¡HOLAAAA! Yo de nuevo ajdajksd. Regresé con una historia que he tenido en la cabeza desde hace un montón de meses. :3 Espero que les guste el drama porque VIENE CARGADAAAA, y además es de mis ships favoritas, prepárense que tiene de todo uwu.

Les mando un beso enorme y espero que sigan conmigo. 3

∞ Pink.


Según el Budismo, la reencarnación es un hecho que se produce después del Nirvana, de la liberación total del alma. En el Templo Higurashi se celebran cientos de ceremonias cortas en donde familiares y amigos rezan por sus seres queridos fallecidos. Buscan encontrar la paz para sus almas, o en su defecto, que éstas puedan encontrar su propio camino hacia la Iluminación para ser salvados, y que puedan renacer en una vida próspera en la que no tengan que batallar, en las que sean plenamente felices siempre.

— Es por eso, querida Kagome, que nuestro debes en el Templo es proteger… — El Abuelo Higurashi se detuvo, parpadeando tras ver a su nieta. — ¿Estás prestándome atención? —

— ¿Qué…? ¡Ah, sí! — Kagome dejó a un lado al gato, que emitió un maullido de queja, para sentarse derecha frente a su abuelo. Lo cierto es que tan sólo había escuchado el principio por el simple hecho de que ya había escuchado esa historia por lo menos una decena de veces a lo largo de su vida. — Sí… Nuestro deber es proteger el Árbol Sagrado que ha estado en nuestra familia por generaciones, pero… ¿Por qué me cuentas esto, abuelo? Incluso Sota se lo sabe de memoria. — Farfulló con un puchero leve.

— ¡Porque da la impresión de que no te tomas en serio su importancia, Kagome! Prométeme que vas a estar durante la siguiente ceremonia. —

— ¿¡Qué!? ¿Que no me lo tomo en serio? — Kagome se colocó de pie. Si bien era cierto que su prioridad en los últimos años habían sido sus estudios, no hubo momento en que desatendiera sus obligaciones en el Templo Higurashi. — ¡Todos los días procuro que todo esté en orden para que las ceremonias se celebren con toda normalidad! ¿Y todavía dices que no me lo tomo en serio, Abuelo? Me parece injusto. — Se cruza de brazos con indignación. —

— Cuidar del Templo no lo es todo, también debes entender el origen de las Ceremonias y por qué se llevan a cabo. — Cuando su Abuelo se colocó de pie, daba de la impresión de que envejeció unos treinta años más. Kagome serenó su postura y prestó atención a ello, parecía que había algo más en su mirada que no podía descifrar. — Prométeme que vas a estar durante la siguiente ceremonia. — Repitió. — Es en esta noche, y se trata de una familia que viene desde muy lejos. Somos muy afortunados de recibirlos. —

— ¿¡Esta noche!? — ¡Ni siquiera tendría tiempo para prepararse! — Pero… ¡Mis estudios…!

— No pasará nada si no estudias por una noche, querida nieta, todavía queda una semana para tus exámenes finales. —

— ¡Ugh! Está bien, pero sólo voy a hacerlo esta vez. ¿De acuerdo? No puedo permitirme retrasarme más si de verdad quiero ingresar a la preparatoria, sabes que es importante para mi. — Su abuelo asintió dos veces. — Bien… Pues, voy a ponerme en marcha ahora.

Kagome se marchó de la habitación. ¿En qué demonios pensaba su Abuelo? Si quería que todo saliera bien en la ceremonia, debía darse prisa en ese mismo instante. Se le hacía extremadamente injusto que no le diesen siquiera un poco más de tiempo… Preparar el Templo no era una tarea fácil para una sola persona, pero si quería demostrarle que se estaba equivocando, aquel era su momento para lucirse como nunca antes.

Sin embargo... ¿Realmente podría hacerlo sola? Desde hacía varios meses que la joven había comenzado a experimentar graves y punzantes dolores en su hombro derecho, como una especie de dislocación que se hacía cada vez más dolorosa e insoportable. Habían acudido al médico únicamente para toparse con que sus huesos estaban bien, y que no poseía ninguna fractura o malformación en lo absoluto. Incluso en ese momento, mientras recordaba su visita, el dolor comenzaba a hacerse presente con leves pero certeras punzadas, y Kagome necesitó masajearse con su diestra en un intento por detener la molestia, y que no siguiera agravándose.

Aquello daba por sentado que, en efecto, no podría preparar el Templo sola.

La chica se adentró a su hogar, jadeando levemente. — ¡Mamá! — Avanzó hasta detenerse a los pies de la cocina, en donde la encontró preparando los platos para el desayuno. — Mamá. ¿Crees que puedes ayudarme a preparar el Templo? Vamos a tener una ceremonia hoy… — Su madre se giró únicamente para ignorar por completo el mensaje que le había entregado, y tan sólo posó su vista en su hombro adolorido.

— ¿Otra vez ese dolor? — Kagome asintió, pero se quitó la mano del hombro en un intento por no preocuparla demasiado. La verdad es que no era para tanto, por lo general se iban tras pequeños minutos. — Ahora ocurren de forma más constante, lo mejor será que descanses un momento. —

— Pero el Templo… —

— Ya me encargo yo de preparar todo, después de todo, lo hago muy bien. ¿No es así? — Sonrió de forma cálida, de modo que Kagome emuló aquel gesto. — Ve a darte un baño en lo que termino el desayuno, te espera un largo día de clases hoy. —

— Está bien, pero no termines todo sin mi, también quiero ayudarte. — Su madre le miró por unos breves segundos antes de asentir con el rostro. Sabía que su hija no aceptaría un No por respuesta. Aquella testarudez la había heredado de su padre.

En cuanto se colocó de pie, su dolor cesó por completo al mismo tiempo en que su madre se regresaba a preparar el desayuno de todos. No sabía por qué, pero algo en su instinto le aseguraba de que aquel día le esperaba algo que iba mucho más allá de ella…

Algo asegurándole que su destino estaba a punto de cambiar, pero… ¿Era para bien? ¿O debía prepararse para lo peor?


Déjenme saber sus comentarios, siempre me alegra el alma leerlos. ^^

Hasta pronto!