Academia St. Michael's de Magia y Hechicería

Capítulo 4 – Las Parejas de Saint Michael's

Parte 2

Afueras de Hogsmeade – Día

Rikka POV

Es una tarde tranquila en Saint Michael's. Las clases del día han terminado por lo que ahora, Sayuki y yo nos encontramos compartiendo una pequeña cita estilo picnic encima de una de las pequeñas colinas a las afueras de Hogsmeade.

– Ah, es tan hermoso.

– Lo sé.

Observamos el atardecer desde la colina mientras el sol comienza a ocultarse tras las casas y tiendas del pequeño poblado mágico.

Un par de Jobberknols pasan volando mientras el sol se está ocultando y me siento nostálgica.

– Aún no puedo creer que un mundo mágico como este realmente exista.

– Es mucho más mágico contigo en él, Rikka.

Sayuki se inclina para darme un pequeño beso en la mejilla pero cuando lo hace, siento una larga y delgada lengua que entra en los orificios de mi nariz.

– ¡Kyaaaaa!

– ¡Ups! Lo siento, parece que Helga tiene algo de hambre, jeje.

Dice Sayuki riendo, refiriéndose a su puffskein mascota. Una pequeña bola de pelos color rosada la cual, reposa sobre su hombro y aprovecha el beso que me da Sayuki para sacar su larga lengua y meterla en mi nariz.

– Significa que le agradas mucho, al igual que a mí.

– Me alegra oírlo – supongo.

Aún no me acostumbro del todo a aquella mascota de Sayuki, pero me alegra que la haga feliz.

Nerviosa, vuelvo a mirar al suelo pensando en el tema por el cual la había invitado a salir esta tarde.

Aprieto mis manos tratando de armarme de valor para pedírselo.

– Sayuki-chan.

– ¿Sí, Rikka?

– E-Estaba pensando… ya que tú y yo estamos saliendo... me preguntaba si te gustaría…

Veo la mirada confundida de Sayuki, así que mejor le digo rápidamente.

– ¡Quisiera saber si te gustaría ir al baile de navidad conmigo! Si puedes.

– Rikka-san.

Sayuki sonríe y me toma de ambas manos.

– Para ser una chica tan valiente, puedes ser tan tonta a veces.

– ¡¿EH?!

– ¡Claro que iré al baile contigo! Pensé que al estar saliendo, eso ya estaba asegurado. Aún así, me alegra que me lo preguntaras.

– Sayuki…

Nos besamos en los labios y tiramos sobre nuestro mantel en el pasto para seguir besándonos apasionadamente.

Al separarnos, una fina línea de saliva aún une nuestros labios y nos miramos a los ojos enamoradas de la otra.

Acuesta su cabeza sobre mi pecho mientras la acaricio.

– Estoy tan contenta de estar aquí contigo y de que me hayas invitado al baile. Creo que jamás había sido tan feliz hasta que estuve contigo.

– ¿De verdad?

– Así es ¡No puedo esperar a que sea el baile para presentarte a mis padres!

– ¿Eh? ¿Tus padres van a venir?

– Claro ¿No te dijeron? Como descendiente de una las cuatro fundadoras de esta escuela, mis padres, al igual que mi abuela (quien es la actual matriarca de mi familia) asistirán como invitados especiales esa noche.

– ¿De verdad? – Increíble.

– Así es. Será una noche mágica donde además, te presentaré a mi familia como mi prometida.

– ¡¿Eeeeeeeeeeeehhhh?! ¡E-Espera! Tú ¿Pro-Prometida?

– Por supuesto, después de todo, es la tradición que las doncellas de la clase alta del mundo mágico, contraigan matrimonio al graduarse con alguien importante del mundo mágico.

– ¿En serio?

– Sí – Sayuki más seria – De hecho, antes de que iniciara este año escolar, mi abuela me había dicho que iba a aprovechar este año para buscarme un pretendiente con el cual pueda casarme cuando me graduara. Alguien que sea importante, para hacer crecer el negocio y el nombre de la familia.

Sayuki lo dice algo preocupada, como si fuera algo que no deseaba contar.

Entonces cambia su actitud y voltea a decirme con una sonrisa.

– Pero ahora que estoy contigo, estoy segura que cuando se lo expliquemos a mi abuela, ella lo entenderá y podremos casarnos cuando nos graduemos ¿No es eso genial?

– Ehh… sí, seguro, Sayuki.

– Me alegra mucho, no puedo esperar a compartir una vida contigo, Rikka.

– Sí, también yo.

La abrazo de vuelta aunque al hacerlo, muestro una clara cara de preocupación por mí misma.

"Aunque no me importaría casarme con Sayuki, el tener que presentarme a una familia tan importante como la suya como su prometida… ¿De verdad aceptarán a una hija de muggles que no tiene nada que aportar, como yo?"


Sala Común del Castillo

Kaede POV

En uno de los múltiples puntos comunes del castillo, nos encontramos Sara y yo descansando después de clases y platicando. O más bien es Sara quien esta haciendo toda la plática, aún pensando en lo que nos había dicho Rena-sensei hace unos días.

– ¡Que emoción! Aún no puedo creer que la directora Rena nos haya pedido que nosotras seamos las encargas de abrir el baile el día de navidad ¿No te parece eso bastante fantastibuloso?

– Sí, seguro, Sara.

Le contesto de manera casi automática sin prestarle mucha atención a lo que me dice. Sara nota lo nervios en lo que me encuentro y pregunta.

– ¿Te pasa algo, Kaede-chan? ¿No estás feliz de que la directora nos haya elegido para abrir el baile?

– No es eso. Estoy muy feliz por poder ir al baile contigo, Sara. Es solo que…

"¿Cómo se lo digo? Si lo hago ¿La terminaré decepcionando? ¿Renunciará a su sueño de abrir el baile… por mí?"

Aún sin saber mis pensamientos, Sara me toma de las manos y dice.

– Descuida, lo que sea que tengas que decirme, puedes decirlo. Si hay algún problema, te prometo que lo resolveremos juntas.

– Sara.

Ya más confiada, junto aire y le confieso.

– Lo que pasa es que… aunque deseo bailar contigo, yo… nunca he bailado en mi vida. No tengo idea de cómo se haga.

– ¿De verdad? – sorprendida - ¿Por qué no me lo dijiste antes?

– No quería que te decepcionaras de mí o te arrepintieras de haberme invitado al baile. Yo en verdad deseo ir contigo y pensé que mientras estuviéramos juntas, no importaría como bailara. Pero ahora que sé que la escuela entera nos estará viendo, no estoy segura de que pueda hacerlo.

– Kaede-chan.

Sara se queda pensando un rato sobre lo que digo y por un segundo, pienso que desistirá de la idea de Rena de abrir el baile juntas. Lo cual la verdad, no me hace muy feliz. Quiero que Sara cumpla todos tus sueños, no quiero ser un estorbo para ella.

Pero entonces, Sara decidida se levanta y dice.

– De acuerdo, en ese caso ¿Qué te parece si yo te enseño a bailar?

– ¿Eh? Tú… ¿Sabes bailar?

– Por supuesto, no soy ninguna experta en ello, pero tomé un par de clases de baile y canto cuando era niña como parte de mi trabajo ocasional como actriz antes de volverme modelo.

– Increíble.

– Entonces ¿Qué te parece mi idea? ¿Te gustaría aprender a bailar conmigo?

– Sara… por supuesto. Estaré bajo tu cuidado, Sara-senpai.

– Jejeje, se siente muy raro que me llames así, mejor sígueme llamando por mi nombre.

– De acuerdo, Sara.

Ambas sonreímos y compartimos un dulce beso en los labios en aquella sala común del castillo.

Al separarnos, Sara me mira con una sonrisa y me dice.

– Muy bien, si vamos a hacer esto, necesitaremos un lugar privado donde podamos practicar sin que nadie nos vea.

– Eso sería ideal. ¿Se te ocurre algún lugar?

– Veamos… debería ser un lugar cerrado donde podamos practicar sin que nadie nos vea. Que cuente con un ambiente acogedor, luz natural y una gran cama para en caso de que nos cansemos.

– Me parece que más bien estás pensando en un lugar para que nos acostemos – le digo algo avergonzada.

Después de pensarlo un poco, Sara declara.

– Lo tengo, se donde podemos encontrar el lugar que necesitamos.

– ¿De verdad? Y ¿Dónde es?

– Es un secreto – guiña el ojo – por lo pronto ¿Qué te parece si nos relajamos un poco y practicamos estirar esas piernas para el baile ¿Eh? Necesitarás ser muy elástica si deseamos impresionar a nuestras compañeras,

– Sara – sonrojada.

Me toma de la mano y declara alegre.

– Ven, vayamos a ver si alguna de las camas de enfermería esta vacía.

– ¡¿Eh?! E-Esta bien.

Me lleva con ella y como dijo, terminamos practicando la elasticidad de mis piernas de una manera poco convencional.

Me pregunto si de verdad todo saldrá bien con este entrenamiento.


Sala de Herbología

Risa POV

Al otro día en los invernaderos del colegio, las chicas de primer año nos reunimos para tomar la clase de herbología donde el día de hoy, la profesora Sarasa, tiene planeada una práctica muy especial para hoy.

– Buen día, chicas.

– Buenos días, Sarasa-sensei.

– Me da mucho gusto verlas a todas puntuales en clase – refiriéndose a Miya, quien se había dignado en aparecer el día de hoy – El día de hoy, practicaremos como plantar mandrágoras ¿Alguna sabe las propiedades de la mandrágora?

De inmediato levanto la mano y la profesora me da la palabra.

– Risa-san, por favor.

– La mandrágora o mandrágula, se utiliza por sus propiedades curativas, especialmente para la des petrificación. Sin embargo, también es muy peligrosa ya que su llanto puede llegar a ser mortal, por lo que debe manejarse con mucho cuidado y siempre llevar un buen par de orejeras cuando se cultiva.

– ¡Excelente! 10 puntos para Hufflepuff.

Sara y Sayuki me felicitan alegres a mis lados mientras Miya, me voltea a ver desde el otro lado del invernadero, con una clara sonrisa burlona que me dice "Nerda".

– Como ya oyeron – continua la profesora – para cultivar la mandrágora hay que tener mucho cuidado con los oídos, por lo que antes de empezar, quiero que todas tomen sus orejeras y las aprieten con mucha fuerza contra sus oídos ¿Entendido?

– ¡Sí, maestra!

– ¡Sí, mamá! – le dice Sara, pero al darse cuenta de lo que dijo – Quiero decir… Sí, maestra – sonrisa sonrojada, avergonzada.

Todas en el invernadero hacemos lo que nos dice y cuando terminamos.

– Ahora, quiero que me pongan mucha atención con lo que les voy a decir, ya que determinará el éxito de esta práctica. Cuando saquen la mandrágora, lo primero que deben hacer es…

Sin embargo, me pierdo en su explicación cuando vuelvo a voltear a donde esta Miya, quien ahora se encuentra totalmente distraída, entretenida con su varita sin darle la menor importancia a lo que dice la maestra.

"Esta chica. Es obvio que esta clase no le interesa en lo absoluto, así que ¿Por qué se habrá molestado en venir"

Ahora que lo pienso, ha estado asistiendo a todas las clases a las que vamos juntas, desde que me dijo aquellas palabras el otro día después de la clases.

"¿Sabes? Si lo quisieras, a mí no me importaría ir al baile contigo".

¿A qué se habrá referido con eso? ¿Acaso quiso decir que nadie más que ella me va a invitar? ¿Acaso piensa que me está haciendo su favor si la invitara o que yo no pienso invitar a alguien? O será que en verdad... ¿Miya desea ir conmigo?

"No tengo idea ¡Con esta chica nunca nada está claro! ¡Es tan terca, necia, dura e imposible de leer que me hace… me hace…!"

– Entonces terminan de poner la tierra, y eso es todo. ¿Entendieron?

– ¡Sí, Sarasa-sensei!

– ¿Eh? ¿Qué pasó?

"Ahí no, será que estaba tan distraída pensando en Miya… ¡¿Qué me había perdido toda la explicación?!"

Esto es malo, si la profesora descubre que no le puse atención…

– Ahora ¿Están listas para hacerlo ustedes mismas?

– ¡Sí, profesora!

– Muy bien, entonces tomen a sus mandrágoras y ¡Sáquenlas con fuerza!

A su orden, todas en el salón sacan a sus mandrágoras y comienzan a replantarlas en la maceta de su compañera de al lado, pero al no tener mi maceta lista, Sara me dice.

– ¿Qué estás esperando, Risa? Apúrate a sacarla, antes de que el llanto de la mandrágora se vuelva más fuerte.

– ¿Eh? Sí, entendido.

Sin estar segura de que hacer, tomo mi mandrágora y la saco, aunque sólo consigo sacar la mitad al no haberla agarrado correctamente.

– ¿Qué estás haciendo, Risa-chan? – me pregunta preocupada Sara.

– Espérame, ya casi… sólo un poco más.

La mandrágora se resiste a salir y cuando finalmente lo consigo.

– ¡La tengo! ¡Kyaaaaaa!

Se lanza contra mí e intenta morderme en la cara y en mi nariz.

– ¡Aaaaaaaahhhhh! ¡Auxilio! ¡Ayuda!

– ¡Risa-chan!

Las alumnas, Sara entre ellas, dejan de inmediato lo que están haciendo para ayudarme, pero antes de que puedan hacer algo, Sarasa les dice.

– ¡No! Terminen de plantar sus mandrágoras o tendremos un problema aún mayor. Yo me encargo de ella.

Incapaces de hacer algo, mis compañeras se apresuran a terminar de plantar su mandrágora para evitar que se vuelva un caos en el invernadero mientras yo sigo forcejeando en el suelo para evitar que la mandrágora muerda mi cara.

Y justo cuando la profesora esta por llegar conmigo y la mandrágora a punto de morder mi rostro.

¡Depulso!

Siento como una gran fuerza me golpea en la cara y saca volando la mandrágora hasta el otro lado del salón. La profesora Sarasa la atrapa y la termina de cultivar en una macera libre. Aunque no ha sido la profesora Sarasa quien lanzó ese hechizo.

– Pero… ¿Quién?

Al voltear al lugar de donde había venido el hechizo, veo a Miya con su varita apuntándome, aún alarmada por el peligro en el que me encontraba.

– ¿Estás bien? – me pregunta auténticamente preocupada.

– Aja – asiento aún sin palabras por lo que había ocurrido.

Miya guarda su varita y me ayuda a levantarme. Pero entonces la profesora Sarasa va con nosotras y dice.

– ¡Ayase-san! ¡¿No sabes que lanzar hechizos esta estrictamente prohibido en el invernadero?! Aquí hay plantas muy peligrosas, un movimiento en falso y pudiste haber puesto en peligro a todas en el salón.

– Lo-lo lamento, profesora.

– Miya – la veo preocupada.

La verdad es que sí había hecho algo muy tonto al lanzar ese hechizo, pero había hecho eso por mí... para salvarme.

Esto incluso la profesora lo sabe, por lo que ya una vez más calmada y pasado todo peligro, respira y se dirige al resto de nuestras compañeras con voz amable y preocupada.

– Dejaremos la clase hasta aquí el día de hoy. Mil disculpas por los inconvenientes sucedidos – hace reverencia – retomaremos la próxima clase y les encargo de tarea por favor, redactar un pergamino sobre los beneficios de las ramas de centidonia. Que tengan un buen día.

– Gracias, profesora.

En cierto silencio, las alumnas empiezan a salir del salón, entre ellas Nanami y Sara, quienes nos voltean a ver preocupadas, pero no hay nada que puedan hacer por nosotras.

Ya que nos hemos quedados Miya y yo a solas con la maestra.

– Profesora Sarasa, Miya no…

– Descuiden, no pienso regañarlas. Lamento la manera en la que reaccioné antes, pero deben entender que el cuidado de plantas mágicas es uno muy delicado y hasta peligroso cuando no se hace con cuidado. Tuvimos suerte de que el día de hoy haya sido sólo una mandrágora, de haber sido una bola mordelona china o una tentácula venenosa, habríamos estado en serios problemas y posiblemente más de una habría terminado en la enfermería.

Miya y yo miramos al suelo avergonzadas.

– Risa-san, debes poner más atención cuando doy las instrucciones de la clase. Estás son muy especificas y como ya viste, si no agarras bien a tu mandrágora, esta se pondrá violenta. En caso de que eso pase, solo debes acariciarla en el lomo para tranquilizarla y poder plantarla en su lugar.

– Entiendo, pondré más atención la próxima vez, profesora – bastante avergonzada.

– Y Miya-san. Hay una razón por la que esta estrictamente prohibido lanzar hechizos dentro del invernadero, y es que varias de estas plantas si les das aunque sea con un hechizo sencillo, se pueden poner bastante violentas y son muy difíciles de calmar. Pudiste haber causado un desastre y lastimado a varias de tus compañeras.

– Lo entiendo, profesora.

– ¿Terminaste de plantar tu propia mandrágora antes de venir por Risa-san?

– Así es. Ya estaba plantada cuando vine.

– De acuerdo, puedes retirarte. Hablaremos otro día de tu castigo.

– Entiendo, nos vemos, profesora.

Miya voltea a verme una última vez antes de darse la vuelta y salir del invernadero.

Y ya que me he quedado a solas con la profesora.

– Profesora, no creo que Miya…

– Cielos, no se que voy a hacer con esa chica. Lo que hizo en otras circunstancias, merecería una suspensión inmediata de por lo menos una semana.

– ¡¿Eh?! ¡No! Ella no…

– Pero tampoco puedo negar… que lo que hizo por ti fue muy valiente. En otras circunstancias, incluso me atrevería a recompensarla.

– Sarasa-sensei.

Sarasa se sienta junto a sus plantas y me pregunta.

– ¿Por qué ocurrió este accidente el día de hoy, Risa? Usualmente eres muy responsable y sueles poner completa atención cuando doy mis instrucciones. Me sorprende que esto te pasara a ti.

– Lo sé, lo lamento, profesora. De verdad, intenté poner atención, pero…

Sarasa me mira un tanto preocupada y dice.

– Risa, estás muy conflictuada ¿No es así?

– Profesora – casi al borde de las lágrimas.

– Descuida, no voy a suspender a Miya. Un par de horas de servicio aquí en herbología, le bastarán para que aprenda su lección, además que quizás así consigo que se interese un poco por mi clase. Puedes retirarte si quieres.

– Muchísimas gracias, Sarasa-sensei.

Hago reverencia y justo cuando estoy por salir, me dice.

– Y por cierto, Risa.

– ¿Uh?

– Tú y Miya son muy buenas niñas. Deberías ser más honesta con ella y decirle lo que sientes, si quieres evitar que algo como esto vuelva a pasar.

– ¡¿Eh?! Pero…

"¿De verdad, tan obvia soy?"

Pero tiene razón, no puedo seguirme engañando. Si quiero evitar que algo como esto vuelva a pasar, debo ser más directa con Miya y aclarar de una vez por todas lo que siento.

Y se exactamente dónde la puedo encontrar.

– Gracias por su consejo, Sarasa-sensei.

– Mucha suerte, Risa.

Al salir del salón me encuentro con Sara, quien me está esperando a la entrada del invernadero.

– Risa-chan ¿Estás bien?

– Sí, gracias por preocuparte, Sara. ¿Vienes a ver a tu madre?

– Así es, sólo quiero ver que no esté muy alterada y pedirle que no sea muy dura contigo y Miya. Lo vi todo y sé que no fue su culpa.

– Descuida, ya se ha calmado y me dijo que sólo le daría un pequeño castigo a Miya por el hechizo que lanzó, pero… igual creo que le hará bien hablar contigo. ¿Has estado aquí todo este tiempo?

– Así es, pero no escuché nada de lo que dijeron.

– No importa. En ese caso ¿Viste para donde se fue Miya cuando salió?

– Sí, se fue en aquella dirección.

– Lo imaginaba. Muchas gracias, Sara. Nos vemos al rato en la sala común.

– ¿Uh? ¿No irás a la clase de astronomía?

– No lo creo. Tengo algo más importante que hacer.

Sin decir más, me despido de Sara quien entra al invernadero con su mamá.

– Mamá ¿Estás bien?

– Hola Sara, sí, gracias por preguntar. Sólo un poco preocupada por lo que sucedió con Risa y Miya. Me alegra mucho que no haya pasado nada más peligroso.

– Descuida, afortunadamente, todo salió bien.

Ya que ve que su madre esta más tranquila, Sara va con ella y le dice.

– Mamá, respecto al baile de navidad, necesito pedirte un favor.


Torre de Astronomía

Nanami POV

Después del escándalo que se armó en la clase de herbología, mis compañeras Gryffindor y yo, nos dirigimos a lo alto de la torre de astronomía para la última clase del día de hoy.

– Me pregunto si Risa y Miya estarán bien.

Se habían quedado en el invernadero cuando todas las demás salimos al igual que Sara quien se había quedado para hablar con su madre.

– Aunque es cierto que tuve tanto miedo, que sentí que casi me iba a desmayar, uh.

"¿En verdad me puedo llamar una chica Gryffindor si soy tan cobarde?"

Aquel tema, sólo me recuerda a que ya ha pasado más de una semana y todavía no había invitado a Yuuna al baile de navidad.

"Y es que aunque he querido hacerlo, ni siquiera he tenido oportunidad de verla".

Ya sea en los pasillos o en el gran comedor, no me había topado con Yuuna en ningún momento desde el día en que se anunció el baile de navidad. Y ella tampoco había hecho ningún esfuerzo por contactarme.

"En momentos como este, quisiera tener una lechuza para escribirle".

Aunque aún de poder hacerlo, no tendría idea de que decirle.

Me pregunto si alguien más ya la habrá invitado al baile, si se habrá alegrado, si le habrá dicho que sí y estará soñando con el día que llegue el baile para ir con ella.

Me pregunto si aquella chica estará feliz, seguro que debe estarlo, puesto que irá al baile con la chica más bella de la escuela, no, la chica más bella en todo el universo. Me pregunto si estará a la altura que una chica como Onee-sama se merece. Me pregunto si la besará de la misma forma en que me besó.

– Uh…

Todos estos pensamientos hacen que me ponga muy triste y preocupada al sentir que no tengo el control de nada, lo cual Rikka nota a mi lado.

– Nanami-chan ¿Estás bien?

– ¡Kyaa! ¿Qué?

– Cielos ¿Otra vez perdida en tus pensamientos, Nanami? – me reclama Misaki – será mejor que empieces a poner mejor atención a nuestras clases, si no quieres causar un accidente como el de Risa.

– Pobre Risa, seguro que está deprimida – menciona Aoi – deberíamos hacer algo para levantarle el ánimo.

– Tengo una idea ¿Por qué no la invitas al baile como habíamos acordado, Nanami-chan? – pregunta Misaki.

– ¿Uh?

– ¡¿Eh?! ¿Tú y Risa-nee? – reacciona Rikka sorprendida.

– ¡Te equivocas! – le digo a Rikka – Yo… aún no me rindo de querer invitarla… a ella – le susurro para que sólo ella me escuche.

– Nanami.

Rikka entiende de quien hablo, aunque no dice nada más para no delatarme frente a nuestras amigas.

Sin embargo, todas mis esperanzas se van al fondo cuando Rin llega al salón y da la peor noticia que podía escuchar.

– Hola Rin-chan ¿Encontraste tu telescopio?

– Sí, estaba en la sala común como imaginé, pero no van a poder creer lo que escuché.

– ¿Uh? ¿Qué pasa?

– Resulta que venía de camino cuando escuché a unas chicas de segundo año de Ravenclaw decir que una chica de primero ya ha invitado a Yuuna-senpai al baile de navidad.

– ¡¿Eh?! ¡¿En serio?! – Misaki y Aoi sorprendidas – ¿Y qué dijo?

– Parece que todavía no le dio una respuesta como tal, pero le pidió con una sonrisa que se encontrara con ella en la lechucería esta tarde para darle una respuesta.

– ¿En la lechucería? No es el ambiente más romántico, pero aun así ¡Qué emocionante!

– ¿Y las senpais creen que le diga que sí?

– No lo sé, pero dicen que Yuuna se veía muy feliz durante la última clase, como si no pudiera esperar a que terminara.

– ¡Sugoi! No puedo creer que realmente una chica de primer año haya tenido el valor de invitar a Yuuna-sama al baile.

– ¡Lo sé! Sólo eso ya es una victoria para todas las de primer año. Seguro que debe ser alguien demasiado increíble o hermosa para que la haya invitado a verse más tarde ¿Quién crees que sea, Nanami-chan?

– Yo… eh…

Desde que escuché las palabras de que alguien más había invitado a Yuuna, dejé de escuchar. Y lo peor de todo es que Yuuna le había pedido que se vieran más tarde… ¿a solas? Eso sólo podía significar una cosa.

– ¿Nanami-chan?

Rikka me ve preocupada, sin estar segura de que decir o cómo poder apoyarme.

Para este punto, realmente siento que ya no voy a poder más, pero justo cuando me estoy considerando ir, llega la profesora de astronomía al salón (al igual que Sara de último momento) y da por iniciada la clase.

– Buen día, chicas, el día de hoy aprenderemos sobre las constelaciones y las distintas interpretaciones que se le pueden dar. Lo primero que deben saber, es que…

Me pierdo completamente de la clase, sin prestar la mínima atención, por lo que Rikka se me acerca y me dice.

– Animo, Nanami-chan, todavía no sabemos si le dirá que sí a esa chica. Hasta que no estemos seguras, todavía hay esperanza.

– Rikka-chan.

De verdad, a veces actúa más como una senpai que yo.

Volteo a la ventana del aula para ver la torre de la lechucería hasta el otro lado del castillo y me pregunto ¿Cuánto tiempo tardaría en llegar allí?

"Quizás si salgo corriendo ahora, si dejó todo esto atrás sin detenerme para nada, quizás aún alcancé a llegar a tiempo para decirle a Yuuna que la amo y..."

No, es inútil. Incluso si saliera corriendo ahora, jamás llegaré a tiempo. La lechucería se encuentra hasta el otro lado del castillo en las afueras y ahí, todavía hay que subir cuesta arriba. Sería inútil siquiera intentarlo.

"Pero aún así, debo intentarlo".