Por supuesto dijo aquella molesta voz en mi cabeza. Y no pude menos que darle la razón. Por supuesto que alguien quería matar a Bella, y por supuesto que ese alguien conseguía escapar de una de las cárceles más impenetrables del mundo Dios sabía cómo para darle caza. Por supuesto. Quería gritar hasta desgañitarme, romper algo, cualquier cosa.
- ¿Me estás diciendo que el mejor amigo de mi padre quiere matarme? - preguntó Bella, mirándose las manos. Aunque éstas le temblaban, su tono de voz era extrañamente tranquilo. Como si ya se lo esperase.
- No podrá tocarla - gruñó Jace, haciendo crujir sus nudillos.- No lo permitiremos, Charlie.
- El Instituto es el lugar más seguro que existe - apostilló Alec, que parecía impertérrito. En ese momento, su rostro tenía muy poco del niño que había sido, mostrando al Cazador de Sombras en que se había convertido en todo su esplendor.- Estará a salvo.
Tanya frunció el ceño y casi dejo salir un siseo al escuchar sus pensamientos. No era momento de fijarse en esas nimiedades. Sin embargo, parecía que Bella estaba de acuerdo con la vampiresa de Denali.
- ¿Sabéis que sigo aquí, no? - murmuró dejando entrever un tono enfadado. Charlie y los chicos optaron por ignorarla.
"Eso no va a acabar bien," pensó Emmett mordiéndose el labio. No pude más que estar de acuerdo con él, pero entendía tan bien a Charlie, a Jace, a Alec. ¿Acaso su seguridad no era más importante en ese momento - olvida eso, en cualquier momento - que su opinión sobre el tema?
"No has aprendido nada, Edward," pensó Alice en mi dirección, rodando los ojos, exasperada, como si de alguna forma supiera lo que estaba pensando. "¿Cuándo te ha funcionado eso?".
- ¿Qué vais a hacer, encerrarla bajo llave? - soltó Charlie. El bigote se le meneó de un lado para otro.- Sabéis que no lo aceptará.
- Lo hará si es por su bien - replicó Alec.
Bella apretó la mandíbula con fuerza e Izzy rodó los ojos, exasperada.
- Idiotas… - maldijo por lo bajo.
- Sirius Black ya ha escapado de uno de los lugares más impenetrables del mundo - les recordó Charlie.
Jace resopló con vehemencia.
- Por favor, esa tal Azkaban no puede compararse en seguridad al Instituto.
- Esto no es una negociación - interrumpió Charlie mirándole con gesto duro.- No me tomo la seguridad de mi sobrina a la ligera.
- Nosotros tampoco, Charlie, eso te lo garantizo - dijo Alec, mortalmente serio.
- Debería estar en el lugar más seguro de la tierra.
- Lo está-
- Debería estar en Hogwarts, al menos durante un tiempo.
- ¡De eso ni hablar! - exclamó Isabelle, ofendida ante la misma idea.
- Es lo único que tiene sentido - reiteró Charlie.
Isabelle bufó.
- Si ella va, yo también.
- Si su parabatai desaparece de New York, será obvio que hemos movido a Bella - contradijo Charlie. Negó con la cabeza.- No tiene sentido.
- ¿Y dejar a los dos objetivos de un asesino de masas en el mismo edificio sí? - apostilló el mayor de los Lightwood, encarándose con Charlie.
- Donde Voldy ya ha atacado dos veces, además - casi rugió Jace, estampando la mano en la pared más cercana.- Sitio más seguro de la tierra por mis coj-
- ¡QUE OS CALLÉIS! - el grito de Bella hizo que incluso nosotros reaccionásemos tapándonos las orejas. Pareció ser amplificado por el viento huracanado que se había levantado de repente dentro de la habitación y que tan pronto como había despertado desapareció. Se giró hacia Charlie, furibunda.- No puedes obligarme a irme del Instituto, este es mi hogar.- A continuación, se giró hacia los Shadowhunters, en concreto Jace y Alec.- Y vosotros, ¡quitad esa estúpida sonrisa de la cara! ¡No podéis decirle a mi tío lo que puede o no hacer! ¡No tenéis derecho! Si estoy aquí en parte es por él.
Alec frunció el ceño.
- Acabas de decir…
- ¡Sé lo que he dicho! - exclamó la joven Potter, para luego hacer un gesto con las manos que abarcaba a todos los presentes.- ¡Y DEJAD DE HABLAR COMO SI NO ESTUVIERA AQUÍ!
- Tenías razón, Charlie - convino un hombre de pelo castaño desde la puerta con una media sonrisa. Se había hecho mayor, aunque esos 12 años le habían sentado peor que a su coetáneo, pero pese a las canas de más, las ojeras, los kilos que le faltaban y el traje raído, su espíritu parecía seguir siendo el mismo.
- Chicos, este es Remus Lupin - Charlie se acercó a Remus y le dio un par de torpes golpes en la espalda a modo de saludo.- Bella, es tu padrino.
- ¿Pensé que eras… tú? - la afirmación de Bella salió como una pregunta de entre sus labios.
Charlie meneó la cabeza.
- No, no… - negó con vehemencia.- Yo ya era vuestro tío. Vuestros padres decidieron dejar ese honor a otras personas… personas que considerábamos familia.
Remus se acercó con pasos tentativos hacia Bella, que le miraba de hito en hito.
- ¿En qué tenía razón Charlie? - inquirió la joven Cazadora. El rostro de Remus se suavizó.
- En que eres igual que Lily - Bella tragó saliva audiblemente. Con eso, le tendió la mano y cogió la suya tiernamente, dándole un apretón lento.- Estoy aquí porque quiero que lo sepas… yo era amigo de tu madre.
- ¿Por qué no has venido antes?
El rostro de Remus se ensombreció.
- Es… complicado.
- Es un licántropo - soltó Charlie tras un momento de duda.
- ¡Charlie! - exclamó Remus soltando la mano de Bella.
Tuve que contener un gemido. Por supuesto que el mejor amigo de la madre de Bella y su padrino era un hombre lobo. Respiré hondo mientras me sujetaba el puente de la nariz con los dedos índice y pulgar, tratando de calmarme. A juzgar por los bajos gruñidos de mis hermanos y las quejas de Rosalie sobre cómo toda la casa olería a perro mojado - seguidas de una retahíla de insultos que, francamente, eran de lo más ingeniosos y harían sonrojarse como una niña a un camionero - no era el único que estaba pasando por una pequeña crisis nerviosa.
Los Cazadores, Bella incluida, apenas se inmutaron.
- No pareces un lobo-hombre - dijo Jace observándole de arriba a abajo, sus ojos bicolor buscando cualquier cosa que pudiera delatarle.
- No tienes el peso y la forma para ser un hombre lobo original - Remus miró a Isabelle con ambas cejas levantadas ante el exabrupto y una pincelada de color apareció en las mejillas de la adolescente.- No te ofendas.
- No me ofendo - aclaró Remus. Estaba claro que estaba a medio camino entre la sorpresa y la diversión porque una respuesta como aquella no era para nada la esperada.- Es complicado encontrar trabajo cuando tanta gente del Mundo Mágico sabe que te transformas en Luna Llena.
Esta vez el siseo vino de parte de Cayo, seguido de un miedo voraz que engullía todo a su paso y que trataba de ocultar detrás de una actitud feroz pero sin éxito alguno, y menos teniendo en frente a un émpata como Jasper y a un lector de mentes como yo mismo.
- Así que cazados hasta la extinción, ¿eh? - se burló Kate mirando al Vulturi con gesto de superioridad.
- ¡Zorra vegetariana, te voy a-!
Un rugido poderoso salió del pecho de Garrett, que le miraba con ojos negros como el carbón.
- Que aquí no tenga fuerza o velocidad vampírica no quiere decir que no pueda destrozarte a puñetazos, Cayo. Mucho. Cuidado - añadió, separando la frase en dos palabras para mayor énfasis. Jasper envió una ola de su propio miedo contra el rey Vulturi, que retrocedió rápidamente detrás de sus guardias. En esta ocasión, ni siquiera ellos se movieron. Algunos retazos del miedo les habían llegado sin querer - o, bueno, quizá no tan sin querer, a juzgar por la mirada de regocijo de Jasper y la sonrisa burlona de Emmett - y les había clavado al sitio. Viéndose en clara desventaja, Cayo se giró hacia su hermano. Aunque aparentaba estar furioso, no podía superar el don de Jasper. Se dirigió a Aro, protestando por la alianza de mi esposa con sus enemigos mortales. De reojo, pude ver cómo Sebastian sonreía burlonamente. Parecía que vernos discutir entre nosotros le divertía sobremanera.
- ¡Esa neófita es una amenaza! - prácticamente escupió Cayo con sus ojos rojos muy abiertos. Era el rostro de un loco.- ¡Tienen armas que pueden dañarnos, alianzas con criaturas que se consideran dioses, y está relacionada con un Hijo de la Luna! ¡No debemos permitir ningún tipo de relación con esos… chuchos! - la última parte la añadió mirando con una mezcla de desdén y asco a Jacob, Seth y Leah, que respondieron enseñando los dientes, hinchando el pecho en un gesto burlón y enseñándole el dedo corazón en una peineta, respectivamente.
- Cayo - cortó Aro en seco, mirando inquieto a nuestra familia y aliados antes de dirigir sus ojos a Sebastian y, por último, al propio Cayo.- Cállate.
- Eres un Hijo de la Luna - susurró Alec. Sus ojos se llenaron de tristeza.- ¿Te atacaron?
- Me mordieron. De niño - Remus no parecía cómodo hablando de aquello, aunque tampoco podía culparle. A nosotros no nos gustaba hablar de la transformación, cuando nuestras vidas humanas, mundanas como dirían los Shadowhunters, llegaron a su fin.
- ¿Haces daño a inocentes? - inquirió Bella. Se hizo el silencio.
Jacob hizo una mueca. Era muy parecido a lo que Bella le había dicho en su día al descubrir que era un metamorfo. Una parte de mí se preguntaba si Bella habría cazado a los miembros de la manada, uno por uno, si no hubiera obtenido la respuesta que necesitaba, daba igual la amistad que tenía en aquel entonces con el chico Black.
Remus tragó con fuerza.
- Bella, te juro… que nunca he mordido a nadie - sus ojos marrones parecían suplicantes, pidiendo que lo entendiera. Me vi transportado a un tiempo en el que yo mismo había rogado y suplicado que entendiese mi dieta, que no me juzgase como el monstruo que era, a cualquier deidad que escuchase. Bella no me decepcionó entonces.
- Jamás condenaría a alguien a esta vida si tuviera otra opción.
Y tampoco iba a hacerlo ahora.
- Entonces no importa - Bella le dió una tentativa sonrisa.- Lo que eres. No importa.
Remus parecía perplejo. Parpadeó una, dos, tres veces, antes de reaccionar. Su rostro rompió en una sonrisa que le hizo parecer 15 años más joven. Se rió entre dientes con los ojos rebosantes de lágrimas que no llegó a derramar.
- Igual que tu madre - dijo en tono suave y Bella le devolvió la sonrisa.
- Lo que no entiendo - dijo Alec en voz alta - es por qué la Clave no ayudó a ocultar a los padres de Bella.
Charlie y Remus compartieron una mirada.
- La Clave no aprobaba su estilo de vida - respondió Charlie, escueto. Sus ojos se endurecieron. Alec frunció el ceño.
- ¿Qué quiere decir eso? - inquirió Bella.
Remus suspiró.
- Quiere decir que la Clave nunca vio con buenos ojos que tus padres se relacionasen con… gente como yo - aclaró el licántropo. Se le hundieron los hombros al hablar.- Lo lamento de veras, Bella. Me habría echado a un lado con gusto, pero tus padres no lo permitían.
A mi lado, Carlisle dejó escapar un gruñido, y yo mismo tuve que contenerme para no reaccionar igual o peor.
- La Clave hace tratos con criaturas todo el tiempo - dijo Alec, como si no se creyera lo que acababa de decir Lupin.
- La Clave hace tratos con subterráneos todo el tiempo - le corrigió Isabelle. Se había quedado lívida.- Sabes perfectamente que los Acuerdos no recogen a todo el mundo.
- Y que los interpretan como consideran, Alec - Jace miró a su parabatai de reojo, cruzando los brazos sobre el pecho.- Sé que crees en la Clave, pero esos estirados están lejos de ser perfectos.
Alec apretó los labios como si quisiera responder pero se estuviera conteniendo.
- Y yo nunca he sido una verdadera Nefilim para muchos - añadió Bella, mirándose las manos.
Alec parpadeó, sorprendido por oírla decir aquello.
- Bella… - empezó, pero ésta negó con la cabeza.
- Sabes que es cierto - replicó con amargura. Miró a Alec a través de sus pestañas oscuras.- Puedes preguntarle a tu padre.
- … - Alec parecía haberse quedado sin palabras.
- Hermano - intervino Isabelle, haciendo un gesto cortante con la cabeza. Alec apretó los labios y no dijo nada más.
- Sin embargo - añadió Charlie - sabemos de algunos Cazadores de Sombras que se mantuvieron en contacto con James y trataron de ayudar. Tu padre fue uno de ellos, Jace - el rubio se envaró mirando a Charlie de hito en hito.- También una tal Jocelyn Fairchild, conocida de vuestros padres - añadió señalando a los Lightwood - Raglan Haywing, del Instituto de Londres, y Hayden McAllister, del Instituto de Dublín. Y tienen una cosa en común.
- ¿Que son Shadowhunters? - inquirió Alec secamente.
Charlie le miró con dureza, sacando la varita. Con una floritura, una serie de informes y papeles aparecieron frente a él.
- Que están todos muertos - aquello pareció llamar la atención de todos los Cazadores, y la nuestra también.- No os lo contaría si no fuera importante.
- Creemos que aquí pasa algo - añadió Remus.- Y que pudo tener que ver con la cadena de hechos que llevó el asesinato de los Potter. Hace unos días se puso en contacto conmigo un Shadowhunter, Henry Mildthorn.
- Fue el Cazador encargado de investigar las muertes de Haywing y McAllister - dijo Jace, leyéndolo directamente del expediente. Parecía confundido.- Pero esto no tiene sentido. Mi padre fue asesinado por Valentine. Y los de Bella, por Voldemort. Ni siquiera sé quién es esa Jocelyn.
- Razón de más para escuchar a Mildthorn - replicó Charlie.- Le dijo a Remus que tiene información valiosa sobre la muerte de vuestros padres.
Bella se puso blanca y esta vez fui yo quien no pudo evitar soltar un siseo.
- Por eso estoy aquí - Remus miró a los cuatro adolescentes antes de centrarse en su ahijada.- Bella, con quien quiere hablar… es contigo.
- Esto no me gusta - Alec se removió, inquieto.
- A mí tampoco - suspiré, no más alto que el aleteo de una mariposa. A cada paso que daban me ponía más histérico. ¿Por qué Bella tenía que estar siempre en la línea de fuego? ¿Por qué no podía tener unos años tranquila, para variar?
Porque es una Cazadora, respondió la voz de mi cabeza. Nació para esto.
El pecho me retumbó con un gruñido gutural dirigido a mí mismo y todos me miraron bien con curiosidad, bien como si hubiera perdido el juicio. Quizá, en parte, así era.
- Eso ya lo has dicho - replicó Bella secamente.
- ¿Por qué tenemos que hacer caso a ese Mildthorn? - Alec otra vez. Bella frunció el ceño.
- Sabes por qué - de nuevo, una respuesta seca y corta. Bella estaba molesta con Alec por sus intentos para que desistiera de aquella pequeña reunión. Sólo iba a ir Bella con Remus, sin ningún shadowhunter, y, a los ojos del mayor de los Lightwood, sin protección.
- Oh, vamos - protestó Alec.- ¿Qué sabemos realmente para fiarnos de él?
- Nada - concedió Jace. Sus ojos relampagueaban.- Pero es la única pista que tenemos para sacar información sobre la muerte de los padres de Bella. De mi padre.
- Jace… - empezó Alec, pero su parabatai le cortó.
- No, Alec - casi gruñó.- ¿Crees que a mí me gusta? Tan poco como a ti, quizá incluso menos, pero que me muera ya mismo y usen mis huesos como cemento de la Ciudad de Hueso si dejo pasar esta oportunidad.
- Además - intervino Isabelle - estaremos cerca - se tocó la runa parabatai con dedos ligeros, sonriendo con convencimiento.
- Y están los micros - terció Charlie con tono aburrido desde su puesto frente a la pantalla, como si fuera la décima vez que lo repitiese - probablemente, lo había repetido más. Había aparcado su viejo coche de Policía en la esquina, al otro lado de la calle donde iban a encontrarse con Henry Mildthorn. Había lanzado un hechizo de extensión indetectable y, mágicamente, el interior del coche se había convertido prácticamente en un salón, con un equipo de sonido de la Policía completo incorporado.-Se giró para mirar a Remus, que había ofrecido su brazo a Bella.- Si pasa algo…
- Lo sabréis e intervendréis - finalizó Remus. Con eso, Bella y Remus salieron del coche y se dirigieron andando a la acera de enfrente, que en esos momentos estaba bastante concurrida.
Henry Mildthorn era un hombre a mitad de la cuarentena, de pelo oscuro pero ralo, con múltiples cicatrices en rostro y cuello, incluida la de una runa de un círculo doble rajado, como el de Hodge. La piel parecía hundírsele bajo los pómulos, con un tono morado en los ojos y los labios. Había visto a humanos con aspecto parecido antes. Era el aspecto de alguien que se estaba muriendo. Al ver acercarse a Lupin y Bella, se puso más recto, observando con sus vibrantes ojos azul hielo a Bella, casi como si fuera algún tipo de animal exótico. Tuve que reprimir un rugido, pero eso no evitó que apretase tanto los puños que sentí como la piel de los nudillos se estiraba hasta casi reventar.
- Veo que has cumplido tu parte del acuerdo, licántropo - asintió antes de mirar de nuevo a Bella y extenderle la mano. Bella la estrechó con fuerza y una pizca de rabia. Eso pareció divertir a Mildthorn.- Tienes un agarre fuerte, chica.
- ¿Qué es lo que quiere? - preguntó la joven Cazadora con tono arisco.
Mildthorn se rió entre dientes.
- Directa al grano, ¿eh? Me gusta - comentó dirigiendo su mirada en ese momento a Lupin.- Es toda una Cazadora - antes de que Bella pudiera volver a increparle, y a juzgar por la posición que estaba tomando iba a ser el siguiente paso, Mildthorn suspiró pesadamente, masajeándose el pecho con una mano. Se bajó parte de la camisa y quedó al descubierto una especie de botón de plástico que enganchaba a una de las arterias principales y que reconocí como un Port-a-cath.- Quiero vivir, chica. Pero no puedo. Linfoma en estadio IV. Al parecer, ni siquiera la magia Nefilim puede curarme… aunque tampoco es que la Clave lo haya intentado - añadió amargamente.
Carlisle pareció tremendamente decepcionado al saber que incluso la magia tenía sus límites y no obraba milagros en medicina. En su cabeza, se preguntaba cómo podrían emplearse aquellos poderes, aquellos dones, para mejorar la calidad de vida de las personas. Al parecer, en ocasiones ni siquiera eso era suficiente.
Bella se removió incómoda, no sabiendo muy bien qué decir, porque, ¿qué puedes decir ante algo como eso?
- Lo siento, señor Mildthorn - dijo finalmente. Y de verdad parecía sentirlo. Su mirada empática estaba llena de pena por el hombre que tenía frente a ella. Suspiré con añoranza. Esa… esa era mi Bella.
- No lo sientas… - miró a Remus y luego a Bella, negando tristemente con la cabeza.- Hice algunas cosas… cosas terribles. Si Raziel considera ahora que éste debe ser mi castigo, lo acepto. Pero no podía irme sin hablar contigo primero.
- Dijiste que tenías información sobre el asesinato de los Potter y la muerte de Michael Wayland - terció Remus. Mildthorn asintió.
- Así es - el Shadowhunter apretó los dientes, como si estuviera furioso consigo mismo.- Hace años… hice algo terrible. Un Cazador estaba donde no debía cuando no debía… y eso facilitó la muertcdmvfjsgh - su frase se interrumpió a la mitad con el gorgojeo de la sangre que repentinamente le brotaba de la garganta.
Renesmee pegó un chillido y mi madre escondió el rostro de mi hija en su pecho, sujetándole la cabeza con fuerza. Clavada en la pared justo detrás de él había una espada Serafín aún brillante con el filo manchado de carmesí y una espectacular salpicadura.
Mildthorn se colocó ambas manos en el cuello antes de que los ojos le rodasen hacia el interior del cráneo y cayera al suelo despatarrado.
- ¡No! - exclamó Bella, corriendo a su encuentro y sacando la estela del cinto. Apretándole el cuello con la mano izquierda, empuñó la estela en su derecha y comenzó a dibujar un iratze tras otro. El espeso líquido rojo se le escapaba entre los dedos. Los dedos de Mildthorn se quedaron laxos.
Detrás de ella, hubo un embrollo de ruidos, un par de luces al lanzar Lupin algún hechizo, y finalmente los brazos de Alec cerrándose alrededor de Bella.
- ¿¡Qué pasó!? ¡No te mueras! - gritó Bella. Había empezado a llorar, probablemente sin darse cuenta, y las lágrimas le caían a pares por sus pálidas mejillas.
- Bella. ¡Bells! - Alec sujetó sus brazos y le quitó la mano del cuello de Mildthorn.- Está muerto, Bells. Está muerto.
Miré a Bella, totalmente quieta, mientras Isabelle le limpiaba la sangre de las manos, los brazos, el rostro e incluso el cabello, con tanto cuidado y dulzura que me dieron ganas de llorar. Bella no reaccionaba. Sus ojos color chocolate miraban a la nada y a todo a la vez.
Alec y Jace discutían acaloradamente con Robert a un lado de la habitación.
- …cómo pudiste…
- La Clave…
- Todo este tiempo… no dijisteis nada…
- El Consejo…
- ¡Al infierno la Clave, era mi padre!
- Jace.
- ¡Cállate, Alec!
Charlie, por su parte, hablaba en voz baja y apresurada por teléfono, mientras que Remus ordenaba los expedientes que Charlie había hecho aparecer antes en una fina carpeta de cuero. Se acercó con pasos lentos pero decididos hasta pararse frente a Bella. Izzy le dirigió una mirada, pero no dijo nada.
Con ternura, cogió la mano de Bella y la cerró en torno a la carpeta. La Cazadora parpadeó.
- Leelos. Investiga. Ayuda a Jace. ¿Entendido? - Bella tragó saliva y asintió, dejando la carpeta sobre las rodillas. Miró a Remus.
- ¿Te vas?
Remus sonrió tristemente.
- Sí. Debo volver a Hogwarts.
Bella asintió pesadamente con la cabeza y entonces, para sorpresa de Isabelle, de Remus y de todos los que la estábamos observando, estiró la mano y agarró al mago de la manga de su abrigo raído.
- Cuida de Harry - pese al tono monótono, la mirada de Bella quemaba. Remus la observó un momento antes de asentir.
- Dalo por hecho - finalmente, Remus se encaminó hacia Charlie, le dijo algo al oído y, dando la vuelta sobre sí mismo, desapareció, dejándoles con una miríada de preguntas.
Muy buenas chicos.
Espero que os haya gustado el capítulo. Ya estoy trabajando en el siguiente. Como podéis ver, las tramas se van entrelazando unas con otras, de las principales sagas.
Lamento haber estado ausente. Como os comenté, el año pasado murió mi madre y la recuperación está siendo un proceso lento y doloroso. Mi padre también está enfermo con cáncer, así que es una situación complicada.
Espero que me dejéis algún review con vuestra opinión, y, si tenéis, sugerencias sobre qué os gustaría ver.
No prometo nada, pero me estoy esforzando para actualizar pronto.
Un abrazo,
Ceci.
