3. Vidas Peligrosas

Estados Unidos — Miami Florida

Renzo era un hombre calvo, alto y con tatuajes en los brazos, solía vestir de forma despreocupada luciendo apenas un jean y una camisa negra, no necesitaba de mucho para pasar el día y cumplía a cabalidad con las ordenes de su jefe, sin embargo, aquel día subía dubitativo las escaleras de un viejo edificio, odiaba los ascensores, una mala pasada de niño, los espacios tan cerrados le aterraban. Llevaba en su mano derecha un morral repleto con cocaína el cual debía entregar a un par de clientes de Martin. Renzo no confiaba en nadie, especialmente, en aquellos dos muchachos con quienes iría a hacer tan beneficioso trato. ¿De dónde tenían tanto dinero aquellos chicos? Se la pasaban de fiesta en fiesta, borrachos y drogados. Algo le decía a Renzo que ellos no eran de fiar y que ocultaban algún secreto.

Bloc Party sonaba fuertemente en el edificio de las calles de Miami, desde el primer piso se podía apreciar la melodía y a medida que avanzaba por las escaleras el tema sonaba con más potencia, la música estaba tan alta que Renzo no era capaz de escuchar sus propios pensamientos, en cambio, su compañero quien llevaba otro maletín bastante lleno, disfrutaba de la algarabía moviendo su cabeza acorde a la canción. Caba era su nombre, un chico no mayor de veinte años, delgado de cabello negro y corto, un muchacho muy enérgico y a la vez molesto.

Renzo no estaba convencido de las habilidades de Caba, era un novato en todo el sentido de la palabra, pero a Martín le parecía una buena idea que el chico saliera y conociera a los clientes, sin embargo, ese día, había algo extraño en el aire. La cantidad de cocaína que llevaban en ambos morrales era absurda y seguro matarían de una sobredosis a cualquiera si no se manejaba con prudencia y es que lo más probable era que los chicos que iría ver no querían la mercancía para la venta sino para su propio uso y a Martín, su jefe, no le importaba de donde venía los ingresos de los jóvenes, mientras le pagaran lo acordado no tenia de que preocuparse. Tal vez en un par de semana no volvería a saber de ninguno, y eso lo alegraba aunque fuera un poco, no recordaba cuál de los dos chicos era el que tenía tanto dinero, tenía entendido que era una herencia familiar, realmente, no importaba, quería hacer la entrega y salir de allí cuanto antes.

Renzo apenas suspiró y se dirigió al apartamento, la música venia del cuarto 703, mismo en donde él debía hacer el intercambio. Caba tocó con fuerza la puerta, la música de seguro opacaría los golpes y como lo sospechó Renzo, no hubo respuesta; seguro los chicos ya estaban muertos por el consumo excesivo del alcohol.

—¡Milo, hijo de puta, abre de una buena vez! —gritó con fuerza Renzo golpeando la puerta con violencia.

Un hombre de cabellera azul, ojos traviesos y una gran sonrisa se asomó por el umbral.

—Renzo, amigo mío —saludó Milo con la mirada perdida—. Pasa, pasa. Esto es un caos.

Y lo era, Renzo y Caba pasaron la mirada por todo el desordenado apartamento, botellas de trago, colillas de cigarrillos y jeringas se hallaban tiradas por todo lado. No había un lugar en el suelo que estuviera limpio, el tapete estaba húmedo y pegajoso y varias prendas de vestir adornaban el resto del desastre. Milo apenas llevaba puesto un desaliñado jean y una camisa sin mangas de color blanco, aunque era un hombre atlético su cabello alborotado y su paupérrima vestimenta hacían que cualquiera se cambiara de cera cuando lo veían andar en las calles.

En una habitación al fondo estaba el otro muchacho, este a diferencia de Milo se veía un poco más arreglado aunque tenía su cabello aguamarina muy desordenado, su nombre era Camus y estaba tirado en el suelo junto a una hermosa señorita de cabellos verdes, ella era el espectáculo de aquel apartamento, si algo le gustaba a Renzo era llegar para verla a ella, quien siempre lucia faldas o shorts muy cortos y blusas ceñidas al cuerpo, tenía una silueta de modelo pese a su oscura vida, unos labios carnosos y unos ojos fascinantes y se contoneaba por ahí como una pantera danzando sutilmente con maravilloso encanto sensual.

—¿Quieres bajarle a la música? —ordenó Renzo cuando pudo deshacerse del hechizo de la peliverde que toqueteaba sin mesura el brazo de Camus y por un momento envidió la suerte de ese par con tan bella compañía.

Milo por su parte hizo lo que se le pidió y cuando la música estuvo en un tono normal Renzo entregó lo encargado.

—¿Es de la buena, amigo? —quiso saber Milo revisando el contendido del maletín.

—Claro que es de la buena —dijo Renzo molesto, el mal olor lo estaba empezando a marear—. ¿Tienes el dinero?

—Desde luego —contestó Milo sentándose en una mesa tirando todo lo que se hallaba sobre esta para luego tomar una laptop que estaba debajo de todo—. Dame la cuenta bancaria y ya mismo te hago el traspaso.

Renzo dudó por un segundo revisando una vez más todo el cuarto. En otras ocasiones el pago siempre era en efectivo, pero en esa ocasión la suma era absurdamente grande y Martín era exageradamente codicioso, por lo tanto no se iba a arriesgar a que algo pasara por el camino con el dinero, finalmente, Caba entregó un papel con un número extenso.

—Perfecto —dijo Milo recibiendo la información—. En unos minutos Martín tendrá su jugoso pago.

Los ojos de Milo se iluminaron por la luz del computador en lo que sus dedos tecleaban con algo de torpeza para hacer la transferencia, una delicada carcajada atrajo la atención de Renzo y Caba quienes observaron a la pareja del otro cuarto donde la chica de cabellos verdes y hermosas piernas escuchaba atenta las palabras que Camus sugerentemente le murmuraba en el oído.

—La otra vez estaba esa chica sobre las piernas de Milo —dijo Caba en baja voz a Renzo—. Me preguntó: que pito toca esa chica.

—Seguramente los dos —contestó el otro sin dejar de mirar a la mujer, quien pese a que tenia Camus a un lado no dejaba de observar a Renzo con perversa lujuria, haciéndolo refunfuñar al darse cuenta que pudo haberla pedido como parte del pago y que de seguro la hubiesen cedido sin problema—. Es una chica muy hermosa.

Renzo negó con la cabeza para apartar los malos pensamientos cuando su celular empezó a sonar con insistencia, dejando de lado a la hermosa joven, observó la pantalla de su teléfono identificando el número de quien le llamaba. Había esperado esa llamada durante meses y estaba llegando bastante tarde, pero por fin sabría la verdad sobre aquellos hombres. Le pidió a Caba vigilar en lo que él salió a contestar, apenas dio inicio a la llamada al otro lado de la línea alguien habló con afán:

—¡Renzo, son policías!

Renzo volvió de inmediato al interior del apartamento llevándose con disimulo la mano al cinturón donde descansaba su arma.

—¡Tardas demasiado, Milo! —dijo sacando con cuidado el revólver.

—Mi wifi es un poco lento —contestó Milo con cinismo en el instante en el que Renzo le apuntó para matarle, acto seguido la chica de cabellos verdes se levantó con gran velocidad y le disparó a Renzo en el brazo.

—¡Carajo! —se quejó Renzo, cuando se percató todo el apartamento era un campo de batalla, donde Caba no reaccionó de la mejor manera disparando a los aires hasta que Camus le propinó un tiro en el pecho que lo mató de inmediato—. ¡Maldición! —expresó saliendo de la habitación corriendo hasta las escaleras.

—Soy el detective Sifakis —se comunicó Milo por la radio—. Necesito refuerzos en el edificio de la avenida Clifton. Repito: necesito refuerzos en la avenida Clifton, persecuciónen progreso. Camus ve por atrás, Shaina baja por el ascensor, yo iré por las escaleras.

Los otros dos acataron las órdenes del griego, y salieron dispuestos a darle alcance a Renzo, este mientras tanto corría despavorido por las escaleras, su brazo no dejaba de sangrar. Sabía que no podía confiar en Milo y Camus, pero Martín jamás le hizo caso. Dejando la rabia de lado tomó su teléfono tan rápidocomo pudo, tenía que avisarle a su jefe lo sucedido antes de que fuera demasiado tarde, no tenía conocimiento que tanta información habían obtenido la policía, ahora sabía que había hecho bien en sospechar, ojala hubiera recibido esa llamada antes.

Entre la carrera y el intenso dolor pudo marcar el número de Martín. La salida estaba cerca,tomaría su auto, se iría y le avisaría a su jefe de todo. Ya estaba a unos cuantos pasos de la puerta, pero Shaina salió del ascensor deteniendo la carrera de Renzo quien dio la vuelta para lograr escapar por el otro lado, ya no le importaba salir, lo que importaba era avisarle a Martín.

—¿Diga? —Fue lo único que alcanzó a escuchar Renzo cuando sintió un fuerte empujón que lo tiró contra la pared haciéndole botar su celular. Camus había logrado interceptarlo antes de que pudiera hacer nada. Renzo se quedó mirando el aparato telefónico sin saber qué hacer, tal vez si gritaba, pero Milo llegó al momento levantando el móvil del suelo y dio fin a la llamada.

—Es tarde Renzo, en este momento varios policías están llegando a la casa de tu jefe.

—Sí claro, Milo. ¿Y cómo es que sabes dónde encontrar a Martín? —se burló tratando de fingir que no le importaba.

—No sabes lo mucho que se puede conseguir con una cuenta bancaria y un buen ingeniero de sistemas —enfatizó el griego divertido—. Estás arrestado.

Renzo resopló derrotado, Camus había dejado las esposas bastante apretadas y después de un par de minutos todo el lugar estaba repleto de policías y patrullas. Llevaban 8 meses encubierto, aparentando ser drogadictos. Milo, Camus y Shaina, trabajaban en la división de narcóticos y habían tenido que aparentar semejante vida solo para atrapar a Martín y su banda.

—Excelente trabajo —enfatizó Milo más relajado en lo que una patrulla se llevaba a Renzo—. Por fin acabamos con esto.

—Sí, solamente faltan los informes y seremos libres —bufó agotada Shaina—. Lo mejor de todo es que terminamos con el tiempo suficiente para ir a la boda de Marín.

—¿Debemos ir a esa boda? —inquirió Milo acongojado—. Reformulo mi pregunta, ¿debo ir a esa boda?

—Claro que debemos ir a la boda, es mi mejor amiga —acotó molesta—. Y prometiste acompañarme.

—Estoy molestando, princesa —dijo el griego tratando de abrazarla.

—¡No quiero excusas, Milo! —ofreció la chica indignada empujándolo a un lado—. Cuento contigo para que me acompañes. —Terminó marchándose del lugar.

—¿Pero? ¡Es tu culpa Camus! —comentó en un puchero Milo viendo partir a la chica.

—¿Mi culpa? —preguntó el aludido observando a su amigo—. Yo no hice nada.

No, claro, Laila es la que empezó con todo esto, si no fuera tan amiga de esa tal Marín, no iríamos a esos eventos tan horribles

—Te recuerdo amigo, que si Laila conoce a Marín es gracias a Shaina. Laila y Marín se hicieron buenas amigas desde que Shaina las presentó. Así que tu noviecita es la que tiene la culpa.

—Estaba tan sumergido en la misión, que había olvidado esa maldita boda —bufó cruzándose de brazos—. Tal vez debería iniciar una discusión con Shaina para no ir.

—Creo que eso te funcionaba cuando apenas salían —recalcó Camus levantando la ceja—. Llevan dos años viviendo juntos, ¿de verdad quieres convivir con el mal humor de Shaina, sólo porque no quieres ir a la boda? —El griego se alzó de hombros—. Escúchame bien, Milo: Irás con nosotros a la boda de Marín, porque te juro que te romperé el culo si no lo haces. No pienso ir solo a aguantarme a esas tres todo el tiempo. Vienes conmigo o te mueres Milo, ¡te mueres!

—De acuerdo, de acuerdo. ¿Por qué tanta violencia?

—Bien. —Camus sonrió causando escalofríos en Milo quien se echó para atrás—. Iré a mi casa a cambiarme de ropa y a darme una buena ducha, nos vemos mas tarde en la estación para el informe. No llegues tarde. Adiós, amigo.

—Adiós.

Estación de Policía de Miami

—Han hecho un excelente trabajo detectives. —El capitán Anderson era un hombre de cabello corto y castaño y estaba muy gustoso con el efecto que había tenido meses de investigación—. Martín Green, está tras las rejas y con él toda su banda, buen trabajo chicos.

—El mérito no es sólo nuestro señor —comento Camus, quien se veía muy diferente con su ropa bien puesta y arreglada—. El niño genio nos ayudó bastante a encontrar a Martín por medio de su cuenta bancaria, fue algo sorprendente.

—Es increíble lo que ese chico puede hacer —continúo Milo—. Hicimos bien en unirlo a nuestras fuerzas y no haberlo arrestado por hackear las bases de datos de los ricos.

—Eso es verdad —manifestó el capitán—. Supongo que ahora se irán a esa boda de la que tanto han hablado. Terminaron la misión justo a tiempo.

Milo suspiró resignado para luego agregar:

—Sí. Iremos. No tenemos otra opción.

—Sifakis, no te ves muy feliz, ¿pero quién estaría feliz con algo como eso? Un desdichado se casará, lo peor que puede hacer un hombre, es... —Pero el capitán se detuvo al ver la cara molesta de Shaina, quien siempre se había caracterizado por ser una mujer muy violenta—. No te sulfures,Giolitti. —Sin embargo el gesto de la chica no cambió pese que Anderson puso su mejor sonrisa—. Chicos, les deseo buena suerte.—Terminó el mayor, mientras que Shaina salía molesta del despacho—. Enserio chicos —dijo el capitán a los dos jóvenes que hasta ahora se disponían a salir—. Mucha suerte, y mi sentido pésame al novio.

Ambos hombres se echaron a reír y marcharon hasta sus escritorios.

—¿Sabes que es lo que más extrañaré de esta misión? —inquirió Milo caminando tras de Shaina al lado de Camus—. Las diminutas faldas de esta hermosa dama. Porque, vaya… Dime que guardaste una.

Shaina no contestó y mirando sobre su hombro se alejó de los hombres hasta su escritorio.

—Dime sino se veía muy bien Camus.

—Sí —contestó el otro sentándose en su puesto—. Pero me gusta más la Shaina seria y menos coqueta.

—Es tan ambiguo lo que dices, teniendo en cuenta a tu novia —apuntó hacia la entrada donde una hermosa mujer de cabellos color celeste caminaba con firmeza. Para nadie pasaba desapercibida tan hermosa dama de piel pálida y labios carnosos—. Ahora que lo analizo, ¿Laila le habrá prestado sus ropas a Shaina?

Camus levantó el rostro un tanto serio al escuchar los silbidos de sus compañeros cuando Laila ingresó al piso, la chica en cuestión llevaba puesta una falda corta, dejando ver sus piernas largas y bien formadas, una blusa de tirantas con un escote disimulado completaba su atuendo.

—¡Ya cayesen! —se hizo escuchar Camus y todos guardaron silencio sin dejar de ver a la joven—. ¿Laila, qué haces acá? Quedé de verte más tarde

—No podía esperar —respondió ella plantándole un beso enorme a Camus en los labios logrando levantar nuevamente los silbidos y comentarios de los demás—. ¡Cierren la boca! Hola, Milo.

—Hola, Laila. ¿Oye le prestaste tu ropa a Shaina para la misión?

—¿De qué hablas? —inquirió la chica en lo que Camus rodaba los ojos y Milo sonreía con picardía para marcharse del lugar—. ¿De qué hablaba?

—No le prestes atención —se acomodó en su asiento—. Shaina estuvo muy ligera de ropa durante la misión que Milo perdió la cabeza.

—Estoy muy contenta de que hayas terminado esa misión. No supe de ti durante ocho meses. Estaba con los nervios de punta y me tenías muy abandonada. ¿Entonces es un hecho que iremos a la boda?

—¿Cómo sabes que la misión terminó del todo?

—Shaina me contó. —Camus miró al otro lado con disgusto donde Shaina y Milo conversaban amenamente—. ¿Te molesta?

—No, para nada. Claro que iremos a la boda

—Súper. Le confirmaré a mi hermano.

—¿Nos veremos con Rydeen allá?... —Ante la mirada de Laila, Camus entendió que había hablado de más—. Bueno sé que vive en Londres, pero no sabía que lo visitaríamos.

—Claro que iremos a visitarlo. Primero, no podría ir a Londres sin visitar a mi hermano, y además, me dijo que podemos quedarnos en su casa y él está invitado a la boda también.

—¿Lo invitaste a la boda? —comentó tratando de ocultar su desagrado y no es que Rydeen le cayera mal, era solo que le incomodaba estar a su lado, como si de un mal recuerdo se tratara.

—Son cosas del destino amor. Te espero más tarde en el apartamento. —dijo acercándose al francés para murmurarle en el oído—: ¿Te quedaras conmigo esta noche? —Camus asintió gustoso besando a la chica—. Entonces nos vemos más tarde.

Laila se marchó levantando nuevamente las miradas de los hombres de lugar, el francés se quedó quieto viéndola partir. Tenía que viajar a Inglaterra y ver al hermano de su novia.

—Camus, disimula un poco que odias a tu cuñado —comentó burlón Milo

—¿No estabas hablando con Shaina? —inquirió al ver a su compañero a su lado—. No importa. No odio a Rydeen. Es que, no nos llevamos bien. Ya sabes, yo salgo con su dulce y pequeña hermana.

—Laila no es dulce.

—Para su hermano tal vez lo sea. No sé si pueda soportar a ese hombre, y siempre está con ese amigo suyo que parece un psicópata. Será una pesadilla.

—¿Crees que el tal Rydeen te dé su bendición cuando le pidas matrimonio a Laila? —preguntó socarronamente, en lo que Camus le pedía bajar la voz para que Shaina no fuera a escucharlos—. Te apuesto a que no.

—¡Cierra la boca, Milo!

Continuará...


Como soy una desocupada y la historia ya está... Retomó, no estoy desocupada todo lo contrario pero la historia sí ya está, estaré publicando Martes, Jueves y Sábado. No se les haga raro que suba de a dos capítulos o que empiece a publicar a diario. Esto es más porque tengo otros temas que atender en los próximos meses.

Pueden encontrar las imágenes de algunos personajes en Ao3, Wattpad o en mi página de Facebook.

Mil gracias por leer, especialmente, a mis chicas que nuevamente están pendientes de esta historia. Un abrazo.