo Gaara, cambiándose los zapatos mientras veía a Matsuri dirigirse hacia la cocina—. ¿Entonces eres una especie de heredera rebelde?
Matsuri, que había ido a calentar un poco de agua para que bebieran algo, empezó a reírse al escuchar tal pregunta, si se ponía a pensarlo, sí, era una "heredera rebelde", aunque sus padres podían darle todo, ella no lo quería, solamente ansiaba perseguir su sueño y convertirse en una gran actriz, a cambio de eso, había aceptado el compromiso con Sasori. Como nunca le interesó el amor, pensó que estaba bien casarse con él sin estar enamorada, era un chico apuesto y más que decente, pero ahora mismo le preocupaba lo que dirían sus padres si lo abandonaba, aunque Gaara no tenía absolutamente nada que envidiarle a su prometido, lo cierto es que ellos no eran nada y no sabía si podrían serlo, e igualmente no le importaba mandar todo al demonio si podía estar a su lado.
—Algo así —dijo finalmente, regresando a la sala, en donde encontró al hombre sentado en el sofá. Sin pensarlo mucho, se sentó al lado de él, tomando su mano entre las suyas—. Mis padres son algo estrictos, pero me quieren y sé que buscan lo mejor para mí, aunque yo no haga las cosas que desean, sé que igualmente me apoyan.
—Eso es muy bueno —Gaara la tomó por el mentón, mirándola a los ojos—. Nunca me he llevado del todo bien con mi padre y mi mamá falleció cuando era pequeño, Temari ha sido más mi madre que mi hermana —explicó, soltando un suspiro—. Supongo que es por eso que me molesta un poco cada vez que sale con algún idiota.
—¿Lo dices por Shikamaru? Pero él es tu amigo, sabes que no es así —dijo ella, observando como Gaara fruncía un poco el ceño y miraba en otra dirección—. Gaara, deberías darle credibilidad, él es un buen hombre.
—Lo sé —el pelirrojo carraspeó, tratando de recobrar un poco su compostura—. No me regañes, prometo que no me meteré entre esos dos, aunque no entiendo muy bien lo que traen.
Matsuri rio ligeramente, aquella expresión tan risueña hizo que Gaara se encandilara, fue como si el sol saliera después de un día nublado y no pudo evitar el impulso de robarle un beso, apenas fue un contacto fugaz y suave, pero la tomó a ella por sorpresa.
—¿P-por qué fue eso? —la chica parpadeó, confusa.
Él rio nuevamente.
—Sólo sentí el impulso de hacerlo, ¿te molestó?
—No —Matsuri negó rápidamente con la cabeza, acomodándose un poco más cerca de él, casi rozando sus labios—. Me gustó, hazlo otra vez —susurró de forma provocativa, haciendo que Gaara tragara saliva, ¿cómo es que esa chica conseguía ponerlo tan inquieto con esa facilidad?
—Con gusto —dijo Gaara, deslizando lentamente su mano desde el mentón de Matsuri, hasta su nuca, desde donde la atrajo hasta besarla, pero esta vez no fue un roce débil, sino que se encargó de hacerlo profundo y con desesperación, asaltando la boca ajena con su lengua, siendo correspondido casi de inmediato por la mujer, que rodeó su cuello con ambos brazos.
Le fascinaba, estar con Gaara se sentía increíble, su cuerpo parecía responderle incluso antes de que su mente pudiera hilar las ideas, el calor, el aroma, incluso el tacto de sus manos, todo de él la tenía completamente hipnotizada, como una verdadera boba.
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Sakura terminó de bañarse y se rodeó el cuerpo con una toalla, todavía tenía el cabello húmedo y las gotas de agua resbalaban sobre sus hombros, los mimos que hace unas horas había estado besando Sasuke incansablemente. Todavía no se lo podía creer, realmente había estado con él, de verdad había hecho el amor con Sasuke Uchiha.
Mirándose al espejo y viendo las marcas amoratadas que había dejado como recuerdo su apasionado encuentro, incluso tuvo que pellizcarse un brazo para estar segura de que no se encontraba dentro de un sueño.
—Eso dolió —se quejó, viendo que su brazo se había puesto rojo en donde pellizcó—. Ah, entonces sí sucedió de verdad… Sasuke-kun… —sus mejillas enrojecieron al pensar nuevamente en lo que habían hecho, por más que había querido deshacerse de sus sentimientos hacia él, lo cierto era que lo amaba como una completa loca y ahora mismo, incluso si él continuaba casado con alguien más, estaba rebosando de alegría.
Acabó de secarse el cuerpo y se puso ropa limpia, todavía no era de noche, así que no se vistió con ropa de dormir, además, tenía que salir a comprar algunos víveres para la casa, ya casi no quedaba nada y sentía demasiada hambre, pues prácticamente no había tenido descanso desde la mañana; recordar eso volvió a avergonzarla, jamás se había sentido más satisfecha y cansada al mismo tiempo.
Cuando se estaba preparando para salir, se dio cuenta de la hora, se suponía que su compañera de cuarto ya tenía que haber llegado, pero ella no estaba ahí, ¿en dónde se habría metido Ino?
—Seguro salió por ahí a divertirse, conociéndola —murmuró, encogiéndose de hombros y saliendo del departamento.
Todo lo que Sasuke le había contado después de su encuentro le estaba dando vueltas constantemente en la cabeza, el hecho de que él afirmara no tener una relación real con Hinata, que Hime ni siquiera era verdaderamente su hija, ¿no era demasiado que procesar? Tal vez no debería estar tan feliz al respecto, ¿estaba mal que se sintiera de ese modo? ¿Era una mala persona por el hecho de separar a una familia?
—No, él dijo que… pero igualmente Hime sigue siendo su hija, ¿no? ¿Estoy haciendo algo malo? Ah, maldita sea —pensaba contrariada, mientras esperaba a que el elevador abriera sus puertas.
Si seguía adelante con su relación con Sasuke, ¿se convertiría en una villana y una mala persona? Porque no importaba si ambos sabían la verdad, todos los demás la verían como una destructora, ¿acaso eso estaba bien?
*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*
Apenas se estacionó en su lugar de siempre, Hinata apagó el motor y se bajó de su auto. Cerró la puerta y puso el seguro a distancia, caminando a pasos presurosos hacia el ascensor, que bajó rápidamente hasta su piso, el menos uno. Abordó mirando la hora en su teléfono, quería apurarse para regresar a casa a estar con su hija, a contarle el cuento que le había prometido, jamás había estado dentro de sus planes el decepcionar a Hime y no empezaría hoy.
Tras alcanzar el último piso, se dirigió hacia su oficina, ya no quedaba casi nadie en el edificio, a excepción de los guardias que hacían turno de noche y, seguramente, uno que otro empleado que se había atrasado con el trabajo. Todo lo que tenía que hacer era revisar un contrato, parecía que había llamado un cliente quejándose sobre un punto en particular y ella precisaba revisarlo y comprobar el error, después lo corregiría y enviaría la nueva copia del documento, todo sería un proceso sumamente rápido, eso era lo que tenía en mente, pero cuando entró a su oficina, se dio cuenta de que alguien cerró la puerta de golpe, haciéndola dar un salto del susto, tanto así fue, que hasta notó que su visión se ponía ligeramente borrosa.
—Hinata —la voz de Naruto la hizo regresar a sus cabales, si bien no se sentía completamente a salvo estando a solas con él, al menos no se trataba de un ladrón o algo peor.
—¿Qué haces aquí? —quiso saber la Hyûga, observando que no le sería fácil pasar de largo a Naruto para poder retirarse de la oficina, él estaba bloqueando la puerta con su cuerpo.
Naruto la miró fijamente, sabía que estaba haciendo algo estúpido al estar aquí, que su identidad había sido expuesta y que, en cualquier momento, alguno de esos tipos podía delatarlo y arruinarlo todo, era por eso mismo que estaba tomando medidas desesperadas, necesitaba hablar con Hinata, ser sincero con ella, antes de que supiera toda la verdad de un modo u otro.
—Estaba esperándote —respondió el rubio, apoyando su espalda contra la puerta cerrada—. No hubo ningún cliente que llamó, le pedí a tu secretaria que te hiciera venir.
Al escucharlo, Hinata frunció el ceño, ¿cómo había sido tan ingenua para caer en eso? Además, la mujer con la que trabajaba claramente era una traidora.
—Me voy —sin importarle no poder pasar, ella intentó salir, empujando a Naruto con su cuerpo, pero su fuerza no fue suficiente ni para moverlo un poco—. Apártate, me voy a casa —exigió; sin embargo, todo lo que logró fue que Naruto la apresara entre sus brazos, haciendo que su corazón casi explotara por la sorpresiva acción—. ¿Q-qué haces, Naruto? —cuestionó, empuñando sus manos y arrugando la camisa del hombre, quien no dudó en acercarla más a su cuerpo.
—Siempre quieres estar lejos de mí, pero mira como te pones con mi cercanía —dijo Naruto, esbozando una suave sonrisa, ligeramente seductora, para luego tomar a la mujer por el mentón—. Dime, Hinata, ¿estás tan nerviosa porque me amas?
Por supuesto que sí.
—Por supuesto que no —contestó firmemente Hinata, aunque no se distinguía ninguna duda en el tono de su voz, él estaba seguro de que le estaba mintiendo—. No tengo ningún interés en ti ni en esta conversación, déjame ir o voy a gritar —advirtió, intentando convencerlo, pero la sonrisa de Naruto sólo se volvió más amplia.
—Grita todo lo que quieras, ya todos se fueron —dijo con confianza—. Aunque preferiría hacerte gemir en lugar de gritar —susurró, casi rozando los labios de la ojiperla, quien tuvo que tensar los músculos de sus piernas para no derretirse como gelatina ante tal frase, que ciertamente hizo que su cara se pusiera totalmente roja.
—Y-ya basta, d-deja de decir esas cosas, eres un pervertido —reclamó Hinata, en serio estaba avergonzada, no tenía la costumbre de hablar de ese tipo de temas—. Y déjame ir, debo ver a mi hija.
Al escucharla, el rubio frunció el ceño y la miró de forma más severa.
—Es nuestra hija, que no se te olvide, yo también tengo derecho a verla y de llamarla como tal.
—Tú no tienes ningún derecho sobre Hime.
Naruto agarró a Hinata de ambas muñecas, le dio la vuelta y la apresó contra la puerta cerrada de la oficina, sorprendiéndola.
—No puedes decirme eso sabiendo que eres tú quien me dejó y jamás se dignó a hacerme saber que esperabas un hijo mío, Hime es mi hija tanto como lo es tuya, ¿me oyes? —habló con furia, por un segundo había olvidado su objetivo inicial para esta reunión y es que le enfermaba la idea de no poder decirle a Hime que él era su padre, no era justo, de haber sabido que ella venía al mundo, en ningún momento se habría desentendido, pero Hinata le quitó ese derecho.
—Me duele… —se quejó Hinata, cerrando sus ojos, Naruto estaba aplicando demasiada fuerza en su agarre y al escucharla, lo aflojó un poco, así que ella volvió a mirarlo—. En eso tienes razón, yo me fui y no te busqué para decirte sobre nuestra hija, pero yo… —sus ojos bajaron al suelo—. Tenía miedo de mi padre…
—Ah, sí, Hiashi… —pensó Naruto, el nombre de aquel que había arruinado su vida en todos los sentidos no tardó en llegar a su mente; ese hombre no sólo le arrebató a su padre, también a Hinata e inclusive a la hija de ambos—. Hinata… —murmuró, soltándola—. Entiendo que estabas asustada, que ahora seguramente también lo estás, pero tienes que creerme, yo te amo, Hinata.
Ella lo miró con sorpresa, después de todo lo que había pasado, ¿cómo podía decirle eso?
—¿Y Sakura-san?
Naruto arqueó una ceja, confundido.
—¿Qué con ella?
—¿No estabas saliendo con ella? —Hinata sintió un gusto amargo cuando preguntó aquello, ni siquiera quería escuchar la respuesta, sabía que le repugnaría y odiaría la sola idea, detestaba ser una persona tan egoísta, pero no podía pretender que estaba bien con ver a Naruto en brazos de otra mujer.
Él, por su parte, no estaba seguro de qué debía responder, obviamente su relación con Sakura era una mentira, pero también era verdad que sucedieron cosas entre ellos, de las cuales no se acordaba para nada, cabe recalcar.
—Mira, sobre eso, yo…
—No me digas nada —lo interrumpió Hinata, dándole un empujón para apartarlo, lo había agarrado con la guardia baja, así que él no pudo reaccionar y se echó para atrás; Hinata aprovechó la oportunidad para abrir la puerta y huir, sin embargo, apenas pudo llegar hasta medio pasillo, antes de que su vista se nublara.
No sabía lo que le sucedía, simplemente se sentía mareada y su cuerpo pesaba, igual que sus párpados, todo le daba vueltas y tuvo que apoyarse contra la pared, sólo para caer después de unos segundos, perdiendo la consciencia.
—¡Hinata! —Naruto se apresuró a atraparla entre sus brazos, todo había sucedido demasiado rápido, ella lo apartó, escapó de él y luego se desmayó—. Hinata, ¿qué sucede? —cuestionó a la nada, acariciando el rostro de la hermosa mujer que ahora mantenía sus ojos cerrados.
Desearía poder despertarla con un beso de amor verdadero, como lo hacían en los cuentos de hadas, pero la realidad no era tan simple, en ese mundo no existían los príncipes ni las princesas, ni siquiera los buenos; todos tenían algo de villanos dentro, incluido él.
