¡Hola, por fin les traigo la continuación de esta historia! Tuve un dilema largo sobre cómo sobrellevarla, pero estoy segura de que les gustará el resultado. 3 Les agradezco enormemente su apoyo tanto por aquí como por mis redes. ;; A veces es lo único que uno necesita para seguir escribiendo más historias bonitas.
Por cierto, me pueden encontrar en instagram como: runarum_
Esta historia está participando en el evento de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, en la dinámica de Febrero: #Tu_Manera_de_Amar
¡Muchas gracias por siempre invitarme a sus bellos eventos! 3
Tohmen no soltó su mano ni siquiera cuando estuvieron lejos del colegio. Avanzaban por la ruidosa calle con Kagome caminando detrás de él; pues aún seguía incómoda con su presencia. ¿Qué se supone que querría decirle con tanto ímpetu? ¿Y por qué no simplemente desistía de la idea y continuaba con su vida? Kagome tiró de su mano para liberarse de su agarre; pero fue un intento inútil que acabó con él sujetándole con más fuerza, ante lo que ella alzó una ceja. La sensación de la venda alrededor de su mano se sentía extraña. — Oye. ¿A dónde estás llevándome?
— Te invitaré a un café, por supuesto, para que podamos hablar tranquilamente y dejes de comportarte con tanta paranoia. ¿Sabes? Da la impresión de que crees que soy un demonio. — Kagome apretó la mandíbula. No le gustaba que pudiera leer su rostro con tanta simpleza.
— ¿Y arrastrarme fuera del colegio luego de esperarme por tres días enteros es tu mejor forma de demostrarlo? ¡Te comportas como un acosador!
— No estoy acosándote, te he dicho que te invitaré a un café. ¿Estás sorda? — Tohmen le dedicó una mirada ceñuda en cuanto le observó por encima de su hombro. — Pudieran haber sido menos días, pero alguien decidió hacerse la importante y faltar deliberadamente. ¿Tienes un convenio con tu escuela o algo así? ¿Por qué te permiten faltar tanto?
— Ugh, eres un sin vergüenza. ¡No he faltado porque quise! — Chilló. — ¡No me sentía bien porq—…
— Es aquí. — Se detuvo de forma repentina, de forma que la azabache chocó contra su espalda. — Kagome, para ser una chica gritas mucho cuando hablas. ¿Sabías eso? Evita hacerlo si no quieres que nos saquen de este lugar. — La aludida abrió sus ojos de par en par, pero antes de poder refutarle nada, el chico le llevó adentro del local. ¡Le sacaba de quicio!
Avanzó de muy mala gana detrás de él, y cuando tomó asiento, dirigió su mirada a la ventana. La vista que tenían apuntaba directamente hacia el puente que debía cruzar para llegar a su hogar. Se sorprendió en silencio de nunca haberse tomado la molestia de visitar ese café, porque lo cierto es que era bastante acogedor pese a su tamaño. — ¿Cómo conoces este lugar? Se supone que acabas de llegar a Tokyo.
— Pude haber venido un par de veces en el pasado. — Se encogió de hombros, como si no importase en lo absoluto. — ¿Qué es lo que pedirás? Puede ser lo que quieras, siempre cumplo con mis palabras.
Kagome ojeó el menú. Sus ojos agrandándose cada vez más a medida que bajaba. ¡Los precios eran demasiado elevados! — ¿Estás seguro? ¿Ya viste los precios de este lugar? ¡Wow, es una locu–… — Pero en cuanto alzó su mirada hacia él, se percató que simplemente aguardaba una respuesta mientras tamborileaba sus largos dedos sobre la mesa de madera. Era particularmente difícil mantener el contacto visual con unos ojos como aquellos, que daban la sensación de desnudar su alma… De modo que regresó al menú. — De acuerdo, en ese caso quiero un Latte Flat White.
Tohmen parpadeó, frunciendo el ceño. — ¿Qué clase de elección es esa?
— ¿Qué tiene de malo? Para tu información, me gusta lo sencillo. El Flat White es exactamente mi tipo de café.
— ¡Ja! Lo que quiere decir que en realidad tienes noventa años. ¿Es eso lo que intentas decirme?
Kagome colocó sus brazos cruzados sobre la mesa. Su actitud podía llegar a ser bastante desesperante. — Oye, si vas a continuar tratándome de esa forma, me iré. ¿Me entendiste? No me gusta para nada tu actitud altanera.
Tohmen pareció meditarlo por dos segundos simples, para luego dedicarle una sonrisita maliciosa de lado. "¿Cómo demonios puede resultarme atractivo este chico? ¡Ni siquiera está peinado o vestido de forma apropiada!" Pensó. — Pues bueno, puedes ir acostumbrándote, porque sólo tengo una forma de ser y es precisamente ésta. — Se señaló con su dedo pulgar, muy orgulloso de su pobre elección de palabras. — Iré por tu café de abuela, hablaremos, y luego puedes marcharte y hacer lo que te plazca. ¿Suena bien para ti?
— Tienes un serio problema para pedirle cosas a los demás. ¿Lo sabías? — Contestó de mala gana: Primero, le había arrastrado fuera de su escuela, y ahora ni siquiera se molestaba en dedicarle una palabra amable. ¿En dónde estaba el "Sólo un idiota podría darse por vencido con una chica como tú"? Casi parecían dos personas diferentes. — Date prisa.
Cuando Tohmen se marchó, Kagome apoyó su mentón sobre la palma de su mano y mantuvo su vista en la ventana. Seguía sin gustarle la idea de mantenerse cerca de él… Casi como si su cuerpo lo rechazara mucho antes que su corazón pese a no tener una razón coherente. Lo que ambos habían visto era posiblemente una ilusión creada por el árbol, algo que de ninguna manera podía ser real. Su hombro comenzó a doler por el simple hecho de recordar lo que había visto; lo cual tampoco era una buena señal… Si era una vida pasada. ¿Por qué afectaba directamente a su presente?
Por haber estado ensimismada en sus pensamientos, no fue consciente del momento en que él tomó asiento nuevamente ante ella. Fue el sonido del vaso colocado sobre la mesa lo que le hizo dar un respingo. Ahí, sentada, le miró. — ¡Vaya, qué veloz!
— ¿Estabas pensando en lo que vimos en ese árbol? — Kagome le dedicó una mirada asombrada, pero él observó su hombro antes de que pudiera decir nada. — Estabas masajeándote el hombro. Parecía que te dolía. — No se había percatado, pero su mano estaba directamente sobre la zona afectada. De forma lenta, colocó ambas manos alrededor de su taza de café caliente.
— Estoy bien. — Mintió. — Vayamos al grano. ¿De qué quieres hablarme?
Tohmen la miró por un momento, con su taza de café humeante ante él. Se tomó dos minutos exactos para acomodar su cuerpo sobre la silla y colocar sus brazos sobre la mesa. — Hace un par de meses, perdí a mi mejor amigo a causa de un accidente automovilístico en las afueras de Hokkaido. — Kagome entreabrió sus labios mientras su mente procesaba las palabras de forma lenta, no muy segura de a dónde quería llegar revelándole algo tan personal como eso. — Fue un accidente de tal magnitud que ninguna persona podría haber salido con vida. Él no lo logró, por supuesto, pero yo sí. ¿Por qué? ¿Por qué he sobrevivido a algo como eso? Ni siquiera tengo heridas, tan solo tengo este par de quemaduras alrededor de mis manos por haber sujetado el volante con demasiada fuerza. — El chico expuso sus manos, y Kagome observó con atención por primera vez su vendaje. Estaba desgastado y grisáceo, pero firmemente sujeto a su piel. — Desde entonces, también estoy experimentando punzadas en mi pecho. Nos han informado que son posibles secuelas por haber sobrevivido a un accidente de tal escala, pero a mí me parecen excusas baratas. Lo que yo creo, es que se trata de la culpa intentando acabar conmigo por haberlo llevado directo a su muerte.
— Tohmen…
— Si acudimos a tu templo — Prosiguió él, evitando observarla mientras hablaba. — es porque su reputación les precede. Lo que necesitaba era un cierre y asegurarme de que él estaría bien, que sería capaz de renacer sin odiarme en el proceso. ¿Y con qué me encuentro? Con un recuerdo que ni siquiera es mío, y con otro golpe de culpa por tu parte. — Solo entonces, él alzó su cabeza para mirarla fijamente. Sus ojos ambarinos denotaban tristeza, pero al mismo tiempo, molestia. — El hombre que viste no soy yo, así como tú tampoco eras esa mujer. ¿Lo entiendes?
— Yo… — Negó con el rostro. — No te entiendo… ¿Qué es lo que intentas decirme?
— El hombre que viste no soy yo. — Repitió sus palabras lentamente, acercándose a ella en el proceso mientras se inclinaba sobre la mesa. Un acto que la obligó a retroceder en su silla. — Así que puedes dejar de tratarme como un asesino, porque no lo soy. No necesito más culpa sobre mis hombros, mucho menos si viene de parte de una chiquilla que apenas conozco.
— Pero… — Hizo una pausa, tragando con fuerza. — ¿Cómo puedes saberlo? Tenías su rostro. Y esa mujer…
— Esa mujer no se parecía en nada a ti. Por si no lo notaste, ella era hermosa. — Soltó con rudeza, ante lo que Kagome frunció el ceño.
— ¡AH! ¡No me refiero a eso, tarado! La herida de su hombro es en el mismo lugar donde yo… — Hizo una pausa, sujetándose el área mientras apretaba sus labios. Aunque le costaba enormemente, Kagome sostuvo su mirada con cierto recelo. — Mira, estoy de acuerdo contigo, todo esto me parece una locura… Pero no podemos hacer a un lado las similitudes solo porque nos conviene. En definitiva, te parecías mucho a ese chico. Tienes sus mismos ojos…
Tohmen suspiró con cansancio, como si aquello no se tratara de nada en realidad. Volvió a acomodarse sobre su silla, recargando su espalda sobre esta. — Entonces te lo demostraré, hagámoslo de nuevo.
— ¿Hacer qué? — Él puso los ojos en blanco.
— El Árbol, tonta. Vayamos una vez más a ese lugar y comprobémoslo. Si resulta que verdaderamente soy yo en una vida pasada, entonces me alejaré de ti para que te sientas cómoda. ¿De acuerdo? Pero si no lo soy, entonces me deberás una disculpa enorme. Me has causado bastantes problemas con todo este problemita. ¿Sabes? No me gusta que me trates como lo haces. — ¿A qué nivel de cinismo podía llegar Tohmen?
— ¡Vaya! Entonces ya somos dos. — Kagome entrecerró sus ojos mientras le miraba. Él hizo lo mismo. — Está bien, de acuerdo. ¿Entonces puedes venir esta noche? Mi abuelo ya debe de haber terminado con el resto de las ceremonias, el lugar está libre.
Él asintió. Se tomó la taza de café en menos de un minuto y se colocó de pie. — Esta noche, Kagome. — Se dio la vuelta para marcharse, dejándola sentada con la boca abierta. — ¡Haré que te disculpes!
