Dias pasan y ya puedo decir que camino con algo de normalidad, no así como antes, pero al menos aguanto más de 10 pasos sin muletas. Tye vuelve a las minas, yo no, pero cada familia que tenga un hombre en casa debe enviarlo a la mina. Nueva politica.

Vuelvo a decorar los pasteles, a pesar de que ya no se vendan como antes. Delly viene a visitarme al menos una vez por semana, es mi única interacción que no sean las ordenes de mamá. Papá ha estado mal, muy debil, y necesita hacer reposo. Prim trae las medicinas para papá. Al menos su trato ahora es cordial. No amable como lo es Primrose, pero lo suficiente como para hacer esto soprotable. El día que me creo capaz de ir a traer los costales de harina la escucho. Está riendo. Riendo con Gale. Estoy en el cuarto de afuera y por la pequeña ventana logro verla. Tiene su cabello suelto en ondas, porque posiblemente se desarmó su habitual trenza. Gale trae sus bolsas de caza. Al parecer les fue bien. Se quedan hablando de algo que no alcanzo a escuchar y siento como los celos hacen su gran aparicion. Gale se acerca y solo puedo rogar porque no la bese. No lo soportaría. Sé que dije que me merecía todo lo malo por hacerla sufrir, pero tampoco quiero ver algo que podría matarme. No lo hace, solo le saca algo del cabello y le toca la nariz de forma cariñosa. Siguen hablando por un rato, y si no quiero que mi madre venga a buscarme debo salir ya. Tomo el costal en mi hombro y suspiro antes de salir por la puerta. No sé si se dan cuenta de mi presencia, porque cada vez voy escuchando mejor lo que hablando, pero mi mirada se centra en el frente.

—Esto se lo dejamos a Rhoda, a Sae le tenemos que buscar mañana, tu madre me dijo que a ustedes les quedaba, pero ¿haz visto en qué condiciones? — escucho a Katniss. Dios extrañaba su voz.

—Si, están bien. A ustedes les dejamos pavo, ¿el resto lo vendemos ahora?

—Si, no tengo nada que hacer ahora.

—¿Una sopa de Sae y después vamos a mi casa?— pregunta Gale haciendome que las ganas de vomitar se incrementen. ¿por qué esa invitación sonó tan sugerente?, ¿por qué duele tanto?

—Bueno, dejame ver a Prim y vamos. — con eso los veo entrar a la casa de Katniss. Entro a la panadería con el saco de harina y con una presión en el pecho que no puedo controlar. Papá entra a la cocina y se acerca preocupado.

—¿Estás bien, melocotón? — sin mirarlo asiento. — cariño, estás pálido. Sabes que puedes contarme lo que quieras.

—Estoy bien, papá. No te preocupes. — digo lavandome las manos para tomar harina con un medidor. El me detiene. Me toma de los hombros y me hace mirarlo a los ojos.

—Creo que ha pasado el tiempo suficiente como para que puedas hablar conmigo. — el azul claro de sus ojos casi me convence.

—Todo está bien — digo sonriendo.

—Peeta, no soy un padre estricto, pero estoy empezando a preocuparme. Así que te ordeno que me hables, con la verdad — suspiro cuando mi padre me atrae a su pecho siento ser un niño de nuevo, como cada vez que me defendía de mi madre, como cada vez que me caía por estar fijando mi vista en Katniss y no en donde pisaba. Empiezo a llorar sin poder contenerme, es como si hubiese soltado algo, como si hubiese cortado esa cuerda que estaba ahorcandome. — Eso, no te contengas, cariño. — mis sollozos dejan mi garganta y me aferro al cuerpo de mi padre con fuerza. Los minutos pasan y sigo llorando, pero mucho más tranquilo. Suspiro y me separo un poco para limpiar mi rostro.

—Lo siento, ya me pondré a trabajar. — digo y mi padre ríe.

—No. Ahora vamos a hablr. Cuentame, ¿qué pasó? — diciendome y haciendo que me siente a su lado.

—Terminé con Katniss… — comienzo. — después del accidente no pude… no soy el mismo, la alejé, sentí vergüenza y no pude papá, no sabe que perdí mi pierna, no pude contarle por vergüenza, me dio miedo…

—¿Qué te dio miedo?

—Que me rechazara o peor, que se quedara conmigo.

—¿Por qué no le diste esa oportunidad de decidir?

—No lo sé, me aterró la idea — confieso.

—¿La amas? — pregunta.

—Más que a nada.

—¿Entonces por qué la apartaste? — hace una pausa esperando una respuesta que nunca llega — Peeta, lo que te pasó es algo traumático, pero apartar a la gente que te ama no va a hacer que evites su dolor. No quiero cuestionar tus decisiones, pero eres mi hijo y veo lo mucho que estás sufriendo, ¿cómo te sientes viendola ahora?

—Terrible, solo la vi hoy y hubiera preferido que me quitaran la otra pierna. — contesto haciendolo reír. — pero no puedo acercarme después de lo que le hice. No soy tan egoísta.

—Te equivocaste, no voy a mentirte. Pero, quizá te sentirías mejor si le explicas la verdadera razón por la que decidist terminar la relación. Quizá eso te dé alguna sensación de tranquilidad. — aconseja y aunque intento desechar la idea, parece que no es tan erronea. Me besa la cabeza y se levanta.

Todo el día siento el consejo de mi padre. Todo el día me siento ansioso por esa opción.