Red Velvet
Capítulo 125: Viva
…
Pudo sentir el brillo de la luz del sol entrando por la ventana.
Obviamente se olvidó de cerrar apropiadamente las cortinas.
Y agradecía que este no diese directo, o sí que estaría enfadada, con su yo del día anterior, sobre todo.
Se removió, acomodándose en la cama, teniendo que mover su cabello en el proceso, el cual estaba amarrado en una trenza, Ruby siempre trenzándoselo cuando salían de la ducha y se iban a dormir, y a pesar de que prefiriese tratárselo con más cuidado, y eso hacía en casa, no le molestaba, sentía que era algo muy de Ruby, el jugar con su cabello así, así que siempre se lo iba a perdonar.
Nunca usaba trenzas a menos que fuese Ruby quien se lo trenzase, de hecho, dudaba siquiera saber cómo trenzar la cantidad de cabello que tenía.
Luego de quedarse unos minutos despierta, sin volverse a dormir, terminó abriendo los ojos, y vio a Ruby durmiendo de estómago a su lado, usado sus brazos como cojín, y estaba segura de que cuando despertase, le iba a doler aún más el cuerpo de lo que debía de dolerle. A ella misma le dolía todo, no quería pensar como estaba Ruby.
Y al menos la veía descansando, su expresión tranquila, así que esa era una buena señal.
Ahora, con la luz del día, podía notar su espalda expuesta, y si, cuando se duchaban y decidían descansar, se ponían ropa, claramente, porque o si no, era una tentación, pero Ruby no se puso nada arriba, porque bueno, había unas ciertas marcas en su espalda, y ardían la noche anterior, así que esta prefirió no ponerse nada.
Claramente era una tentación, no iba a mentir.
A pesar de saber que ella misma hizo esos rasguños, terminó llevando una mano a la zona, la cual estuvo afiebrada, pero ahora ya no, pero podía sentir como estaba ligeramente levantada la piel, aun hinchada. No se había fijado, pero había logrado sacar un poco de sangre.
Se vio mirando las uñas, y agradecía el haber tomado esa decisión, tiempo atrás, de tenerlas más cortas, o si no, esas marcas hubiesen sido heridas, y si bien disfrutaba de hacerlas, tampoco quería darle más cicatrices a Ruby.
Aunque estaba segura de que a Ruby le importaría bien poco, esa mujer como siempre tan despreocupada. Le podía hacer un montón de cosas, y sorprendente no le importaba, nunca decía Red Velvet ni siquiera lo intentaba decir. Ruby estaba dispuesta a todo, incluso con lo que le podía hacer daño, solo se guiaba por el momento, sin medir demasiado las consecuencias.
Y así había quedado con cicatrices en las muñecas, siempre impulsiva.
Así la quería, claro, amaba a su mujer, pero vaya que sufría al verla lastimada.
Sin embargo, recordaba lo que hicieron en la noche, y esta no parecía en lo absoluto molesta como habían sucedido las cosas.
Terminó acercándose, apoyando el rostro en la espalda a su disposición, y Ruby estaba cálida, siempre, pero estaba segura de que su rostro lo estaba aún más. No debía ponerse a pensar en esas cosas, que ciertamente se había pasado. Aún sentía la pelvis adolorida, así como las piernas y la cadera, y no creía que pudiese hacer nada más, y era una tragedia, porque quería disfrutar al máximo cada momento del día, y deseaba tener más resistencia.
Soltó un suspiro, y posó una mano en la espalda baja de Ruby, bajando un poco las sabanas solamente para volver a tener su tatuaje a la vista, y ahí, con el dedo, comenzó a delinear la tinta, y ahí comenzó a calmarse un poco, concentrándose en eso.
Lo que sentía, la fuerza de sus emociones era sin duda un enigma.
No creía que fuese posible el estar tan atraída a una persona, el quererla tanto, el desear estar todo el tiempo a su lado, pegadas la una con la otra, y era un alivio que Ruby fuese igual con ella, se sentía bien, como si estuviesen conectadas de una manera intangible.
Se sentía en un sueño, si, etéreo, pero también se sentía viva.
No es que antes se hubiese sentido muerta o algo así, y de así haber sido, su vida hubiese sido mucho más fácil, pero no estaba viviendo la vida que tenía. Estaba sufriendo, haciendo las cosas en piloto automático, existiendo, pero no viviendo.
Ahora no.
Ahora vivía cada día, disfrutaba cada día, y recordaba cada día, porque cada uno era especial a su manera, y el irse a dormir, y saber lo que hizo en el día, lo que sintió en el día, lo que aprendió, lo viva que estaba a cada momento, y eso la hacía feliz.
Incluso algo tan malo como la muerte, lo vivió, lo sintió, sucedió, no fue como ver una película, como recordaba la muerte de su abuelo, de su madre, solo episodios de una vida que no era la propia, y se sentía tan despojada de su propio cuerpo.
Y agradecía cada día que ya no fuese así, porque si así fuese, seguiría sintiéndose miserable.
Y no iba a permitir el volver a estar dentro de ese agujero.
Volvió a soltar un suspiro, pero este menos agobiado, un suspiro tranquilo, mientras volvió a acomodarse en el cuerpo cálido ajeno, sus ojos fijos en la tarea que sus dedos hacían de manera inconsciente.
Por Ruby vivía, e iba a seguir viviendo cada día que le quedaba, por más breve que fuese.
Esa era su forma de ganarle al mundo, al destino.
Dio un salto cuando escuchó una risa, sacándola de sus pensamientos.
"Me haces cosquillas."
Oh.
Se removió, volviendo a acomodarse en su lado de la cama, mientras Ruby se movía, dejando la mala postura en la que estaba durmiendo, quedando más erguida, su mano yéndose al tatuaje, rascándose, intentando quitarse la sensación que sus dedos dejaron, y esta se rascó con más fuerza, rozando una de las marcas rojas. La escuchó soltar un grito mientras se dejaba caer en la cama, su rostro enterrándose en el colchón, su grito sonando, pero ahora leve.
Rodó los ojos, y llevó la mano donde estaba el tatuaje, acariciando la zona, rascándola de cierta forma, pero despacio, lo que Ruby debió haber hecho.
"No hagas escándalo tan temprano."
La regañó sin dudar, los gritos en la mañana eran demasiado para ella.
Una de las razones por las que sabía que no podría ser madre, despertar así, la haría tirarse de su edificio.
Ruby le pidió perdón, su rostro aun enterrado en el colchón, así que apenas y le entendió, su cuerpo completamente tieso.
Creía que el grito no era solo por rascarse.
Se acercó a esta, acomodándose a su lado, de nuevo siendo imposible quedarse lejos. Y si, era peligroso, Ruby estando sin nada en el torso, pero debía ser fuerte, no creía que ninguna de las dos pudiese hacer algo intenso, y ellas solían siempre decantarse por algo intenso, perdiendo por completo cualquier atisbo de precaución.
No soportarían otra ronda.
"¿Qué te duele, Ruby?"
Y Ruby soltó un quejido, un sollozo.
"Me duele todo."
Para su sorpresa, esta se removió, quejándose, por supuesto, ante el dolor de su cuerpo, pero si bien creyó que esta se pondría de espaldas, no, se quedó de lado, y estiró los brazos, atrapándola a ella, acercándola a su cuerpo.
Importante recalcar que su cuerpo estaba desnudo.
Era demasiada tentación desde tan temprano.
Ruby la sujetó con fuerza, gimoteando, dolorida.
"Si te duele tanto no te muevas entonces, idiota."
Si, siempre despreocupada e impulsiva.
Ruby no le hizo caso, simplemente enterró el rostro en su cuello, y ahí se quedó, manteniéndola firme, a costa del dolor en su cuerpo.
"Me dijiste que la semana siguiente vas a estar ocupada con lo del viaje del viernes, organizando todo, y no voy a poder verte en ningún momento, no voy a alejarme de ti ni un segundo."
Cierto, lo estaría.
Iba a tener que ver el tema del vuelo, luego la estadía, y tener un itinerario, su padre queriendo hacer algunas cosas, y tenía que confirmar todo con su hermano, así que tenía que dejarlos a los dos tranquilos con eso. No habían viajado juntos hace mucho tiempo, así que era algo importante y especial y quería que todo fuese lo más cómodo y agradable posible.
No iba ni siquiera a decir perfecto, pero esperaba que fuese lo más parecido.
Perfecto también era una palabra que solía molestarle, pero ahora que lo pensaba, ya no.
Realmente ya estaba en su mejor momento.
Obviamente todo era por una buena razón, y estaba entusiasmada, pero siempre estaba el factor Ruby, y solía verla todas las semanas, se le había hecho una rutina. Al principio no la veía en un largo tiempo, semanas, incluso de un mes para otro, pero ya no era lo mismo, ahora tenía la necesidad de estar a su lado.
Se sentía viva, tan viva, y no podía coartarse esa felicidad.
Así que también estaba triste por aquel suceso.
Ojalá poder desdoblarse.
No dijo nada, solamente abrazó a Ruby con la misma intensidad, intentando no rozar sus marcas o la mordida de su espalda que de seguro se iba a poner morada, probablemente también la de su cuello. No quería hacerle más daño del que le provocó.
Ruby, siempre perceptiva, notó el gesto, y la notó sonreír en su cuello, dejando su postura triste, derrotista.
"Pero no importa, estaré bien, además me dejaste tan adolorida y marcada que te tendré en la mente toda la semana."
Y ahí no pudo evitar soltar una risa.
Que románticas eran ah.
Aun así, se vio enrojeciendo, y menos mal que Ruby no veía su rostro.
Si que la había marcado.
"No me hagas enfadar, o volveré a hacer lo mismo."
Intentó mantener su ego en alto, el recordarle a Ruby que no podía burlarse de ella gratuitamente, pero esta solo rio, acomodándose más en su cuerpo, y a pesar de estar usando ropa, podía sentir el de Ruby sin problema.
Piensa en trabajo, piensa en trabajo.
"Te haré enfadar más seguido entonces."
Soltó un gruñido, pero se sentía hervir.
Se lo imaginó.
"¿Dónde está tu sentido de supervivencia, Ruby?"
"Creo que no tengo."
Ruby mencionó, saliendo de su escondite, sonriendo animada.
Por supuesto que no.
Negó, y evitó esos ojos plateados tan vivos a esa hora de la mañana, ya estaba muy roja y no quería que la situación escalase. Le dolía todo y a Ruby también.
Piensa en números, Weiss, cálculos, reportes semanales, lo que sea, todo menos en lo de anoche.
Realmente se había pasado, y agradecía, inmensamente, que Ruby aun estuviese ahí, a su lado, abrazándola, aceptándola, incluso con su temperamento, con su personalidad sucia y retorcida. Tenía claro que más de alguien, al haber hecho lo que hizo, no querría ni siquiera verle la cara, habría huido, de hecho, estaba segura de que si hubiese ocurrido algo así con alguno de los novios que tuvo cuando era más joven, estos hubiesen iniciado una cacería de brujas en su contra.
Menos mal que, a pesar de haberse vuelto loca en esa época, haciendo cosas que no debía hacer, seguía siendo una persona recatada, inocente para esas cosas, así que nunca habría llegado a ese punto.
Probablemente, si hubiese llegado a pasar alguna situación así, lo habría hecho más por desprecio que por territorialidad, y tenía sentido.
Es que era Ruby, la quería para ella, solo para ella, y podía llegar a unos límites inimaginables con tal de sentirse satisfecha.
Y ahí estaba Ruby, sonriente, feliz, tranquila para lo cansada que estaba.
Realmente tuvo suerte.
Se giró, solamente para que sus ojos chocaran con los de Ruby, pero esta ya los tenía cerrados, cómoda en la posición nada cómoda que escogió, pero a su lado se veía tranquila, así como ella estaba tranquila al lado de Ruby. Disfrutaban cada momento, vivían cada momento, y eso era algo que le apasionaba, que le encantaba.
Si, no quería ser pesimista, pero conocía la suerte que tenía su nombre, así como el de Ruby, y la idea de morir trágicamente nunca iba a dejar su cabeza, porque había pasado antes, y le podía pasar ahora. Ruby lo pensó el día anterior, temiendo lo mismo, como podía pasar cualquier cosa y ella no volvería. Se subiría a ese avión y no volverían a verse.
No era una buena forma de pensar, pero era realista, ambas eran realistas, y sabían lo frágil de la vida, y lo que estaba en juego.
Pero, si bien quería hacer muchas cosas con Ruby, debía admitir que, si moría en ese segundo, iba a irse tranquila, porque en esos pocos meses, en ese año, había vivido como nunca, había disfrutado los breves momentos, había sido inmensamente feliz. Ruby no solo le abrió las puertas para conocerse a sí misma, sino que también la ayudó a conocer a su familia, de conocer a personas maravillosas que rodeaban su mundo, y eso era más de lo que obtuvo en los últimos años.
Si fuese a morir antes, se sentiría decepcionada, porque vivió una vida vacía, porque estuvo todo el tiempo moviéndose, siendo guiada por la marea, pero nunca existió como persona, no tuvo la oportunidad de ser ella misma, de disfrutar, de sentir, de vivir, pero ahora, ahora no, se podía ir sabiendo que, a pesar del poco tiempo, vivió como nunca, y estaría infinitamente agradecida.
Obviamente, tal y como dijo, si existía un Dios, si había alguien ahí que moviese los hilos de su existencia, iba a decirle un par de cosas a la cara, porque era ridículo que le diese una vida tan precaria, y luego una tan maravillosa, y se la quitase tan pronto.
Pésimo servicio, cero estrellas.
Bueno, tal vez una por ese último tiempo, pero, aun así, no las suficientes.
Se vio soltando una risa, recordando como solía jugar con las estrellas en aquel tiempo, sin darle a Ruby la última que necesitaba para dar un servicio perfecto, y no iba a dejar de causarle gracia las caras que esta ponía, entristeciéndose, sintiéndose decepcionada, pero luego le sonreía y le prometía que lo haría mejor la próxima vez.
Y debía admitir, que incluso ahora, Ruby siempre, cada día, mejoraba aún más.
Se vio negando, no, dijo que no iba a pensar más en eso.
Notó como Ruby abrió un ojo, mirándola, curiosa, notando como estuvo pegada en sus pensamientos, sin querer dejándose en evidencia, y como solía dejarse en evidencia.
"¿Todo bien?"
Ruby le preguntó, y asintió, removiéndose, acomodándose frente a Ruby, para luego sujetarla de las mejillas, estas cálidas, suaves, perfectas.
"Solo estaba pensando en lo mucho que me gustabas cuando te conocí."
Ruby pestañeó un par de veces, incrédula, y notó algo de rojo en esta, su honestidad tomándola por sorpresa.
"¿Ah sí?"
A pesar de su risa divertida, como si intentase reírse de ella para dejarla en vergüenza, y así quitarse a sí misma la propia, no pudo. No dejó que eso le afectase, porque era así, realmente le gustaba mucho Ruby, porque vaya estupideces que hizo, vaya que rompió reglas con tal de verla, y realmente sentía que había pasado una eternidad de eso. A pesar de lo brumosos que fueron esos días, tan intensos, con tantos problemas que tuvo que lidiar, sí que recordaba los momentos con Ruby, perfectamente nítidos en su cabeza, cuando todo lo demás era un desastre.
Pero aceptaba eso, no eran cosas que quisiera recordar, así que no le importaba que simplemente desaparecieran de su mente.
"Por supuesto."
La risa burlesca de Ruby se convirtió en una simplemente nerviosa, los plateados dejaron de mirarla, sin poder contra su propia mirada.
Había ganado esa batalla.
Se acercó, y la besó, aprovechando la distracción de Ruby, y esta, se vio sorprendida, pero de inmediato reaccionó, besándola de vuelta, los brazos ajenos abrazándola con más firmeza, una mano en su espalda y la otra en su cintura, y se vio más apegada a aquel cuerpo del que intentó rehuir lo más posible para no caer en la tentación, pero no podía evitarse.
Al final, esa era su vida, y le gustaba vivirla así, al máximo, incluso a costa de su energía, pero no importaba, eso le recordaría esos momentos, los mantendría frescos en su memoria, porque cada segundo con Ruby era memorable, y pretendía que así siguiese siendo.
Su vida no era vida sin Ruby.
Se separó unos momentos, la boca ajena siguiéndola por un momento, pero aceptando el descanso. Podía notar en su mujer una mueca más cálida, sus cuerpos reaccionando al tacto, enloqueciendo, y estaba segura de que su rostro era similar.
Pero quería decir algo, e iba a decirlo ahora.
"Contigo mi vida tiene sentido, Ruby, y agradezco cada día el haberte conocido aquel día, y que fueses exactamente lo que necesitaba para volver a vivir, para ser yo misma, para empezar de nuevo."
Notó como los ojos cálidos de Ruby, nublados, grises, brillaron de un momento a otro, siempre tan expresiva, y su sonrisa creció, aceptando sus palabras, adorándolas. Las manos en su cuerpo se aferraron a su carne, apegándola incluso más de lo que ya estaban, y creía que un poco más de presión y terminaría dentro de Ruby, y como desearía que eso fuese posible, así jamás estarían separadas.
Si, le gustaba su independencia, su individualidad, pero no iba a negar que adoraría tener a Ruby para siempre a su lado, así fuese de una manera tan drástica.
Ruby asintió, acercándose, besándola una vez más, pero más levemente, lentamente, degustando su boca con paciencia, con dedicación, y le siguió el ritmo, disfrutando de cada segundo, hasta que acabó, Ruby alejándose, solamente para que sus ojos pudiesen verse.
"Mientras tú me aceptes, Weiss, haré todo lo que pueda para hacerte feliz, porque mereces ser feliz."
Y era feliz.
Ruby la hacía inmensamente feliz, y por Dios que quería hacer a Ruby así de feliz, y esperaba, algún día, poder ayudar a sanar todas las heridas que Ruby llevaba encima, el poder hacer lo mismo que hizo por ella, el ayudarla a vivir.
Ruby era fuerte, podía con todo, siempre se levantaba, siempre seguía hacia adelante, incluso en sus peores momentos seguía luchando contra el destino para vivir.
Y quería alivianar esa carga lo más posible, y esperaba, algún día, el hacer eso posible.
Iba a hacer lo que pudiese para lograrlo.
Porque Ruby era su vida, y quería que Ruby viviese sin los fantasmas del pasado, sin el dolor, que bien ocultaba, pero ahí estaba, siempre ahí, depredando desde la oscuridad, y quería decírselo, pero no quería hacer que recordase, no quería arruinar el momento, así que abrió la boca para decir lo que si podía decir, lo que iba a decir siempre que pudiese, lo que más sentía, lo que más disfrutaba de vivir.
"Te amo, Ruby."
Y volvió a besarla.
Y como la amaba, creía que era imposible que las palabras fuesen suficientes para describir lo mucho que sentía.
Pero por ahora, era suficiente.
Por ahora, ella, era suficiente.
Capitulo siguiente: Heridas.
N/A: Ay, capitulo chill luego de todo lo loco del anterior, así hay equilibrio, y no, el capítulo siguiente, a pesar del nombre, no tiene nada malo, o no que yo recuerde...
Sea como sea, se viene el viaje y tengamos toda la fe de que todo estará bien y que Weiss podría volver a los brazos donde pertenece.
Nos leemos pronto.
