N/A El título (Kings Play Chess on Fine Grained Sand) es una popular regla mnemotécnica para que la gente que estudia zoología recuerde correctamente todas las clasificaciones – reino (kingdom), phylum, clase (class), orden (order), familia (family), género (genus) y especie (species). Pero como veréis en este capítulo, el rey, raramente una pieza activa, tiene un papel que jugar en una de las partidas aparte del de víctima indefensa. Risilla.
Estoy asombrada por cuántos de vosotros lectores estáis considerando comenzar a jugar. Es divertido, y merece la pena el esfuerzo. Mi propia habilidad en el juego me sitúa en algún lugar entre "Carne Fresca" y "Menta Después de Cenar", a pesar de cómo escribo sobre ello. Como todos sabemos, Ron es mejor que eso.
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Los Reyes Juegan al Ajedrez en Arena de Grano Fino
Al día siguiente Ron jugó primero con Flitwick. Se rumoreaba que el diminuto profesor tenía algo de sangre de pixie responsable de su tamaño, pero eso no hacía más fácil lidiar con su juego de ajedrez. Ron sacó blancas, pero eso no fue de mucha ayuda. Juega contra las piezas, no contra el jugador, pensó para sí mismo. Eso es lo que siempre dice Papá.
Se detuvo un momento cuando llevaban una hora de juego y estudió el tablero como si hubiera llegado a él por primera vez, como el tablero de aprendizaje que Snape le había dejado a Malfoy. Una vez viera lo que estaba pasando, sabía que podría recuperar el tiempo que estaba gastando en el reloj.
¡Ajá! pensó Ron. ¡Así que eso es lo que se trae entre manos! Flitwick estaba utilizando una maniobra de flanqueo del lado de la dama negra, o al menos eso parecía por el modo en que estaba desarrollando sus peones. Ron decidió arriesgarse y comenzó a llevar piezas hacia el centro, aunque se aseguró de que sus propios peones las defendieran. No era del todo como el juego de Snape, pero pareció desconcertar un poco al Profesor de Encantamientos. Entonces Ron envió a Vinnie y Greg a cazar, mientras sus caballos quedaban a la espera. Flitwick movía más vacilante, obviamente inseguro de qué planeaba su oponente. Bueno, eso era razonable. Ron tampoco estaba seguro, pero ciertamente había distraído a Flitwick de su propia estrategia.
Entonces Ron ejecutó otra carga con sus caballos, habitualmente su gambito favorito. Pronto muchas de las piezas importantes de Flitwick estaban encajadas o quejándose a un lado del tablero. No mucho después de eso el pequeño profesor derribó su rey. "Felicidades, Sr. Weasley. Una partida muy reñida."
Uno menos, faltan dos, pensó Ron mientras él y Flitwick se estrechaban las manos. Sospechaba que la partida del Profesor de Encantamientos con Snape de anoche había sido en efecto interesante, y deseó haber sido capaz de observarla, pero McGonagall había sido extremadamente insistente en asegurarse de que se iba a la cama temprano para variar.
Se tomó un descanso, y luego regresó a observar a McGonagall jugar contra Brentwood. Probablemente debería echar una mirada a cómo estaba lidiando Snape con Abercrombie, pero quería ver cómo estaba jugando la Ravenclaw en caso de que tuviera que resolverse un empate.
Miró el tablero de ajedrez. Por lo que podía decir, Brentwood estaba dándole a la Profesora de Transfiguración todo lo que tenía. Pero parecía estar utilizando la misma estrategia que había empleado con él. Era excelente; pero, ¿podría cambiar si McGonagall la esquivaba?
Mientras observaba, McGonagall mordisqueó lentamente las piezas de Brentwood y puso a la chica a la defensiva. Brentwood intentó provocar un intercambio de peones como con el que había presionado a Ron, pero McGonagall no cayó y aprovechó la oportunidad para afirmar su posición en el tablero. El resultado final estaba claro para Ron, y probablemente para la Profesora de Transfiguración, antes de que Brentwood comenzara a intentar tablas. Pero la Ravenclaw estaba arrinconada en cualquier caso. Su rey se quejó en voz alta y luchó contra ser derribado, pero era inevitable.
Las piezas que Brentwood había utilizado estaban terriblemente agitadas. Ron se tomó un momento para tranquilizarlas cuando se sentó frente a McGonagall. Justo cuando hizo su primer movimiento, vio qué hacer. Su propio estilo había ganado a la Jefa de Gryffindor antes, y ella estaría esperándolo. Lo que era nuevo fue darse cuenta de cómo integrar lo que había visto de Quirrell por medio de Malfoy con lo que había aprendido en el torneo hasta ahora. No estaba seguro de poder lograrlo, pero ya que Brentwood había perdido su primera partida, y él había ganado la suya, incluso un empate lo mantendría en cabeza.
Una vez más dejó sus caballos atrás, como lo había hecho con Flitwick. Haría más uso de ellos más tarde. Sus peones pronto se extendieron como exploradores avanzados, aunque con suficiente apoyo tras ellos para no ser vulnerables. Excepto uno, por supuesto. Quería que ése estuviera por su cuenta. ¿Mordería McGonagall el anzuelo, pensando que él se había sobre-extendido?
Al principio ella jugó con cautela, obviamente sospechando una trampa. Estableció su propia posición y la fortaleció a medida que avanzaba. Ron continuó, haciendo lo que esperaba parecieran algunos errores. ¡Y ella todavía no iba tras ese peón! Bueno, si ella no iba a darle batalla, él se la daría. Ahora fue tras los propios peones de ella, aunque con alguna pérdida ocasional de los suyos. ¡Iba a echar en falta ese alfil más tarde!
Entonces McGonagall hizo saltar su trampa, y Ron se quedó mirando el lío en que estaba. Por una vez sus caballos estaban donde podían ser mejor aprovechados en lugar de perseguir cualquier cosa que se pusiera a su alcance. No podía creer que ella hubiera olvidado por un rato dónde estaba uno de sus peones. Entonces echó otra mirada y casi tragó saliva cuando descubrió lo que sucedería si él sí tomara ese caballo con el peón. No muchos empleaban bien las torres antes del fin del juego, pero Ron sospechaba que estaba sentado frente a alguien que lo hacía. Así que dejó al pobre pequeño tipo exactamente donde estaba, a pesar del lastimero grito de abandono de la pieza, y avanzó un peón del lado de su dama en cambio.
"Hmmmf," dijo McGonagall, y movió su reina al centro del tablero.
Y tomó el peón que Ron estaba esperando tomara con algo desde el comienzo de la partida. Sus movimientos se volvieron veloces entonces, y McGonagall se vio obligada a retirarse.
Ella contraatacó algunos movimientos más tarde, y a Ron le preocupó perder toda la partida justo entonces. Por fortuna sus caballos acudieron a él como siempre lo hacían y maniobraron lo suficientemente bien para embotar la fuerza de las piezas opuestas. Entonces comenzó a aclarar las piezas de ella para abrir sus filas traseras.
La partida terminó en tablas después de que McGonagall jugara un poco como Filch allá atrás, pero Ron se sentía triunfante. Estrecharon las manos. "Bien jugado, Sr. Weasley. Me hizo trabajar por ello."
"Gracias," dijo él.
Ahora era la hora del almuerzo, y estaba hambriento. Hermione y Harry se sentaron junto a él y apenas interrumpieron en absoluto mientras les contaba todo sobre las dos partidas. "Pero la última es contra Snape," dijo, haciendo un gesto cortándose la garganta. "Le daré una buena batalla, pero vi lo que le hizo a McGonagall."
Hermione asintió. Tenía un libro consigo en la mesa, probablemente para compensar el tiempo que había pasado ayudando a Binns. Ron entró en pánico brevemente cuando pensó en todos los deberes que le esperaban a él. Entonces decidió no preocuparse por ello hasta mañana. Después de todo, había vencido a Flitwick y empatado con McGonagall. Brentwood también había ganado a Flitwick, pero había perdido contra McGonagall y Snape, mientras que Abercrombie había muerto gloriosamente contra los tres. Concedido, el Hufflepuff había ganado tanto contra Sprout como Filch.
Sin importar cómo resultara esta última partida, probablemente iba a ser el vencedor del torneo. Bueno, no tenía idea de dónde se encontraba en tiempo ni puntos, pero puede que Brentwood lo hubiera hecho mejor que él en ambos. ¡Así que mejor no coronarse antes de tiempo! Recordó a cierto Slytherin que tenía tendencia a hacer eso, y decidió que era mejor hacer justo lo contrario.
El almuerzo terminó. Se sentó contra el Maestro de Pociones. "Juega contra las piezas, y no contra el jugador," murmuró para sí mismo.
"¿Sr. Weasley?"
"Oh. Sólo recordándome a mí mismo lo que Papá me dice–juega contra las piezas y no contra el jugador."
"Ah. Desafortunadamente, muchas veces debe jugar contra ambos." Snape sacó blancas.
Ron supo exactamente por qué el profesor se había ganado el apodo de 'el Expreso de Hogwarts', porque pronto se sintió como si estuviera atado frente a uno de los trenes del colegio. O encarando un camión Muggle, o algo así.
Pero McGonagall había vencido al Maestro de Pociones, aunque sólo fuera una vez. Quizá si animaba a Snape a adelantarse, o comprometer demasiadas piezas, podría flanquearlo. Normalmente no enrocaba, pero quería su rey a salvo antes de presentar su propio desafío.
Entonces Ron soltó a Vinnie y Greg para cazar y destruir. Probablemente Abercrombie también había utilizado esta táctica, pero aun así Snape pareció molesto por ello. Entre esas incursiones, Ron adelantó sus peones calladamente, apoyados por piezas atrás. Iba a recuperar el terreno que perdió.
Ron se fijó en que la fila trasera de Snape no parecía tan bien defendida como lo había estado cuando el Maestro de Pociones había estado jugando contra McGonagall. Dejó a Vinnie correr cerca del área, para descubrir que era más desagradable de lo que había pensado. Por fortuna había dejado una línea de retirada al pobre alfil, así que fue capaz de volver a retrasar a la pieza chillona.
Snape hizo una mueca y comenzó su propia caza. Ron se defendió lo mejor que pudo, pero pronto se encontró reducido a un caballo y un alfil. Movió los peones delante de su rey para dejarle espacio para maniobrar. Las piezas de Snape eran curiosamente silenciosas, excepto Vinnie, cuyo lamento cuando había sido tomado había sido realmente lastimero. Bueno, aparte de la dama de Snape que lanzaba un jubiloso grito de guerra cada vez que aplastaba algo con su lucero del alba.
La reina de Ron sólo parecía desdichada, hasta que la sacó y comenzó a amenazar la fila trasera del Maestro de Pociones, junto a su alfil restante. Luego se distrajo cuando las piezas de Snape fueron tras la guardia alrededor de su propio rey.
Entonces Ron sonrió ampliamente. La gente olvidaba que un rey también podía tomar otras piezas, y uno de los alfiles de Snape se había acercado demasiado. En lugar de moverse tras él, donde probablemente sería amenazado por un caballo en el siguiente movimiento, Ron tomó el alfil.
Le maravilló ver sacar a su rey una varita diminuta, que emitió una chispa de luz verde mientras el alfil caía. Piezas de ajedrez de Mortífago, pensó con morbo. Se quedó mirando las piezas, preguntándose si alguna de ellas tenía la Marca Tenebrosa bajo sus túnicas talladas.
Pero la partida continuaba, y eso era más importante. Y estaba siendo masacrado, a pesar de sus propios intentos de aclarar un poco el campo. Retiró un poco de presión en su rey, y lo movió calladamente donde pudiera mantener su margen de maniobra. Quizá mi fin de juego no sea tan perverso como el de Filch, pensó, pero puedo intentar que sea memorable.
En una partida de ajedrez más suave y amable, nunca se habría arriesgado tanto con su rey, pero ahora mismo no tenía nada que perder. Atacó, atacó, atacó, y luego cortó hacia delante una vez más. Sus pocos peones restantes fueron enviados adelante en un intento desesperado de alcanzar el último escaque para reemplazar su dama que pereció, ahora gimiendo suavemente a un lado del tablero.
Por desgracia, Snape vio bastante claramente lo que se traía entre manos. El rey de Ron corrió por su vida, un espacio cada vez. Una vez más su rey tomó una pieza, esta vez un peón demasiado cerca de convertirse en una segunda reina. Una vez más la diminuta chispa verde llameó.
Y entonces se volvió obvio que su rey iba a tener que moverse adelante y atrás entre dos casillas perpetuamente mientras Snape intentaba jaque tras jaque.
"Parecemos estar en tablas," dijo disgustado el Maestro de Pociones.
Ron respiró un suspiro de alivio, entonces volvió a mirar el tablero. Snape estaba a sólo unos pocos movimientos de lograr que su último peón alcanzara el final. Después de eso, llevaría tres movimientos como mucho terminarlo.
"Ojalá," dijo él infeliz, y derribó su rey, a pesar de que la pieza intentó girarse y agitar su varita hacia él.
"Espero que no se rinda tan fácilmente en la vida real," dijo Snape con acidez.
"El ajedrez no es la vida real. Y usted me habría vencido en cinco, quizá seis movimientos."
"Sí, lo veo ahora," dijo Snape. "Bien jugado. Pero recuerde no dar una ventaja así en el futuro."
Ron asintió, pero sabía que el ajedrez tenía reglas por una razón, y lo que lo mantenía en marcha era la voluntad de atenerse a ellas. Y sabía que debía juzgarse a sí mismo con justicia. Quizá había un poco de Percy en él, después de todo.
¡Pero no iba a discutirlo con Snape aquí mismo!
El Maestro de Pociones guardó sus piezas mientras Ron miraba la clasificación. Se había actualizado automáticamente, y le mostraba en primer lugar, principalmente debido a su empate con McGonagall. Brentwood estaba por delante en tiempo, pero le había vencido en recuento de cuerpos. Se preguntó si debía agradecer a Crabbe y Goyle por inspirarle a llamar Vinnie y Greg a sus alfiles, luego decidió que no lo comprenderían. Draco probablemente lo haría, pensó Ron, y entonces yo pasaría la noche en la enfermería. Aunque se lo diré a Harry y 'Mione. ¡Se divertirán con ello!
"Sr. Weasley." La voz de Snape atravesó su ensueño. "Estoy a punto de jugar contra el Director. ¿Desea observar?"
Ron lo había olvidado, y tragó saliva. "¡Por supuesto!" Dumbledore estaba sentado a una de las mesas del torneo y abriendo un estuche. Corrió a recoger tanto a la chica Ravenclaw como a Abercrombie para que fueran con él. Estar juntos pareció animar a todos.
El Director y Snape se sentaron juntos. "Me alegra que estés recuperando algunos de tus antiguos intereses, Severus," dijo Dumbledore.
"Nunca lo dejé del todo."
"Ya veo. Sospecho que aprendiste algunas de las desventajas de usar piezas vivas entonces."
"Habla por ti, Albus," dijo Snape con una sonrisa burlona.
"Lo pillo." Dumbledore terminó de disponer las piezas, entonces movió el peón de rey en una apertura clásica.
¡El juego del Director era un equipo de Quidditch! Ron lo adoró al instante. El Rey era un Guardián, la Dama una Buscadora, y cada pieza llevaba una escoba, excepto los peones. Ellos eran todos pequeñas Snitch doradas–a un lado bordeadas en blanco, al otro en negro.
La partida que ambos jugaron estaba tan por encima del entendimiento de Ron que todo lo que pudo hacer fue tomar notas. La reproduciría más tarde con papá e intentaría encontrarle sentido entonces. La estrategia de Dumbledore le recordó un poco a la manera de jugar de Binns. Snape comenzó a rodar sus piezas al centro del modo que lo había hecho antes, sólo para descubrir que llegar allí sólo era la mitad de divertido, ya que Dumbledore tragó velozmente cualquier intento de atravesar sus propias defensas. Snape entonces comenzó a abrirse camino por los bordes, como Ron le había visto hacer con McGonagall, sólo para encontrarse con Dumbledore devolviéndole allí, también.
Luego el juego se asentó en uno de maniobra y posición. Ron creyó detectar un poco de la estrategia de Quirrell por ambas partes. Lo más curioso era que Snape en realidad parecía complacido consigo mismo, a pesar del hecho de que obviamente no estaba haciéndolo tan bien como lo había hecho contra los demás miembros del profesorado. Ningún jugador decía mucho, pero Ron tenía la más extraña sensación de que estaban hablando entre sí por la manera en que movían sus piezas.
En ningún momento pareció que el Director tuviera problemas serios. Aun así Ron no pensaba que fuera tan fácil para Dumbledore defenderse contra el implacable ataque de Snape como el anciano mago hacía que pareciera. Una sonrisa invernal aparecía ocasionalmente en el rostro del Maestro de Pociones, como si estuviera disfrutando el juego por el propio hecho de jugar.
No pareció haber pasado mucho tiempo cuando Snape por fin derribó su rey, pero Ron comprobó el reloj y habían sido dos horas y media. Probablemente le llevaría al menos el mismo tiempo reproducirla adecuadamente, pero sabía que el esfuerzo merecería la pena.
Esa noche la mesa Gryffindor vitoreó a Ron y la Slytherin vitoreó a Snape, mientras las otras dos mesas vitoreaban por todo el mundo. McGonagall parecía casi tan feliz como si Gryffindor hubiera obtenido ambas plazas. Pero ya que ella tenía su propia clasificación, iría al torneo de todos modos. Ron se alegraba por eso.
¡Destacar de esta manera era maravilloso!
Arthur Weasley rebuscaba a través de libros y revistas antiguas en el garaje de la familia e ignoraba el frío. Ya tenía una pila sobre McGonagall; ella se había clasificado a muy alto nivel en varios torneos de Todos-los-Brujos, aunque todavía tenía que ganar la copa. Pero magos y brujas vivían mucho tiempo, y todavía tenía muchas oportunidades. No era inaudito que algunos jugadores se mantuvieran más allá de los cien y cambiaran, como el anciano al-Hadoud o el Director Dumbledore.
Acabó retrocediendo más de cinco torneos antes de encontrar a Snape. Niño prodigio, descubrió Weasley en un artículo ¿Dónde están ahora? Entró en Hogwarts un año más temprano–bueno, era alto para su edad, a juzgar por la foto–barrió en los campeonatos tanto de casa como de Hogwarts. Apuesto a que Lucius se agarró una rabieta. El bastardo era varios años mayor, y aun así fue aniquilado. Lástima que nadie más lo haya hecho desde entonces. Luego Snape fue al Todos-los-Brujos, donde ganó la copa juvenil. Arthur notó que el torpe niño desgarbado parecía a la defensiva al principio en la foto, luego se relajó y de hecho mostró una tímida sonrisa. Pero tan a menudo los prodigios no resultan serlo de adultos. Entonces miró las fechas, y se percató de qué más había estado pasando cinco más tarde cuando se celebró el siguiente torneo. Se supone que Snape se había involucrado con los Mortífagos antes de dejar Hogwarts, recordó. Sin duda los torneos de ajedrez eran demasiado triviales comparados con conquistar el mundo.
Desde entonces, el Maestro de Pociones se había mantenido fuera del ajedrez organizado, aunque ocasionalmente Malfoy se jactaba de vencer a Snape en partidas privadas. Arthur no había prestado atención entonces; pero ahora se preguntaba si el tipejo había estado diciendo la verdad. Se alegraba de que él y Molly hubieran salido del colegio y se hubieran casado antes de que Malfoy se hubiera vuelto tan notorio allá en Hogwarts. ¡Los Merodeadores iban tras el Slytherin equivocado, si me lo preguntas!
Ahora Severus Snape estaba de vuelta. Ron le había escrito por lechuza con recuentos de las partidas que había visto, y Arthur le había pedido más detalles, especialmente el emparejamiento McGonagall-Snape. La Jefa de Gryffindor iba normalmente como campeona de Hogwarts, y Arthur deseaba mucho ver el tipo de juego que la había derrotado.
Estaba tan orgulloso de Ron que apenas podía hablar–no sólo por las partidas, sino por la deportividad que había mostrado el muchacho contra Snape. Él mismo podría haberse agarrado a esas tablas. Su hijo todavía estaba aprendiendo de otros, y ése era el modo en que operaba un verdadero campeón. Arthur leyó una una vieja entrevista donde al-Hadoud clamaba que incluso a los ciento veinte seguía aprendiendo cosas nuevas del juego. Weasley nunca había conocido al anciano árabe, aunque su padre lo había hecho hace mucho tiempo. El tipo no había acudido al Todos-los-Brujos por un par de décadas, pero todo el mundo del ajedrez ciertamente sabía de él. Le encantaría ver al árabe y Dumbledore encontrarse una vez más, como lo habían hecho en una legendaria serie de partidas en 1955.
Arthur hizo una mueca cuando se cruzó con una revista más reciente ensalzando a Lucius Malfoy como jugador. Weasley no podía precisarlo con exactitud, pero pensaba que había una debilidad en el juego del hombre que no parecía aparente a nadie más. Espero que alguien lo ponga en su sitio algún día, pensó. Lástima que no seré yo quien lo haga, desafortunadamente, al menos no esta vez. Sus obligaciones en el Ministerio lo mantendrían lejos, especialmente desde que había rumores de que Karkaroff había salido por fin a la superficie.
Apiló las revistas a regañadientes. ¡Oh, cómo desearía poder acudir esta vez! Pero Ron tendrá que defender el honor de la familia por sí mismo. Quizá la próxima, pensó, sabiendo en lo más profundo de su corazón que si seguían todos vivos dentro de cinco años se consideraría satisfecho. ¡Ese idiota de Fugde todavía no admitía que Voldemort había regresado!
