Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.


5. Tienes que ir de pie en el transporte porque nadie se recorre.


A pesar de que toda la familia contaba con un auto a su disposición, a Hakurei casi no le gustaba. Era un adulto, muy, muy adulto, ya no usaba lentes sólo para leer, sino para todo el día, se movía a paso lento, se cansaba con facilidad, era un adulto mayor, lo sabía y lo aceptaba.

Y no le gustaba conducir. La gente joven no tenía paciencia, se movían de un lado al otro como locos, a cada rato golpeaban la bocina, como si con hacerlo mágicamente lograran que el tráfico desapareciera. Era agotador tener que verlos conducir, y sabiendo eso Hakurei no quería imaginar cómo era tener que conducir con ellos a un lado.

Por eso prefería el transporte público, aún con todos los problemas que eso implicase.

Como todas las mañanas de viernes, de cualquier día en la semana, Hakurei se levantó temprano, desayunó y salió de casa para ir directo al despacho. Amaneció con un terrible dolor en la espalda, producto de una mala postura al dormir, pero eso no lo detuvo; al llegar a la parada, esperó pacientemente a que apareciera su transporte, y lo abordó pacientemente cuando este apareció, a pesar de ser empujado por algunos jóvenes uniformados que parecían tener algo de prisa por subirse al transporte.

Después, una vez que estuvo arriba y pagó su pasaje, se dio la vuelta y caminó a lo largo del autobús hasta quedar cerca de la puerta trasera. El autobús estaba casi lleno y aunque había algunos asientos vacíos, Hakurei supo rápidamente que no tendría oportunidad de sentarse. Casi enfrente de él había un chico sentado en la orilla de los asientos, usando de esos audífonos grandes que no le gustaban nada al hombre, puesto que lo hacían sentir que eran aparatos sumamente estorbosos y pesados; el joven estaba mirando hacia la ventana a su derecha, a pesar de que había una distancia entre ambos, pretendiendo que no había notado a Hakurei, un hombre de edad avanzada que caminaba con dificultad debido a su dolor de espalda. Un poco más atrás también había un chico que pretendía estar dormido, ya que a cada rato entreabría un ojo para ver si Hakurei ya se había sentado en otro lugar. Y más al frente, había una chica cuya mochila estaba en el lugar a un lado de ella, al parecer demasiado agotada a pesar de que apenas iniciaba el día.

Optando por ignorar a esos mal educados jóvenes, Hakurei continuó de pie, adolorido, esperando que el tráfico de la mañana no le jugara en contra e hiciera más larga su espera, puesto que parecía que nadie estaba dispuesto a moverse.