El automóvil corrió a toda velocidad por el camino, y Yuzuki iba a bordo, totalmente ausente.
En un momento, un graznido familiar trajo a Yuzuki desde su limbo y pudo ver el cuervo kasugai de Kyojuro, volando a un lado de la ventana, echando picotazos a Koichi a través del vidrio a medio bajar.
- ¡Puta madre!- gritó el hombre.- ¡Pájaro de mierda! ¡Largo!-
Sin vacilar, apoyó el arma en el brazo extendido que sostenía el volante, apretó el gatillo y una explosión de ruido, plumas y sangre inundó el lado del conductor.
Yuzuki sólo pudo cubrirse los oídos. Sintió la sangre caliente del pobre animal mojarle la piel.
Koichi abrió la guantera con una mano, sacó un pañuelo blanco y se limpió. Luego, casi amorosamente, limpió las mejillas de Yuzuki, quién estaba en shock.
- Tenemos que apresurarnos.- Sonrió entonces él.- Hay muchos detalles que ultimar y mi tío está ansioso por verte...- dijo él, sin sacar la vista del camino, y revisando constantemente el espejo retrovisor mientras pisaba más y más el acelerador.- Si tienes hambre podemos parar a comer, aunque sinceramente prefiero llegar y dormir un poco.- sonrió él y la miró.- Fueron días duros ¿sabes? Te busqué por todo el pueblito de mierda ese y vaya que me costó dinero que revelarán dónde estabas. Y luego, esperé por días y días a qué salgas de tu escondite, cariño.-
Ella no respondió. La voz de él parecía llegarle desde muy, muy lejos, el cuerpo se le entumeció y los oídos le pitaban.
- Sabía que en algún momento bajarías la guardia. - Agregó él, sonriendo.- Así que esperé. Que suerte que por fin puedo devolverte a casa.-
Yuzuki tenía los ojos muy abiertos y la vista fija adelante, las lágrimas caían pesadas, constantes por sus mejillas. No movió un músculo ni dijo una palabra.
Estaba totalmente abrumada.
-Oh vamos...yo sé que esto no es como querrías. Créeme que lo entiendo, yo tampoco lo hubiera querido así, de esta forma tan... peculiar. - dijo él, y puso una mano sobre el hombro de la chica.- Pero tú también tomaste una decisión extrema hace unos meses. Tristemente esta es una consecuencia de ello.-
Ella seguía sin reaccionar. Parpadeó lentamente pero no emitió palabra. En su mente, sólo quería morir.
-Miralo por este lado, te casarás conmigo. Sé que no soy tan interesante como un samurái pero...creo que puedo hacerte feliz. Te daré lo mejor de todo, lo más lujoso, lo de mejor calidad, siempre, sólo para ti.- dijo él, y suavemente acarició la mejilla de la chica inmóvil.
Yuzuki quiso vomitar. Sintió que su estómago se revolvió en todas las direcciones y un mareo descomunal golpeó su cabeza.
Cerró sus ojos y ocultó su rostro entre sus manos. Koichi la miró hastiado de su actitud, respiró profundamente para contener la necesidad de tomarla por el cabello y zarandearla.
"Es solo un escalón...ella es un peldaño que debes subir. Paciencia... no vas a arruinarlo ahora... se paciente, Koichi. Y te colmarás de riqueza." Pensó. Y refugiándose en ese pensamiento, acarició el cabello de Yuzuki.
-Vamos, tranquila. No voy a lastimarte ya. Te pido disculpas si te asusté antes, pero no me dejaste elección. El viaje es largo y quizá deberías dormir. Te despertaré cuando lleguemos, aún faltan unas horas. Intenta descansar.- dijo él, sin dejar de acariciarla.
Ella se giró en su asiento, dándole la espalda, y cerró los ojos. No durmió. Pensó en Kyojuro, en su trabajo y su casa y lo feliz que era con la combinación de todo eso.
Todo eso que ahora pareció quedar atrás por siempre. Para siempre. Se evaporó.
Cuando llegaron a la Casa Gotō, Koichi bajó primero del automóvil y luego abrió la puerta de su acompañante para ayudarla a bajar.
Pero ella no se movió. Su vista seguía clavada al frente.
-Alguien te está esperando, Yuzuki.- le susurró él, mientras le tendía la mano.
-¡HIJA!- la voz de Tetsuo le llegó clara y potente, como un trueno.
Yuzuki giró la cabeza para ver a su padre en la puerta, con los ojos húmedos. Estaba bastante más delgado y con el cabello casi blanco, aún así, erguido, esperándola. Su partida lo había roto realmente. Y ella sintió una puñalada de culpa en el alma, porque mientras ella crecía y sembraba su felicidad, él fue apagándose.
"Él está así...¿por mi? ¿Porque me fui?" pensó, y el puñal en su alma pareció revolverse.
Koichi la tomó de la mano y la bajó lentamente del automóvil. La condujo en silencio hasta su padre, y colocó la mano de ella sobre la del anciano.
- Aquí la tienes, tío. Tu pequeña joya.- le dijo, y se alejó para darles privacidad.
Yuzuki se vio reflejada en los ojos de su padre. Y algo dentro de ella se rompió.
-Mi niña. Mi hana...- dijo él, y apretó la mano de su hija. La abrazó y rompió en llanto. Acarició su cabello, y le susurró.- Siento tanto que esto sea así, que todo haya resultado así. Pero hija mía...no me queda mucho tiempo.-
-¿Tiempo?
- Estoy enfermo, cariño. Es mi corazón.- le dijo él, guiándola hacia adentro, caminando tomado de su brazo.
- Es por mi culpa...¿verdad?- quiso saber ella, intentando mantenerse entera.
- Es una situación fortuita, hija. No podría saber que esto pasaría, mucho menos tú.- dijo él, tristemente. Pero Yuzuki sabía que no era así.
Fueron hasta su oficina y se sentaron.
Yuzuki vio a su padre moverse lentamente y batallar para sentarse. Y se sintió la peor escoria egoísta sobre esta tierra.
"¿Cómo pude hacerle algo así a papá? No fue fortuito. Fue por mi causa. Morirá pronto por mis acciones. Rompí su corazón."
Las lágrimas cayeron incontrolables por su mejilla. Y su padre tomó su mano.
- Vamos a dejar el pasado atrás, hija.- le dijo, acariciándola.- Todo está arreglado para los festejos mañana, iniciando con el Yuino* temprano. Sé que no estás feliz con esto. Sé que no lo deseas, realmente lo entiendo...pero es mi última voluntad. Déjame partir sabiendo que estás a salvo en tu hogar, con los recuerdos de tu madre y míos reconfortandote. Déjame ir sabiendo que nada te faltará, que nadie te quitará lo que es tuyo. Que todo lo mío será tuyo y de tus hijos por derecho.-
"Oh Padre...vas a romper mi corazón también. Vas a matarme aquí mismo de tristeza" pensó ella, pero no tuvo el valor de decirle nada de eso, sólo se abrazó a él.
-Si Padre. Lo haré por ti.- dijo.
Detrás del fusuma, un sonriente Koichi que escuchó la conversación hinchó el pecho de satisfacción.
La situación le causaba genuino placer, pronto sería dueño de todo esto.
"El viejo morirá pronto y todo esto será mío y ella será libre. Todos ganamos" sonrió, mientras se alejó a su habitación.
Mañana era un día importante y debía descansar.
Ya su habitación, Yuzuki se reencontró con Aiko. Se abrazaron, y la joven sirviente lloró conjuntamente con su señora. Arrodilladas ambas en el suelo, se desmoronaron juntas.
Yuzuki le contó todo lo que su padre le dijo, y entre espasmos de llanto exclamó
- Oh, Aiko, merezco todo lo malo que vaya a pasarme de ahora en más.-
- No diga eso por favor...- Aiko secó gentilmente las lágrimas de Yuzuki.- Usted tiene un maravilloso corazón que merece ser feliz.-
- ¿Rompiendo el corazón de mi padre?- Sollozó ella. Aiko abrazó a Yuzuki y esta se refugió en su cuello.- ¿Como puedo ser feliz si sé que esa felicidad viene del dolor de otros? Del dolor de mi propia sangre.-
Aiko acarició el cabello de Yuzuki. Le partió el corazón la angustia de su señora, porque ella siempre fue muy buena con todos.
-Me gustaría decirle que todo estará bien. Que todo se arreglará y que encontrará la felicidad que busca pero...no me atrevo.- le susurró Aiko.
Yuzuki le habló de lo feliz que fue este tiempo. Y de cómo toda esa felicidad se destruyó en cuanto habló cinco minutos con su padre.
Aiko no supo que decir. Quería confortar a su señora pero no encontraba palabras para hacerlo porque todo lo que se le venía a la mente le sonaba insuficiente o estúpido.
Entonces tuvo una idea. Se excusó y salió del cuarto.
Se dirigió a la cocina, allí todo estaba revolucionado. El banquete para el compromiso era bastante opulento y mucha gente estaba trabajando en ello, aún ya tarde en la noche, porque todo debía estar perfecto para el día siguiente.
Aiko se escabulló y tomó dos dorayakis.
Yuzuki y Aiko solían comerlos juntas cuando eran niñas, sobre todo en tardes de invierno cuando no había mucho que hacer. A Aiko esos recuerdos le parecían tesoros y pensó que quizá, compartiendo un dorayaki como cuando eran pequeñas, el corazón de Yuzuki se aliviane un poco.
Cuando volvió al cuarto, y le dio el dulce a Yuzuki, ésta le regaló una sonrisa cálida
- Gracias...- le sonrió.- Aiko, eres mi gran amiga.-
La joven sirviente secó una lágrima de su mejilla.
- Y usted la mía.-
Ambas sonrieron. Y en la soledad del cuarto, con el shōji abierto y mirando la luna, volvieron a ser niñas comiendo doriyakis.
~*~
Con la primera luz del alba, varias mujeres entraron al cuarto de Yuzuki para alistarla.
La llevaron a bañar. Lavaron su cabello, perfumaron su piel, la peinaron y le colocaron 4 hermosos kanzashi con flores de jade y carey.
Finalmente la maquillaron y la vistieron con un finísimo iromuji color lavanda.
Y en todo el proceso, Yuzuki no dijo una palabra. Ni siquiera a Aiko, que estaba colaborando. La joven sirvienta creyó que el alma de su señora se había ido por la noche, y que eso que estaba preparando para el compromiso era un recipiente vacío. Ese pensamiento la entristeció profundamente.
Cuando Yuzuki quedó sola frente al reflejo que le daba el espejo, sintió como su corazón se hundía dentro de si.
"Me hubiera gustado verme así para ti, Kyojuro...pero mis circunstancias han cambiado y tengo que hacer esto a la fuerza si no quiero matar a mí padre de tristeza" pensó Yuzuki.
El dolor emocional era tal que se convirtió en dolor físico, Yuzuki sintió que literalmente su corazón se había roto.
"Esto tiene que hacerse." Se dijo. Y se puso de pie.
Era hora de desayunar con su padre y su futuro esposo.
Mientras ella y su familia desayunaban, la servidumbre ultimaba detalles para el yuino. Por toda la casa se oían pasos, voces, gente limpiando, trayendo arreglos florales.
Afuera, el sol brillaba. El cielo no tenía una sola nube y el canto de los pájaros sobresalía.
- Parece que el día nos ha bendecido, ¿verdad señor Tetsuo?- Sonrió felizmente Koichi. Hoy parecía el hombre más orgulloso del mundo.
- Así es...- Dijo él hombre, con cierto pesar. Miraba a su hija, hermosa, perfecta. Pero callada como nunca antes.- Los invitados estarán llegando en una hora aproximadamente.-
Koichi miró a su futura mujer y le pareció genuinamente bella. Parecía una hermosa muñeca y pensó, que quizá la noche de bodas no sería tan aburrida. Él, y todos en realidad, seguían creyendo que Yuzuki era una virgen, y eso en cierto punto lo excitaba.
Cuando terminaron de desayunar, un sirviente anunció la llegada de los padres del novio. La hermana de Tetsuo, Seina, y su marido,
Yuzuki vivió todo en piloto automático, desde otro lado que no era su cuerpo. A su alrededor de daban conversaciones animadas y risas, pero ella no estaba allí.
Todos estaban sentados en la sala, bebiendo té y hablando de cosas que Yuzuki ni siquiera se molestó en escuchar, cuando de repente Aiko entró casi a trompicones, y se postró en una apurada reverencia.
-Dime Aiko, ¿que sucede?- preguntó Tetsuo
Ella levantó la cabeza, y no pudo evitar sonreír al mirar a Yuzuki. Volvió su vista al patriarca y dijo:
- El señor Kyojuro Rengoku solicita una entrevista con usted, Señor Tetsuo.-
Al oír su nombre, algo tintineó dentro de la joven futura novia. Alzó los ojos, miró a su sirviente, y Aiko pudo ver por fin una leve chispa de vida.
- Él está aquí.- le dijo la sirviente a Yuzuki. Y le sonrió.
A Tetsuo Gotō, eso no le gustó en lo más mínimo. Pero accedió a recibirlo.
A Kyojuro lo impacientaba esperar, como un extraño, siendo que estuvo trabajando en esa casa más del tiempo necesario para no sentirse de esa forma.
Vio todo el revuelo de los preparativos y el corazón se le fue al piso, entendió que se estaba celebrando algo…y no tuvo que atar muchos cabos para saber qué.
El temor de haber perdido, de haber esperado demasiado comenzó a arrastrarse en su alma. Pero Kyojuro Rengoku estaba acostumbrado a pelear hasta el final, incluso con un panorama desfavorable.
Desde el fondo del pasillo apareció Tetsuo. Kyojuro se asombró de ver al hombre tan desfavorecido, como si hubiera envejecido dos décadas en medio año. Y supo que algo no estaba bien.
Tetsuo no dijo una palabra, pero guió a Kyojuro a su oficina.
Ambos se sentaron y Tetsuo entrelazó los dedos de sus manos sobre la mesa, en un gesto expectante.
- Gracias por permitirme hablar con usted, Señor.-
- A pesar de la traición que cometiste ese día hace más de 6 meses, siempre cuidaste bien de Yuzuki, y es por ella que tienes la posibilidad de hablar conmigo. Pero mí tiempo hoy es escasísimo, hoy mi única hija celebra su compromiso. Así que, apresurate.-
Kyojuro sintió como su alguien le diera un puñetazo al corazón. Tuvo que reunir toda su fuerza para seguir hablando.
- Señor...-Dijo Kyojuro y trató de contener sus nervios. Nunca había hecho algo como esto y estaba realmente intranquilo.- Su hija ha logrado ganarse mí corazón. Desde el primer momento en que usted me encargó cuidarla con mí vida, a eso me he dedicado, y sin pensarlo, casi sin saberlo, me he enamorado de ella. Total y profundamente. Es una mujer maravillosa de cualidades extraordinarias y si usted me permite, quisiera pedir su mano en matrimonio.-
Tetsuo sintió su corazón enfermo dar un vuelco. Su sabiduría, encerrada en algún lado de su mente por la terquedad, le gritó "Este es el camino a seguir. Él cuidará de ella y traerá honor a tu familia."
- Te la llevaste de aquí incluso cuando te pedí que la protejas. Que la traigas de vuelta. ¿Y ahora me pides esto? ¿El día de su compromiso? ¿Que clase de atropello es este?.-
- La protegi - se defendió él.- Estoy convencido de eso y lo volvería a hacer.-
- No hiciste nada para detenerla cuando se fue, de hecho, te la llevaste contigo. Se fue más de medio año y tuve que apresurar todo, precipitar todo a causa de eso.-
- Ella merece ser feliz. Y lo fue todo este tiempo. Conmigo-
- Se marchó por un capricho.- espetó Tetsuo.
- Se marchó porque sintió que no estaba lista para asumir un rol como esposa.- Respondió Kyojuro sin amedrentarse.- No fue un capricho, fue la búsqueda de su propio destino.-
Tetsuo no quería oír eso. En su mente, un torbellino de pensamientos a favor y en contra lo azotaban sin cesar.
- No voy a darte la mano de mi hija si no sabes discernir entre qué es bueno y que no lo es para ella.-
- Sé lo que es bueno y usted también lo sabe. ¿Cree que casarla a la fuerza y encerrarla es algo bueno para alguien con un espíritu como el de Yuzuki? Es su padre, la conoce mejor que nadie, mejor que yo... ¿realmente piensa que está es la salida?- dijo Kyojuro, firmemente.
"No. No la conozco tanto. Le di todo mí amor desde que nació pero creo que equivoqué el camino. Es un error garrafal que no puedo enmendar y mucho menos ahora, que las ruedas de este carro ya comenzaron a girar, detenerlas seria una catástrofe para mí clan. No, Kyojuro, no la conozco como tú. Pero eso no es de tu incumbencia" pensó Tetsuo.
- Kyojuro.- la voz hizo que ambos se giren a ver a Yuzuki en la entrada de la oficina.
Rengoku se quedó atónito ante la belleza que llamó su nombre, pero ese sentimiento estaba mezclado con una tristeza demoledora. La chispa en los ojos de Yuzuki se había ido.
La chica entró y se sentó a su lado. Y cuando se miraron a los ojos Yuzuki esbozó una suave sonrisa, y sus ojos parecieron volver a brillar. Se abrazaron y él intentó besarla, pero ella rechazó el beso, y colocó dos dedos sobre los labios de él, que la miró confundido.
- Las cosas han cambiado...- susurró ella, con la voz en un hilo débil y quebradizo.
- Yuzuki...- Dijo Kyojuro, tomando la mano pequeña entre las suyas, buscando en esos ojos tan tristes algo de vida.
- Padre...por favor, déjame a solas con él, por favor...-
Tetsuo, que había observado todo, salió de la habitación con su enfermo corazón empapado en pesar.
"La mirada entre ambos...esa mirada de amor ahogado en tristeza, pero amor en fin...¿está es mí hija enamorada?" Pensó Tetsuo, al tiempo que cerró el fusuma detrás de él, y caminó por el pasillo.
Una vez solos, Yuzuki le habló suavemente.
- Esto es algo que tengo que hacer...- Le dijo. Y acarició con una suavidad llena de amor las mejillas de él.- No puedo poner mí felicidad por sobre la de mí padre.-
- Creí que ya habíamos pasado este punto.-
- Kyojuro, él está muriendo.- dijo ella, sin dejar de acariciar sus mejillas, mirándolo a los ojos.
Hubo un silencio desgarrador entre ambos. Kyojuro entendió entonces que todo había terminado. Que una fuerza mayor los estaba separando y no había vuelta atrás.
- Esto no es justo...- susurró él, con un nudo en la garganta. La derrota era un trago difícil de pasar.
- Si me voy ahora, lo mataré..- Sollozó Yuzuki.- Todo está arreglado y no tengo forma de pararlo. Hoy es la ceremonia de compromiso. Mañana es la boda. Todo es definitivo y no puedo hacer nada sin matar a mí padre… él es lo único que me queda en este mundo. Tú hubieras hecho lo que sea por tu madre ¿verdad?.-
Si. Lo hubiera hecho y sin dudar. Porque su madre era una mujer increíble.
- ¿Y nosotros?- susurró él, y acarició el rostro de la chica, que comenzó a llorar.
- Tú eres el único hombre con quién realmente me hubiera gustado casarme y tener muchos hijos.- Yuzuki sintió como se rompió su alma. Y trató contener su llanto, en vano.- Pero debo dejarte ir. Porque mi padre tiene poco tiempo de vida y yo quiero hacerlo feliz aunque sea en sus últimos momentos.-
Ahora lloraban ambos. Por primera vez en años, Kyojuro volvió a llorar y sintió que el corazón se le detenía del dolor. La abrazó y la besó con pasión, borrando el color rojo de sus labios con los suyos propios y aspiró con fuerza el olor de su piel.
- Te amo...- le dijo ella, en una frase rota por el llanto, en un tono lleno de dolor.
- Y yo te amo a tí. Y lo haré infinitamente.- le dijo él, besando sus labios, sus manos, sus mejillas.
Cuando tuvo que irse sintió que le fallaban las piernas.
Las despedidas nunca son fáciles.
Al salir, se cruzó con Aiko, que llevaba una cesta enorme con flores frescas. Ella sonrió ampliamente por un momento al verlo, pero la tristeza pintada en los ojos de él, le borró la sonrisa.
-Que...- empezó a decir la chica cuando quedaron frente a frente. Dejó la cesta frente a ella.
- Aiko.- dijo él, y le sonrió tristemente.- Te encargo a Yuzuki. Sé que la aprecias y que cuidarás de ella...confío en ti.-
- Señor...- comenzó a decir, confundida.
- Cuída de ella. Prometelo.- dijo él, sin dejar de mirarla.
- Es que la señorita...- empezó a decir Aiko.
- Promételo.- la interrumpió Kyojuro.
- Lo prometo...-
Él le sonrió, le hizo una pequeña reverencia, y siguió su camino. Aiko entró a la oficina de Tetsuo y encontró allí a Yuzuki sentada y erguida, como toda una guerrera. Pero absolutamente destrozada.
Aiko se sentó a su lado, y vio como las lágrimas habían lavado el polvo blanco de sus mejillas, dejando largos y diversos surcos en la piel empolvada. Los labios ya no estaban pintados y el negro que delineaba sus ojos cayó en oscuras lineas a traves de las mejillas.
- Creo que voy a tener que retocar mí maquillaje, ¿verdad?- le dijo Yuzuki, en un tono tan desprovisto de vida que le dolió a Aiko.
Su señora se había apagado definitivamente.
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Nota: Perdón la extensión del capítulo, Hemos llegado al verdadero problema de la historia T.T
Todavía queda un trecho importante para el desenlace…así que gracias por leer
Sobre todo a Nocturnals 3
