30.- febrero, 1997
Madre: desconocida
"Mother: unknown"
De HufflepuffMommy
Alfa-Bet-eado
febrero, 1997
*La parte entre astericos es de Harry Potter y el misterio del príncipe*
Enero pasó volando y en las semanas posteriores a su conversación, Hermione sintió que algo cambiaba entre ella y Malfoy. Parecía más relajado cuando estaban juntos en su habitación. Estaba lo suficientemente relajado como para que mientras ella se sentaba en un lado del sofá, él se acostara en el otro extremo y tomara una pequeña siesta.
Las burlas y los comentarios groseros habían cesado, excepto los días en los que él parecía estar frustrado por algo y le gritaba. Ella aprovechaba esa oportunidad para prepararle un poco de té y ponérselo frente a él. Después de un tiempo, murmuraría una disculpa y las cosas volverían a estar bien.
Cuando Harry le dijo a Hermione que iba a comenzar a rastrear a Malfoy usando el Mapa de los Merodeadores, Hermione consideró que el Slytherin tenía que saberlo.
Malfoy frunció el ceño ante la noticia.
—¿Cómo puede seguirme de esa manera?
Hermione se mordió el labio.
—No puedo decírtelo.
—Genial. Eso es jodidamente genial —murmuró mientras trabajaba en una tarea. Ella notó que él presionó un poco fuerte su pluma sobre el pergamino, provocando que se rasgara. Maldijo en voz baja, arregló el papel con un hechizo rápido y comenzó de nuevo. Él la miró un momento después—. Por cierto, gracias por hacérmelo saber. No tenías que hacerlo y, sinceramente, estoy desconcertado del porqué lo hiciste...
La verdad era que ella también estaba desconcertada. Sabía que ayudar a Malfoy significaba ayudarlo con su misión para Voldemort, pero una parte de ella también estaba preocupada por lo que le pasaría si lo atrapaban, o peor aún, si fallaba en su misión.
En lugar de responder a sus ojos interrogantes, decidió cambiar de tema.
—En fin, ¿cómo te fue con las lecciones de Aparición? —preguntó.
El ceño de Malfoy volvió.
—Fue abismal. ¿Tú?
—Lo mismo, sin embargo, escuché que eso es normal cuando empiezas. Me alegro de que nadie haya resultado gravemente herido. Solo desearía que pudiéramos practicar fuera de las lecciones para que podamos tener más éxito en la próxima lección.
—¿Te lo imaginas? —preguntó con una de sus raras pequeñas sonrisas—. ¿Todos los estudiantes de sexto y séptimo año Apareciéndose en todas partes? ¿O al menos intentándolo?
Hermione dejó escapar una pequeña risita.
—No, supongo que eso no sería lo mejor que podría pasar. Principalmente porque la Aparición en Hogwarts no está permitida.
—Sin embargo, haría que moverse por el castillo fuera más fácil —reflexionó él—. Y no tendría que preocuparme que gente como Potter me espíe.
Se mordió el labio mientras contemplaba.
—Bueno, él no sabe a dónde vas si… ¿eso ayuda?
—La verdad no —dijo, y luego empujó su pie debajo de la mesa—. Pero aprecio el aviso de cualquier manera.
Trabajaron durante una hora antes de empacar para pasar la noche, pero lo único en lo que Hermione podía pensar era en el pie de Malfoy, descansando sobre el de ella, por el resto del rato.
Hermione no diría que odiaba el Día de San Valentín, pero le desagradaba mucho la festividad, especialmente este año.
Odiaba el hecho de que todo lo que Lavender parecía hacer era hablar de Ron en su dormitorio (en voz alta, de hecho) o plantarse junto a él en el Gran Comedor y besarlo tontamente. Sin embargo, con las reacciones de todos los que estaban cerca de ellos, ella parecía no ser la única molesta por sus acciones.
Además, Hermione se dio cuenta de que ya no sentía celos por ellos, sino más bien por el hecho de que ellos, al igual que muchas otras personas, estaban en una relación. Lo más cerca que había estado de tener su propia relación fue con Víctor, pero ella era joven y lo máximo que habían hecho fueron unos cuantos besos en el Baile de Navidad. Dondequiera que fuera durante el resto del día, había parejas tomadas de la mano o besándose en pasillos oscuros y sintió como si la cantidad de personas emparejadas se hubiera disparado durante la noche.
En las clases, Hermione comenzó a buscar el cabello pálido que pertenecía a Malfoy, y se sintió aliviada cuando lo vio. Se dijo a sí misma que era porque estaba feliz de que él todavía se tomara en serio sus estudios, pero incluso ella sabía que eso era sólo una verdad a medias: simplemente le gustaba saber que él estaba allí y eso la reconfortaba. Fuera de su sala de estudios, nunca hablaban entre ellos, pero hubo algunas ocasiones en las que él miraba disimuladamente en su dirección y le enviaba un gesto de asentimiento a modo de saludo.
Sin embargo, en Runas Antiguas, notó que Malfoy se dirigía hacia su escritorio y trató de no decepcionarse cuando Daphne se sentó a su lado primero, hablando animadamente sobre cómo Terry le había pedido oficialmente que fuera su novia. Malfoy terminó sentándose en la mesa del otro lado, y ella procuró no sonreír ante el hecho.
Cuando llegó la noche y se fue a hacer la tarea a la sala de estudio, agradeció el respiro de todas las demás personas.
Y, si era honesta consigo misma, estaba deseando poder hablar con Malfoy, libre y abiertamente.
Cuando llegó a la habitación, se sorprendió al encontrarlo allí, sentado en el sofá y bebiendo una taza de té.
—Hola —dijo mientras se acercaba y se sentaba a su lado. Estudió sus rasgos y cómo su rostro parecía más cansado y hosco de lo normal—. ¿Todo bien? —preguntó ella.
Tomó un sorbo de su té y asintió.
—Sí, sólo estoy cansado. He estado trabajando en mi proyecto en medio de la noche para que Potter no pueda buscarme —explicó. Él la miró mientras apoyaba su cabeza contra el respaldo del sofá—. ¿Cómo estuvo tu día?
—Estuvo bien —dijo, poniéndose cómoda en el sofá metiendo las piernas debajo de ella—. Aunque me alegraré cuando termine el día.
—¿Quieres decir que no te gustan todos los corazones y cupidos volando por todas partes? —preguntó secamente.
—¡Es tan cliché! —dijo con exasperación—. Y la cantidad de rojo y rosa en el Gran Comedor es nauseabunda. Puede que sea una Gryffindor, pero incluso yo estoy cansada del color.
Malfoy se rio entre dientes y sacudió la cabeza.
—Entonces, ¿algún chico te pidió que fueras su San Valentín este año?
La pregunta la tomó por sorpresa y le dio una mirada divertida.
—No. Pero, claro, nadie lo ha hecho nunca.
—Eso parece sorprendente, ya que eres uno de los mejores amigos de Potter y una de las brujas más inteligentes de esta escuela.
—Bueno, a menos que planees preguntármelo, supongo que tendré que esperar hasta el próximo año para ver si alguien más llega a esa conclusión.
Las palabras se habían derramado antes de que ella se diera cuenta de lo que estaba diciendo y descubrió que su corazón latía con fuerza en su pecho, esperando su respuesta.
Él la miró y ella creyó ver algo de derrota detrás de su mirada.
—No tendría sentido. No es como si pudieras ir y contárselo a alguien, como lo hizo Daphne con Boot.
Haciendo acopio de su coraje de Gryffindor, Hermione se acercó un poco más a Malfoy y colocó su mano sobre la de él.
Su mano tembló y por un momento Hermione pensó que pretendía alejarla de su toque. En cambio, simplemente giró su mano y entrelazó sus dedos con los de ella. La acción provocó mariposas en su estómago.
Se sentaron juntos en silencio, con los dedos entrelazados y observaron fijamente el fuego hasta que llegó el momento de regresar a sus respectivos dormitorios.
—Tengo algo para ti —dijo Hermione la siguiente vez que se encontraron.
Malfoy estaba sentado a la mesa, trabajando en un ensayo para Defensa Contra las Artes Oscuras.
—¿Qué sería eso? —preguntó sin levantar la vista.
Poniendo los ojos en blanco, Hermione sacó una moneda de su bolsillo y la puso junto a él. Malfoy miró la moneda, luego la contempló y arqueó una ceja.
—¿Un galeón?
—No es cualquier galeón —dijo, sin poder contener la sonrisa—. Vamos, míralo.
Malfoy tomó la moneda y la estudió. El fantasma de una sonrisa también se formó en sus labios.
—¿Una moneda de comunicación? —preguntó.
—Sí —confirmó, sacando otro de su bolsillo—. Tengo su pareja. Hice algo similar el año pasado para nuestras reuniones del ED, pero, bueno, ya no los usamos. Estaba pensando en avisarte cuando Harry no te esté espiando para que puedas dirigirte al Sala de las Cosas Ocultas. De esta manera, no tendrás que trabajar en medio de la noche y podrás dormir un poco por una vez, y…
—Granger, deja de divagar y respira —dijo a la ligera mientras continuaba estudiando la moneda—. ¿No verá Potter que estoy en la habitación?
Hermione negó con la cabeza.
—No, no en esta habitación. Así que mientras puedas llegar aquí cuando él no esté mirando, no sabrá que estás aquí.
Malfoy se frotó la barbilla, pensativo.
—Interesante. —Se rio entre dientes mientras se guardaba la moneda en el bolsillo—. Todavía no puedo creer que me estés ayudando a no ser espiado por Potter.
Hermione suspiró.
—Créeme, me lo cuestiono todos los días.
Él la miró desde su posición sentada y extendió la mano lentamente para tomar su mano entre las suyas, acercándola.
—Lo aprecio. Sé que no puede ser fácil mentirle a Potter todo el tiempo.
—Me las arreglo —dijo en voz baja—. No es como si él realmente me preguntara algo. Está demasiado preocupado especulando, espiando y siguiendo a Dumbledore en… —Cerró la boca rápidamente e hizo una mueca.
Malfoy levantó una ceja interrogante.
—¿Dumbledore lleva a Potter a alguna parte? —presionó.
—Bueno, es más como si le estuviera mostrando cosas… recuerdos, en realidad… Pero no puedes decirle a nadie que te dije eso —agregó rápidamente.
Cuando él apretó su mano, Hermione se dio cuenta de que él todavía sostenía la de ella.
—No te preocupes, Granger. Tu secreto está a salvo conmigo.
—Gracias —dijo en voz baja—. Yo, uh, probablemente debería irme. Ya terminé mi ensayo para el Profesor Snape, pero veo que todavía estás trabajando en el tuyo, así que…
—En realidad, ya terminé —dijo, finalmente soltando su mano para enrollar su pergamino—. Estaba pensando en hacer una taza de té y leer un poco.
— Entonces, ¿te molesta si me uno a ti? —preguntó mientras sacaba un libro de su bolso.
Malfoy caminó hacia la estación de té.
—¿Leche y dos de azúcar? —confirmó mientras comenzaba a servir el té.
Ella le sonrió.
—Sí, por favor.
Hermione se puso cómoda en el sofá, se quitó los zapatos y metió las piernas justo cuando Malfoy se acercó y le entregó su taza de té.
—Gracias —dijo mientras levitaba su libro frente a ella para poder sostener su taza con ambas manos, calentándolas del frío del castillo.
Malfoy se sentó a su lado, tan cerca que sus piernas se tocaban y Hermione se movió ligeramente para apoyar su hombro contra el de él.
Cuando se acabó el té y dejó la taza a un lado, se movió un poco más hasta que su cabeza descansó sobre su hombro. Entre el calor de su cuerpo junto al de ella, el té dentro de sí y el fuego al frente, Hermione se quedó dormida.
Se despertó en el sofá horas más tarde y la cabeza de Malfoy estaba inclinada para descansar encima de la de ella. Por la forma en que respiraba, Hermione sospechó que él también se había quedado dormido.
Se movió lentamente para no despertarlo, pero se dio cuenta de que era inútil; en el momento en que ella se revolvió, su cabeza cayó sobre el sofá.
—Malfoy —susurró. Cuando él no se removió ni respondió, ella susurró su nombre nuevamente, esta vez más fuerte.
Sin respuesta una vez más, ella le dio un codazo suave en las costillas, tratando de despertarlo. El peso de su cabeza sobre la de ella disminuyó y Hermione supo que finalmente había tenido éxito.
—Deberíamos irnos —dijo sutilmente a pesar de que ya extrañaba el calor de su cuerpo contra el de ella.
—Sí —dijo y bostezó mientras estiraba los brazos por encima de la cabeza—. Aunque fue un buen sueño —dijo adormilado.
Hermione lo miró y vio que tenía el cabello revuelto, que era la primera vez que lo veía fuera de su lugar. Ella se rio entre dientes y se acercó, pasando los dedos por su cabello para arreglarlo. Él se congeló ante su toque y Hermione detuvo sus movimientos.
—Lo siento —murmuró y puso sus manos en su regazo—. Sólo estaba arreglando tu cabello.
Malfoy se aclaró la garganta antes de hablar.
—Está bien. Simplemente no esperaba que hicieras eso. —Él la miró y extendió su propia mano, colocando un mechón de sus rizos detrás de su oreja—. Listo —dijo—. Ahora estamos a mano.
Hermione dejó escapar una suave risa.
—Debería irme —dijo mientras se levantaba—. Es bastante tarde y si Filch me atrapa, se lo pasará en grande.
—Solo di que estabas haciendo deberes de Prefecta —sugirió Malfoy—. Es lo que hago.
Ella se rio entre dientes, sacudió la cabeza y se dirigió hacia la puerta.
—Buenas noches, Malfoy.
Él asintió.
—Buenas noches, Granger.
A finales de febrero, todos se sentían desanimados con las lecciones de Apariciones, incluso Hermione.
Sintiéndose melancólica, se dirigió a la Sala de los Menesteres, pasando a un par de estudiantes de segundo año de Hufflepuff en el pasillo. Malfoy salió de la habitación justo cuando ella llegaba a la puerta.
—Oh, Mal…
Levantó una mano para detenerla y luego miró por encima del hombro a los dos Hufflepuff.
—¡Ey! No deambulen por los pasillos tan tarde. Vuelvan a su sala común antes de que les asigne detención.
Las chicas chillaron de sorpresa y salieron corriendo del pasillo hacia las escaleras.
Hermione le dio a Malfoy una mirada inquisitiva y él le respondió encogiéndose de hombros con indiferencia.
—No necesitamos que algunas niñas nos vean juntos y empiecen a difundir rumores —dijo.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Son sólo un par de niñas pequeñas.
—Y a las chicas les gusta chismorrear. Créeme, escucho una buena cantidad en la sala común de Slytherin. Estoy seguro de que Gryffindor es igual —dijo con una mirada de complicidad.
—Supongo que tienes razón —murmuró, y luego notó un paquete sobre la mesa—. ¿Qué es eso?
Miró hacia la mesa mientras les preparaba té.
—Oh, mi madre me envió un paquete de ayuda. Échale un vistazo —sugirió.
Hermione le dio una mirada curiosa antes de acercar la caja hacia ella y mirar dentro. La cantidad de dulces era ridícula, pero Hermione no esperaba menos, especialmente porque sus viajes a Hogsmeade habían sido cancelados desde el incidente con Katie Bell. Sabía que a Malfoy le gustaban los dulces y ahora sabía cómo se estaba saciando.
—Buen surtido —dijo, examinando todo—. Veo que tu madre te envió al menos media docena de pasteles de caldero, bolas de coco, ranas de chocolate y... ¡oh! ¡¿Son estas plumas de azúcar?! —dijo, sacando tres de ellas—. ¡Del tipo azul también!
Malfoy asintió mientras dejaba su taza sobre la mesa y sacaba un pastel de caldero.
—En realidad, son para ti.
La cabeza de Hermione giró para mirarlo boquiabierta.
—¿Para mí? ¿Hiciste que tu madre enviara dulces para... para mí?
Le dio un mordisco al pastel de chocolate.
—No le dije para quién eran, pero sí los solicité en tu nombre, sí.
Mientras ella simplemente lo miraba fijamente, Malfoy se comió lo último de su golosina.
—Mencionaste antes que preferías los Plumas de Azúcar azules y que la última vez que visitaste Honeydukes estaban agotadas, así que... —Señaló las plumas—. Te compré un poco.
Hermione sostuvo las Plumas de Azúcar contra su pecho.
—Malfoy…
—No es gran cosa —dijo, despidiéndola mientras se sentaba a la mesa—. Pido dulces para mis amigos todo el tiempo.
Hermione no pudo evitarlo. Caminó hacia donde estaba sentado Malfoy y se inclinó ligeramente para besar su mejilla.
—Gracias —dijo mientras se alejaba. Sabía que sus mejillas estaban rojas como tomates. Sin embargo, cuando ella dio un paso atrás, Malfoy la detuvo agarrándola de la muñeca y se puso de pie para mirarla.
Sus ojos se clavaron en los de ella mientras se acercaba aún más. Levantó una mano para acariciarle la cabeza antes de agacharse y capturar sus labios con los suyos.
La completa conmoción de su acción la dejó congelada en su lugar. Fue únicamente cuando Malfoy se apartó ligeramente, pero ella recuperó sus sentidos y se puso de puntillas para presionar sus labios contra los de él.
Las manos de ella se levantaron para agarrar sus hombros, y el brazo libre de él le rodeó su cintura, la acercó a sí mismo mientras su otra mano se clavaba en sus rizos. Sus labios se deslizaron uno sobre el otro una y otra vez hasta que se abrieron al mismo tiempo y su lengua empujó la de ella.
Sabía a chocolate.
Decadente, sedoso y dulce.
Su nuevo sabor favorito.
—Dioses, he querido hacer eso durante mucho tiempo —murmuró él contra sus labios.
Ella se apartó para mirarlo.
—¿De verdad?
Él asintió y luego la besó de nuevo.
—Sí.
Sus manos se movieron detrás de su cuello y jugó con las puntas de su cabello.
—Yo también quería hacerlo, pero no estaba segura de si…
Él la detuvo con otro beso.
—¿Granger?
—¿Eh?
Sus labios se movieron contra los de ella.
—Cállate —murmuró y luego la besó un poco más.
¡FINALMENTE! Un beso y muchas gracias por seguir aquí, con nosotras.
