Capitulo 7 Mejoran unas de vidas

A pasado una semana desde la llegada del general Gregorios a la aldea Kenkyo. Una semana después en la cual el orgulloso pero amable general, había venido con el objetivo de ayudar a los habitantes de esta aldea en todo lo que necesiten. Y han pasado 6 días desde que ayudó a encontrar a los tres niños que se habían extraviado y aún más importante ayudó a salvar la vida a uno de ésos niños. Todo éstos acontecimientos golpearon fuertemente a cada persona de la aldea Kenkyo. Ellos todavía no podían creer lo rápido que se desarrollaban las cosas. Pensaron que todo ésto era un sueño. Afortunadamente, no lo era.

Los días siguientes a la llegada del general y la búsqueda y ubicación de los tres jóvenes perdidos. El general dedicó cada minuto de su tiempo a tratar de mejorar las vidas de los habitantes de la aldea Kenkyo. Con la ayuda de sus hombres y porsupuesto con la ayuda de los propios habitantes. Y solo se podría decir, que las cosas nunca han ido mejor que nunca.

En estos momentos, los aldeanos y los hombres del general estaban trabajando juntos para acabar con una tarea muy importante.

"¡Tiren!". Gritó alguien.

Un montón de personas comenzaron a jalar una cuerda que tenía amarrado una gran pila de troncos. Todos estos estaban apilados de forma recta y estaban cortados de un extremo y del otro tenían una gran punta. El lado cortado estaba enterrado en el suelo. Cuando las puntas de éstos troncos llegaron hacía arriba. Rápidamente, varias personas que tenían unos martillos en sus manos corrieron y comenzaron a martillar las puntas al suelo.

"¡Rápido, claven!". Ordenó uno del grupo.

Después de unos momentos todos ya habían terminado de hacer lo que les había pedido el sujeto del grupo.

"Cuidado, atrás esta caliente". Una mujer se acercó con una olla con un líquido negro dentro. Esté estaba caliente por el humo qué desprendía.

"Perfecto, vierte lo aquí". Pidió uno de ellos. A lo que la mujer asintió y vacío el líquido en las partes de los troncos que estaban clavadas en el suelo.

Apenas el líquido cayó en los troncos hundidos en el suelo. Esté después de unos segundos se comenzo a secar hasta endurecerse.

Uno de ellos se acercó y miró ésto. Una sonrisa se formó en su rostro.

"¡Listo, terminamos!". Informó luego ver como el líquido que trajeron y vertieron se había secado.

Las demás personas que estaban ayudando a levantar el muro vitorearon de alegría. Estaba felices por terminar la tarea que les había costado tanto esfuerzo y tiempo terminar. Tanto los aldeanos, como los soldados del general suspiraron de alivió.

Una mujer se acercó con una bandeja llena de tazas con bebidas.

"Por favor sírvanse". Dijo con una sonrisa en su rostro. Mientras extendía la bandeja a las personas.

"Muchas gracias ".

"Gracias ".

Varias personas tomaron una taza de la bandeja. El contenido de la tasa era algo caliente debido al humo que este votaba. Sin embargo, era bastante refrescante al momento de ingerirlo.

Uno de los soldados del general se acercó a la mujer con las bebidas.

"Les agradezco por las traernos algo de tomar, señorita".

La mujer se sonroja por el comentario del soldado.

"N-no es nada". Dijo tímidamente.

"Disculpe puedo preguntarle algo".

"Claro, que necesita saber".

El soldado se acercó al muro y lo miro con interés.

"Es sobre éste muro".

La mujer parecía mirarlo sin comprender. "¿Que tiene?".

"Es que,...me sorprende que ustedes no tengan un muro que los proteja ". Preguntó con duda en su voz.

"Oh era eso". Respondió ahora con una risa. "La verdad que nosotros si teníamos un muro que nos proteja".

"¿En serio?".

"Si pero, digamos que tuvimos un altercado con unos bandalos en el pasado ". Reveló.

"¿Que tipo de altercado?. Preguntó con curiosidad.

La mujer miró el cielo como si estuviera recordando algo. "Hace tiempo cuando la aldea todavía era aún conocida por mucha gente. Nosotros constantemente recibíamos la visita de diferentes personas de diferentes lugares. Ya sea de otras aldeas o otras regiones. El problema fue que también venía gente con intenciones nada buenas".

El soldado ya podia imaginar que clase de personas se podia estar refiriendo la mujer.

"Saqueadores, bandidos, asesinos. Todo tipo de gente horrible vino aquí con la intención de intimidarnos y llevarse todo lo que teníamos. Pero nosotros siempre oponíamos resistencia y no los dejábamos. Hasta que un día un grupo de bandidos decidió atacarnos en la noche y pusieron explosivos en diferentes partes de nuestro muro. Todos nosotros estábamos durmiendo y no pudimos hacer nada para evitarlo.

La mujer detuvo de contar, su cuerpo comenzó a temblar. Parecía asustada.

"La explosión fue muy fuerte. Todos en la aldea nos despertamos. Los niños... se asustaron". Su voz se entre corto.

El soldado solo la miro sin saber que decir.

"Pero afortunadamente, nadie salió herido". Dijo tratando de recuperar su sonrisa amable. Pero era evidente que no podía hacerlo.

"Yo...lo siento..., no era mi intención hacer la recordar algo tan malo". El soldado trato de disculparse. Pero ella solo movió la cabeza en negación.

"No se preocupe, se que era su intención. Además, usted solo tenía curiosidad". Ella le respondí con amabilidad. "De cualquier forma, gracias a ustedes. Nosotros hemos podido recuperar todo lo que hemos perdido. Gracias".

El soldado no respondió de inmediato. Esta muy asombrado por la forma de ser de esta mujer. Era amable, cariñosa y linda. No pudo evitar sonrojarse. Sobretodo por me ver la sonrisa que esta muy le dedicaba.

"¿Señor, le pasa algo?".

El soldado salio del trance y respondió. "A si todo bien, ¿Por que la pregunta?".

"Es que su cara esta todo rojo". Ella señalo su rostro con el sonrojó que tenía.

"A..no...yo". Trato de articular alguna palabra, pero se le hacia difícil. Tampoco ayudo que ella se acercará mucho a él. Sus caras estaban bastantes cerca.

"Señor, sera que usted...".

"Buenas tardes a todos". Una persona los saludo atrás de ellos.

"Aaaaaa".

Ellos se asustaron por la repentina voz que los saludo. Esto causo que la mujer arrojara la bandeja que tenía en sus manos hacia arriba. Cabe resaltar que en la bandeja todavía tenia algunas tazas.

La mujer miro horrorizada como la bandeja fue directo hacia arriba. Las tazas comenzaron a volcarse hacian que el líquido saliera de estás. Ella cerró los ojos y trato de cubrirse para evitar que la golpeara la bandeja o el líquido la empapará. Sin embargo, pasaron los segundos y ninguna de esas cosas le llegó a caer. Ésto la llenó de duda.

"General, buenas días". Saludo con respeto hacía su general.

"Buenos Jin, ¿Cómo van las cosas por aquí?". El devolvió su saludo con una sonrisa.

"Todo está perfecto aquí". El dijo, mejor dicho grito.

"Me alegra saber éso".

La mujer aun sin comprender nada abrió los ojos para ver que había pasado. Lo primero que vio fue ver al soldado con el que estaba hablando. Adoptando un pose más regida y formal.

"Disculpe, señorita esto es suyo".

La mujer se giró en dirección de la voz. Se giró hacia atrás y miró sorprendida quien era. Era el general del soldado. Era el general Gregorios. Pero eso no era lo que la sorprendió, sino que el general tenía en su mano derecha una bandeja con varias tazas en ella. La mujer quedo sin palabras. ¿En que momento el general atrapó la bandeja?.

"Señorita, ¿esta bien?".

"¿Eh? ¿Que?". Ella habló después de salir del asombro.

"Espero que me disculpé no era mi intención asustarla". El hizo una reverencia mientras se disculpaba. "Aquí tiene". Le entrego la bandeja.

Ella no respondió y solo la recibió la bandeja. Aun tratando de comprender lo que pasaba.

"General, ¿Paso algo o necesita algo?". Preguntó con voz preocupaba.

"Para nada". Habló con calma. "Acaba de ayudar a reconstruir algunas de los hogares de los habitantes y como ví que terminaba de alzar el nuevo muro pensé en ver como les había quedado". Miro en dirección del muro que estaba a su costado y lo examinó por un momento. " Veo que les quedó bien".

"Asi es General". Gritó el soldado. "Todo gracias a la madera que usted consiguió general".

"Me alegra escuchar éso". Comentó alegremente.

"Jin, ¿Como les van el resto, con las actividades que les encomendé?". Él Preguntó.

"Por lo que pude ver y confirmar por las personas. Les va excelente. Jiro esta ayudando a las personas a recolectar varios suministros. Joji está con los demás aldeanos reconstruyendo y sembrando los diferentes areas de cultivos. Y Jun esta...".

El General levantó la mano en señal de que se detuviera. "No hace falta decirme dónde esta Jun, creo saber lo donde esta y creo que iré a verlo ". Dijo con una sonrisa. "Jin una vez que termines con esta tarea tienes mi permiso de descansar hasta que yo te necesite de nuevo. Igualmente, informales al resto lo mismo. Pueden descansar hasta que yo los vuelva a llamar ".

"Entendido, General". El soldado dijo mientras llevaba su mano hacia su frente como si fuera un salud.

"Nos vemos". El se despidió.

Mientras el general se iba llendo del lugar dejando solo a esos dos. La mujer por fin pudo volver a abrir la boca para a hablar.

"Señor Jin, no es por ofender pero su general es muy...". Ella trató de buscar las palabras correctas de lo que iba a decir a continuación.

"Extraño ". Dijo en tono de broma.

"Iba a decir rápido, pero eso también". Ella le tomó un par de segundos darse cuenta de lo que dijo. Y se giró hacia el soldado con una expresión asustada. "Ooo disculpe no era mi intención".

El soldado solo se rió por la acción de la mujer. "No se preocupe, ni a mi, ni a mis compañeros y creo que al general le moleste escuchar eso". El comenzó a beber el contenido de su taza. "El es muy tranquilo".

La mujer sonrió con un sonrojo en su rostro. "Si eso lo pude ver con mis propios ojos en éstos días que nos a estado ayudando". Llevó una de sus manos hacia su pecho. "El es muy amable ".

"Y todavía no ha visto nada". Comentó en su mente. Terminó de tomar el contenido de su taza y se lo devolvió a la mujer. Para después irse a hacer lo que se le ordenó.


"Cielos, Jin debería relajarse". Dijo en su mente. El General Gregorios estaba caminando por las calles aún cubiertas de nieve de la aldea. El general disfrutaba hacer esto. El tomar largas caminatas le permitían ordenar bien sus ideas sobre lo que iba hacer a continuación. Y mientras lo hacía veía como le iba al resto de la población de la aldea. Vió las casas de los pobladores mas limpias y arregladas de lo que estaban cuando el había llegado. Al igual que las personas de aquí. Todos estaban más alegres. Sobre todo los niños.

"Señor Gregorios". Gritó uno de ellos.

Y hablando de ellos...

El miró hacia su izquierda. Solo para ver como un grupo de niños se acercaba con unas sonrisas en su rostro.

"Hola pequeños, ¿Cómo están hoy?". El saludo con una sonrisa.

"Estamos bien, ¿Queriamos saber si usted quería jugar con nosotros?".

"Me encantaría, pero ahora mismo estoy en camino a hacer algo importante". Respondí.

Ellos lo miraron con tristeza. Pero igual lo comprendieron. El debía estar ocupado. Talvez estaba haciendo algo muy importante como para poder jugar con ellos. Sin embargo, uno de ellos tuvo una idea. Más bien una petición.

"General, sino puede jugar con nosotros. Por lo menos puede hacer éso de nuevo". Uno de ellos pidió mientras juntaba las manos.

El iba a hablar. Pero vió que todo el grupo hizo lo mismo.

"Por favor, Por favor, Por favor, Por favor, Por favor, Por favor, Por favor". Todos dijeron eso al mismo tiempo.

El solo pudo dar un profundo suspiro. Y acepto hacer éso con una sonrisa en su rostro.

"Ok, Ok ustedes ganan lo hare. Pero recuerden no decirles a sus padres, lo prometen?".

"Lo prometemos". Dijeron en coro.

"Muy bien a ver a ver". El comenzaba a buscar algo en la nieve hasta que que lo encontró. Una piedra que era del tamaño de una pelota. Parecía pesada. "Esto servirá".

El la levanto con su mano derecha y la puso enfrente de los niños. "Miren bien, chicos".

Ellos hicieron lo que les dijo. Todos sus ojos estaba mirando fijamente la piedra en su mano. El comenzó a lanzar hacía arriba, para después ver como caía de nuevo en su mano. Lo hizo unas 4 veces más. Disfrutó ver las expresiones ansiosas de los niños.

Cuando la piedra aterrizo en su mano por cuarta vez. El se puso de pie, ya que se habían agachado para estar a la altura de los niños. Puso su brazo hacia atrás y se preparó para hacer éso. Segundos después lanzo la piedra que tenía en su mano hacia el cielo. La piedra fue lanzada con tanta fuerza que parecía, casi como si fuera un misil. No pasaron ni 2 segundos para que la piedra se perdiera de la vista de todos los presentes.

Todos quedaron maravillados y asombrados por tal acto de fuerza. Los niños empezaron a aplaudirle al general. El solo pudo hacer una reverencia.

"Gracias, son un público muy encantador". El dijo en tono de broma. "Ahora si me disculpan".

Los solo asintieron y salieron corriendo al lado de él.

"Nos vemos, general".

"Esperamos jugar con usted otro día".

"Cuidese mucho".

El los vió irse mientras sonreía. A el le encantaba los niños. Los veia como las personas más inocentes, puras y amables que podrían haber en la tierra. Personas que necesitaban ser protegidas. Que necesitaban amor y cariño. Había visto a muchos niños antes ya sea en otras aldeas o en otras ciudades. Pero había algo en esta esta aldea. En este lugar. Que hacía a estos niños especiales. O al menos eso pensaba él.

Decidió pensar éso después. Por ahora necesita ir a un lugar en especial. Retomando su ruta, comenzó nuevamente a caminar. La gente lo miraba y lo saludo.

"Buenos días, general".

"Que tenga una hermosa mañana".

"Que la pasé muy bien".

El devolvió el saludo a cada uno de ellos sin desacelerar su paso. No era que el no quisiera hablar con ellos. Sino, que necesitaba ir a un lugar en específico. Necesitaba hablar con dos personas. Varios de unos minutos después había llegado a su destino. Era una vieja casa de dos pisos. O mejor dicho cabaña de dos pisos. Y dentro de esta había dos personas que el sabía bien quienes eran. Respiró ondo y agarró el pomo de la puerta. Y entró a la vivienda.


'Escribir'

'Escribir'

'Escribir'

'Escribir'

En cada hoja fue escribir y llena. Para después ser puestas aún lado. Y luego tomar otra hoja y volver a hacer lo mismo. La velocidad con la que se hacía esto normalmente era de unos minutos. Pero la persona que hacía esto lo hacía en segundos. Ésto maravillo y asombro a la persona que lo veía haciendo ésto.

La persona que escribía y llenaba los documentos se detuvo al sentir la mirada de la otra persona que estaba en la habitación con él.

"¿Sucede algo?". Preguntó. Sus ojos se fueron en dirrección de la persona que lo miraba.

La persona solo al notar que fue descubierto, rápidamente trató de desviar la mirada de él. El giró y miro lo que tenía en sus manos. Tratando de aparentar que estaba leyendo el documento.

El sujeto solo miró el intento, pero en vano esfuerzo de la persona de no hacer ver que lo estaba viendo. Decidió volver a preguntar.

"¿Le pasa algo, Señor Kaigo-Sha?".

El mencionado al ver que fue descubierto. Solo le quedo la opción de responder a la pregunta.

"No no es nada, bueno es solo que...".

"¿Que?.

El volvió a girar su vista para mirar de nuevo a la persona con la que hablaba.

"Usted, es muy...bueno en ésto...Señor Jun...". Respondió al notar la gran pila de papeles que estaba a su lado izquierdo.

El mencionado solo pudo levantar una ceja en señal de confusión. El estaba sentado al centro del sofa de la oficina/cuarto del jefe de la aldea. A su lado derecho había unas cuantas hojas, mientras que al lado izquierdo había una gran pila de hojas. El y el jefe de la aldea habían estado ordenando, escribiendo y resolviendo todo el papeleo relacionado con la aldea. Ya sea las diversos calculos que se hacía para ver cuantos recursos tenían hasta calcular la cantidad de dinero que la aldea debe de pagar en los impuestos.

Esta tarea normalmente solo es responsabilidad del jefe de la aldea. Pero a pedido, mejor dicho ordenes del general Gregorios. Jun fue puesto a ayudarlo en todo lo que necesite. Habían empezado hace 2 horas. Kaigo-Sha empezaba con esta labor apenas despertaba, debido a que esto le costaba muy tiempo. Comenzaba desde las 7:30 de la mañana y terminaba a las 3 de la tarde.

"Ahora lo entiendo". El soldado sentado en el sofa finalmente comprendió lo que dijo el hombre mayor. "La verdad yo estoy acostumbrado a hacer este tipos de trabajos".

"¿En serio?".

El asintió. "A veces ayudo al general con todo lo que tenga que ver con el papeleo". El volvió a hacer lo que estaba haciendo. Cogió los últimos papeles que estaban a su lado derecho. Los leyó un momento para después escribir en ellos y ponerlos al lado izquierdo y juntarlos con el resto. "Terminé". Informó.

"Esta bien, gracias".

"¿Quiere que lo ayude con el resto?".

"No hace falta yo me ocuparé de ésto. Pero muchas gracias por ayudarme".

El movió la casa de lado a lado. "No tiene que agradecer, es mi responsabilidad encomendada por el general ayudarlo en todo lo que necesite".

"De todos formas le agradezco por toda la ayuda que me dió. Gracias a usted he podido reducir enormemente todo el trabajo que tengo que hacer en un día". Y era verdad lo que decía. Sino fuera por la ayuda de éste hombre el tardaría mucho tiempo en acabar con su trabajo.

"Entonces sino necesita mi ayuda con más papeleo, Permítame servirle más té". El se levantó de su asiento y se acercó a su escritorio para tomar una taza y la tetera, para después servir un poco de té en ella.

"Aquí tiene". Le entrego la taza de té al hombre sentado en su escritorio.

"Gracias". Respondió El jefe de la aldea, mientras bebía un poco su contenido. No pudo evitar notar 2 cosas. Lo primero era lo rápido y responsable que era esta persona al momento de trabajar, lo había en los días posteriores después de que el general y ellos habían salvado a tatsumi. Desde ese día el general había decidido ayudar a la aldea en todo lo que necesiten. Y le había encomendado varios trabajos a cada uno de sus hombres y cada uno de ellos aceptaron sin dudar. Sin embargo, a uno de ellos que era esta persona le había encomendado las tareas que eran para las más difíciles y él los hacía sin dudar. Al momento de terminar le reportaba de forma inmediata su general y este inmediatamente le había encomendado otra

Al principio pensó que le estaba encargando demasiado trabajo solo a él. Pero rápidamente notó por qué él le habían puesto tantos trabajos solo a él. Y era que a diferencia de los otros hombres que lo hacían de forma tranquila y calmada y se tomaron su tiempo. Esta persona, en cambio, lo hacía de forma rápida, seria y ordenada. Casi como si fuera una máquina.

Eso en el fondo lo terraba. Y aún más cuando el general le había pedido que lo ayudara a él con todos los residual papelero de la aldea. No iba a mentir que al principio se sentía incómodo con tener una persona que no hacía ningún tipo de ruido mientras su trabajo. Hasta él mismo llegaba a querer hablar un poco, pero esta persona solo se quedaba ahí sin decir una sola palabra y solo hablaba cuando informaron que ya había terminado. Pero estaba igualmente agradecido con la ayuda que está persona le brindaba.

Y la segunda cosa era la edad de esta persona. Esa era la razón por la que él sentía que el general no debía de ponerle tantos trabajos a esta persona. Podría decirse que tenía la edad entre 40 a 50 años. El lo sabía plenamente porque podía ver su rostro. El y sus compañeros junto con el mismo general, estaban actualmente vestidos con ropa de la aldea que ellos le habían ofrecido mejor dicho regalado por haber ayudado a salvar la vida de aquel joven castaño. Así cada habitante de la aldea podría ver la apariencia de ellos. Solo él tenía esa edad ya que los otros tenían entre una edad de 18 hasta los 25 años. Todos eran jóvenes excepto él. Lo cual lo hacía tener dudas, pero decidió dejarlas aún lado.

"¿Esta seguro que no quiere que lo ayude con eso también?". Preguntó.

El hombre mayor salió de sus pensamientos para poder responder la pregunta del sujeto. "No ya le dije que yo me ocuparé. No se preocupe". Dijo mientras volvió a mirar las hojas que tenía en sus manos.

"Entiendo, me disculpa". El hizo una reverencia en señal de disculpa. "Solo queria estar seguro de qué...". El detuvo sus palabras al sentir algo. Levantó su cabeza y camino en dirección de la puerta.

Ésto confundió al líder de la aldea Kenkyo. Pensando que tal vez se quería ir al llegar a pensar que lo había ofendido.

"Esperé, no quise decir que se fuera yo solo...". El trato de detenerlo pero vió que el solo continuaba con lo que hacía.

Al momento de agarrar el pomo de la puerta.El finalmente habló.

"General".

"¿Eh?". Fue lo que dije con suma confusión. Pero mi confusión fue rápidamente esfumada cuando al abrir la puerta. Ahí estaba el mismo general a punto de entrar.

El general solo podía sonreír. "Buenos días Jun ". Dijo con su típica sonrisa.

"Buenos días, General". El habló con calma.

"Buenos días a usted también señor Kaigo-Sha". Le saludo al hombre mayor pero vio que él tenía la mirada de asombro en su rostro. "¿Le pasa algo?".

Kaigo-Sha trato de salir del estado en el que se encontraba. Lo cual era para él difícil ya que no podía saber cómo rayos es que el hombre llamado Jun supo que el general estaba a punto de entrar.

"No...nada...solo...estaba". Trato de hablar.

"El señor Kaigo-Sha estaba apunto de terminar sus informes que faltaban". Explicó rápidamente el soldado a su general.

"Oh, pensé que ya habían terminado ". Dijo con duda.

"Yo ya acabe mi parte el señor. Solo falta que el señor Kaigo-Sha terminé con el suyo". Volvió a hablar con ese tono tan tranquilo.

"¿En serio?". El general miró todo el papeleo que tenía el jefe, donde estaba sentado en su escritorio. Era bastante. " Kaigo-Sha porque no deja que Jun se ocupa del resto".

El hombre mayor finalmente salió del asombro y pudo responderle al general. "No hace falta yo puedo con ésto". El habló tratando de parecer fuerte.

El general lo miró con cierta duda en su rostro. Podía ver claramente de que sí él podía hacer todo eso, pero le tomaría mucho tiempo. Necesitaba al señor Kaigo-Sha. Necesitaba hablar con él.

El hombre llamado Jun miro todo esto. Miro las expresiones que tenía el jefe y la de su general él ya podía darse una idea de lo que el general quería. Así que decidió ayudar.

"¿General Gregorios, señor Kaigo-Sha porque no se van a comer algo mientras yo terminó con el resto de los documentos?".

Ambos se giran para ver como yo tenía una sonrisa tranquila en su rostro. El general miró ésto con una sonría. Y en su mente le daba las gracias a Jun por haber dado esa idea.

"Excelente idea no he comido nada desde que he despertado y estoy seguro de que usted tampoco, verdad señor Kaigo-Sha".

"Yo estoy bien, no tengo hambre. Además, necesito terminar estos documen...". Un pequeño ruido proveniente de la parte de abajo de su pecho hizo que no pudiera terminar la palabra.

Si estómago le pedía comida con urgencia. La verdad él no había comido. El estaba acostumbrado a comer una vez que terminó su trabajo, pero lamentablemente su cuerpo no lo estaba.

"Por lo que su estómago me dice creó que esta mintiendo". Dijo en tono de broma. "Vamos a comer, señor Kaigo-Sha".

"Pero tengo que terminar". El volvió a decir.

"Jun se encargará de eso, ¿O no Jun?".

El mencionado solo tornó sus dedos como si estuviera a punto de pelear. "Terminaré en 10 minutos".

"Lo vé, vamos". El le estiró la mano, como si fuera una invitación.

El lo miró por unos segundos y decidió hacerle caso al general. No había comido y además confiaba en que Jun pudiera terminar todo esto. A pesar de que él era un hombre que le gustaba hacer sus cosas por su cuenta, no era malo pedir ayuda de vez en cuando, verdad?.

"Esta bien, general usted gana vamos". Dijo con una voz derrotada. Pero también con una sonrisa.

Mientras ambas personas salian de la habitación. El general y Jun compartieron una una mirada un tanto extraña. Como si, estuvieran hablando en sus mentes.

Al momento en que ambos líderes dejaron la habitación. Jun miro el papeleo que quedaba en el escritorio del jefe de la aldea. Estaba a punto de comenzar a llenar los documentos. Cuando vio el enorme desorden que había en su escritorio y en toda la habitación. Una mueca de disgusto apareció en su rostro.

"El general dijo que nos tomáramos nuestro tiempo al momento de realizar cada tarea. Así que, creo que con unos 20. No, 25 minutos serán suficientes ". Dijo para después empezar a comenzar a ordenar todo este lugar.


En una casa, qué parecía ser más una especie de restaurante. En una mesa, estaban sentados el general y el jefe de la aldea. Ambos hombres, estaban comiendo lo qué parecía ser una sopa.

" Me sorprende mucho, que a pesar de que vivan en un lugar donde sólo haya frío. Puedan cocinar una comida tan caliente ". Dijo mientras comía.

" Se lo dije nosotros estamos acostumbrados a éste clima ". Dijo igualmente comiendo su comida.

" Aún así, me sorprende ". Dejó de comer su plato y lo puso aun lado. " Y dígame, ahí alguna otra tarea en la cual necesité nuestra ayuda ".

El también dejó su plato aún lado. " Por el momento, no hay ninguna otra actividad en la que necesitemos su ayuda. Además, ustedes ya hicieron mucho por nosotros ". Una sonrisa de felicidad se formó en su rostro. " Gracias ".

El general negó con la cabeza. " No tiene qué agradecer. Les prometí que les brindaría y ayudará en todo lo que necesiten. Soy un hombre del palabra ".

El jefe de la aldea lo miró y esbozó una sonrisa burlona. " ¿ En serio, yo creía que era para convencerme, de aceptar su petición ? ".

El se sorprendió por lo que escucho. mientras caminaban en dirección hacia este lugar habían hablado un par de cosas escribieras sobre la ayuda que le estaban brindando a la gente el cómo las personas eran más alegres y lo más importante había hablado acerca de la petición que le pidió al jefe de la aldea

" Pues se equivoca, aún si su respuesta fuera negativa. Yo igual les seguiría ayudando en todo lo que pueda ". Su voz se volvió sería y fría.

" Lo sé, lo sé, solo estaba bromeando ". Dijo alegremente.

El miró la sonrisa burlona qué tenía en su rostro. Y rápidamente se tranquilizó.

" Oh lo siento, no me di cuenta. Es solo que, no quiero que piense que soy, 'esa clase de persona ', Kaigo-Sha ". Dijo un tanto tranquilo.

" Eso lo se y no se preocupe, jamás tendría esa imagen de usted General ". Tomo de nuevo su plato. " No, después de todo lo que hizo por nosotros ". Empezó a comer de nuevo

El sonrió. Estaba muy agradecido por haber conocido al señor Kaigo-Sha. El era una persona amable, comprensiva y trabajadora. Pero lo más importante, era una persona con una mente abierta.

Después, haber decidido quedarse en esta aldea, junto a sus soldados. Empezaron ayudar a las personas de aquí. Hicieron en total 3 cosas por está gente.

En primer lugar, comenzaron en ayudar a las personas enfermas, muchas de estas tenía fiebre, náuseas, congelamiento, etc. Pero la enfermedad que más había, era la del hambre. La mayoría de los enfermos, les faltaban vitaminas y nutrientes. Que los nesecitaban para combatir estas enfermedades. Afortunadamente, habían traído suficiente medicina y comida para toda esta gente. Gracias a esto, pudieron salvar a todos los enfermos.

En segundo lugar, fue la reconstrucción de sus casas. Muchas de estas, estaban muy viejas y maltratadas. Por lo que decidieron reparar cada una de ellas. Necesitaban madera, paja y piedras. Debido a que alrededor de la aldea, había varios bosques llenos de varios árboles. Así que conseguir la madera no era un problema. El se encargaría de eso. La paja la pudieron conseguir de unos establos que a la aldea tenía para alimentar sus caballos. También ellos habían traído para sus caballos. Y las piedras, también las consiguieron de los bosques. Para finalizar, tuvieron que fundir las piedras. Y asi obtener la mezcla para las columnas. Por fortuna, la aldea contaba con un horno para eso. Aunque el no lo necesitará.

Por último y en tercer lugar, era asegurar que está aldea estuviera bien protegido. Cuando ellos se fueran. Para realizar esa tarea, requerirán personalmente la ayuda y cooperación del señor Kaigo-Sha. Necesitaban ver, si la aldea tenía otras rutas de escape. Aparte de la que ellos ya conocían. En caso, de qué tuvieran que escapar. El general fue hablar con el pará avisarle de ésto. En un principio el señor Kaigo-Sha, parecía dudar en decirle eso al general. Ya que el aun sentía que el General ocultaba algo. El notó eso y pará quitar esa duda, decidió contarle la verdadera razón por la qué vino a su aldea. Cabe resaltar, que el General esperaba que tuviera la misma acción. Sin embargo, se sorprendió bastante cuando le dijo que estaba deacuerdo con su petición. Le alivió saber, que al menos esté jefe de esta aldea, era más razonable. En comparación con el resto. Después de eso las cosas marcharon en perfecta sincronía. Aquellas dudas y desconfianzas se esfumaron con el fuerte viento que a veces hacía. Ahora, el señor Kaigo-Sha podía confirmar plenamente en el General.

" ¡ Bueno, me alegro saber que usted esta deacuerdo con mi petición, Kaigo-Sha ! ". Dijo alegremente.

" Como no lo estaría, tanto usted como yo sabe, qué cuando una persona necesita ayuda. Y vemos que podemos dársela, lo haríamos sin dudar ". Respondió

" Concuerdo con usted ". El dijo con una sonrisa.

" Incluso, si es el imperio quien lo pide ".

" Señores, sus bebidas ". Una camarera se acercó a ellos .

" Salud, por la aldea kenkyo ". Alzo su vaso hacia arriba.

" Salud, por el imperio ". Hizo lo mismo.

Los dos siguieron charlando y comiendo por un rato más, hasta que finalmente quedaron satisfechos.

" Bueno creó que iré haber como estan mis hombres ". Se levantó de su asiento y se estiró. " Avíseme si necesita algo más en que necesite ayuda, Señor Kaigo-Sha ".

" No se preocupe, lo haré". Se giró hacia la mujer. "Muchas gracias".

" No hay de qué señor Kaigo-Sha ". Dijo felizmente la mujer.

El se preparó para levantarse e irse. Cuando vio como el General volvió a su mesa y se acercó a la camarera.

" Casi lo olvido ". Comentó un poco avergonzado.

El y la camarera lo miraron con confusión.

" Aqui tiene ". Le entró en su mano unas 5 monedas. Pero no eran monedas de cobre o plata. Sino que eran de oro. La camarera y el jefe de la aldea, abrieron los ojos como platós.

" Estaba muy rico, muchas gracias". Le sonrió y se giró, ahora sí para ver a sus hombres.

La camarera sólo miró irse, mientras dió un suspiró. Casi sonó como si fuera de una enamorada.

El señor Kaigo-Sha tosió en su mano. Lo que causó que la mujer saliera del trance y se girará un tanto avergonzada. Solo para ver la sonrisa de su líder.

" Estas bien, Suji. Si quieres puedes descansar un poco ". El se burló.

Ella negó con la cabeza. " No gracias, disculpe ". Se fue corriendo tan rápido cómo pudo.

El solo rió por lo que vio. No era la primera vez que veía eso. Algunas de sus habitantes femeninas, se sintieron muy felices y complacidas por la actitud y comportamiento que tenía él General. El mostraba unos modales, como los de un caballero. La forma en cómo las trataba a cada una de ellas. Las hacía sonrojarse a tal magnitud, que algunas de ellas le preguntaron si era soltero. Les dolió mucho, cuando les dijo que ya tenía a alguien especial en su vida. Lo cual fué un golpe bastante duro para ellas. Pero también les gustó mucho saber que el era hombre fiel.

Dejo de pensar en eso. Y empezó a caminar en dirección a su casa, era mejor empezar a planear como iba a darles la noticia a sus ciudadanos. Tenía que hacerlo de forma calmada y ordenada. Podría realizar una reunión con todos los habitantes, con él y el General al frente de la multitud para que haci sea más fácil de explicar.

Sabía que la petición del General podría llegar a ser algo egoísta. Pero también, sabía que su gente, merecía una oportunidad de poder mejorar sus vidas. Y lo que les diría hoy o posiblemente mañana. Los alegraría bastante.

Ya estaba a cerca de llegar a su hogar. Empezó a pensar en quienes podrían ir a la capital, todavía había algunos hombres y mujeres, que se dedican o mejor dicho se dedicaban a la lucha y defensa.

"Talvez ellos podrían ir. Aunque todavía tienen familia aquí, tendré que ver cómo podía arreglar. Talvez podría convencer al general de que se los llevarán también. ¡ SI !. Estoy seguro de que aceptará " . Sonrió con felicidad. " Después de todo, la familia es lo más importante " .

Se detuvo de inmediato. Estaba a pocos centímetros de su hogar. Las palabras ' familia ' e ' importante ', resonaron en su cabeza. Al mismo tiempo, una pregunta vino a su mente. Una que lo hizo temblar de miedo.

"¿Tatsumi, no a despertado?". Esa pregunta hizo que el miedo y el dolor volvieran a él. Según lo que le habían informado los hombres de General, el joven ya se había recuperado por completo solo quedando bien despertada. Lo cual alivio bastante, pero aún el sentimiento de culpa lo inundaba a él. Nunca se perdonaría para haber puesto a tatsumi en riesgo y haberse olvidado de él.

En un acto de tratar de dejar de lado esos pensamientos decidió volver a su oficina y tratar de ver cómo había quedado cuando lo dejó a manos del hombre llamado Jun. y también ver qué personas estarían dispuestas a irse con el general al imperio. Se sentía renovado y fresco. Listo para afrontar este nuevo desafío en su vida.


En una habitación bastante grande. Un joven de cabello castaño que estaba hechado en una cama comenzó a moverse de lado a lado. Parecía asustado. Agarrando fuertemente las sábanas, al mismo tiempo que empezó a murmurar palabras. Finalmente, el joven abrió los ojos dejando ver sus hermosos ojos esmeraldas y la primera palabra entendible que salió en su boca fue...

Un ángel.


Notas del autor:

- Hola a todos los que están siguiendo mi historia les quiero agradecer por su paciencia y aquí les estoy brindando el capítulo de esta tarde también para informarles dos cosas:

1) los primeros capítulos serán básicamente de un inicio de cómo tatsumi será reclutado por el general y como ira al imperio. Después de eso contaré de cómo él mirará el imperio, descubrió lo que es el imperio realmente, las aventuras que tendrán, etc. Si quieren yo les puedo decir la cantidad de capítulos en la que consiste cada parte de la historia. Ahí déjenme saber eso en los comentarios.

2) También quería informarles que quisiera que dejen su comentario acerca del capitán de mi historia o si tienen alguna opinión relevante en la forma en cómo voy escribiendo. Me servirían bastante y muchas gracias.