INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ.
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Un error agridulce
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Capítulo 8
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DEDICADO A LIN LU LO LI
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Esa mañana se levantó muy temprano para poder hacerlas.
Siempre llevaba su propia comida al trabajo, pero hoy necesitaba hacer algo especial.
Sango siempre le decía que los macarrones con queso le salían delicioso, y a eso unirle unas albóndigas, eran la gloria. Era justo lo que Kagome preparó para llevar al trabajo, el que perdió por unas horas y que recuperó con un aumento.
Ese dinerito le iba muy bien y estaba particularmente emocionada.
Esa mañana en vez de ir directo a su cubículo a enfrentar el día y al propio Bankotsu, cuyo rostro le daba curiosidad luego de su horrible despido, fue a buscar a la persona que necesitaba en su habitad natural.
Cuando cruzó el umbral de aquel piso, le parecía haber entrado a otra dimensión.
Era prácticamente una gran sala llena de monitores, computadores y otras cosas que Kagome no tenía idea.
Habia varios empleados anotando y revisando frente a las pantallas que ni siquiera la miraron cuando pasó cerca. De todos modos, Kagome no los buscaba a ellos.
Jakotsu estaba sentado frente a varios monitores en el fondo en una posición que le permitía ver a todos los demás funcionarios.
Estaba muy concentrado en su trabajo, pero cuando notó que Kagome pasaba hacia él, inmediatamente frunció el ceño.
—No recuerdo haberte invitado, niña ¿o te equivocaste de piso? Si es así, menudo despiste el tuyo porque mi piso no huele a zorra barata como Tsubaki.
Pero Kagome no se ofendió.
Ese hombre le salvó la carrera.
—No es una equivocación, vine a verte a ti —le dijo con una sonrisa.
—Se ve que tienes bastante tiempo libre ¿y a que debo ese dudoso honor?
—Te traje esto —le pasó la vianda con la deliciosa comida que cocinó más temprano—. En tu perfil de Instagram dice que te gusta los macarrones y las albóndigas.
Jakotsu pestañeó, pero cogió la vianda.
—Así que también eres espía —se acercó a olerlo—. ¿No tienen veneno?
—¿Por qué dices eso? Son completamente caseros, no son refritos de supermercado.
—No será extraño que intentes envenenarme…porque soy el hombre que conoce todo tu historial de navegación en la web y otras cochinadas que miras cuando Banky no está torturándote —le guiñó el ojo.
Kagome rió.
No podía enojarse que él la espiara, además tampoco le decía mentiras ya que se entretuvo mirando unas fotos de unos actores famosos con ropa de playa.
—Es un agradecimiento por defender mi posición en la firma y mostrarle la verdad al socio director.
—Ah, era eso…pues no ha sido nada —se acercó a oler la vianda—. Esto huele delicioso y definitivamente no lo hiciste tú ¿de qué bar compraste esto?
—Los hice yo misma y la salsa de las albóndigas está muy buena. Lo prometo.
Jakotsu volvió a sentarse con una sonrisa enorme en la cara.
—Te anotaste un punto o quizá medio punto, eso tendré que decidirlo luego de probarlo.
Kagome se hubiera querido quedar conversando con su nuevo amigo, pero no podía permitirse llegar tarde en su nuevo primer día.
Además, había cosas que debía terminar y entregar al jefe hoy. Y no sabía que humor tendría luego de haberlo presionado por el aumento.
Cuando llegó a su cubículo fue consciente de las miradas y los cuchicheos a su alrededor.
Cuando Tsubaki pasó junto a ella, le dirigió una mirada feroz.
Pero no importaba esa mañana Kagome podía sentirse como una vencedora así que ignoró los murmullos y se puso a trabajar en el par de informes.
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Bankotsu estuvo reunido toda la mañana así que no tuvo tiempo de ocuparse en la asistente que lo derrotó el día anterior.
Sabía que ella regresó porque Evelyn le avisó que ella trajo unas copias de unos documentos para revisar.
Luego de la última reunión, que era con unos clientes petroleros que representaban la tercera mejor facturación de la firma, revisó su agenda que estaba repleta de reuniones para el día.
Sabía que, como socio director, su trabajo era mayormente supervisar y ordenar a otros socios, pero extrañaba un poco el cuadrilátero.
Pidió a Evelyn que le ordene la comida de su restaurante exclusivo favorito y abrió el sobre que Kagome dejó en su mesa.
Contenía un informe sobre un cliente con problemas con un sindicato. Era un caso que pensaba delegar en Hiten Ross quien era un socio principal especializado en Litigios Laborales.
Pero mientras más leía el impecable informe quedaba aún más sorprendido ya que incluso encontró un apartado con unas sugerencias de estrategia que estaban perfectamente hiladas.
Ni los asociados de primer año podrían haber hecho algo así.
Ya tenía reconocido que Kagome destilaba talento y era una pena que su ambición la hiciera utilizar otros mecanismos innecesarios.
Recordaba vagamente de su currículo que apenas acudió un año a la universidad y aunque tenía experiencia en Boston, a Bankotsu le daba curiosidad como es que una simple asistente paralegal pudiera tener los conocimientos y la forma de conducirse de asociados experimentados.
Quiso la casualidad que Evelyn le avisó que Kagome regresó para traer otros informes y fue ahí que pidió a su secretaria que la dejara pasar.
Tenía una curiosidad que necesitaba ser saciada.
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Estaba un poco cansada y cuando la secretaria de Bankotsu le dijo que el jefe quería verla, frunció los labios. Nunca sabía que esperar de aquel hombre.
Cuando cruzó el despacho, él estaba sentado y en sus manos el informe que trajo más temprano.
Lo más seguro es que encontró errores y la regañaría.
—Tengo que reconocer que no tenía ninguna fe en su trabajo y cada me sorprende más su capacidad. No puede ser sólo por la experiencia de haber trabajado en una firma en Boston —la inesperada apreciación de Bankotsu la tomó por sorpresa.
Por unos segundos se asustó un poco porque era claro que él leyó su currículo recientemente pero luego recordaba que ella misma solicitó a Recursos Humanos que sellaran la parte donde figuraba que era madre soltera.
—¿Por qué ¿—le preguntó esa vez la encargada del despacho
—Porque no quiero que los jefes sientan que no puedan encargarme trabajo pesado solo porque tengo niños en casa. Quiero que sientan que pueden ordenarme todo el trabajo posible sin lastima.
Aquellas palabritas le sirvieron y por ello ninguno de los jefes o compañeros sabía de aquel pequeño detalle.
Recordaba haber hecho esa gestión luego de enterarse de que Bankotsu trabajaba allí.
Por supuesto si un jefe insistía, el sellado desaparecía, pero Kagome estaba segura que nadie pediría saberlos.
Bankotsu le miraba fijamente.
Parecía que era capaz de traspasarla con sus ojos celestes.
—¿Te han comido la lengua? —insistió él
—Me crie en una firma…en Boston mis padres tenían una y desde niña me empapé de todo los que hacían ellos.
—¿Tu familia tiene una firma? No leí eso en tu resumé —él arqueó una ceja desconfiado.
A Kagome le apenaba recordar esto.
—Es que no vale la pena hablar de ello, mis padres perdieron su firma poco antes de que la tumba también se los llevara. Ahora ya no existe y ya no importa —Kagome no pudo evitar nublar sus ojos al recordarlo y pensar en sus odiosos tíos quienes ahora dirigían la que fuera la firma fundada por sus padres.
Bankotsu cambió su expresión. No parecía esperar aquella confesión y hasta notó un cambio en el brillo de sus ojos ¿Compasión quizá?
El hombre abrió la boca para decir algo y Kagome hubiera querido oírlo, pero fueron bruscamente interrumpidos por los pasos apresurados de Evelyn.
—¡Señor Donovan! —Evelyn entró corriendo con un grueso de papeles en la mano que entregó a su jefe—. Acaba de entregarlo un mensajero.
Bankotsu lo cogió y leyó unas líneas.
Notó que la sorpresa y el desconcierto se adueñaron de él.
Evelyn permaneció también y se mordía los nudillos.
Él se incorporó bruscamente arrojando los papeles al suelo.
—¡Están demandando a la firma …y en particular a mí por mala praxis y piden cien millones de dólares como compensación!
—¿Qué? —Kagome fue la nueva sorprendida, pero procuró mantener la calma y se agachó a recoger la demanda del suelo.
Leyó entre líneas y en efecto era una demanda por negligencia.
—¿Era un cliente? —preguntó Kagome
—Es un caso que manejé hace cuatro años y donde no fuimos a juicio porque el cliente prefirió hacer un trato con la demandante. Tiempo después dejamos ir a ese cliente que era una compañía que nos producía escasas horas facturables ¡y ahora me demandan!
Kagome colocó los papeles sobre la mesa.
—Solo dígame que hacer —ofreció Kagome
Bankotsu volvió a echarse al sillón.
—Busca a Hiten y dile que lo necesito enseguida en mi oficina. Re agenda todas mis citas —ordenó a Evelyn quien salió corriendo y luego miró a Kagome—. Tu irás a la sala de archivos y buscaras todas las cajas del caso Lippson fechado hace cuatro años —le pasó la copia de la demanda—. Buscarás detalladamente al motivo por el cual me demandan, ellos alegan que yo recibí información pericial que ignoré y di consejos que los llevaron a hacer un trato cuando hubieran podido ganar el juicio ¡maldición!
Kagome cogió el papel y salió corriendo a cumplir la orden.
Que un abogado fuera demandado y también su firma era un asunto peligroso. Además de perder dinero, se perdía prestigio y confianza de otros clientes.
Kagome sabía de eso más que nadie por la experiencia de su familia.
No sabía cuándo tardaría Bankotsu en informar a la junta de socios acerca de aquella demanda, pero nadie podía enterarse por accidente por su culpa, así que guardó las copias de la demanda en su carpeta para que nadie las leyera ni por casualidad mientras ella rebuscaba cajas y cajas de archivo.
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Bankotsu estaba furioso y llamó a pedir explicaciones al propio CEO actual de Lippson, su anterior cliente.
—Se nota que tienen tiempo libre como podría esperarse de una compañía de segunda que demanda a sus anteriores abogados para cubrirse el trasero ¡jamás recibí informe pericial alguno!
—Señor Donovan, usted como abogado sabe que no puede hablar con nosotros sin la presencia de nuestro abogado.
—Al diablo con eso y ustedes saben que los dejé ir por sus números no representaban sumatoria para mi firma ¡y se atreven a demandarme por algo que jamás vi!
Del otro lado el CEO de Lippson estaba pasmosamente tranquilo.
—No emitiré ninguna opinión y siguiendo el consejo de nuestros abogados, no volveré a atender su llamada. Esperaremos un trato o nos veremos en la corte, señor Donovan.
Acto seguido le colgó.
Bankotsu arrojó el teléfono al suelo.
—El desgraciado se atrevió a cortarme en el rostro.
Hiten Ross, un socio principal que también era amigo de Bankotsu se encontraba con él en el despacho. El socio director lo hizo llamar para analizar con él la situación y además porque Hiten hizo algunas asesorías en aquel caso.
Antes de destapar la demanda a la junta de socios, prefería conocer a fondo todas las aristas.
—Lo único claro es que, con esta demanda, se elimina la confidencialidad que hubo alguna vez entre tú y Lippson —comentó Hiten sentado en el sofá de la oficina mientras seguía leyendo la demanda.
Bankotsu se presionó el puente de la nariz.
—¿Quién es el abogado? —preguntó.
Hiten volvió a echar un vistazo a los papeles.
—No lo reconozco.
—O sea que siquiera contrataron una firma de primera para ir contra mí, sino a un perdedor cualquiera.
—O peor —comentó Hiten—. Que sea solo un nombre de paja para ocultar a los verdaderos artífices y no sería extraño que lo hiciera cualquier otra firma de Manhattan deseosa de recoger los vestigios que queden.
—¡No lo permitiré! —gruñó Bankotsu—. La demanda es una falacia y una mentira.
En ese momento Kagome entró nuevamente al despacho, con el cabello desordenado y la ropa arrugada. Llevaba tres horas encerrada en la sala de archivos y traía mala cara.
A Bankotsu no le gustó el gesto que traía la joven.
—¿Encontraste algo?
La mujer lucía consternada y extendió una carpeta. Bankotsu se apresuró en cogerlo para abrirlo.
Nota pericial
Tenía fecha y hasta un cargo de recepción en la oficina de Bankotsu.
—¿Qué carajos? Nunca en la vida había visto esta cosa —aludió Bankotsu dándole vueltas al papel.
Él estaba seguro de jamás haber visto ese documento.
Hiten lo vio y lo cogió para mostrárselo a Evelyn afuera, quien dijo que eso nunca fue recibido en la oficina. Pero tenía sellos y fechas.
Como si Bankotsu lo hubiera visto y recibido.
Si él hubiera utilizado ese documento, el litigio se hubiera resuelto de forma satisfactoria a favor de Lippson.
Estaba quedando como un inoperante y no le gustó nada.
Vio el rostro agitado de Kagome y eso lo puso aún más furioso.
Hiten se incorporó acercándose al grupo.
—Me llamaste porque deseabas mi parecer como abogado.
—No te hubiera avisado de no ser eso.
—Si vamos a juicio, además de agotar recursos humanos y monetarios, la confianza hacia nuestra firma se vería afectada porque sería un juicio muy publicitado —advirtió el joven—. Mi consejo legal es que hagamos un trato, sellar esto y pagarle algo por su silencio. Podríamos negociar un monto acorde.
—¡No me gusta negociar cuando yo tengo la razón! —bramó Bankotsu
Él estaba seguro de que su asesoría legal a Lippson fue impecable. Siempre fueron malos clientes y ahora ¿demandando a su anterior abogado?
—¿Qué quieres que hagamos? —preguntó Hiten
Bankotsu se levantó, cogió su chaqueta y se dispuso a salir.
—Me tomaré el resto del día, necesito pensar en esta tontería —adujo y miró a Kagome quien aguardaba expectante—. Mantengan la boca cerrada sobre este asunto ya que mañana informaré a la junta —volvió a mirar a Kagome—. Termina los pendientes que tenemos y asegura de sellar las cajas de la sala de archivos del caso Lippson.
Bankotsu estaba seguro que su voz sonaba ridículamente amable pero no se sintió mal por ello ya que Kagome ya no le causaba esa repulsión inicial. Claro, que seguía teniendo sus prejuicios, pero hasta él debía reconocer la valía de la joven.
El socio director salió del despacho rumbo hacia la zona del valet. Un coche vendría a recogerlo para pasar a cambiarse a su piso y después tomar un viaje inesperado, con lo poco que le gustaban las sorpresas.
De forma urgente necesitaba buscar consejo de la persona en la que más confiaba en el mundo.
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Cuando Bankotsu llegó luego de un par de horas de viaje en coche conducido por su chofer personal sólo portaba un bolso pequeño porque no tenía intención de pasar más de una noche allí.
Mañana debía volver a la oficina y enfrentar este problema.
La esplendida mansión en los Hampton que visitaba le traía muchos recuerdos, aunque en la actualidad él poseía la suya propia a pocas manzanas de allí, siempre le parecía fascinante verlo.
Le recordaba a su madre sentada en la mesa del jardín leyendo libros de derecho o con una libreta diseñando estrategias legales.
Antes sólo era la casa de verano de Kagura Donovan, hoy era el sitio donde la anterior socia directora de Donovan Lawyers decidía pasar su jubilación y disfrutar de su retiro leyendo y escribiendo.
Era la hora de la cena y Bankotsu no se extrañó encontrar a su madre con algunos empleados a punto de disfrutar una comida ligera.
La mujer se alegró sinceramente de ver a su hijo. Lo invitó a comer, aunque por su mirada, Bankotsu supo que su madre ya sabía que algo andaba mal.
Estaban ya disfrutando una botella de vino en el jardín, cuando Kagura lo enfrentó.
—Nunca vendrías a verme en plena semana laboral ¿Qué te ocurre, hijo?
Bankotsu bebió un sorbo antes de explicar el ultimo drama acaecido mientras Kagura le escuchaba atentamente.
El abogado estaba malhumorado por este asunto.
—Tengo la idea de que esto vaya a juicio y planeo despedazarlos, será un caos eso puedo prometerlo —comentó Bankotsu con los ojos brillantes de ira.
—Pero aun así quieres mi consejo pese a estar decidido a embarcarte en un juicio que podría ocasionarte muchos problemas, sin contar que la firma podría estar en boca de todo del mundo.
—No hubiera venido si no necesitara escuchar tus palabras ¿Qué harías tú? —preguntó Bankotsu a su madre.
—Un trato.
—¿Qué?
—No es una orden porque no puedo exigirte, pero el mejor consejo legal que se me ocurre es que hagas un trato y lo honres. Sepulta esta tontería con dinero y en algún lugar del camino volverás a toparte con ellos para vengarte apropiadamente —la mujer bebió otro sorbo del exclusivo vino—. ¿No recuerdas la frase de los Lannister? Que ellos siempre pagan sus deudas, pues los Donovan también somos así.
Bankotsu rió de buena gana.
En el fondo él también creía que un trato debía servir, pero estaba demasiado enojado que esos imbéciles se la estuvieran jugando.
—Estoy seguro que ellos me ocultaron ese informe pericial por algún motivo…
Kagura suspiró.
—Tú decides, hijo mío —aclaró la mujer—. Ya he dicho lo que deseaba decir. Queda en ti tomar la mejor decisión por tu no nombre y por la firma.
—Mañana informaré a la junta de socios sobre esto…
—Entonces ¿dormirás aquí o en tu casa? O ¿regresaras a Manhattan? Por dios, deja descansar a tu pobre chofer.
—Me convencieron tus espaguetis así que dormiré aquí, pero en mi casa.
Kagura sonrió de lado.
Bankotsu sabía que nunca era error pedir consejo a Kagura Donovan y le daba razón a su idea.
Pero pese a todo estaba decidido a jugársela en la corte y destruir a esos Lippson.
Mañana informaría a la junta de socios acerca de su decisión de ir a juicio.
CONTINUARÁ
Hermanitas, este capítulo tocaba el domingo y tuvo un par de días de retraso ya que se supone que esta semana deben salir dos capítulos más, espero poder lograrlo.
GRACIAS AIDÉ, PAULITA, IMAG04, CONEJITA, LUCYP0411, NEFFER, SAONE TAKAHASHI, ANNIE PEREZ, LIN LU LO LI, BENANI0125.
NOS LEEMOS PRONTITO
PAOLA
