El día era demasiado caluroso, recuerdo haber seguido a mamá. Siempre lo hacía, aunque esta ocasión fue diferente, el calor era fuerte. Vi como mamá se recostaba en el piso y no se volvió a mover. Recuerdo que insistí bastantes veces en que se moviera. No obtuve resultado alguno.
Vi como un ser de alas negras descendía del cielo. Traía un collar blanco y de sus pies brotaban unas protuberancias. No tenia manos, pero si un horrendo pico, pico con el cual empezó a destrozar a mi madre.
Vi aquella imagen con miedo, terror y odio. Mi instinto me obligo esconderme detrás de un pequeño arbusto. No sabía cuanto tiempo había pasado desde aquel ser bajo de los cielos. Lo que si sabia es que el calor disminuía y con ello la luz.
Ya sea por instinto o algo más, mi cuerpo tembló ante la idea de que la luz dejara de iluminar. Pero entonces aquellos gigantes, los cuales mamá siempre me decía que eran los dioses del mundo, apareció. Venia caminando detrás de un dios de cuatro piernas.
Recuerdo que le hable y el me vio con algo de sorpresa, vi como con su estruendosa voz detuvo al otro "dios". Con pasos lentos se empezó a acercar hacia a mí. Si bien estaba algo feliz de que el dios gigante me notase, vi como su expresión paso a una de seriedad.
Recuerdo que pensé…¿Habré hecho algo mal? ¿Lo ofendí? No sabia las respuestas, aunque sentí un alivio al ver la expresión de su rostro paso a una de tristeza y disgusto.
Me miro unos segundos, pensando algo. Tal vez era que podría hacer conmigo.
A los segundos vi como abrió aquellos lugares que mamá siempre decía que eran mundos de los dioses. Vi como saco lo que parecía ser una fracción de suelo. Recuerdo con claridad que era de color rojo con líneas blancas y azules.
El dios gigante me envolvió en aquel trozo de suelo y me llevo en sus brazos. Lo que para mí y mi madre seria un viaje de días. Solo se hicieron horas. Finalmente llegamos a aquel lugar que nosotros, los seres inferiores llamamos reinos de los dioses.
Se preguntarán, porque le decimos reinos de los dioses. Bueno eso se debe a que en estos lugares habitan mas de un dios gigante.
Vi como uno de mi raza salió y me miro unos segundos antes de decirme. -¿Por qué estas aquí? ¿Qué es lo quieres intruso?-. Yo solo solté un suspiro. Sabia que esto pasaría. Siempre ha estado esa discordia en nuestra raza. Llevábamos miles de años conviviendo con los dioses gigantes, pero aun tras tanto tiempo, es que siguen aquellas discordias.
Era simple, pero instintiva, odiamos que un intruso, en especial de nuestra misma especie, invada nuestro territorio. Tonto, tal vez, pero esas eran nuestras costumbres, nuestro instinto. Las horas pasaron y el "dios" me dio alimento y bebida. Con su imponente voz expreso. -Calma, estas a salvo, yo te cuidare de ahora en adelante-. Aquellas palabras me dieron un alivio. Si bien también aquellas palabras molestaron al otro. Lo dejo pasar.
Oí como el "dios" joven hablaba con otro "dios" mayor. Mencionaban sobre como llamarme a partir de ahora. Vi como el "dios" mayor se acercó y dijo con una voz algo calmada pero fuerte al mismo tiempo. Esa voz trasmitía sabiduría y experiencia con solo escucharla.
-Me recuerda mucho a uno que tuve hace "años" atrás. Lo llamaremos Capitán, ese será tu nombre a partir de ahora pequeño, espero que seas de ayuda-. Tras ese suceso, es que mi nuevo nombre se decidió. No era que me importase después de todo, ya que no tenia un nombre como tal.
Los días pasaron y viví muchas aventuras bajo el mando de mis nuevos "dioses". Vi como el "dios" joven estaba feliz, pero su mirada expresaba tristeza. Cuando conocí al otro "dios", aquel que le dictaba órdenes sentí una sensación de asco. No sabia porque, pero cada que estaba cerca de ese ser, sentía aquella sensación.
El tiempo paso, vi como mi "dios" aquel que me salvo se había alejado. Para bien o para mal quede bajo el yugo de ese "dios ordenador". Veía como mi dueño venia a verme y de vez en cuando a pasar aquí. Realmente el era único, no porque me allá salvado de una muerte segura a palabras del señor Cachupín, un nombre algo raro, sí, pero no por ello menos interesante.
Sentía que el era único, aquella aura que desprendía, un aura de paz y tranquilidad. Esa aura tan reconfortante. Cada que él llegaba me sentía en paz. Pero todo eso cambio un día…
Era noche, demasiado noche. Mi dios estaba enfrente de una "Fogata" como le llamaban. Vi que estaba triste. Me acosté al lado de él y a los segundos el me empezó a acariciar mi cabeza. Recuerdo que se le veía cansado. Harto de esto y fue que en un intento de deshago hablo conmigo.
-Yo no sé qué hacer Capitán, estoy harto de esta mierda. ¿Esta será mi vida a partir de adelante? ¿Este es el precio de mi pecado por haber fallado? Si es así, no quiero esta vida de mierda, prefiero largarme o en el peor de los casos matarme-. Lo vi con sorpresa, acaso había oído bien…matarse.
Hablé con fuerza, le dije que no, que no debía de hacer eso. El me miro con sorpresa y soltó un suspiro. El dijo…-Gracias por todo pequeño, se que hacer-. Empezó a llorar en silencio y como si los cielos vieran su tristeza, empezó a llover con fuerza. Me acurruqué al lado de la fogata listo para irme a dormir.
Sabía que no podía hacer nada más y eso me frustraba, solo podía ver y oír, pero no hablar. No expresar mi opinión. Y no era porque no pudiera, sino porque nuestros dialectos eran distintos. Al parecer "dios" puede hablar todos los idiomas, pero no entenderlos.
Vaya jugada del destino. Miré como caía la lluvia y me dormí.
Los "años" pasaron en un abrir y cerrar de ojos, había vivido varias cosas con mi dios salvador y con el dios ordenador. Eran tiempo de paz y tranquilidad para mí, pero sabía que no durarían para siempre. Las discusiones entre ambos dioses cada día eran mas violentas. Y lo que temía paso…
Llego el día del quiebre…
Recuerdo que vi como mi salvador, salía de aquel palacio enojado y gritando cosas. Vi como esa aura tan tranquilizante paso a ser una caótica. Los vientos soplaron con fuerza, las nubes grises empezaron a cubrir los cielos en señal de su enojo. Vi y oí como mi dios le dijo al otro, cosas fuertes. Solo llegue a escuchar una parte la cual decía…
-¡Y que! ¡¿Cuándo yo me vaya que puta madre vas a hacer?! ¡Nada! ¡Tu lo sabes cuando quiera puedo mandar al diablo esto e irme con mi madre! ¡Deja de actuar como maldito estúpido! ¡Cuando yo me largue de este lugar, todo lo que has construido caerá! ¡No por odio, no por maldición! ¡Por algo peor, por tu puta ambición de mierda y tu tacañería! ¡Lleva en mente esas palabras!-.
Con miedo me aleje de los dos dioses, mientras veía como el dios salvador. Mi dios, mando todo al "demonio" y se fue. Sin dudarlo lo quise seguir, pero el me dijo con una voz entre cortada, al borde del llanto.
-No pequeño, no Capi, no me siguas, quédate. Yo…quiero ir por mi camino por hoy pequeñín-. Él me decía aquellas palabras mientras me acariciaba mi cabeza. Y se fue.
No sabía donde había ido, solo lo vi en el palacio de los cielos verdes. Así le llamaba al lugar donde vivía el señor Cachupín.
A los días lo deje de ver en aquel otro palacio. Sabia que algo paso, el otro dios, el dios ordenador se veía preocupado y confuso. A los días me entere que llego la diosa "madre". Sabia que ella era la progenitora de mi dios. Desprendía la misma aura que la de mi dios, solo que más fuerte. Vi como mi dios se calmó en aquellos días.
El tiempo paso y unas horas antes del amanecer, vi como mi dios salía con su madre de las puertas del palacio con varios objetos divinos.
Los dioses del lugar estaban reunidos. Con mis ojos vi el cambio de ambiente, la diosa de la comida en su aura se le veía la tristeza, coraje y remordimiento. En el dios de la sabiduría vi tristeza, arrepentimiento, enojo, felicidad.
Yo…sabia que esto era la despedida, que nunca volvería a ver a mi dios. El dirigió su vista a nuestra dirección. Tanto el señor Cachupín como yo caminamos hasta estar enfrente de él.
-Cuiden la casa, Pin, cuida como nunca la casa. Capi, se feliz y elige tu rumbo pequeño-. Tras esas palabras oímos el estruendo de las naves en las cuales los dioses de movían. El y la diosa madre subieron a dicha nave.
Llore con fuerza, no solo había perdido a mi madre hace años, ahora venia la vida y perdía a mi dios…aquel dios que me salvo, que me cuido. Aquel que me dio todo su amor…
Desde aquel día nada volvió a ser lo mismo. La felicidad en aquel palacio se fue, era todo frio y sin energía. Yo tampoco estaba bien. Fue en esos días que el dios ordenador, el responsable de todo este caos, me llevo con él.
Anduve con el unos "años", pero como todo en esta vida, así como hay un inicio, tiene que tener un final. Tal cual las palabras que mi dios profetizo, se cumplieron. Todo lo perdió. Por una discusión perdí a mi dios y por una discusión, el dios ordenador lo perdió todo.
Solo recuerdo que llegue al palacio de los cielos verdes y me quede ahí, no quería salir a otro lado. Me cerré, la tristeza, el odio, mi resentimiento a aquellos dioses que me alejaron de mi dios me hizo cambiar.
Con el tiempo enferme, no tenia noticias de mi dios. Se que el no me abandono por gusto propio, el sabia el peso de sus decisiones. Yo lo sabía, pero aun así era triste…triste morir en la "soledad" en el olvido. Lo que temía paso…la noche de luna llena, esa fue la ultima noche que vi. Me recosté en el suelo y cerré los ojos…para nunca volverlos abrir…
